Horas más tarde, despertó Isabel.
La luz del sol se colaba por la ventana de la habitación dándole de lleno en la cara. Se frotó los ojos e intentó recordar lentamente porque esa cama era más mullida que la suya y olía a Sarah… Al instante recordó donde se encontraba.
Se giró buscando el calor del cuerpo de Sarah al otro lado de la cama, pero para su sorpresa, descubrió que no había nadie.
Se incorporó en la cama y no descubrió señal alguna de la morena en la habitación.
Un poco mareada, se levantó y se dirigió al baño. Tras lavarse la cara, una idea brillante cruzó su mente. Y es que la bañera la estaba llamando a gritos.
Sin pensarlo dos veces, se desnudó y se metió en la ducha. El agua caliente reconfortó su piel y le fue despejando las ideas. Busco el bote de champú y sonrió al reconocer en él, el aroma del cabello de Sarah.
Se enjabono con rapidez y dejó que el agua cayera por su espalda y repusiese sus entumecidos músculos.
¿Dónde podía estar Sarah? ¿Habría bajado a desayunar? Tendría que esperarla en la habitación hasta que regresara.
Sacó la mano por entre las cortinas de la ducha y alcanzó una toalla blanca, típica de hotel que colgaba de un saliente de la pared.
Se la enrolló alrededor del cuerpo y pudo sentir la suavidad de la misma. Salió pisando la alfombrilla cercana a la ducha, dejando un pequeño charco en el proceso. Se sentía extrañamente feliz, por el simple hecho de haber dormido con Sarah.
Lo que no sabía era que la felicidad le iba a durar poco.
Al girarse para ver su reflejo, lo primero que constató es que debido al vapor del agua caliente, el espejo estaba completamente empañado y lo segundo que vio y que fue lo que definitivamente la asustó, es que había algo escrito en el espejo.
El vapor de agua había empañado todo el espejo, excepto la zona donde alguien había escrito algo con el dedo. Y no era sólo el pentagrama que Sarah había dibujado la noche anterior. Había algo más, escrito con letras grandes y claras.
“ADIÓS, EL JUEGO HA TERMINADO”
En ese momento, Isabel descubrió que ya no llevaba el colgante en el cuello.
Minutos después, Isabel bajaba las escaleras del hotel a toda velocidad, con el pelo aún mojado y la bufanda puesta de cualquier forma.
- Perdone- llamó al recepcionista- ¿La señorita Matsuya ha salido?
El hombre pareció pensarlo unos instantes.
- Se fue esta mañana temprano.
- ¿Y no ha dejado ningún mensaje?
- No, no ha dejado nada para nadie. Pagó su habitación y dijo que había alguien durmiendo arriba y que por favor, la despertásemos antes de las 10.
- Ya no será necesario, muchas gracias.
Isabel salió del hotel con la cabeza dándole mil vueltas.
Sarah se había largado sin darle una sola explicación y con su colgante ¿Qué pretendía?
Intentó centrarse en lo más importante que era encontrar a Sarah. Pensó en multitud de sitios a los que había podido ir, pero ninguno le convencía. ¿Y si se había ido al ensayo? Pero seguía sin entender porque se había marchado tan repentinamente.
Primero Rafa y ahora ella ¿A qué estaban jugando?
Sin saber muy bien por qué, Isabel cogió el primer autobús que pasó y casi inconscientemente, se dirigió al único sitio al aire libre al que le gustaba ir a pensar.
Sólo cuando estuvo de nuevo frente al monumento a Bécquer, fue consciente de que lo había hecho sin pensar.
Se sentó en uno de los bancos interiores y fijó su mirada en el ángel con el puñal clavado en el costado… Así se sentía ella en esos instantes. Apuñalada y derrotada.
¿Por qué Sarah había sido tan cruel de marcharse así como así? ¿Es que acaso ese era su plan? ¿Engatusarla para que la ayudase con el juego y luego largarse?
A lo mejor había resuelto el último acertijo y ya no la necesitaba más.
Isabel pateó con furia el suelo, sintiendo como las lágrimas quemaban en sus ojos. Otra vez se había dejado engañar como una tonta por una cara bonita y palabras dulces… ¿Por qué tenía que ser tan enamoradiza? Pero claro… ¡Ella no estaba enamorada de Sarah! Sólo había sido una sensación provocada por la personalidad arrolladora de la violinista, nada más. Podía olvidarla cuando quisiera.
Sabía que era una gran mentira y aquello le dolía más todavía.
- Chiquilla ¿Qué te pasa? Que estas completamente mustia.
Una voz muy cerca de ella la hizo levantar la vista del suelo. Sentada en el banco, junto a ella, había una mujer gitana con el pelo recogido en un impoluto moño. Llevaba unas cuantas ramitas de romero en la mano derecha y miraba a Isabel con sus profundos ojos negros.
- ¿Qué tienes mal de amores?- habló con su acento calé- ¡Ay niña! Deja que te lea el porvenir y vemos que te depara el futuro.
- No muchas gracias, no me interesa.
- ¿Cómo que no? Anda y no me seas saboría, deja que lea las líneas de tu mano.
- De verdad que no, no me pasa nada y además no llevo dinero encima.
- La gente que viene a sentarse aquí no es por nada… A demás, no voy a cobrarte. Estás demasiado triste porque tu chica se ha marchado.
Isabel la miró con los ojos abiertos cómo platos.
- ¿Cómo sabe…?- podía haber acertado de casualidad que estaba mal por que la habían dejado, pero no podía saber que había sido una chica.
- Lo sabía, mal de amores… Anda “miarma”, dame la mano y te diré tu porvenir.
Isabel estiró su mano, que la mujer cogió con experiencia y con la yema de su dedo índice, completamente encallado por el paso de los años, recorrió con suavidad las líneas de su mano izquierda.
- Veo mucho dolor y decepción por la partida de alguien y no hace mucho de eso…¡Ay “pobresita”! Pero esa morena de ojos rasgados no es tan mala como piensas.
Isabel se tensó por completo al oír aquello… O aquella mujer era muy buena en lo suyo o realmente estaba metida en toda esta historia.
- Ella recibió un mensaje en mitad de la noche y tuvo que tomar una decisión… Ella también está sufriendo.
- ¿Pero porqué se ha ido?
- “De París quitando el par, y del nombre del tercer hombre, es el mismo nombre de la persona que sufrirá”
- ¿Qué?
- Esa es el mensaje que tu amiga recibió. Tuvo que elegir. Ahora date prisa porque somos sesenta mellizos en torno a nuestra madre, tenemos sesenta hijitos y toitos son iguales. Y recuerda… Son tres madres.
La mujer se despidió de ella dándole una ramita de romero. Isabel se quedó completamente confundida en aquel banco. Había reconocido la última frase de la mujer como uno de los acertijos que su abuela solía contarle cuando era pequeña.
Los sesenta mellizos en torno a la madre, son los minutos y los sesenta hijitos, eran los segundos…. Si le había dicho que tenía tres madres, quería decir que sólo tenía tres horas.
Pero ¿Para qué?
Se levantó del banco vagando sin rumbo. Salió del parque dándole vueltas al otro acertijo que la mujer le había dicho: “De París quitando el par, y del nombre del tercer hombre, es el mismo nombre de la persona que sufrirá”.
Su estómago rugió y en ese momento recordó que no había comido nada desde ayer. Buscó alguna tienda en mitad de los numerosos bares y edificios que rodeaban a la zona. Necesitaba comer algo, con el estómago lleno se pensaba mejor.
Anduvo calle abajo, intentando llegar a los comerciales sin dejar de pensar en el enigma…”De París quita el par”… Supuso que se refería a quitar las tres primeras letras de la palabra, de manera que se quedaría únicamente con el “is”.
La segunda parte era un poco más confusa: “del nombre del tercer hombre, es el mismo nombre de la persona que sufrirá”….¿Quién era el tercer hombre? Pasó por delante de una librería y no pudo evitar, el recordar lo que había pasado con la guía telefónica el día anterior. Miró el escaparate y le pareció que todo le recordaba a Sarah y a sus comentarios.
Había un ejemplar del kamasutra y de la Biblia y eso le recordó la conversación que habían tenido en el coche…Un momento ¿La Biblia?
Isabel localizó una pastelería no muy lejos de allí y se encaminó con la esperanza de encontrar algo de chocolate. La Biblia seguía dando vueltas en su cabeza. Algo le decía que aquello tenía que tener relación con lo de “el nombre del tercer hombre”.
Si había un tercer hombre, tenía por fuerza que haber un segundo y un primero que lo precediera…¿Y quién era el primer hombre?
Según la Biblia fue Adán, pero no recordaba los nombres de los hijos de Adán, que supuestamente fueron el segundo y el tercer hombre…
Entró en la pastelería y el sonido de una campanita sobre la puerta indicó que alguien acababa de entrar. Una voz desde la trastienda le indicó que esperara.
Isabel se relamía mirando todo lo que tenían expuesto tras la cristalera del mostrador.
Seguía pensando en los dichosos nombres. Sabía que un compañero de clase tenía uno de los nombres y que sonaba a algo muy bíblico… Algo del estilo de Moisés, Jesús…
…O Abel.
Por fin su cerebro había hecho conexión. Los hijos de Adán eran Caín y Abel y si no recordaba mal de la catequesis, Abel era el tercer hijo.
¿Entonces con que la dejaba eso?
Tenía el nombre “Abel” y la palabra “is” y según el acertijo, juntos formarían el nombre de la persona que sufrirá…. De pronto comenzó a sentir un sudor frío al comprender el significado del mensaje.
Ambas palabras juntas y ordenadas formaban su propio nombre: Isabel.
Y en ese momento, todo cobró sentido con una claridad absoluta y sin saber cómo, comprendió todo lo que había pasado mientras dormía.
Sarah había recibido un mensaje en el que la amenazaban de que harían daño a Isabel si no entregaba los colgantes con todas las piezas triangulares conseguidas. Y sólo pudo pensar en una persona, que se sintiese lo suficientemente ofendida y reclamase las piezas ganadas como propias….Bernard.
Isabel comprendió que Sarah estaba a punto de entregarle los colgantes a Bernard a cambio de su propia seguridad.
Sintió una extraña y reconfortante sensación al saber que Sarah no la había engañado, pero rápidamente fue sustituida por una sensación de pánico.
Tenía que darse prisa y evitar que se produjese el intercambio.
Miró su reloj y comprobó que eran las doce ya pasadas….Sabía que tenía tres horas cómo le había dicho la gitana, antes de que se produjese el encuentro. Isabel calculó, que por la hora, debía tener pensado darle los colgantes antes de que empezara la obra de esa tarde en el teatro.
Debía darse prisa si quería encontrar a Sarah antes que Bernard.
- ¿Qué desea?
La voz de la dependienta la devolvió a la realidad. La miró confundida unos segundos antes de disculparse y correr hacia la puerta.
Lo que Isabel no sabía es que recordaría esa pastelería por el resto de su vida, ya que al abrir la puerta, la campanilla que estaba colgando del techo, volvió a sonar haciendo que la bombilla en la cabeza de Isabel brillase con potencia.
Y en ese momento entendió le mensaje de la caja: “La habrás oído tocar…Piensa, medita, recuerda, ¿qué instrumento musical no tiene más que una cuerda?”

La maldita campana se agitaba alegremente, tintineando sobre su cabeza…Gracias a la única cuerda que tiene en su interior que sujeta la bolita que la hace sonar.
Acababa de encontrar el único instrumento musical de una sola cuerda y no pudo evitar pensar que había alguien muy cercana a ella con ese mismo símbolo tatuado en una muñeca.
Tenía el mal presentimiento de que si no encontraba a Sarah pronto, algo malo iba a pasarle.
Decidió actuar con rapidez, pero lo primero era lo primero. La vuelta a su casa fue una carrera a contrarreloj. La primera parte la hizo en autobús, pero cuando apenas quedaban unas manzanas para llegar a su barrio, bajó del autobús e hizo el resto del camino andando.
Llegó prácticamente desfallecida a su casa y con un calor abrasador. Su madre se sorprendió de verla tan temprano de vuelta en casa.
- ¿No tenías clase?
- Las últimas horas no…Cómo este domingo empieza el puente, los profesores han cortado prácticamente las clases. Hemos entregado el trabajo y poco más.
Isabel se iba cambiando de ropa mientras le contaba prácticamente a gritos a su madre, toda la historia inventada. Isabel se sintió mal por la facilidad que estaba desarrollando para mentir, pero pensó que ya tendría tiempo de regañarse por ello.
- ¿Dormiste bien?- le preguntó su madre
- Muy bien- dijo Isabel con una sonrisita tonta al recordar a Sarah abrazada a ella.
- Se me hizo raro que no estuvieses aquí anoche- comentó su madre.
Isabel se acercó con los botines en la mano y le dio un beso su madre en la mejilla.
- Pero siempre volveré- dijo abrazándola.
- Si, pero es por las croquetas – comentó su madre en broma. Ambas rieron- ¿Te vas otra vez?
- Ummm…si- Isabel empezó a temer que su madre le dijese algo por ello- Pero es que Sarah se va dentro de poco y quiero aprovechar el poco tiempo que nos queda- Fue lo primero que se le pasó por la cabeza.
- Es una chica encantadora ¿verdad?- Isabel sólo asintió mientras se abrochaba los botines- ¿Te gusta?- preguntó de pronto su madre.
- ¿Qué?- no sabía si había oído correctamente.
- Que si te gusta.
Isabel miró a su madre sorprendida ¿Qué sabía ella? Intentó contestar, pero sólo consiguió balbucear un par de cosas inconexas.
- Bu…bueno…Si…Es…simpática y…Y eso.
- Isabel, sabes a lo que me refiero- dijo su madre dedicándole una cálida sonrisa.
Isabel abrió la boca dispuesta a contarle algo a su madre, pero automáticamente la cerró.
- Cariño- dijo su madre- Por si no te has dado cuenta, soy tu madre. Y tengo ojos. Yo sólo quiero que seas feliz, así que…Cuándo estés preparada para contárselo a la carca de tu madre, te estará esperando encantada.
Isabel se sintió muy emocionada. Asintió mudamente mientras su madre apretaba sutilmente su mano.
- De acuerdo, será mejor que prepare unos bocadillos para ti y para Sarah, porque algo me dice que no vuelves a comer.
Isabel quedó gratamente sorprendida con la actitud de su madre. Le había demostrado muchas cosas.
Pero una alarma sonó de nuevo en su cabeza… No tenía tiempo. Era hora de poner en marcha la segunda parte del plan.
Volcó su mochila sobre la mesa del salón y rebuscó entre todos los papeles que cayeron, hasta encontrar el que estaba buscando.
Marcó los números que habían garabateado en él y esperó los tonos. Una voz juvenil sonó al otro lado:
- ¿Diga?
- ¿Carmen?
- Si, ¿Quién es?
- Soy Isabel, la de las preguntas raras del teatro.
- ¡Hola! Me alegro de que me hayas llamado.
- Lamento no haberlo hecho antes, pero…En fin, llevo unos días que son una absoluta locura.
- ¿Por qué no me sorprende?- Carmen parecía realmente comprensiva.
- Se que te va a sonar fatal, pero necesito pedirte un favor.
- Por verte de nuevo, lo que sea- Isabel se ruborizó con la respuesta. Al menos Carmen no parecía enfadad por ello.
- ¿Qué necesitas? ¿Necesito hacer una lista larga o con un trocito de papel tengo bastante para apuntar?- bromeó.
- No, no. Es sólo una cosa, pero no se si podrás ayudarme – Sabía que lo que iba a pedir era complicado, pero tenía que intentarlo- Verás, necesito que…
Carmen desde su casa, asentía ligeramente con la cabeza. Sabía que sería complicado, pero si movía los hilos adecuados podría obtener lo que Isabel le estaba pidiendo en poco tiempo.
A las 14,30 de la tarde, Isabel estaba en la puerta del teatro, con su habitual mochila y mirando insistentemente el reloj. Se había puesto una chaqueta arreglada, tal y como Carmen le había dicho y llevaba el pelo recogido. Si Carmen no se daba prisa, podía ser demasiado tarde. De pronto, la vio subir las escaleras del teatro a toda velocidad.
- Siento la tardanza, he tenido algunos problemillas.
- ¿Lo has conseguido?- preguntó Isabel ansiosa.
Carmen sacó triunfal una tarjeta del bolsillo.
- Aquí está tu pase…Por cierto, estas muy guapa.
- Gracias- respondió Isabel tímidamente.
- Lo único que tienes que hacer, es enseñársela al guarda de la puerta y decirle que eres del cuerpo de baile. Que vienes a sustituir a Sandra esta tarde.
- ¿Nada más?
- Nada más… Ah bueno, si- dijo acercándose a ella- Me debes un café- comentó sugerente.
- Prometo recompensártelo, de verdad. Te invitaré a un café y te explicaré todo esto con detalle. Así podrás reconocer finalmente lo rara que soy.
- De acuerdo- rió Carmen- Mucha suerte con tu chica- dijo guiñándole un ojo y echando a correr como la primera vez que se vieron.
¿Pero qué pasaba con ella? ¡Tan evidente era lo que pasaba!
La entrada al teatro no le dio problemas, el guarda comprobó su pase y la dejó entrar sin más preguntas.
La parte baja del edificio, que era donde estaban los camerinos, era bastante más enrevesada de lo que parecía. Había diversas salas y un enorme escenario en la parte de atrás del que daba al público, para los ensayos.
Toda la gente corría de un lado para otro, con trajes e instrumentos en las manos.
Isabel se asomó al foso donde se sentaban los músicos, pero no encontró ni rastro de Sarah.
Al primero que vio pasar con un violín en las manos, lo paró en seco.
- ¿Has visto a Sarah? ¿Sarah Matsuya?
- Está en los camerinos del fondo hablando con alguien- dijo apurado el chico y corriendo hacia el foso.
Isabel hizo lo mismo que el chico, pero en sentido contrario. No le llevó demasiado tiempo encontrar los camerinos. Sólo tuvo que seguir en dirección contraria el reguero de bailarines, violines y demás instrumentos que corrían por el pasillo.
Le pareció ver a Sarah al final del todo, cerca de la puerta del último camerino. Llevaba su violín en la mano y en la otra una pequeña bolsa.
Isabel aceleró el paso y cuando estuvo a su altura, le pegó un tirón del brazo, bastante parecido a los que Sarah le pegaba a ella de su chaquetón. La chica se giró sorprendida dispuesta a pegarle un chillido a quien fuese que la estaba arrastrando por el pasillo, pero al ver a Isabel, no pudo más que abrir los ojos desmesuradamente. Para cuando Sarah se dio cuenta, Isabel la había metido en uno de los pequeños camerinos, cerrado la puerta tras de sí y la había empujado contra la pared.
- ¿Qué haces tú aquí?- le gritó.
- Se lo que vas a hacer y no pienso consentir que la cagues en el último momento. Ese creído de Bernard no va a ponerme una mano encima y desde luego no va a conseguir separarnos.- Sarah la miraba sin comprender- Vamos a ganar este juego y vamos a ganarlo juntas
La última palabra murió a escasos centímetros de la boca de la morena y lo siguiente que Isabel notó fue la mano de Sarah en su nuca que la atrajo hacía sí, borrando la escasa distancia que las separaba y capturando su boca con un quejido de sorpresa.
Para Isabel, en esos instantes todo giraba y carecía de control, cuando el aroma de Sarah la inundó por completo mareando sus sentidos. La empujó aún mas contra la pared, llevada por la emoción y el nerviosismo del momento, notando como todo su cuerpo se tensaba y se pegaba al de Sarah, dejando caer su boca abierta en la suya, enroscándose de nuevo con aquella lengua húmeda y tibia, que lo volvía todo borroso, mientras los labios de Sarah besan, lamen y muerden, chocando y esquivando los de Isabel…Torpes y exigentes y llenos de algo que arde en sus venas y la hace actuar de forma instintiva.
Y cuando la necesidad de aire se hace terriblemente presente, Isabel puede sentir como sus labios se separan de ese beso caliente y flexible, que estalla con un sonido elástico cuando se rompe y que les deja unas cosquillas suaves en los labios y las piernas.
Ambas recuperan el aliento apoyadas frente con frente. La respiración agitada de Isabel mueve el flequillo de Sarah demasiado largo, y su estómago da volteretas cuando Sarah la mira con sus ojos almendrados, oscuros y turbios en los que se está librando una batalla que no habla de vencedores y vencidos, sino de furia, pasión y victoria. Sarah agarra la pequeña carita morena de Isabel con ambas manos y le susurra como si de un secreto se tratase:
- Creí que me odiarías.
- Nunca podría odiarte,
Y no necesitan decirse mucho más para saber que toda va bien y que vuelven a ser un equipo. Sarah saca los colgantes de su bolsillo y se lo pone a Isabel rozando toda piel de su cuello en el proceso.
Con la emoción del momento, y los múltiples besos de Sarah antes de escaparse hacia el foso con el resto de los músicos, Isabel había olvidado por completo el principal motivo por el que había corrido hasta allí. Y cuando el concierto comienza, recuerda que el problema de la campana está aún presente y que no sabe si será capaz de aguantar la hora y media que dura la obra sin que le de un ataque de nervios.
La representación se lleva a cabo sin ningún contratiempo e Isabel hubiese preferido estar más tranquila para poder disfrutar de la música y de la imagen de Sarah tocando su violín.
Al finalizar el acto, aquello vuelve a convertirse en un barullo de gente que corre a abrazarse por el éxito de la obra, y de grupos de personas brindando con champán.
Cuando Isabel consigue localizar a Sarah, que se acerca corriendo a ella y la abraza, siente que el mundo vuelve a estar en equilibrio.
- Sarah, tenemos que irnos de aquí
- ¿Por qué?- dice Sarah cogiendo dos copas de champán que le ofrecen en ese instante – ¡Disfruta del momento!- dice tendiéndole una copa.
Isabel decidió no despreciarle el gesto a la chica y tomando la copa, ambas bebieron celebrando el momento.
- Hay mucho que celebrar- le susurra cerca del oído a Isabel que está apunto de olvidarse de nuevo del peligro que corre.
- Sarah, escúchame- dijo poniéndose seria- He resuelto el último enigma y corres peligro…Es la campana. El único instrumento de una sola cuerda es la campana… ¡Cómo la de tu tatuaje!
Sarah empezaba a poner muy mala cara.
- Tranquila- dijo Isabel que empezaba a asustarse por la expresión de Sarah- No dejaré que te pase nada.
- No, es eso- dijo llevándose una mano a la cabeza- Es que estoy empezando a marearme.
Isabel miró la copa extrañada. Tanto no había bebido como para eso y de todas formas, ella también empezaba a sentirse algo mareada.
Acompañó a Sarah hacía uno de los camerinos y a medida que avanzaban, sus piernas pesaban cada vez más y los párpados se le cerraban inevitablemente. Nunca supo si llegaron a entrar porque tras el sonido de su copa de champán al romperse contra el suelo, lo último que vio, fueron los horribles botines de Javier acercándose hacia ellas.
Lo único que pudo pensar es que era demasiado tarde para plantearse si había un somnífero en la bebida.
No supo con certeza la cantidad de tiempo que había pasado, pero se despertó con la boca pastosa y un terrible dolor de cabeza.
Miró a su alrededor y respiró aliviada al descubrir que Sarah estaba a su lado.
- Despierta- le susurró débilmente.
La morena tardó un rato en abrir definitivamente los ojos y centrar su mirada.
- ¿Dónde estamos?
Desde luego que la habitación era bastante peculiar. No tenía ventanas, ni puertas y frente a ellas lo único que había era un enorme espejo que reflejaba un reloj digital que había en la pared de enfrente. Isabel se acercó a indagar, aún mareada por los efectos de la droga, sobre el espejo.
En él, había una especie de puerta, pero no tenía ni pomo, ni hendidura para abrirla. Isabel empujó con fuerza intentando abrirla hacia el otro lado, pero fue imposible.
La única pista que tenían, era una frase escrita sobre la supuesta puerta: “Átale, demoníaco Caín, o me delata”
- Un palíndromo- dijo Sarah- Se puede leer igual en las dos direcciones.
Isabel observó la frase y comprobó que tenía razón.
- ¿Cuánto tiempo llevaremos aquí?
- No lo se…El reloj dice que son las…OSO- dijo Isabel bromeando mirando el reflejo del reloj en el espejo.
- ¿Qué?
- Son las 0:20, pero reflejado en el espejo, parece que pone OSO. Aunque dudo mucho que esa sea la hora real.
Sarah miró alternativamente al reloj digital y al espejo y una idea cruzó su mente:
- Un palíndromo
- ¿Qué quieres decir?
- Eso es lo que significa la frase del espejo. Cuando los números del reloj puedan leerse igualmente en el espejo, será porque el número es cómo un palíndromo. Es capicúa, se puede leer igual en las dos direcciones: en la realidad y en el espejo- dijo Sarah aclarándolo.
- Eso quiere decir que la próxima hora capicúa será…- Isabel intentó calcularlo mentalmente, pero Sarah sacó el lápiz labial que solía llevar consigo y empezó a garabatear números en la superficie del espejo.
- Vamos a ver, la primera hora capicúa son las 00:00… Si ahora son las 00:20, la próxima tiene que ser… La 01:10. Hasta esa hora, la puerta no se abrirá.
- ¿Tendremos que esperar 50 minutos?
- Eso parece, así que ponte cómoda.
Estuvieron casi 15 minutos en absoluto silencio.
Para Isabel las cosas habían ido demasiado rápido. En apenas un par de días había perdido a su amigo, se había metido en un juego de locos, ganado una nueva amiga y una novia.
Un momento… ¿Novia? Miró a Sarah de reojo y la vio echada en la pared, con los ojos cerrados. ¿Ahora que iba a pasar?
- Sarah- la aludida abrió los ojos y miró a Isabel- ¿Volverás a Francia?
- No me queda otro remedio- dijo amargamente- Tengo un contrato que cumplir…Pero pienso volver.
- Eso espero.
- Tenlo por seguro- dijo depositando un beso en su mejilla- Ahora mismo, eres lo más importante en mi vida- Isabel se emocionó con esas palabras- Y por eso quiero ser sincera contigo. Voy a contarte por qué me metí en todo este juego.
Isabel se preparó para lo que fuera que Sarah estuviese apunto de contarle.
- Soy adoptada- la revelación cogió por sorpresa a Isabel- hasta los 6 años estuve en un orfanato en Japón. La mujer que me adoptó y que se hace llamar mi madre, no responde a su título. A veces me pregunto para que demonios adoptó una niña. Quizás quería hacer la buena acción de su vida, o a lo mejor, estaba de moda entre las snobs de sus amigas el salvar pobres niños huérfanos .Y de cuanto más lejos vinieran, mejor. Así que mi querida mamá, – continuó con tono irónico – me sacó de aquel lugar horrible en el que había vivido hasta entonces y me metió en otro peor aún.
Isabel escuchaba con tristeza la historia de Sarah. Nadie habría imaginado que alguien con tanto prestigio, pudiese haber tenido una infancia tan terrible.
- Me metió en aquel insufrible internado y se olvidó por completo de mí. Quizás pensaba que lo único que necesitaba para criar a una hija era pagar sus facturas…Aunque claro, también hizo algo bueno por mí. Me apuntó al conservatorio de música. Si no fuera por ella, jamás habría descubierto mi talento- dijo mirándose las manos- Y durante años, practiqué para llegar a ser la mejor y cuando alcancé el éxito, me cambié el apellido por el que tenía en el orfanato, renunciando al de mi madre…Eso no me lo perdonó jamás. Nunca vino a ninguno de mis conciertos- añadió con tristeza-
- Lo siento- dijo Isabel acariciando su mano- Lo siento mucho.
- Ya eso no importa. No se puede echar de menos algo que nunca has tenido. Por eso me obsesioné con la idea de encontrar a mis padres biológicos, que quizás no me quisieran, después de todo me dejaron en adopción… Aunque siempre he tenido la esperanza de que tuvieran que hacerlo porque no les quedaba más remedio, pero que en el fondo, me querían de verdad. Cuando me ofrecieron entrar en el juego, me aseguraron que podían darme el paradero de mis padres biológicos. Yo había removido cielo y tierra buscándoles y al principio no les creí, pero después me dieron una foto de cuando yo era pequeña y me aseguraron que era de las pertenencias de mis padres y que podría volver a encontrarlos.- Isabel recordó la foto de la niña oriental en el columpio.
- No te preocupes…Porque vamos a ganar este juego.
- No, no lo entiendes- dijo Sarah- Todo eso era antes de conocerte.- La respuesta desconcertó a Isabel- Estaba obsesionada con buscar el cariño que nunca tuve, pensando que sólo mis padres podrían dármelo. Me crié en un mundo de frivolidades, donde la gente te trata bien por tu dinero. Creo que nunca tuve un amigo de verdad…Hasta que te conocí. En estos tres días me has dado más que todos ellos en 19 años… ¡Incluso me has aguantado más que ellos!- comentó divertida-He disfrutado a tu lado, he sentido por primera vez lo que era confiar en alguien, tener una amiga de verdad, sentirse querida… Y todo te lo debo a ti.
Isabel la miró sin parpadear, luchando por no llorar.
- ¡Te estoy diciendo que me importa ya una mierda el juego!… Que no necesito otra cosa que no seas tú.
Isabel se abrazó a ella llorando.
- Por eso, cuando ganemos este juego- le susurró a Isabel mientras acariciaba su pelo- Lo único que vamos a pedir es que nos devuelvan a tu amigo y que nos dejen en paz de una vez por todas, para que pueda raptarte en la habitación de mi hotel y no soltarte nunca más.
Isabel sonrió contra su cuello. No estaba del todo de acuerdo con la decisión de Sarah, pero sabía que aún tenía que encontrar a Rafa.
El resto de tiempo que les quedaba, lo pasaron abrazadas, compartiendo el sonido de sus respiraciones.
Cuando el reloj marcaba las 01:09 se pusieron frente a la puerta, empujando el espejo con ambas manos.
- ¿Preparada?- preguntó Sarah
- Por su puesto.
Y cuando las dos empujaron el espejo en el momento que el reloj cambiaba a las 01:10, la puerta se abrió sin dificultad, provocando que ambas cayeran al interior de la habitación contigua, con un fuerte golpe.
La primera en ponerse en pie fue Sarah que ayudó a Isabel a levantarse. Pero cuando miraron a su alrededor, no entendieron nada de lo que estaban viendo.
Se trataba de una habitación que tampoco tenía ventanas. Lo único que destacaba en ella era una enorme mesa, dispuesta para unos 30 comensales. Sobre la mesa había multitud de cubiertos, platos, tazas y demás enseres de cocina, pero lo extraño, es que todo era del mismo color oscuro.
En conjunto, toda la habitación estaba sumergida en el color monocromático y oscurecido que forraba las paredes, se extendía por la moqueta del suelo, el mantel y los enseres que había sobre ella. Lo único que destacaba en color, eran las sillas dispuestas a lo largo de la mesa, que eran de un brillante color blanco nacarado.
- ¿Queréis tomar algo?
Una voz, alertó a las dos chicas que miraron con sorpresa hacía el fondo de la mesa, donde lo que parecía ser una señora mayor, completamente vestida de rojo, estaba sentada en la silla que presidía la mesa.
- ¿Queréis tomar algo? Tengo café, té, zumos, leche ¿Qué queréis?
- Eh…No gracias señora, no queremos nada- dijo Isabel no muy convencida de que iba todo eso.
- También tengo pastas, dulces, bocadillos ¿Qué queréis?
- Señora de verdad que no…
- ¿Qué queréis? Porque puedo prepararos cualquier cosa…. Tengo de todo- la cortó la señora, hablando cada vez más alto.
- ¿Pero de que va esta tía?- le preguntó a Sarah
- Podéis sentaros donde queráis ¿Qué queréis que os prepare?- volvió a insistir la mujer, más alto y más deprisa- Tengo pastas, dulces, bocadillos, ¿Qué queréis?
- Para mi que se ha rayado- dijo Sarah avanzando hacía la señora que no paraba de decir cosas sin sentido y sin escuchar nada de lo que decían.
Cuando llegaron a la altura de la mujer, comprobaron que se trataba de una especie de muñeco motorizado. Parecía uno de esos muñecos de ventriloquia, con la boca en forma de pestaña, que se movía sin parar, emitiendo cada vez sonidos más fuertes y rápidos.
- ¡Con esta vieja pegando berridos no pudo pensar!- dijo Sarah tapándose los oídos.
Isabel miró a su alrededor, intentando pensar algo coherente, pero el sonido se sobreponía a cualquiera de sus pensamientos. Aquel escenario no tenía ningún sentido… ¿Qué se suponía que tenían que hacer allí?
Miró todo lo que había sobre la mesa. No había más que objetos. Nada de comida ni pistas a tener en cuenta. Lo único que llamaba su atención en aquella locura, era la multitud de sillitas blancas que había alrededor de la mesa, demasiado pequeñas para servir como asientos en una mesa tan alta. Parecían sillas de niños de guardería. Y a pesar de que eran ridículamente absurdas, había muchas alrededor de la mesa. Para ser más exactos, había 32 sillitas blancas…
De pronto, algo resonó en el fondo de la memoria de Isabel ¿Dónde había oído eso de las 32 sillitas blancas?
Intentó concentrarse, pero el muñeco de la anciana, gritaba cada vez más alto y con tal rapidez que las palabras eran prácticamente inconexas.
- ¡Joder con la abuela!- gritó Sarah sobre el ruido- O se calla pronto o le quito las ganas de hablar de una patada.
Sin saberlo, Sarah, había dado con la clave del enigma…Su abuela.
Isabel recordó en esos instantes la última adivinanza que su abuela le había dicho, hacía apenas tres días: “treinta y dos sillitas blancas en un viejo comedor, y una vieja parlanchina que las pisa sin temor”
- ¡Es su boca! – le gritó a Sarah- ¡Tenemos que abrirle la boca!
Sarah no se lo pensó dos veces. Deseando acabar con aquel suplicio de una vez por todas, agarró la pestaña que formaba la boca y no dejaba de moverse, y metió los dedos en ella. Acto seguido tiró hacia fuera del extremo de algo que halló en el interior de la boca.
Al instante, se escuchó un sonido parecido al de un disco al rayarse y Sarah, sacó más de dos metros de lengua de la boca del muñeco de un solo tirón.
- Que alivio…
Atada a la lengua había dos cosas: una llave y una bolsita con las dos últimas piezas triangulares.
Isabel desató la llave mientras Sarah hacía lo propio con las piezas triangulares. Buscó con la mirada en la habitación, algo en lo que usar la famosa llave. Encontró una puerta camuflada con el forro de la pared, al final de la habitación.
- Tenemos que entrar por allí- dijo Isabel señalando la puerta.
- Si, pero antes…- Sarah se acercó a ella por detrás y le metió el colgante por la cabeza. Cuando la pieza tocó su pecho, Isabel descubrió que Sarah había unido las dos mitades y el colgante era ya, perfectamente circular.
Isabel fue a quejarse, pero Sarah la acalló con un corto beso en los labios.
- Somos un equipo ¿Recuerdas? Juntas hasta el final. Ahora entremos ahí y les patearemos el culo.- Isabel sonrió con el comentario.
- Juntas- dijo tomado la mano de Sarah y dándole la llave, indicándole silenciosamente que abriese ella.
Metió la llave en la cerradura y ambas se prepararon para el paso final. Aunque nunca imaginaron que aquello fuese a acabar de aquella forma.
La habitación que apareció al otro lado no tenía nada que ver con las dos anteriores: era luminosa y bastante amplia. Podían verse dos grandes ventanales a ambos lados de la sala proyectando toda la luz sobre los dos únicos objetos de toda la habitación.
Una mesa y un jarrón de porcelana sobre ella.
Cuando estaban a punto de acercarse a la mesa para mirar que había dentro del jarrón, una voz las retuvo.
- Bienvenidas, pero os agradecería que no tocarais nada antes de tiempo- era la voz distorsionada de una mujer que provenía de algún altavoz oculto en la habitación – Habéis llegado a la casilla final, os doy la enhorabuena.
- Dinos que tenemos que hacer y acabemos cuanto antes.- exigió Sarah
- Me parece correcto- dijo de nuevo la voz- Pero primero tendréis que contestarme un par de sencillas preguntas.
- Dispara- dijo Isabel.
- Esta última prueba sólo podrá realizarla una de las dos. Se acabó el trabajo en equipo. La que lo haga, tendrá una sola oportunidad. Si acierta ganará y podrá hacer la petición que desee. Pero si la respuesta es incorrecta, las dos perdéis. La pregunta es ¿Cuál de las dos será la que finalmente se lleve el premio a casa?
Isabel miró a Sarah, dándole una última oportunidad de cambiar de idea. Sarah le sonrió con ánimo y le dijo:
- Confío en ti… Seguimos siendo un equipo. Demuestra lo que vales.
Isabel se sintió orgullosa y tremendamente segura de sí misma. Agarró el colgante circular que colgaba de su cuello y se lo sacó, depositándolo sobre la mesa.
- Estoy preparada.
- Me habéis sorprendido enormemente… Las otras parejas pelearon por conseguir ese puesto- contestó la voz- Algunos llegaron a agredirse. ¿Tu compañera no quiere nada?
- Hemos llegado a un equilibrio- Aquello sonó raro, porque Isabel dijo equilibrio y no acuerdo.
- Habéis encajado a la perfección, como las dos partes del colgante- recapacitó la voz- De acuerdo, tú harás la prueba final.
- Pero primero, quiero que me des garantías de que vas a cumplir lo que voy a pedirte.
- De acuerdo ¿Qué es lo que quieres?
- Quiero que me devolváis a Rafa. Se que lo tenéis retenido en algún lugar.
- De acuerdo.
Durante un minuto, la voz dejó de hablar y en la sala sólo se oían las respiraciones de las dos chicas. De pronto, la tensión se vio rota por el sonido insistente de un móvil.
Isabel miró a Sarah, al descubrir que el sonido venía de su chaqueta.
- ¿Es tu móvil?
Sarah buscó sorprendida en sus bolsillos y encontró que, efectivamente, tenía un móvil en el bolsillo de su chaqueta.
- Eso no estaba ahí antes…Ni siquiera es mi móvil. El mío, lo dejé en el camerino. No podía salir a tocar con el móvil encima.
- Debieron metértelo cuando nos desmayamos en el pasillo del teatro- reflexionó Isabel, recordando los botines de Javier.
- Cógelo- Sarah se lo tendió para que lo cogiera.
Cuando Isabel pulsó el botón para aceptar la llamada, el insistente pitido del móvil cesó. Isabel se lo pegó a la oreja.
- ¿Diga?
- ¿Isabel?- preguntó una voz al otro lado.
- ¿Rafa?- Isabel se pegó el teléfono al oído ya que había mucho ruido de fondo.
- ¿Qué haces tú con este número?
- Rafa ¿Dónde estás?- preguntó asustada Isabel, pero la llamada se cortó al instante.
- Ya es suficiente- respondió de nuevo la voz- Ahora tienes que pasar la prueba final.
Isabel dejó angustiada el móvil encima de la mesa y apoyó las manos a ambos lados del jarrón.
- Esta bien… ¿Qué tengo que hacer?
- Es muy sencillo- sonó complacida la voz- ¿Ves el jarrón que hay frente a ti?
Isabel observó el jarrón chino que estaba en la mesa. Tenía una boquilla estrecha, y larga.
- En su interior, hay dos pequeñas bolitas del tamaño de un garbanzo. Una es de color verde y la otra roja… Si sacas la verde, has ganado y te diré dónde está tu amigo. Pero si sacas la roja, estáis eliminadas.
- ¡¿Qué?!- exclamó Sarah- ¡Eso no es justo!
- ¡Silencio!- ordenó la voz- No eres tú quien tiene que hablar.
Sarah vio como Isabel agarraba ambos bordes de la mesa y por su expresión, pudo ver que estaba pensando lo mismo que ella.
Isabel sabía que algo no cuadraba. Si todo este juego había sido de enigmas, y enrevesadas pruebas de ingenio… ¿Por qué dejaban la prueba final al capricho de azar?
Aquello no tenia ningún sentido y en aquel juego, todo acababa teniendo sentido de una forma más o menos sencilla, pero al final, todo estaba basado en la pura lógica. ¿Por qué aquello parecía no guardar sentido con lo demás?
Y fue la palabra sentido la que le dio la solución a Isabel, al recordar la última noche que estuvo jugando en casa de Rafa.
Las preguntas de pensamiento lateral, que te hacían desviarte de la respuesta lógica y sencilla. Y en aquella situación, había una única respuesta posible.
Con decisión metió la mano por el estrecho cuello del jarrón, no sin dificultad y con la punta de los dedos, rozó la superficie redonda de una de las bolitas y la cogió entre dos dedos. Con cuidado para no volver a dejarla caer en el interior, Isabel fue sacando la mano poco a poco del cuello del jarrón. Pero justo cuando estaba a punto de sacar la mano, escondió la bolita en la palma de su mano y sacó la mano del jarrón con el puño cerrado, impidiendo que se pudiese ver el color de la bolita que llevaba en la mano.
- Esta es la que elijo- dijo alzando el puño al aire y hablándole a la voz.
Y sin mediar palabra alguna, Isabel hizo algo que nadie había esperado.
Se metió la bolita en la boca y se la tragó.
Sarah la miró con los ojos abiertos como platos sin entender lo que estaba haciendo. Acto seguido, Isabel inclinó el jarrón, dejando que cayese la bolita que quedaba en su interior. Sarah la vio rodar por la superficie de la mesa, sin creer lo que estaba viendo.
La bola era roja.
- Habéis ganado – dijo la voz.
Unas horas más tarde, Sarah e Isabel estaban en la puerta de embarque nº 6 del aeropuerto de Sevilla. Sarah buscaba como loca el billete de embarque.
- Está en el bolsillo de tu maleta, lo estoy viendo desde aquí- le dijo Isa divertida.
- Es que estoy todavía de los nervios…¡No me puedo creer que lo resolvieras! Si llego a ser yo la que tiene que hacer la prueba, la hubiese liado…¿Cómo se te ocurrió comerte la bola?
- Era la única forma posible. Era absurdo que la última prueba fuese al azar después de los quebraderos de cabeza que nos han hecho pasar. Con lo que sabía que había truco.
- ¿Cuál?
- Las dos bolas eran rojas.
- ¿Cómo lo sabes, si ni siquiera miraste la bola que te tragaste?
- Ya pero, la voz jamás hubiese dejado que ganásemos de pura suerte. Así que para asegurarse una victoria absoluta, puso las dos bolas rojas de manera que nadie pudiese ganar con azar, sino con lógica. Al tragarme una de las dos bolas y quedando la bola roja dentro del jarrón, si la voz no admitía que había hecho trampas, no le quedaba otra que reconocer que la que me había tragado era la verde.
- Definitivamente, eres sorprendente- dijo Sarah fascinada.
- ¿Ya no soy el comodín?- preguntó en broma Isabel.
- Si, pero eres mi comodín- dijo besándola con ternura.- ¿Qué fue de Rafa?- preguntó
Doce horas antes, Rafa había aparecido en el aeropuerto de Sevilla, cansado y sudoroso. Llevaba tres días intentando volver.
Le contó a Isabel que tuvo que viajar a Panamá por una llamada de última hora de su empresa, pero a mitad de camino se vio retenido en uno de los aeropuertos. La empresa panameña de Copa Airlaines se ofreció a darle alojamiento como compensación por la cancelación de los vuelos. Fueron tres días de aduanas, intentos fallidos de conexión a Internet y alquileres de avionetas destartaladas.
Sorprendentemente, toda su mala suerte y su incapacidad para salir de allí se terminó exactamente después de llamar al numero de reservas de vuelo, dónde la chica que le contestó la primera vez, le recordaba sospechosamente a la voz de Isabel.
Isabel lo abrazó durante una hora y media, sin importarle las caras que ponía la gente al pasar.
- Bueno- sonrió Sarah- Al menos está bien.
- Si…Pero todavía hay cosas que no me encajan.¿Qué tenía que ver él en todo el juego? ¿También era un peón como Javier?
- Oye- le riño Sarah- prométeme que dejarás de darle vueltas a este asunto. El juego se acabó, punto, cést fini! Olvidémonos de todo esto y concentrémonos en cosas más importantes- dijo atrayéndola hacia sí – Todavía no me he ido y ya te estoy echando de menos. Este mes separadas se me va a hacer eterno.
- Bueno- dijo Isabel mirándola pícaramente- a lo mejor nos vemos antes de lo que crees.
- ¿Y eso?
- Este fin de semana me voy a visitar a mi tío Antonio aprovechando las vacaciones…- al ver que Sarah no reaccionaba , añadió- Vive en Paris.
Los ojos de Sarah se iluminaron y la reacción que Isabel deseaba no se hizo esperar. Ese fue el beso de despedida más prometedor que había recibido nunca.
En ese mismo instante, en la otra punta de la ciudad un chico esperaba sentado en uno de los bancos del monumento a Bécquer. Miraba su reloj nervioso de forma insistente.
- ¿Es qué siempre tiene que llegar tarde?- le preguntó al aire.
Miró indiferente sus botines plateados con franjas negras y blancas…La próxima vez que viniese a Sevilla, sería verano y podría ponerse unas chanclas plateadas. No estaría nada mal.
Cinco minutos después, apareció otra figura con un maletín. Andaba despacio y con una sonrisa en el rostro se acercó al chico de botines plateados.
- ¡Hombre Javier! ¿Qué haces tú por este barrio?- le preguntó jovialmente.
- Déjate de bromas Rafa, llevo más de veinte minutos esperándote.
Rafa, dejó con suavidad la maleta sobre el banco.
- No te quejarás, en un sitio muy bonito. Es el favorito de Isabel- dijo admirando su alrededor- Aunque a mi, el ángel ese con el puñal, me da mal rollo.
- Tú no tienes ni idea sobre el amor, Rafa.- comentó amargamente.
- Ya, por eso me dejaste y ahora trabajas para mi ¿no?-dijo irónico.
- No me queda otra… ¿Lo has traído?
- Si- dijo señalando el maletín con un gesto de cabeza- ¿Lo quieres ya? Pensé que querrías charlar un rato más conmigo.
Javier simplemente le dedicó una mirada fría a lo que Rafa contestó con una risilla. Abrió el maletín parcialmente, para que no pudiese verse todo su contenido. Del interior, sacó una caja de madera plana y de formar circular.
Javier lo abrió y comprobó que lo que quería, estaba en su interior: el disco de Pahistos.
- Con eso tus servicios está pagados ¿no?- preguntó Rafa
- Después del despliegue mediático y el circo que me has hecho montar espero que sí.
Rafa recogió la maleta dispuesto a irse, pero Javier lo retuvo.
- Entiendo que tú tengas que montarte estos jueguecitos porque te aburres y no sabes que hacer con el dinero de papá. Siempre te gustó jugar con la gente, pero… ¿ella? Pensé que por fin habías encontrado alguien que te importaba de verdad. ¿Por qué la metiste en todo esto?
- Mi querido Javi… ¿No ves que lo hice por su bien? La quiero y nunca le haría daño.
- Tienes un concepto un tanto retorcido del amor ¿No te parece?
- Ella siempre ha tenido un gran potencial. Es increíblemente inteligente, divertida y tiene mucho coraje. Lo que pasa, es que estaba consumida por su vida. Ella siempre ha pensado que no podía salir más allá de su barrio y de su familia. Yo sólo he tenido que darle un pequeño empujoncito: emoción, riesgo, responsabilidades…Las flores más hermosas, florecen siempre bajo la adversidad.
- Estás loco ¿Lo sabías?
- Vamos hombre…¡Si hasta le he conseguido una novia!
- No, si al final va a tener que darte las gracias.
- No podrá, porque nunca sabrá que fui yo- dijo mirando seriamente a Javi, como una clara amenaza.
- Tu problema en verdad, es que no quieres que ella acabe como tú, solo y amargado.
- Yo también te quiero- dijo irónicamente Rafa.
Javier ni siquiera se molestó en despedirse. Cogió la caja y salió de allí lo antes posible.
Rafa se sentó en el banco. Pensó que no le vendría mal un poco de tranquilidad antes de volver al trabajo. Habían sido tres días agotadores, aunque muy divertidos.
Sabía que Isabel era la única capaza de resolver aquel complicado juego humano, que ya era la tercera vez que se jugaba… Nunca ninguna pareja había llegado a la prueba final sin enfrentamientos, y desde luego, era la primera vez que alguien ganaba.
Definitivamente, Isabel le había devuelto su confianza en las relaciones humanas.
Rafa cogió la maleta y la puso en su regazo. La abrió y levantó un doble fondo que había en la base, contemplando con intensidad lo que se ocultaba bajo ella.
- Desde luego, Isa tenía razón…Hice bien en apuntarme a clase de manualidades.
Bajo el doble fondo reposaba el verdadero disco de Pahistos. El que Javier se había llevado, era una burda imitación de barro hecha en casa. El verdadero aún seguía en su poder. Lo necesitaba para organizar otro nuevo juego…Una nueva versión mejorada. Ahora que había descubierto que su juego también servía para ayudar a las personas, a menos a su manera, estaba deseando empezar de nuevo.
A lo mejor, Javier tenía razón y él no entendía del amor, porque era un ángel herido que lanzabas flechas inconscientemente, esperando impaciente a que alguien entendiese el mensaje.




Tan sólo una palabra: increíble!!!
GRACIAS!!! (Me pondré colorada y todo ^^)
Un saludo
Mistika
Wow
por Dios estuvo de lujo este final, excelente enserio
amo como escribes
gracias por está gran historia
chaus :p
Gracias a ti por leerla ^^
Un saludo
Mistika
Buenisimoooo!!!
Tengo sentimientos encontrados… por un lado encantada con la historia
, la cual es IMPRESIONANTE! pero que forma de escribir bien mujer!! y por otro, abatida…no puedo creer que se haya acabado! T-T…yo juraba de guata que esto iba para largo… segura que por ahi no te dejaste algo?? un capi extra? un epilogo? algo? O_O…no?
pues nada… tu historia es FANTASTICA!
espero poder leerte pronto!
Me temo que no, que no quedan más paginas ni párrafos sueltos XD
Aunque se haya hecho corto, tiene también su buen numero de páginas ^^
Encantada de que lo hayas disfrutado. Al ser un relato antiguo no sabía si chocaría mucho el cambio de estilo.
Muchas gracias
Un saludo
Mistika
Seré tonta, mira que no darme cuenta en su momento de que estaba ya el último capítulo u_u
Genialísimo el final. Así da gusto leer, ¡coñe!