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Cumpleaños de 40º (o como mezclar yuri y alcohol a parte siguales)

Marzo 8, 2008 · 2 comentarios

No sabe donde está. Tiene la cabeza llena de plomo que pesa y se hunde en la almohada.

Cree que si abre los ojos va a quedarse ciega y que un alfiler cayendo en la otra punta de la casa le reventará los tímpanos. Su cerebro parece estar lleno de mermelada y se siente incapaz de recordar nada.

La luz que se cuela por las cortinas ilumina su cuerpo aplastado sobre el colchón. Un lío de sábanas entre las piernas, la almohada en el suelo y su pelo revuelto como una marea. Cuando se pone de pie la cabeza le late al ritmo de la resaca y siente nauseas.

Vale, empieza a recordar algo.

La ducha se prolonga algo más de veinte minutos y cuando baja a desayunar son casi las diez de la mañana. Se concentra tanto en mitigar las ganas de vomitar que apenas consigue enfadarse consigo misma.

El café es negro, muy cargado y le revuelve aún más el estómago pero también le despeja poco a poco la mente y…

Oh,Oh!!…Gaia bendita. Por eso nunca bebe.

Acaba de acordarse.

Se convence de que no pasa nada. Todos estaban borrachos con la excusa de celebrar el cumpleaños de Pé. Seguro que no recuerdan nada…Ella ya no se acuerda ¿De que tiene que acordarse? No lo sabe ¿Qué será? Nada ¿Ves? Fantástico. Ya está. No pasa nada.

Eso no se lo cree ni ella. La palabra “Patética” sale reflejada en su mente.

Riachuelos de cafeína la van despertando. La cabeza ya no le duele tanto y si se pone unas buenas gafas de sol y evita los ruidos, es posible que salga viva de esta…

Y puede que no llege tarde a la facultad.

Apenas ha soportado dos clases y ya está huyendo como una cobarde, pero el martilleo incesante en su cabeza no parece querer tomarse un descanso y su cama la está llamando a gritos desde Sevilla Este.

Resaca-1 / Fisiologia Vegetal- 0

Es optimista cuando sale del edificio de ambientales. Se pone la chaqueta y el aire fresco le limpia los restos de resaca.

Claro, que sus planes no contaban con quedarse clavada como una estatua de sal en la puerta del edificio 24, la maleta a punto de descolgarse de su hombro y su vista clavada un par de metros por delante.

Sus planes, si es totalmente sincera, incluían evitarla a toda costa.

Y se desmoronan como un castillo de arena cuando Pé aparece en mitad del camino, miles de rizos morenos que se agitan con el aire y una voz aún adormilada.

- Hola.

No es difícil. Se trata de poner un pie, luego otro, uno y otro, uno y otro, paso a paso como lleva haciéndolo toda la vida, hasta llegar a su altura y darle los buenos días como si no pasara nada.

Porque de hecho, no ha pasado nada. Nada de nada. Hay que tomárselo con naturalidad, hablarle como siempre…

Quizás preguntarle que hace aquí porque ella ya termino las clases. Y la carrera. Y es raro. Y que pasearse por la Olavide un lunes por la mañana por gusto no es algo muy normal. Pero vamos, que eso es lo único que pasa.

Bueno, eso y que Pé se está acercando y ella sigue allí parada, agarrando el pomo de la puerta del edificio 24 como un salvavidas.

Un pie, luego otro, un poco por delante del anterior. Es el principio que da sentido al caminar. No es nada complicado sinceramente. Pero su cuerpo sigue allí clavado y es Pé la que se acerca y por un momento desea fundirse con es maldita puerta y desaparecer para dejarla pasar de largo.

Irene va a abrir la boca. Va a decir “buenos días”. Pero la intención muere justo en el borde de su boca porque Pé se le adelanta.

- ¿Te llevo?

No sabe si ha contestado o no, pero de lo próximo que es consciente es que esta sentada en un nissan de segunda mano y que Pé arranca sin inmutarse.

Bueno, si dice algo siempre puede argumentar que estaba borracha. Que la asimilación del alcohol no funciona muy bien en ella y que el vodka debía ser colonia Nenuco por lo mal que le sentó.

Sí podría decirle eso. Pero el silencio es demasiado espeso.

Y en ese momento, Pé tamborilea los dedos sobre el volante y de repente Irene tiene una imagen muy vívida de algo que no debería estar pensando.

- Pé…

Y suena como si fuera a decir algo más. Algo digno de “¿En serio?”, algo con más claridad mental. O menos…quien sabe.

- Pé, creo que…¿No deberíamos hablar? Ya sabes. De lo que ha pasado. De….

Se le quiebra la voz por unos instantes…¿Así que al final admite que ha pasado algo no? Pé continua tamborileando los dedos sobre el volante, mirando al frente, e Irene piensa que es el silencio más largo de toda su vida. Y probablemente debería sentirse orgullosa porque ha conseguido que Pé no tenga nada que decir. Todo un logro. ¿No?

El universo tiene una cosa que la gente normal llama justicia, mientras que a ella le gusta denominarlo “jodido sentido del humor”, porque siempre es al revés. Porque debería ser ella la que estuviese callada y Pé intentando sacarle las palabras y, por una vez, la tierra podría girar en el sentido normal.

Aunque puede que por una vez, el universo no conspire en su contra, porque Pé por fin, habla.

- No pasa nada.

Y se ríe.

Como si fuera la cosa más jodidamente graciosa del mundo. La echa una mirada digna de Jack el Destripador. ¿De qué se ríe?

- Ya te he dicho que no pasa nada. Esas cosas…Ocurren, ya acepté hace mucho tiempo que era irresistible.

Ante el comentario Irene pasa por quince tonos diferentes de escarlata y se pregunta si será lo suficientemente delgada para escapar por la ventanilla del coche.

- No tienes por qué avergonzarte, sabía que tus hormonas debían aparecer tarde o temprano- y vuelve a reirse.

- Si….¡O sea no! Quiero decir, no es que, lo…ehm - Irene se para y Pé la mira de reojo con la media sonrisa bailándole en la cara- No me arrepiento… De lo de ayer. Quiero decir, las dos somos mayorcitas, y no creo que haya. No tiene por qué ser raro. Quiero decir, entiendo que tú no… Porque. Pero no tiene por qué ser raro.

Y Pé la mira de nuevo, de una forma que podría describirse a medio camino entre la sorpresa y la incredulidad.

- Quiero decir. Estadísticamente, es casi normal. Un estudio demostró que el cincuenta y nueve por ciento de las personas terminan manteniendo algún tipo de relación con un amigo .Amiga. No estoy insinuando que… Estadísticamente tiene sentido, quiero decir. No es tan… No tiene por qué ser…

- Irene

- ¿Si?

- Cállate

- Vale

Pé respira hondo antes de seguir.

- Sabes…No se lo que piensas de…Pero no quiero que sea raro. No quiero que estemos- se humedece los labios en mitad de la frase- así- lo que Irene traduce como incomodas- Lo olvidamos y punto.

- ¡No!

Y lo dice tan rápido que se sorprende a si misma.

- ¿No?

- Quiero decir. No hay que…ponerse melodramáticas- o realistas, o estupidas- No es que sea malo. Sólo… inesperado. No creo que tenga que marcar una diferencia ¿verdad?

Pé se aclara la garganta y la mira. A lo mejor porque llevan desde que se encontraron sin mirarse a los ojos, hace que sea más extraño aún.

- Además- añade- …No besas tan mal.

Y Pé se dobla de la risa sobre el volante.

Y por fin se da cuenta de que tenía más miedo de la reacción de Pé, que del hecho en sí. Pero ella le sonríe y añade:

- ¿Sabes que sería genial?

- ¿Qué?

- Que hiciéramos un yuri de esto- y comienza a reírse de nuevo.

Lo que Irene interpreta como un “estamos bien” y comienza a reírse también.

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Susurros de buenos días

Octubre 12, 2007 · No hay comentarios

No era el recuerdo de una noche en la playa. No era la sensación que me inunda al presentir su aroma. No era una de mis enloquecedores sueños de un polvo rápido contra la fría pared de la cocina. Ni siquiera era el vistazo, prohibido y excitante, de la piel que no se exhibe y que está debajo de la ropa. No…

Era algo más. Algo asfixiante e inquietante. Algo que juega a dejarte sin aire…. Algo que te oprime el pecho cuando sientes su presencia en algún lugar. Algo que te hace daño. Que te enloquece. Que provoca dolor de cabeza. Te marea, te excita …

Es desquiciante. Te hace suspirar. Respirar hondo, profundo… No te deja dormir. No te deja vivir. No te deja pensar… No.

Pero nada importa, no, cuando se desliza a tu lado, justo antes de amanecer, entre tus sábanas. Con esos movimientos elegantes. Se desliza así. Con movimientos elegantes, deliciosamente enloquecedores.

Con el pelo revuelto y la mirada soñolienta. Su piel acaricia la tuya y está cálida, enloquecedoramente cálida. Y el corazón se te acelera mientras enreda sus piernas, largas, bien torneadas, con las tuyas y te dice con voz profunda y susurrante, como salida de uno de tus mejores sueños: “Buenos días”

Y, joder, qué deliciosamente bien ha sonado. Ha susurrado… Para ti. “Buenos días”. Y, joder, deseas tener esa noche en la playa. Deseas echarle un polvo rápido en aquella cocina, contra la fría pared. Deseas besar su piel prohibida y excitante. Y, joder, deseas tener un día el valor de acabar en tu cama, entre besos, y hacer el amor aderezado con jadeos y promesas de amor entre tus sábanas.
Sin embargo…esta es la triste realidad y solo atinas a pronuncia un suave:

“Buenos días “

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Solsticio de verano

Octubre 12, 2007 · 2 comentarios

Mucha gente lo celebra sin saberlo cuando acude a las hogueras en la noche de San Juan, convirtiéndolo en la noche con más poder de todo el año.
Aquella tarde, todos se reunieron en la azotea de nuestro antiguo edificio entre risas, bailes y reencuentros a la espera de la caída del sol. Recuerdo que iba de la mano de mi madre todo el rato, mirando a todas partes si entender demasiado bien, el motivo de tanta celebración. Algunas caras me sonaban familiares, vecinos de escalera, la señora de la panadería…Algunos no tanto y eran completos desconocidos, que me miraba sonriendo y me saludaban con ese tono infantil que los adultos usan cuando los niños parecen asustados y quieren que se relajen…Pero aquello seguía siendo un mar de caras y yo me aferraba aún más a la mano de mi madre.
En aquella azotea había personas, perros que corrían, gatos adormilados sobre los tejados, palomas sobre los cordeles de los tendederos y canarios en jaulas y cajas de cristal, invitados que nadie más podía ver…y fuego.
Hogueras esculpidas sobre improvisadas barbacoas de piedra que comenzaban a alzarse triunfales sobre el cielo del atardecer.
Por un momento me asusté, porque no entendía nada de lo que estaba pasando, aunque sabía que no era nada malo, porque mi madre seguía sonriendo.
Y de pronto, la vi, a ella…
Estaba sentada en uno de los bordes de la azotea, con los pies colgando por fuera y mirando absorta la nada…Aquella vez, también llevaba margaritas en el pelo.
- Hola.

Eva se volvió con tanto impulso que pensé que se caería del tejado. Comprobé que tenía una rama en la mano.
- Venga, sube- me dijo sonriendo y tendiéndome una mano.

No era la primera vez que nos escapábamos para subirnos al tejado o escondernos en el patio de su abuela, así que no tuvo mayor importancia que dos niñas tan pequeñas estuviesen sentadas en aquel tejado repleto de velas.
- ¿Qué es eso?- señale la rama de su mano
- Acebo
- Ah…

Aquello no era exactamente lo que quería preguntarle, pero estar cerca de Eva siempre provocaba lo mismo: la respuesta a mis incógnitas llegaría sin pregunta alguna.
Y la explicación de todo lo que representaba aquella fiesta, de lo que miles de personas han experimentado en cada celebración, lo que simbolizan año tras año, fue perfectamente explicado por una niña de 5 años:
- Cuando él vuelva- dijo señalando la puesta de sol a punto de caer por el borde del mundo- todo renacerá.

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Renuncio

Octubre 12, 2007 · No hay comentarios

Renuncio…
Extraños sentimiento son los que ahora poseo, nunca antes los había identificado como un fatal ataque de celos…

¿Celos de qué? Me pregunto una y mil veces
De nada, me respondo de inmediato, completamente convencida.
Jamás me unió nada a ti, jamás me tendría que haber proyectado contigo, pero mi infantil mente y mi inmaduro corazón hicieron que creara castillos de naipes y falsas ilusiones.

Dejaste que siguiera construyendo cimientos en esponjosas nubes, dejaste a mi corazón latir como nunca antes lo había hecho.

Pero creo que ya es tarde… abriste una brecha que nadie jamás había tocado, me dañaste como nadie antes hizo, e irónicamente lo hiciste ignorándome, pasándome por alto después de elaboradas e improvisadas palabras.No dejaste que te contestara, sembrase la duda en mi ser y ahora me hundes como si no fuera nada.

Porque yo lo admito, a pesar de todo, tú no tienes la culpa… puede que la tenga tu aroma o la profundidad de tu mirada, pero la que tuvo la culpa fui yo, por dejarte dar un paso en falso dentro de mi guarida, por dar aquel maldito paso que jamás a nadie había permitido…

La espera no es eterna y en este momento renuncio a ti.

Renuncio a soñar contigo.

Renuncio a quererte sin realmente hacerlo

Renuncio a tejer sueños de espuma.
Renuncio como cualquier persona en su sano juicio haría, renuncio porque ni siquiera yo me entiendo. ¿En dónde quedó mi racionalidad de la que en años me he enorgullecido?

Renunció a ti por volverme débil ante tus ojos sin siquiera verme realmente.

Renunció a ti por estar escribiendo esto.

Renuncio a ti por quererte demasiado sin tener justificación aparente.

Renuncio a ti porque necesito de mi.

Y lo más importante…

Renuncio a ti porque sé que en realidad no te interesa que lo haga, porque ya tienes a alguien, y esa persona es la que no quieres que renuncie a ti.

Y hace ya mucho de esto…

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Transformación (Gabriel-Neo) Moonshadow

Octubre 12, 2007 · No hay comentarios

“Desde siempre Gabriel ha padecido jaquecas. Insoportables dolores de cabeza que martillean sus sienes con furia, como si quisieran quebrarlo desde dentro, del mismo modo que Atenea rompió la cabeza de Zeus para nacer a la vida. A veces Gabriel piensa que también hay algo dentro de él, golpeando para intentar salir. Sólo que en lugar de una diosa él pariría un monstruo: armado con uñas afiladas y poderosos dientes capaces de transformar la vida de un niño en una tortura sin tregua…

Odia el dolor. Por supuesto se ha acostumbrado a él porque desde que la oscuridad lo acogió y lo mordió con violencia siendo un niño se rompe por dentro cada mes, bajo el poder de la luna llena y el estigma de una maldición que clama venganza. Cuando se transforma, sus huesos crujen como hojas secas y la piel se quiebra para dejar paso al terrible ser que oculta. Y es por eso que piensa que los dolores de cabeza se deben a ese mismo monstruo, que trata de salir a la luz incluso cuando la luna no le llama: otro castigo más por un pecado que nunca cometió.”

- ¿Gabriel?
La voz llega de tan lejos que cree haberla imaginado. Ahora mismo sólo puede ver oscuridad y brotes de color que intentan nacer de ella, como semillas que germinan demasiado deprisa y mueren aún más rápido. Las luces intermitentes le marean y le provocan náuseas, pero abrir los ojos es peor. Aún así hace un esfuerzo cuando la voz vuelve a insistir.
- ¿Gabriel?
- Vete- su voz suena demasiado ronca, crujiendo en le fondo de su garganta. No quiere que se acerque. No quiere hacerle daño porque ella ha sido demasiado amable, demasiado atenta y comprensiva como para exponerla al peligro de que la bestia quiera salir antes de tiempo a jugar. Pero su olor corporal esta demasiado cerca y de pronto es consciente de lo que esta pasando.
Lento
Pausado.
Y tan sigiloso que casi duda que realmente esté ahí, detrás de él. Pero lo sabe.
Porque vuelve a sentir que todo su cuerpo se tensa, como las últimas veces que han estado solos en la misma habitación. Y la última duda que pueda tener queda disuelta al oír el ruido sordo de las zapatillas al caer al suelo y el susurro de unos pies descalzos acercándose hasta que el calor de otro cuerpo le inunda por completo bajo las sabanas cuando un brazo rodea su espalda.
-No es justo –ella mira al techo, pero su vista resbala hasta detenerse en él y Gabriel nota un escalofrío al ver sus ojos tan cerca, tan verdes en la oscuridad. Y se estremece un poco cuando la oye susurrar-. No es justo. Ya tienes bastante con la luna llena, ¿por qué tienes que sufrir esto también?

Le acaricia la cara y Gabriel sonríe. No está acostumbrado a que le compadezcan, pero con ella es distinto. Ella no es como los demás, que dicen “pobre chico” y se olvidan de él. Ella protesta, se queja y acaba irrumpiendo en la biblioteca a media noche para buscar un remedio a esa maldición que le quiebra por dentro. Con ella, absurdamente, se siente a salvo.
- No quiero hacerte daño- Gabriel mide sus palabras como si al decirlas ella fuese a quebrarse como un cristal entre sus garras- Soy un monstruo
- No- su voz sonó tajante. No lo eres…Y yo jamás tendría miedo de ti.
Gabriel se ríe, pero lo hace en silencio, a escondidas, porque si no el dolor se multiplicaría y le mataría un poco más.Y tiene que morderse los labios hasta sentir la punzada de dolor y el habitual sabor metálico de la sangre para evitar que toda su dolor escape contra la persona que menos lo merece y sobre todo, para evitar que ella le vea llorar. Porque lo último que quiere en esos momentos es verla sufrir aún más por él.
- Te habrás quitado los zapatos.- comenta él en broma.

-Y los calcetines. Me quitaría también los pantalones y la camisa, pero sería demasiado para ti, incluso estando enfermo.

-Idiota.

-Capullo.

Se conceden una tregua que dura exactamente diez latidos de dos corazones.
- ¿Cuánto tardarás en ponerte bien?

Él se encoge de hombros y suelta un suspiro cansado. No sabe cómo ha acabado su mano sobre la cadera de ella, pero ahora no se le ocurre una excusa para retirarla.

-No lo sé. Una hora…, cinco…

-Espero que estés bien para la cena, porque tengo hambre.

Con una sonrisa Gabriel consigue lo que menos espera: quedarse dormido. Poco a poco el dolor remite y se adentra de puntillas en un sueño en el que dos lobos caminan juntos por un bosque oscuro. La noche es relajante y todo es calma y tranquilidad en el sueño. Y no hay luna en el cielo, sólo estrellas.

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Ivan y Jeremy (Yaoi)

Octubre 12, 2007 · 1 comentario

Para Jeremy, las noches de luna llena siempre eran complicadas…Pero aún se complicaban más con la presencia del rubito.El descubrir que Iván era más que una cara bonita, actitud enervante y una fortuna andante resultó ser un fuerte golpe para Jeremy…pero eso era secundario, la misión era lo importante.
Y sabe que intentó poner sus 6 sentidos en ella pero tenía la certeza que uno de ellos, el más importante para un lobo,le había abandonado.
El olfato.
Y no es que le hubiese abandonado precisamente…más bien estaba ocupado deleitándose con el exquisito aroma que desprendía el cabello de Iván…Un aroma que inundaba sus ropas,su piel y se expandía por el coche con cada ligero movimiento del rubio…Le estaba volviendo loco.

Jeremy gruñó intentando espantar la marea de sensaciones que empezaba a nublar su juicio…El lobo dentro de él pedía a gritos ser liberado y ni si quiera el luprecalium, algo así como un veneno para acallar el espíritu del lobo, era lo suficientemente poderoso para competir con todas las sensaciones que un simple aroma estaba desatando en él.¿Qué le estaba pasando?
Comprobó que concentrarse en la carretera ya no le era suficiente, cuando Iván rozó casualmente su brazo, al consultar el reloj y mirar la hora.Se revolvió inquieto en su asiento. Los impulsos de la bestia crecían con más fuerza.

-Llegaremos tarde- comentó Jeremy, en un gruñido. Necesitaba concentrarse en algo que no fuera el embriagador aroma a menta del champú de Iván, o el profundo aroma metálico que escapaba de la boca del vampiro, probablemente de algún resto de sangre que aún quedaba en sus dientes o en su lengua. Una de sus absurdas peleas le ayudaría a despejarse.
-Elegantemente tarde- le corrigió el rubio- No se puede llegar a ningún evento social a la hora exacta… Hay que hacerse desear.- Le dedicó una de sus miradas altivas.

Así era el maldito rubio…Un pijo nacido entre algodones…El próximo heredero y futuro príncipe del clan Vetrue. Que no tenía que preocuparse en cazar humanos para alimentarse porque poseía su propio “viñedo” de sangre embotellada…Un auténtico capullo.
Aunque Iván también había demostrado que era orgulloso, valiente y luchaba por aquello en lo que creía….Ponía una ferviente pasión en todo lo que hacía, aprendía o paladeaba…De unos impresionantes ojos grises como las nubes tormentosas y una exquisita cultura…Iván era mucho más de lo que la paciencia de Jeremy podía soportar.
Y quiso gritarle y morder su perfecta piel blanquecina, cuando tuvo que aferrarse al tejido de sus vaqueros y morderse la lengua para controlarse en el momento que Iván se inclinó hacía su lado, para mirar por la ventana y comprobar por donde estaban…
….Y su pelo rozó su mejilla
….Y su aroma se coló en cada poro de su piel.
….Y el lobo en su interior, aulló de placer…
-Parece que hace mucho frío fuera…Espero que hayas traído abrigo- Comentó Iván mientras volvía a recolocarse en su asiento, al lado de Jeremy, al que miró repentinamente…Para comprobar sorprendido que el lobo permanecía con los ojos fuertemente cerrados y que, aparentemente, parecía no querer respirar…Iván sonrió de medio lado.Sacar de quicio al lobo, era su pasatiempo favorito. No le costó mucho encontrar el motivo de la frustración de Jeremy.
- ¿Pasa algo?
Dos palabras…dos susurros acompañados del olor metálico de la sangre y el calor de su aliento que hicieron que el corazón de Jeremy explotara como una bomba.
- ¡¡PARA EL COCHE!!

Su grito hizo que Joel pegara un volantazo y frenara prácticamente en seco, en mitad de la desierta carretera.
Jeremy abrió la puerta del coche con fiereza y salió a la calle dando fuertes bocanadas de aire…Necesitaba que el olor a humedad le inundara por completo y borrara las locuras de su mente.Intentó relajarse, pero el frío le hizo temblar imperceptiblemente.
Hasta que una pequeña oleada de calor se instaló en su espalda y en su cuello, y de nuevo el intenso aroma le hizo querer morir de satisfacción…Iván había pegado su pecho a la espalda del lobo y con su propia bufanda, los había envuelto a los dos.Su boca se acercó peligrosamente al oido del lobo, haciendo que todos los sentidos de Jeremy se turbaran entre los susurros:
- Sabes…existe un vínculo anatómico directo entre nuestro olfato y nuestro cerebro…mediante una complicada red de conexiones…- palabras exquisitas sacadas de enciclopedias de su biblioteca susurradas a milímetros…- Todo eso explicaría la enorme cantidad de reacciones que provoca un estimulo oloroso en nuestro cuerpo…- provocaciones envueltas en un manto cientifico -Y como dichos estímulos quedan memorizados a lo largo del tiempo. Jeremy segiró.
-¿Qué quieres decir exactamente?-Estaban tan cerca que el vaho de sus respiraciones se entremezclaba.
-Que te va a costar un infierno olvidarte de mi.

El impacto inicial fue demasiado grande, tanto para Iván, como para Jeremy…¿había dicho realmente aquello?
Uno no podía creer lo que había dicho y el otro lo que había oído…Necesitaban alguna excusa para salir de allí, porque sus pies estaban pegados al suelo.
- ¿Los chuchos también se resfrían no?

Y el efecto de su frase tuvo el efecto deseado por Iván, para que Jeremy le gritara que él no era ningún chucho, sino un licántropo guerrero del clan Geovedian, se quitara la bufanda a trompicones y avanzara refunfuñando hasta el coche con la cara enrojecida, según dejo muy claro a todo el mundo, por el frío de la noche.

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Sueños

Octubre 12, 2007 · No hay comentarios

El mundo de los sueños es demasiado confuso…

En aquella habitación dos personas se batían en duelo.
La tensión que recorría la atmósfera se podía palpar con los dedos de la mano…Dos miradas altivas se batían en un duelo silencioso y sin piedad.
Ser el último en apartar la mirada
Dos personas dejaban su vida en ello, en salir triunfantes de ese combate.

- ¿Qué te pasa?- está recién despertado y su voz se arrastra, con pereza liquida, crujiendo desde el fondo de su garganta.
- ¿A mí?¡Qué te pasa a ti!- siento como los músculos de mi espalda se tensan- Me estás ignorando….Ese no era el trato
- Eso no significa que puedas tratarme o hablarme de esa manera- El recuerdo de nuestra última discusión aún rebota en las paredes de la habitación y su mirada permanece imperturbable mientras los dos últimos botones de su camisa desaparecen.

Cicatriz a cicatriz, su cuerpo se va revelando ante mis ojos. Siento que debería desviar la mirada, pero mi orgullo me lo impide y en el fondo me siento como una idiota, porque tengo envidia de todas y cada una de esas señales porque le acompañarán de por vida. Estaría bien ser una de ellas, profunda e imborrable, marcando su corazón como un rasgo más de él.

- ¡Sí que tengo que hacerlo!- le grito- ¡Te extraño!… te necesito y…me duele y no te importa en lo más mínimo
Me detuve rápidamente, sabiendo que había hablado más de la cuenta. Intentando mantener la compostura mi respuesta salió de improviso, segando el aire como un cuchillo.
- Soy tu ángel negro- sentencié- Tu protección me fue encomendada…Tienes que obedecerme.
En dos zancadas se metió en mi espacio personal y ni los dos mil años que llevaba como arcángel me prepararon para aquella respuesta.
- Tal vez seas un ángel guardián, pero…¿No lo fue Lucifer también?- Su voz acolchada en terciopelo oscuro, rebota en mi pecho y desciende sin avisar hasta el lóbulo de mi oreja- Te lo dije…Yo no tengo dueño.
Su voz serpentea y se vuelve clandestina a medida que muere la frase en sus labios.
Cierto.
Me lo dijo.
- Escúchame bien- él me mira desafiante y antes de que pueda evitarlo mi boca se mueve sola- Un día…Escuchame bien, un día tu voz susurrada me llevara a la locura y seré pecado, perdón y penitencia.

Sonrie, aunque no lo hacen sus labios y su mirada penetra bajo mi piel, estirándose como un gato.
- Un día- me repite en un susurro ronco- te besaré en carne viva y el cielo se vendrá a bajo.

Su voz es lava caliente, secretos a oscuras, una cama deshecha… Debería estar prohibida y embotellarse para venderla de contrabando al mejor postor.

Y desvié la mirada.
Desperté con la certeza de que había perdido el duelo.

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El fin

Octubre 12, 2007 · No hay comentarios

Era el fin…
El cielo cambiaba de color, el mar engullía a la tierra…y yo volvía a ver aquella playa…
Millones de personas sobre la arena se extendían más allá de donde alcanzaba la vista…Dormidas…esperando una respuesta, esperando que el mundo cambiara para volver a despertar en sus cuerpos de carne…Despertar de aquella ilusión a la que fueron sometidos por Gaïa que quiso darles una última oportunidad para salvar sus vidas…

Vuelvo a estar de pie en aquella playa donde veo a lo lejos como los edificios se deshacen en mil pedazos, absorbidos por la nada que avanza sobre la gente dormida…Pero algo va mal, algo falla…porque yo estoy despierto…Y es real.

No es una pesadilla…esto es la realidad, he despertado antes de tiempo, antes del juicio final que decide si los humanos viven o mueren, he despertado en el momento exacto en el que todo se decide: Dormir para toda la eternidad desapareciendo de la memoria del universo o despertar en una nueva era, que ya habíamos olvidado…

Miro aterrado hacia la roca donde Gaïa suele sentarse, mirando como sus hijos duermen a lo largo del tiempo, esperando que algún día despierten…
Pero algo definitivamente va mal….muy mal…
Porque Gaïa no está donde debe de estar, porque no hay nadie más despierto y porque en esa misma roca hay un extraño objeto, con un significado que sólo los humanos entenderían…
Un reloj de arena.

Se te acaba el tiempo.

¿Qué vas a hacer?

Versión con final feliz: Las pesadillas, se transforman en sueños a veces…

Miro el reloj angustiado…los granos de arena parecen caer cada vez más rápido.
Todo a mi alrededor esta muriendo al caer en una nada absoluta.
No hay viento…No hay sonido…no hay colores…Ni siquiera puedo oler el mar teniendo los pies dentro del agua….

Sólo…estoy sólo.

Sin embargo, cuando creo que mi alma se quiebra, veo a alguien más, despierto en aquella playa…Una figura en pie, oculta prácticamente entre las sombras mortecinas, me mira en la escasa distancia que nos separa y que no dudo en recorrer rápidamente…Y a medida que me acerco noto algo muy familiar, y veo unos ojos que a pesar de haber perdido todo su reflejo verde me miran igual de sorprendidos…Me paro frente a ella…No puedo creerlo…es ella.
La miro en mitad de aquel caos, sin entender que hace ella alli.
- Te vi en mis sueños…sabia que necesitabas ayuda- me sonríe…aunque casi no distingo ya sus labios entre la oscuridad.
- ¿Para qué?- pregunté entre sorprendido y anhelante.
- Para esto

Y acto seguido acorta la escasa distancia que nos separa y me atrae hacia sí con una determinación inusual y su boca se funde prácticamente con la mía en un beso de vida y muerte…
En esos momentos el fin del mundo, del universo, puede esperar…porque por algún extraño motivo siento que ese beso, es nuestra salvación.
Y mi vida, mi alma y todo mi karma se funden en aquellos labios tan conocidos y a la vez tan diferentes…Todo es correcto en ese instante….
Y ese beso y todo lo que ocurre a nuestro alrededor se alinea en el cosmos en perfecta armonía, y cada mínima cosa que percibo: la textura de sus labios, el calor de su piel, el roce de su cabello en mi cara…Todo parece tener una incoherente y al mismo tiempo, sencilla razón…Cómo un gigantesco tangram gobernado por algo omnipresente y familiar…
Nuestros labios se separan de ese beso suave y flexible, que estalla con un sonido elástico cuando se rompe y me deja unas cosquillas suaves en los labios y las piernas…
Y todo parece correcto…
La luz que comienza de nuevo a filtrase por entre las nubes, cayendo con una ligera elegancia sobre sus cabellos y devolviendo a la vida el brillo verdoso de aquellos ojos…Su acompasada respiración y el ritmo de su corazón sobre mi pecho…
Y me sonríe y en ella descubro algo de Gaïa que no se explicar…ha cambiado.
- Gracias- me susurra a escasos centímetro de mis labios.- Te perdí una vez en esta playa… y no volveré a hacerlo

El mundo continua girando en su extraña quietud…la nada no existe, los humanos son libres de seguir eligiendo y ella vuelve a sentarse sobre la roca a la espera de que queramos despertar y demostrarle lo mucho que la amamos…

Desperté de golpe…en mi cama, con el calor aún en los labios.
No pude evitar pensar que quizás si había alguien en algún lugar, jugando a su tangram particular. Movimientos y piezas que no encajan a simple vista, pero que encajan al terminar la jugada.

Todas las cosas ocurren por una razón.

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Cierra tus ojos.

Octubre 12, 2007 · No hay comentarios

Fuera, aun seguía lloviendo.
En unos pocos minutos, Neo ya estaba adormeciéndose. Pero antes de poder quedarse completamente dormida, la voz de Sam la sacó de su neblina somnolienta.

- “¿Neo?”

- “¿Mm?”, respondió Neo, esperando algo así como un ‘Te quiero ‘ murmurado, o algo que se le pareciera. Ni a ella ni a Sam les interesaba hablar mucho después de aquella noche , ambos preferían simplemente ponerse cómodos y dormir.

Pero la voz de Sam la volvió a alertar - “¿De qué color son mis ojos?”

Neo volvió a abrir sus ojos, frunciendo ligeramente el ceño, tratando de comprender la pregunta - “¿Qué?”

- “¿De qué color son mis ojos?”, dijo Sam otra vez, con un tono ligeramente insistente.

- “¿De qué color son tus ojos?”, repitió Neo, levantando su cabeza para mirarle. Su frente se veía contraída, dándole un aspecto de concentración, como si tratara de recordar algo.
- “Tú… tú me hablabas de mis ojos y… se me ocurrió que… no sé de qué color son mis ojos.”

Neo se quedó con la mirada fija por un momento. Ella sabía que Sam era daltónico - por efecto de su licantropía - Pero… ¿no sabría ni remotamente el color de sus ojos? no podía imaginarlo.

Los dedos de Sam se movían lenta y nerviosamente en el cabello de ella, y su expresión se mostró ligeramente azorada - “Sé que tus ojos son verdes, se lo pregunté a Joel una vez”

Frunciendo más el ceño, Neo usó un codo para medio-recostarse en la cama. - “¿Nadie te lo ha dicho alguna vez?”, observó detenidamente los ojos de Sam. No necesitaba mirarlos para darle una respuesta . Le eran íntimamente familiar aquellos ojos. Los había observado por años, antes aún de saber por qué se sentía a gusto por verlos. - “¿Nunca te había dicho lo bellos…”, hizo una breve, casi imperceptible pausa - “que son tus ojos castaños?”

El leve ceño de Sam se convirtió en una sonrisa alegre, satisfecho con la respuesta - “castaños”, dijo simplemente, en confirmación a lo que había dicho ella misma. Levantándose un poco, le plantó un pequeño beso en los labios - “Gracias. Buenas noches”, colocando una mano debajo de la almohada, volvió a acomodar su cabeza para poder dormir.

Y Sam cerró sus ojos.

Ojos que no eran color castaños.

Ella se acostó, esta vez sin abrazar a Sam, para poder estudiar su faz serena por algunos momentos. Con una mano levantó una manta, para protegerse de la noche que se tornaría más fría.

A Neo no le había gustado mentir a Sam. No había tenido la intención de hacerlo, tampoco. Lo había decidido en una fracción de segundo, y lo había dicho antes de poder volver a pensar. Y ahora era demasiado tarde. Simplemente no podía despertar otra vez a Sam y decirle que sus ojos no eran castaños, sino el color que el hombre lobo veía cada vez que se observaba en el espejo, el mismo color con el que miraba a todo en el mundo: Gris.

Neo amaba los ojos de Sam, la expresividad en medio del color grisáceo. No había sido fácil, pero ella había aprendido a leerlos, divisar los cambios aún más leves de color. Segundos antes de la luna llena, se veían casi blancos, muy transparentes, y para dos o tres días después, estarían oscuros como nubarrones. Y cuando la luz del sol les diera de lleno, se verían más brillante que la más pura de las platas.

Neo no estaba completamente segura del porque le había mentido acerca de sus ojos. Ella no sabía como él reaccionaría al hecho de que sus ojos fueran sencilla y simplemente grises.

Se abrazó a Sam, apresándolo gentilmente, con sus narices a escasos milímetros de distancia.
- “Buenas noches, Sam”, murmuró.

Y cerró sus ojos.

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Linea recta

Octubre 12, 2007 · No hay comentarios

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Esta línea que ves… no es una línea: son dos que se volvieron una sola… Se trata de una historia de amor:

Esta historia comenzó muchos millones de años atrás…quizás cuando el mundo aún no era más que polvo cósmico girando en espirales y perdido en el universo…Entonces ocurrió: dos líneas de luz viajaban paralelas la una a la otra a través del espacio… perdidas y sintiéndose vacías.

Eran completamente opuestas: se miraban la una a la otra desde lados opuestos del universo…eran blanco y negro, ying y yang, norte y sur…bien y mal. Jamás podrían tocarse la una a la otra, condenadas a estar eternamente separadas…Pero algo les decía que se necesitaban…que debían unirse.
Y ocurrió lo que nadie esperaba y es que su deseo de unirse fue tan fuerte, que conspiraron contra las leyes del universo y desafiaron a toda lógica…Dos líneas paralelas que se necesitaban y se buscaban con tanta fuerza la una a la otra que acabaron fundiéndose en una sola…Y ocurrió el milagro: Dos polos opuestos reencarnados en cuerpos humanos con una sola misión…encontrarse y fundirse en equilibrio.

Y es que el amor y el universo tienen su propia geometría.
En ella todas las cosas pueden juntarse, hasta las líneas paralelas.
Prolongándose hasta el infinito…

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