Alerta de tormenta: capitulo 1

Querid@s mandragoritas, es para mi un orgullo presentaros el siguiente relato.  Marxan Aletan ha decidido escribir un relato paralelo a “La tormenta que trajo la calma”, inspirándose en los personajes y relatando los acontecimientos que sucedieron antes y de forma paralela a la historia.

Muchas gacias Marxan, no imaginas lo orgullosa y feliz que me hace que una de mis historias inspire a alguien a escribir algo nuevo.

Espero que lo disfruteis!…”ALERTA DE TORMENTA” de Marxan Aletan

Capitulo 1
Alerta de tormenta

La luz del Sol hizo que abriera los ojos, su alarma no la había despertado, de cierta forma se sintió agraviada al notarlo, ese maldito celular no tenía un destino muy brillante, ni mucho menos largo.

Con el sigilo de un gato, retiro las sabanas que la cubrían y comenzó a buscar sus ropas; sintió el inevitable golpe a su cabeza causado por la resaca con la que tendría que convivir parte del día, pero también tenía que moverse rápido y salir de hay lo antes posible. No seria buena idea que su compañera despertara y le dijera algo como, “¿ya te vas?, dijiste que seria diferente esta vez”.
No estaba de humor no mucho menos quería comenzar una discusión a esa hora de la mañana; no tenía interés alguno en prolongar lo que ya estaba escrito.

Era la segunda vez que estaba con aquella chica, por la culpa del aburrimiento una de sus reglas se había roto la noche anterior; nunca dos veces con la misma, pero al ser martes y con pocas opciones, no tuvo otra alternativa, además ya sabía como cazar esa presa con rapidez, eficacia y letal precisión.
Por suerte para ella, su compañera tenia el sueño pesado después de una noche con tanta “actividad”, aunque sin importarle eso, tuvo que ser cuidadosa al tomar su chaqueta y su mochila, fue en ese punto que lo noto.

Las cortinas abiertas de par en par y con la ventana dando con dirección al Oeste, alguna fuerza sobrenatural estaba haciendo todo el trabajo.
-Sera el recuerdo y la despedida-
Aquellas palabras apenas se escucharon salir de sus labios antes de tomar sus cámara y apuntar el lente hacia donde se formaba aquella postal. Solo un par de disparos y era todo, la retirada estaba en marcha y el punto de no retorno se había cruzado la noche anterior.

-solo olvídame, será lo mejor para ti- Dijo Raquel antes de salir de la habitación de aquel hotel donde habían encontrado refugio y un lugar privado.

Durante su viaje en el ascensor, revisaba incansablemente todas sus cosas, nada fuera de su lugar, solo noto un pequeño recuerdo en su cuello gracias a un espejo en la pared del ascensor.

Maldijo para si, por aquella marca la escusa que tenía planeada para Raúl se había dio al traste, ya estaba escuchando los reproches de su hermano, era cierto que era su apoyo y demás, pero también sabía que era alguien que no pasaba por alto las salidas y travesuras de su rebelde hermana. Recordó una escena pasada, en aquella ocasión había experimentado los 30 minutos más largos de su vida, la causa, el tatuaje en su vientre, una media hora que nunca le hubiera gustado vivir.

En aquel momento se había dado cuenta que en ocasiones, su hermano tomaba el papel de padre postizo muy en serio, pero era también por esos momentos se daba cuenta del gran amor que este le profesaba, amor duro en algunos momentos, pero al final amor del grande.

-Hay, que no se enoje-

Sabiendo bien que eso no pasaría, pues los cargos eran diversos y muy variados, había escapado de noche, sin haber dejado nota ni nada, había apagado su móvil, no había hecho ninguna llamada, tampoco había informado a donde estaría, solo podía imaginar lo que ocurriría en un futuro muy cercano.

Cuando finalmente el ascensor se detenía y abría en la planta baja y Raquel caminaba por el lobby ocurrió lo inevitable; el primer timbrazo de su celular la hizo brinca, en un primer momento imagino el nombre de su hermano en la pantalla del celular, en su lugar por suerte para ella era un número desconocido.

-¿Hola?- Raquel parecía muy despreocupado al momento de contestar.
-Dijiste que esta vez sería diferente-
-¿Cómo es que tienes mi numero?- Su tono de voz había cambiado radicalmente, en verdad estaba molesta, más que sorprendida- No recuerdo habértelo dado.

-No me cambies la conversación, tu sabes bien cuales fueron tus palabras-

-Vamos, no estarás por decirme que me tengo que hacer responsable ¿o sí?, tu sabias bien como termino la ultima vez, ¿Por qué creíste que sería diferente esta ocasión?.

-Raquel, ¿Cómo puedes tener el corazón tan duro?, tienes una roca en su lugar- La voz de aquella chica se entrecortaba mas y mas- ¿o es que esta rodeado por hielo?

-No, con una muralla muy alta- Raquel subía a su Bandit en ese momento y levantaba la mirada hacia la ventana de la habitación- Escucha linda, no es que no seas guapa o buena en la cama, es solo que yo no estoy interesada en entregarme a otra más allá de lo que tú y yo pasamos anoche.
-¿Cómo?-

-Que te sirva de experiencia, es mejor cerrar el corazón, así no tendrán manera de lastimarte, adiós linda-

-Ni siquiera sabes mi nom…-

Encendió la motocicleta, coloco su casco y se fue a cas, en su chaqueta podía sentir al celular vibrando, no necesitaba ver el teléfono para saber de quien se trataba y entonces saber que estaba en problemas, problemas de nombre Raúl.

En solo instante decidió dejar la hecatombe para después, por lo menos hasta llegar al departamento, su escape la noche anterior tendría sus represalias.

Mientras tanto en casa, Raúl dejaba de lado el celular y simplemente se resignaba; al ver la cama de su hermana vacía al despertar, solo podía haber significado algo, de nueva cuenta estaba en las andadas, algo muy de ella, pero no era algo que le agradara en lo particular, de manera un tanto secreta, aun tenía la esperanza que llegara aquella chica que pusiera en cintura a su hermana.

Para su pesar conocía demasiado bien a su sangre como para creer que eso pasaría en poco tiempo, tendría que ser una chica muy especial.

Desde el momento en que Raquel había preguntado “¿si me gustan las chicas está mal?”, supo de manera inmediata que su futuro se podría feo, pues era cierto que desde pequeña había demostrado tener un carácter muy especial, además de la fortuna de levantarse por más duro que fueran los golpes, su hermana no sería una chica convencional al crecer.

Por ello solo pudo sentarse en la mesa a desayunar, con el oído atento para cuando la puerta se abriera, mientras lo hacía noto que su cámara no estaba, solo pudo reír para si; nunca se imagino que aquel regalo de sus 4 años de dieron un camino por el cual seguir. Bien reconocía aquella carpeta llena de fotografías  y recuerdos, RECUERDOS DE UNA NOCHE, como llamaba algunas de la fotografías, otras simples paisajes o instantes que su hermana había capturado en el momento preciso y gras a los cuales había sacado algo de pasta para gasto.

No era extraño que alguien apreciara las fotografías simplemente por su estética; aunque por lo general solo era porque según se veía bonitas, muchas quedaban en oficinas o en consultorios, otras por suerte, quedaban en manos de gente que podía apreciar el trabajo de la fotógrafa y era esas personas las que le permitían seguir adelante.

Era verdad, habían tenido momentos difíciles, en muchos de ellos no se tuvieron más que el uno al otro, pero era justamente eso, lo que los hacia los que eran, algo más que solo hermano y hermana, algo más que una familia.

En el ir y venir de sus pensamientos Ral no se había percatado del llamado de su móvil sino hasta varios tonos después.

-¿Diga?
-Vaya, por fin contestas- Sonó una voz masculina al otro lado de la línea- Pensabas en una mujer ¿cierto?
-Si en verdad si- Contesto Raúl con una sonrisa en los labios.

-Estoy casi seguro que la dueña de tus pensamientos esta alrededor de los 20s, es morena, tez blanca, alrededor del 1.70 de altura, con un tatuaje en el vientre y que solo me haría caso si tuviera senos firmes y redondos, bonito trasero y el sistema reproductor femenino-

-Pues si-

-De nueva cuenta no fue a dormir a casa, me sorprende que no la reganes-

-Lo hago, pero tú sabes cómo es, cuando quiere algo…-

-Si, hasta que no lo tiene- Un suspiro le siguió al comentario- Pero en fin, cuando llegue y después de que la regañes mándala al estudio ¿quieres?, tengo su cheque por las fotografías que tomo la semana pasada.

-Me alegro, creo que va a necesitar la pasta-

-¿La Bandit se descompuso?-

-No, pero al al final la convencí de ir a pedir algo de tutoría para su carrera, creo que podrá ir al cole y pues ver algo con Manu-

-Hay el buen Manu, que tierno muchacho el Manu-

-¿Aun con eso?, no dejaras de atormentarlo hasta que muera-

-Si, no se me quieta, solo no le digas a tu hermana, porque si le hace esa broma sabra que fue mi culpa-

-Jejejeje, no te preocupes no lo hare y apenas llegue la enviare contigo de inmediato-

-Bien, la estaré esperando, cuídate a y por cierto que lleve paraguas dicen que va a llover- Al colgar y de manera casi profética, Raúl giro su rostro hacia la entrad, el sonido de un juego de llaves no se izo esperar mucho, esa fue al señal par poner el interruptor en modo paternal.
El camino a la habitación y a la relativa seguridad de la misma la llevaría a no más de dos metros de donde él estaba.

-3, 2, 1- Tomo un poco de aire y después- Raquel, ven por favor.

Solo un instante y un suspiro después, la susodicha entraba a la cocina con mirada desafiante, aunque ella bien sabia que esa jugarreta no le serviría de nada, cuando estaba en aquella posición en contra de su hermano era prácticamente imposible el tratar de hacer algo en su contra.

-Recuérdame o dime si me equivoco, ¿no habíamos quedado en algo?-

-Raúl solo fui divertirme un rato, sabes que lo hago de vez en cuando- Raquel no pudo sostener la mirada de su hermano, solo la desvió u n poco y nerviosamente comenzó a jugar con su cabello.

-Hermanita, ya habíamos hablado sobe esto, si vas a salir por lo menos debes llamarme y decirme, si algo te ocurriese ¿Qué podría hacer yo?, ni siquiera sabría donde estarías.
-No te pongas en ese plan, ¿Qué me podría ocurrir?, ¿qué algún sujeto me secuestrara y me llevara para venderme a un jeque árabe para su harem?- Ahora Raquel estaba a la ofensiva y su hermano lo noto- ¿o es acaso que tienes miedo de que alguna chica en nuestros juegos me amarrarme a la cama y no me deje ir?, quedarme hay con alguien entre mis piernas no es mala idea.
-Te juro que hay veces que a mí me gustaría tenerte atada-
-Si la verdad eso quisieras- Grito Raquel mirando a su hermano.

Un silencio muy incomodo se formo mientras los dos hermanos desviaban la mirada y buscaban algo en que concentrar su atención. Aunque esporádicas, las peleas entres los dos se tornaban algo violentas, no físicas peros si dejaban salid todo sin repara, en algunas ocasiones habían dejado profundas cicatrices en ellos.

-Sabes que no es por fastidiarte Raquel- Raúl tomo la iniciativa al ver por un segundo las intenciones de su hermana de salir de la cocina- Me preocupas.

-Deja eso Rulo, sabes que puedo cuidarme sola-

-¿Pero como quieres que no me preocupe?, eres todo lo que tengo, si algo te llegara a pasar-

-Pero nada me pasara, no creerás que te dejaría solo, ¿o sí?- Acercándose lentamente a su hermano y con un movimiento casi ensayado lo abrazo por el cuello- Tú también eres todo, lo más valiosos que tengo en la vida.

-Eso será hasta que encuentres a alguien que ocupe mi lugar-

-No creo que eso sea posible-

-Nunca digas nunca hermanita, hay un posibilidad que está presente, encontraras a esa chica-

-Es difícil-

Ambos hermanos permanecieron en silencio por algunos segundos, era el momento en que se reconciliaban y un silencio que los dos buscaban para apagar el fuego que había comenzado con la pelea; al final Raúl conto a su hermana sobre el cheque y que era el momento de ir por el. De la misma manera recordó la visita con Manu, ya era hora de no postergar más lo de la carrera.

Con un suave beso en la cabeza, la chica se despidió con dirección a su cuarto, la ducha la llamaba a gritos y ahora tenía el compromiso de ir a recoger su dinero, aunque para ese instante lo más importante era la su cita con la regadera.

Su habitación, cubierta de fotos de un lado al otro, era aquel lugar donde encontraba refugio y podía bajar la guardia, descansa de manera que ella quisiera; la voz de su hermano despidiéndose desde la sala y después el sonido de la puerta al cerrar fueron las señales que ella esperaba, pues in reparo ni vergüenza, se despojo de sus ropas arrojándolas sin orden por toda la habitación, dejando su cuerpo al descubierto.

-Bien, ¿Cuáles fueron los daños?-

Su mirada se concentro en el espejo de cuerpo completo en un rincón de su cuarto, casi de inmediato se percato del moretón en el cuello pero también de uno más en su abdomen, justo donde comenzaba su tatuaje, el mismo que recorría todo su vientre.

Por un momento recordó el día en que había marcado su piel de modo permanente, ella quería una marca que la identificara, que fuera suya, aquel diseño fue el que la cautivo desde el momento en que lo había visto en una vitrina de la sala de tatuajes, más aun, las palabras de la chica que había sido la artista encargada de plasmar en su piel aquella obra de arte, fueron la confirmación perfecta de que había hecho la elección correcta.

Al ver el reloj, solo busco su toalla y se encamino hacia la ducha, no tenía la idea de que la elección de ir primero al instituto antes que por su dinero cambiaria el rumbo de toda su vida y su forma de ser.
Para ese momento, ni siquiera podía imaginar, que no muy lejos de su destino en el instituto, una pequeña llama se preparaba para salir con un rumbo similar, sería un encuentro predestinado, uno que traería ciertos recuerdos a la mente de la chica y que daría principio a uan historia que ella creía que jamás podría pasar.

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