-¿Qué tal Roma?
-Bellísima.
-¿Y los romanos?
-Bellísimos también.
-¿Ligaste con alguno?
-Pues sí, para ser pocos días no me quejo, con uno, chofer de autobús público. Pelo negro, ojos verdes intensos y piel del color de la aceituna…
-¡Ñam! ¡Ñam!
-Ya te digo…
-¿Y el alojamiento?
-Una habitación que daba al Vaticano, al lado.
-¡Qué lujo!
-Colgué una bandera del orgullo en la ventana.
-Esa era tu tarjeta de visita. ¿No?
-No te rías maricón, recuerda que el día del orgullo lo pase allí, por eso.
-Bueno…Entonces vale, pero tenía que ser curioso verla desde el Vaticano…¡Qué pensarían los curas!
-¡A quién le importa¡ Además no veas que guardia suiza…¡Qué cuerpos, maricón!… ¡Tremendos! … ¡No son listos los curas, con ese ejército privado tan colorido y guapo!
-Quién fuera cura…
-No veas…He pasado horas alegrándome la vista desde la ventana…
-¿Volverás a Roma?
-Probablemente sí, todos los caminos llevan a Roma.
