El enigma del gran juego humano: Capitulo 2

Acto seguido, la chica asiática cerró el móvil y se lo guardó en un bolsillo del vaquero. También parecía nerviosa e intentó terminar de normalizar su respiración antes de mirar seriamente a Isabel.

-          Têtue!… ¿Tenias que correr como una loca para llamar la atención de todo el mundo?¡Sólo te faltaba un cartelito que pusiese suivez-moi!

Isabel, apenas reparó en el hecho de que la chica hubiese usado palabras en francés. Estaba bastante más enfadada por el hecho de que una completa desconocida le estaba echando la bronca, mientras la tenía aplastada contra la pared.

Su orgullo salió a relucir y a pesar de que prácticamente le dolía todo el cuerpo, empujó a la chica hasta separarla de ella.

-          Me golpeas, me raptas y ahora… ¿Me gritas?¡¿Pero qué…?- dijo apuntándola con un dedo.

-          ¡Eh!- la cortó la chica- No me apuntes con ese dedo o tendré que cortártelo.

Isabel por fin reconoció un ligero acento francés en la voz de la chica y de nuevo se asustó. La chica aprovechó el desconcierto de Isabel para empujarla de nuevo contra la pared. Se sacó el móvil del bolsillo y las alumbró a ambas con la luz de la pantalla, haciendo la situación más siniestra de lo que ya le estaba resultando.

Pudo ver como los ojos rasgados de la chica se movían vivaces sobre su abrigo, desabrochando los tres primeros botones…

Isabel no se lo podía creer ¿Una completa desconocida le estaba metiendo mano?

Cuando la chica abrió su abrigo, Isabel hizo el ademán de empujarla de nuevo pero la chica fue más rápida y volvió a golpearla contra la pared.

-          ¿Quieres estarte quieta? No voy a hacerte nada, solo quiero comprobar si…Merde!

 

Isabel, más que asustada, se sintió ofendida… ¿Tan feo era su escote? No es que tuviese unos pechos para anuncio de ropa interior pero tampoco era para compararlos con…

-          Tenias que ser tú…- sus pensamientos fueron cortados por la chica, que sonó bastante abatida e Isabel miró hacia abajo, para descubrir colgando sobre su escote, algo de lo que ya se había olvidado.

El colgante de la caja.

Isabel miró extrañada, de forma alternativa al colgante y a lo poco que vislumbraba de los ojos de la chica… ¿Qué sabía ella sobre eso? Pero antes de poder preguntar nada, la chica volvió a adelantarse:

-          Si me prometes que vas a estar calladita, te explicaré todo lo que quieras saber- A pesar de lo cerca que estaban, la chica seguía hablando en susurros, como si no estuviesen suficientemente escondidas.

-          ¿Y por qué iba a creerte?- la chica miró sorprendida a Isabel. Pensaba que permanecería muda como hasta ahora. Sonrió de medio lado y apoyó una de las manos en la pared que estaba tras la espalda de Isabel. Se llevó la mano que le quedaba libre al cuello y tiró de una cadena de plata, que podía vislumbrarse bajo el cuello de la camisa. Colgando del extremo de la cadena, pendía un colgante en forma de media circunferencia, de color rojizo y con tres huecos de forma triangular.

-          Porque yo también estoy metida en esto.

Isabel se sorprendió al reconocer, en el colgante de la otra chica, la mitad del suyo.

-          Será mejor que nos vayamos de aquí lo antes posible- la chica asiática, se giró hacia la puerta y la abrió parcialmente. El rayo de luz que entró iluminó el pequeño rellano en un instante. Isabel hizo el ademán de seguir a la chica, pero de pronto se detuvo al recordar algo.

-          ¡Espera!- la chica se giró enfadada.

-          ¡¿Qué?!

-          ¿Cómo se que puedo fiarme de ti?- la morena dio un resoplido, cansada.

-          Escucha, no…

-          ¡Escúchame tu a mi!- la cortó Isabel- Te recuerdo que mientras me tenías aplastada contra la pared, has hablado con alguien y le has dicho que “ya me tenías”… ¿Qué quieres que opine de eso? A lo mejor, quieres secuestrarme para pedir un rescate o vete a saber qué… ¡Pues mi familia no tiene ni un duro, así que te buscas a otra, porque no pienso dejar que  mi cadáver acabe formando parte de un rollito de primavera!

La chica la miraba con una ceja levantada.

-          ¿Has terminado ya? – preguntó con seriedad.

Isabel se sintió un poco estúpida. Cuando estaba nerviosa, solía hablar más de la cuenta y al final siempre acababa diciendo tonterías.

-          Primero- dijo la chica- No tengo intención de secuestrarte…Créeme  que si no estuviese obligada no me acercaría ni a un kilómetro de ti- dijo rodando los ojos- Segundo, no se a cuento de que venía la gracia del rollito de primavera. Por si no lo has notado todavía, no soy china y  tercero…Si estamos aquí es por tu culpa.

-          ¡¿Perdona?!Creo recordar que fuiste tú la que me arrastro hasta aquí y la que me estaba siguiendo.

-          ¡Y no soy la única!- la cortó repentinamente.

¿Pero cuanta gente había detrás de ella?

-          Para tu información te diré que después del numerito que montaste en el teatro, todo el mundo sabe que tú eres el siguiente enlace

Isabel la miró sin entender una sola palabra.

-          Dijiste la pregunta clave- le aclaró la chica como si fuera lo más evidente- Y lo hiciste en voz alta, delante de todo el mundo…Mon Dieu! ¿Es que no te sabes las reglas del juego?

-          ¿Qué juego?- preguntó Isabel con un hilo de voz.

Por primera vez, la chica la miró preocupada.

-          ¿No sabes nada del juego?- Isabel negó con la cabeza. La chica se llevó una mano a la boca y se separó de ella negando con la cabeza.

-          Ah,no,no…¿Por qué a mi?- pateó la pared con fuerza y comenzó a decir una retahíla de cosas en francés, que Isabel hubiese jurado que eran tacos.

Al final, se calmó y con una mirada muy seria se dirigió a Isabel:

-          Vas a venir conmigo, te guste o no, porque para que te enteres, te diré que hay más gente buscándote y para mi desgracia he de decirte, que el primero que te encuentra, se queda contigo…Y esa soy yo.

-          ¿Pero que te has creído? ¿Qué soy una especie de trofeo o algo así?

-          Menos lobos caperucita…- A Isabel le sorprendió que usase ese refrán- No se por qué motivo estás metida en esto, pero ha debido de cometerse un error…Tenía entendido que el enlace aquí en España era un chico.

Una extraña asociación de ideas, empezó a formarse en la cabeza de Isabel.

Quizás algo si había salido mal y el enlace de España tenía que haber sido Rafa. Muy a su pesar, Isabel entendió que aquella chica de ojos rasgados era su única forma de entender lo que estaba pasando y quizás, su única posibilidad de encontrar a Rafa.

-          Bueno ¿Qué me dices?- la chica le tendió la mano.

-          Que debo de estar loca – dijo cerrando un trato imaginario con un apretón de manos nada sutil.

Salieron del portal con la máxima precaución posible, Isabel dejándose guiar por la morena, sin cuestionarse si quiera a donde pensaba llevarla. Ya ni siquiera recordaba que tarde o temprano tendría que volver a casa. De hecho, ni siquiera sabía que hora era.

Dieron un buen rodeo y al final, aparecieron en una de las calles laterales a la principal, donde la chica sacó unas llaves de su bolsillo con un mando. El sonido de un coche al abrirse automáticamente llamó la atención de Isabel, que paseó su vista a lo largo de una fila de coches y no se sorprendió al descubrir que se trataba del famoso Mercedes deportivo.

La chica se montó en el asiento del conductor y arrancó el motor, que sonó como un ronroneo suave. Isabel permaneció de pie junto al coche, con la mano parcialmente extendida, pero sin llegar a agarrar la manija del coche.

¿Pero qué estaba haciendo? Se iba a montar en un coche con una completa desconocida, sin saber a dónde se dirigían. Sin embargo, algo en su mente que sonaba de una forma parecida a la conciencia, le decía que se lo debía a Rafa.

-          ¡Eh!- la voz de la otra chica la alertó- ¿No estarás esperando a que te abra la puerta no?

Isabel abrió la puerta a regañadientes y se desplomó en el asiento del acompañante. Miró a través de la ventana, como algunas gotas de lluvia empezaban a escapar de las nubes.

-          Ponte el cinturón- fue lo único que la asiática le dijo antes de apretar el acelerador a fondo y salir de la calle donde se encontraban quemando los neumáticos.

-          ¡Joder!- Isabel se hundió en el asiento al primer acelerón y agarró el cinturón como pudo- ¡No me extraña que estuvieses a punto de comerte el autobús antes!… ¡Estás loca!

La chica, como única respuesta, giró a la misma velocidad en la avenida y se coló entre el tráfico haciendo zig-zags.

-          ¡Vas a conseguir que nos matemos!…O peor aún ¡Que nos pare la poli!-  le gritó Isabel agarrándose del manillar de la puerta.

-          Deberías poner en orden tus prioridades ¿No te parece?

Con un par más de giros bruscos, aparecieron en una amplia avenida que Isabel reconoció como la de Ramón y Cajal.

-          ¿A dónde vamos?- preguntó Isabel

-          A mi hotel, está por aquí cerca.

Eso era más información de la que necesitaba escuchar. Intentó no pensar en cosas raras y centrarse en cosas lógicas y de pronto, una pregunta que le había estado pinchando hacía rato, salió a relucir.

-          ¿A quien llamaste antes?

La chica siguió concentrada en la carretera, pero desvió la mirada unos segundos hacia Isabel antes de responder.

-          ¿Aún no te fías de mí?

-          No me has dado motivos.

Las dos sabían que aquello era cierto, así que cuando pararon (sorprendentemente)  en un semáforo, la chica se giró hacia ella y clavó sus profundos ojos marrones en Isabel.

-          No lo se

Isabel rodó los ojos.

-          No en serio- se defendió la morena- No tengo ni idea de quién está al otro lado de la línea. Nunca contesta nadie sólo descuelgan. Ese número es para avisar de se ha contactado con el enlace.

El semáforo se puso en verde, con lo cual la morena volvió a arrancar el coche. Isabel aprovecho esos escasos segundos para analizar lo que acababa de decirle.

-          Sólo había cuatro contactos en España para todos los jugadores, con lo cual había que darse mucha prisa en localizarlos. Este juego se juega en pareja y así se va eliminando gente.

Poco a poco, se iban acercando a un conjunto de hoteles, que por el aspecto, debían de ser de 5 estrellas y una de regalo. Aunque claro, viendo el coche que conducía, a Isabel no le extrañó que se alojase en un pedazo de hotel.

-          Tres de los contactos ya habían sido localizados por otros tres jugadores. Así que al resto de jugadores nos entraron las prisas- continuó la morena- Sólo tenía una pista: era un chico. Y por lo que veo… – dijo dándole un buen repaso con la mirada a Isabel, que se sonrojó hasta la punta del pelo- Se han equivocado.

-          ¿No podía haber sido Javier?

-          Sospeche de él una temporada, pero él no llevaba colgante, por lo que no podía ser un jugador. Al final a resultado ser algo así como…Como un intermediario. Ya hemos llegado.

Isabel vio como el coche se detenía frente al garaje de uno de los hoteles. La morena bajó la ventanilla del coche y con una tarjeta identificativa de hotel, se asomó y la pasó por el lector de una máquina.

Tras un sutil “bip”, la puerta del garaje se abrió y el coche volvió a arrancar con la misma velocidad que la primera vez.

Tras bajar una planta del aparcamiento, la morena aparcó el coche en uno de los estacionamientos, que sorprendentemente para Isabel, también era un número capicúa.

Sin mediar una sola palabra, la morena se bajó del coche e Isabel tuvo que darse prisa en hacer lo mismo antes de que cerrase el coche.

-          Sígueme.

Permanecieron en silencio, hasta que una vez montadas en el ascensor, la morena dijo:

-          Cuarteto nº 14 de Schubert

Al principio, Isabel no sabía a que venía ese comentario, pero después se dio cuenta de que la morena seguía con el pie el ritmo del hilo musical y recordó que la había visto en el teatro llevando consigo, el estuche de un violín.

Recordó el comentario de Carmen sobre la orquesta y se convenció de que la morena debía ser una de esos músicos superimportantes de una orquesta cuyo nombre, sorprendentemente, no recordaba.

El ascensor anunció la llegada a la 3ª planta y las puertas se abrieron con un nuevo acompañamiento musical.

Isabel siguió a la chica a través del largo y enmoquetado pasillo. A Isabel, los hoteles nunca le habían gustado. Le parecían absolutamente impersonales y fríos. No podía llegar a imaginar lo que tenía que suponer, vivir en uno de ellos.

Finalmente, se detuvieron frente a la puerta número 303. La morena volvió a sacar la tarjeta del hotel y la pasó por el lector. Al instante, el seguro de la puerta saltó y de un ligero toque con sus largos dedos, terminó de abrirla.

Isabel siguió a la otra chica casi como una autómata y cerró la puerta tras de sí. La morena entró en la habitación, a medida que se quitaba la cremallera de las botas de piel y las dejaba a su paso.

-          Voy a cambiarme- le dijo a Isabel sin ni siquiera mirarla- Puedes coger lo que quieras del minibar, pero no toques nada más de la habitación.

Eso último lo dijo dirigiéndole una mirada de advertencia y acto seguido se metió en el baño.

Una vez que Isabel se quedó a solas, toda la información que había ido recabando esa tarde, apareció de golpe en su cabeza.

Aún no tenía todas las piezas suficientes para encajar el puzzle, pero tenía la esperanza de que cuando la chica saliera del baño, aclararía todas sus dudas. De hecho, iba a exigirle que se las aclarara.

Hasta el momento y por lo poco que le había oído, aquello era una especie de juego.

Una sonrisa amarga se dibujó en su cara.

No le sorprendía lo más mínimo que Rafa pudiese estar metido en toda esta historia. Era muy típico de él.

Sin embargo, aún no sabía como había podido desaparecer y sin saberlo ya se había formado una extraña teoría sobre lo que podía haber ocurrido.

Isabel creía que lo más probable era que Rafa, fuese el enlace del que la chica le había hablado. Algo tuvo que ocurrirle para que no continuara con todo este circo, porque seguramente Rafa habría disfrutado con todo el numerito del juego con fichas humanas.

¿Sabría Rafa que algo iba a ocurrirle y por eso dejó todas esas pistas? Pero… ¿Para qué? ¿Con qué finalidad quería Rafa que ella entrase en el juego?

El sonido del agua al caer dentro de la ducha, la sacó de sus pensamientos.

No se lo podía creer… ¡La chica se estaba duchando! Y mientras tanto, ella tenía que quedarse cubierta de polvo y dolorida, sin poder sentarse en ningún sitio para no manchar nada, que como mínimo debía costar unos 500 euros el tinte….¿Pero qué estaba diciendo?  ¡Si esa chica podía permitirse una habitación como esa que le iba a importar el tinte!

Se dejo caer en la cama como un peso muerto y la suavidad  y comodidad del colchón y los almohadones, la envolvieron. ¿Cuántos ceros tenía que tener tu cuenta del banco para tener unas almohadas tan orgásmicas como aquellas? Se retorció un poco entre las sábanas, dejándose embriagar por el aroma a perfume que desprendían.

 Definitivamente, debían ser muchos ceros.

Se elevó un poco sobre sus propios codos y paseó la mirada por la habitación.

A excepción de las botas que la chica acababa de quitarse, no había nada más fuera de su sitio. Todo estaba en tan perfecto orden, que si no fuese por las maletas que se veían a un lado de la cama, habría jurado que nadie dormía en esa habitación.

Descubrió un caballete con partituras en un rincón de la habitación y junto a él la funda de un violín.

A Isabel, aquello le llamó la atención y decidió acercarse a investigar. La partitura tenía escrita multitud de notas y apuntes a lápiz, con palabras en italiano que no entendía del todo.

-          ¿”Andante con moto”?- leyó en una de las esquinas. Quiso suponer que aquello no significaba literalmente lo que ponía.

Pero lo que llamó verdaderamente su atención, fue el estuche del violín. Acarició la piel curtida del estuche de color azul oscuro y su mano se topó, de forma accidental por su puesto, con la horquilla de apertura del estuche. ¿Debería abrirlo?

Como deber, no debía. Sobre todo si no quería que la furia oriental se abalanzase sobre ella… Pero la curiosidad le pudo.

Se aseguró primero de que el ruido de la ducha aún permanecía, antes de abrir el seguro de la horquilla, mientras contenía la respiración.

Un olor muy característico se desprendió al abrir el estuche, mezcla de madera tratada con algún tipo de barniz y el mismo aroma que cubría las sábanas de la cama.

Se sorprendió de la imagen que revelaba el interior del estuche: un violín de madera oscurecida que resaltaba sobre la tela de raso que forraba el interior del estuche.

A pesar de saber lo que había dentro se sorprendió…No es que hubiese esperado encontrarse una metralleta, como en la pelis de gansters, pero nunca había estado delante de un violín de verdad.

La tentación de tocarlo era demasiado grande y pasó las yemas de sus dedos por la fría superficie de madera del violín, con tanta suavidad como lo haría una madre con sus hijos.

Se fijó que cogidas con unos alfileres, había dentro del estuche, un par de fotos cogidas al forro. En una de ellas aparecía la misteriosa chica, con otra chica de pelo rubio e impresionantes ojos azules. Al fondo podía verse un edificio que Isabel creyó reconocer como el Sagrado Corazón, en París. La otra foto, era de una niña pequeña, también con rasgos orientales que sonreía montada en un columpio.

-          Creí haberte dicho que no tocaras nada.

Isabel prácticamente saltó del susto al oír una voz a sus espaldas. Al girarse, descubrió a la chica en albornoz, con el pelo chorreando y mirándola fríamente.

-          Perdona, sólo esta mirándolo de cerca.

Pero la chica la hizo a un lado y se acercó a cerrar de nuevo el estuche. Al hacerlo, Isabel juraría que le susurró algo al estuche.

Se giró de nuevo y taladró con la mirada a Isabel.

-          Ahora, hablemos de cosas importantes- dijo cruzando los brazos por encima del nudo del albornoz. El colgante rojizo, podía vislumbrarse a través del pliegue del cuello y su pelo mojado, se pegaba a los lados de su cara, haciendo que algunas gotitas cayeran sobre su boca.

-          Necesito que me expliques de que va todo esto- dijo Isabel intentando sonar  lo más convincente posible.

-          De acuerdo, pero primero necesito saber hasta donde sabes.

La chica se paseaba por la habitación, desprendiendo un aroma a champú de hierbas muy refrescante.

-          Realmente no se nada, en verdad yo…- Isabel cayó al darse cuenta de algo.

-          ¿Qué pasa?

-          Aún no me has dicho tu nombre – la chica la miró sorprendida.

-          Cierto y ha sido de muy mala educación por mi parte.

Isabel rió sarcástica al imaginar que aplastar a alguien contra la pared y meterle mano segundos después de conocerla, fuese considerado de buena educación en algún lugar del mundo.

-          Sarah…Sarah Matsuya – la chica miró altiva a Isabel esperando alguna reacción, pero solo consiguió un gesto de cabeza, incitándola a continuar- Soy la mejor violinista de la orquesta sinfónica de Francia- añadió con orgullo.

-          ¿Con ese apellido?- comentó divertida Isabel.

-          Como ya habrás podido comprobar- dijo con una auténtica cara de poker- mis antepasados eran japoneses- recalcó mucho la nacionalidad- Pero nací y me crié en Francia, como también habrás podido comprobar.

Y era cierto que a pesar de su fluidez con el español, aún existía un ligero acento francés en algunas de sus frases. Claro, eso y los tacos que había soltado hace unas horas en su lengua natal.

-          No me puedo creer que no hayas oído hablar de mí.

-          Lo siento Sarah, pero en mi barrio, si no eres un futbolista o un cantante famoso, no esperes que alguien de menos de 60 años te reconozca.

-          No creo haberte dado permiso para llamarme por mi nombre.

-          Oh! Perdone señorita Matsumoto- comentó irónicamente Isabel

-          Matsuya- le corrigió Sarah- Es un apellido muy influyente, no lo olvides. Abre muchas puertas en el mundo del arte. No permito que te cachondees de mis antepasados.

-          Lo que sea- le cortó Isabel- Me parece ridículo llamarte por tu apellido, cuando prácticamente tenemos la misma edad.

-          ¿Qué edad crees que tengo?- Preguntó Sarah contrariada.

-          Aunque te las das de Mata Hari, no te echo más de 19 años.

El hecho de que Sarah bajase la mirada hacia el nudo de su albornoz le sirvió como respuesta.

-          Aunque parece no interesarte, me llamo Isabel.

-          ¿Algún apellido que deba recordar?- preguntó sarcástica

-          Martinez…Aunque la única puerta que te va a abrir, es la de mi casa cuando llames al porterillo.

Sarah, sonrió levemente frente al comentario.

-          Nunca desprecies el apellido de tu familia….La familia es algo que se lleva con orgullo.

-          Si, claro…Para ti es fácil.

Un pequeño silencio incomodó se instaló en la habitación, hasta que Isabel decidió volver al tema inicial:

-          Como intentaba explicarte antes, no tengo ni idea de que va toda esta locura y realmente no tengo muy claro que hago aquí.

-          ¿Por qué no empiezas desde el principio?

Isabel comenzó a relatarle la historia a Sarah, desde la desaparición de Rafa, omitiendo el hecho de la existencia del disco y los motivos que le llevaron a descubrir el mensaje oculto. Básicamente le explicó que se había visto inmersa en todo aquello sin saber de que se trataba.

A medida que iba avanzando en su historia, Sarah se pasaba las manos por la cara en señal de preocupación. Empezaba a maldecir su suerte, que la había llevado a elegir a una completa novata como compañera de juego.

-          Creo que han secuestrado a Rafa, o al menos que se está escondiendo de algo- sentenció Isabel- Aunque no entiendo muy bien por qué quería que yo entrase en el juego.

-          Hay una cláusula que dice que si uno de los jugadores, una vez comenzado el juego, no es eliminado por motivos del propio juego no podrá salir del mismo.- Isabel la miró preocupada- En caso de que no pudiese participar por otros motivos o que fuese sancionado en el juego, podrá buscar un sustituto ¡Pero tranquila, no es peligroso!

-          ¿Cómo lo sabes?

-          Sólo es un juego.

-          ¿Que involucra personas y algunas desaparecen? En serio, ¿Qué os lleva a hacer estas chorradas?

-          El premio

-          ¿Y qué es?

-          Algo muy valioso, ya que se te concede una petición personal.

-          ¿Y no tienes dinero suficiente para darte esos caprichitos?

-          Hay cosas que ni todo mi dinero pueden lograr.

De nuevo ese silencio incómodo se estableció entre las dos.

-          Cuéntame más cosas sobre el juego- la petición fue prácticamente susurrada por Isabel.

Sarah se acercó al frigorífico del mini-bar y sacó una lata de refresco. Le hizo señas a Isabel por si quería una, a lo que ésta negó con la cabeza.

-          Un día me llegó una carta con una propuesta. Decía que había sido elegida entre miles de candidatos para formar parte de un juego a escala real.

-          ¿Y no te pareció sospechosos?

-          No, me pareció divertido- dijo dándole un sorbo a su refresco

-          Pues no lo entiendo. Esto no es como si te hubiese escogido en el casting para hacer una película…¿Qué garantías tienes de que esto no es peligroso?

-          De momento no lo está siendo. Un poco agotador quizás, pero peligroso no…¡Que pena de camisa!- dijo tomando la camisa que llevaba puesta esa tarde, que aún estaba llena de mezclilla y polvo de la obra.

-          O sea, que no sabes si realmente te puede pasar algo.

-          200 euros en seda a la basura…

-          ¿Me estas escuchando?

-          ¿Perdona, qué decías?

Isabel rodó los ojos frustrada. Desde luego que no parecía que aquella chica le importase lo más mínimo jugarse la vida con todo aquello. Para Sarah, no era más que un pasatiempo.

-          O sea, que básicamente, apelan a vuestro orgullo de ganadores y a vuestro aburrimiento de nadar entre millones y les seguís como borregos.

-          Que mal lo presentas- Sarah hizo una mueca de desagrado con la nariz- No es así, es más divertido. Te dan la oportunidad de convertirte en una ficha humana en un tablero gigante, con infinitas posibilidades. Está el riesgo, la emoción, el tentar al azar. No hay nada puesto en juego, así que no pierdes nada.

-          ¿Te parece poco poner en juego tu vida?…Estas loca.

-          No va a pasar nada. Esto no es como los locos esos que juegan a rol, se lo acaban creyendo y se cargan a alguien con una katana. Esto es sólo un juego.

-          Supongo que al loco de la katana, también le dirían lo mismo.

Sarah, arrojó la camisa sobre un sofá de la habitación y se sentó en el saliente de la ventana que estaba cerca de la cama. Isabel aún permanecía de pie, en el centro de la habitación.

-          Puedes sentarte ¿sabes?- le sugirió Sarah- Tranquila que no van a cobrarte por eso.

A pesar de que el comentario le molestó, estaba demasiado cansada como para discutir con aquella chica por tonterías y se sentó en un pequeño sofá.

-          De todas formas, no solo hay millonarios aburridos y violinistas chiflados en este juego- continuó Sarah- Según tengo entendido, hay un catálogo muy extenso de personas de diferente estatus y profesiones.

Isabel la miró sin entender a donde quería llegar.

-          No se pide ningún requerimiento monetario para entrar en el juego, sólo necesitas ser elegido y aceptar.

-          ¿Y si no quieres?

-          Pueden ser muy persuasivos en el sentido agradable de la palabra- comentó con una sonrisa- Ya te dije que el premio podía llegar a ser muy jugoso.

-          ¿Y qué es?

-          Eso, es personal- su voz sonó algo recelosa- Depende de la persona.

-          ¿Y quien iba a organizar todo este circo para nada? En fin, no hay publicidad de nada, ni saca beneficio de ninguna parte.

-          Ahí si que tengo que darte la razón en que se debe tratar de alguien muy aburrido- dijo prolongando el “muy” mientras se frotaba sus pies descalzos.

Definitivamente, Isabel se dio cuenta de que se había metido en un auténtico manicomio.

-          Háblame de las reglas del juego- le pidió a Sarah

-          Vaya, vaya ¿Empieza a interesarte?- comentó divertida.

-          No, pero quiero saber dónde me meto. Si esta es la única posibilidad que tengo de encontrar a Rafa, voy a hacerlo bien.

Sarah le dedicó una mirada, que Isabel interpretó cómo un “no me pongas excusas”.

-          Todos los jugadores, se identificaran entre sí por el colgante de media circunferencia que llevan. Aunque lo más recomendable, es no destapar tu identidad de jugador delante de los demás. Así no tendrás problemas con nadie. Al que va enseñándole el colgante a todo el mundo y pidiendo ayuda para resolver los enigmas es expulsado de inmediato.

Isabel asentía con la cabeza mientras Sarah le relataba todo aquello.

-          El juego se comienza de forma individual. A cada jugador le pasan una primera prueba que si es superada, consigue el colgante y la clave para la siguiente prueba. A medida que vayas resolviendo pruebas irás avanzando hacia la “casilla final”.

Isabel se imaginaba un enorme tablero del “juego de la oca”, con un montón de personas corriendo por él.

-          Pero claro, este juego se juega en pareja. Llega un momento que tus piezas no encajan por si solas y las pistas te llevan a otro jugador con las que puedes encajarlas. El problema, es que hay mucha competencia porque no hay un número par de jugadores y no hay una pareja para cada uno.

Sarah, a medida que hablaba iba llenando de vaho la ventana, sobre la que estaba apoyada.

-          Por lo que la competencia se vuelve feroz…

Un escalofrío recorrió a Isabel sólo de imaginar la persecución de esa mañana.

-          Acepté venir a tocar en España, principalmente, porque el enlace que quedaba estaba aquí, en Sevilla.- con el dedo empezó a dibujar un pentagrama y notas musicales con ayuda de su propio vaho en la ventana- Sólo teníamos como pistas, la famosa pregunta y que se trataba de un chico. Yo sabía que no era la única que sospechaba de Javier, el coreógrafo, pero descubrí que a pesar de que parecía saber algo, no era un jugador. Nos estábamos volviendo locos, porque nadie era capaz de localizarlo, y no teníamos más pistas. Hasta que apareciste en el teatro y abriste la bocaza delante de todo el mundo.

Isabel le dedicó una mirada asesina.

-          No me mires así. Provocaste que todos los jugadores que estaban presentes nos pusiéramos en tensión…Menos mal que fue después de la actuación, si me llego a equivocar por tu culpa…- Sarah dejo morir la frase en sus labios.

-          Oh, claro…la gran Sarah “mi apellido es la hostia” no puede admitir errores. Pues perdone por la sobredosis de adrenalina, pero no tenía ni idea de que había más gente interesada en esa frase. Yo pensaba que había echo un ridículo espantoso y lo que hice fue saltar la alarma- recapacitó, hablándole al aire más que a Sarah.

-          A partir de ahí, tenía que ir con cuidado. Podía ser que sólo fueses una pieza más en todo el juego y no un jugador….Se supone que estaba buscando a un chico. Pero cuando te vi hablando con Javier y escuché parte del mensaje, entendí que algo tenías que ver en todo esto y te seguí….Bueno, yo y unos cuantos más.

-          ¿Aún me siguen?

-          Se supone que no.

-          ¡¿Se supone?!- preguntó escandalizada.

-          Cuando comprobé que eras tú, llamé al master. El último enlace ya había sido encontrado por mí y por lo tanto, la competencia por conseguirte se había terminado. Los que no lo consiguieran, están descalificados….Sin embargo, puede que haya gente que no se rinda tan fácilmente e intente buscarte y “convencerte” de que participes con ellos.

A Isabel no le gustó nada el tono que uso en la palabra “convencerte”

-          ¿Quién es el master?

-          Supongo que la voz al otro lado, el que controla el juego…No se, normalmente son ellos los que se ponen en contacto contigo. El número al que llame ha dejado de estar operativo desde que te encontré, por lo que ya no me sirve para intentar pedir explicaciones.

-          ¿Explicaciones de qué?

-          De por qué me han mandado un comodín en vez del jugador que estaba esperando.

-          ¡Yo no soy ningún comodín!- Isabel se levantó del asiento ofendida y se acercó un poco a la ventana donde estaba Sarah- Si no fuera por este “comodín” estarías haciendo las maletas.

-          Se supone- dijo Sarah encarándola- que los jugadores deben reunir alguna cualidad especial, de manera que cada parte de la pareja aporte algo distinto, para resolver las distintas pruebas- de nuevo sus ojos almendrados la miraron de arriba abajo con malicia- Y me gustaría saber que puedes aportar tú a este equipo, para que te hayan elegido.

-          Que no lleve camisas de 200 euros no implica que no sea buena en lo que hago… ¿Qué se supone qué sabes hacer tú aparte de tocar el violín y tratar a la gente con la punta del pié?- le preguntó sarcástica.

Sarah se cruzó de brazos y con una mirada altiva que empezaba a ser más que habitual en ella, le respondió:

-          Pues resulta que no sólo soy una eminencia en la música, sino también en resolver problemas matemáticos, criptogramas y palíndromos- dijo clavando sus almendrados ojos marrones en los verdes de Isabel- Si no sabes que significa esto último puedo traerte un diccionario.

-          Sé verlas al revés- fue lo que respondió Isabel provocando que Sarah la mirase sorprendida- O lo que es lo mismo, un palíndromo. Una frase que se puede leer en las dos direcciones. Que viva en un piso del tamaño de tu cuarto de baño no indica que no lea.

-          Vaya, vaya… -susurró Sarah- ¿Algo más? ¿O ahí se acaba el repertorio?

-          No, también soy muy buena con los juegos de palabras, las claves y… Para que negarlo, tengo una memoria casi fotográfica.

-          Demuéstralo- la retó Sarah, avanzando un paso y colándose en su espacio personal.

-          Ponme a prueba- aguantarle la mirada a Sarah le estaba resultando todo un reto.

Sin ni siquiera levantar la mirada de la de Isabel Sarah le preguntó

-          ¿La matricula de mi coche?

-          FR- 2992- SR- Le respondió Isabel sin apartarse de los ojos almendrados.

-          ¿Qué relación tiene con el número de mi habitación?

-          Que ambos son capicúa.

-          ¿De que color es mi ropa interior?

-          ¡¿Qué?!…¿Cómo quieres que sepa eso?

-          Te he pillado un par de veces mirándome el escote

-          ¡Miraba el colgante!- dijo señalándolo.

Sarah miró hacia abajo y luego sonrió de medio lado.

-          Una pena la verdad

Con ese comentario colgando en el aire, Sarah, finalmente rompió el contacto visual.

-          Bueno ¿Qué me dices? ¿Me ayudas y te ayudo? Ambas salimos ganando. Así, cuando ganemos, podrás localizar a tu amigo Rafa- de nuevo Sarah le estaba tendiendo la mano para cerrar el trato.

-          Te veo muy segura de ganar- dijo mientras estrechaba la mano de la chica por segunda vez en el día. El albornoz de Sarah se abrió sutilmente, pero ya se libraría Isabel de intentar mirar lo más mínimo.

-          Yo siempre gano ma chérie.

El apretón se prolongó durante unos segundos y acto seguido, Sarah se dejó caer en el sillón.

-          Bueno, será mejor que empecemos señorita de la memoria de elefante ¿Qué fue exactamente lo que te dijo Javier?

-          Cuando le pregunté qué edad tenían me contestó una cosa muy rara…Parecía un problema de matemáticas- comentó haciendo un mohín con la cara.

-          Interesante- dijo Sarah cogiendo papel y lápiz de la mesita de noche- Díctame.

-          Dijo…”El producto de las tres edades es 36 y la suma, el número del portal en el que vivo”- dijo intentando recordar cada palabra.

-          ¿Y en que portal vives? Porque con tanta persecución, acabamos en todos los portales menos en el tuyo.

-          En el 13

-          Esto está tirado.

Sarah garabateó algunas cosas en el papel y tras observarlo detenidamente unos instantes, miró a Isabel.

-          ¿No falta ningún dato?

-          No…

-          Piensa, algo se te tiene que haber olvidado, porque tengo dos resultados posibles.

Isabel recordó paso por paso la conversación con Javier, como apretaba su brazo, su mirada nerviosa y sus susurros precavidos.

Y recordó su último comentario.

-          Me dijo algo más…Pero es una tontería.

-          ¿El qué?

-          Me dijo que la mayor tocaba el piano.

Sarah sonrió y volteando el cuaderno, le enseñó a Isabel unos números escritos a lápiz.

-          Esta, es tu respuesta.

En el cuaderno ponía: 9,2,2

-          ¿Cómo sabes que esa es la respuesta?

-          Es una operación muy sencilla, ven- dijo dando un par de palmaditas al brazo del sillón en el que estaba sentada- Siéntate que te lo explico.

Isabel se acomodó como pudo en el brazo del sillón, y pasó su propio brazo por el respaldo del sillón para mantener el equilibrio y no caer sobre Sarah.

-          Mira, de todas las combinaciones de tres números posibles, cuyo producto es 36, sólo existen dos que a su vez tengan el mismo resultado al ser sumadas y que coincide con el número del portal de tu casa.

Isabel intentaba seguir las explicaciones que Sarah le indicaba con el lápiz sobre la hoja, pero su concentración estaba algo distraída con las vistas que tenía desde su elevada posición y que el pliegue del cuello del albornoz de Sarah no hacía nada por evitar.

-          Por lo tanto, existe una duda entre estas dos combinaciones: 9x2x2=36, 9+2+2=13 y por otro lado  6x6x1=36, 6+6+1=13. De lo que deducimos que sólo la primera combinación es posible ya que en la segunda existen dos hermanas mayores y el último dato era que la mayor tocaba el piano.

Sarah miró orgullosa a Isabel, que había despegado la mirada de su escote segundos antes de encontrarse de lleno con los ojos almendrados.

-          ¿Qué te parece?

-          Qué al final vas a tener algo en la cabeza a parte de pelo- intentó picarla Isabel.

-          Me refería al escote- preguntó Sarah maliciosa, provocando que Isabel se pusiese roja de nuevo- ¡Ah, no! Es verdad, estabas mirando esto ¿no?- dijo cogiendo el colgante y poniéndolo a la altura de la nariz de Isabel.

Isabel se levantó malhumorada del brazo del asiento y se paseó por la habitación, nerviosa, antes de volver a preguntarle:

-          ¿Y ahora qué?

-          No lo se, esto no tiene mucho sentido. Se supone que debía estar relacionada con las pistas que yo ya tenía, pero son dos piezas que no encajan en el mismo puzzle- Sarah se agarró el mentón pensativa- No entiendo la relación entre esos números y las imágenes

-          ¿Qué imágenes?

-          Espera un momento y te las enseño.

Sarah de un salto se puso en pie y empezó a rebuscar en una de las maletas. Isabel, miró el reloj distraída.

-          ¡Mierda! ¡Es tardísimo! Tengo que irme, mi madre debe estar preocupadísima.

Isabel recogió su maleta del suelo de forma apresurada.

-          Espera- la detuvo Sarah- Dame 5 minutos y te acercaré en coche. Esta ciudad es horrible para conseguir taxi.

Isabel la miró, entre sorprendida y agradecida.

-          Quítame esa cara de sorpresa, no soy tan mala persona como piensas.- Isabel le respondió con una sonrisa- Eso si, mientras me cambio, deberías darte un retoque…Ya me entiendes. No se tu madre, pero si la mía me viese así… uffff.

A final resultó que iba a tener razón y su aspecto era desastroso.

Tenía el pelo aún con polvo de la obra y algo de mezclilla pegada en la cara. Con una toalla mojada, se enjuagó la cara y se sacudió el pelo. Buscó una gomilla con la que agarrarse el pelo, pero sólo encontró un pequeño lazo de color rojo.

Se peinó con una cola alta y se hizo un nudo como pudo con el lazo. Salió del baño sacudiéndose el chaquetón para encontrarse a Sarah, perfectamente arreglada ya, con otros vaqueros y un jersey de cuello vuelto.

-          No estoy acostumbrada a esperar a las mujeres- le dijo con su ya más que habitual ceja levantada mientras se cruzaba de brazos y se apoyaba en la pared. Le dedicó una mirada de reconocimiento a Isabel que se sintió un poco intimidada.

-          Vamos.

Unos 20 minutos más tarde y tras una nueva carrera por la ciudad, Isabel estaba de nuevo frente a la puerta de su casa, en una situación que jamás imaginó: saliendo de un Mercedes deportivo conducido por una chica, que aunque le costara admitirlo, estaba muy buena.

-          Mañana nos vemos- le dijo Sarah desde el coche.

Isabel estaba tan cansada, que no prestó demasiada atención a la frase y se despidió de Sarah con prisas. Ni siquiera pensó en que mañana debían seguir con todo esto y que tendría que ir a buscar a Sarah a su hotel que estaba en la otra punta de la ciudad.

Subió los escalones de dos en dos y a penas respiró hasta que no cerró la puerta tras de sí.

-          ¿Se puede saber dónde estabas?- su madre apareció frente a ella con cara de enfado absoluto- No sólo te largas de casa a las 7 de la mañana y no a pareces hasta las…- consultó su reloj- ¡Madre mía son casi las 11!

Su madre la fulminó con la mirada.

-          Si no que encima me dejas con la palabra en la boca cuando me llamaste esta tarde. ¡Podías haber dicho que llegarías prácticamente al día siguiente… Isabel Martinez, espero que tengas una explicación razonable.

Su madre por fin se cayó y los oídos de Isabel tuvieron un respiro. Cuando su madre la llamaba por su nombre completo, las cosas estaban más feas de lo que se imaginaba.

Por un momento, su cerebro intentó buscar una excusa razonable, pero su cabeza empezó a dar vueltas. Después de tanta tensión y cansancio acumulados, el haber puesto los pies en su casa sana y salva, le había hecho bajar las defensas. Y de ninguna manera podía contarle a su madre la verdad, o tendría a la guardia civil, el ejercito de tierra y al FBI si era necesario, en su casa en menos de 5 minutos.

-          Mamá, en serio, estoy muy cansada. He tenido un día muy complicado y me encantaría irme a dormir.

Y realmente su cara debía ser la más pura expresión del agotamiento, porque su madre, cambió de repente la expresión de enfado por una de preocupación.

-          ¿Estás bien?

-          Si mamá…Solo algo cansada.

-          ¿Has comido algo?- preguntó con ese tonillo que suelen usar las madres cuando ya saben que la respuesta no les va a gustar- ¿Te preparo algo?

Isabel estuvo a punto de decirle que no, pero un ruido de su estómago le recordó que no había comido nada desde la palmera de chocolate.

Su madre desapareció en la cocina mientras Isabel se dejo caer, literalmente, sobre el sofá, dejando que el ya conocido zumbido de la televisión se colara en su mente relajándola de una forma extraña.

A punto estuvo de quedarse dormida si no es porque su madre apareció con un sándwich y una taza de cacao humeante.

-          Para que repongas fuerzas- le dijo.

Su madre tuvo la delicadeza de no preguntarle nada sobre lo que había pasado, dejó que Isabel devorase el sándwich mientras ella le contaba algunas de las extravagantes cosas que su abuela había hecho ese día o sobre los planes que su padre tenía para vacaciones de semana santa. Aunque sabía que su madre simplemente le estaba dando un margen y que al día siguiente la acribillaría a preguntas. Sin embargo, Isabel tenía el plan secreto de urdir una buena excusa durante la noche. Lo que ella no sabía es que en el momento que su cuerpo tocó las sábanas de la cama, un par de yunques que 500 kilos se posaron sobre sus párpados y ya no supo nada más hasta la mañana siguiente.

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Una Respuesta a El enigma del gran juego humano: Capitulo 2

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