Antes…
Siempre había pensado que hay momentos que te cambian la vida.
Instantes precisos que definen una línea infranqueable y marcan inevitablemente un antes y un después…
Eso fue hasta que conocí a Raquel.
Pensé que después de ella el mundo se pondría cabeza abajo, los continentes se separarían de golpe y la lluvia nacería del mismísimo núcleo de la tierra para ascender hacia las nubes…
…Me equivoqué.
Ninguna ley física se vio alterada y el mundo no se salió de su eje.
Sin duda Raquel me dejaba sin aire cada vez que clavaba su mirada en mi más tiempo del permitido y soñaba con sus besos y su sonrisa.
Pero el mundo no se acabó.
Me sorprendió la familiaridad con la que se coló en mi vida. El aroma que dejaba en el cojín del salón cuando apoyaba la cabeza mientras veíamos una película, los horribles sándwiches que preparaba, su adicción al chocolate, sus llamadas por la noche; justo antes de irse a dormir- buenas noches, te quiero.
Incluso su facilidad para decirme que me quería- con palabras, o sólo con gestos- como si todas sus barreras emocionales hubiesen caído de un plumazo, no me sorprendió.
Toda ella se coló poco a poco, y cuando quise darme cuenta, ya se había mudado a mi vida y a mi corazón.
Sin embargo no podía evitar hacer enormes listas mentales (y en papel), intentando encontrar respuesta al porqué alguien tan increíble como Raquel no había distorsionado la realidad hasta límites insospechados y, aún más inquietante… ¿Qué hacía con alguien como yo?
Y mi mente se quebró aún más el día que descubrí algo oscuro que palpitaba dentro de mi.
Deseaba a Raquel.
En el sentido más amplio y extenso de la palabra.
Porque a veces cuando la abrazaba y me sumergía en su aroma, profundo y juvenil, algo parecía ronronear en el centro de mi pecho como si quisiera quedarse allí a vivir.
Porque cuando la besaba, sentía que la sangre me quemaba en las venas como remolinos huracanados y deseaba cogerla de la nuca, pegarla aún más a mi y – ¡ Oh, si!- quedarme a vivir en su boca un par de milenios.
Porque cuando se estiraba sobre el sofá y el jersey se le levantaba más de la cuenta me preguntaba si podría perfilar su ombligo con la lengua.
Y definitivamente, esa faceta pervertida que se había colado junto con Raquel, no podía ser mía.
Aunque muy a mi pesar era yo quien me levantaba de golpe en medio de la noche, con la respiración acelerada y el cuerpo ardiendo cubierto de imágenes tormentosas.
Y no podía decírselo a Raquel porque me daba una vergüenza horrible, y tampoco sabía como planteárselo. Porque ni siquiera sabía si ella sentía lo mismo.
A veces, me daba la sensación que me retenía en sus brazos con más intensidad, o que las caricias por debajo de la mesa subían algo más allá de la rodilla, o que de pronto dejaba de besarme y se mordía el labio mientras me miraba tras el flequillo. Ojos ardientes y respiración calida.
O quizás era mi imaginación y Raquel sólo veía a una pelirroja desastre a la que achuchar como a un peluche.
O tal vez no….Y se despertaba por las noches igual que yo. A la misma hora. Las mismas ganas. El corazón bombeando a mil por hora. Pensando en mi…
….NO tenía ovarios de preguntarle eso a Raquel, ni de coña.
Así que opté por la segunda opción. Preguntarle a Helena, mi mejor amiga, la cual no tuvo reparos en gritarme en medio de la cafetería:
- ¡Es tu novia, por el amor de Dios!..¡¡Pues claro que quieres hacer guarradas!!
- Quieres…bajar el tono…por…por favor.
A Helena, como siempre, le importaba un pimiento los 12 pares de ojos que nos miraron.
- Cariño, lo sabe TODO el instituto. Dales algo en que pensar en sus noches de invierno.
- Helena, por favor. Te lo estoy diciendo en serio…¡No se que hacer!
- Tan fácil como hablar con ella. No hagas un mundo de esto. Es el siguiente paso lógico.
- ¡¿Lógico?!- pregunté asustada- ¿Tú me has escuchado? Te estoy diciendo que quiero…que quiero…- No sabía muy bien como acabar esa frase. Era una sensación física a la que no sabía poner nombre.
- Que quieres tener sexo con ella.
Vale, a lo mejor no era tan difícil de etiquetar la sensación. Dicho de la boca de Helena sonaba hasta fácil.
- Helena, en serio. No se cómo voy a…Ni si ella…
- Bea, ¿ No me estarás diciendo que voy a tener que darte la charlita de las abejitas versión bollo? Porque pensé que eso ya lo tenias controlado.
- ¡No! ¡no! – enrojecí violentamente- No es eso, no. No es que no sepa cómo…La teoría está controlada…- Helena me miró divertida- …Pero la práctica…Joder, Helena, Raquel ya ha salido con otras personas. No se con cuantas se habrá acostado, pero se que lo ha hecho con alguna…¿Y yo? A su lado soy ¿Una novata?
- ¿Y porque, repito, no hablas con ella?
- Porque…me da vergüenza.
- ¡Bea!¡Que no es una desconocida! Dile lo que te pasa, que tienes ganas pero que no sabes por donde empezar. Punto y final.
- Te veo muy sueltecita en esto del sexo…¿Hay algo que no me hayas contado?
Helena sonrió por lo bajo y miró hacia el lado.
- No, aún no. Pero no te preocupes, que te pondré al corriente en cuanto deje de ser casta y pura.
Seguí su mirada hasta toparme con la de Luis que nos miraba desde el otro lado de la cafetería. Quien lo iba a decir.
- ¡¿Luis?! ¿En serio?
- Si, ¿Por qué no? Es muy mono. Y le gusto
- ¿Soy la única a la que esto le parece surrealista?
- ¿Te mosquea haber dejado de ser su número 1?
- ¡¿Qué?! Helena, por Dios… No seas tonta- dije resoplando.
- Vale, mejor. Porque me gusta y no querría tener que pelearme con mi amiga lesbiana por un tio ¿sabes?- dijo en broma.
Pero a pesar de todo, entendí el transfondo del asunto. Porque aunque Helena hablaba de sexo como el que habla del tiempo, sabía que para ella era un tema serio. Y si había decidido intentar algo con Luis era porque le gustaba.
Las dos semanas siguientes pasaron en un pestañeo. Las horas de estudio y las tardes con Raquel me mantuvieron suficientemente entretenida. Sin embargo, la tercera semana la sorpresa llego a nuestras vidas.
- ¿Tú cumpleaños?
Miraba extrañada la invitación que tenía en la mano mientras Luís sonreía con descaro.
- Si, y será una superfiesta. He contratado a un dj que pinchará solo para nosotros, habrá bebida hasta reventar y performance. Será como una de esas fiestas de “sweet sixteen” que salen en la MTV, pero sin moñadas de chicas.
- ¿Sweet sixteen? Pero si ya tienes 17 ¿No vas un pelin tarde?
- Eso es lo de menos, lo que cuenta es el espíritu…¡Ah! Y te quiero rompedora. De traje de fin de año para arriba. Nada de vaqueros y converse reventadas…
- ¡¿Qué tienen de malo los vaqueros?!
Pero Luis no se molestó en contestarme, simplemente salió corriendo tras un par de chicas de la clase para entregarles la invitación. A mitad de camino se giró y me gritó:
- ¡Se me olvidaba! ¡Tráete a tu noviecita si quieres!
Y a pesar de que todo el instituto lo sabía, no pude evitar mirar a mi alrededor para comprobar si alguien estaba escuchando.
Ahora…
Es viernes por la tarde y Raquel y yo estamos hechas un ovillo en el sofá del salón, aunque se suponía que intentaba ayudarme a encontrar un buen regalo para Luis mientras mi hermana dormía tranquilamente. Afuera, la lluvia sigue golpeando las ventanas.
- El problema es que no tengo ni un duro- digo resignada.
- Si quieres puedo dejarte algo de dinero, tengo algo ahorrado- dice mientras enrolla uno de mis rizos en sus largos dedos de pianista.
- No, no, que me conozco y tardaría un siglo en devolvértelo.
- No hay prisa, puedo esperar un siglo, o un millón de años- su voz es un susurro cerca de mi oído- Esta postura no está mal para esperar ¿no te parece?
Su aliento cálido se cuela por el cuello de mi camiseta y esa sección de mi mente no apta para todos los públicos sale a relucir en cuestión de segundos. Soy consciente de lo cerca que está y cuando me arriesgo a mirarla me doy cuenta de que no me mira.
Me atrapa.
Me deja clavada en el sofá como si me atara con hilos de acero y se adueña de mi respiración hasta que me queman los pulmones y me ahoga, porque estoy mirando directamente al ojo de la tormenta.
Raquel se inclina un poco, lo justo para que el cojín del sofá se hunda bajo el peso de ambas, y la gravedad hace el resto: la desliza tortuosa y lentamente hacia mí hasta que está lo suficientemente cerca como para que su respiración se confunda con la mía.
Las narices se rozan, y puedo sentir cada una de mis palabras, envueltas en calido aliento, chocando contra su boca.
- ¿Qué haces?- tres palabras que rebotan en sus labios.
- Nada- sonríe maliciosa- Sólo estamos hablando.
- ¿Tan cerca?- mi mirada se desliza por su nariz hasta su boca dejando clara mi opinión sobre dónde debería terminar esta conversación.
- Si- lo dice en un jadeo, resbalando las palabras- llámalo “conversaciones cercanas”…Muy cercanas.
Unos dedos fríos que me cosquillean, suben hasta mi rodilla, garabatean en mi muslo y vuelven a bajar. Se convierten en una mano tibia que me recorre, piel suave que termina al borde de mis costillas, tantea mi ombligo, se aventura bajo el jersey, arriba, más arriba, por los costados, hasta rozar la curva de un pecho con los dedos más largos.
Respiramos con las bocas abiertas para que nuestros alientos se besen.
Es nuevo. Es raro y es caliente y perfecto en medio del frío nuclear del invierno y el zumbido sin sentido que hay en mi cabeza. Siento que mis piernas son gelatina mientras esos dedos infinitos perfilan la curva de mi pecho, y algo se funde y se derrite cerca de mi estómago.
Mas cerca, más cerca…
Y el maldito móvil de Raquel suena estridente, mandando al infierno el momento.
Me separo de ella como si quemara y me escapo como una cobarde a la cocina. La oigo hablar en el salón, mientras da vueltas, nerviosa alrededor del sofá, como si intentara rellenar el espacio vacío. ¿Pasará algo?
Aparece segundos después, sonrisa cansada y el pelo revuelto. Una pregunta silenciosa se cuela en mi mirada.
- Se han equivocado- comenta en un suspiro y da por terminada esa conversación.
Me muevo nerviosa por la cocina sin saber muy bien que decir ¿Debería hacer como que no ha pasado nada? ¿O debería arrastrarla de nuevo al sofá y desconectar todos los teléfonos de la casa, y del barrio si fuera necesario?
- ¿Sabes? – comenta Raquel de pronto- si no tienes mucho dinero, podrías hacerle un pastel, una trata o algo así…Se te da bastante bien la cocina. Podrías llevárselo mañana a clase, ponerle unas 400 velas y quedar como la mejor amiga del mundo…
- ¡¡Esa idea es genial!!- mi menté empezó a trabajar rápidamente- Podría hacerle una trata de chocolate. Le encanta el chocolate…
- ¿Y a quién no?
- Tengo la receta perfecta
Durante los próximos 30 minutos, la cocina se llena del sonido de cucharas chocando contra el cristal al batir la nata, risas cubiertas de chocolate en polvo y dedos embarrados en mantequilla. Mientras muevo la masa chocolateada, Raquel se acerca a mi espalda, su barbilla apoyada en mi hombro.
- ¿Puedo?- largos dedos tantean el borde del bol lleno de chocolate. Suena incluso infantil.
- Aún no. Luego te dejo chupar la cuchara- comento divertida.
- ¿Y podré chupar algo más?
La nariz de Raquel perfila mi cuello y juraría que eso caliente sobre la piel no son solo sus labios.
Eso, definitivamente, no ha sonado nada infantil.
Me quedo sin voz y sin respiración. Las paredes de la cocina se estrechan sobre mí mientras los brazos de Raquel me atraen hacia ella en un universo de calor que me derrite como mantequilla en una sartén y me licua las rodillas.
- ¿Qué vas a ponerte para la fiesta?
Su voz suena ronca en mí oído, envuelta en terciopelo oscuro, como secretos en una cama desecha…
Tengo calor y tengo miedo. Una serie de imágenes de lo que quiero hacer aparece en mi mente como una película. Se pelea con mis miedos. ¿Debería hacer algo? La simple idea de algo más íntimo con Raquel me calienta y aterroriza a partes iguales. Me entra el pánico y me tenso. Raquel parece notarlo y se separa un poco de mi.
- Había…Había pensado en un vestido enterrado en el fondo de mi armario- apenas sé de donde he sacado la voz.
- Pruébatelo.
La respuesta es tan inmediata que me giro un poco para mirarla. Parece seria, pero sonríe de medio lado.
- Me gustaría verlo. Si quieres yo sigo removiendo esto.
Subo rápidamente a mi cuarto y en apenas unos 5 minutos he dado con el vestido, peleado con la cremallera y decidido que la mezcla de vestido y zapatillas deportivas no es una buena combinación.
Cuando regreso a la cocina, Raquel está de espaldas a la puerta, demasiado entretenida con el bol de chocolate como para notar mi presencia.
- ¿Para eso querías que me fuera, eh? ¿Para zamparte el chocolate a solas?
Raquel se gira sonriendo como una niña mala y con un dedo cubierto de chocolate entre los labios. Y de pronto, me mira.
Su sonrisa se congela y el dedo se descuelga de entre sus labios, dejando un camino de chocolate a su paso. Me mira de arriba abajo con descaro, perfila mis piernas mientras se lame el dedo. El cambio en su mirada es tan brusco que su pupila se funde y solidifica en segundos.
Hay algo en esa mirada que parece una obscenidad susurrada bajo sabanas revueltas. Algo a lo que me da miedo ponerle nombre pero que se exactamente lo que es.
Anticipación.
Hambre.
Y no de chocolate, precisamente.
Su sonrisa maliciosa se agranda mientras coge el bol de chocolate y avanza rápidamente hacía mi, que sigo completamente congelada en el marco de la puerta…Y antes de que me de cuenta, un dedo embarrado en chocolate, me pringa la nariz.
La risa de Raquel inunda la cocina y me hace volver de zombilandia.
- ¿Con que esas tenemos?
Hundo la mano en el bol y restriego mi mano por su mejilla y su cuello. Raquel deja de reír de golpe y me mira sorprendida. Inconscientemente la reto con la mirada y la nariz cubierta de chocolate.
Cuando quiero darme cuenta, estamos corriendo por la cocina intentando ganar una absurda competición que consiste en pringar de chocolate lo máximo posible a la otra.
- ¿Una tregua?- pregunto con la cara colorada y respirando a mil por hora,
- Ni lo sueñes bollito. No hasta que llene esa bonita cara de chocolate.- A Raquel el chocolate le cubre la mejilla y parte de la nariz.
- Eso no te lo crees ni tú.
- No puedes escapar de mí.
Y no es lo que dice, sino cómo lo dice. Bajito, desde el fondo del estomago. La voz le desciende en picado, la “m” vibrando en el aire y fijando su mirada en mi.
Y de pronto siento algo en el pecho. Algo que pesa y me aplasta, obligándome a respirar deprisa al ritmo que marca mi corazón acelerado. La palabra hiperventilar aparece en mi mente y me convenzo de que soy demasiado joven para morir allí mismo.
Decido jugarme la última carta. Quizás pueda esquivar a Raquel, colarme por el hueco que queda entre su cuerpo y la puerta con una maestría inusual en mí, correr hasta el baño y atrincherarme hasta que decida perdonarme la vida.
Y lo intento.
Solo que ni siquiera me da tiempo a mover los pies cuando Raquel ha extendido un brazo, me ha cogido de la cintura y en menos de un segundo me levanta sentándome en la encimera de la cocina, con dos manos a ambos lados de mi cuerpo, encerrándose entre mis piernas y una respiración acelerada abrasándome cerca del escote.
Quien lo diría.
Intento respirar hondo. Una, dos, incluso tres veces. La diferencia de estatura no es tan notable desde esta posición, pero aún así, Raquel me saca ventaja. Su mirada es un navajazo bajo el flequillo, bajando la cabeza un poco más, cerca de mi cuello y del maldito tirante del vestido que ha vuelto a escurrirse dejando ver más de lo que debería.
Asoma la punta de la lengua entre los dientes y se humedece los labios.
- Te lo dije
Y cada palabra es un soplo de aire caliente directo a mi boca, que resbala por mi escote y cae en picado a mi estomago.
Cierto.
Me lo dijo.
Lo que no me dijo es que me miraría de esa forma que me asfixia ,con esa intensidad y pereza que vuelve los segundos en horas y me hace vibrar como un cristal a punto de estallar.
Me mira.
Ojos que parecen líquidos y me traspasan. Viajan despacio, desde mis labios hasta la garganta, desde los hombros hasta el borde del sujetador, bajan por el estómago deslizándose por la tela del vestido y se detiene donde empiezan mis piernas entreabiertas. Apenas nos separan quince centímetros pero puedo notar el peso invisible de sus caderas sobre mí.
Lo que tampoco me dijo es que empezaría a besarme cuando su cabeza se acercara del todo y sus labios cayeran entreabiertos sobre los míos, y que entonces todo el universo comenzaría a moverse inusualmente despacio mientras la sorpresa escapa de mis labios.
Una falsa calma rodea al beso mientras Raquel sonríe sobre mi boca y pasea su lengua por mi labio inferior en un círculo que no parece terminar nunca.
Húmeda, caliente, se desliza entre mis dientes y repta con parsimonia, encuentra la mía, se enroscan una vez y vuelve a salir para mordisquearme los labios en un chasquido elástico que me acelera el pulso cada vez más. Sus manos siguen apoyadas sobre la encimera, una a cada lado de mis piernas. Pero yo quiero que se muevan y suban, que se entierren en mi pelo. Que me cojan de la nuca. Por eso me muevo sobre la encimera, la agarro de los vaqueros y me acerco a ella. Me anclo. Me licuo. Porque los mordiscos paran y nos miramos.
El aire está lleno de un jadeo desordenado del que no había sido consciente hasta ahora. Raquel me mira, cinco segundos o una eternidad. No estoy segura. Y acto seguido choca conmigo y encajamos como dos meteoritos en colisión.
Vuelve la lengua tibia y sinuosa, luego la presión y las bocas se mueven a un ritmo frenético, cada vez más rápido, mas intenso y más urgente, hasta que Raquel enreda sus dedos en mi pelo, se acerca, se encaja entre mis piernas y todo se vuelve borroso.
No siento las rodillas y de cintura para abajo sólo hay un latido inmenso y abrasador que me disuelve el cerebro.
Y tengo que hundir mis manos en el pelo de Raquel unos instantes, para mantener el equilibrio. Porque estoy sentada, pero la cocina parece girar en espiral a mi alrededor completamente acelerada. Ella se separa dos milímetros y me mira con los ojos oscurecidos y habla sobre mi boca:
- Bea..
Suena como un jadeo que rebota sobre mis labios. La “b” se disuelve en el superior y la “a” me roza el inferior y voy a morirme.
Aquí y ahora.
Sus besos vuelven. Lentos y húmedos, pero con una intensidad diferente y nueva que me deshacen el estómago y me obligan a morderle la lengua. Labios de gominola que se abren y cierran. Raquel sabe a chocolate negro y azúcar. Es impresionante lo despacio que puede lamer una lengua y lo mucho que puede tardar en salir de mi boca, bajar por el mentón, tentar el lóbulo de la oreja y para en el lugar exacto dónde palpita la parte mas sensible de mi cuello.
Raquel pesa cada vez más. O yo estoy cada vez más inclinada sobre la mesa, no lo se. Cada vez está más cerca y su cuerpo parece fundirse entre mis piernas y su cara en el hueco de mi cuello mientras una de sus manos empieza a jugar con el tirante del ridículo vestido.
No puedo evitar gemir cuando ahogo un suspiro. Raquel sonríe cerca de mi oído, un golpe de calor directo a mi cerebro y murmura algo acolchado sobre mi piel, mientras la otra mano va hasta la cadera, trepa por mi espalda y se detiene justo donde acaba el vestido y comienza la piel erizada de mi espalda. Sus labios siguen ocupados en mi hombro y bajan despacio hasta el lunar del escote y – en serio- no se si podré resistirlo, pero enseguida dejo de pensarlo porque ahora mismo sólo siento unos dedos cálidos resbalando sobre mis brazos arrastrando consigo las tirantas del vestido.
Labios que se abren. Frases susurradas a la mitad- Preciosa…Sabes a chocolate…- Sus manos suben por mis brazos desnudos, van a los costados, perfilan mis costillas, luego a la espalda. A la altura del cierre del sujetador.
Sigo sentada sobre la encimera, con los pies colgando, los tirantes del vestido bajados y la piel mas expuesta que nunca. Y sólo puedo pensar que si va a hacerlo, que lo haga- por favor- antes de que entre en combustión espontánea. Sin embargo, aprovecho el instante que queda entre dos latidos de mi corazón acelerado para hacer algo que mi mente lleva gritándome varias semanas.
Yo también quiero tocarla.
Bajo mis manos y busco el borde de la camiseta de Raquel cubierta de chocolate en polvo, la levanto, luego un poco más y, por fin, se la saco por la cabeza más sorprendida que la propia Raquel de mi repentina valentía.
Pero eso no importa nada ahora que deslizo la mano sobre su estómago, perfilando el tatuaje que le atraviesa por encima del ombligo y se pierde bajo la cinturilla de sus vaqueros. Podría seguir las líneas sinuosas del dibujo hacia abajo, no solo con mi mirada sino también con mis manos, pero no me da tiempo a pensarlo mucho más porque Raquel vuelve a encajarse sobre mi y no tengo más remedio que enroscar mis piernas en su cintura. Mi mano queda atrapada entre nuestro cuerpos y las suyas queman sobre la piel de mi espalda, acarician ansiosas con toda la palma y me sostienen con una fuerza que me hace sentir frágil, atrapada y extrañamente femenina.
Lo que importa de verdad es esa sensación de no tener huesos sino gelatina, el estómago lleno de líquido ardiente, el corazón a punto de explotar y todo el cuerpo cubierto de piel recién nacida, que parece estar descubriendo las maravillas del mundo por primera vez.
Lo que importa es que Raquel no me mira. Raquel me atrapa con esos abismos color tormenta y me deja clavada en la maldita encimera como si me atara con hilos de acero y se adueña de mi respiración hasta que me queman los pulmones y me ahoga.
Lo que realmente importa ahora es que Raquel es la lentitud personificada y la única persona capaz de convertir la forma de desabrochar un sujetador en los cinco minutos más fabulosos de la historia.
Va corchete a corchete y se ríe contra mi oído y murmura- Estás caliente que lo flipas- y podría zurrarle si no se me aflojaran las piernas y me desplomara contra su pecho, convertida en mantequilla derretida.
Hace una pausa cada vez que suelta uno. Recorre mi columna con la yema del dedo. Primero abajo, luego arriba y va a por el siguiente.
Me muerde la oreja y ya sólo queda uno. Deja caer la mano sobre la copa del sujetador y su respiración choca contra mi pecho como una ola de calor mientras cae el último corchete. Hay un único latido abrasador en mis oídos que me traspasa de arriba abajo y ni siquiera me pongo nerviosa porque, ahora si, estoy oficialmente muerta cuando Raquel se ríe muy bajito y me besa.
Aprieto las piernas, la empujo con los pies y la acerco más. Y ella se mueve y se aprieta sobre mí, rígida y caliente y hace algo que llevo tiempo esperando pero no que pensaba que fuera a ocurrir.
Se mueve.
Contra mi.
Contra mi mano. Que sin saber como sigue atrapada entre nosotras, más abajo de lo que la recordaba la última vez.
Empuja hacia delante, embiste y se roza durante un segundo que dura varias eternidades juntas, arrancándole un gemido que se ahoga contra mi media sonrisa y va a parar al fondo de mi garganta.
- ¿Quién decías que estaba caliente que lo flipas?- pregunto divertida.
Y Raquel me mira repentinamente, con una intensidad que puede prender fuego y crear tempestades. Una mirada que dice- Tú te lo has buscado-
Y todo explota de repente.
Raquel pesa, su pelvis marcada a fuego sobre la cinturilla se funde contra mi, dura e intensa y vuelve a abrasarme sobre la piel de las piernas. Sus manos son largas y están calientes, Tiene los dedos alrededor de un pezón y usa la otra mano para bajar más el vestido y abrir toda la palma sobre mi abdomen mientras se traga mis jadeos con la lengua.
Lo que me hace sentir esa mano debería ser pecado.
Las manos que se posan sobre mis muslos, me acarician dos, tres veces y a la quinta se cuelan bajo el vestido, mientras su boca para, se esconde en el hueco que hay entre el hombro y el cuello y su pecho se aprieta contra el mio. Piel sobre piel. Chocolate y saliva que transpira al ritmo frenético de nuestro pulso acelerado.
Intento agarrarme a sus hombros, de sujetarme a su cintura. Muevo las manos y siento el pánico, la anticipación, el calor que palpita ahí abajo y me esta volviendo completamente loca. Porque lo hace lento, despacio. Parece que dure décadas y la espera se hace eterna. Eso de dibujar líneas sobre la piel de mis piernas y rozar con el pulgar el borde de las bragas.
Y una vez más, Raquel entiende sin palabras.
Y lo hace.
Se aprieta contra mi y hunde la mano al mismo tiempo que embiste el cuerpo y de repente hay dedos dentro de mis bragas. Acarician, se escurren. Noto el pulgar moverse en círculos concéntricos, que primero son suaves y luego son urgentes y luego desaparecen y toda la mano se escurre, mucho mas abajo, mucho mas adentro. Raquel gruñe y yo siento las lágrimas en el borde de las pestañas y la realidad es un cristal a punto de estallar. Respiro de forma entrecortada y me muevo una vez más. Siento que las piernas se me aflojan y los labios de Raquel cerca de un pezón, y es de-ma-sia-do. Borroso y confuso. Y demasiado, y necesito una única sensación o voy a estallar en mil pedazos, así que le tiro del pelo, le levanto la cabeza y la beso, y embisto, y empujo sobre su mano hasta quedarme desecha y tragarme sus oscuros jadeos con la lengua.
Las bocas se buscan en el aire y no dejo de moverme, no puedo. Hasta que todo se rompe, se hace añicos y explota en una única contracción.
Me desplomo sobre ella mientras el mundo se recompone, fragmento a fragmento, con la luz del atardecer dibujando sombras en el suelo y las manos de Raquel cosquilleándome en la cintura.
Jadea. Raquel jadea y el pecho le brilla con el sudor, perlitas cristalinas que tiemblan mientras recupera el aliento. Tiene el pelo revuelto y los ojos encendidos como brasa en la oscuridad mientras dibuja una media sonrisa, lenta y perezosa.
- Creo que nunca podré volver a comer chocolate sin ponerme cachonda- comenta como si nada.
Siento que toda la sangre de mi cuerpo viaja a mis mejillas.
- Ahora tendremos que limpiarlo todo- murmuro contra su piel.
- Y empezar de nuevo la tarta.
- Eso.
Y vuelve a acercarse y me envuelve entre sus brazos para estrecharnos, y besarme con toda la maldita calma del mundo.
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Hola, soy la_Pé. Si has llegado hasta aquí es probable que estés deseando leer otro capítulo más. Pues así llevo yo desde el 16 de Enero de 2011.
Y creo que no solamente yo. Sé de buena tinta que otros lectores de este fic están deseando un nuevo capítulo…
Ante esta situación desoladora sólo puedo decirte que tienes varias opciones:
1 – Entretenerte en leer otros relatos publicados en este blog. Y con un poco de suerte, cuando te hayas aprendido de memoria todo lo que se ha publicado aquí, aparecerá otro capítulo de la tormenta por ciencia infusa.
2- Entrar en tu facebook, si es que lo tienes, y meterte en este grupo que he creado especialmente para presionar a Mistika a que escriba otro capítulo de la tormenta:
http://www.facebook.com/home.php?sk=group_180808995265571&ap=1
3- Si no tienes facebook, siempre puedes dejar algún comentario en el siguiente post del blog principal:
Si todas estas medidas no sirven para que Mistika se anime a escribir y publicar… me daré por vencida. Así que te animo a que aportes tu granito de arena por la causa, ¡no cuesta nada! y el mundo del yuri y los fics te lo agradecerán
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Jesucristo! Gracias gracias gracias por un capítulo tan bueno
Casi me da un paro cuando vi la actualización, wow! ¡¡y qué capítulo!!
Gracias! Gracias por seguirlo, este fue el primer fic que leí, así que creo que le tengo un cariño especial xD además que para mi sigue siendo el mejor de todos… GRACIAS!
Será que tendremos que esperar otro año para el próximo cap? espero q no xD
Saludos!
EL capítulo está genial! Gracias por actualizar otro capítulo y espero que el próximo no demore tanto porque esta historia me atrapó desde el principio y sería una pena que se quedara inconclusa
puff! simplemente geniaaaaaal!! como lo haces para escribir tan bien eh? tu historia m encanta y m moria por una continuacion, la cual encontre fantastica x) ahora solo esperar q nos pongas lo q sigue pronto
please please please no nos tortures con un año mas de espera, please!!! jeje
Increíble… mira que yo sabía que iba a haber lemmon en este cap, pero ni por asomos pensé que fuera tan… tan… indescriptible. Me ha gustado mucho leerlo. Enhorabuena, gran trabajo!!!
Gracias por haber publicado un nuevo capítulo POR FIN!!! Sé que los últimos no se harán esperar mucho, y lo sé porque conoces mis amenazas. jajajaajaajajaja.
Pd: no hay nada mejor que leer algo así de bueno antes de ir a dormir.
Buenísimo!
Que alegría que ya haya continuación, y este capítulo es…buah, que calor tengo xD.
Eso eso, espero que haya pronto actualización *-* me encanta esta historia
Sabes que un día tendrás que continuar,¿verdad?
Fantástico. SUBLIME. Es uno de los mejores lemmons que he leído jamás.
Espero que no pasen dos años hasta la siguiente actualización. </3 Muchas historias geniales han quedado inconclusas, pero la tuya debe romper con el estereotipo, ¿eh? xD
¡Los mejores ánimos! Anna. x
Uff, menudo capítulo!! me metí por casualidad sin mucha esperanza de ver actualización, y menuda sorpresa! gracias gracias gracias y gracias por continuarla, no sabes la ilusión que me hizo =D esperemos que no haya que esperar tanto tiempo para el siguiente! aunque si hay que esperar, a esperar se ha dicho ^^
Pingback: Porque mi cabeza está rellena de patatas….(fritas) « Mandrágora
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Vaya…. si la vida te da sorpresas y el destino te saca sustos a cada instante con el universo como complice furtivo debo decir q esto me ha quitado el hipo. Yo ya daba por perdida esta historia xq tengo tan mala suerte de q las historias q me gustan siempre se quedan a mitad, pense q la autora (quien espero q lea esto) estaba perdida en combate, habia sido abducida por los extraterrestres se habia escapado con algún jeque (de esos q pululan tanto hoy en día en mallorca) o habia sido secuestrada por alguna fan no se cual de mis teorias sea la verdadera razón o igual lo son todas pero bueno lo importante es q luego de hacerse esperar aqui esta, si la autora esta abierta a los sobornos (y esto no lo digo en coña) q se comunique conmigo q estoy dispuesta a pagar ojo no por su inspiración sino por su historia xq esta no es la única q quiero q continue. Como siempre una narrativa fuera de este mundo dificil de encontrar fuera de tus escritos.
He de admitir que la que se ha quedado de piedra y sorprendida al leer tu comentario he sido yo.
Admito con vergüenza que esta historia se ha prolongado en exceso, que os he hecho esperar, años no menos!, y por algún extraño motivo seguis queriendo leer más.
No te preocupes, soy lenta, pero termino lo que empiezo. He de anunciarte que solo queda un capitulo más para terminar esta historia y que prometo no volver a haceros esperar tanto.
Por otro lado, he de admitir que es un placer escribir algo que llegue a tantas personas y que disfruten leyéndolo.
Gracias. Sin lector@s como tú, esto no sería más que un montón de letras publicadas en un blog.Muchas, mucha gracias.
Un saludo y un abrazo enorme de Mistika. Espero seguir teniendo el placer de escribir y compartirlo con todos vosotros, y que podais seguir disfrutando ^^
PD: Y gracias por ofrecer soborno XD, eso me llena de orgullo y me pone gorda XDXD