Mandragorafics:archivo de fanfics de mandragora

Entradas clasificadas como ‘FANFICS MISTIKA’

Pecados de chocolate…

Julio 29, 2009 · 4 comentarios

Segundo yuri de la serie de RPFS de las niñas ^^ Este va dedicado a Ana, esa pecosita con memoria de pez.

tarta3

La cocina huele a chocolate caliente y azúcar caramelizada, algo doméstico y fácil como una bata de andar por casa.

Se siente demasiado familiar con los dedos enterrados en el bol de crema de chocolate mientras Ana, calcula por tercera vez la cantidad exacta de azúcar que necesita para la tarta.

No puede evitarlo. Irene rescata uno de los trozos más grandes de chocolate de la pared del bol y lo muerde con cuidado. Más bien a escondidas, porque Ana “La Diosa del Brownie” está a menos de medio metro explicándole los secretos más ocultos de la tarta de chocolate con frambuesas. Un secreto de familia revelado después de varias generaciones e Irene intenta prestar atención. Porque es importante. Lo sabe. Jura que lo intenta.

Pero ese pecado reencarnado en forma de trozo de chocolate, le derrite el cerebro y le desorienta las ideas mientras le grita alto y claro que debe morir en su boca.

Cuando Ana deja de hablar tarda unos segundos en darse cuenta. Sabe que tiene la boca llena de chocolate mientras gira la cabeza despacio y no puede evitar sonreír al mirarla. Porque tiene esa mirada semienfadada mientras arruga la nariz que parece más pecosa que nunca.

Esta enfadada. O seria. Y está guapa.

Total, increíblemente, insoportablemente guapa.

- ¿Me estás escuchando?- La voz de Ana se arrastra y caracolea en su oído haciendo que su boca tarde en producir sonido.

- No

Vale. Eso ha sonado demasiado sincero.

Ana bufa algo entre dientes y bastan un par de pasos para que entre en su espacio personal, abriendo y cerrando puertas buscando el tarro de harina. Con las manos aún en la masa de chocolate, Irene no puede apartarse cuando ella encuentra el tarro en el armario que está sobre su cabeza.

Sabe que ni siquiera llega a ser un roce, pero siente la presencia de Ana extenderse como una ola de calor por toda la espalda. Se le seca la garganta y siente que todo el calor de la cocina se centra en ella. Cuando Ana se gira, las piernas se le aflojan como si fueran de gelatina mientras el ruido de la campana le indica que el horno esta listo.

- ¿Seguimos?

El rodillo se mueve sobre la mesa en manos expertas y la harina acaba cubriendo parte de las pecas de su cara en una extraña imitación de maquillaje de repostería.

Hace calor en la cocina y el ventilador no supera sus expectativas. Irene la observa hacer capas chocolateadas con maestría, mientras una magnifica tarta aparece como por arte de magia y Ana sonríe de una forma que le asusta y fascina a partes iguales. Y ese es el problema.

Que son amigas.

Pero a veces, no la mira como mira a las demás. No es el mismo afecto reposado, ni la amistosa sensación de confidencia.

Quizás es porque se conocen desde hace más tiempo o porque sus familias viven cerca. O porque hace ya varios años se bañaban en la piscina del barrio sin más preocupación que las tardes jugando al tabú o las meriendas en el patio.

Quizás.

Pero con ella el estómago se le hace un nudo, todo se acelera, cada milímetro de proximidad se intensifica. Como si las paredes fueran más estrechas. Sus pensamientos se enredan y el corazón le late como un caballo salvaje.

Y no sabe por qué.

No puede estar planteándose algo así en mitad de esa cocina que parece el infierno a 180º – justo la temperatura perfecta del horno según le ha explicado – donde una pecosa con memoria de pez y los dedos llenos de chocolate empuja la tarta mas dulce del mundo al interior del horno.

El silencio se vuelve espeso como la mermelada mientras la superficie del pastel burbujea con el calor, y se disuelve poco a poco como mantequilla en el centro de una sartén con pequeños comentarios y risas.

- ¿Recibiste las fotos?

Ana se refiere a unas fotos que Irene le había pedido varias veces para una de sus alocadas ideas para mandrágora. Fotos que no estuviesen colgadas en el tuenti. Fotos nuevas, le había pedido.

Le gustaría decirle que si. Que las ha recibido. Le gustaría decirle que las ha visto todas.

Varias veces.

Le gustaría decirle que abrió el archivo cuando estaba en Berlin mientras ve como Ana se come las frambuesas tan estratégicamente colocadas en sus dedos.

Le gustaría decirle que hubo una foto en concreto que la hizo olvidar como se respiraba durante tres segundos y cuarenta centésimas. Que ya contaba sus pecas como si fueran virutas de chocolate en aquella piscina y que su boca siempre le pareció un fruto rojo maduro a punto de estallar.

Le gustaría. Pero no lo hace.

Porque la superficie del pastel ya está lo suficientemente dorada y el centro lo suficientemente esponjoso. Y porque Ana esta colocando filas de frutos rojos y mermelada con decisión sobre el mayor pecado de chocolate. Porque es perfecto.

Y se lo dice.

La combinación perfecta: Chocolate negro como el demonio, puro como un ángel y caliente como el infierno.

- Y ahora, hay que probarla.

Se pregunta si el cielo se caerá a pedazos en el momento que la muerda y comprueba sorprendida que la combinación es como morir en vida.

- Tienes que probar esto. Es como…- intenta encontrar las palabras- Es como un pecado… Atrapado en una orgia de chocolate- Ana la mira con la sonrisa picara- Se adapta a tu boca con la profundidad aterciopelada del chocolate y el sabor agridulce de las frambuesas… Se deshace en la boca como un buen beso y el sabor explota de golpe como un…

- Si dices “orgasmo”, esto dejará de ser una merienda.

- Iba a decir “una explosión de lacasitos”, para no perder las metáforas de repostería….Pero como prefieras.

Ana oculta la sonrisa detrás de su batido y la tensión se disuelve en esa simple curvatura de labios.

- ¿Le has puesto ya un nombre?- dice mientras rebaña con el dedo el chocolate de la cuchara.

- Si- dice Ana con tono confidente- “Pecado de chocolate”

Esa tarde decide que necesita más clases de repostería.

(más…)

Categorías: FANFICS MISTIKA · Pecados de chocolate · RPFS
Etiquetado: ,

La tormenta Cap.12: Dos cucharitas de problemas y una taza de chocolate.

Enero 4, 2009 · 25 comentarios

NOTA: Porque os lo prometí, porque sigo viva y porque os lo mereceis. Espero que podais disfrutar de estas poquitas paginas hasta que pueda subir lo que continua.Muchas gracias a tod@s por el apoyo^^

Del camino de vuelta a casa, a penas recuerdo nada…De hecho, en estos instantes sólo soy capaz de recordar una imagen: los profundos ojos de Raquel.

En medio sólo hay un barullo de imágenes y sonidos. La ciudad pasando a toda velocidad, los labios de Raquel susurrando sus miedos más profundos, su mirada diciendo que me quiere…

Apenas soy consciente de su beso de despedida algo casto y sutil en mi mejilla su promesa de que al día siguiente nos veríamos de nuevo, cuando ya estoy en el salón de casa y la mirada de mi madre rompe por completo este cuento de hadas.

  • ¡Beatriz!

Tiene las manos en las caderas y el hecho de que diga mi nombre completo y el tono que ha utilizado no presagia nada bueno…¿Qué ha pasado?

  • ¿Me puedes explicar que has hecho?

  • ¿Qué?

  • Me han llamado del instituto.

Balbuceo un par de palabras antes de caerme de golpe de mi nube. De pronto me vienen a la mente todo lo que ha paso estos tres últimos días…Y me doy cuenta de que estaba teniendo demasiada suerte esquivando a mi madre.

Un escalofrío me recorre la espalda al imaginar todos los posibles motivos de esa llamada: los padres de Vanesa están enfadados porque su hija tiene la cara hecha un puzzle…¡O peor aún! Están aún más cabreados porque una bollera le ha dejado la cara hecha un puzzle.

Mi primera reacción es reírme, pero de pronto caigo en la cuenta…¿Cuanto sabe mi madre de todo esto?

  • ¿Y bien jovencita?- su pie se mueve dando golpecitos nerviosos contra el suelo.

  • Yo…No se- balbuceo y un nuevo escalofrío me recorre la espalda. Pero esta vez, se debe a que estoy completamente empapada. Mi madre también parece darse cuenta porque cambia su expresión dura por otra más preocupada.

  • Bea… ¿Ha pasado algo?

Antes de que responda corre al cuarto de baño por unas toallas y me obliga a secarme el pelo y a cambiarme de ropa.

Intento pensar en una excusa, pero mi mente está en completa ebullición en esos instantes y para cuando vuelvo al salón, hay una taza de chocolate caliente esperándome en la mesa y mi madre girando uno de sus anillos entre los dedos.

Me mira seria.

  • Prefiero que me lo cuentes tú antes de que me entere por cualquiera de tus profesores.

Miro el chocolate humeante…Vamos Bea, es ahora o nunca.

  • Tuve…Tuve un problema con una compañera de clase.

  • ¿Qué ocurrió?

  • Ella…Ella me insultó y yo…le pegué- mi madre permaneció con el semblante serio- Se que quizás no debí reaccionar así…pero…pero

  • ¿Por qué no me lo has contado antes?- parecía dolida

  • Lo siento mamá pero es que últimamente he estado algo…descolocada.

Quizás no era la palabra más adecuada, pero tenía que medir mis palabras. Porque si no, mi madre tiraría de la cuerda para llegar al fondo del asunto y sacaría a relucir muchas cosas para las que no estaba preparada y de las que aún no estaba muy segura.

  • Sabes que puedes contarme cualquier cosa ¿No?

  • Si por supuesto- Y a pesar de que le sonreí me sentía como una rastrera mentirosa. Pero mi madre no se dio por vencida.

  • ¿Y dices que te insultó?¿Por qué?

Y sin saberlo, había dado en el clavo.

Improvisa Bea…Improvisa.

  • Es Vanesa. Me la tiene jurada desde que entramos en el instituto.

  • ¿Vanesa?¡Pero si en el cole os llevabais genial!¿Qué ha pasado?

  • No lo se- Y realmente no lo sabía- Pero siempre está buscándome las cosquillas, sacándome de quicio. Y supongo…supongo que el otro día no pude aguantar más.

  • ¿Qué te dijo para hacerte enfadar tanto?

Por un momento me sentí como un delincuente en una sala de interrogatorio, con el foco de luz en plena cara y a punto de confesar.

  • No lo se…- dije con esfuerzo- Supongo que ya estaba harta y cualquier comentario amargo de los suyos me hizo explotar.

¡Mentirosa!¡Mentirosa! Gritaba mi mente. Y a pesar de la mirada poco convencida de mi madre, mi cobardía pudo más.

  • Bea, cariño ¿Estás segura de que no pasa nada más?

Se que en esos momentos, mi madre hubiese preferido que le contase que pertenecía a una banda callejera y que vendía droga en la puerta del instituto a que me quedara callada. Pero como una gallina solo fui capaz de negar con la cabeza en completo silencio

  • De acuerdo- dijo dándose por vencida, aunque desde luego no estaba convencida- Tengo que irme a trabajar…¿Tendrás problemas con Cristina? Raquel no vuelve hasta mañana.

La sola mención de su nombre me aceleró el pulso.

  • Vete tranquila.

Sin decir una palabra más, recogió sus cosas me dio un beso en el pelo y salió por la puerta con su paraguas rojo. Nada más oír el cierre de la puerta hundí la cabeza entre mis manos.

¿Es que esto no acabaría nunca?

Lo que yo no sabía es que no era la única que estaba mintiendo.

Lo que no sabía es que mi madre no iba a trabajar y que aquella llamada la había preocupado más de lo que dejaba entrever.

Lo que no esperaba es que diez minutos más tarde mi madre estaría llamando aún nerviosa, a la puerta del despacho de mi tutor, con el que había concertado una cita.

Lo que no imaginaba es que aquella conversación sería trascendental en la vida de ambas.

  • Adelante- la voz de Manu sonó amortiguada a través de la puerta.

Una cabeza pelirroja asomó tras el hueco de la puerta.

  • Hola ¿Es usted Manuel Rodriguez? ¿El tutor de 1º?

  • Si soy yo- Manu intentaba poner en orden unas cajas esparcidas por el despacho, completamente lleno de papeles- Pero llámeme Manu…Manuel Rodriguez hace que me sienta como mi padre- rió mientras dejaba una pesada caja en el suelo a lo que ella se acercó a ayudarle- ¡No, no se preocupe!- comentó levantando la vista y encontrándose de lleno con unos ojos verdes – Disculpe el desorden…¿Es usted la madre de Beatriz verdad?

Ella asintió ligeramente con la cabeza.

  • Si. Me llamo Rosa.

  • Desde luego…el parecido es…increíble- murmuró a medida que se colocaba las gafas que habían resbalado por el puente de su nariz. Beatriz y su madre eran muy parecidas…a excepción de los ojos. No recordaba de que color los tenia Bea, pero no los recordaba tan claros como los de su madre- Encantado- dijo tendiéndole la mano.

Lo primero que Rosa pensó es que hacía mucho que no le estrechaba la mano a nadie y aunque apenas duró unos instantes, le reconfortó la firmeza de aquel gesto y de aquellas manos en concreto.

  • Siéntese por favor.

Mientras Manu bordeaba su mesa para sentarse, esquivando cajas y ficheros en el proceso, Rosa aún estaba sumergida en sus pensamientos. Le había pillado tan de sorpresa todo este asunto y al mismo tiempo era algo que llevaba temiendo desde hace un tiempo y no sabía que esperar.

  • Bien- Manu tomo una gran bocanada de aire y la miró fijamente. -Ya le comenté el motivo de esta reunión.

  • La verdad es que estoy… sorprendida- Fue lo único que atinó a decir.

  • Si le digo la verdad, yo también.

La confidencialidad del tono la hizo mirarle sorprendido.

  • Verá, su hija no es de las que se mete en líos. Beatriz siempre ha sido muy buena estudiante. Se lleva bien con los compañeros, se la ve interesada en lo que estudia. Algunos alumnos sólo vienen a pasear los libros…¿No se si me entiende? Ella es muy imaginativa- sonrió al recordar lo del calendario- En resumidas. No es una chica problemática.

Casi sin darse cuenta, Rosa soltó todo el aire que había estado reteniendo desde que Manu había empezado a hablar. No es que pensara que su hija era una delincuente ni nada parecido, pero muy en el fondo temía que Bea le hubiese ocultado demasiadas cosas.

  • Cuando me llamó…me dijo que hubo una pelea…- su tono de voz se fue apagando.

  • No quise asustarla, de veras. No fue exactamente una pelea de lucha libre…¿Beatriz le ha contado algo?

  • Si- una vez más hizo girar el anillo entre sus dedos como hacía cada vez que estaba preocupada- Me dijo que se había peleado con una compañera. Vanesa- aclaró- Se conocen desde el colegio.

  • ¿Le dijo por qué?

  • Si…Bueno, no. No exactamente. Me dijo que la insultó…Pero mi hija no va por ahí poniendo ojos morados por unas palabras, no….No se que pensar. Ni siquiera sabía que ahora se llevaban mal- sus ojos se volvieron algo acuosos- Parece que las cosas han cambiado mucho y yo no me he enterado…¿Qué más no se de mi propia hija?- una lágrima rebelde escapó por su mejilla- Disculpe.

Con manos nerviosas, intentó buscar un pañuelo en el bolso, pero su pulso no la ayudaba demasiado. No podía creer que realmente se estuviese derrumbando delante de un extraño. De pronto una voz suave se coló en sus neblinos pensamientos.

  • No se disculpe- con la mirada nerviosa, Manu le tendía una caja de pañuelos- Debería verme en el cine cuando mi hermana me obligó a ver una de esas horribles películas ñoñas…Al final acabé llorando como una fuente…Es bueno llorar un poco para desahogarse. No se corte- dijo tendiéndole una vez más la caja de pañuelos.

Rosa sonrió.

  • Aunque eso está mejor- Manu sonrió haciendo sus ojo empequeñecer tras el cristal de sus gafas- Yo no tengo hijos, pero entiendo que debe ser complicado verlos crecer. Se hacen mayores, se creen más independientes…Es duro…Créame, yo tengo 40 fierecillas a mi cargo y sólo los veo dos horas al día¡¡ y ya es muy duro!!

Rosa no pudo evitarlo y estalló en una sonora carcajada liberando parte de la tensión acumulada. Manu sonrió satisfecho. Desde luego que madre e hija se parecían, pero no pudo evitar pensar que había algo juvenil escondido en aquella risa.

Rosa le miró con los ojos aún brillantes, mezcla de la carcajada y las lágrimas.

  • Gracias.

Una mirada que duró más de lo profesionalmente permitido, le recordó a Manu que debía volver a su silla.

  • Verá. No he recibido aún ninguna queja de los padres de la otra alumna, pero me gustaría hablar también con ellos.

  • Entiendo.

  • Se que su hija no empezó la pelea o al menos eso he oído. No creo que sea justo que Beatriz se lleve todas las culpas en este asunto.

  • ¿Van a castigarla…o algo?- preguntó muy seria.

  • No lo veo necesario. Ya están en el instituto y aunque no siempre se comporten como tal, los alumnos y los padres nos exigen que los tratemos como adultos. Confío bastante en ella como para resolver este asunto de una forma “adulta”. No creo que tengamos que hacer un mundo de esta historia ¿no le parece?

  • Supongo que si. Creo que Bea lo entenderá así también.

  • Bien.

Manu desvió la mirada al montón de papeles sobre su mesa y se planteó si debía seguir con esta conversación.

  • Hay…hay algo que me gustaría preguntarle- dijo ella mirando fijamente el anillo.

  • ¿Qué?

  • ¿Usted sabe por qué le pegó?

El montón de papeles debía esperar. Esta era la señal que estaba esperando.

  • No hago más que pensar que tuvo que ser algo muy grave para que Bea reaccionara así- continuó ella- Y Bea no parece querer decírmelo.

Manu se quitó las gafas y se frotó el puente de la nariz. Se acercaba una conversación delicada y no sabía como plantearle el asunto.

  • Verá…Rosa ¿Puedo llamarla así?- ella asintió- Los institutos son como los patios de vecinos. Todos los rumores corren, pero al igual que en un patio de vecinos, nunca debes creerte todo lo que se dice. Porque hay gente con maldad o simplemente las historias se distorsionan…Lo que quiero decir es que deberían hablar con ella.

  • ¿Deberían?- preguntó sorprendida.

  • Si…usted y su marido- Manu la miraba sin entender.

  • No…- ella negó ligeramente con la cabeza y con una sonrisa triste- el padre de Bea murió hace una año aproximadamente.

  • Lo siento mucho- dijo casi avergonzado.

  • No es culpa suya. No lo sabía….- Un pequeño silencio se instaló entre ambos- ¿Qué me quería decir?

  • Lo que intentaba decirle es que…debería hablar con su hija. Porque ella es la que sabe realmente lo que paso. No se deje engañar por otras historias.

  • ¿Y si no quiere contármelo?

  • No pierde nada por intentarlo…Quizás necesite un tiempo para poner las cosas en orden. Como ya le dije, Beatriz es una chica muy madura. Déle tiempo, verá como al final no es tan grave y ella misma se lo explica.

Rosa suspiró resignada. No le quedaba otra y la verdad, se moría de ganas de que su hija confiara en ella para contárselo. Por muy tonto que fuera.

  • Bueno, si no hay ningún problema más, debo volver al trabajo- dijo ella- Muchas gracias por todo.

  • No gracias a usted por venir- dijo sonriéndole- No todos los padres se preocupan por las vidas de sus hijos fuera de casa.

La acompañó hasta la puerta.

  • Ya sabe que si quiere comentar alguna cosa más, sólo tiene que llamarme.

  • Gracias, en serio. Por los pañuelos- dijo en broma- Y por la charla…Es difícil hacerlo sola.

No estaba hablando de la charla, ni de Bea, ni de nada en concreto. O quizás era todo a la vez.

  • No se preocupe. Lo está haciendo muy bien.

Cuando Manu cerró la puerta una sensación muy agradable quedó en la mente de ambos.

********************************************************************************

Miércoles por la mañana.

Día siguiente a lo que, probablemente, fuese el acontecimiento mas importante del año, de mi adolescencia y de mi vida.

Nada de lo que pudiese ocurrir conseguiría bajarme de la maravillosa nube en la que estaba flotando…Bueno, excepto lo que paso el día siguiente cuando el mundo decidió que era momento de empezar a girar en dirección contraria.

Para empezar, las fotos ya habían llegado a las manos de Manu. Al parecer, Raquel había hecho una selección de las mejores de cada grupo. Toda la clase estaba revolucionada buscándose en las fotos y sorprendiéndose de lo bien que habían salido.

  • ¡Wow!- escuche a mis espaldas- Yo quiero esto en la pared de mi cuarto.

Al girarme me encontré con Luis sosteniendo la foto en la que salíamos Helena y yo en camisa, mientras movía las cejas sugerentemente.

Prácticamente, se la arranqué de las manos, más sorprendida que avergonzada…Porque, francamente, habíamos salido muy bien. O Raquel era muy buena haciendo fotos o la chica que yo llevaba viendo 17 años en el espejo era mi gemela malvada… ( Eso sin añadir que Helena estaba perfecta, como siempre)

Todo el mundo parecía muy satisfecho con sus fotos ¡Incluso Vanesa! (La cual no se digno ni siquiera a mirarme en toda la mañana). Después de 20 minutos de griteríos y discusión, las cosas quedaron así:

Enero: Un grupito de chicas de la clase habían posado con unos gorros de lana, guantes de lana y unas largas bufandas de lana….¡¡Y nada más!! Claro que la foto era de cintura para arriba y las bufandas estaban colocadas estratégicamente. En mi mente pedí un aplauso para las abuelas que habían hecho posible esa foto tejiendo esas largas bufandas con intenciones mucho más “practicas”.

Febrero: Cuatro chicas y tres chicos posando con máscaras del carnaval veneciano, regalo de no-se-quien en su visita a-no.se-donde. Da igual, estaban geniales.

Marzo: Al final nos pusieron a Helena y a mi en ese mes. Según ellos, estabamos muy “primaverales”

Abril: Tres chicas en bañador colgando unos trajes de flamenca en una cuerda de tender.¡¡que folkloricos somos cuando queremos!

Mayo: Dos chicos (no hacia falta ser hetero para ver lo increíblemente buenos que estaban) echándose una botella de agua por encima (muy a lo Brian de queer as Folk) El efecto de las gotas de agua y la ropa mojada I-N-C-R-E-I-B-L-E.

Junio: Aquí venía el grupo de Luis, donde los chicos iban de colegiales ( con la camisa abierta o sólo con la corbata) y las chicas en plan colegiala sexy.

Julio: En esta foto, Raquel había echo algo muy curioso. Los dos chicos y las dos chicas de la foto llevaban vaqueros rajados y pañuelos al cuello. Raquel había dejado toda la foto en blanco y solo había resaltado en rojo algunos detalles de la foto, como los pañuelos o los labios de las chicas.

Agosto: El más explicito de todos….Dos chicas lamiendo un polo de fresa. Quien quiera pensar inocentemente…adelante.

Septiembre: Este estaba muy gracioso. Haciendo una alegoría a los exámenes de septiembre una chica y un chico, ambos en bañador, hacían como que estudiaban entre montañas de libros.

Octubre: Como no…Halloween. Una chica de bruja sexy, un demonio y una vampira que despertaría a un muerto de lo buena que estaba.

Noviembre: Aquí acabó la famosa foto de Vanesa (¡Nos mata si no la ponemos!). Vanesa-Caperucita rodeada de lobos. A pesar de todo tenía que reconocer que había quedado muy bien.

Diciembre: Un grupo de chicos de chaqueta y chicas con traje de noche dignos de una pasarela con copas de champán despidiendo el año.

Quizás no eran las fotos más originales del mundo, pero eran nuestras fotos y nos sentíamos increíblemente orgullosos de ellas. De hecho, no se habló de otra cosa en el instituto en toda la mañana. Fuimos la comidilla de todo el bachillerato.

Tan absorbida estaba, que apenas noté que había llegado a casa y que el tan ansiado momento casi había llegado. Vería de nuevo a Raquel…

….Y en ese momento, me inunda el pánico. Porque el sonido del timbre resuena en mi cabeza como una alarma y siento que la cabeza me va a estallar de un momento a otro.

La puerta se abre y por un momento creo que el latido de mi corazón retumba en las paredes de la casa tan fuerte como lo hace contra mis venas.

Ahí está Raquel, casco en mano, mirada vidriosa e infinitamente tormentosa.

Y por un instante dudo.

No se si correr y arrojarme en sus brazos es una buena idea. Si pareceré muy desesperada. O si sería más prudente esperar a que mi madre salga de casa para hacer la primera locura que se me pase por la cabeza. Raquel me mira con la misma intensidad que una tormenta a punto de desatarse.

  • ¿Puedo hablar contigo un instante?- mi madre rompe la magia del momento acercándose a Raquel y agarrándola ligeramente de la chaqueta.

Su mirada se desvía de mí con nerviosismo y asiente. Las oigo murmurar a través de la puerta de la cocina, algo que me parece de muy mala educación. Pero el enfado desaparece de un plumazo cuando a la despedida de mi madre en la puerta le sigue el inconfundible sonido al cerrarse.

Pero justo cuando voy a hacer o decir algo digno de mención, Raquel se me adelanta:

  • Voy a ver a tu hermana. Ahora bajo.

Y lo que ocurre en las próximas cinco horas carece completamente de sentido para mi.

A las tres en punto me siento a comer. Treinta minutos sintiéndola respirar al otro lado de la mesa. Parece que vaya a decir algo pero en el último minuto se arrepiente.

A las cuatro y veinte la ignoro en la cocina, mientras Raquel anuncia que ya no queda leche. Y esa es la frase más larga que escucho esa tarde.

A las cinco, suena el teléfono, y nos cruzamos en el pasillo, Raquel con las manos en los bolsillos y yo con la cabeza baja.

A las siete menos diez creo oírla hablar con mi hermana o quizás es con ella misma. Una canción, dos palabrotas y un suspiro que se cuela por la puerta de mi cuarto.

A las ocho y media siento que el sofá se hunde bajo su peso, huelo su aroma y veo que coge el mando de la tele y cambia de canal sin inmutarse.

A las nueve menos cuarto, la puerta suena de nuevo. Mi madre nos saluda, nuestras miradas se encuentran y el tiempo se enrosca, estalla y no puedo más- Buenas noches, me voy a dormir.

A partir de ese momento, todo carece de sentido. Y casi sin darme cuenta, decido esperar a que ella de el primer paso.

Fingir que no ha pasado nada es un acto casi natural. Y mucho más fácil de lo que pensaba. He aprendido a controlar el rubor, respira hondo si me tiemblan las manos. Bajar los ojos cuando tropezamos…

A veces nos encontramos camino al baño, con sonrisas vergonzosas y otras veces, como ahora, coincidimos en la cocina y comenzamos una conversación. Cosas triviales a veces. Conversaciones largas sobre grupos de música, a mi gusto horrorosos, que Raquel suele escuchar o a veces, conversaciones cortas de a penas 10 minutos en las que le cuento brevemente mi día en el instituto…Y sin darnos cuenta, llevamos tres días jugando al mismo juego. Algo que se acerca peligrosamente al escondite pero con las normas algo cambiadas.

En este juego está permitido que hagamos de todo. Podríamos hablar de filosofía, del último ganador del festival de Cannes, podría contarle a Raquel mis pesadillas más profundas y hablar mal del hombre del tiempo. Correr por la casa haciendo una pelea de cojines o tomar chocolate caliente mientras vemos una película en la tele….Pero hay tres reglas en este juego que las dos tenemos prohibidas: hablar del padre de Raquel, hablar de lo que pasó el otro día y quedarnos calladas.

Y es que sin ni siquiera hablar de ello, ambas parecemos haber llegado a un acuerdo en el que nos obligamos a hablar, hablar y hablar, manteniendo nuestra mente ocupada y evitando los vacíos silenciosos entre nosotras…Porque en el momento que eso ocurra, muchas preguntas saldrán a relucir.

Porque me pregunto porqué no hemos hablado más de lo que pasó aquella tarde, porqué no hay besos robados cuando Raquel coge el casco de la moto y sale por la puerta de mi casa con un ligero “hasta mañana” y porqué no tenemos en esta misma cocina, un choque furtivo de bocas que se vapulean contra el fregadero llenos de platos…

Y no se si me da más miedo las preguntas o la posible respuesta.

Pero de pronto Raquel se ríe de mi último comentario y deja la taza de chocolate encima de la mesa de la cocina y al instante se gira hacia mí con los ojos aún llorosos por la risa y de pronto me percato del cambio.

Nuestro juego se ha transformado de golpe y porrazo.

Se puede contar hasta cien, hasta un millón o hasta el infinito, y la que se quede quieta será eliminada de inmediato.

Y Raquel ha infringido una de las reglas de nuestro juego. Por un breve espacio de tiempo se ha permitido no hacer nada y mirarme.

Y esa es nuestra penalización.

Mirarnos.

Y ahora solo queda una solución: correr.

Y aunque puedo hacerlo en dos direcciones, borro de mi mente de un plumazo la casilla de salida y corro de lleno hacia la línea de meta. Y Raquel debe haber visto esa determinación en mi mirada porque por unos instantes, parece sorprendida y finalmente asustada cuando le digo:

  • Tenemos que hablar.

Raquel mira de soslayo su taza, como si intentase buscar una excusa. Pero el cerebro se le ha fundido como el chocolate caliente y solo es capaz de murmurar un sutil:

  • De acuerdo.

El momento ha llegado y no se muy bien que voy a decir. Como el sonido de una campana a lo lejos, recuerdo el ensayo de algo frente al espejo. Un discurso elaborado que llevo practicando toda la semana, donde pido explicaciones y me comporto como la adula que se supone que soy. Pero todo desaparece en el momento que Raquel me mira con sus ojos eléctricos y exploto como una granada.

  • Raquel no se que está pasando…¡que nos está pasando!….¡¡Me estoy volviendo loca!! Empiezo a pensar que todo lo que ocurrió el otro día, tu padre, tus palabras, ¡hasta la lluvia! Eran mentira…que todo fue un sueño.

Había explotado.

Había dicho en voz alta las tres prohibiciones. Me había saltado las reglas y mi penalización iba a ser terrible.

La mirada de Raquel se volvió dura y oscura y su mirada parecía un navajazo bajo el flequillo.

Pero era nuestro maldito juego y nos inventamos las normas sobre la marcha y las normas pueden irse al infierno, cuando con la mirada le digo que me hable, que me explique. Que haga una única cosa.

Que explote conmigo.

Y lo hace.

Raquel calcula la distancia que nos separa y un par de pasos le bastan para borrar de un plumazo nuestros espacios personales y convertirlo en uno solo. Descarga su peso sobre mi y me besa sobre el frigorífico. Y lo que hace tres días fue lento y suave, hoy es rápido y furioso, una tetera hirviendo y explotando, un juego que no se porqué he empezado pero que me siento en la obligación de dirigir. Me siento como un pequeño torbellino ansioso, besos como disparos y demasiada prisa, como si quisiera recuperar un tiempo perdido. La beso porque tengo frió en mitad de ese mes de octubre y porque acabo de descubrir que eso que me abrasa la piel no es otra cosa que la mano de Raquel que de alguna manera se ha colado bajo tres capas de ropa, camiseta, camisa y chaqueta de lana. La otra mano me abarca el cuello y la mandíbula y a veces desaparece entre mis rizos largos y revueltos para volver después a la nuca en un ritmo frenético. Me abre los labios con la lengua, succiona y lame, hunde los dedos una vez más en mis mechones y se aprieta contra mí hasta que la siento gruñir y olvido mi nombre, que estoy en mitad de mi maldita cocina y que mi madre llegará de un momento a otro. Ahora sólo hay labios y lengua. Y más calor del que he sentido nunca.

Podría detenerla. Cortar el beso y escurrirme entre sus brazos con un solo movimiento, como llevamos haciendo estos tres días, desde que empezó todo. O podría dejarla. Seguir sin más y limitarme a sentir la textura rugosa de las lenguas que se devoran y se enroscan, se empujan y se hunden mientras los dedos serpentean y hierven sobre el cierre del sujetador.

Y es entonces cuando la realidad vuelve de golpe.

El sonido de una puerta al abrirse, probablemente la de la calle. Reconozco los pasos de mi madre por el salón. En la cocina huele a frustración y Raquel a chocolate y sudor, un animal salvaje que recupera el aliento con la frente apoyada sobre la mía. Tiene los ojos líquidos y me besa una vez más antes de salir con la camisa a medio abrochar, camino del salón.

Yo tardo un poco más en reaccionar. Cinco minutos o una eternidad, no estoy muy segura.

  • Raquel ¿Te quedas a cenar?- mi madre parece sorprendida al verla salir de la cocina, pero yo lo estoy más aún. Raquel debe ser la única persona capaz de salir de una cocina, con el pelo revuelto y dos botones de la blusa sueltos y seguir pareciendo perfectamente inocente.

Y de pronto ocurre y cuando quiero darme cuenta, el mundo ha seguido su curso sin ni siquiera pedirme permiso.

El tic- tac del reloj del salón, deja gotear el tiempo en segundos, que parecen durara más de la cuenta. Esta debe ser sin duda, la cena más larga de la historia de mi vida y sin embargo, todo parece claro y lleno de sentido, devastadoramente real.

Tengo frío y no tengo muy claro el por qué. Apenas llevo treinta minutos en la mesa oyendo a mi madre y a Raquel hablar de cosas que carecen de sentido para mi, como si las palabras fueran inconexas, como si mi mente estuviese a millones de años luz de ese preciso instante y mi mente me remitiera una y otra vez a la misma escena.

El chocolate. La cocina.

Hace exactamente veintisiete minutos que Raquel me besó, lento y sin aviso, tibio y profundo como el maldito chocolate que aún sigue en la taza. En la cocina.

Intento volver a la realidad, juro que lo intento, pero afuera sigue lloviendo despacio y aún no he abierto la boca en toda la cena. Raquel va a volverme loca. ¿Está jugando conmigo?

Soplo sobre la sopa humeante y siento los ojos desorbitados e incrédulos, como si de repente recibiese más información de la que mi cerebro es capaz de procesar. Y no se exactamente lo que ha cambiado, si todo sigue siendo igual que siempre.

El invierno. Raquel. El chocolate. El zumbido incesante en mi cabeza.

De pronto esa noche parece más real y más brillante cuando oigo a Raquel hacer un ruido con la silla al levantarse y despedirse porque realmente se le ha hecho tarde.

De pronto me despierto y me doy cuenta que hace unos diez minutos que mi madre trajo el postre y de que no me había dado ni cuenta. De lo que si me doy cuenta, por fin; es que todo es real.

El chocolate. La mesa a medio recoger. La lluvia.

Raquel.

Lo siento pero no te vas a escapar.

Y como un pequeño torbellino ansioso, las palabras escapan de mi boca antes de que pueda pensarlas:

  • ¡No te vayas!

Raquel me mira sorprendida, pero mi madre quizá aún más. Vale, no quería gritar, pero no he podido evitarlo. Busco una excusa rápida, pero mi cerebro parece de mermelada y las palabras se escapan como mantequilla fundida:

  • Eso que…dijiste que…teníamos que …lo que hablamos en la cocina antes…¿Te acuerdas?

La miro entre asustada y esperanzada, pero ni siquiera se como describir la expresión de Raquel. Me mira durante unos segundos, después a mi madre y después vuelve hacia mí. Es gracias a mi madre que le silencio se rompe:

  • ¡Claro! Haced lo que tengáis que hacer….Voy a…Recoger lo que queda en la mesa- Nos dedica media sonrisa y desaparece por la puerta de la cocina.

Sin pensarlo demasiado, agarro a Raquel de la mano y la arrastro escalera arriba. En mitad de la noche, ha llegado el momento de atravesar el pasillo a toda velocidad, abrir la puerta del cuarto, empujar a Raquel dentro sin ninguna explicación y enfrentarme a la realidad.

Llevo toda la maldita cena dándole vueltas, buscando argumentos y reuniendo fuerzas. Y voy a decírselo. ¡Vaya que si voy a decírselo! Con el pelo revuelto y el viento ululando tras la ventana intento darle forma a las palabras en mi mente.

¿Somos amigas?¿Estabas confusa?Intento entenderlo…¡me vas a volver loca!

Raquel me mira sentada desde mi cama y su mirada sigue siendo plomiza, como remolinos de nieve que parecen huracanarse en mis venas. Me mira de forma soñolienta, bajo mechones de pelo rebelde y la camisa aún por fuera del pantalón.

  • ¿Somos amigas?- pregunto no muy convencida

  • Te quiero

Su respuesta tira por tierra todos mis esquemas de un plumazo.

Una rama choca contra la ventana y mi corazón salta como un trapecista sin red. Siento que la cabeza me va a estallar de un momento a otro.

  • Quiero decir- aclara- Lo siento….Creo que no he puesto en orden las ideas y ha salido algo antes de tiempo- Sonríe de medio lado y se apoya en los codos sobre la cama.

Me derrumbo a su lado, en la cama, completamente agotada.

  • Me estas volviendo loca- digo muy bajito pero muy claro para que pueda entenderlo.

  • Lo siento, de verdad- me acaricia el hombro en un gesto que ya empezaba a echar de menos- Las cosas se torcieron de golpe. Quería contártelo, pero no sabía como.

  • ¿El qué?- digo enfadada

  • Tu madre.

Dos palabras como un jarro de agua fría.

  • ¿Mi madre?

  • ¿Recuerdas hace tres días, cuando me pidió que habláramos a solas?

Intento hacer memoria y me doy cuenta de que había enterrado ese momento en mi mente. Apenas soy capaz de afirmar levemente.

  • ¿Qué tiene que ver eso?

  • ¿Adivinas de qué quería hablarme?- mi mente permanece en blanco unos instantes.

  • No

  • Bea…¿Tu madre sabe algo de…bueno, digamos, de tus inclinaciones?

  • ¿Qué?

  • Que si tu madre sabe que eres lesbiana.

Dicho así, de boca de Raquel, con la ese resbalando entre sus dientes, me sonó incluso extraño. No estaba muy acostumbrada a las etiquetas sociales. Hundí la cara en mis manos.

  • Bea….

  • No. ¿Vale? – dije enfadada- No lo sabe ¿Y que tiene que ver todo eso?

  • Creo que sospecha algo- dijo como si nada, pero una enorme alarma roja saltó en mi cabeza y la miré asustada.

  • ¡¿Qué?!

  • Tranquila bollito- dijo sonriendo-He dicho que sospecha algo, pero no el qué.

Solté todo el aire de golpe. Raquel se irguió poniéndose a mi altura.

  • Mira, tu madre quería hablar sobre ti…Está muy preocupada. Se ha enterado de tu pelea con Vanesa y cree que le estas ocultando algo. Bea- me miro seria- está muy triste. Preocupada y triste. Creo que piensa que no confías en ella…..Solo quería saber si yo sabía algo.

  • ¿Y que le dijiste?

  • Evidentemente, que no. Pero que no te quitaría ojo de encima…Ahora mismo debe de pensar que estas “confesandote”- dijo riendo.

  • Pero no entiendo…¿Por qué has estado tan…rara?

  • Lo siento por eso.

  • Ya lo has dicho treinta veces- dije enfadada y Raquel hizo un mohín al ver mi cara.

  • Verás, después de hablar con tu madre me di cuenta de que no tenía ni idea de nada…Y mucho menos de nosotras.

Una llamita de esperanza nació en mi al escuchar esa frase.

  • Tu madre estaba confiando en mi para ayudarte y me sentí fatal por tener que mentirle yo también. Tu madre se ha portado muy bien conmigo ¿Sabes? Y contigo más que con nadie…¿No crees que se merece la verdad?

Raquel me miró esperanzada y me di cuenta de que tenía razón. Ella no era la única que estaba harta de mentiras.

  • Además, lo sabe todo el instituto, los profesores, el panadero, el tio del kiosco- fue enumerando Raquel en broma, a lo que se ganó un manotazo- No creo que a tu madre le haga gracia ser el último mono.

  • Tienes razón- dije sería- Voy a contárselo.

Raquel sonrió de oreja a oreja.

  • Pero dame tiempo- le dije- Aún no se por donde voy a empezar. Raquel puso los ojos en blanco y se desplomó en mi cama mientras decía “Ay, Dios mío…dame paciencia” mientras yo me reía.

Pero de pronto me puse sería.

  • ¿Eso significa…qué vas a estar evitándome hasta que se lo cuente? –Pregunté con miedo. Raquel se incorporó y me miró más seria que nunca.

  • Eso ni de coña. Nadie va a evitar que esté con mi novia.

Esa frase me hizo enrojecer de manera fulminante y el cambio en mi mirada fue casi violento. Como si me hubiera derretido y me hubieran vuelto a solidificar en un solo segundo.

  • ¿He dicho algo que no debiera?- Preguntó Raquel

  • No, es solo que…- joder- suena demasiado bien.

La sonrisa de Raquel se volvió picara mientras en mi cabeza la palabra sonaba como un mantra.

Novia, novia, novia, novia, novia

Y de golpe y porrazo me percato de la realidad.

  • Raquel, yo nunca…vamos que no…- Digo con esfuerzo- …Que no he tenido novia nunca. Ni he salido con nadie…Ni un rollo…ni siquiera….- No soy capaz de terminar la frase.

  • Contéstame una cosa…¿Habías besado a alguien antes que a mi?

Me niego a mirarla y me siento ridícula durante treinta segundos esperando a que ella se ría de mí.

Pero no lo hace.

  • Creo que no hace falta que conteste ¿Verdad?- le digo- Joder…me siento ridícula.

Vuelvo a ocultarme entre mis manos evitando la vergüenza. ¿Se puede ser más patética?

  • No deberías….Yo no he tenido una relación seria en mi vida.

Raquel sonó realmente triste al decir eso.

  • No es que sea muy mayor, ni nada de eso, pero para la cantidad de rollos y polvos de una noche que he tenido…Nunca ha habido más que eso.

De pronto sentí una pequeña punzada en el estomago ¿Rollos?¿Polvos de una noche? No es que esperase que Raquel fuera virgen, ni una monja, ni nada de eso…Es solo que me sentí en completa desventaja. ¿Qué podía aportarle yo a parte de un par de besos fugaces? Raquel debió ver mi expresión porque añadió:

  • Nunca hubo nadie importante por quien seguir adelante. No podía ni quería permitirme dejar entrar a nadie…Hasta ahora.

Me levantó la barbilla con sus largos dedos en un gesto demasiado casual.

  • No tienes nada de que avergonzarte- me sonrió- Si te sirve de consuelo nunca he tenido novia…Ni novio. Así que, realmente, estamos empatadas. Las dos somos igual de novatas en esto.

No pude evitar abrazarla con intensidad y enterrar mi cara en su pelo. Y sentirla realmente por primera vez después de estos días caóticos.

Y de pronto, en mitad de la felicidad momentánea…Una duda me asalta.

  • Eso…Eso quiere decir- susurro contra su pelo, intentando que amortigüe la vergüenza de mis palabras- ¿Qué nunca te has acostado con una chica?¿O si?

No me hace falta mirarla para saber que se está riendo y finalmente, estalla en carcajadas.

  • ¡Es simple curiosidad!- intento aclararle entre sus risotadas, mientras rueda por encima de mi cama- en serio…¡De verdad!

Al final me mira, con los ojos vidriosos por la risa y una sonrisa de oreja a oreja.

  • ¿Y esa curiosidad?…¿Has estado pensando cosas malas?- pregunta con una voz que suena a secretos en una cama desecha mientras arquea una ceja.

  • ¡No!- dijo enrojeciendo de golpe- Que no de verd…

Pero no me da tiempo a darle más explicaciones, porque ahora soy yo la que está rodando sobre la cama, entre risotadas, escapando de sus cosquillas.

Categorías: "La tormenta que trajo la calma" · FANFICS MISTIKA · cap.12

El secreto

Octubre 12, 2007 · Dejar un comentario

Probablemente si me preguntaras cual es mi mayor secreto…diría que no sabría que responderte…Aunque te estaría mintiendo…Porque no sabría si sería capaz de confesártelo…

Quizás, sea capaz de recordar una mirada especial, unas palabras concretas o el momento exacto en el que todo esto se volvió demasiado real como para ignorarlo…
Podría explicarte las largas noches en vela que pasé pensando una y mil veces, si ese sentimiento era verdadero…si era correcto.
Podría numerarte las infinitas excusas que me di a mi misma para negar una y otra vez las imágenes que se colaban en mis sueños o esa sensación cálida que sentía cuando ella me sonreía…Podría contarte como ella llego a ser mi secreto…

Pero definitivamente, podría contarte como todos mis argumentos se vinieron abajo definitivamente aquella tarde, en aquella sala….en aquel espacio reducido a cuatro paredes, donde nuestras miradas se encontraron y por unos segundos, mi secreto quedó al descubierto ante ella, que ya no pudo despegar su mirada de la mía al descubrir, esperanzada que sus sentimientos podían ser correspondidos…

Te contaría de cómo no fui consciente de que su rostro se acercaba hasta que pude sentir su cálida respiración sobre el mío, así como una pequeña voz en mi cabeza que me advertía que pensara en lo que estaba haciendo y el constante martilleo en mi pecho que indicaba todo lo contrario….Y todos esos sentimientos se apartaron al sentir tus labios.

Y cerré los ojos…
Me sumergí en una marea de sensaciones….su aroma…el sentimiento de que nada estaba mal, que lo que estaba haciendo era lo correcto porque me hacía sentir demasiado bien para no serlo….Pero a pesar de ello, era un riesgo muy elevado…

Un secreto demasiado peligroso…

Y a partir de entonces, comenzamos un juego personal, de miradas encubiertas a través de la distancia y caricias ocultas bajo la mesa, besos furtivos minutos antes de volver a la realidad para tener que aparentar que éramos dos completas desconocidas, digamos que casi rivales….Representar un papel en nuestro particular teatro de mentiras frente a un público intolerante….Esperando que el tiempo nos devuelva el favor algún día…

Desde luego, podría contarte mas cosas sobre ella, sobre mi …sobre nuestra extraña relación…Pero entonces ésto…dejaría de ser…un secreto.”

Categorías: El secreto

Nuit á Paris

Octubre 12, 2007 · Dejar un comentario

Aún recuerdo que el sonido de las bulliciosas calles de un Paris madrugador, me despertó… Lentamente, como si no tuviera prisa por abrir los ojos, me desperecé en tu cama y deslicé la mano por las arrugas de la sabana, que no eran más que un recuerdo somnoliento de la noche que habíamos pasado…Hasta que di con el hueco vacío que habías dejado a mi lado.

 

Por un momento me asuste, temí que nada hubiera sido real y que acababa de despertar en la habitación de mi hotel una mañana más y que todos los recuerdos de esa noche no fuesen más que otro sueño en los que te buscaba y cuando por fin te encontraba…no era mas que eso, un sueño.

  • As- tu bien dormi?

 

El susurro de tu voz se coló a través de mis miedos y descubrí que un intenso aroma a café recién hecho inundaba la habitación. Me giré y te vi a los pies de la cama, sosteniendo una bandeja y con la sonrisa más radiante que había visto en años.

  • Desayuno en la cama…guau!- Por muy estúpido que sonara, fue lo único que atine a decir al verte tan solo con aquella camisa y totalmente despeinada, haciendo que tus largos rizos cayeran como una marea desbocada sobre tus hombros….Estabas realmente guapa.

 

Con ojos brillantes dejaste la bandeja sobre la cama:

  • Y para empezar bien el día…tachaaaan… la espécialité de la France- me fijé en el plato y…

  • Ummm…¿Eso no son tostadas?- te dije. Una sonrisa traviesa apareció en tu cara y poniéndote de rodillas en la cama te acercaste a mi.

  • A lo mejor la señorita esperaba un croissant- me di cuenta que tu también olías a café y a prét â porter.

  • A lo mejor…- el susurro fue cortado por un beso y más risas que inundaron la habitación.

 

Minutos más tarde te veía beber el zumo de naranja sentada en la cama, apoyada en el respaldo, mientras yo me terminaba las tostadas…entonces me percaté de que tu cámara de fotos estaba cerca de la cama. Y de que mis sospechas eran ciertas…

  • ¿No me habrás estado haciendo fotos?- pregunté fingiendo enfado.

  • Me gustas cuando estas dormida- contestaste haciéndote la inocente – Pareces una niña buena y todo.

 

Te seguí el juego infantil y haciéndome la ofendida, me escondí bajo las sabanas.

  • Eres mala

 

Tú, te metiste también bajo la sabana y te pegaste tanto a mi que nuestras respiraciones se volvieron una sola.

  • Encima de que te preparo el desayuno…-tu susurro estaba cargado de una broma sutil…- ¿No me vas a perdonar?

  • Vale- añadí, a lo que sonreíste pícaramente, sin embargo te paré antes de que me besaras- pero…mañana quiero croissants para desayunar.

  • D´accord- fue el último susurro que se escuchó.

 

A pesar de que era lunes para el resto del mundo, para nosotras aún seguía siendo fin de semana….Y aún seguirá siendo uno de mis recuerdos favoritos de cuando me escapé a Francia para estar contigo….

Categorías: Nuit á Paris

Traffic- jam ( o mi cerebro hecho mermelada)

Julio 12, 2007 · 9 comentarios

 

Y aquí estamos.

 

En la SE- 30, a un millón de años luz del próximo desvío hacia la facultad, completamente atascadas en un embotellamiento, en pleno verano y con el aire acondicionado estropeado.

El termómetro del exterior marca 41 grados y el cuenta kilómetros indica que hemos batido un record…Setecientos metros en la última media hora ¡Genial! Todo un record digno de entrar en el libro de los Guinnes.

 En la biblioteca me esperan tantos apuntes que podría acumularlos, construir una replica en papel de la giralda y tirarme desde arriba para la alegría de algunos de mis profesores.

 

Definitivamente hoy no es mi día.

 

-         Teníamos que haber cogido la general. A esta hora la autopista es un infierno.- comenta ella por primera vez desde que hemos parado. Tamborilea los dedos sobre el volante del coche en un intento frustrado de levantar una mínima brisa de aire.

 

Me ahorro decir que yo propuse la general y ella insistió en la autopista. Me ahorro decir “te lo dije”

Pero lo confieso…tengo que morderme la lengua.

¡Y es que me saca de quicio! Sólo por que tiene dos años menos que yo, vamos a la misma facultad y tiene coche ya se cree que es la viva representación de la madurez y la razón.

Nena, te recuerdo que hace solo un par de años, mientras yo me pelaba los codos estudiando para microbiología, tú aún seguías jugando a las casitas.

Y tengo que reprimir el impulso de sacarle la lengua, pero eso quedaría muy poco maduro por mi parte ¿no?

Pero definitivamente lo que más me jode, no es ese aire de superioridad, sino el estilo “pija- pseudo-ejecutiva”  que ha adoptado desde que entró en la facultad. Desde luego que se ha tomado a pecho lo de la carrera de derecho….¿¡Quién llevaría camisa y medias de licra en pleno verano?!

-         Hay que dar imagen- me dijo cuando se lo pregunté…¿Imagen?…¿De qué?¿Y que clase de imagen se supone que tengo que dar yo que estudio ambientales? ¿Falda hippie, carnet de greenpeace en la boca, porro en la mano y en la otra un bote de pintura roja por si veo a alguien con un abrigo de pieles?

 

Esa imagen mental me ha dado más calor aún….

Empiezo a plantearme si no estaría mejor en el autobús, con el aire acondicionado, atestado hasta las trancas de alumnos y estudiantes de erasmus y buscando posturas imposibles para acoplarme entre el cuerpo de la chica de atrás y el sobaco del chico que me saca dos cabezas de alto intentando no estamparme contra el suelo cada vez que el autobús frena en seco…No definitivamente, no me parece tan buena idea.

 

Claro, que no estaría a menos de medio metro de ella, si no fuera porque vivimos prácticamente la una al lado de la otra, que normalmente el recorrido hasta la universidad sólo dura 20 minutos en coche (frente a la hora u hora y media en autobús), que me ahorro tener que correr como una loca después del almuerzo para coger el autobús, que su madre y la mía han insistido hasta la saciedad y… que está increíblemente buena.

Vale si, lo admito….me gusta….un poquito.

Entiendo que estar aquí no es precisamente el Kamasutra, la versión extendida. Pero soy yo y soy patética y para mí, la verdad, entre estar en mi casa tirada en el sofá o estar aquí mirando como ella se mueve en el asiento sin parar -sudando, nada menos- esta es la mejor opción.

Sí, es un atasco. Sí, hace calor. Y sí, es un infierno. Pero el sudor hace que el blanco de la blusa sea casi transparente y me da gasolina para alimentar mis fantasías, no puedo evitarlo….Soy patética.

-         ¿Qué he hecho yo para merecer esto?- preguntó al aire más que nada y a no ser que ella estuviese leyendo mis pensamientos, bien podía haberme referido al atasco.

-         ¿Es una pregunta retórica o quieres que te haga una lista?

 

Y ahí está ella.

Tajante, completamente fría y borde.

Y me pone.

Debería haber leyes fisiológicas que me impidieran tener esta clase de pensamientos en un coche a cuarenta y un grados (¿Cuánto es eso en grados kelvin?), una humedad ambiental del ochenta por ciento, asfalto a punto de convertirse en lava y coches exhalando CO2 en cantidades industriales como para desestabilizar el protocolo de Kioto y atentar contra la Organización Mundial de la Salud pero a mi mente, todo esto, parece importarle un rábano.

 

En estos instantes, doy gracias a Dios de no ser un tío porque en estos instantes tendría un bulto considerable entre las piernas y sería realmente incomodo estar a menos de 50 centímetros de la fuente mis fantasías sin poder darle ninguna explicación “socialmente aceptable” (como diría ella).

Si me dieran un céntimo por cada una de las veces, a lo largo de estos 7 meses que llevamos viajando juntas, que me he sorprendido teniendo películas mentales con ella, podría comprar Microsoft y quemar la empresa para ver cómo arde.

Terriblemente patético.

Ella gruñe algo inteligible por lo bajo y el tamborileo de sus dedos sobre el volante se vuelve más nervioso.

Vale. Alguien está irritada.

Los atascos la ponen de mal humor. Pero no le gusta reconocerlo. Me animo a cambiar de emisora para poder hacer algo que alivie la frustración de no tener otra cosa que hacer que tamborilear sobre el volante. Quizás una emisora con música más animada que la oreja de van gogh, que lleva sonando los dos últimos minutos y empieza a taladrarme el cerebro.

Pero cuando hago el intento de cambiar de emisora, ella me lanza una mirada de basilisco o del diablo cuando están a punto de desencadenar el apocalipsis final y desisto. Tengo la sensación de que si no quito pronto la mano del botón del dial, me morderá.

¿Me morderá?….mmm…No es una mala imagen

Ella y yo. En la biblioteca ¿La biblioteca? Si, porque no. Sobre la mesa, su maldita camisa en el suelo. Sus interminables piernas de mujer alrededor de mi cintura. Y la beso, una, dos, tres, cuatro veces. A la quinta me muerde la lengua y yo me empujo más contra ella, más, más, y más fuerte. Hasta que la piel se nos funde. Ella contra la mesa y yo en ella.

 

-         Llegaré tarde a la reunión con el decano.

 

Holaaaaa….Tierra llamando a mi cerebro pervertido.

¿El decano?¿Ese tío con más años que un fósil? Sí. Eso equivale a fantasía desapareciendo y realidad volviendo en sí.

-         No creo que el atasco dure mucho. En cuanto cojamos la salida, estamos libres. –digo intentando sonar lo más calmada posible.

-         ¿Te has dado cuenta de que va a ser científicamente imposible coger la salida mientras no podamos movernos verdad?

Verdad

¿Te has dado cuenta tú de que te brilla el cuello con una finísima capa de sudor, deliciosamente femenina?

-         Los atascos no se rigen por las leyes científicas- comento como si nada

Arquea una ceja. Naturalmente. Se mueve incómoda en el asiento del conductor para mirarme

-         ¿Ah, no?- como puede haber tanta ironía en dos palabras.

-          Hay reglas específicas para los atascos- recojo parte del sudor que empieza a caer como perlitas por mi frente- Como la regla número uno que dice que siempre pondrán las peores canciones en tu emisora preferida y la número dos que dice que habrás bebido demasiado líquido justo antes de encontrarte con el atasco de tu vida a distancia proporcionalmente inversa del báter más cercano.

 

No quiere. No quiere, no quiere, no quiere. Y se aguanta. Casi mordiéndose la lengua. Pero al final, ahí está. Baja la cabeza ligeramente y esa manera de apretar los dientes y tragar saliva curvando ligeramente los labios… Es un amago de sonrisa.

Servidora 1- Atasco 0

La vida no puede ser tan mala si he conseguido que la reina de hielo sonría, después de todo.

El termómetro sube ahora a 42 grados y ella sigue sin dejar de tamborilear sus dedos sobre el volante, probablemente enfurecida por todo lo que está pasando.

Y de pronto, un escenario rápido que aparece sin avisar ni tocar al timbre en mi mente hiperactiva. No es culpa mía que siempre esté pensando. Y que a veces, piense en ella…

Si pudiesen filmar mi imaginación se sorprenderían de la cantidad de imágenes-   fantasias que tengo almacenadas. Y aunque parezca que 7 meses no son suficientes, mi capacidad de almacenamiento haría temblar la central de Microsoft. Yo no solo tengo una colección digna de museo, ¡¡tengo el Kamasutra versión automóvil almacenado en mi cerebro!! No son fantasías muy elaboradas. Únicamente pequeños escenarios que aparecen en mi mente en el momento más inoportuno…

Como ahora. Entonces, flash. Ahí está…Un nuevo escenario surge frente a mi

Pop.

Esos dedos. Una cama. Madrugada cerrada. Suben entre mis piernas. Encuentran lo que quieren. Se hunden. Salen. Se hunden. Más rápido, más profundo. Círculos concéntricos. Los dedos se curvan y saben exactamente cómo curvarse y subir.

Joder…

Calor. La culpa de pensar estas cosas es totalmente del calor. Me hace perder el control y sentirme atrapada dentro de este coche.

Que día tan tonto tienes, hija. Qué-día-tan-tonto.

Este atasco ha convertido mi mente en mermelada.

Gracias, señor por haberles dados a ellos las monstruosas erecciones y a nosotras esa discreta humedad que siempre es un secreto entre nosotras y nuestra ropa interior.

-          Esta humedad es insoportable- comenta ella como si nada.

 


Pánico. Durante un segundo, me entra el pánico. ¿Me ha leído la mente?

-          ¿Qué habrá pasado para que estemos aquí paradas? Podría deshidratarme ahora mismo.

Ah, vale. Humedad ambiental. Si. Claro.

No todo el mundo vive constantemente en la tierra de la gelatina mental. Gracias a Dios.

-          Mucha gente hace puente hoy…quizás hemos topado con la caravana.- que comentario mas tonto.

Se lleva la mano a la nuca. Mueve la cabeza en círculos, aprieta con los dedos en los músculos de su cuello. El calor le da dolor de cabeza, creo. Eso me dijo un día. Podría ofrecerme a darle un masaje…Según una amiga mía, los masajes pueden empezar de muchas formas, pero siempre acaban de la misma….

¡No!…Otro escenario no, por favor. El calor me está empezando a afectar y ahora sí que estoy incómoda, y no precisamente por el sudor.

De pronto ella se mueve incomoda en el asiento y tardo un rato en comprender por qué.

Lleva medias de lycra.

Pop. Anda, mira. Otro escenario.

Ella lleva medias. Cruza las piernas sobre la mesa de la biblioteca y me recuerda que tengo que agradecerle que me lleve a la universidad. No lleva nada más. Sólo las medias. Y quizás algunos de esos sujetadores negros que suele llevar bajo sus habituales camisas. Y mi mirada se desliza por sus largas piernas sobre la mesa…¿Qué obsesión con la biblioteca no?…Será porque es el único sitio fresco en el que mi mente puede pensar ahora…

Oh, si…

-          ¿No tienes calor?- comenta ella abanicándose levemente con la mano.

 

No hay un “si” lo suficientemente afirmativo para contestar, me parece.

La miro de reojo. Aparte de un ligero brillo en su cuello que debe indicar el rastro más leve de transpiración, todavía no la veo sudar. ¿De qué está hecha esta mujer? ¿De amianto?

Cuando me miro en el retrovisor por el rabillo del ojo, creo que me voy a echar a llorar. La humedad me ha rizado el pelo. Excepto porque no lo ha rizado. Sólo le ha dado volumen. Solo me falta la camisa de fuerza para parecer una loca…El rimmel está prácticamente corrido, mis labios resecos y tengo la camiseta húmeda y arrugada…

Hace el mismo calor exactamente para ambas, pero ella parece sumergida en su mundo perfecto de chica perfecta, con los primeros botones de la camisa desabrochados, las mangas levantadas, el pelo completamente liso. Parece la campaña de verano de Dolce y Gavanna. Yo parezco el “antes” de un anuncio de cirugía estética.

-          No te preocupes, cuando se te empiece a escurrir el rimmel por la barbilla te avisaré- comento con sorna- Estás perfecta.

 

Ups. Eso no estaba en mi mente la ultima vez que leí el guión…Vamos a ver querida boca, tu solamente dices las partes donde pone “boca”. ¡No le quites los diálogos a mi imaginación!

-          ¿Perdona?- me mira de nuevo con una de sus cejas levantadas y no estoy muy segura si soy capaz de definir el tono que ha usado en esa frase.

-          Quiero decir…que…- me mira expectante con sus enormes ojos azules y tengo que esforzarme al máximo en no mirar su boca, resbalar por su escote y caer en picado al borde de su falda- Era sólo un comentario…no era irónico.

 

Creo.

Pero ella sonríe de medio lado.

-          Lo se

 

Y parece sincera, y no mordaz como siempre. ¿De verdad sabe que era un cumplido? ¿Y le ha agradado? Quiero decir, que no lo ha dicho en plan: “Si ya lo se, soy una diosa y ahora lámeme la punta de las botas”

Espera, eso último me lo apunto para otra escena.

¡Lo ha dicho sinceramente!

La vida es hermosa, calurosa, pero hermosa. Y ella ha vuelto a sonreir….por mi.

Tiene los labios ligeramente más carnosos y más rojos por efecto del calor. Como si estuviéramos haciendo el amor y ella se estuviera llenando de sangre y calor, voluptuosa y sensual. Sobre mí…

Ups. Lo he vuelto a hacer.

Joder, menudo día.

No es siempre así, lo juro. A veces realmente estoy pensando en otras cosas, atendiendo en clase y todo lo demás. En serio. Pero tengo días en los que mi mente está tan atascada en ella como el coche en esta autopista del demonio.

La culpa es suya por llevar un botón de la camisa de más abierto. Por brillar por efector del sudor. Y por llevar falda y dejar ver más piernas de lo que es recomendable en mi estado.

Esas piernas. Deben apretar con fuerza en torno a mi cintura si consigo hacerla temblar.

Y se me ocurren un par de maneras.

-          No puedo más- dice ella.

 

Creo que yo tampoco, pero antes de que

a)      Sea capaz de preguntar a qué se refiere

b)      Meter la cabeza en ese escote para lamerle el canalillo

 

Ella levanta el culo del asiento, hace una maniobra con los brazos que solo se puede calificar como magistralmente acrobática y se baja las medias sin que la falda se mueva APENAS de su sitio.

Centímetro a centímetro. No lo hace a cámara lenta pero juraría que así lo está grabando mi mente, se baja las medias, se quita los zapatos de tacón y se las guarda en su bolsa para volver a ponerse los zapatos.

Guau.

O sea. ¡Guau!

Esas manos bajándose las medias no es una imagen que vaya a abandonarme pronto.

-          Ufff…mucho mejor- exhala ella en un suspiro- ¿Quién inventaría las malditas medias?

 

Fui yo. Fijo que fui yo. En una vida anterior y si no es así…Ra,ra,ra. Saco los pompones y le hago un monumento al tío que invento las medias.

Y es que a veces olvido, que la chica que está a escasos centímetros de mi, con su poco mas de metro sesenta y siete, bautizada por sus compañeros como la reina de hielo es una mujer. Y no solo una mujer, sino una mujer tan femenina que haría que se me salieran los ojos de las órbitas y mi corazón saltara a mil por hora, con sólo su manera de mover las pestañas.


Sensualidad guardada bajo siete llaves, esa es ella. En cuanto se descuida un segundo, ¡¡boom!! Toda esa energía sexual desflora y la llena de electricidad.

Ahora mi lengua está celosa de las medias. Ella es así. Lo ha visto y lo quiere. Empezar a lamer en los pies, desandando el camino que acabas de hacer. Primero chupar el dedo gordo hasta que se te vidrien los ojos. Y luego subir desde el talón hasta las rodillas, besándote con toda la boca. Y el interior de los muslos. Pasar ahí tres o cuatro veranos. Y el punto donde se unen las piernas con el cuerpo, oh sí!

Y luego cuando estés llorando y suplicando. Entonces emplearme a fondo. Besar, lamer y hacer desaparecer el mundo bajo tus pies. Es impresionante lo despacio que puede lamer una lengua y lo mucho que puede tardar en salir de otra boca, bajar por el mentón, tentar el lóbulo de la oreja y aterrizar en el punto exacto en que palpita la parte más sensible del cuello.

Labios que se abren, roce de dientes, saliva, un soplido. Las manos suben por los brazos desnudos, van a los costados y luego a la espalda, a la altura del cierre del sujetador…

-          El coche de delante se mueve

-          ¿Eh?

 

¿Qué es un coche?

Señala a la autopista como si yo fuera idiota o estuviera borracha. O fuera una idiota borracha. O algo.

La veo pisar el embrague, meter la primera y pisar el acelerador. Avanzamos. O al menos el coche lo hace porque mi mente sigue embotellada en Fantasy Land. Un parque temático pornográfico a mi disposición, con ella como única atracción. Menos mal que es ella la que conduce, porque hace rato que mi cerebro terminó de fundirse.

-          ¿Qué es tan gracioso?

 

Aparentemente debo estar sonriendo y eso le da curiosidad. Claro, que es mejor que esto no lo sepa.

-          Nada. Tonterías mías.

 

Me mira de una forma que no deja lugar a dudas…No se ha creído ni una palabra. A veces pienso que en verdad me lee la mente y sólo lo hace para torturarme. Y si realmente no puede hacerlo, cuando quiera se lo cuento. O se lo enseño, como prefiera.

-          Te doy un millón de euros si vas a la cita con el decano por mi- comenta casi sin mirarme, pendiente de alcanzar el hueco que un coche a dejado frente a nosotras.

-          No tienes un millón de euros.

 

Cuando nos movemos sopla una brisa ligera y ella entorna los ojos para recibirla en la cara, apoyando la cabeza levemente en el asiento. Hay algo lánguido y delicadamente sensual en su pereza.

-          Puedo pagarte en especias.

 

Me da un vuelco el corazón. “Especias” pueden ser muchas cosas pero “especias” dicho en ese tono de voz solo puede ser una cosa.

Esa frase es lo mas sorprendente que he oído en lo que llevamos de atasco y ya sea en broma o en serio (no me lo creo ni yo) será la mejor frase de la semana. Veo la sombra de una sonrisa colándose en sus labios.

Vale, a este juego, pueden jugar dos.

-          ¿Por valor de un millón de euros? Lo dudo

 

Gira la cabeza hacia mi. Un desafío. Acéptalo o deja de tentarme. ¿Qué vas a hacer?

-          No me subestimes- dice y su voz suena a secretos en una cama deshecha.

 

Una inesperada ola de calor me sube hacia la cara. Soy una bomba nuclear. La quiero a ella, la quiero a mi disposición y la quiero AHORA.

-          Nunca se me ocurriría- murmuro.

 

El atasco avanza y nosotras con él. Pero en mi imaginación, el atasco desaparece. Corremos por la autopista hasta mi casa, pero no podemos esperar a que el ascensor llegue a mi piso y lo hacemos allí mismo.

Con una mano me deshago de su maldita-bendita camisa y ella aprovecha para deslizar sus largos y perfectos dedos por todo mi estomago para perderse entre mi ropa interior. Y lo que me hace sentir esa mano debería ser pecado. Y de hecho, se que es pecado en prácticamente la mayoría de las religiones, pero en esos momentos todo me da lo mismo, porque lo que yo no sabía es que esa mano iba a subir y a bajar, dos, tres, cuatro veces, y que a la quinta se iban a colar de nuevo en mis pantalones mientras la boca paraba, se escondía en el hueco que hay entre el hombro y el cuello, y se aprieta contra mi, piel sobre piel, un poco de sudor y un poco de saliva que transpiran al ritmo frenético de nuestros corazones. Y creo que me voy a morir en ese preciso instante.

Bendita imaginación.

Categorías: 1 Shoot · FANFICS MISTIKA · Traffic-jam (O mi cerebro hecho mermelada)

Un dia de playa (dedicado a Pé y Ángeles)

Julio 6, 2007 · 4 comentarios

Después de haber pasado aquel día tan divertido en la playa nudista decidí dedicarle estas cuatro lineas a esas dos preciosidade…..Gracias chicas!!

 

Tras la enorme caminata hasta la playa oculta entre las dunas de Doñana, en aquel escondido lugar donde la ropa de la gente empieza a brillar por su ausencia y las playas vírgenes se extienden ante tus ojos, tardas al menos un minuto en creer si aquello va en serio o no, pero te sorprendes al ver como ellas empiezan a quitarse la camiseta y ya tiene el pareo, la ropa interior y las chanclas fuera. Dios mio…¿Cómo alguien puede sacarse tanta ropa en tan poco tiempo?¿Años de experiencia en polvos rápidos? Te quitas la camiseta de un solo movimiento que te despeina por completo y la falda y la ultima barrera que queda entre la playa y tú caen al suelo y de pronto descubres que no era tan difícil.

Si corremos o no desnudas hasta el agua es una cuestión que se olvida cuando al caer de golpe en ella, descubres que está tan fría como el pinchazo de mil agujas sobre tu piel, pero al mismo tiempo es paz, deseo y perdición.

Ángeles da un aullido feroz y su piel se eriza al contacto con el agua fría, Pé en dos brazadas se ha colado más allá de donde tus pies rozan el suelo. Pasamos diez minutos haciendo burbujas bajo el agua, Ángeles cantando la canción del anuncio de pantene y Pé gritando ¡Haz el amor , no la cena! A lo cual reimos ante la aplastante deducción de Ángeles de que ese anuncio promueve la dieta del cucurucho. Aguadillas, bucear y hay un momento en el que metes la cabeza en el mar y solo escuchas el latido sordo del mundo exterior pero no distingues ninguno de sus sonidos. Un momento de Paz y cuando sales ellas todavía miran al horizonte, metidas hasta la cintura en el agua, viendo cómo gotean los rayos de sol sobre la línea de la costa.

 

Salis del agua casi juntas. Te sacudes como los perros, fuertes movimientos de la cabeza de izquierda a derecha, mojándolo todo alrededor por aspersión. Cuando abres los ojos, Pé tiene las manos en el pelo y le caen gotas desde los dedos hasta los codos. La espalda llena de lágrimas de agua en torno al tatuaje que se confunde entre los rizos y el moreno de su piel, moviéndose con tanta naturalidad como si hiciera esto todos los días. Ángeles se escurre el pelo creando hileras de gotas en la curva de su espalda que pelean por caer por las piernas más largas del mundo. Parece dos altas torres, recortadas por la luz que refleja el mar y por un momento piensa que podrían ser dos sirenas de leyenda escapadas del mar en solsticio de verano. Porque descubres que bajo su ropa había dos completas desconocidas: miles y miles de kilómetros de espalda por recorrer con la mirada, millas de piernas y curvas imposibles tostándose al sol…La imaginación es un líquido inflamable que puede entrar en combustión en cualquier momento, pero en este caso la realidad supera a la ficción.

 

Dejáis huellas irregulares en la arena que desaparecerán con la subida de la marea, mientras caeis casi derrotadas por el mar sobre la orilla. El cielo cambia de color, más brillante pero firme y sólido.

- ¿Os gusta esta playa?- pregunta Pé con la piel completamente expuesta sobre la arena mojada de la orilla del mar, que ha dejado salitre en su pelo y su cara.

- Si- Ángeles, bronceada y rubia aun permanece erguida sobre los codos.

- Mucho- dices sonriendo como una niña rebelde con un buen secreto.

 

La risa de las tres hizo que las gaviotas echaran a volar.

Categorías: 1 Shoot · FANFICS MISTIKA · Un dia de playa

De como Newton supo unir manzanas, cuerpos y aceleración.

Junio 4, 2007 · 13 comentarios

Primera ley de Newton: La inercia.

“Todo cuerpo permanece en su estado de reposo o de movimiento rectilíneo uniforme a menos que otros cuerpos actúen sobre él.”

 

 

17:30

 

Se acercaban los exámenes del primer cuatrimestre y tendría que esforzarme mucho si quería sacar unas notas lo suficientemente perfectas, para que mis padres no me montaran un numerito estas navidades. Si no, mi padre se pasaría las fiestas relatando sobre lo caro que le costaba la facultad para que yo fuera por ahí paseando los libros…. Aunque este momento era lo que estaba haciendo.

 

Solté la pila de libros que llevaba en los brazos sobre la mesa de la biblioteca. El golpe hizo que un alumno de 1º se despertara bruscamente de la siesta que se estaba echando sobre le libro de matemáticas. Ni siquiera me moleste en pedirle disculpas…Si quería dormir ¡que se fuera a otra parte!

 

Revisé la pila de libros que había ido recopilando por las estanterías: Física moderna, cinemática, algunos libros de Stephen Hawking…

Resoplé pesadamente mientras frotaba mis ojos. Entre los exámenes y los trabajos tenía una larga tarde (y probablemente noche también) por delante.

Dispuse los primeros libros que usaría frente a mí y saqué de mi carpeta un par de impolutos folios blancos… Me molestaba la gente que forraba las carpetas con colores chillones y fotografías de sus cantantes y actores favoritos. Cómo si fura necesario ir mostrándola por el mundo como una seña de identidad o un patético intento de llamar la atención sobre alguien que coincidiera con tus gustos… ¡Que ridículo! Desde luego que el azul oscuro de las tapas de mi carpeta transmitía con mayor fiabilidad mi

 personalidad, que una fotografía de los cantantes de OT.

 

Saqué un lápiz nuevo de mi estuche y lo utilicé para recoger mi larga melena rubia en un moño lo más correcto posible…me incomodaba mucho estudiar con el pelo en la cara.

Abrí uno de los gastados libros de la biblioteca y respire el intenso aroma de sus viejas paginas. Mis dedos pasaron las páginas hasta que encontré el titulo que estaba buscando: “Espacio-tiempo ¿Paradoja de los gemelos de Einstein?”

 

A pesar de que adoraba la física, este trabajo iba a ser más largo de lo que pensaba.

 

19:30

 

-          Las leyes de Newton acabaron con la idea de una posición absoluta en el espacio…- leía en voz baja el texto intentando redactar  una forma simple de explicar esta teoría y al mismo tiempo, que fuera lo suficientemente brillante como para proporcionarme un sobresaliente.

 

La gente empezaba a llenar la biblioteca poco a poco. Observé a mi alrededor. Un grupo de chicos de 2º se habían sentado cerca de mí, a mi derecha y poco a poco sus murmullos se hacían cada vez más potentes.

Intenté no prestar atención a sus risas y concentrarme en el señor Newton.

 

20:15

 

-          “La teoría de la relatividad, elimina el concepto de un tiempo absoluto que…”

 

Mis cavilaciones se vieron interrumpidas por una risotada seguida de unas risas ahogadas del famoso grupito. Vi como se tiraban un par de bolas de papel entre ellos, intentando que Marina, la encargada de la biblioteca, no les viera.

Les dediqué una mirada asesina a lo cual me respondieron con nuevas risas.

-          Tranquila Cintia…tranquila- me decía a mi misma- Tarde o temprano se cansarán…

 

Aunque deseaba que fuese temprano, porque ya no quedaban más sitios libres en ninguna otra mesa de la biblioteca…Y eran ellos o yo!

 

20:35

 

-          “Consideramos un par de gemelos…Supongamos que uno de ellos se va a vivir a la cima de una montaña, mientras que el otro permanece a nivel del mar…”

 

Una nueva risotada hizo que despegara mi nariz del “tomo1” de física…¿Qué demonios pasa ahora?

Vi como uno de los chicos intentaba esconder una revista que tenía en las manos mientras los otros, intentaban quitársela.

 

-          Será posible…a ver por donde iba…- intenté concentrarme de nuevo- …Ah si!…”Cuando vuelvan a encontrarse uno habrá envejecido más que el otro, con una diferencia de edad muy pequeña, pero…”

-          Eh tio!! Mira esta…menudas tetas!

 

¿Acababa de oir lo que acababa de oir?…Dirigí mi mirada hacia el grupo y efectivamente, comprobé que la revista por la que estaban peleando antes y que torpemente trataban de esconder, estaba llena de chicas “ligeritas” de ropa.

 

¡Genial! Lo que me faltaba era un grupo de tíos que se comportasen como hormonas con patas…

Respiré hondo y volví a la teoría de Einstein:

 

-          “Pero esta diferencia de edad, sería mucho mayor si…”- nuevas risas y mas comentarios bordes me hicieron desconcentrarme de nuevo.

-          Joder! Mira esta…Está para echarle un…

 

Decidí que no quería oír el resto de la “conversación” y busqué el párrafo donde me había quedado anteriormente:

-          …”mayor si uno de los gemelos pudiese viajar por el espacio a una velocidad cercana a la la de la luz. Cuando volviera…”

-          Ja,ja,ja…¿Pero tu has visto la cara de viciosa que tiene?

 

Concentración, no escuchar, concentración, no escuchar…

-          “..cuando volviera sería mucho más joven que el que se quedó en la tierra…Esto se conoce como la paradoja de…”

-          Venga tio! Si tu te tirarías a cualquiera…incluso…incluso a la siesa de al lado- dijo uno de ellos bajando la voz para que no le escuchara.

 

Demasiado tarde.

Le había oído…e iba a matarle.

Ese fue el comentario que colmó el vaso. Me quité las gafas de un tirón y cogí aire con tanta intensidad, que podía haber estado gritandole al chico durante un mes. Sin embargo, alguien se me adelantó:

 

-          ¡Raúl! ¡Ya está bien!- dijo una voz femenina- Si no cierras el pico te lo cerraré yo ¿De acuerdo?

 

Levanté mi vista rápidamente hacia el lugar de donde provenía la voz. Una chica, más o menos de mi edad, con el pelo teñido de un rojo bastante llamativo y un pircing en la nariz miraba con cara enfadada al grupo de chicos…

-          Estáis molestando- dijo con una voz suave aunque autoritaria.

-          Perdona Angela- dijo uno de los chicos que parecía conocerla- no queríamos molestarte.

-          No es a mi a quien habéis molestado- dijo mientras hacía un movimiento de cabeza hacia mi y nuestras miradas se encontraron por primera vez.

 

Le hice un gesto con la cabeza, quitándole importancia y volví rápidamente a mis apuntes…¿Pero que estaba haciendo?

¡ Si que me importaba! Pero por algún extraño motivo me sentí torpe cuando ella me defendió…Además, no quería mantener su mirada.

 

¿De donde había salido esa chica y en que momento se había sentado prácticamente enfrente mía? ¿Tan concentrada estaba que no me había percatado de su presencia?..Porque “discreta” no era la mejor palabra para describir el atuendo de esa chica…

 

21:03

 

Oí un sonido crujiente, y al levantar la mirada, observé como la chica del pelo rojizo estaba mordiendo una manzana.

Parecía estar muy interesada en un libro que tenía sobre la mesa, mientras daba pequeños mordisquitos a su manzana. Me tomé la libertad de observarla sin que se diera cuenta:

 

Sus ojos verdes, se movían vivaces sobre el libro…parecía completamente absorbida en su lectura. Tenía una pequeña argolla plateada en su nariz pequeña y respingona y sus labios formaban una curiosa forma curvada cada vez que mordía la manzana.

 

A pesar del color llamativo de su pelo despuntado, definitivamente no desentonaba con su cara redondita y su aspecto en general… Me imaginé que pasaría si apareciese por mi casa con ese aspecto: a mi madre le daría un patatús y mi padre me mandaría a un reformatorio (si tengo unos padres muy estrictos…¿y qué?) De todas formas…¡¡Nadie que no quisiera llamar la atención se teñiría el pelo de ese color y llevaría calentapiernas de rayitas en los brazos!!

 

La chica levantó la vista y por segunda vez en aquella tarde su mirada me obligó a bajar la mia. Intenté concentrarme en algún fundamento físico que no me recordara esos ojos verdes mirándome divertidos.

Mientras repasaba el principio de incertidumbre de Heisemberg, una risa suave que procedía de la chica misteriosa se coló sin darme cuenta de nuevo en mi mente haciéndome olvidar por completo si era posible conocer la velocidad y posición de una partícula al mismo tiempo…Olvidé incluso si realmente había leído eso antes en alguna parte…

 

El sonido crujiente de una manzana me devolvió a la realidad.

 

21:45

 

-          Perdona…

 

Cuando intentaba concentrarme en el capitulo V sobre particulas elementales, su voz llamó mi atención.

La miré sorprendida, sin saber muy bien si realmente me había hablado, o solo lo había imaginado. No le dije nada…no porque no quisiera, si no porque no supe que decirle al ver como me tendía una manzana y me preguntaba:

-          ¿Quieres?

 

Ante mi prolongado silencio, ella siguió insistiendo.

-          Bueno, se que no es precisamente un bocadillo de jamón, pero…Ahora mismo es lo mejor que puedo ofrecerte…Llevas muchas horas ahí y no has comido nada…

 

¿Y que sabía ella? ¿Me espiaba?

No quise parecer descortés y cogí la manzana. La miré como si llevara en la mano una bomba. Ante mi indecisión añadió:

-          Tranquila blancanieves…no está envenenada- y me guiñó un ojo.

 

Me sentí avergonzada y mordí ligeramente la piel crujiente de la manzana, no sin murmurar antes un débil “gracias” a lo que ella sonrió y continuó con su lectura.

 

No sabía si me preocupaba más el hecho de que me había dejado sin palabras con una simple sonrisa o que alguien completamente desconocido sabía mejor que yo lo que necesitaba…

 

Mordí la manzana que emitió un crujido parecido al de la suya.

 

22:00

 

Después de pensarlo un buen rato, descubrí que me hubiese resultado más fácil explicar la teoría de Einstein sobre la curvatura del espacio que empezar una conversación con ella…

-          Perdona- le dije.

 

Ella levantó de nuevo su mirada esmeralda y yo reuní todo el valor que tenía para agradecerle como se debía lo de la manzana…y fallé estrepitosamente.

-          ¿Tienes una goma?

 

Ella asintió alegremente y mientras rebuscaba en su estuche, yo me pateaba mentalmente por ser tan cobarde.

-          ¿Estaba buena?- por unos segundos la miré sorprendida sin saber muy bien a que se refería…hasta que finalmente mis neuronas volvieron a hacer contacto.

-          Eh…ah! Si…claro,claro.

 

¿Por qué esta chica me hacía comportarme como si hubiese llegado tarde a la repartición de cerebros? Se suponía que yo sería el futuro premio Nobel en física cuántica y acababa de olvidar como explicar la radiación de un cuerpo según la frecuencia de ondas…¡¡Un error de novata!! Recuperé la poca compostura que me quedaba para construir una frase socialmente aceptable.

-          Antes te he debido parecer una borde…perdona- comencé yo, lo que la hizo mirarme sorprendida.- Es que cuando estoy estresada con los exámenes…y lo que  no son los exámenes- dije señalando con la cabeza al grupito de “hormonas con patas”- Lo siento…no respondo bien bajo presión…de todas formas, gracias por la manzana.

 

Intenté que mi sonrisa fuera lo mas amigable posible. Ella solamente me miró divertida, con sus ojos brillantes a través de su flequillo enrojecido….Sin embargo, al parecer la conversación no había terminado ahí:

-          Quizás no te haya servido para descubrir una nueva ley física, pero al menos mata el, gusanillo- añadió ella.

-          ¿Qué?

-          La manzana…Newton…- continuó ella.

 

En otro momento, habría relacionado aquellas dos palabras rápidamente, pero mi cerebro estaba demasiado ocupado felicitándose por haber articulado una frase completa delante de aquella extraña chica, que estaba consiguiendo descolocarme.

-          ¿No fue Newton el que descubrió la gravedad cuando le cayó una manzana en la cabeza?- me preguntó mirándome interesada. Finalmente mis neuronas volvieron de su paseo nocturno y le solté del tirón:

-          A decir verdad no la descubrió…sólo la comprendió. Además, la manzana nunca llegó a caerle en la cabeza, eso es solo un adorno histórico. En sus escritos, Newton, sólo apunta un suceso parecido en el que, al observar la caída de una manzana madura, comienza a desarrollar la teoría de la gravedad.

 

¡Mierda! O no hablo o al hacerlo parezco una maldita enciclopedia…Si antes pensaba que era una borde…ahora pensaría que era una empollona repelente (aunque lo fuera).

Sin embargo, a pesar de mi elocuente explicación, la chica no parecía aburrida, ni me miraba como si estuviese loca (que suelen ser las dos opciones cuando hago cosas así). En vez de eso, me miraba fascinada, con los ojos muy abiertos.

-          ¡Guau! Debe gustarte mucho la física para saberte la vida de todos los tíos que aparecen en ese libro- dijo echándole un ojo al enorme tomo de teorías sobre física que tenía delante. Sonreí aliviada…al menos no pensaba que estaba loca.

-          Bueno…no me se la vida de todos…lo que pasa que he leído muchas veces este libro y algunos datos históricos se me quedan- no quería dármelas de sabionda.

-          Yo sería incapaz de leerme ese libro…-añadió- estaría roncado en la primera página.

-          Suele pasar- dije desanimadamente- la gente no entiende lo interesante y divertida que puede llegar a ser la física…

-          ¿Divertida?- la chica dejo escapar un tono irónico- ¿Qué tiene de divertida?

-          Pues…-estaba dispuesta a darle una explicación lo suficientemente buena como para convencerla- la física tiene la explicación para casi todos los acontecimientos que ocurren…Por ejemplo, si Newton no hubiese estudiado la gravedad no sabrías porque  la Tierra gira alrededor del Sol y  porque éste se mueva alrededor de la Vía Láctea…ni siquiera sabrías el porque tienes que agarrarte a algo cuando un autobús frena para no estamparte contra el suelo…

-          La inercia ¿no?- asentí ligeramente- ¿Ves? Aún recuerdo algo del bachiller…Yo era más de letras- comento con una sonrisa- Ya se que la física está en todas partes, pero un matemático diría lo mismo. El problema de la física es que no ve más allá de sus narices.

-          ¿Qué?

-          La física, al igual que la mayoría de las ciencias, se limita a explicar lo que ve…Newton explicó la gravedad al observar una manzana pasar de un punto A a un punto B. Buscó una explicación lo suficientemente lógica para entender lo que estaba viendo, pero nunca se planteó el porque la manzana decidió que era el momento de caer.

-          ¿Qué? Espera…estas intentando explicarme una de esas teorías de ¿Por qué el pollo cruzó la carretera?- ella sonrió abiertamente.

-          No exactamente, sólo estoy diciendo que generalmente tendemos a pensar que para que las cosas ocurran, es necesaria una intervención externa.

 

La miré sin comprender muy bien a que se refería. De reojo observé el libro que tan interesada había estado leyendo.

“El cambio” se titulaba.

Así que una estudiantilla de humanidades pretendía tambalear siglos de teorías físicas porque a algún filósofo-psicólogo loco había escrito un libro.

Debió de notar mi mirada porque añadió.

 

-          Esta bien, te lo traduciré a tu idioma: Todos los patrones tienen una tendencia a perpetuarse- una sonrisa maliciosa se coló en sus labios al ver como mis ojos se abrieron desmesuradamente…¿Por qué había sonado tan jodidamente sexy esa frase en su boca?- Es una de las leyes básicas de la física, la ley de la inercia: las cosas tienen una tendencia a mantenerse de la misma manera que están dándose.- Sus ojos brillaron dibujando sombras imposibles bajo su flequillo al inclinarse sobre la mesa y acercarse más a mí, a quince escasos centímetros. Atrayente. Casi magnética.- Así, que alguna intervención externa es necesaria para que se de el cambio…

 

No se en que momento exacto de la frase, empecé a sentir ese burbujeo entre el pecho y el estómago, el vértigo, el pulso acelerado y tuve que agarrarme al borde de la mesa….Pero había una cosa que me preocupaba más.

¿¿De verdad estaba a punto de tener un orgasmo porque una chica de humanidades acababa de susurrarme a media voz la jodida primera ley de Newton en mitad de la biblioteca??

 

No tenía sentido. Casi iba contra las leyes naturales del universo… como si la manzana se resistiera a seguir la ley de la gravedad.

 

-          ¿Qué…qué quieres decir?- la lengua se me había quedado de trapo.

-          Que deberías dejar de ser un cuerpo en estado de reposo- dijo cerrando el libro que estaba frente a mi- y dejar que algún otro “cuerpo”- dijo señalando lo evidente- actúe sobre ti variando tu trayectoria…como por ejemplo, invitándote a un café…¿ahora?

 

Su pregunta me pilló casi por sorpresa.

-          Sólo si quieres claro- añadió- …yo sólo soy una intervención externa.

 

Apenas me di cuenta de que mis pies se movían como autómatas siguiéndola y sólo soy consciente cuando frente a la máquina de café ella me pregunta:

-          ¿Café o capuchino?

 

Es oficial, ella es la gravedad y yo soy la maldita manzana que cae sin saber por qué.

Va a ser una noche muy larga.

 

Segunda Ley de Newton: La dinámica.

“La fuerza que actúa sobre un cuerpo es directamente proporcional a su aceleración.”

 

22:35

 

Acelerada estaba yo mientras Angela ( porque claro, la enigmática chica del café tenía nombre) mordía su segunda manzana de la noche con ese crujido tan especial que hacía que mezclara las líneas del texto que intentaba leer. A estas alturas no sabía si Einstein había tenido gemelos o si lo de la paradoja era un cuento que le contaba por las noches.

Los calentadores habían desaparecido de sus brazos, así como su jersey dejando ver más de lo que la imaginación y la física podían demostrar.

¿Había comentado ya que realmente empezaba a hacer calor en pleno invierno?

 

-          ¿Ocurre algo?- me preguntó entre mordiscos sin levantar la vista del libro.

-          No ¿Por qué?

-          Te veo…desconcentrada- noté la sombra de una sonrisa colándose entre sus labios.

-          No se porque lo dices- pasé con indiferencia la pagina donde estaba el párrafo que había leído ya siete veces sin entender absolutamente nada. Era la primera vez que la física me sonaba a chino-mandarín.

-          Se te da peor mentir que a mi las mates- me miró divertida mientras recogía el jugo de la manzana con los labios.

 

Mi mente buscaba una excusa que no tuviera que ver con Einstein, …dientes… la paradoja…lengua…el espacio-tiempo… manzana…

 

-          Son esas hormonas con patas amigos tuyos…- dije señalando con la cabeza el grupito de chicos que aún seguía armando barullo por lo bajo- No paran- añadí pensando que había encontrado la excusa perfecta

-          ¿Todavía están con la revista?- ella levantó la vista hacía el corrillo que tenían formado los chicos en un rincón de la mesa- ¡Eh Raúl!- dijo levantando algo la voz.

 

El chico se volvió hacia ella con un ojo aún pegado a la revista.

-          ¿Todavía estáis con eso?- le riñó en broma- Se te van a quedar pegados los ojos a la revista.

-          Cómo para que no se te queden pegados…mira, ¡échale un vistazo!

 

Lo único que no habría imaginado jamás sucedió cuando el último número de la revista penthouse, se deslizó sobre la mesa hasta chocar con mis apuntes de dinámica, dejando al descubierto los “secretos” más íntimos de Miss Enero.

Sin embargo, cuando lo surrealista de la situación estaba haciendo que olvidase como se pestañeaba, la realidad superó a la ficción haciéndome despegar los ojos de la revista al ver como Ángela la cogía y con una mirada curiosa y analista miraba detenidamente la foto.

 

Despegó la mirada por unos instantes para cerciorarse de que la estaba mirando y pareció complacida al ver como yo desviaba (por no decir que teletransporté) la mirada hacía el libro de física topándome de lleno con la segunda ley de Newton que comencé a leer como si realmente me fuese la vida en ello.

 

“La Primera ley de Newton nos dice que para que un cuerpo altere su movimiento es necesario que exista algo que provoque dicho cambio. Ese algo es lo que conocemos como fuerzas”- empecé a leer

-          ¿Sabeis?-dijo ella a media voz- hay mas en esta foto de lo que parece a primera vista

 

¿Más?¿¡Más que una talla 100 embutida en un sujetador de la 85!?…-pensé

-          Hay…algo en su mirada. No solo son curvas y piel expuesta- se detuvo unos instantes para hacer crujir una vez más, la piel de la manzana entre sus dientes- Mira a la cámara como si quisiera transmitir…fuerza.

 

No quise levantar la cabeza, ni siquiera me permití desviar los ojos de las lineas…pero aquella palabra…”fuerza”…¿Acaso estaba leyendo en voz alta y no me había dado cuenta?…”Estas son el resultado de unos cuerpos sobre otros”- continuaba el párrafo

Ella volvió a morder la manzana y el crujido me provocó un escalofrío muy placentero por la espalda.

-          Hay algo más….

 

Me forcé a mi misma a seguir leyendo…”la fuerza neta aplicada sobre un cuerpo…”

-          Su mirada es asfixiante e inquietante. Algo que juega a dejarte sin aire…

 

Joder, como se notaba que era de letras…¿Por donde iba? Ah si, cuerpos…¿O era algo sobre el aire?

-          Algo que te enloquece. Que te hace suspirar. Respirar hondo, profundo…

 

Y… joder, qué deliciosamente bien ha sonado eso…quiero decir, que…” es proporcional a la aceleración que adquiere dicho cuerpo”

-          Te marea,  te excita…

 

“Que excita dicho cuerpo…digo…acelera dicho cuerpo…¿No?”

 

Uno de los chicos dejo escapar un silbido.

-          ¿Tenías que enrollarte tanto Ángela?…¿No podías simplemente decir…que esta buena?

 

Ella muerde – no se si por quinta vez, porque ya he perdido la cuenta- la manzana dejando escapar una sonrisa maliciosa y paseando su mirada hacia mi.

Y esa es la señal, el detonante.

-          Tengo que buscar un libro…- digo levantándome como un resorte de la silla-…algo sobre…fuerzas y aceleración- digo sin pensar demasiado en ello.

 

No llegué a leer la última linea, pero no me hacía falta para saber que tanto la fuerza como la aceleración son magnitudes vectoriales, es decir, tienen, además de un valor, una dirección y un sentido….Y mi dirección y sentidos estaban claras: huir de Ángela y de las abrumadoras ideas que me estaba provocando.

 

Con lo que yo no contaba, era con que la causante de todo mi alboroto me siguiese hasta los escondidos pasillos de la sección de física.

 

 

 

 

Tercera ley de Newton: Acción-reacción.

“Cuando un cuerpo ejerce una fuerza sobre otro, éste ejerce sobre el primero una fuerza igual y de sentido opuesto”

 

 

Podría respirar. Llenar los pulmones de aire, espirar y volver a inspirar. Podría hacerlo si los pasillos de la sección de fisica, que forman las estanterías no fuesen tan estrechos, si hubiese un poco más de luz en aquel lugar apartado de la biblioteca, si no hiciese tanto calor y, sobre todo, si Ángela no me hubiese seguido hasta ese rincón oscuro, sin jersey y sin los treinta centímetros de separación que marcan mi zona de seguridad y donde su presencia empieza a ponerme realmente nerviosa.

 

Trato de concentrarme pasando los dedos por los tomos de los libros, como si realmente estuviese buscando algo, mezclando en mi mente los nombres que leo a toda velocidad – Física cuántica, ejercicios sobre vectores y fuerzas, aceleración-, ¡joder¡ acelerado estaba mi pulso, mientras mis manos pasaban nerviosas sobre los lomos de los libros e intentaba ignorar a Ángela, moviéndose nerviosamente detrás de mi, hasta que la oigo hablar demasiado cerca de mi espacio personal y salto como un resorte.

-          ¿No era esto lo que buscabas?

-          ¿El qué?

 

 

Y me giro. Para evitar que note mi nerviosismo, para decirle que baje la voz, para que se esté quieta. No para quedar atrapada por su cuerpo y la estantería, en un pasillo claustrofóbico, donde nunca llega suficiente luz y nunca hay suficiente espacio para que dos personas se pongan a buscar un condenado libro.

 

Podría respirar. Coger aire, soltarlo y volver a inspirar. Podría si Ángela no estuviese inclinada hacia delante, ahogando el poco espacio personal que me queda, sacando uno de los gruesos tomos de fisica de entre los polvorientos libros, justo a tres centímetros de mi cara y, juro, que podría leer el título del condenado libro, si con la otra mano no estuviese sosteniendo la maldita manzana, cuyos crujidos me traen de cabeza, me dilata las pupilas, me inflama los labios y concentra todo el calor de la biblioteca en un único punto.

 

La manzana.

Su boca.

 

Y es entonces cuando Ángela saca el libro, le da la vuelta y, por fin, me mira.

 

Con los ojos encendidos bajo su flequillo y más alta de lo que la recordaba. Vuelve a mirar el libro y después la manzana y en esos momento se lo que está pensando porque- Oh! Dios mio – está tan cerca que primero me mira los labios, luego los botones de la camisa, mordisquea de nuevo la manzana y su mirada desciende hasta la cinturilla de mis vaqueros y noto como su garganta sube y baja despacio al tragar.

 

Podría besarla, cogerla de la nuca y obligarla a usar los labios para algo más que morder la rojiza manzana que produce ese sonido tan intoxicante.

Podría hundir mis manos en su rojizo cabello tan a juego con la manzana y borrarle esa sonrisa juguetona de la cara.

Y podría hacer mil cosas más que harían de aquel aburrido pasillo de física un lugar memorable.

O podría respirar.

Y cerciorarme de que todo lo que estoy pensando es una absoluta locura y que las horas que llevo si dormir empiezan a jugarme una mala pasada.

Podría hacer muchas cosas, como por ejemplo, prestar a tención a la pregunta que Ángela me está  haciendo en estos instantes.

-          ¿Quieres?

 

Deduzco que se refiere a la manzana, o a lo poco que queda sin mordisquear y por una fracción de segundo, desvió mi mirada hasta su mano. Voy a hablar. Voy a decirle que no me apetece. Que necesito olvidarme de manzanas y de leyes de la gravedad por unas horas.

Pero la intención muere justo en el borde de mis labios porque ella me ha puesto una mano en la nuca y me está besando, allí mismo, con los señores Newton y Einstein como únicos testigos.

El libro cuyo título jamás llegaré a saber cae de sus manos, y a pesar de que el ruido que ha ocasionado ha debido oírse en la otra punta del planeta, no lo noto lo más mínimo porque ese beso es lento, casi perverso y me llena el cerebro de saliva y no puedo pensar en nada.

No siento las rodillas y de cintura para abajo sólo hay un latido inmenso y abrasador que me disuelve el cerebro.

 

No hay gravedad -en serio, ¿quién inventó eso?- y finalmente me agarro en parte a la estantería, en parte a ella para evitar caer al suelo, como el libro o aquella manzana y acabar formando parte de una nueva ley física sobre los efectos de enrollarse contra la estantería de una biblioteca.

En estos instantes, no entiendo la Física ni toda esa pamplina de que el tiempo es una variable universal. Ahora mismo, el tiempo es un chicle que se estira, se hincha, nos engulle y explota mientras sus manos reaccionan y me envuelven, una en la nuca, otra en la base de la espalda. Más cerca, más cerca…

 

-          ¿Quién está ahí?

 

Nos apartamos de un respingo. Siento que mis ojos van a saltar al vacio y que mi corazón es un trapecista sin red. La encargada de la biblioteca aparece de detrás de una de las estanterías y – por favor, que no haya visto nada- se pone las gafas para enfocar la mirada mientras yo suelto un suspiro con alivio.

Noto como Ángela la mira preocupada, casi sin poder respirar. En esos instantes todo me da vueltas, no recuerdo la constante de proporcionalidad, ni siquiera el año en que Newton enuncio su primera teoría, sólo se que podría entrar en combustión espontánea en ese momento. Alli mismo. Entre aquellas estanterías que me separan de la más dulce de las muertes y el mayor bochorno de mi vida.

 

Mientras ella le da algún tipo de excusa a la encargada intento no mirarla. Alta, despeinada, labios hinchados, ojos eléctricos.

Tengo que salir de allí.

Ahora.

Ya.

 

-          Tengo que….

 

Calmarme. Morirme. Morder una manzana

 

O podría salir de allí, si dar explicación alguna, con el pulso salvaje por todo mi cuerpo y la boca cosquilleándome.

 

O podría respirar.

Hacer un ruidito de sorpresa, salir corriendo y entonces, por fin, inspirar, espirar y odiar  y amar a Newton con la misma intensidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Categorías: 1 Shoot · De como Newton supo unir manzanas,cuerpos y aceleració · FANFICS MISTIKA

Capitulo 11: Quid pro quo

Abril 17, 2007 · 36 comentarios

La puerta emitió un ligero crujido y ante mí apareció un largo pasillo, repleto de cuadros y fotografías, muy iluminado y que se perdía en otra habitación del fondo.

Raúl me indicó con la mirada que él pasaría primero.

Avancé por el pasillo, prácticamente pegada a él observando con nerviosismo los múltiples cuadros que había colgados.

La mayoría eran fotografías, que deduje, eran de Raquel y también algunas de ellos dos en la playa y en otros lugares que no llegué a reconocer. También un par de cuadros de un autor del que no había oído hablar en mi vida.

-         ¿Hermanita?- preguntó Raúl al aire- ¿Estás ahí?

 

Nadie contestó.

-         Vamos, no te hagas la sorda…Se que estás ahí- canturreó

-         Si sabes que estoy aquí ¡¿Para que preguntas?!- Resonó una voz del final del pasillo, proveniente de alguna de las habitaciones.

-         Esta en casa- comentó Raúl sarcástico.

 

Lo último que me faltaba para terminar de ponerme taquicárdica, era saber que Raquel no estaba de muy buen humor.

-         Adivina lo que el cartero nos ha dejado en el buzón- siguió hablando Raúl a medida que nos acercábamos al cuarto del que había salido la voz

-         ¿Tu cerebro?- la voz sonaba increíblemente cerca ya y de pronto Raúl se paró en seco al lado del marco de una puerta que estaba abierta. Prácticamente me choqué con él.

-         No, es algo mucho mejor- le vi sonreir ampliamente hacia el interior de la habitación.

-         Mira Raúl- la voz se estaba acercando a la puerta…¡Raquel estaba apunto de acercarse! Y mis manos no hacían más que sudar- No tengo ni tiempo ni ganas de escuchar tus…

 

Pero Raquel no llegó a terminar de decir para lo que no tenía tiempo, porque de pronto apareció a través de la puerta, con el ceño fruncido y cara de pocos amigos. Su expresión cambió radicalmente al verme allí y por unos instantes juraría que un brillo de alegría se coló en su mirada. Después pasó de nuevo a la sorpresa.

El instante debió durar unos microsegundos, pero me dio el tiempo suficiente para captar que Raquel no se encontraba bien…Y no es que estuviese enferma ni nada por el estilo, era la sensación abrumadora de que algo no marchaba bien.

Llevaba unos pantalones de chándal y un jersey azul oscuro enorme, cuyas mangas le quedaban un poco grandes. Su pelo estaba recogido en una cola alta, haciendo su cara aún más largada y señalando el comienzo de unas ojeras que empezaban a formarse bajo sus ojos, que estaban completamente apagados.

-         ¿Qué haces aquí?- su tono sonó bastante enfadado. Después fulminó con la mirada a su hermano.-¿De que sirve lo que te hablo?- le dijo.

 

Raquel salió finalmente de la habitación haciéndome a un lado y pasando entre el escaso espacio que quedaba entre su hermano y yo, dejando un rastro de su peculiar aroma, que sin haberme dado cuenta, había echado mucho de menos.

-         Necesito hablar contigo- le dije.

 

Raquel se detuvo a mitad del pasillo y se giró hacia mí.

-         No hay nada de lo que hablar- dijo secamente- Y ahora, vete.

 

Se giró de nuevo y entró en otra habitación. La seguí decidida y descubrí que había entrado en una cocina bastante espaciosa.

-         Raquel- la llamé. Estaba de espaldas a mí buscando algo en una alacena.

-         No te he dicho…- comentó con voz pausada-…que te fueras.

-         Si, pero…- no estaba muy segura de si debía seguir por ahí- …pero no me voy a ir- me crucé de brazos- A cabezota no me gana nadie.

-         ¡Bea!- se giró hacia mí con un vaso de agua en la mano- ¡Largate!

-         ¡No!

-         ¡¿Es que no lo entiendes?!…¡No quiero hablar contigo!¡No quiero saber nada de ti!

-         ¡No!

-         Mira- dijo moviéndose peligrosamente hacia mí. No sabía si temblaba de furia o por el contrario, es que estaba a punto de llorar- Fuiste una bonita diversión, bollito, pero nada más…¡Nunca, repito, nunca me caíste bien! Y por su puesto, nunca me fijaría en alguien como tú- me dedicó una fea mirada de desprecio-  así que desaparece de mi vida y deja de molestarme.

 

Tras aquello hubo un silencio muy espeso. Raquel se giró de nuevo hacía el fregadero dándome la espalda. Las palabras de Raquel me habían hecho más daño de lo que se pudiera imaginar.

La miré dolida y me sorprendí al ver que aún seguía temblando y que con la mano que aún tenía libre apretaba el borde de la encimera.

Y comprendí.

Posé mi mano en su hombro, forzándola a mirarme.

-         Raquel- le dije suavemente

-         ¿Todavía estas aquí?- su voz sonaba terriblemente apagada- ¿Qué es lo que quieres Bea? ¿No te has enterado?- Sus ojos estaban prácticamente acuosos.

-         Si…te he oído…Y no te creo- su mirada se volvió sorprendida y una lágrima rebelde resbaló por su mejilla- Además- añadí- Yo había venido a por un vaso de agua.

 

Al decirlo, agarré suavemente el vaso que aún tenía en sus manos y rocé con cariño sus dedos.

-         ¿O a caso pensabas que había venido a espiarte?

 

El labio de Raquel tembló ligeramente y dejo entrever una sonrisa en mitad de su expresión triste.

-         Necesito hablar contigo- le susurré

 

Raquel hizo el ademán de ir a hablar, pero de pronto miró hacia la puerta de la cocina, donde su hermano estaba apoyado con cara de no entender nada.

-         ¿Quieres palomitas para el espectáculo?- le preguntó Raquel

-         No, no, así está bien- respondió acostumbrado al sarcasmo de su hermana- Pero vosotras seguid, seguid…Como si yo no estuviera.

 

Raquel le echó una de sus miradas asesinas y dejando el vaso encima de la mesa me dijo:

-         Vamos….Aquí hay mucho cotilla.

 

Salió al pasillo y cogió un abrigo que había colgado en un perchero. Raúl me guiñó el ojo instantes antes de que Raquel cogiese el casco de la moto y me hiciese señas para que la siguiera fuera del piso.

 

No cruzamos palabra en ningún momento. Silenciosas bajamos a la calle y volvimos a montar en la moto de forma sincronizada, como si lo hubiésemos hecho millones de veces. No le pregunté a dónde íbamos. Supuse que Raquel necesitaba sentirse cómoda…O a lo mejor quería escapar. No me importaba, lo único que importaba en ese momento es que estaba con ella y que pronto hablaríamos.

Llegamos al río y Raquel bajó por una de las rampas de acceso de daban al paseo. Aparcó la moto cerca del muelle de piedra y de la misma forma silenciosa, me deshice del casco y la seguí durante un trecho del camino.

Bordeábamos el río, viendo en la lejanía el característico puente de Triana, que acompañaba a modo de estampa al brillo del sol que se reflejaba en el agua.

Raquel se paseaba pensativa. Tenía la sensación de que tenía mil ideas dándole vueltas en la cabeza al mismo tiempo, y que quizás, estaba buscando las palabras exactas para empezar una conversación.

 

Finalmente, se sentó en uno de los salientes sobre el río y me hizo señas para que me sentara a su lado sobre la roca. Respiró hondo antes de hablar:

-         En el fondo…Sabía que en el fondo, quería que aparecieras en el pasillo de mi casa….Aunque también sabía que no quería que lo hicieras….Porque no podía ser. Sabía que esto iba a pasar…Y no quería que pasara…Yo…Lo que quiero decir es…- me miró de pronto- Te he echado de menos

 

Su mirada volvía a ser tormentosa.

-         Y más de lo que quisiera admitir- añadió.

-         Raquel yo…

-         No, déjame acabar, por favor.- En parte me suplicó con la mirada- me gustaría hacer un trato contigo.

-         ¿Qué?

-         Quiero un Quid pro quo….Yo te cuento lo que quieres saber y a cambio, tú me cuentas algo que yo quiera saber. Porque…porque estoy muerta de miedo y nunca lo admitiría delante de nadie y necesito saber que si yo voy a ser sincera contigo, tú también lo serás conmigo.

 

Nuestras miradas se mantuvieron durante unos instantes donde la respuesta ya estaba implícita, pero accedí de palabra.

-         Te lo prometo.

 

Raquel volvió a centrar la mirada en el horizonte, donde un grupo de pájaros levantaban el vuelo.

-         El otro día, cuando…Cuando estábamos en la puerta y…- por un momento pensé que diría “iba a besarte”- …Y sonó mi móvil. Era mi hermano.

-         Si eso lo deduje y que te contó algo que no te gustó, también.

-         Ha pasado algo. Algo que sabía que tarde o temprano pasaría. Y aunque quería hacerme creer que estaba preparada…Prefería pensar que nunca llegaría.

-         ¿Qué ha pasado?- pregunté asustada

-         Han soltado a Víctor… a mi padre- dijo de un tirón- De la cárcel.

 

Aquella noticia me pilló por sorpresa. Cierto que había adivinado por la conversación, que alguien había salido de la cárcel. Pero nunca me habría imaginado que sería el padre de Raquel. Aunque, ahora que lo pensaba, no sabía absolutamente nada del resto de su familia.

-         No sabía que tu padre estuviese en la cárcel.

-         Bueno, no es algo que suela poner en el currículo…Tu sabes, no es muy buena propaganda- rió amargamente de su propio chiste- Lleva allí cinco años.

-         ¿Por qué?

-         Me pegó una paliza.

 

Me llevé las manos a la boca horrorizada.

-         ¿Qué….?- pregunté débilmente.

-         La historia con Víctor es muy larga y muy complicada.- me miró con el brillo del agua reflejado en sus ojos, más grises de lo normal- Lo único que Víctor ha querido en este mundo, es a mi madre, y tampoco tengo muy claro por que ella seguía con él. Quizás en algún tiempo, fue cariñoso, antes de que yo naciera…Porque el Víctor que yo conozco, es cualquier cosa menos cariñoso.

 

Me sorprendió que le llamara por su nombre.

-         Yo nací cinco años después que Raúl y mi madre, que en paz descanse, murió en el parto. El por qué, nunca lo supe. Lo único que Víctor me dejó claro, es que la culpa era mía. Y durante 14 largos años, me lo estuvo recordando día y noche.

-         No tuvo que ser fácil.

-         De hecho, no lo es….Porque con el tiempo consiguió hacerme creer que realmente, la culpa había sido mía.

 

Me sentí fatal al imaginar el infierno por el que había debido pasar…Yo pensaba que mi infancia había sido dura al perder a mi padre, pero no tenía ni punto de comparación con lo que Raquel me estaba contando.

-         Al principio, Víctor, se vio en la obligación de cuidarnos. Durante unos años, no paso nada…Bueno, al menos yo era demasiado pequeña para darme cuenta de lo serias que empezaban a ponerse las cosas…Que Víctor bebiera o se pasase la mayor parte del día durmiendo. Al final, Raúl se puso a trabajar cuando yo apenas tenía once años y el 16, con el firme propósito de ahorrar y largarse en cuanto pudiera de esa maldita casa…Sabes, crecí rodeada de botellas de vino vacías, esparcidas por la casa… Al principio, se molestaba en esconderlas….¡Una vez encontré una dentro de mi caja de cereales!- comentó sorprendida-  pero llegó un momento que al no recordar dónde las escondía, empezó a darle igual dejarlas encima de la mesa de la cocina, en la cama…

 

Meneó la cabeza apenada y se frotó los ojos con fuerza.

-         Que Víctor fuese alcohólico, es algo que hubiese podido llevar con el paso del tiempo…Quizás hubiese podido entenderlo. Que estaba triste, que se abandonó…Pero se cebó en mí.

-         ¿Qué pasó?

-         Los problemas verdaderos, empezaron cuando yo empecé a entrar en la pubertad…Con tan sólo 13 años era casi un vivo retrato de mi madre en su juventud…O al menos eso decía  Víctor, lo cual le jodía profundamente.- dijo pateando una piedra que había cerca de nosotras- Decía que le recordaba a ella….Que no tenía bastante con haberla matado, sino que encima, intentaba parecerme a ella…”Tu madre es única” solía decirme. Me obligó a cortarme el pelo y desde los 13 hasta los 15, llevé el pelo tan corto como un chico- Raquel se acarició su larga coleta, dejando escapar finalmente  las ultimas briznas de cabello entre sus dedos- Decía que con el pelo largo, le recordaba aún más a ella.

 

A medida que Raquel hablaba, mi estómago se iba encogiendo cada vez más, pero me esforcé por mantenerme firme, dado el valor que Raquel estaba demostrando al contarme todo esto.

 

-         Realmente, fue Raúl el que se ocupó de mí casi todos estos años. Ha sido un hermano mayor modélico…- meneó la cabeza tristemente- Solía decirme que cuando cumpliera 18, nos iríamos los dos a vivir juntos y que llenaríamos la casa de gatos.

-         ¿Gatos?

-         Me encantan los gatos. Mi ilusión era tener uno negro con los ojos verdes.

-         Bueno, al final, parece que acabasteis viviendo juntos…sin gatos claro.- Raquel me sonrió.

-         Aunque hubiese preferido que el detonante para irnos a vivir juntos, hubiese sido por otro motivo…

 

Temí preguntarle.

-         Víctor empezó a tener problemas económicos…La mayor parte del dinero se lo gastaba en bebidas, en drogas o vete a saber qué. Creo que se metió en asuntos muy serios y debía mucho dinero. Mi hermano era el único sustento económico real que quedaba en la familia. Evidentemente, acabó por pedirle dinero, pero mi hermano se lo negó…Y aquello fue un error.

 

En ese momento supe que vendría la parte más oscura de toda aquella historia.

-         Esa tarde llovía, lo recuerdo perfectamente. Volvía del colegio y por aquella fecha, yo solía llegar a casa antes que mi hermano, que estaba trabajando. Cuando llegué, me di cuenta de que había una camioneta en la puerta de casa. Me acerqué, pero no la reconocí como la de ningún vecino. Limpié el cristal empañado con la mano para mirar en su interior y me sorprendí al encontrar en su interior muebles de mi casa….¿Estaría Víctor moviendo muebles? ¿Para qué? En ningún momento se me pasó por la cabeza que pudieran estar robándonos, así que al final acabé asomándome al interior de casa.

 

Se detuvo unos instantes mirando la superficie brillante del río…Parecía estar recordando algo con mucho esfuerzo.

-         Al entrar, lo primero que vi, es que faltaban los muebles de la entrada…Incluso un pequeño cuadro que teníamos de una virgen, había desaparecido. Me adentré por el pasillo y me detuve a mitad de camino al escuchar unas voces en el fondo.

-         ¿Quién era?- le pregunté.

-         No lo se. Sólo se que me asusté y me giré dispuesta a salir de allí, pero de pronto me choqué con alguien y prácticamente me caí de culo. Era un tío muy alto, que me cerró el paso y que me levantó del suelo como si yo fuese una pluma. Tuve miedo y recé para que Raúl estuviese allí….O en su defecto Víctor, porque por un momento pensé que él me ayudaría. Recuerdo que el hombre, grito algo como “Joder, Víctor, ¿Quién es esta?” Y en ese momento supe que estaba metida en la boca del lobo….Algo me decía que estaba dónde no debía y cuando no debía…

 

Otro pequeño silencio se interpuso en su narración.

-         Vi como Víctor aparecía desde el fondo del pasillo, de dónde provenían aquellas voces. Le había visto enfadado muchas veces, pero su expresión en aquellos momentos me produjo pánico….En un par de zancadas cruzó todo el pasillo y sin darme tiempo a decir ni una palabra me agarró del pelo….Tiró de mi hasta que llegamos al baño, abrió la puerta con furia y de un golpe me tiró contra el suelo…Recuerdo que intenté levantarme apoyándome en el váter, pero cual no sería mi sorpresa al descubrir que no estaba. Sólo conseguí caerme de nuevo al suelo como una idiota…No recuerdo lo que Víctor decía, solo sabía que me gritaba mientras me agarraba de nuevo del pelo y que finalmente me lanzó contra la pared del fondo….Ya no recuerdo más.

 

Inconscientemente había apretado mis puños con tanta intensidad, que mis nudillos se habían vuelto blanquecinos. Estaba asustada, sorprendida y enfadada al mismo tiempo…Sólo tenía ganas de estampar a Víctor contra la misma pared.

-         No se cuanto tiempo estuve inconsciente….Sólo se que mi hermano estaba allí y que la boca me sabía a sangre y me dolía todo el cuerpo….Se lo habían llevado todo. Por no dejar, no habían dejado ni las alcayatas de los cuadros…Esa noche la pasamos en el hospital. Después de un pequeño lío con asuntos sociales y la policía, al final le concedieron la custodia a mi hermano y Víctor acabó en la cárcel… Y ya no quise saber nada más de él.

-         Raquel…Dios mío…yo…

-         ¿Sabes? En parte, me alegro de lo que hizo ese capullo – me cortó- Así pude irme a vivir con Raúl a un piso de alquiler y por fin empezamos a llevar una vida normal….Nuestra economía no era para tirar cohetes, pero al menos, estábamos juntos y lejos de ese cabrón….Además, eso hizo que empezara a trabajar de ayudante de un fotógrafo, para sacarme unas perras…¡¡ No si al final voy a tener que darle las gracias al muy cabrón!!- dijo furiosa lanzando una piedra la río.

-         Raquel, tranquila…

-         No puedo Bea, no puedo…Ha salido y ahora volverá para hacerme la vida un infierno.

-         Puede que no…Puede que se haya reformado e incluso, puede que se olvide completamente de nosotros.

-         No Bea…Víctor puede que haya convencido al jurado para que le den la condicional…Habrá puesto su cara de “no he roto un plato” y les habrá explicado que ahora está limpio, que quiere rehacer su vida…¡Y una mierda!- gritó haciendo que un par de pájaros volaran asustados.- Es la persona más vengativa que he conocido nunca….Me la tuvo jurada desde que nací…¿Qué crees tú que hará ahora que por mi culpa le privaron de 5 años de libertad?…Puedo jurarte que durante todo este tiempo ha estado pensando en como hacérmelas pagar….Y estoy completamente acojonada.

 

Raquel me miró de frente, con una mirada que expresaba toda la frustración que el miedo le estaba provocando.

-         ¿Y sabes lo que más temo?- negué con la cabeza- Que al encontrarme, te encuentre a ti también….él está convencido de que le quité lo que más quería en su vida y se que Víctor no tendría mayor satisfacción, que separarme de lo que yo más quiero…

 

La frase murió en labios de Raquel, perdiéndose como un murmullo a nuestro alrededor…

Algo en el fondo de mi mente gritó triunfal al entender lo que ella había dicho. Sabía lo que significaba, sabía el mensaje oculto que había en esa frase.

-         ¿Y piensas darle la satisfacción de negarte lo que quieres?- Raquel mantuvo su mirada fija en mi- ¿Vas a estar alejada de todo y de todos toda tu vida, por miedo a que él venga y lo destruya?

 

Me acerqué a ella, aún con miedo de que volviera a alejarse.

-         No es justo que cargues toda tu vida con el pasado…No lo mereces.

 

Raquel permaneció estática frente a mí. Una batalla interna se estaba liberando en su interior y sus ojos brillaban como si de plata líquida se tratasen.

-         ¿Cómo se lucha con el pasado?- me preguntó- ¿Cómo? Después de todo el infierno, el miedo…Mi única defensa contra la locura era un corazón de hielo.

-         No estás sola- me atreví a entrelazar mi meñique con sus largos y pálidos dedos, en una caricia sutil.

-         Lo se- me miró intensamente- Y ese es el principal problema.

 

La miré sin comprender.

-         Tu has tambaleado mi mundo Bea…- el espacio se acortó de nuevo con otro sutil movimiento- Yo tenía una muralla muy bien formada a mi alrededor, para que nada saliera y nada entrase…Estaba protegida- apretó con fuerza mis dedos entre los suyos- Y vienes tú…y poco a poco te vas colando entre las grietas…

 

Casi como si fuera doloroso, con el pulgar, acarició lentamente mis mejillas que prácticamente estaban heladas, marcando el contorno de mi cara, como si quisiera aprenderlo de memoria…Sobre mis labios, sobre mi nariz, mi barbilla…

-         Eres como una tormenta- aquella comparación me sorprendió, al resultarme tan familiar en ella- Has arrasado con todo y de una sola mirada, has derrumbado lo poco que quedaba de la muralla. De pronto me has traído más calma de la que jamás imaginé….Y ahora ya no pueda pensar en otra cosa que no sea en ti.

 

El sonido a mi alrededor desapareció. Ni siquiera el ruido de las aves en el agua o la cercana respiración de Raquel…Todo había desaparecido. Todo mi universo se centraba en aquel par de ojos sinceros y en aquella ultima frase.

-         No quiero que te pase nada…No quiero perderte.- El sonido había vuelto, trayendo consigo el murmullo del viento. La espesura de los árboles que nos rodeaban hacían que su rostro estuviese oculto en una sombra sutil y sus ojos parecían más oscuros y profundos que la noche.

-         No vas a perderme.

-         ¿De verdad?

Su voz me deshizo el cerebro. El suelo bajo mis pies, se mecía como un barco a la deriva. Vi la tensión de los músculos que se intuían bajo el jersey de color azul.

Sonreí para tratar de relajar el ambiente. Me temblaba la voz y sentía el pulso en mi cabeza como los cascos de un caballo salvaje.

-         Te lo juro.

 

Los flequillos de Raquel, hacía rato que se habían escapado del agarre de la coleta, víctimas de una de tantas revueltas a que los habían sometido sus manos, frustradas, en nuestra conversación. Tan revueltos y oscuros que me obligaron a deslizar mis dedos por ellos par peinarlos.

 

Electricidad.

 

Corriendo a latigazos por todo mi cuerpo, parándome el corazón mientras el resto del mundo desaparecía en algo gaseoso que carecía de contorno. El pelo de Raquel tenía un tacto sedoso y caliente, resbalaba entre mis dedos como miel diluida. Los ojos grises estaban trabados, fijos en los míos, más intensos de lo que podía soportar.

 

-         Quid pro quo- me dijo en un susurro.

-         De acuerdo.

 

Había olvidado cómo se respiraba, qué era el oxígeno e incluso que era necesario para vivir. Ahora sólo era consciente de que tenía 16 años y estaba a menos de diez centímetros de distancia de Raquel.

 

He hice lo único que creí más sincero.

 

Quid pro quo

Porque las palabras no me salían y dijese lo que dijese, jamás podría explicar lo que sentía. Y como una corazonada, me puse de puntillas para romper el escaso espacio que nos separaba.

 

Y la besé.

 

Al principio Raquel pareció sorprenderse. Mis labios fríos permanecieron estáticos sobre los suyos…Como una ligera caricia, pero algo en el fondo de mi mente me decía que ejerciera una ligera presión, aprisionando sus labios entre los míos, tentadores de algo más…Y obedecí, arrepintiéndome durante uno o dos segundos, porque Raquel se detuvo y me miró con ojos turbios y perplejos.

 

Va a hablar. Va a decir algo.

Va a decir Bea, has confundido las cosas, no te quiero de esa forma.

 

Y entonces me sorprende. En sus labios se forma una sonrisa que esperaba que expresase todo lo que sentía, aunque no sabía muy bien qué era. Algo tibio y grande que me aceleraba el pulso. Un violín a punto de estallar…

 

Y ocurre.

 

Un segundo. Una chispa en la eternidad.

 

Se mueve con rapidez y el tiempo se paraliza. Suave y templado. Húmedo y lento. Los labios de Raquel se mueven despacio y su lengua repta con habilidad, robándome un suspiro. Mi cuerpo es mantequilla en una sartén, se deshace y noto el fuego de mis mejillas bajo los largos pulgares de Raquel, que me acarician como si de un preciado tesoro se tratase.

El cielo brama, detiene el tiempo, despierta toda esa electricidad que late despacio en las entrañas de la tierra. La siento subir por mis piernas y bajar por mi pecho hasta encontrarse en un punto cercano a mi cadera, donde Raquel ha apoyado su mano para acercarme más a ella y que borra las aristas de la realidad, lo vuelve todo líquido y abrasador.

El tiempo se para.

Parecía haberse tomado un descanso, deteniendo el movimiento del mundo durante unos instantes que perdían forma como tinta bajo el agua.

Y cuando finalmente nos separamos y el tiempo decidió retomar su curso la sacudida fue tan violenta que mi corazón saltó y mi estómago vibraba, igual que el sonido de un trueno retumbando en los cielos de Sevilla.

La tormenta había estallado.

Categorías: "La tormenta que trajo la calma" · FANFICS MISTIKA · cap.11

Capitulo 10: Enfrentando la realidad

Abril 17, 2007 · 4 comentarios

CAPITULO 10: ENFRENTANDO LA REALIDAD

 

A pesar de la velocidad que llevábamos, las gotas de lluvia estaban empezando a empapar la chaqueta de Raquel, haciendo que mis dedos resbalaran por sus costados.

Mi cabeza daba demasiadas vueltas, incapaz de centrarme y mi respiración agitada había empezado a empañar el cristal del casco.

Lo levanté como pude con la mano izquierda y las pequeñas gotas que golpeaban mi cara con la velocidad parecieron despejarme…¿Qué iba a decirle cuando llegáramos a casa?

 

Cuando salimos a toda velocidad del instituto, el subidón de adrenalina que aún me corría por las venas tenía las cosas muy claras y había planeado pedirle una explicación convincente de todo aquello a Raquel y acto seguido, estamparla contra la puerta de mi casa y devorarla a besos…O tal vez, primero la devoraba a besos y después, si quedaba tiempo, a lo mejor le pedía alguna explicación…

 

Pero a medida que nos acercábamos a casa, el subidón parecía ir remitiendo y encogiéndose en mí, completamente vergonzoso haciendo que mis rodillas se aflojaran de nuevo y el pánico escénico me inundara por completo. Y finalmente cuando Raquel paró la moto bajo el pequeño tejado del porche, sentí que el corazón se me iba a escapar por la boca…¿Qué iba a hacer ahora?

 

Bueno, lo primero era correr, porque la lluvia parecía estar aumentando por momentos y ambas cruzamos lo más rápidamente que pudimos el pequeño porche para refugiarnos bajo el tejado de la entrada. Raquel se apoyó en la puerta, con la respiración agitada por la carrera entremezclada con una risa nerviosa….Al parecer le parecía bastante divertido haberse empapado el pelo y prácticamente toda la ropa.

Yo aún sostenía el casco en mis manos cuando un ligero temblor me recordó que a excepción de mi pelo, prácticamente todo mi cuerpo estaba empapado.

Miré a Raquel directamente, que me observaba con una sonrisa nerviosa y parte de su pelo pegado a la cara. Su mirada se había vuelto turbulenta y por algún motivo, ya no parecía tan segura como había demostrado minutos atrás en la escalera del instituto, cuando bajo la mirada de todo el mundo me había besado como si la vida se le fuese en ello…Ahora sólo la estaba mirando yo y por primera vez la vi vacilar, paseando su mirada nerviosa por el marco de la puerta.

Aquella situación era absurda…Ahí estábamos las dos, en la puerta de casa, empapadas y con el culo helado de frío…Pero ninguna de las dos decía nada.

Pensé que era el momento de sacar el valor de aquel recóndito lugar donde lo tenía reservado y preguntarle a Raquel aquellas dos palabras que me habían estado dando vueltas en la cabeza todo el camino. Cogí aire y le dije:

-         ¿Quieres pasar?

 

Raquel volvió su mirada bruscamente hacía mí. No podría decir cual de las dos estaba más sorprendida….¡¿De donde había salido esa pregunta?! Se suponía que yo iba a preguntarle por qué había montado ese numerito en la puerta del instituto, por qué me había besado, ¡¿Por qué?!…Joder, Bea,¡¡ que no es tan difícil la preguntita como para equivocase!! Pero al parecer mi neurona pensante se había ido a por un café en ese momento y mi boca decidió hacer el trabajo ella solita…¡Genial!

 

Sin embargo, Raquel me miró con esa intensidad tan abrumadora, haciendo que por un momento el universo se redujera a ese minúsculo espacio que había entre nosotras y la puerta de mi casa. Raquel avanzó casi imperceptiblemente hacía mí, apenas unos milímetros, pero pareció que hubiese recorridos kilómetros en segundos y de pronto, la tenía de nuevo demasiado cerca de mi espacio personal, provocandome un mareo pasajero y haciendo imposible mirar hacia otro lado que no fuese la tormenta desatada en su mirada.

-         ¿Adentro?- preguntó Raquel.

 

En otro momento hubiese pensado que era la pregunta más absurda que había oído en mi vida…Evidentemente si le preguntaba que si quería  pasar, era adentro, pero Raquel lo único que estaba haciendo, era alargar lo que parecía inevitable y al preguntar se acercó de nuevo hacía mí tan sutilmente como la vez anterior….Por unos instantes pensé que esta pequeña tortura que a Raquel le divertía tanto jugar era más adictivo de lo que pensaba y que por mí podía haberme recitado palabra por palabra el Quijote si con ello acababa de nuevo sobre mí.

-         Claro- mi voz sonó ahogada.

-         ¿Estás Segura?

 

Algo en mi interior gritó ¡SI! Tan alto que pensé que los vecinos lo habrían oído y se asomarían a curiosear y pillarían a la hija de su vecina metiéndose mano en el porche con una completa desconocida, pero la presencia de Raquel aún más cerca que la vez anterior hizo que mi cerebro desconectara definitivamente…Lo cual provocó que tampoco saliera una respuesta de mi boca.

Raquel me miraba expectante, con las gotas de agua chorreando por su cara hasta perderse por la comisura de su boca. Y a pesar de que mi mente gritaba millones de cosas al mismo tiempo, un silencio absoluto nos rodeaba…

Y aquel momento perfecto, aquel silencio que precedía una respuesta tan especial…Fue roto por el estridente sonido de un móvil.

 

Ninguna de las dos parecimos reaccionar durante unos segundos, pero de pronto Raquel pareció volver a la realidad y recordó que tenía el móvil en la chaqueta. Parecía tentada de hacer como si el insistente pitido no existiera y seguir con nuestra extraña situación.

-         Deberías cogerlo.

 

Raquel me miró no muy convencida pero finalmente buscó en el bolsillo de su chaqueta y sacó un pequeño móvil, cuyo pitido se intensificó. Al menos mientras ella hablaba por el móvil tendría unos instantes para pensar que iba a decirle.

-         ¿Diga?- preguntó de mala gana. De pronto, su ceño fruncido, se contrajo aún más- Espera Raúl…¿Qué pasa?

 

Al parecer era su hermano.

-         Habla despacio…No me estoy enterando de nada.- Raquel se separó de mí desprendiéndome súbitamente de ese magnetismo cálido que se había creado entre las dos y haciéndome desear que la conversación se acabase lo antes posible. Raquel empezó a pasearse nerviosa por el porche-….Un momento- se paró en seco- ¿Qué quieres decir con que lo han soltado?

 

Raquel se paralizó súbitamente y su piel se tornó más pálida de lo habitual.

-         ¿Hace cuanto?- al preguntar le tembló sutilmente la voz. La respuesta la hizo mirar nerviosa hacía su alrededor y de pronto fijó su vista en mí y su mirada desprendía algo bastante parecida al miedo. Ni siquiera se molestó en despedirse, simplemente colgó el teléfono y volvió a guardárselo en el bolsillo.

 

Pareció estar a punto de decirme algo sobre la llamada, pero se lo pensó mejor. Se pasó la mano por la cara, algo agobiada. Empezaba a preocuparme.

-         ¿Pasa algo?- me atreví a preguntar. Finalmente volvió a fijar su vista en mí y de pronto toda la calidez que antes desprendían sus ojos, desapareció y su respuesta fue tan fría como su mirada.

-         Tengo que irme- Avanzó a grandes zancadas hacía su moto, volviendo a mojarse en el proceso.

-         ¡Espera!- le grité.

 

Corrí hacia ella bajo la suave lluvia cuando vi que estaba montándose de nuevo en la moto. Se giró bruscamente hacia mí.

-         Vuelve a dentro- me dijo muy seria.

-         ¿Qué pasa?

-         Nada- dijo arrancando la moto sin mirarme – Y ahora vuelve dentro.

-         Pero…

-         ¡Bea!- me gritó. A pesar de que intentaba aparentar firmeza sus ojos se veían dolidos y había un deje de temor en su voz.

-         Te… Te olvidabas el casco- dije tendiéndoselo y sintiéndome completamente confundida.

 

Sin mediar palabra alguna Raquel se lo puso y salió de allí tan rápido como habíamos llegado.

Me quedé allí sola, bajo la lluvia, sin saber muy lo que acababa de pasar y sin entender muy bien  por qué no la había detenido…

 

Pasaron dos días en los que Raquel no volvió a aparecer por casa, ni por el instituto. Intenté llamarla al móvil, pero estaba apagado. Pensé en mil formas de localizarla, pero realmente me era imposible. No sabía donde vivía, ni tampoco de nadie que pudiese decírmelo. Incluso hablé con el profesor de biología con el que supuestamente estaba ayudándola a hacer el proyecto para la facultad, pero también hacía dos días que no sabía nada de ella. Fueron dos días horribles en los que tan sólo mi hermana, podía hacerme volver al mundo real durante unos instantes, porque el resto del tiempo, todo parecía darme igual: el hecho de que mucha gente me mirase como un bicho raro al pasar por los pasillos del instituto, que no me hubiese presentado al terrible examen de literatura…Incluso el hecho de que Luís, después de haber conectado también conmigo, no me dirigiese la palabra y evitara encontrarse con mi mirada.

Pasé muchas horas dándole vueltas al asunto y repasando mentalmente lo único que pude escuchar de la conversación que Raquel había tenido con su hermano…

Tenía la terrible sospecha de que algo muy malo había pasado para que Raquel se asustara tanto, y si no me equivocaba, estaba relacionado con el hecho de que habían “soltado” a alguien…¿De verdad se refería a que habían soltado a alguien de la cárcel?

 

No podía ni imaginar que oscuro secreto se escondía tras todo esto y que relación podía tener Raquel con la cárcel o con alguien que estuviese encarcelado, pero…¿Qué pintaba yo en todo esto? ¿Por qué no quiso hablar conmigo?

Pero al volver a pensar en los ojos de Raquel, con una expresión atemorizada que nunca antes había visto en ella, me preocupé de verás.

 

Debía tener mucho miedo para haber huido como lo hizo.

Y fue entonces cuando me preocupé de verdad.

 

No fue hasta el tercer día en el que el cielo empezó a despejarse de nubarrones, en el que todo cambió drásticamente.

Estaba en las escaleras del instituto a la hora del recreo. Mi almuerzo olvidado en algún lugar de la mochila, mi pelo revuelto como mi mente y absorta en los mismos pensamientos que me habían agobiado los dos días anteriores, cuando una voz conocida llamó mi atención.

-         ¿Puedo sentarme?

 

Miré sorprendida hacía arriba al reconocer la voz de Luís.

Parecía nervioso y miraba de forma furtiva el espacio vacío que había mi lado.

-         Claro- Ni siquiera fui consciente hasta ese momento de que no me había dirigido la palabra desde la famosa escenita con Raquel y no supe si realmente estaba enfadad con él por eso o simplemente me daba igual.

-         He visto que no estas comiendo- comentó casual, pero aún sin mirarme.

-         No tengo hambre.

 

Permanecimos en silencio durante unos instantes. Me resultó una situación bastante incomoda, porque no sabía que decirle y tampoco quería forzar una conversación cuando era él el que había venido a  buscarme. Estuve a punto de levantarme y marcharme cuando su voz me detuvo.

-         Lo siento.

 

Pestañeé un par de veces sin entender muy bien a que venía eso.

-         ¿Por qué?- le pregunté.

-         Por ser un capullo.

 

Eso sólo consiguió sorprenderme aún más…¿A dónde quería llegar? Vi que aún seguía nervioso, sin mirarme a la cara mientras hacía pequeñas bolitas con el papel de plata de su bocadillo.

-         Tranquilo, si todo los que alguna vez han sido unos capullos tuvieran que disculparse…¡La cola se saldría del planeta!- le comenté en broma. Él solamente sonrió de medio lado y añadió.

-         Me refiero contigo…Me he comportado como un capullo contigo- Y por primera vez desde que había comenzado esta conversación, me miró directamente a la cara.

 

Fui a decir algo pero no me dejó continuar.

-         Me caes muy bien ¿Sabes?…Eres una chica muy lista y muy simpática y…muy guapa- ese último comentario me hizo enrojecer levemente- Y bueno…No se…Yo pensaba que como eras tímida, pues por eso no habíamos hablado mucho…y…

-         Luís…Me estoy perdiendo ¿Por qué no me dices de una vez que es lo que pasa?

-         No se por qué reaccioné como lo hice.

 

Le miré incitándole a seguir.

-         Creo que me hice ilusiones ¿sabes?- me dedicó una sonrisa y una mirada soñadora- Por un momento pensé que yo…que tú…- me miró intensamente-  Me gustabas…bueno- se corrigió- Me gustas.

 

Aquella confesión me pilló tan de sorpresa que no pude menos que sentirme halagada. Por un momento no supe si estaba esperando que le contestara algo.

-         Luís yo…en fin…

-         No, no, si no hace falta que digas nada Está claro que no tengo muchas posibilidades…Al menos en ese campo.- sonrió de nuevo- Al principio me sentó mal…Me sentí estúpido…Pensé ¿Cómo es posible? ¡Tantas chicas locas por mi y la que me gusta juega en el equipo contrario!

 

Rodé los ojos frente a ese comentario…Tuvo que salir a relucir el lado “egocéntrico” de Luís.

-         Y supongo que me dio rabia al principio…No podía creer que fueras…que fueras- me miró intentando evitar la palabra

-         ¿Lesbiana?- pregunté. Él simplemente asintió como un autómata.

-         Sabía que había chicas que lo eran…Chicas de mi edad… De cualquier edad- le estaba costando bastante expresarse- Pero no me di cuenta de que era real hasta que no lo tuve delante- me miró intensamente, algo apenado- Y me di cuenta que en verdad, en mi cabeza, las lesb…- Se paró en seco y me miró. Tomó aire y siguió- Las lesbianas estaban en los bares con enormes camisas de cuadros, eran muy masculinas y llevaban el pelo corto, o sólo existían en las películas porn…

 

De pronto se cayó de golpe y se tapó la boca con la mano. Su reacción me hizo reír.

-         No te preocupes- le dije- Se que a los chicos os encantan esas pelis- Y le guiñé un ojo. Al ver que no me había enfadado, pareció relajarse y siguió hablando.

-         Me costó mucho asumir que también existen lesbianas de 16 años, guapísimas y pelirrojas- Me miró sonriendo de medio lado a lo que yo solamente pude responder con otra sonrisa- …Me costó asumir, que era real.

 

Miré mis botines sin saber muy bien que decir. Desde luego, parecía que realmente le había costado asumir toda aquella situación…Me hizo sentir extrañamente bien después de aquellos dos días de caos.

-         Fui a hablar con Helena…- me dijo. No me sorprendió que mi amiga estuviese metida en todo esto- Ella me abrió los ojos…es genial.

-         Si que lo es. Es la mejor amiga que puede existir.

-         Y…- vaciló- ¿Tú y yo?…¿Somos amigos?- dijo extendiendo su mano y con una sonrisa nerviosa.

 

Miré su mano unos instantes sonriendo para mis adentros. Al final iba a resultar que Luís era mucho más de lo que aparentaba.

-         De verdad…lamento mucho haberla cagado de esa manera…¿Me perdonas?

-         No hay nada que perdonar- dije alegremente. Y pasando completamente de su mano extendida, preferí darle un fuerte abrazo al que Luís respondió rápidamente.

 

Me sentí pletórica en esos instantes…Y por muchas cosas: había ganado un nuevo amigo que había demostrado que realmente le importaba lo suficiente para aceptar nuestra relación de la forma que fuese, me había aceptado a mí y, porque no admitirlo, me hacía ilusión eso de tener un admirador ^^.

Le abracé con fuerza, apoyando la barbilla en sus enormes hombros mientras me estrujaba de una forma que me recordó bastante a los abrazos de Helena.

-         Oye…- comento medio separándose de mi- ¿Qué hay entre tú y ….?

-         ¡Raúl!- grité

-         No…- Luís se separó de mi extrañado- Me refiero a la morena de las …- se llevó las manos al pecho y automáticamente se corrigió- …Quiero decir, la de las…las fotos…Raquel.

-         ¡No!- le giré la cara hacia el punto en el que yo estaba mirando- ¡Mira!

 

A su espalda y subiendo las escaleras del instituto, estaba Raúl, el hermano de Raquel y mi única posibilidad de contactar con ella.

En menos de 3 segundos me había levantado de la escalera y recorrido los escasos metros que me separaban de mi objetivo.

-         ¡Raúl!- le grité. Se volvió sorprendido, pero su cara cambió rápidamente al verme.

-         ¡Ah!…Hola…- Miró de reojo el tramo que le quedaba de escaleras hasta llegar a la puerta como si fuera una tabla salvavidas- Lo siento Bea, pero tengo prisa.- dijo enseñándome una carpeta roja- Tengo que entregar esto antes de ir a trabajar porque…

-         Por favor- le corté- Necesito hablar con ella.

 

Raúl respiró hondo y finalmente se volvió hacía mí.

-         Mira Bea, no creo que sea una buena idea…

-         ¿Una buena idea?- pregunté sarcástica- ¿Una buena idea?…No Raúl, no tienes ni idea del infierno que han sido estos dos días….- intenté calmarme antes de seguir- Necesito saber que ha pasado…necesito…Necesito saber que ella está bien.

 

Le miré muy fijamente, intentando demostrarle que estaba completamente en serio.

-         Se que algo malo ha pasado y necesito hablar con ella…No quiero que me lo explique si no quiere, pero…Necesito verla.

-         Bea…- Parecía que iba a ceder, pero negó con la cabeza- No, no…Sabía que esto pasaría si venía…Mira Bea…Ella no quiere hablar contigo.

 

Aquello me dolió, pero no desistí. Aún con las lágrimas quemándome en los ojos seguí insistiendo.

-         Mira…No se…no se si he hecho algo mal. No se que es lo que le preocupa o si la que le preocupa soy yo…- Por algún motivo, la mirada de Raúl me indicó que no estaba tan descaminada- Pero necesito verla…Raúl, por favor- comenté casi en un hilo de voz-…La necesito.

 

La mirada de Raúl se ablandó súbitamente, cerró los ojos y tomo otra buena bocanada de aire.

-         Se que me voy a arrepentir de esto.

-         ¡Gracias!- tuve que luchar contra el impulso para no colgarme de su cuello.

-         Dame unos minutos, voy a entregar esto y enseguida vuelvo.

 

Asentí con la cabeza y tras una leve sonrisa, Raúl subió en dos grandes zancadas los escalones que le separaban de la puerta del instituto.

-         ¿Qué ha pasado?- Luís se acercó hasta mi.

-         Perdona por haberte dejado así… Pero, llevo dos días sin saber nada de Raquel y ahora mismo, su hermano es la única posibilidad que tengo de encontrarla.

-         ¿Ha ocurrido algo?- preguntó preocupado.

 

Fui a responder, pero Raúl apareció tan rápido como se había ido y me hizo un gesto de cabeza, indicándome que le siguiera.

-         Mañana te cuento- le susurré a lo que él asintió de forma cómplice.

 

Seguí a Raúl hasta un fiat azul aparcado en la calle lateral al instituto.

-         Es pequeño pero matón- bromeó refiriéndose al coche.

 

Me senté en el asiento del copiloto y de pronto no supe muy bien que decir. Al contrario que su hermana, Raúl conducía a una velocidad bastante aceptable. Lo miré distraída mientras el maniobraba y sacaba el coche de las tortuosas calles.

A pesar del evidente parecido físico (que no supe apreciar la primera vez que los ví  juntos), Raquel y Raúl no se parecían en nada.

Apenas le conocía, pero se veía a la legua que Raúl era mucho más sociable y pausado que su hermana. Parecía estar seguro de cada movimiento que hacía, pero no en la forma poderosa y abrumadora en la que lo hacía Raquel, parecía más bien que estudiase cada movimiento con tanta precisión, que fuese imposible equivocarse  en ningún momento. Eso le daba una extraña seguridad en si mismo, que llegaba a ser relajante.

Raúl me miró de reojo y me sonrió con sus brillantes ojos.

-         ¿Qué?

-         Gracias…- comenté débilmente.

-         No es necesario. Probablemente tu seas lo que la cabezota de mi hermana necesita…a pesar de todo- hablaba completamente concentrado en la carretera- La primera vez que la oí hablar de ti…En la forma que lo hizo…Supe que traería problemas.

 

Me revolví incómoda en el asiento. Raúl debió captar mis movimientos por el rabillo del ojo porque añadió:

-         No, no me refiero a ti…Es ella. Lleva tanto tiempo sin abrirse a nadie, sin compartir nada….Ni siquiera conmigo.- Me miró de refilón- Se lo dije nada más empezar a oírla hablar de ti….”Raqueeeeel, no te líes….Donde tengas la olla no metas la poll…”- de pronto pareció morderse la lengua y volvió a mirarme- Perdón…quiero decir…que si estaba trabajando en tu casa, era mejor que no se hiciera ilusiones…- Hubo una pequeña pausa- De todas formas, ese dicho no es que sea el mejor ejemplo para mi hermana- comentó por lo bajo.

 

Sonreí divertida. Raúl parecía ser un buen tipo.

-         No me malinterpretes- continuó- No es que no quiera que Raquel sea feliz…Es que se ha pegado muchos golpes y…bueno, luego está ese otro asunto que…

-         ¿Qué?- pregunté curiosa.

-         Eso será mejor que te lo cuente ella.

 

Permanecimos un buen rato en silencio, hasta que llegamos a unos viejos bloques de pisos. Raúl aparcó en un pequeño hueco de la misma calle y apagó el motor.

-         Bea- dijo mientras daba vueltas a las llaves del coche entre sus dedos- Pareces una buena chica y de verdad creo que quieres a mi hermana…En el sentido que sea- añadió- Pero no quiero que sufra más….Si de verdad la quieres, tienes que ir a por todas- me miró muy serio y supe que estaba dándome la charla de hermano mayor, pero que esta era muy diferente- Porque la cabezota de mi hermana intentará evitar a toda costa que te acerques a ella para que tú no sufras también.

-         La quiero- me sorprendí a mi misma porque era la primera vez que lo admitía. Incluso para mi misma- Y lucharé por ella, de eso puedes estar seguro.

 

Raúl sólo sonrió alegre.

-         Tan cabezota como mi hermana…¡Genial!

 

Le seguí a través de una larga calle, donde Raúl saludó a un par de personas que salían de la panadería. Nos paramos frente a un portal con el número 15 y Raúl sacó unas llaves de su bolsillo con un montón de llaveros.

El camino desde el ascensor a la tercera planta se me hizo eterno. No fui consciente de que el pulso se me había disparado hasta que no estuve delante de la gastada puerta de madera que marcaba el 3º B.

-         ¿Preparada?

-         Preparada- asentí y apreté los puños casi inconscientemente.

 

No sabía lo que me iba a encontrar ni tampoco cómo reaccionaría Raquel frente a mi presencia, pero una cosa la tenía clara.

No me iría de allí sin hablar con ella.

Categorías: "La tormenta que trajo la calma" · FANFICS MISTIKA · cap.10

Capitulo 9: Como salir del armario dignamente (y con ayuda)

Diciembre 30, 2006 · 26 comentarios

No hay nada más aburrido en este mundo que las clases de literatura de Laura…No se puede hablar, no se puede interrumpir para preguntar dudas, no se puede mascar chicle…¡no se puede respirar!

Esa mujer está molesta con la vida en general ylos adolescentes la sacan de quicio….

¡Lo que me faltaba para completar el día!

 

Intenté salir lo más dignamente posible del baño una vez que mis ojos dejaron de estar tan enrojecidos. Me puse la camiseta que mi amiga me había traído y le hice un gesto con la cabeza, indicándole que estaba preparada.

Helena me acompañó a lo largo del pasillo.

-         Toma…-me tendió uno de sus chicles de regaliz- te ayudará a pasar los nervios…Así tendrás algo que morder – dijo guiñándome un ojo.

-         Gracias…

 Al llegar a la puerta del aula de literatura, aspiré hondo y agarré el pomo de la puerta…Dudé unos instantes, prefería esconderme en algún lugar oscuro hasta que los dos años de instituto pasaran

-         Venga…- me animó Helena- demuéstrales que no les tienes miedo.

 

Giré el pomo y asomé la cabeza un poco…mierda…llegábamos tarde

La profesora me miró desde su mesa de forma poco amigable.

-         Di…disculpe profesora…¿Podemos pasar?

-         ¿Se puede saber donde se había metido?

 

A pesar del chicle, tenía la boca completamente seca…podía notar todos los ojos de mis compañeros, clavados en el tramo de mi cabeza que asomaba tras la puerta. Antes de que pudiera contestar, Helena apareció en escena terminando de abrir la puerta.

-         Me había acompañado a la enfermería…estaba algo mareada… y no quería caerme por los pasillos y…

-         ¡Está bien señoritas!…pueden pasar…- cortó a Helena.

 

Pasamos rápidamente por entre las sillas, buscando un hueco en el fondo y sin mirar a nadie a la cara. Pude oir un murmullo extenderse por la clase.

-         ¡Ha venido!

-         Es la lesbiana esa…

-         Hay que tener valor…

 

Intentaba centrarme en no escuchar nada…Lo más importante era sentarme en la silla sin tropezar por el camino….Y casi lo consigo. Los nervios me hicieron tropezar con la pata de una silla y tuve que dar un pequeño saltito para evitar la caída.

Unas risas sonaron mientras la profesora pedía silencio.

Finalmente me senté en mi silla…Seguía sin mirar a nadie, concentrada en sacar los folios y el bolígrafo del estuche que parecía no querer colaborar conmigo.

Empecé a relajarme cuando el silencio que nos inundaba se vio envuelto en la monótona voz de la profesora, que leía el temario.

 

Finalmente levanté la vista…la mayoría de la gente miraba sus libros, o al techo…Nadie parecía prestarme atención.

Pasee mi mirada por el aula…ni rastro de Vanesa..¿Dónde se habría metido?

Mi mirada chocó con la de Luis que intentó disimular y miró por la ventana…¿Qué puñetas le pasaba ahora?

 

Intenté concentrarme en lo que Laura leía…algo sobre “La vida es sueño” de Calderón…pero los nervios seguían siendo muy intensos y no era capaz de poner en orden sus palabras.

Al cabo de cinco minutos, cuando ya parecía que empezaba a relajarme, una bolita de papel me dio en la cabeza.

-         ¿Pero qué…?

 

La recogí del suelo y miré a mi alrededor…¿A caso era una nota de alguien?

Helena estaba prácticamente dando cabezazos sobre su mesa…no parecía ser ella.

Miré al frente y vi el movimiento de una larga trenza al girar la cabeza bruscamente…era Isabel, la mejor amiga de Vanesa…Fijo que la nota era de ella.

 

Abrí la arrugada bolita de papel y me asombre al leer claramente:

Pagarás por lo de Vanesa jodida lesviana”

 

-         Increíble…- pensé- No solo intenta amenazarme…sino que lo hace ¡con faltas de ortografía!

 

Intenté no reirme…Dios…aún me quedaban 80 minutos más de clase…

-         Señorita Beatriz…¿Qué es eso que tiene ahí?

 

La voz de la profesora me asustó…y aumentó al ver que se dirigía a mi.

Como un acto reflejo, escondí la nota dentro del estuche.

-         ¿Qué es eso que ha escondido?

-         Nada profesora…es solo un papel

-         Eso ya lo veo…¿Algo que quiera compartir con la clase?

 

Piensa Bea…Piensa rápido…

 

-         Ehhh…no… es sólo…es para…- la profesora estaba prácticamente llegando a mi mesa y si leía esa nota…estaba muerta. De pronto una idea cruzó mi mente…- ¡Es para el chicle!

 

Rápidamente me saqué el chicle pegajoso de la boca y lo envolví en la nota, apretando fuertemente para hacer una bola compacta. La profesora se detuvo a escasos milímetros de mi mesa…

-         Lo siento….ha…había olvidado que no se puede mascar chicle en su clase- intenté sonar lo más convincente posible. Ella me miró unos instantes sin terminar de creer en lo que decía, después miró a Helena y dijo:

-         Página 43…No se me despiste.

 

Respiré aliviada mientras volvía a su mesa…Desde luego que esa mujer podía llegar a dar miedo cuando se lo proponía.

El resto de la clase pasó sin más contratiempos. Esperé a que el resto de compañeros salieran de la clase y me quedé esperando con Helena a que la clase se quedara desierta.

-         No ha sido tan terrible ¿Verdad?- me apremió mi amiga

-         No se…no creo que vayan a olvidarse tan fácilmente…sobre todo Vanesa, por cierto…¿Dónde se habrá metido?- avanzamos en dirección a la salida, aquel pasillo no parecía acabarse nunca.

-         Quien sabe….Por cierto…¿Que era la nota?

-         No te lo vas a creer… ¡Isabel me ha amenazado!

-         ¡¿Isabel?!…¡¡Pero si es un palillo!!

 

Mi amiga empezó a reirse con tanta fuerza que tuvo que soltar la mochila en el suelo de la salida.

-         Venga Helena…jejejeje…¡para ya!…Quiero irme de aquí cuanto antes

 

Fui a bajar las escaleras de la entrada cuando Helena me retuvo

-         ¡No!- me agarró del brazo y me giro bruscamente

-         ¿Qué pasa?- pregunté asustada

-         Es que…bueno…- Helena parecía estar buscando algo con la mirada.

-         ¿Peleas matrimoniales?- preguntó una voz

 

Un grupo de chicos y chicas que estaban en la puerta empezaron a reirse

No me sorprendió ver que se trataba de Isabel…Junto a ella estaba Vanesa con el labio algo hinchado.

-         ¿Tan desesperada estás que te has liado con tu propia amiga?- preguntó de nuevo- ¿O ni siquiera ella te quiere…?Admítelo…¡das pena!

 

Todos se reían y Vanesa lo intentaba, aunque se veía claramente que el labio le dolía.

Estuve tentada en arrearle también un puñetazo a ella, pero Helena me miró demostrándome que no valía la pena.

Luis estaba cerca, hablando con su grupo de amigos y parecía no estar prestando atención a la conversación.

-         Vamos- le dije a Helena y empecé a bajar las escaleras.

-         Eso ¡vete! No queremos que nos contagies- gritó alguien desde arriba.

 

Me giré para gritarle cuatro cosas a la bocazas de Isabel pero un sonido más fuerte acalló mi réplica.

 

El ruido del un motor se hizo cada vez más audible, hasta que de pronto una impresionante moto negra y plateada hizo aparición a los pies de la escalera.

Frenó prácticamente derrapando…El motorista hizo rugir el motor un par de veces más, antes de pararlo definitivamente y con un pie, levantar el freno de la moto para asegurarla al suelo.

Inclinó un poco el torso hacia atrás, y se quitó uno de los guantes. Con las manos más libres se retiró el casco y como si de un movimiento perfectamente ensayado se tratase, agitó su cabeza para liberar su largo cabello negro…

¡Dios mio!…era Raquel…

 

Todos sus movimientos parecían hechos a cámara lenta y meticulosamente estudiados…

Dejo el casco  sobre el depósito y con un movimiento ligero se bajó de la moto.

Levantó su mirada hacía lo alto de la escalera y sonrió de una forma tan sexy y pícara que mis rodillas se convirtieron en gelatina.

 

Comenzó a subir las escaleras…peldaño a peldaño…sin prisa pero con una determinación absoluta y sin apartar su mirada de mi…

Era una pantera negra a punto de saltar sobre su presa y ¡oh Dios!…la presa era yo.

 

Raquel llevaba unos (¡increíbles!¡fantásticos!) vaqueros totalmente ajustados que dejaban muy poco a la imaginación…al menos a la mía y por el silencio absoluto a mi alrededor, juraría que tampoco a la de los demás….Se quitaba poco a poco el guante de cuero que aún le quedaba en la mano derecha, pero de una forma tan jodida e increíblemente sexy que ni aunque se hubiese quitado la ropa interior en ese instante, me habría provocado tanto…

Los pliegues de la chaqueta de cuero se movían al compás del movimiento de sus brazos, sacando los dedos del guante uno por uno…como una dulce tortura….Y la cremallera de la chaqueta mostraba más de lo que necesitaba, para fantasear que no había nada bajo ella que no fuera su propia piel…La chaqueta no cubría lo suficiente el espacio entre su cadera y la baja cinturilla de los vaqueros, dejando al descubierto parte de su tatuaje…haciendo que fuera imposible dejar de mirar el hueco de su cadera, que se perdía bajo la tela vaquera…

Tuve que agarrarme a la maldita barandilla de la escalera para no caer al ver que apenas cuatro escalones nos separaban…Y sobre todo al ver la famosa tormenta oscurecida de deseo, formándose en la mirada de Raquel…

 

Su largo pelo negro cayendo sobre su piel de porcelana…tres escalones…labios entreabiertos,  mejillas sonrosadas…dos escalones…Toda una tormenta a punto de abalanzarse sobre mi…un escalón…Un intenso aroma a cuero me inundó por unos instantes y de pronto…sentí sobre mi el calor de tres palabras susurradas a milímetros de mis labios…como un jadeo

-         Siento el retraso.

 

Y en ese instante todo desaparece a mi alrededor porque Raquel simplemente borra la escasa distancia que nos separa, me atrae hacia sí con una mano en la nuca y me invade la boca, con labios que fuerzan y empujan. Y es entonces cuando la realidad se deshace y el suelo desaparece bajo mis pies, porque una especie de ruidito, parecido a un gemido ronco escapa de mi boca sobre sus labios abiertos… y unas manos que tiemblan y se enredan en mi pelo y en mi cintura  envían sensaciones en forma de latigazos a todo mi cuerpo.

Siento que necesito agarrarme a Raquel porque las piernas me fallan y estoy a punto de caer…Oigo una especie de gritito de sorpresa de algunos de los alumnos que nos rodean…

Pero no me importa lo más mínimo…

Lo único que me importa es que todo parece ser rígido y blando al mismo tiempo y que estoy actuando sin pensar y que Raquel me empuja contra la barandilla, aplastándome, dejando caer su boca abierta en la mía y enroscándome de nuevo con aquella lengua húmeda y tibia que lo vuelve todo borroso mientras  sus labios besan, lamen y muerden, chocan y esquivan los míos…torpes y exigentes y llenos de algo que arde en mis venas y me hace actuar de forma instintiva.

 

Todo gira y carece de control…Y cierro los ojos perdiéndome en la textura de sus labios y su lengua, sintiendo que de un momento a otro el pecho me va a estallar…Todo arde, se condensa y explota…y cuando la falta de aire se hace terriblemente necesaria, puedo sentir como el perfecto cuerpo de Raquel deja de ejercer presión sobre mí y nuestros labios se separan  de ese beso caliente y flexible, que estalla  con un sonido elástico cuando se rompe y me deja unas cosquillas suaves en los labios y las piernas.

 

Nos recuperamos en silencio, frente contra frente. Mi respiración agitada, mueven su flequillo demasiado largo y mi estómago da volteretas cuando Raquel me mira con ojos oscuros y turbios en los que se está librando una batalla que no habla de vencedores y vencidos, sino de furia, pasión y victoria.

 

No soy capaz de decir nada cuando finalmente se separa de mi con una sonrisa triunfal…Sólo escucho mi pulso presionando en mis oídos…Hay un silencio absoluto a nuestro alrededor…pero a ella no parece importarle.

-         ¿Nos vamos?- pregunta con la voz mas ronca de lo habitual

 

Tan sólo soy capaz de asentir levemente con la cabeza.

Me agacho a recoger la mochila que se me había caido…Ni siquiera soy capaz de crear una pregunta gramaticalmente correcta para  preguntarle a Raquel algo tan simple como ¿Por qué?

Me giro hacia Helena que me mira con una sonrisa divertida…no parece sorprendida lo más mínimo.

-         Yo…ehhh…te veo mañana

 

Ella simplemente me guiña un ojo.

No puedo evitarlo y lanzo una mirada furtiva al grupito de Vanesa y me sorprendo enormemente: Están todos estáticos…Con la boca abierta…Incrédulos…Ninguno es capaz de hacer el más mínimo comentario…Están sorprendidos, impresionados…

Tendría que hacerles una foto para enmarcarla…definitivamente es un momento único.

 

Y algo dentro de mi crece…algo que suena parecido al orgullo, pero revestido de una sensación vencedora…

No se por qué, pero siento que he ganado, que se han tragado sus palabras…que tengo algo que ellos nunca tendrán…

Arropada por ese calor momentáneo me dirijo a Isabel con voz segura:

-         No se como pretendes aprobar el bachiller de letras…si ni siquiera sabes que lesbiana se escribe con “b”…Hasta el Lunes.

 

Y les doy la espalda, sintiéndome el centro del universo, notando mis pies flotar y que, por una vez en mi vida, estoy en lo correcto y nadie puede estropear el momento…Sobre todo si Raquel me espera ya en la moto, tendiéndome el casco y sonriendo como nunca lo había hecho.

- Agárrate fuerte- susurra girando levemente su cara hacia mi.

 

Enredo mis brazos en su cintura y me aprieto contra ella….El ruido del motor me indica que nos ponemos en marcha y pronto siento la velocidad del viento recorriendo mi cuerpo…Esto es un extraño sueño, pero no quiero despertar…Al menos no hasta que llegue a casa y tenga que enfrentarme a la cruda realidad…

…Porque a pesar de todo, Raquel, me debe una explicación.

 

Categorías: cap.9