Si alguien hubiese echado un ojo a aquella imponente casa de ladrillos rojos situada en uno de los barrios más caros de Sevilla, rodeada de un inmenso jardín repleto de setos podados con pulcritud, esculturas talladas en mármol y las más estrictas medidas de seguridad…Jamás habría imaginado que sus ocupantes pudiesen pasar la noche del domingo de aquella forma:
- 1,2,3,4,5…¡Y me coloco en la recta final! Rafa, espero que tengas una buena pregunta porque esta noche estoy imparable.
Y es que Rafa, a pesar de tener tan solo 28 años, ser dueño de más de la mitad de las acciones de la empresa de su padre, y vivir a sus anchas en aquel caserón…Adoraba los juegos de mesa. Pero no cualquier tipo de juegos.
Juegos de ingenio.
Preguntas que te hacia exprimir el cerebro, criptogramas, juegos de palabras, claves ocultas. Todo eso combinado con preguntas históricas, de arte, ciencias y geografía en una mezcla explosiva que había dado lugar a aquel curioso juego. Una versión mejorada del Trivial, alrededor de cuyo tablero se reunían todos los domingos por la noche 5 nuevos osados jugadores, normalmente compañeros de trabajo, con sus respectivas cervezas, sus nubes de humo y sus frases características al tirar los dados, con un firme propósito: ganar…
¿Pero a quién?
Sin duda, lo mejor de aquellas noches era ver como su amiga Isabel, con apenas 17 años, piel morena y rizos castaños, le daba una paliza a todos aquellos que intentaban vencer su ingenio.
- Está bien- preguntó Rafa- ¿De que color es la casilla?
- ¡Naranja!- respondieron al unísono dos de sus compañeros. Al parecer estaban un poco tensos. La competitividad que un simple juego de mesa puede generar y el hecho de que Isabel llevaba acertando sin parar y estaba apunto de llegar a la casilla final, era demasiado para ellos. Eso y que perder ante alguien más joven se les hacía casi un insulto. Rafa sonrió maliciosamente a Isabel mientras sacaba las preguntas de un sobre sellado de color naranja…
La categoría era sobre juegos de palabras. Nadie la ganaba en eso.
Rafa vio como la mirada de Isabel se iluminaba. Sabía que los nuevos retos la apasionaban casi tanto como a él. Aunque claro, ver como sus compañeros de trabajo se mordían las uñas, se aflojaban el nudo de las corbatas agobiados y sus neuronas se consumían como las colillas de sus cigarros se le hacía prácticamente igual de apasionante, por no decir divertido.
- La cosa va de diminutivos- dijo tras leer la tarjeta atentamente- Tienes que decir la palabra buscada y el correspondiente diminutivo. ¿Preparada?
Isabel asintió sin apartar la mirada. Rafa giró el reloj de arena y dijo:
- Primera pregunta… ¿Animal cuyo diminutivo dispara?
- Gato y gatillo – A Isabel no le llevó mas de dos segundos pensar la respuesta.
- ¿La que va despacio, cuyo diminutivo se pone en el ojo y ves mejor?
- Lenta y lentilla
- ¿Da uvas y su diminutivo sirve para hacer churrascos?
- Parra y parrilla.
- ¿Figura geométrica cuyo diminutivo está helado?
- Cubo…cubito.
El resto de jugadores la miraban con intensidad. Mitad sorprendidos, mitad abatidos…Realmente estaba imparable.
- ¿Qué no practica el sexo y su diminutivo es una enorme casa con almenas?
- Ese es Rafa- bromeó uno de sus compañeros- ¡Que no se come una rosca desde hace un año!
Isabel reprimió una risa ante la mirada asesina que Rafa le dedicó a su compañero.
- Casto y castillo- comentó divertida.
- Tira los dados antes de que se acabe el tiempo- Rafa aún parecía resentido.
Casilla marrón: historia.
Rafa leyó en silenció la pregunta que había sacado del sobre y dejó escapar silbido proporcional a la dificultad de la pregunta.
- Isa…si aciertas esta, te lo juro, te pido en matrimonio- comentó divertido- De acuerdo, ahí va: ¿Qué rey y de que país estaba convencido de que el café era un veneno y para demostrarlo condenó a un asesino a tomar café todos los días hasta que muriese y a otro delincuente le indultó con la condición de que bebiese té a diario?
Se oyeron algunas risillas y alguien comentó que “¡por fin iban a poder tirar los dados de una maldita vez!”
Sin embargo, Isabel permanecía con los ojos fuertemente cerrados. Parecía estar intentando recordar algo lejano.
- Gustavo III de Suecia- dijo triunfal. Todo el mundo se quedó callado y Rafa parpadeó un par de veces.
- No nos vaciles anda- dijo socarrón uno de los jugadores- ¿Verdad?- preguntó algo asustado a Rafa.
- Es correcto – dijo éste, casi sin creérselo.
- Y… – continuó Isabel regodeándose en su minuto de gloria- El experimento fue seguido por una comisión médica y resultó un fracaso: Los primeros en morir fueron los médicos, luego el rey y muchos años más tarde el bebedor de té y por último, el bebedor de café.
- ¡Eres una puta enciclopedia con patas!- dijo abatido uno de los jugadores.
Isabel sonrió para si misma y volvió a tirar.
Bajo la atenta mirada de todos, los dados y el azar la llevaron a las dos últimas casillas.
- “Preguntas de pensamiento lateral”- leyó uno de los jugadores- ¿Qué es eso?
- Ya lo verás – Isabel vio como Rafa sonreía misterioso. Ese tipo de preguntas eran nuevas incluso para ella- El primero que sepa la respuesta puede contestar.
Giró de nuevo el reloj de arena y sacó una tarjeta de una pequeña caja y leyó en voz alta:
- Un hombre va a comprar al supermercado. Tras pagar en caja, la cajera le entrega el ticket de la compra. El hombre lo toma y con un bolígrafo escribe en él lo siguiente: 3×2=6. La cajera lo mira atentamente mientras escribe la cifra y de pronto exclama sorprendida: ¡Es usted marinero!… ¿Cómo pudo saberlo?

Tras unos escasos segundos de silencio, todos los jugadores estallaron en carcajadas.
- ¿Pero que clase de pregunta es esa?- dijo el que parecía ser el mayor del grupo.
- Una que debes contestar si quieres ganar la partida- le respondió Rafa totalmente serio.
- Vale, vale…A ver…- El hombre pareció pensarlo durante unos instantes y de pronto les miró sorprendidos- … ¡No tengo ni idea!
Durante un par de minutos, estuvieron estrujándose los sesos mientras los pequeños granos de arena seguían resbalando…Ninguna respuesta era válida.
Isabel empezaba a impacientarse… ¡Una pregunta tan absurda debía tener una respuesta igual de absurda!
- ¡ 3×2 es el nombre de un nudo especial en marina!
- ¡Es una clave que ambos sabían!
- ¿Había comprado un barco y ella lo había visto en la cuenta?
- ¿Un barco en un supermercado? ¡No seas bestia!
Rafa movía negativamente la cabeza a todas aquellas absurdas respuestas. Mientras, Isabel había permanecido en silencio.
Sabía que algo no encajaba…La respuestas eran tan absurdas como la pregunta, pero claro, si tan absurda era… ¿Por qué no era capaz de encontrar la respuesta?
Estaban empezando a responder cosas demasiado complejas para una pregunta tan simple…Un momento.
Esa era la clave.
Pregunta simple, respuesta simple.
Y una bombilla se encendió en su cabeza. La respuesta era tan obvia que se sintió estúpida al darse cuenta. Había estado delante de sus narices desde el principio.
- Ya lo sé.
De pronto el murmullo cesó.
- ¿A sí?- preguntó cínico el único jugador que aún conservaba la corbata. Ella sintió ligeramente al ver como la retaba con la mirada.
- Sabes que si das la respuesta ahora y es correcta ganas, pero si no lo es, saldrás de la recta final y tendrás que volver a empezar… ¿Estas segura?- No sabía si Rafa lo había dicho realmente como un recordatorio o como una advertencia. Ella asintió con seguridad.
- ¿Y como estás tan segura?- volvió a preguntar el mismo jugador mosqueado.
- Porque los humanos tendemos a dejarnos llevar por las apariencias- le contestó ella- pensamos que las buenas respuestas son siempre las más complicadas y a veces la respuesta es tan simple que no la vemos aunque la tengamos delante.
- ¿Y la respuesta es?
Isabel se permitió un par de segundos de expectación antes de responder:
- Va vestido de marinero.
Las caras asombradas y la sonrisa de oreja a oreja de Rafa fueron su mejor respuesta.
- Isa…cásate conmigo.
Adoraba a esa chica.
Al final, la partida terminó antes de lo planeado, así que Isabel se tomo la libertad de hacerle compañía a Rafa un rato más y ayudarle a recoger antes de volver a casa.
No podía irse sin lo mejor de la noche: las charlas con su mejor amigo.
- ¿No se supone que mañana tienes clases?- le preguntó él al verla recoger las botellas de cerveza y llevarlas a la cocina
- ¿Me estas echando?
- ¿Qué pensará tu madre de que te quedes a estas horas, a solas, en una casa tan grande con un tío mayor que tú? – preguntó Rafa con su habitual tono bromista.
- Claro…Olvidaba que la obsesión de todo gay es liarse con su amiga lesbiana… ¡Dios mío! ¡Estoy en peligro!
Rafa le tiro un jersey a la cabeza mientras ella se partía de la risa.
- Me encanta la cara que han puesto todos con lo del marinero- comentó Rafa- hubiera dado media fortuna por grabarlo en video.
- ¿Cómo se te ocurrió meter una pregunta de pensamiento lateral? Ha sido genial.
- Sabía que te encantaría- dijo él sonriendo- Tengo otra: ¿Cuándo puede llevarse agua en un colador?
- ¿Cuándo esté congelada?
- Es oficial, te quiero. Ven a mi cuarto…tengo que enseñarte algo- le dijo él.
- ¿Seguro que no piensas secuestrarme?
El cuarto de Rafa era un verdadero museo dedicado a los juegos de mesa. Por toda la habitación se podían ver cajas de diversos juegos de estrategia, versiones de diferentes nacionalidades (como el monopoly en japonés que Isabel tuvo que esquivar para no pisar las fichas), juegos que jamás salieron a la venta, versiones exclusivas que valían una fortuna y en la zona principal sus favoritos: los juegos de ingenio.
Rafa estaba intentando alcanzar algo bajo de la cama. Finalmente sacó una caja negra de cuyo interior saco una maleta metalizada. Con manos nerviosas la colocó sobre la cama.
- Esto…- le dijo emocionado a Isabel- es mi posesión más valiosa.
Isabel se inclinó curiosa para ver el contenido de la maleta… ¿Serían joyas? ¿Bonos del estado? ¿El santo grial? Pero para lo que no estaba preparada era para lo que vio entre los embalajes de seguridad: Un disco plano de arcilla, con una espiral dibujada en su interior acompañada de extraños dibujos.
Rafa la miraba impaciente.

- Estoooo….¿Ahora te ha dado por las manualidades?- comentó Isa en broma
- Isabel ¡Por dios! ¡Esto es el disco de Pahistos!- realmente parecía escandalizado- ¡Tiene un valor incalculable!
- Y si tan valiosos es ¿Por qué lo escondes debajo de la cama?- preguntó extrañada.
- Si vinieses a mi casa a robar ¿Dónde mirarías primero?
- ¿En la caja fuerte?- preguntó dudosa.
- ¡Exacto! Nadie miraría donde los zapatos y las pelusas. Debajo de mi cama están mis posesiones más valiosas.
- Como el disco ese de…. ¿Pastos?
- Pahistos- le corrigió- Me sorprende que supieses lo de Gustavo III y no te suene esto.
- Te sorprenderás al conocer la fuente de mis conocimientos.
- Soy todo oídos- Rafa se sentó en la cama con el disco sobre su regazo.
- Vale pero luego me cuentas el porqué de tu obsesión con la arcilla ¿Vale?- Rafa asintió.
Isabel tomo una bocanada de aire antes de empezar.
- ¿Recuerdas a mi abuela?- la pregunta sorprendió a Rafa.
- Como olvidarla…Es la persona más curiosa que jamás haya conocido. Nunca pensé que alguien pudiese saber tantos acertijos y adivinanzas.
- Si…- Isabel sonrió recordando escenas antiguas- Ha leído de casi todos los temas posibles. Siempre le gustó retar a mi ingenio. Todas las noches me contaba una adivinanza o me proponía un nuevo reto… ¡La de noches que habré pasado en vela intentando resolver sus enigmas!
- Con lo cabezota que tú eres no me sorprende… -Isa lo miró malhumorada- Tenaz…quise decir tenaz- se corrigió Rafa entre risitas.
- Ahora ya no es ni la sombra de lo que fue…- su mirada se volvió vidriosa unos instantes- Tiene alzheimer.
La frase cayó como un balde de agua fría.
- Aún continúa teniendo momentos de lucidez, pero…En ocasiones mezcla la realidad con cosas que ha leído y cuando escucha los aviones…- su voz tembló unos instantes- cree que son bombarderos de la guerra civil…O narra sucesos históricos como si le hubiesen ocurrido a ella misma.
Rafa la rodeó con su brazo en señal de apoyo y la acercó a él en una especie de abrazo bizarro.
- Lo peor es…que a veces no recuerda quien soy.
- ¡Ey!- Rafa la tomó de la barbilla y contempló sus enormes ojos verdes algo acuosos. Isa sonrió de medio lado
- Hace un par de meses comenzó a hablar de que un tal Gustavo, el rey de Suecia, que le había encargado un experimento sobre el café…Fíjate que tontería…Parece que al final tengo buena memoria.
- Buena no, ¡es excelente!…Yo no recuerdo ni lo que cené ayer- intentó animarla.
- ¡Te comiste una pizza familiar tú sólo! Si hasta te salían trozos de anchoas por las orejas…Luego dirás que no ligas porque te has puesto más gordito- dijo mientras le daba un par de golpecitos en la tripa. La mirada asesina de Rafa le indicó que se estaba metiendo en terreno peligroso.
- Bueno, ¿Por qué no me cuentas de dónde ha salido tu fetichismo por la arcilla? Porque te recuerdo que la famosa escenita de “ghost” es de una peli…Por mucho barro que hagas no va a venir Patrick Swayze a restregarse contigo- comentó irónica.
- Haré como que no he oído nada.
Rafa volvió a levantar el disco de arcilla.
- Según una leyenda helénica, durante el asedio de Troya, los guerreros griegos para remediar su aburrimiento, se inventaron varios juegos, entre ellos el Juego de la Oca. Obra de Palámedes hijo del rey de Eubea y nieto de Poseidón- dijo de memoria Rafa- Con lo que si creemos la leyenda podemos estar frente al, posiblemente, más antiguo tablero conocido para el juego de la Oca, el “Disco de Pahistos”, fechado hacia el año 2000 a.c.
Isabel dejó escapar un silbido de admiración.
- ¿Y eso no debería estar en un museo?- le preguntó
- Pues…si no estoy mal informado…Estaba en un museo.
- Te debe haber costado una pasta
- De hecho – continuó Rafa siguiendo la línea de los dibujos con sus dedos- No sabes lo que me ha costado, tanto que me estoy jugando algo muy importante.
- Me estas asustando Rafa. ¿ Qué has hecho?
- Los millonarios estamos todos pirados…Y hacemos cosas muy raras. Pero ya no se si quiero continuar- comentó con amargura.
- Rafa mírame- le tomó de la barbilla y le obligó a mirarla- Sabes que puedes contarme cualquier cosa, que haría lo que fuese por ti…
- Lo se y eso es lo que me preocupa- comentó en un susurro- Isabel eres única para mí, la persona más importante en mi vida- dijo tomándola de la mano y esquivando su mirada.
Por unos instantes la situación se volvió tensa, Rafa no es de los que sacan sus sentimientos a relucir muy a menudo. Isabel no sabía que decir e intentó quitarle importancia al asunto:
- ¿No me estarás tirando los tejos verdad? Porque ya sabes lo que voy a contestar a tu petición de matrimonio.
Rafa estalló en carcajadas
- Lo nuestro siempre ha sido un amor imposible.
La mirada cómplice de Rafa la hizo recordar un par de años atrás cuando reunió el valor suficiente para confesarle a su mejor amigo que era lesbiana…Para encontrarse de lleno con la confesión de Rafa de que él también era homosexual. Como no, él tuvo que hacer uno de sus comentarios “graciosos”
- Ya decía yo que una chica tan lista, tan guapa y tan buena jugando al fútbol no podía conformarse con un solo cromosoma x como pareja… ¡ Ella tenía que buscar otra xx que la aguantase!
También recordó la colleja que Rafa se ganó por ese comentario.
- Bueno, será mejor que dejemos esto donde estaba- dijo levantándose y volviendo a meter el disco de arcilla en su correspondiente maletín, tras envolverlo con mucho mimo- Vuelve con las pelusas- le susurró a la caja antes de meterla de nuevo bajo la cama.
Rafa consultó su reloj. Al ver la hora se tensó y obligó a Isabel a volver a su casa, mientras esta se quejaba.
- Mañana tienes instituto- le regañó
- Admítelo…estas esperando a alguien y estás deseando que me largue.
- Pues si quieres saberlo, si. Estoy esperando a alguien.
- ¡Lo sabia! ¿Quién es? ¿Es el nuevo socio de la empresa? ¿Ese que tiene la melenita rubia?
- ¿Y tú cuando te vas a echar novia para dejar de fisgar en la vida privada de los demás?
- ¡Eh! Que yo no me quejo de tu vida
- Pero yo si…- Rafa cerró los ojos y aspiró fuertemente antes de preguntar a Isabel – Dime… ¿Te gusta tu vida?
Isabel lo miró durante unos instantes sorprendida.
- Ya sabes como es mi vida…Y también sabes que no tengo elección.- dijo con resignación.
Rafa fue a decir algo pero ella le cortó diciéndole que si no se daba prisa perdería el autobús. Le dio las buenas noches y salió corriendo en dirección a la parada.
Rafa permaneció unos instantes mirando como Isabel se perdía en la lejanía antes de cerrar definitivamente la puerta.
El autobús tardó una media hora en aparecer y casi una hora y media en llegar a su casa:
- Odio el transporte público- gruñó esquivando los charcos que empezaban a formarse con la lluvia.
Isabel a veces se preguntaba cómo era posible que siendo ella y Rafa tan diferentes, tanto a nivel personal como monetario, hubieran coincidido en una de esas casualidades de la vida y continuaban llevándose tan bien. Desde luego que su barrio no tenía ni punto de comparación con el de Rafa…De hecho, no era por el simple hecho de que fuese un barrio mucho más modesto y los gastados muros de las casas de dos plantas, angostas y pequeñitas se apiñasen a lo largo de las calles empedradas. Más bien era por el ambiente que rodeaba al barrio.
Mucho más familiar, más tradicional.
Llevaba años edificado y las pequeñas tradiciones como el olor a pan recién hecho de la panadería de la esquina, el absurdo parloteo de sus vecinas cuando iban al mercado por las mañanas o la ropa tendida de los cordeles de las ventanas lo hacían destacar. Esa descripción podía haber coincidido con muchos de los antiguos barrios de la ciudad, sin embargo las vistas lo hacían único: desde la azotea se podía ver la catedral, que de noche se rodeaba de ese halo de misterio y leyenda que la caracterizaban.
El frío la apremió a correr hacía el portal numero 13, abrir la gastada cerradura con manos temblorosas y subir rápidamente las escaleras.
Entro en casa soplándose las manos para combatir el frío.
- Hola – gritó a la nada- Ya estoy en casa.
Pero la aparente tranquilidad del recibidor fue sustituida por el bullicio que se vivía en el pequeño salón de la casa. Y el espectáculo no era para menos: Su hermano pequeño tocando el tambor a ritmo de procesión y con un paño de costalero en la cabeza girando en torno a la mesa camilla del salón, sobre la que estaba su abuela subida, con una sábana en su cabeza a modo de manto, mientras su madre intentaba por todos los medios bajarla de allí.
A Isabel casi se le cae la mochila de la impresión.
- ¡Isa ayúdame!- le gritó su madre, haciendo que reaccionara finalmente.- ¡Tu hermano la ha convencido de que es la virgen Macarena y que tiene que salir en procesión y ahora no hay manera de bajarla!
Isabel corrió y agarró a su abuela por las piernas. A veces se sorprendía de lo ágil que esa mujer llegaba a ser a pesar de su edad. Intento tomarse aquello con la mayor seriedad posible mientras le daba pequeños tirones de la falda y le pedía que se bajase, pero desde luego aquella situación se le estaba haciendo cada vez más surrealista.
- Mamá ¡Bájate de ahí ahora mismo! – le gritaba su madre- ¿Me oyes?- pero la abuela seguía inmutable con su cara de sufrimiento y las manos exactamente como las de la estampa de la Macarena.
- Abuela….por favor, baja que te puedes hacer da…- Pero no pudo continuar porque su madre le pegó un tremendo grito a su hermano.
- ¡¡Quieres dejar de tocar ese maldito tambor!! ¡¡Si la abuela se hace daño es por tu culpa!!
El efecto fue inmediato: su hermano dejó de tocar y puso cara de no haber roto un plato, a su abuela se le descolocó el velo y a su madre empezó a temblarle el labio aguantando las lágrimas.
- Yo no quiero que la Abu se haga daño- dijo con una peculiar vocecilla su hermano pequeño. Acto seguido se acercó a la mesa camilla y tirando con su manita de la falda de la abuela le dijo:
- Abu baja…- pero ella no se inmutó y su madre ahogó un sollozo.
Isabel miró a su abuela, absolutamente metida en su papel de virgen y en ese momento tuvo una idea…Idea que horas más tardes le pareció absurda pero que en ese momento era lo único que se le ocurrió.
Seguirían con la farsa. Porque su abuela podía llegar a ser más cabezota que ella misma.
Ante la mirada sorprendida de su madre, Isabel cogió una grapadora del mueble del salón y la colocó encima de la mesa camilla y usándola a modo de llamador dio tres golpes sobre la mesa.
- ¡Al cielo con ella!
A su madre se le cortó el llanto repentinamente y la miró con los ojos muy abiertos. Después miró a su hermano que parecía igual de sorprendido.
- Vamos…- intentó buscar ayuda en la mirada sorprendida de su madre- Es hora de que la virgen se recoja y vuelva a su iglesia- Le hizo señas con la mirada para que le siguiera el juego.
- ¿Puedo tocar el acompañamiento final?- preguntó su hermano mirando a su madre temeroso.
- ¡Si! – le dijo su madre que parecía haber entendido finalmente lo que su hija pretendía.
Su hermano empezó a tocar el tambor con una maestría sorprendente…Desde luego que para ser tan pequeño y tener una obsesión tan rara con el mundo cofrade, Isabel tenía que admitir que su hermano tenía un don natural.
- ¡Guapa!… ¡Pero que virgen más guapa!- le decía su madre a la abuela.
Isabel hubiese jurado que su abuela sonrió durante unas milésimas de segundo, pero que automáticamente volvió a sumergirse en su papel de virgen mártir.
- ¡Una saeta! ¡Una saeta!- grito su hermano emocionado. Lo que el pobre no sabía que acababa de liarla aún más. Isabel miró a su madre y le suplicó con la mirada que acabasen con aquello cuanto antes. Al final la pobre mujer se puso a cantarle una saeta como pudo mientras Isabel se aguantaba la risa.
- ¡¿Se puede saber que está pasando aquí?!- la voz de su padre les sorprendió a todos y su madre dejó de cantar de golpe. Isabel decidió cortar rápidamente.
- ¡Y por fin la virgen ha entrado en la basílica de Santa Maria de la Esperanza Macarena! Nos despedimos con emoción de ella…
- ¿Pero que hace mi madre encima de la mesa? ¡Que se va a caer!- gritó su padre soltando las cosas del trabajo con la intención de coger a la abuela. Pero sorprendentemente, ella misma se quitó el manto de los hombros y se bajó por su propio pie de la mesa.
- ¿Se puede saber que ha pasado?- preguntó enfadado su padre.
- ¡Que tu madre tiene muchas ganas de cachondeo!- le dijo su madre mientras arropaba a la abuela con la manta de la mesa camilla y encendía el brasero.- Abuela- le dijo dirigiéndose a ella- No me de más sustos.
Al final, la situación se relajó un poco y tras explicarle lo que había pasado, su padre se partía de la risa.
- Mamá siempre fue muy graciosa.
Su made rodó los ojos y se fue a la cocina a preparar la cena, no sin antes repetirle cuatro veces a su padre que pusiera la mesa después de cambiarse. Isabel decidió echarle una mano, porque su madre aún seguía algo nerviosa y enfadada.
- ¿Qué ha pasado?- le preguntó. Su madre resopló.
- Salí cinco minutos…cinco minutos- dijo recalcando el numero- a pedirle arroz a la vecina. Tu abuela estaba en el sillón y tu hermano coloreando…No pensé que…- sonrió con resignación- Y cuando vuelvo ¿Qué me encuentro?
- Lamento no haber estado aquí, mamá.
- No es tu culpa cariño…Es que esta situación me supera a veces.
Su madre solía ser una persona muy vivaz y bastante nerviosa hablando, por lo que a Isabel la preocupó bastante verla así de abatida.
- Tu padre tiene razón…A tu abuela le gusta demasiado la juerga para la edad que tiene- Finalmente acabaron riendo las dos, recordando lo ridículo de la situación.
Mientras preparaban las croquetas su madre recordó algo importante:
- Tu tío Antonio ha vuelto a llamar- dijo pellizcando un trozo de pan.
- ¿Desde Francia?
- Sí y me ha vuelto a pedir que te diga, que a ver cuando te animas y le haces una visita.
Isabel y su tío siempre se habían llevado de maravilla. Cuando era pequeña, le encantaba ir a visitarle, pero desde que se mudó a Francia por un trabajo que le ofrecieron, sólo podían hablar por carta o cuando él llamaba, ya que era el único que podía costearse la llamada. Desde luego echaba de menos las locuras de su tío.
- ¿Y cómo pretende que me vaya?
- Sabes que se ha ofrecido a pagarte el billete cuando tu quieras…No es que me agrade la idea de que te pierdas por el extranjero, pero sería bueno para ti- su madre le acarició el pelo- Aún eres joven…¿No se supone que es eso lo que hacéis los jóvenes? Escaparos lejos de casa y de las madres que os inflan a croquetas.
- No…Nos escapamos de casa, pero volvemos a que las madres nos inflen de croquetas.
Su madre la abrazó con fuerza. Era de lágrima fácil y se emocionaba hasta con el telediario.
- Voy a avisar que la cena está lista- le dijo a su madre.
En el salón sólo estaban su abuela viendo la tele, su hermano dibujando y la mesa a medio poner.
- ¡Que sorpresa!- se dijo a si misma.
Se acercó a su abuela y le rozó el hombro para llamar su atención. Esta, la miró sorprendida.
- Abuela, vamos a cenar.
- ¿Quién eres tú?
La frase fue horrible. Esa era la parte que peor llevaba de la enfermedad de su abuela…Pero a pesar de ello, tenía que aprender a llevarlo de alguna manera o acabaría siendo insostenible. Aunque no era nada fácil cuando la mujer que te ha llevado al parque por la tarde, te ha curado las heridas de las rodillas raspadas por el fútbol y que incluso te ha sonado los mocos, te mira como si fueras una completa desconocida.
- Venga mamá- su padre apareció en su ayuda, empujando el sillón de la abuela hasta la mesa – Se acabaron las series, hora de cenar.
Esa noche, Isabel, apenas comió.
Se dedicó a observar a su familia. Escuchar las anécdotas de su padre en el trabajo, los cotilleos que su madre contaba de las vecinas, ver como su abuela se reía de los chistes de su hermano, como su padre besaba a su madre por hacer las mejores croquetas de toda Sevilla, ¡que digo Sevilla!, de toda España, y como su madre sonreía y le quitaba importancia.
Y pensó en Rafa, que estaría cenando sólo, o en su defecto con un nuevo ligue y recordó sus últimas palabras…¿Le gustaba a ella su vida?
Su familia podía llegar a ser muy desquiciante y muchas veces soñó con escapar una temporada, sólo para tener algo de espacio libre: No tener que compartir cuarto de baño con cuatro personas más, no despertarse a las seis de la mañana con el despertador de su padre, no tener que dormir con su abuela que se despertaba de madrugada buscando cosas inexistentes, de no tener prácticamente intimidad…
Pero a pesar de eso, sabía que no podía dejarlos. Porque en el fondo sabía que los necesitaba tanto como ellos la necesitaban a ella y que los echaría mucho de menos.
¿A caso tenía miedo de vivir su vida?
Finalmente llegó la hora de irse a dormir. Isabel se despidió de su hermano y de sus padres y se fu a acostar a la abuela. Sin embargo en mitad del pasillo, Isabel sintió que su abuela la retenía de un brazo:
- ¿Qué pasa?- de pronto vio que su abuela la miraba con ternura y le dijo:
- ¿Mi nietecita no quiere que le cuente una adivinanza?
Isabel sintió que sus ojos se empañaban por las lágrimas. Para su abuela que le acariciaba la cara en esos instantes, ella era de nuevo su nieta de 10 años.
- Claro abuela…Claro que quiero.
- Treinta dos sillitas blancas en un viejo comedor…Y una vieja parlanchina que las pisa sin temor- concluyó su abuela tomando su nariz en un gesto maternal.
Isabel hizo como que pensaba la respuesta y acto seguido le dijo:
- Son los dientes y la lengua abuela.
- ¡Muy bien! Mi nieta siempre ha sido la más lista- y sonriendo entró en el dormitorio.
Isabel no pudo dormir en muchas horas, pensando en todo un poco. De vez en cuando oía a su abuela hablar en sueños y el continuo goteo del grifo del baño…
Después de muchas horas llegó a una conclusión: No es que no le gustara su vida…Es que a veces, se asfixiaba en ella. Pero no tenia ni fuerzas ni valor para cambiarlo
Definitivamente, tenía miedo a correr el riesgo de cambiarlo todo por completo. En cualquier momento, podía aceptar la oferta de su tío y viajar a Francia, quizás trabajar allí para pagarse los estudios….Pero no se atrevía.
Lo que ella no se imaginaba era que, en pocas horas, toda esa aparente estabilidad se pondría a prueba.
La mañana siguiente, no empezó del todo bien.
Al final había dormido muy poco y cuando su madre apareció en su cuarto y abrió las persianas, se dio cuenta que se había quedado dormida. Comenzó a vestirse a toda prisa. Como la mañana se despertó más fría de lo esperado, al abrigo tuvo que añadirle una bufanda a rayas y un jersey más grueso. La ciudad podía llegar a ser muy húmeda en invierno.
Las tostadas se le quemaron y pisó un charco al salir del portal, se olvidó el almuerzo y maldijo al hombre del tiempo por haber dicho que no llovería esa mañana y a ella misma por no coger el paraguas…Desde luego, ese, no era su día.
Y terminó de cabrearse cuando descubrió al montarse en el autobús, que después de tantas carreras, había olvidado que las primeras horas de clase de ese día habían sido suspendidas por una huelga que para colmo, provocaban el desvío del tráfico.
Intentó alegrarse lo que le quedaba de mañana antes de volver a clase cambiado su ruta. Pensó que podría hacerle una visita a Rafa. A lo mejor tenía suerte y el chico no tenía mucha resaca y podía contarle como acabó su cena de ayer.
Le sorprendió la cantidad de coches de policía que se agrupaban por las calles, controlando la manifestación. Pero le sorprendió aún más cuando, a medida que se acercaba a casa de Rafa, los coches de policía, en vez de disminuir, aumentaban.
El barrio de Rafa estaba algo alejada de la zona de la manifestación, pero a pesar de ello, al menos dos coches de policía estaban peligrosamente cerca de su casa.
A medida que se acercaba se dio cuenta de que algo no marchaba bien, porque los policías estaban en casa de Rafa y no pasaban por allí de casualidad.
Su primer impulso fue correr a preguntar que había pasado, pero por algún extraño motivo, decidió quedarse apartada y analizar primero por su cuenta que había pasado.
Varios vecinos curiosos estaban alrededor de la casa, alzando sus cabezas por encima de los setos y algunos estaban siendo interrogados…Pero ni rastro de Rafa.
Escuchó como uno de los policías preguntaba al vecino más próximo a la casa, pero no habían visto nada inusual. Sólo sabían que la alarma había sonado esa madrugada y poco después se apagó. Nadie le dio demasiada importancia porque Rafa era bastante olvidadizo y cuando bebía olvidaba apagar la alarma antes de entrar en casa. Cuando la policía no se presentó, pensaron que él mismo habría llamado a la central de alarmas para avisar.
Sin embargo a Isabel no le cuadraba.
¿No se suponía que iba a cenar en su casa con la visita que estaba esperando? ¿Para que querría salir? ¿O realmente entró alguien de madrugada?
Empezó a preocuparse realmente… ¿Dónde estaba Rafa?
La limpiadora de la casa, que también hablaba con la policía aseguró que Rafa le había dejado una nota, diciéndole que saldría unos días fuera de la ciudad… ¿Y avisaba a la señora de la limpieza y no a su mejor amiga? ¿Por qué se habría marchado tan repentinamente?
Una hora más tarde la policía y los mirones habían desaparecido e Isabel decidió que era el momento de investigar por su cuenta.
Saltó la valla de la parte trasera de la casa y escondiéndose entre los setos del jardín, se acercó a la puerta de la cocina. ¡La de veces que se habría colado por aquella puerta para llevarle el desayuno a Rafa tras sus noches de juerga!
No le llevó mas de un minuto desactivar la alarma y es que Rafa, a pesar de todos sus millones, seguía siendo un tío sencillo que ponía como código el día de su cumpleaños y guardaba las llaves debajo del felpudo…Aunque, más de uno habría dicho que aquello, más que de sencillo, era de insensato.
Cuando entró en la casa, el habitual silencio que la inundaba se le hizo más extraño de lo habitual. La presencia de Rafa era lo único que le daba algo de vida a aquella casa.
No parecía que hubiese nada fuera de su sitio…Desde luego si había sido un robo los ladrones no eran muy avispados, porque el DVD , el equipo de música y la tele de pantalla plana seguían intactos.
Y de pronto, una idea algo angustiosa cruzó su mente, porque a lo mejor los ladrones si eran muy avispados y se habían ido directamente a donde se acumulaban los zapatos y las pelusas.
Corrió a la habitación de su amigo y abrió la puerta de golpe…Definitivamente algo no cuadraba.
Cualquiera que hubiese entrado allí habría jurado que el cuarto estaba simplemente desordenado y lleno de cajas de juegos, pero para Isabel y su memoria fotográfica aquello estaba todo fuera de su desorden habitual.
Las cajas de juegos de ingenio no estaban en su sitio preferencial, parecían haber sido revueltas en busca de algo. Muchas de las piezas estaban esparcidas por el suelo de la habitación y las fichas del cluedo y las del trivial japonés estaban mezcladas…Aquello era una locura que ni un Rafa completamente borracho habría consentido.
Alguien había rebuscado entre las cajas en busca de algo e Isabel empezaba a temer el qué.
Sin pensarlo mucho más se agachó a los pies de la cama y levantó el edredón.
Sus sospechas quedaron confirmadas.
No quedaba nada bajo la cama, excepto una caja de cartón algo descolorida… ¿Seguiría allí el disco de Pahistos?
De un tirón saco la caja de debajo de la cama y la sorpresa fue mayúscula al descubrir la etiqueta que había pegada en la parte superior, indicando su contenido. Sorprendentemente, la etiqueta rezaba lo siguiente: LESBIAn XX
Isabel pestañeó un par de veces, aún sin creer lo que estaba viendo… ¿De verdad Rafa tenía una caja debajo de la cama con un montón de videos de porno lésbico? ¡Aquello carecía de sentido absoluto!
Tentada estuvo de abrir la caja para comprobar si aquello era real o alguna tontería de su amigo, pero un ruido de pasos dentro de la casa, la hicieron contener la respiración y pegarse al suelo.
Isabel se metió bajo la cama junto con la caja de cartón y se tapó la boca con la mano para evitar que su respiración acelerada la delatase, pero las pelusas no ayudaban demasiado. (Desde luego, Rafa estaba pagando demasiado a la mujer de la limpieza)
…Alguien estaba entrando en la habitación.
Desde donde estaba, sólo pudo distinguir unos botines plateados (horrorosos según ella) con unas franjas negras y blancas formando algo parecido a un tablero de ajedrez.
El dueño de los botines dio un par de vueltas por la habitación y acto seguido se marchó de la casa dando un portazo.
Isabel no se lo pensó dos veces, salió prácticamente volando de debajo de la cama y salió de nuevo por la puerta de atrás. Sin embargo tuvo la decencia de calmarse unos segundos y volver a activar la alarma, antes de salir corriendo y saltarse la valla trasera de nuevo.
Si alguien había entrado en la casa mientras ella estaba allí, podía volver a intentarlo.
¿Estaría buscando el disco? Aunque lo que más le preocupaba era dónde podía estar su amigo. Miró el reloj:
- ¡Mierda!- tendría que correr mucho y rezar para que el autobús no tardase demasiado o se comería las pocas horas de clase que tenía ese día y ya no podía permitirse más faltas.
Durante el tiempo que duró el trayecto en autobús, Isabel le dio mil vueltas al asunto. Desde luego que cabía la posibilidad que Rafa se hubiese largado con el disco por algún motivo. Quizás la cena de anoche acabó mejor de lo que esperaba. La noche anterior le había dado la sensación de que Rafa quería escapar…Quizás estaba cansado de su vida y se había fugado con el chico de la cena y su maldito disco…Aunque ¿Por qué no le había dicho nada? Sólo le quedaba esperar que Rafa la llamase a lo largo del día desde el Caribe, para darle envidia y decirle que no se preocupase…Al menos eso quería creer.
Ya en clase, se podía decir que estaba de cuerpo presente, porque lo que era su mente estaba en otro lugar.
No prestó apenas atención cuando su compañera le preguntó por el fin de semana, ni siquiera estaba echando cuenta a las explicaciones durante su clase favorita: Biología.
Estaban dando un nuevo tema sobre genética que caería en selectividad seguro, pero ella sólo podía pensar en Rafa y en que algo no terminaba de cuadrarle.
¿Por qué estaban las cosas de su cuarto fuera de su sitio? ¿Qué había llevado a Rafa a hacer algo así? No podía simplemente haberse cansado de su obsesión de toda la vida, porque si no ¿Por qué se había llevado sólo el disco?
Su compañera le dio un codazo sutil, para llamar su atención.
- Será mejor que empieces a copiar algo…Porque luego querrás que te pase los apuntes- dijo bromeando.
- ¿Qué?… ¡Ah! Sí …Estaba distraída.
- Se nota, casi te comes el lápiz de tanto morderlo. Anda, página 12. Estamos con los ejercicios.
Isabel buscó la página con desgana y miró como su profesor apuntaba algunos porcentajes en la pizarra para el ejercicio.
Ejercicios de genética de poblaciones… ¡Lo que le faltaba!
Sin embargo algo llamó su atención. Algo que estaba escrito en una esquina de la pizarra. Se refería a la posibilidad de producción de gametos femeninos y masculinos… Ponía: “Hombre 50% XY” y “Mujer 50 % XX”
Y la famosa bombilla, se encendió en su cabeza.
Y de pronto una idea empezó a cobrar sentido en su cabeza y rápidamente busco un papel en sucio y comenzó a garabatear lo que había visto escrito en aquella destartalada caja de cartón…Algo tan absurdo que nadie le habría prestado atención. Sólo ella podía saber que tras aquellas palabras había un mensaje oculto.
LESBIAn XX
Se sorprendió al descubrir que las letras desordenadas de su propio nombre, Isabel, podían formar la palabra LESBIA. ¡Por eso la letra n estaba en minúscula! No formaba parte del mensaje. Y las XX debían hacer referencia al comentario que Rafa le hizo el día que le confesó su homosexualidad: “No podía conformarse con un solo cromosoma x como pareja… ¡Ella tenía que buscar otra xx que la aguantase!”
Esa caja llevaba su nombre en clave y una referencia que sólo ellos dos conocían…¡Tenía que ser un mensaje para ella!
Tenía que volver a esa casa lo antes posible.
Las dos horas que quedaban de clase se le hicieron prácticamente interminables. No hacía más que mirar la puerta de salida y en cuanto sonó el timbre, corrió casi como lo había hecho en casa de Rafa, dejando a su compañera con la palabra en la boca.
Esta vez tuvo suerte y el autobús llegó con rapidez ya que la manifestación se había disuelto hacía unas horas. Al paso que iba se fundía el bonobús mensual.
Tardo media hora en llegar a la puerta de Rafa y de nuevo volvió a repetir el método para entrar en la casa.
La habitación seguía igual de desordenada. Se arrodilló extrañamente nerviosa ¿Se habrían llevado la caja? Para su alegría la maltrecha caja seguía bajo la cama rodeada de pelusas. La sacó con ansias y dispuesta estaba a abrirla allí mismo cuando, como si un dèjá vu se tratase escucho voces en el salón:
- ¿Estás seguro de que has visto entrar a alguien?- dijo la voz de un hombre.
- Que si, que si- esta vez una mujer susurrando- A lo mejor es el de antes.
- Sal de la casa y llama a la policía.
A Isabel, el pulso se le disparó y comenzó a pasear nerviosa la mirada por la habitación buscando una forma de escapar. Tendría que dar muchas explicaciones si la pillaban entrando a hurtadillas en esa casa.
Su mirada nerviosa se posó en la ventana de la habitación, que daba al jardín. El problema es que había unos barrotes, aunque sabía que unos del lateral eran lo suficientemente anchos para pasar de lado. Si hacía un esfuerzo y un poco de contorsionismo, lograría salir.
El principal problema era la caja…¿Cómo iba a sacarla por la ventana? Pensó en sacar su contenido, pero estaba concienzudamente embalada y pegada con fixo…¿Qué hacer?
El tiempo se le agotaba y los pasos del salón no tardarían en acercarse al cuarto, no le quedaba otra opción que la fuerza bruta.
Pegó la caja al hueco más grande entre los barrotes y empujó con fuerza pero no se movió apenas…Le temblaban las manos y tenía la certeza de que si no hacía algo pronto, la pillarían con las manos en la masa.
Y a pesar del ruido que sabía que podría provocar, hizo lo único que se le pasó por la cabeza en esos instantes: colocó la caja frente a los barrotes separados y la pateó con todas sus fuerzas, esperando que el contenido de la caja no se rompiese.
Los bordes de la caja se arrugaron y se quedó incrustada entre los barrotes…Una patada más y estaría fuera, pero ya había provocado demasiado ruido, así que no se lo pensó.
De una nueva patada, que provocó un gran escándalo, la caja salió disparada hacia el jardín. Acto seguido y con las piernas temblándole, ella misma se metió en la ventana y con la agilidad que la caracterizaba, se empujo con fuerza también a través de los barrotes, arañando parte de la piel de su cuello y su cara en el proceso, escuchando en el último momento como alguien entraba gritando en la habitación.
Aprovechando el desconcierto de la persona que acababa de entrar e intentando no prestar demasiada atención al dolor que se extendía por su cara y su pecho, cogió la caja magullada del suelo y corrió de nuevo hacia la valla de la casa.
Saltó llevando la caja consigo, en un intento inconsciente de no romper más su contenido.
Al caer al otro lado, notó como uno de sus tobillos se resentía. Pero el miedo era mayor que el dolor y las sirenas de los coches de policía que se oían al fondo, la terminaron de convencer.
Corrió con la adrenalina golpeando en sus venas…Corrió hasta quedarse sin aliento y sólo cuando hubo salido del área del barrio de Rafa, se permitió reposar apoyándose en el muro de un edificio.
No supo cuanto tiempo estuvo así, pero sólo fue capaz de reaccionar cuando un par de gotas le cayeron en la cabeza.
Estaba empezando a llover.
Se apremió a si misma a correr hacia la parada del autobús, pero al intentar moverse todos los dolores le vinieron a la vez.
Decidió que lo primero era proteger la caja para que no se mojara, aunque tenía serias dudas de que aún quedase algo de una sola pieza en su interior.
Como pudo la metió en su mochila. El hecho de que estuviese arrugada por los bordes le ayudó bastante. Después, fue andando despacio hasta la parada del autobús para no forzar el tobillo. Algunas personas en el autobús, la miraron curiosas al ver la maleta tan abultada y su cara enrojecida y marcada por un lado…Ahora tendría que pensar una buena excusa para su madre.
Tenía ensayando un discurso muy elaborado sobre un tremendo golpe con una farola, sin embargo, no sabía como iba a meter el paquete en casa sin que se dieran cuenta.
Pero al parecer, no todo tenía que ser mala suerte ese día: Cuando llegó descubrió que su abuela y su hermano estaban durmiendo la siesta y que su madre estaba en la cocina con la radio puesta.
Aprovechando que nadie la había oído entrar, se deslizó hacia su habitación y sin despertar a su abuela, escondió la caja bajo la cama.
Decidió echarle un vistazo a su aspecto antes de ver a su madre…Efectivamente, el rosetón rojo había bajado de intensidad, aún le valía la historia de la farola. Pero aún tenía arañazos en el pecho y el cuello, así que se dejó la bufanda puesta antes de entrar a la cocina a saludar a su madre.
Esa noche su madre maldijo a las farolas mal colocadas.
Tuvo que esperar hasta pasadas las dos de la madrugada, para asegurarse de que todo el mundo estaba profundamente dormido.
Sacó la caja de debajo de la cama, y sin ponerse las zapatillas a pesar del frío del suelo que traspasaba sus calcetines, se fue de puntillas al cuarto de baño donde se encerró.
Con unas tijeras de costura y con mucha paciencia, fue cortando los innumerables fixos que cerraban la caja de cartón. Los nervios le impedían a penas sentir sueño y su cabeza no paraba de dar vueltas a la posibilidad de que el mensaje que Rafa le hubiese dejado se habría roto en la huida, gracias a sus métodos poco “sutiles”.
Cuando el último fixo cayó, sus manos comenzaron a temblar sin poder evitarlo y con emoción, levantó las tapas de cartón.
Todavía pensó la posibilidad de que se encontraría un montos de pelis porno y descubriría una faceta de Rafa que desconocía, pero al ver un montón de tiras de papel de periódico que ocultaban algo bajo ellas, se convenció de que tenía que ser algo más importante…¿El disco? Porque si era así, ya podía tener Rafa un buen seguro porque lo máximo que iba a encontrar era polvo de arcilla.
Pero lo que encontró finalmente bajo tiras de papel, fue una caja de madera mucho más pequeña que la caja de cartón…Desde luego que eso era lo que la había salvado.
La emoción se apoderó de ella. ¿Sería finalmente una nota de Rafa? ¿Le diría donde estaba? Pero desde luego, la respuesta que encontró no era la esperada.
Dentro de la caja había dos cosas: La primera y que más le llamó la atención, fue un colgante en forma de media circunferencia. Era de un material parecido a la plata pero de color rojo y en su centro presentaba tres huecos de forma triangular. Parecían hechos para encajar algo de la misma forma en su interior, como un puzzle. Al mismo tiempo, en el borde donde acababa la media circunferencia, había otros dos huecos que parecían hechos para encajar la otra mitad del colgante.
Isabel miró el colgante sin entender muy bien que se suponía que debía hacer con él. Lo miró una y mil veces intentado encontrarle algún otro sentido, pero la única conclusión a la que llegó, es que ese colgante estaba incompleto…Le faltaba la otra mitad.
Se lo colgó del cuello gracias a una cadena de plata que lo acompañaba y se miró en el espejo. En verdad era bonito…Bueno, más que bonito, era enigmático y eso lo hacía especial.
Recordó que había algo más en la caja y definitivamente fue el objeto que más la desconcertó: Una entrada para ir al teatro de la maestranza.
Se trataba de una obra de ballet o de algún tipo de baile clásico- contemporáneo (O al menos eso dedujo de lo que ponía en la entrada).
La representación se titulaba “Las tres hijas” y estaba fechado para el día de mañana a las 4 de la tarde.

Isabel giró la entrada buscando algo más y se sorprendió al encontrar, escrito a bolígrafo la siguiente frase: “¿Qué edad tiene cada una? Llámame cuando lo sepas”
Se quedó mirando fijamente la frase durante largo rato, como si por arte de magia fuera a aparecer algo más en ella. Al menos, algo que tuviera sentido.
Si todo esto era obra de Rafa, desde luego se había ganado una buena paliza cuando le encontrase.
Asomó la cabeza al pasillo y casi se asustó al ver la hora: Las cuatro menos veinte ¿Tanto tiempo llevaba en el baño?
Recogió los restos de fixo, dobló la caja por la mitad y lo metió todo en una bolsa. Por la mañana lo tiraría. Ahora necesitaba dormir algo si quería seguir viva después del instituto para llegar a tiempo al dichoso teatro.
Porque al final había decidido seguirle el juego, o la pista o lo que se tratase aquello a su amigo. Definitivamente, el día siguiente sería digno de recordar.
Las horas del día pasaron lentas y cuando por fin salió del instituto, estuvo tentada de volver derechita a casa. Pero en el fondo, le inquietaba demasiado lo que podía haber detrás de todo el asunto como para seguir con su rutina normal y quedarse tan tranquila.
Buscó una cabina de teléfono y llamó a su casa:
- ¡Hola mamá!…
- ¿Pasa algo Isa?
- No… ¿Qué iba a pasar?- intentó que su voz sonara lo menos nerviosa posible.
- Me estas llamando en vez de estar aquí para comer ¿Tú que opinas?
- Perdona mamá, no te he llamado antes porque hoy he salido más tarde…- hubo una pequeña pausa en la que ninguna de las dos hablaron.
- ¿…Y?
- Que me voy a quedar con unas amigas para hacer un trabajo….Así que no me esperéis para comer- lo dijo todo de un tirón esperando que su madre no hiciese demasiadas preguntas como solía hacer.
- ¿Un trabajo de qué?- como si lo hubiese estado esperando la boca de Isabel se movió prácticamente sola.
- De biología- Y antes de que su madre pudiese preguntarle quienes eran esas amigas, donde vivían y de qué trataba el trabajo, Isabel habló rápidamente- Mamá, me he quedado sin monedas…Escucha, llegaré tarde. Nos vemos esta noche…¡Un besito!
Y colgó.
Las ventajas de no tener móvil. Ahora estaba ilocalizable.
Tras un ya habitual recorrido en autobús y parte andando, llegó a los pies del inmenso teatro. Consultó su reloj y vio que aún quedaban 10 minutos para las cuatro de la tarde.
Realmente no sabía muy bien que hacer…¿Debía entrar directamente?¿Tendría que darle la entrada a alguien?
Sin saber muy bien por qué, se acercó a la taquilla que estaba abierta.
- Perdone…tengo esta invitación para…- dijo enseñándole la entrada a la taquillera que no la dejó terminar su frase.
- Por la puerta lateral- Y acto seguido, continuó leyendo un gastado libro, sin añadir nada más.
Isabel murmuró un “gracias” bastante irónico y fue a buscar la famosa “puerta lateral”. No tuvo que andar mucho para encontrarse con una puerta metálica en uno de los laterales del edificio. Vio como un par de chicas entraban en ese momento, charlando animadamente.
Corrió hacia ellas, haciéndoles señales para que no entrasen aún.
- ¡Esperad!- Las chicas se giraron al verla correr hacia ellas- Perdonad….- Isabel intentaba recuperar el aliento- Es que tengo esta invitación y en taquilla me han dicho que viniese por aquí…- Las chicas no parecieron sorprenderse por la entrada y una de ellas le preguntó con una sonrisa:
- ¿Tú también eres del conservatorio?
- ¿Eh?
Isabel no entendía nada, pero en ese momento un señor asomó la cabeza por detrás de la puerta y muy educadamente dijo:
- Señoritas, necesito que pasen. Voy a cerrar la puerta.
Las dos chicas entraron antes que ella y le entregaron su invitación al señor uniformado. Él cortó una esquina de la invitación y se las devolvió.
- Muchas gracias.- Acto seguido miró a Isabel con la mano ya extendida.
Isabel dudó unos instantes. Realmente en la entrada no ponía nada importante y si sólo le quitaban un piquito, no perdería gran cosa. A demás, no tenía sentido que le hubiesen dado esa invitación para que se peleara con el hombre de la puerta para que no se la rompiese.
Con una sonrisa nerviosa le entregó la invitación, esperando que el hombre no gritase de pronto que era falsa, o algo por el estilo. Sin embargo, nada paso. El hombre recortó un trozo de la entrada y se la devolvió.
- Muchas gracias.
Isabel entró apresuradamente, siguiendo el pasillo que le habían indicado y tras unos cuantos pasos se quedó con la boca abierta.
Nunca había estado dentro de aquel teatro y cuando vio todas las hileras de asientos perfectamente alineados, aquel escenario inmenso y el lugar reservado para la orquesta no pudo más que asombrarse.
Sin embargo no había demasiada gente en los asientos. A penas una cuarta parte del teatro estaba llena y la mayoría parecían chicos jóvenes.
A Isabel le pareció reconocer a las dos chicas que se había encontrado en la puerta, sentadas en una de las filas centrales. Así que como pudo, ya que habían bajado la intensidad de las luces en la zona de los asientos, se acercó hasta allí.
- Hola de nuevo- les dijo, a lo que ellas respondieron con una sonrisa envuelta en aquella semipenumbra- ¿Está libre este asiento?- dijo indicando uno al lado de ellas.
- Claro, siéntate- dijo la más joven de las dos. Llevaba rastas en el pelo y tenía unos impresionantes ojos azules.
Isabel se sentó y miró al escenario aún vacío. Algunos músicos estaban ya sentados, afinando sus instrumentos en una melodía, que en conjunto, sonaba bastante extraña.
Realmente no sabía que se suponía que estaba esperando ¿Iba a ver una representación de algo? ¿Para qué?
- Perdona de nuevo- le dijo a la chica de las rastas. Ésta se giró y buscó su mirada a través de las sombras- Verás, te vas a reir…Pero no se muy bien que hago aquí. Alguien me dio una invitación para venir hoy…Y ni siquiera sé que se supone que he venido a ver.
- Ya decía yo que tu cara no me sonaba del conservatorio- añadió la chica con una sonrisa- Me llamo Carmen.
- Yo Isabel- La chica se inclinó para darle dos besos e Isabel tuvo que intuir prácticamente donde estaban sus mejillas para no besarla de lleno en los labios. Al separase le hizo cosquillas en la mejilla con una de las rastas.
- Verás, te explico- dijo la chica- Hoy es el preestreno, por llamarlo de alguna manera, de la puesta en escena de la compañía de baile Equilibrium. Hasta mañana no actuarán para el público…. ¡Todas las entradas están agotadas! Además- dijo señalando al lugar donde se encontraban los músicos- Han venido músicos muy importantes. He oído que incluso un par de ellos son de la orquesta transiberiana.
A Isabel todo aquello le sonaba prácticamente a chino…La orquesta, el nombre de algunos bailarines que la chica le nombró y el nombre de la nueva técnica de baile que se emplearía en la puesta en escena.
- Bueno…Y si se supone que no se puede ver hasta mañana ¿Qué hacemos aquí?
- Ventajas de ser del conservatorio de danza- dijo con una mueca graciosa- A nosotros y a los del conservatorio de música, nos regalan a veces invitaciones para ver el ensayo de los bailarines y de la orquesta. Es algo así como las entradas del preestreno de una peli…Y te ahorras una pasta.
Desde luego que aquello tenía sentido, pero aún no sabía que hacía allí.
- ¿Y a ti quien te consiguió la invitación?- le preguntó la chica. Isabel dudó unos instantes antes de contestar.
- Un amigo
- Un amigo con bastante influencias, por lo que veo.- La chica le sonrió de medio lado- Verás como te gusta.
Y ya no dijeron nada más, porque las luces se apagaron por completo y sólo una pequeña luz iluminaba el escenario y a la orquesta.
Al movimiento de la batuta del director, los violines empezaron a sonar acompasados y profundos, haciendo vibrar el sonido dentro del pecho de Isabel. Poco a poco, los bailarines hacían su aparición en escena.
Aquello no se parecía en nada a las representaciones de ballet clásico…Bueno, ella no entendía si los pasos o la técnica tenían algún parecido, pero el vestuario desde luego que no lo tenía. Además, algunos bailarines bailaban descalzos y sin camiseta.
Al final descubrió que a pesar de lo extraño de la representación, le gustaba el conjunto de la música con los complejos movimientos de los bailarines…Según le susurró al oído Carmen, era una representación de la liberación de las personas…De sus deseos, sus miedos…Nunca habría imaginado que algo tan complejo se pudiese expresar con la música y el cuerpo.
Cuando los últimos acordes murieron junto con uno de los personajes de la obra, todo el mundo aplaudió entusiasmado.
Tras el saludo de los bailarines y un aplauso prolongado, dedicado también a los músicos, las luces volvieron a encenderse y la mente de Isabel volvió a la realidad…
¿Y ahora qué?
Se levantó del asiento sin saber muy bien que hacer, pero Carmen la agarró del brazo.
- ¿A dónde vas?
- ¿No se ha terminado?- preguntó extrañada.
- Ahora viene lo mejor- y le guiñó un ojo.
Y no sabe cuanto le agradeció que la retuviese allí, porque la respuesta a todas sus preguntas estaba a punto de aparecer.
Tras unos minutos de descanso, los bailarines volvieron a aparecer ya cambiados y se sentaron en el escenario. Y al momento se estableció una rueda de preguntas, por parte del público, a la que los bailarines contestaban animadamente.
Hubo muchas preguntas sobre la técnica de baile, el estilo de música elegido y muchas cosas más, sobre técnica e instrumentos, que Isabel no terminó de entender del todo.
Hasta que alguien hizo una pregunta clave.
- ¿Qué tiene que ver el título con la representación? Porque no entiendo muy bien lo de “Las tres hijas”…
Los ojos y las orejas de Isabel se abrieron de par en par, porque por fin, una pregunta le resultaba lo suficientemente familiar e interesante.
- Eso deberías preguntárselo al coreógrafo…Es que es un poco presumido y estará poniéndose guapo para salir al escenario- comentó uno de los bailarines. Todo el mundo rió con el chiste- ¡Javier¡ ¡Javier!- Llamó el chico al interior de las cajas del escenario- ¡Tu público te espera!
Al instante salió un chico relativamente joven de entre las bambalinas, algo tímido que saludó al público con una mano.
Llevaba el pelo despuntado con gomina, una camisa negra con los dos primeros botones desabrochados, vaqueros gastados y lo que más llamó la atención de Isabel y de lo que ya no pudo despegar la mirada durante lo que quedaba de la rueda de preguntas.
El tal Javier llevaba unos botines plateados, horrorosos, con franjas negras y blancas formando algo parecido a un tablero de ajedrez.
Era imposible que aquello fuese una simple casualidad…No con aquellos botines (¡no podía haber dos personas en la misma ciudad con el mismo mal gusto!) y menos después de haber sido conducida hasta allí de una forma tan extraña.
El chico tomó el micrófono y con una sonrisa nerviosa, miró hacia el público, entornando los ojos.
- ¿Serías tan amable de repetir la pregunta?
- Había preguntado por el título de la obra…”Las tres hijas” ¿Tiene algún significado especial?
El coreógrafo, se frotó la nuca contrariado. Parecía estar analizando seriamente la pregunta. Incluso cuando respondió, parecía estar estudiando cuidadosamente las palabras.
- Una vez vi en el parque a una mujer con sus tres hijas…Estuve largo rato observándolas y me di cuenta que los hijos son un motor importante en los sentimientos.Dicen que ser padres es la mejor experiencia del mundo…¡Aunque también puede ser agotador!- El publico rió con el comentario y Javier continuó hablando algo nervioso- Pero el título es meramente conmemorativo. Porque fue en ese momento en que encontré la idea para la obra…
Javier consideró que la pregunta estaba contestada, porque bajó el micrófono y miró al público. Parecía que nadie más tuviese nada que preguntarle…Sin embargo, volvió a acercarse el micrófono a la boca y preguntó:
- ¿Alguna última pregunta?
A Isabel aquello le sonó a ultimátum ¿Tenía sentido hacer la pregunta que le había estado rondando por la cabeza todo el rato? Desde luego que no podía preguntar delante de todo el mundo, por qué el dueño de los famosos botines que tan nerviosamente miraba hacia el público, había estado esa mañana en casa de su mejor amigo…No, desde luego que no podía jugársela y menos exponerse de esa manera, porque ella también tendría que explicar que hacía escondida debajo de la cama.
En vez de eso, decidió usar el último as que le quedaba bajo de la manga. Levantó el brazo y la azafata con el micro se acercó a ella para que pudiesen escucharla desde el escenario.
Cuando todas las miradas se volvieron hacia ella notó que tenía la boca excesivamente seca.
Apretó el micrófono con fuerza y aún a riesgo de hacer un ridículo espantoso preguntó:
- ¿Qué edad tienen?
Hubo unos segundos de silencio, en los que pareció que todo el mundo analizaba la pregunta ¿Realmente había preguntado eso? La gente empezó a mirarla como si tuviese la cara a cuadros. Isabel se sintió totalmente estúpida.
Pero cuando vio que Javier se puso más blanco de lo que ya era, el ridículo pasó a un segundo plano.
Él no estaba sorprendido…Estaba asustado.
- ¿Perdona?- Isabel hubiese jurado que Javier trago fuerte antes de preguntar eso.
- ¿Qué edad tienen?
- ¿Quién?
Esa pregunta no se la esperaba.
- Pues…- dudó unos instantes, pero sólo había una respuesta lógica- Las tres hijas.
De nuevo un silencio incomodo que fue roto por la abrupta respuesta de Javier.
- No lo recuerdo.
Y tras aquello, se disculpó diciendo que los bailarines y los músicos se habían ganado la merienda. El público se despidió con un nuevo aplauso y la rueda de preguntas se dio por terminada.
Isabel se desplomó en su asiento. Había hecho el ridículo para nada. Habría jurado que Javier realmente se había puesto tenso con la pregunta. Lo había tomado como una señal…Aunque quizás no estuviese tan equivocada.
Al igual que ella no podía preguntar una serie de cosas, quizás él no podía responder a una serie de cosas delante de todo el mundo. Decidió que esperaría a que todo el mundo saliese del teatro y una vez fuera, se las ingeniaría para poder hablar a solas con Javier.
Afuera hacía un poco de corriente e Isabel se felicitó a si misma por haberse llevado la bufanda mas gorda que su abuela le había tejido. Se rozó con la yema de los dedos la zona marcada de su cara. Aún le dolía bastante lo de ayer. Al menos no le había salido un cardenal ni nada por el estilo, pero se notaba que había tenido un golpe recientemente.
Cinco minutos después, empezaron a salir algunos de los músicos cargados con sus instrumentos y el resto del público.
Carmen, la chica de las rastas, estaba por allí cerca charlando con uno de los bailarines. El chico le firmó un autógrafo en su entrada y se despidió de ella alegremente.
Finalmente, Carmen se giró y vio a Isabel pegada a la pared, evitando la corriente que se colaba por la esquina del edificio. Se acercó a ella agitando la entrada en la mano.
- ¡He conseguido su autógrafo!- sus ojo brillaban con emoción. Parecía una niña pequeña con un caramelo.
- Me alegro- Isabel desvió la mirada un momento de ella para observar a las personas que salían por la puerta. Eran más componentes de la orquesta. Un par de chicos altos y rubios y una chica con rasgos orientales, que llevaban lo que parecían ser la funda de unos violines. Unos cuantos chicos se acercaron a pedirles también unos autógrafos. Su mirada chocó unos instantes con la de la chica de rasgos orientales.
- ¿Sabes?- Carmen llamó de nuevo su atención- Eres una tía rara, pero me gustas.
A Isabel sólo le salió una mueca extraña, parecida a una sonrisa.
- Por eso te voy a dar mi número de teléfono- Carmen rebuscó en su bolso y sacó un papel arrugado y un bolígrafo. Tras garabatear unos números, se lo tendió a Isabel- Si alguna vez quieres salir por ahí…Ya sabes, a tomar algo…O lo que sea. Llámame ¿Vale?
Isabel cogió el papel y musitó un “gracias” que solamente fue audible por ella misma.
Realmente no podía creer que aquella chica le acababa de dar su número…Y algo le decía que no era solamente para quedar a tomar café.
Carmen, al ver que Isabel miraba el papel sorprendida, pero no asustada, se inclinó hacia ella y con delicadeza depositó un beso en su mejilla dolorida.
- Cuídate – le susurró cerca del oído. Sus piernas temblaron levemente cuando vio los increíbles ojos azules de Carmen tan cerca, pero ésta simplemente le guiñó un ojo y salió corriendo.
La respiración de Isabel tardó unos segundos en normalizarse…¡Joder! ¡Si lo llega a saber, se apunta al conservatorio antes!
Aún con una sonrisa en los labios miró de nuevo hacia la puerta…
Y para su horror descubrió que ya estaba cerrada.
Miró en todas direcciones, pero ni rastro de Javier.
Buscó con la mirada entre un pequeño grupo de gente que aún permanecía cerca del teatro, pero no lo reconoció entre ellos.
Corrió hacia la esquina del edificio…Quizás habían girado por allí y aún lo pillaba a tiempo.
Se maldijo a si misma por no tener la cabeza donde debía. Eso le pasaba por dejarse engatusar por unos ojos bonitos.
Cuando giró la esquina descubrió, para su desgracia, que allí no había nadie. Se apoyó abatida en la pared del edificio…No se podía creer que estuviese igual que al principio: con una invitación extraña y sin ninguna pista.
Tendría que venir mañana al estreno de la obra y esperar de nuevo a que todos salieran, esperando que Javier viniese también.
Giró la esquina, maldiciendo su suerte una vez más, cuando de pronto sintió que una mano la agarraba del brazo y que de un fuerte tirón la hacía retroceder sobre sus pasos, hasta quedar pegada contra la pared.
Al principio, no pudo hablar de la impresión, pero instantes después reconoció a un nervioso Javier, que miraba en todas direcciones asegurándose de que nadie los vigilaba.
- ¿Por qué estabas esta mañana en casa de Rafa?- le preguntó Isabel con toda la sangre fría que pudo. Javier la miró sorprendido y tensó aún más el agarre que ejercía sobre su brazo.
- ¿Cómo sabes…?
Pero no terminó la frase, porque un par de personas giraron la esquina y Javier se separó rápidamente de ella. De nuevo, la chica oriental y alguien que no pudo reconocer, se quedaron a unos metros de ellos charlando. Cuando Javier se aseguró de que no sospechaban nada, volvió a acercarse a Isabel.
- Mira…me da igual lo que sepas…
- ¿Dónde está mi amigo?- preguntó seria. Javier la miró unos instantes sin comprender muy bien a que se refería.
- Lo siento, pero yo sólo tengo respuesta para una pregunta.
Se giró y apunto estuvo de marcharse cuando se escuchó la voz de Isabel gritarle:
- ¿Qué edad tienen?
Javier giró sobre sus propios pasos, permaneciendo separado de Isabel apenas un par de metros.
- Escucha la respuesta porque sólo la diré una vez…Y es la única que hay.
Isabel puso sus cinco sentidos en la voz de Javier…Sin esperar que la respuesta llegara a ser tan extraña:
- El producto de las tres edades es 36 y la suma, es el número del portal en el que vives…
Una vez que Javier dejó de hablar, un silencio espeso les envolvió a ambos… ¿Qué era eso? ¿Un ejercicio de matemáticas?
Javier se giró de nuevo dispuesto a irse, pero de nuevo, la voz de Isabel le retuvo.
- ¡Espera!- su grito sonó desesperado- ¡¿Qué clase de respuesta es esa?!..¿Es que no vas a decirme nada más?!
Por unos instantes Javier pareció pensar seriamente lo que había dicho.
- Tienes razón…me falta un dato.
Acto seguido se acercó a Isabel mucho más de lo que habían estado antes y prácticamente le susurró cinco palabras:
- La mayor, toca el piano.
Finalmente, Javier se alejó de allí, dejando a Isabel con la sensación de que le habían tomado el pelo.
Isabel volvió a casa refunfuñando y enfadada en parte consigo misma.
Desde luego que el tal Javier estaba loco y que ella no entendía ni una sola palabra de su extraño jueguecito ¿Qué se supone que debía sacar de todo aquello?
Su tripa crujió, recordándole que aún no había almorzado nada y ya eran pasadas las seis de la tarde. Esquivando charcos, se subió a la acera al escuchar el motor de un coche relativamente cerca, pero para su sorpresa el coche no llego a pasar…Extraño, la mayoría de la gente solía conducir bastante rápido por aquella zona, a pesar de que en algunas de sus calles, apenas había sitio para pasar debido a los coches aparcados en doble fila.
Se paró en la primera tienda de ultramarinos que vio y se compró una palmera de chocolate, tan grande como sus dos manos juntas.
Salió relamiéndose de la tienda y por unos instantes, permitió a su mente descansar de toda aquella locura sin sentido y centrarse en el exquisito sabor del chocolate fundiéndose en su boca…Adoraba el chocolate.
De nuevo el sonido del motor de los coches la alertó y se pegó más aún a la pared, sin prestar demasiada atención si realmente pasaba algún coche. Su atención estaba volcada en evitar que se le cayeran más trozos de hojaldre al suelo.
Tardó unos 15minutos en llegar a la parada y una vez allí, aprovechó que el sol había salido entre las nubes y se relajó en uno de los asientos de la parada.
Al rato abrió los ojos y buscó con la mirada el autobús en la lejanía. El tráfico era relativamente fluido, a pesar de los coches aparcados en doble fila cerca de la parada.
Para pasar el rato se dedicó a mirar las matrículas de los coches aparcados. Le gustaba buscar números capicúa.
En su repaso mental se encontró con un Peugeot 306 tuneado (una verdadera pena) de matricula satánica (SE- 6660- CJ), un Mercedes deportivo, extranjero, con matrícula capicúa (FR- 2992- SR) y un Ford fiesta con un número capicúa bastante sugerente (SE- 6996 – LS). En mitad de su examen visual, apareció su autobús y relamiéndose los dedos de chocolate, buscó el bonobús en el bolsillo de su chaqueta.
Se sentó al final del autobús, en los asientos “marginados”, como los llamaba ella, porque la mayoría de la gente huía del calor del motor. Pero ahora, en invierno, podía llegar a ser bastante agradable.
Mientras miraba por la ventana intentó recordar las palabras exactas de Javier: “El producto de las tres edades es 36 y la suma, es el número del portal en el que vives…” Desde luego que parecía un problema de los cuadernillos rubio, que su madre le obligaba a hacer cuando era pequeña.
Un momento ¿Cómo sabía él cual era el número de su portal?
Pero sus cavilaciones se vieron rotas por un frenazo brusco del autobús. Asustada miró por la ventana buscando el motivo de las pitadas enfurecidas de los conductores.
Al parecer los gritos iban dirigidos a un Mercedes deportivo que se había cambiado de carril repentinamente, estando a punto de chocar con el autobús.
Después de que el conductor del autobús le mentara al del Mercedes algo sobre su madre y sobre si en su país los intermitentes no existían, el autobús se puso en marcha de nuevo.
Isabel, se reía internamente del comentario del conductor del autobús, cuando cayó realmente en lo que había dicho. ¿Qué si existen los intermitentes en su país?
Buscó con la mirada el Mercedes y lo encontró unos metros por detrás del autobús. Se esforzó en leer la matrícula y descubrió que se trataba del mismo coche aparcado en segunda fila en la parada: FR- 2992- SR.
El Mercedes se colocó detrás del autobús cuando éste estaba a punto de llegar a la próxima parada y ambos se detuvieron al mismo tiempo.
Isabel se levantó de su asiento y se acercó a mirar por la estrecha ventana de atrás. Le quedaba un poco alta, así que tuvo que ponerse de puntillas para mirar. Con un poco de esfuerzo, consiguió ver como el Mercedes estaba alejado del autobús por un par de coches que tenía delante, con lo que se hacía complicado ver la cara del conductor.
Los otros dos coches, adelantaron al autobús mientras éste dejaba salir a los pasajeros y recogía a los de la parada.
El Mercedes, ni siquiera puso el intermitente con intención de adelantarlo. Simplemente permaneció a una distancia prudencial del autobús, esperando a que éste arrancase de nuevo.
Aquel comportamiento le resultó raro a Isabel. La mayoría de los coches no aguantaban más de dos segundos detrás del autobús y solían cambiarse de carril en cuanto lo veían a lo lejos.
Tal y como esperaba, el Mercedes arrancó al mismo tiempo que el autobús y permaneció tras él el resto del camino. Isabel comprobó que repetía el mismo comportamiento cada vez que el autobús se detenía en una parada y empezó a sospechar que el Mercedes, realmente, estaba siguiendo al autobús.
Intentó no volverse paranoica, porque lo primero que pasó por su mente es que la estaba siguiendo a ella.
Comprobó que, cuando apenas quedaban dos paradas para llegar a la suya, el Mercedes aún permanecía tras el autobús y entonces si que empezó a preocuparse de verdad.
Definitivamente el coche estaba siguiendo al autobús y si aún no había parado, cabía la enorme posibilidad de que estuviese esperando a que ella bajase del autobús.
El pánico se apoderó de ella y decidió que no estaba dispuesta a esperar más.
Apretó el botón de parada para que el autobús se detuviese y bajó una parada antes de la suya.
En cuanto puso los pies en el suelo, su primer impulso fue correr, pero al instante pensó que aquello podría alertar a su persecutor. Así que intentó mantener un paso relativamente normal hasta que llegó a una esquina y entonces echó a correr.
No se permitió mirar para atrás, por si alguien había salido del coche y la seguía. Al menos, tantos años jugando al fútbol le habían servido para algo y aguantó la carrera como una campeona.
Se ocultó en el primer portal abierto que encontró y se escondió tras las escaleras. Oía el sonido de su propio corazón desbocado y a pesar de lo aparentemente peligroso de la situación, sentía una agradable sensación al estar sumergida en todo aquello…Debía de ser alguno de los efectos colaterales de la adrenalina. Eso, o se estaba volviendo idiota.
Vio pasar a un señor corriendo a toda velocidad y se agazapó aún más en su escondite, aunque era prácticamente imposible que nadie la viese allí abajo, entre la oscuridad.
Sin embargo, ella si veía desde suposición la calle a través de los cristales del portal y pudo comprobar como el señor que corría, lo hacía para alcanzar un autobús que estaba apunto de perder. Falsa alarma.
Pasaron varios minutos y la calle permanecía con su movimiento habitual. Isabel empezó a pensar que se había precipitado más de la cuenta. ¡A lo mejor tenía que empezar a ir al psicólogo por tener manía persecutoria!
La carrera y la cantidad de ropa que llevaba, la habían echo empezar a tener calor y con un bufido se arrancó prácticamente el nudo de la bufanda, dejando que el aire fresco del rellano le aliviase el cuello y las heridas, que empezaban a picarle por el sudor.
Isabel realmente empezó a plantearse que aquello no había sido más que una tontería pasajera y que todo no giraba a su alrededor. Quizás era hora de volver a casa.
Una mujer entró en el portal en ese momento y miró extrañada a Isabel, la cual se tensó unos instantes, que seguía agachada junto a la escalera,
- Se me había caído una moneda- aclaró, mientras se levantaba y se sacudía la ropa. Sin darle tiempo a la mujer a replicar, salió rápidamente del portal.
Respiró profundamente el aire fresco de la calle para que le ayudara a relajarse. Necesitaba pensar fríamente y sobre todo, calmarse.
Retomó sus pasos, volviendo de nuevo a la zona de la parada del autobús, para tomar la calle que la llevaría hasta su casa. Inconscientemente, iba pendiente de todos los coches que pasaban cerca, pero ni rastro del famosos Mercedes.
Cuando por fin llegó a su calle, empezaba a relajarse de verdad, convencida de que no había sido más que una coincidencia y de que realmente, necesitaba ayuda psicológica.
Su calle parecía extrañamente, más vacía de lo habitual. La tarde comenzaba a caer con rapidez y el frío se apoderaba de las calles, haciendo que las ventanas estuviesen cerradas a cal y canto.
Aceleró el paso al sentir el frío en la cara. Empezaba a echar de menos la estufa de la mesa camilla y un buen vaso de leche caliente.
De pronto, un grupo de niños en bicicleta, doblaron la esquina a toda velocidad e Isabel tuvo que pegarse a la pared para evitar que la arrollaran en su carrera.
A punto estuvo de gritarles algo por ir como locos por la calle, cuando alguien se le adelantó:
- Attention!
Fue una sola palabra, pero a Isabel no le costó demasiado reconocer el acento francés y mucho menos que sus pies echaran a correr antes incluso de que ella misma se diese cuenta.
Corría todo lo rápido que sus piernas le permitían, aguantando el dolor del tobillo como podía y sintiendo como la maleta golpeaba en su espalda por la carrera.
Se salió de la acera y comenzó a correr por la carretera, esquivando los coches que le pitaban al pasar. Vio una de las calles perpendiculares a la general mucho más estrecha, en ella estaban haciendo obras y si se colaba por entre las vallas, tendría una oportunidad…Si corría muy deprisa podría darla esquinazo a quien fuera.
Antes de doblar la esquina giró la cabeza hacía atrás, en busca de sus persecutores. Tenía esperanzas de haberlos dejado suficientemente atrás, tras su salida repentina.
Le pareció ver cierto movimiento calle abajo, como si alguien intentara abrirse paso entre los coches. Aún tenía una oportunidad de escapar.
Volvió la vista al frente antes de girar la esquina y segundos antes de tener un enorme choque con alguien que venía en sentido contrario.
El golpe provocó que Isabel cayese de culo al suelo perdiendo la bufanda en el proceso, y sin poder evitarlo, la otra persona que venía de frente también cayó al suelo. Durante unos segundos, Isabel sólo vio puntitos blancos provocados por el dolor de la caída y el esfuerzo, pero poco a poco su visión se fue aclarando y pudo enfocar a la persona que tenía enfrente.
La chica con la que había chocado, estaba también tirada en el suelo, con la camisa desordenada por la caída y manchada del polvo de la obra. En su mano derecha aguantaba un móvil, por el que probablemente venía hablando y por eso no la había visto venir. La chica también respiraba agitadamente por la sorpresa, haciendo que los mechones de pelo negro, manchados de polvo, que colgaban frente a su boca se agitaran nerviosos. Sus ojos marrones y almendrados la miraron primero con furia y tras unos segundos de reconocimiento, en los que su mirada se paseó por su cara y peligrosamente cerca de su escote, la chica abrió los ojos lo con sorpresa.
Isabel estuvo a apunto de decir algo, incluso de disculparse, pero en esos instantes reconoció a la persona con la que había chocado.
La chica de rasgos orientales del teatro.
- Tú…- fue lo único que Isabel atinó a decir.
Sin embargo, la chica se levantó rápidamente y sin prestarle atención a la mirada asustada y sorprendida de Isabel, la cogió del cuello del abrigo y la obligó a ponerse en pie.
Todo pasó tan rápido que a Isabel no le dio tiempo a hacer o decir nada. La chica prácticamente la arrastró por la calle, entre el ruido de las máquinas de la obra mientras miraba en todas direcciones en busca de algo.
Cuando Isabel quiso darse cuenta, estaba siendo empujada al interior de una vieja vivienda de esa misma calle, con los portones completamente agrietados por el tiempo.
Dio con la espalda en la fría pared de piedra mientras la chica cerraba los portones tras de si, echando una última mirada nerviosa al exterior. El sonido de las puertas al cerrarse, fue seguido de una semipenumbra y de la humedad típica de aquellas casas antiguas.
Isabel fue decir algo, cuando la chica aprovechando su estatura, hechó todo el peso de su cuerpo sobre ella aprisionándola aún más contra la pared en aquel hueco demasiado estrecho para dos personas y tapándole la boca con una mano.
Isabel estaba demasiado asustada como para intentar si quiera moverse o morderle la mano para intentar gritar. Sentía su propia respiración chocar con la palma de la mano de aquella chica…Y se asustó aún más cuando la chica, se acercó el móvil que aún llevaba en la mano a la boca y susurró:
- La tengo.