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El secreto

Octubre 12, 2007 · Dejar un comentario

Probablemente si me preguntaras cual es mi mayor secreto…diría que no sabría que responderte…Aunque te estaría mintiendo…Porque no sabría si sería capaz de confesártelo…

Quizás, sea capaz de recordar una mirada especial, unas palabras concretas o el momento exacto en el que todo esto se volvió demasiado real como para ignorarlo…
Podría explicarte las largas noches en vela que pasé pensando una y mil veces, si ese sentimiento era verdadero…si era correcto.
Podría numerarte las infinitas excusas que me di a mi misma para negar una y otra vez las imágenes que se colaban en mis sueños o esa sensación cálida que sentía cuando ella me sonreía…Podría contarte como ella llego a ser mi secreto…

Pero definitivamente, podría contarte como todos mis argumentos se vinieron abajo definitivamente aquella tarde, en aquella sala….en aquel espacio reducido a cuatro paredes, donde nuestras miradas se encontraron y por unos segundos, mi secreto quedó al descubierto ante ella, que ya no pudo despegar su mirada de la mía al descubrir, esperanzada que sus sentimientos podían ser correspondidos…

Te contaría de cómo no fui consciente de que su rostro se acercaba hasta que pude sentir su cálida respiración sobre el mío, así como una pequeña voz en mi cabeza que me advertía que pensara en lo que estaba haciendo y el constante martilleo en mi pecho que indicaba todo lo contrario….Y todos esos sentimientos se apartaron al sentir tus labios.

Y cerré los ojos…
Me sumergí en una marea de sensaciones….su aroma…el sentimiento de que nada estaba mal, que lo que estaba haciendo era lo correcto porque me hacía sentir demasiado bien para no serlo….Pero a pesar de ello, era un riesgo muy elevado…

Un secreto demasiado peligroso…

Y a partir de entonces, comenzamos un juego personal, de miradas encubiertas a través de la distancia y caricias ocultas bajo la mesa, besos furtivos minutos antes de volver a la realidad para tener que aparentar que éramos dos completas desconocidas, digamos que casi rivales….Representar un papel en nuestro particular teatro de mentiras frente a un público intolerante….Esperando que el tiempo nos devuelva el favor algún día…

Desde luego, podría contarte mas cosas sobre ella, sobre mi …sobre nuestra extraña relación…Pero entonces ésto…dejaría de ser…un secreto.”

Categorías: El secreto

Nuit á Paris

Octubre 12, 2007 · Dejar un comentario

Aún recuerdo que el sonido de las bulliciosas calles de un Paris madrugador, me despertó… Lentamente, como si no tuviera prisa por abrir los ojos, me desperecé en tu cama y deslicé la mano por las arrugas de la sabana, que no eran más que un recuerdo somnoliento de la noche que habíamos pasado…Hasta que di con el hueco vacío que habías dejado a mi lado.

 

Por un momento me asuste, temí que nada hubiera sido real y que acababa de despertar en la habitación de mi hotel una mañana más y que todos los recuerdos de esa noche no fuesen más que otro sueño en los que te buscaba y cuando por fin te encontraba…no era mas que eso, un sueño.

  • As- tu bien dormi?

 

El susurro de tu voz se coló a través de mis miedos y descubrí que un intenso aroma a café recién hecho inundaba la habitación. Me giré y te vi a los pies de la cama, sosteniendo una bandeja y con la sonrisa más radiante que había visto en años.

  • Desayuno en la cama…guau!- Por muy estúpido que sonara, fue lo único que atine a decir al verte tan solo con aquella camisa y totalmente despeinada, haciendo que tus largos rizos cayeran como una marea desbocada sobre tus hombros….Estabas realmente guapa.

 

Con ojos brillantes dejaste la bandeja sobre la cama:

  • Y para empezar bien el día…tachaaaan… la espécialité de la France- me fijé en el plato y…

  • Ummm…¿Eso no son tostadas?- te dije. Una sonrisa traviesa apareció en tu cara y poniéndote de rodillas en la cama te acercaste a mi.

  • A lo mejor la señorita esperaba un croissant- me di cuenta que tu también olías a café y a prét â porter.

  • A lo mejor…- el susurro fue cortado por un beso y más risas que inundaron la habitación.

 

Minutos más tarde te veía beber el zumo de naranja sentada en la cama, apoyada en el respaldo, mientras yo me terminaba las tostadas…entonces me percaté de que tu cámara de fotos estaba cerca de la cama. Y de que mis sospechas eran ciertas…

  • ¿No me habrás estado haciendo fotos?- pregunté fingiendo enfado.

  • Me gustas cuando estas dormida- contestaste haciéndote la inocente – Pareces una niña buena y todo.

 

Te seguí el juego infantil y haciéndome la ofendida, me escondí bajo las sabanas.

  • Eres mala

 

Tú, te metiste también bajo la sabana y te pegaste tanto a mi que nuestras respiraciones se volvieron una sola.

  • Encima de que te preparo el desayuno…-tu susurro estaba cargado de una broma sutil…- ¿No me vas a perdonar?

  • Vale- añadí, a lo que sonreíste pícaramente, sin embargo te paré antes de que me besaras- pero…mañana quiero croissants para desayunar.

  • D´accord- fue el último susurro que se escuchó.

 

A pesar de que era lunes para el resto del mundo, para nosotras aún seguía siendo fin de semana….Y aún seguirá siendo uno de mis recuerdos favoritos de cuando me escapé a Francia para estar contigo….

Categorías: Nuit á Paris

Traffic- jam ( o mi cerebro hecho mermelada)

Julio 12, 2007 · 9 comentarios

 

Y aquí estamos.

 

En la SE- 30, a un millón de años luz del próximo desvío hacia la facultad, completamente atascadas en un embotellamiento, en pleno verano y con el aire acondicionado estropeado.

El termómetro del exterior marca 41 grados y el cuenta kilómetros indica que hemos batido un record…Setecientos metros en la última media hora ¡Genial! Todo un record digno de entrar en el libro de los Guinnes.

 En la biblioteca me esperan tantos apuntes que podría acumularlos, construir una replica en papel de la giralda y tirarme desde arriba para la alegría de algunos de mis profesores.

 

Definitivamente hoy no es mi día.

 

-         Teníamos que haber cogido la general. A esta hora la autopista es un infierno.- comenta ella por primera vez desde que hemos parado. Tamborilea los dedos sobre el volante del coche en un intento frustrado de levantar una mínima brisa de aire.

 

Me ahorro decir que yo propuse la general y ella insistió en la autopista. Me ahorro decir “te lo dije”

Pero lo confieso…tengo que morderme la lengua.

¡Y es que me saca de quicio! Sólo por que tiene dos años menos que yo, vamos a la misma facultad y tiene coche ya se cree que es la viva representación de la madurez y la razón.

Nena, te recuerdo que hace solo un par de años, mientras yo me pelaba los codos estudiando para microbiología, tú aún seguías jugando a las casitas.

Y tengo que reprimir el impulso de sacarle la lengua, pero eso quedaría muy poco maduro por mi parte ¿no?

Pero definitivamente lo que más me jode, no es ese aire de superioridad, sino el estilo “pija- pseudo-ejecutiva”  que ha adoptado desde que entró en la facultad. Desde luego que se ha tomado a pecho lo de la carrera de derecho….¿¡Quién llevaría camisa y medias de licra en pleno verano?!

-         Hay que dar imagen- me dijo cuando se lo pregunté…¿Imagen?…¿De qué?¿Y que clase de imagen se supone que tengo que dar yo que estudio ambientales? ¿Falda hippie, carnet de greenpeace en la boca, porro en la mano y en la otra un bote de pintura roja por si veo a alguien con un abrigo de pieles?

 

Esa imagen mental me ha dado más calor aún….

Empiezo a plantearme si no estaría mejor en el autobús, con el aire acondicionado, atestado hasta las trancas de alumnos y estudiantes de erasmus y buscando posturas imposibles para acoplarme entre el cuerpo de la chica de atrás y el sobaco del chico que me saca dos cabezas de alto intentando no estamparme contra el suelo cada vez que el autobús frena en seco…No definitivamente, no me parece tan buena idea.

 

Claro, que no estaría a menos de medio metro de ella, si no fuera porque vivimos prácticamente la una al lado de la otra, que normalmente el recorrido hasta la universidad sólo dura 20 minutos en coche (frente a la hora u hora y media en autobús), que me ahorro tener que correr como una loca después del almuerzo para coger el autobús, que su madre y la mía han insistido hasta la saciedad y… que está increíblemente buena.

Vale si, lo admito….me gusta….un poquito.

Entiendo que estar aquí no es precisamente el Kamasutra, la versión extendida. Pero soy yo y soy patética y para mí, la verdad, entre estar en mi casa tirada en el sofá o estar aquí mirando como ella se mueve en el asiento sin parar -sudando, nada menos- esta es la mejor opción.

Sí, es un atasco. Sí, hace calor. Y sí, es un infierno. Pero el sudor hace que el blanco de la blusa sea casi transparente y me da gasolina para alimentar mis fantasías, no puedo evitarlo….Soy patética.

-         ¿Qué he hecho yo para merecer esto?- preguntó al aire más que nada y a no ser que ella estuviese leyendo mis pensamientos, bien podía haberme referido al atasco.

-         ¿Es una pregunta retórica o quieres que te haga una lista?

 

Y ahí está ella.

Tajante, completamente fría y borde.

Y me pone.

Debería haber leyes fisiológicas que me impidieran tener esta clase de pensamientos en un coche a cuarenta y un grados (¿Cuánto es eso en grados kelvin?), una humedad ambiental del ochenta por ciento, asfalto a punto de convertirse en lava y coches exhalando CO2 en cantidades industriales como para desestabilizar el protocolo de Kioto y atentar contra la Organización Mundial de la Salud pero a mi mente, todo esto, parece importarle un rábano.

 

En estos instantes, doy gracias a Dios de no ser un tío porque en estos instantes tendría un bulto considerable entre las piernas y sería realmente incomodo estar a menos de 50 centímetros de la fuente mis fantasías sin poder darle ninguna explicación “socialmente aceptable” (como diría ella).

Si me dieran un céntimo por cada una de las veces, a lo largo de estos 7 meses que llevamos viajando juntas, que me he sorprendido teniendo películas mentales con ella, podría comprar Microsoft y quemar la empresa para ver cómo arde.

Terriblemente patético.

Ella gruñe algo inteligible por lo bajo y el tamborileo de sus dedos sobre el volante se vuelve más nervioso.

Vale. Alguien está irritada.

Los atascos la ponen de mal humor. Pero no le gusta reconocerlo. Me animo a cambiar de emisora para poder hacer algo que alivie la frustración de no tener otra cosa que hacer que tamborilear sobre el volante. Quizás una emisora con música más animada que la oreja de van gogh, que lleva sonando los dos últimos minutos y empieza a taladrarme el cerebro.

Pero cuando hago el intento de cambiar de emisora, ella me lanza una mirada de basilisco o del diablo cuando están a punto de desencadenar el apocalipsis final y desisto. Tengo la sensación de que si no quito pronto la mano del botón del dial, me morderá.

¿Me morderá?….mmm…No es una mala imagen

Ella y yo. En la biblioteca ¿La biblioteca? Si, porque no. Sobre la mesa, su maldita camisa en el suelo. Sus interminables piernas de mujer alrededor de mi cintura. Y la beso, una, dos, tres, cuatro veces. A la quinta me muerde la lengua y yo me empujo más contra ella, más, más, y más fuerte. Hasta que la piel se nos funde. Ella contra la mesa y yo en ella.

 

-         Llegaré tarde a la reunión con el decano.

 

Holaaaaa….Tierra llamando a mi cerebro pervertido.

¿El decano?¿Ese tío con más años que un fósil? Sí. Eso equivale a fantasía desapareciendo y realidad volviendo en sí.

-         No creo que el atasco dure mucho. En cuanto cojamos la salida, estamos libres. –digo intentando sonar lo más calmada posible.

-         ¿Te has dado cuenta de que va a ser científicamente imposible coger la salida mientras no podamos movernos verdad?

Verdad

¿Te has dado cuenta tú de que te brilla el cuello con una finísima capa de sudor, deliciosamente femenina?

-         Los atascos no se rigen por las leyes científicas- comento como si nada

Arquea una ceja. Naturalmente. Se mueve incómoda en el asiento del conductor para mirarme

-         ¿Ah, no?- como puede haber tanta ironía en dos palabras.

-          Hay reglas específicas para los atascos- recojo parte del sudor que empieza a caer como perlitas por mi frente- Como la regla número uno que dice que siempre pondrán las peores canciones en tu emisora preferida y la número dos que dice que habrás bebido demasiado líquido justo antes de encontrarte con el atasco de tu vida a distancia proporcionalmente inversa del báter más cercano.

 

No quiere. No quiere, no quiere, no quiere. Y se aguanta. Casi mordiéndose la lengua. Pero al final, ahí está. Baja la cabeza ligeramente y esa manera de apretar los dientes y tragar saliva curvando ligeramente los labios… Es un amago de sonrisa.

Servidora 1- Atasco 0

La vida no puede ser tan mala si he conseguido que la reina de hielo sonría, después de todo.

El termómetro sube ahora a 42 grados y ella sigue sin dejar de tamborilear sus dedos sobre el volante, probablemente enfurecida por todo lo que está pasando.

Y de pronto, un escenario rápido que aparece sin avisar ni tocar al timbre en mi mente hiperactiva. No es culpa mía que siempre esté pensando. Y que a veces, piense en ella…

Si pudiesen filmar mi imaginación se sorprenderían de la cantidad de imágenes-   fantasias que tengo almacenadas. Y aunque parezca que 7 meses no son suficientes, mi capacidad de almacenamiento haría temblar la central de Microsoft. Yo no solo tengo una colección digna de museo, ¡¡tengo el Kamasutra versión automóvil almacenado en mi cerebro!! No son fantasías muy elaboradas. Únicamente pequeños escenarios que aparecen en mi mente en el momento más inoportuno…

Como ahora. Entonces, flash. Ahí está…Un nuevo escenario surge frente a mi

Pop.

Esos dedos. Una cama. Madrugada cerrada. Suben entre mis piernas. Encuentran lo que quieren. Se hunden. Salen. Se hunden. Más rápido, más profundo. Círculos concéntricos. Los dedos se curvan y saben exactamente cómo curvarse y subir.

Joder…

Calor. La culpa de pensar estas cosas es totalmente del calor. Me hace perder el control y sentirme atrapada dentro de este coche.

Que día tan tonto tienes, hija. Qué-día-tan-tonto.

Este atasco ha convertido mi mente en mermelada.

Gracias, señor por haberles dados a ellos las monstruosas erecciones y a nosotras esa discreta humedad que siempre es un secreto entre nosotras y nuestra ropa interior.

-          Esta humedad es insoportable- comenta ella como si nada.

 


Pánico. Durante un segundo, me entra el pánico. ¿Me ha leído la mente?

-          ¿Qué habrá pasado para que estemos aquí paradas? Podría deshidratarme ahora mismo.

Ah, vale. Humedad ambiental. Si. Claro.

No todo el mundo vive constantemente en la tierra de la gelatina mental. Gracias a Dios.

-          Mucha gente hace puente hoy…quizás hemos topado con la caravana.- que comentario mas tonto.

Se lleva la mano a la nuca. Mueve la cabeza en círculos, aprieta con los dedos en los músculos de su cuello. El calor le da dolor de cabeza, creo. Eso me dijo un día. Podría ofrecerme a darle un masaje…Según una amiga mía, los masajes pueden empezar de muchas formas, pero siempre acaban de la misma….

¡No!…Otro escenario no, por favor. El calor me está empezando a afectar y ahora sí que estoy incómoda, y no precisamente por el sudor.

De pronto ella se mueve incomoda en el asiento y tardo un rato en comprender por qué.

Lleva medias de lycra.

Pop. Anda, mira. Otro escenario.

Ella lleva medias. Cruza las piernas sobre la mesa de la biblioteca y me recuerda que tengo que agradecerle que me lleve a la universidad. No lleva nada más. Sólo las medias. Y quizás algunos de esos sujetadores negros que suele llevar bajo sus habituales camisas. Y mi mirada se desliza por sus largas piernas sobre la mesa…¿Qué obsesión con la biblioteca no?…Será porque es el único sitio fresco en el que mi mente puede pensar ahora…

Oh, si…

-          ¿No tienes calor?- comenta ella abanicándose levemente con la mano.

 

No hay un “si” lo suficientemente afirmativo para contestar, me parece.

La miro de reojo. Aparte de un ligero brillo en su cuello que debe indicar el rastro más leve de transpiración, todavía no la veo sudar. ¿De qué está hecha esta mujer? ¿De amianto?

Cuando me miro en el retrovisor por el rabillo del ojo, creo que me voy a echar a llorar. La humedad me ha rizado el pelo. Excepto porque no lo ha rizado. Sólo le ha dado volumen. Solo me falta la camisa de fuerza para parecer una loca…El rimmel está prácticamente corrido, mis labios resecos y tengo la camiseta húmeda y arrugada…

Hace el mismo calor exactamente para ambas, pero ella parece sumergida en su mundo perfecto de chica perfecta, con los primeros botones de la camisa desabrochados, las mangas levantadas, el pelo completamente liso. Parece la campaña de verano de Dolce y Gavanna. Yo parezco el “antes” de un anuncio de cirugía estética.

-          No te preocupes, cuando se te empiece a escurrir el rimmel por la barbilla te avisaré- comento con sorna- Estás perfecta.

 

Ups. Eso no estaba en mi mente la ultima vez que leí el guión…Vamos a ver querida boca, tu solamente dices las partes donde pone “boca”. ¡No le quites los diálogos a mi imaginación!

-          ¿Perdona?- me mira de nuevo con una de sus cejas levantadas y no estoy muy segura si soy capaz de definir el tono que ha usado en esa frase.

-          Quiero decir…que…- me mira expectante con sus enormes ojos azules y tengo que esforzarme al máximo en no mirar su boca, resbalar por su escote y caer en picado al borde de su falda- Era sólo un comentario…no era irónico.

 

Creo.

Pero ella sonríe de medio lado.

-          Lo se

 

Y parece sincera, y no mordaz como siempre. ¿De verdad sabe que era un cumplido? ¿Y le ha agradado? Quiero decir, que no lo ha dicho en plan: “Si ya lo se, soy una diosa y ahora lámeme la punta de las botas”

Espera, eso último me lo apunto para otra escena.

¡Lo ha dicho sinceramente!

La vida es hermosa, calurosa, pero hermosa. Y ella ha vuelto a sonreir….por mi.

Tiene los labios ligeramente más carnosos y más rojos por efecto del calor. Como si estuviéramos haciendo el amor y ella se estuviera llenando de sangre y calor, voluptuosa y sensual. Sobre mí…

Ups. Lo he vuelto a hacer.

Joder, menudo día.

No es siempre así, lo juro. A veces realmente estoy pensando en otras cosas, atendiendo en clase y todo lo demás. En serio. Pero tengo días en los que mi mente está tan atascada en ella como el coche en esta autopista del demonio.

La culpa es suya por llevar un botón de la camisa de más abierto. Por brillar por efector del sudor. Y por llevar falda y dejar ver más piernas de lo que es recomendable en mi estado.

Esas piernas. Deben apretar con fuerza en torno a mi cintura si consigo hacerla temblar.

Y se me ocurren un par de maneras.

-          No puedo más- dice ella.

 

Creo que yo tampoco, pero antes de que

a)      Sea capaz de preguntar a qué se refiere

b)      Meter la cabeza en ese escote para lamerle el canalillo

 

Ella levanta el culo del asiento, hace una maniobra con los brazos que solo se puede calificar como magistralmente acrobática y se baja las medias sin que la falda se mueva APENAS de su sitio.

Centímetro a centímetro. No lo hace a cámara lenta pero juraría que así lo está grabando mi mente, se baja las medias, se quita los zapatos de tacón y se las guarda en su bolsa para volver a ponerse los zapatos.

Guau.

O sea. ¡Guau!

Esas manos bajándose las medias no es una imagen que vaya a abandonarme pronto.

-          Ufff…mucho mejor- exhala ella en un suspiro- ¿Quién inventaría las malditas medias?

 

Fui yo. Fijo que fui yo. En una vida anterior y si no es así…Ra,ra,ra. Saco los pompones y le hago un monumento al tío que invento las medias.

Y es que a veces olvido, que la chica que está a escasos centímetros de mi, con su poco mas de metro sesenta y siete, bautizada por sus compañeros como la reina de hielo es una mujer. Y no solo una mujer, sino una mujer tan femenina que haría que se me salieran los ojos de las órbitas y mi corazón saltara a mil por hora, con sólo su manera de mover las pestañas.


Sensualidad guardada bajo siete llaves, esa es ella. En cuanto se descuida un segundo, ¡¡boom!! Toda esa energía sexual desflora y la llena de electricidad.

Ahora mi lengua está celosa de las medias. Ella es así. Lo ha visto y lo quiere. Empezar a lamer en los pies, desandando el camino que acabas de hacer. Primero chupar el dedo gordo hasta que se te vidrien los ojos. Y luego subir desde el talón hasta las rodillas, besándote con toda la boca. Y el interior de los muslos. Pasar ahí tres o cuatro veranos. Y el punto donde se unen las piernas con el cuerpo, oh sí!

Y luego cuando estés llorando y suplicando. Entonces emplearme a fondo. Besar, lamer y hacer desaparecer el mundo bajo tus pies. Es impresionante lo despacio que puede lamer una lengua y lo mucho que puede tardar en salir de otra boca, bajar por el mentón, tentar el lóbulo de la oreja y aterrizar en el punto exacto en que palpita la parte más sensible del cuello.

Labios que se abren, roce de dientes, saliva, un soplido. Las manos suben por los brazos desnudos, van a los costados y luego a la espalda, a la altura del cierre del sujetador…

-          El coche de delante se mueve

-          ¿Eh?

 

¿Qué es un coche?

Señala a la autopista como si yo fuera idiota o estuviera borracha. O fuera una idiota borracha. O algo.

La veo pisar el embrague, meter la primera y pisar el acelerador. Avanzamos. O al menos el coche lo hace porque mi mente sigue embotellada en Fantasy Land. Un parque temático pornográfico a mi disposición, con ella como única atracción. Menos mal que es ella la que conduce, porque hace rato que mi cerebro terminó de fundirse.

-          ¿Qué es tan gracioso?

 

Aparentemente debo estar sonriendo y eso le da curiosidad. Claro, que es mejor que esto no lo sepa.

-          Nada. Tonterías mías.

 

Me mira de una forma que no deja lugar a dudas…No se ha creído ni una palabra. A veces pienso que en verdad me lee la mente y sólo lo hace para torturarme. Y si realmente no puede hacerlo, cuando quiera se lo cuento. O se lo enseño, como prefiera.

-          Te doy un millón de euros si vas a la cita con el decano por mi- comenta casi sin mirarme, pendiente de alcanzar el hueco que un coche a dejado frente a nosotras.

-          No tienes un millón de euros.

 

Cuando nos movemos sopla una brisa ligera y ella entorna los ojos para recibirla en la cara, apoyando la cabeza levemente en el asiento. Hay algo lánguido y delicadamente sensual en su pereza.

-          Puedo pagarte en especias.

 

Me da un vuelco el corazón. “Especias” pueden ser muchas cosas pero “especias” dicho en ese tono de voz solo puede ser una cosa.

Esa frase es lo mas sorprendente que he oído en lo que llevamos de atasco y ya sea en broma o en serio (no me lo creo ni yo) será la mejor frase de la semana. Veo la sombra de una sonrisa colándose en sus labios.

Vale, a este juego, pueden jugar dos.

-          ¿Por valor de un millón de euros? Lo dudo

 

Gira la cabeza hacia mi. Un desafío. Acéptalo o deja de tentarme. ¿Qué vas a hacer?

-          No me subestimes- dice y su voz suena a secretos en una cama deshecha.

 

Una inesperada ola de calor me sube hacia la cara. Soy una bomba nuclear. La quiero a ella, la quiero a mi disposición y la quiero AHORA.

-          Nunca se me ocurriría- murmuro.

 

El atasco avanza y nosotras con él. Pero en mi imaginación, el atasco desaparece. Corremos por la autopista hasta mi casa, pero no podemos esperar a que el ascensor llegue a mi piso y lo hacemos allí mismo.

Con una mano me deshago de su maldita-bendita camisa y ella aprovecha para deslizar sus largos y perfectos dedos por todo mi estomago para perderse entre mi ropa interior. Y lo que me hace sentir esa mano debería ser pecado. Y de hecho, se que es pecado en prácticamente la mayoría de las religiones, pero en esos momentos todo me da lo mismo, porque lo que yo no sabía es que esa mano iba a subir y a bajar, dos, tres, cuatro veces, y que a la quinta se iban a colar de nuevo en mis pantalones mientras la boca paraba, se escondía en el hueco que hay entre el hombro y el cuello, y se aprieta contra mi, piel sobre piel, un poco de sudor y un poco de saliva que transpiran al ritmo frenético de nuestros corazones. Y creo que me voy a morir en ese preciso instante.

Bendita imaginación.

Categorías: 1 Shoot · FANFICS MISTIKA · Traffic-jam (O mi cerebro hecho mermelada)

Un dia de playa (dedicado a Pé y Ángeles)

Julio 6, 2007 · 4 comentarios

Después de haber pasado aquel día tan divertido en la playa nudista decidí dedicarle estas cuatro lineas a esas dos preciosidade…..Gracias chicas!!

 

Tras la enorme caminata hasta la playa oculta entre las dunas de Doñana, en aquel escondido lugar donde la ropa de la gente empieza a brillar por su ausencia y las playas vírgenes se extienden ante tus ojos, tardas al menos un minuto en creer si aquello va en serio o no, pero te sorprendes al ver como ellas empiezan a quitarse la camiseta y ya tiene el pareo, la ropa interior y las chanclas fuera. Dios mio…¿Cómo alguien puede sacarse tanta ropa en tan poco tiempo?¿Años de experiencia en polvos rápidos? Te quitas la camiseta de un solo movimiento que te despeina por completo y la falda y la ultima barrera que queda entre la playa y tú caen al suelo y de pronto descubres que no era tan difícil.

Si corremos o no desnudas hasta el agua es una cuestión que se olvida cuando al caer de golpe en ella, descubres que está tan fría como el pinchazo de mil agujas sobre tu piel, pero al mismo tiempo es paz, deseo y perdición.

Ángeles da un aullido feroz y su piel se eriza al contacto con el agua fría, Pé en dos brazadas se ha colado más allá de donde tus pies rozan el suelo. Pasamos diez minutos haciendo burbujas bajo el agua, Ángeles cantando la canción del anuncio de pantene y Pé gritando ¡Haz el amor , no la cena! A lo cual reimos ante la aplastante deducción de Ángeles de que ese anuncio promueve la dieta del cucurucho. Aguadillas, bucear y hay un momento en el que metes la cabeza en el mar y solo escuchas el latido sordo del mundo exterior pero no distingues ninguno de sus sonidos. Un momento de Paz y cuando sales ellas todavía miran al horizonte, metidas hasta la cintura en el agua, viendo cómo gotean los rayos de sol sobre la línea de la costa.

 

Salis del agua casi juntas. Te sacudes como los perros, fuertes movimientos de la cabeza de izquierda a derecha, mojándolo todo alrededor por aspersión. Cuando abres los ojos, Pé tiene las manos en el pelo y le caen gotas desde los dedos hasta los codos. La espalda llena de lágrimas de agua en torno al tatuaje que se confunde entre los rizos y el moreno de su piel, moviéndose con tanta naturalidad como si hiciera esto todos los días. Ángeles se escurre el pelo creando hileras de gotas en la curva de su espalda que pelean por caer por las piernas más largas del mundo. Parece dos altas torres, recortadas por la luz que refleja el mar y por un momento piensa que podrían ser dos sirenas de leyenda escapadas del mar en solsticio de verano. Porque descubres que bajo su ropa había dos completas desconocidas: miles y miles de kilómetros de espalda por recorrer con la mirada, millas de piernas y curvas imposibles tostándose al sol…La imaginación es un líquido inflamable que puede entrar en combustión en cualquier momento, pero en este caso la realidad supera a la ficción.

 

Dejáis huellas irregulares en la arena que desaparecerán con la subida de la marea, mientras caeis casi derrotadas por el mar sobre la orilla. El cielo cambia de color, más brillante pero firme y sólido.

- ¿Os gusta esta playa?- pregunta Pé con la piel completamente expuesta sobre la arena mojada de la orilla del mar, que ha dejado salitre en su pelo y su cara.

- Si- Ángeles, bronceada y rubia aun permanece erguida sobre los codos.

- Mucho- dices sonriendo como una niña rebelde con un buen secreto.

 

La risa de las tres hizo que las gaviotas echaran a volar.

Categorías: 1 Shoot · FANFICS MISTIKA · Un dia de playa

De como Newton supo unir manzanas, cuerpos y aceleración.

Junio 4, 2007 · 13 comentarios

Primera ley de Newton: La inercia.

“Todo cuerpo permanece en su estado de reposo o de movimiento rectilíneo uniforme a menos que otros cuerpos actúen sobre él.”

 

 

17:30

 

Se acercaban los exámenes del primer cuatrimestre y tendría que esforzarme mucho si quería sacar unas notas lo suficientemente perfectas, para que mis padres no me montaran un numerito estas navidades. Si no, mi padre se pasaría las fiestas relatando sobre lo caro que le costaba la facultad para que yo fuera por ahí paseando los libros…. Aunque este momento era lo que estaba haciendo.

 

Solté la pila de libros que llevaba en los brazos sobre la mesa de la biblioteca. El golpe hizo que un alumno de 1º se despertara bruscamente de la siesta que se estaba echando sobre le libro de matemáticas. Ni siquiera me moleste en pedirle disculpas…Si quería dormir ¡que se fuera a otra parte!

 

Revisé la pila de libros que había ido recopilando por las estanterías: Física moderna, cinemática, algunos libros de Stephen Hawking…

Resoplé pesadamente mientras frotaba mis ojos. Entre los exámenes y los trabajos tenía una larga tarde (y probablemente noche también) por delante.

Dispuse los primeros libros que usaría frente a mí y saqué de mi carpeta un par de impolutos folios blancos… Me molestaba la gente que forraba las carpetas con colores chillones y fotografías de sus cantantes y actores favoritos. Cómo si fura necesario ir mostrándola por el mundo como una seña de identidad o un patético intento de llamar la atención sobre alguien que coincidiera con tus gustos… ¡Que ridículo! Desde luego que el azul oscuro de las tapas de mi carpeta transmitía con mayor fiabilidad mi

 personalidad, que una fotografía de los cantantes de OT.

 

Saqué un lápiz nuevo de mi estuche y lo utilicé para recoger mi larga melena rubia en un moño lo más correcto posible…me incomodaba mucho estudiar con el pelo en la cara.

Abrí uno de los gastados libros de la biblioteca y respire el intenso aroma de sus viejas paginas. Mis dedos pasaron las páginas hasta que encontré el titulo que estaba buscando: “Espacio-tiempo ¿Paradoja de los gemelos de Einstein?”

 

A pesar de que adoraba la física, este trabajo iba a ser más largo de lo que pensaba.

 

19:30

 

-          Las leyes de Newton acabaron con la idea de una posición absoluta en el espacio…- leía en voz baja el texto intentando redactar  una forma simple de explicar esta teoría y al mismo tiempo, que fuera lo suficientemente brillante como para proporcionarme un sobresaliente.

 

La gente empezaba a llenar la biblioteca poco a poco. Observé a mi alrededor. Un grupo de chicos de 2º se habían sentado cerca de mí, a mi derecha y poco a poco sus murmullos se hacían cada vez más potentes.

Intenté no prestar atención a sus risas y concentrarme en el señor Newton.

 

20:15

 

-          “La teoría de la relatividad, elimina el concepto de un tiempo absoluto que…”

 

Mis cavilaciones se vieron interrumpidas por una risotada seguida de unas risas ahogadas del famoso grupito. Vi como se tiraban un par de bolas de papel entre ellos, intentando que Marina, la encargada de la biblioteca, no les viera.

Les dediqué una mirada asesina a lo cual me respondieron con nuevas risas.

-          Tranquila Cintia…tranquila- me decía a mi misma- Tarde o temprano se cansarán…

 

Aunque deseaba que fuese temprano, porque ya no quedaban más sitios libres en ninguna otra mesa de la biblioteca…Y eran ellos o yo!

 

20:35

 

-          “Consideramos un par de gemelos…Supongamos que uno de ellos se va a vivir a la cima de una montaña, mientras que el otro permanece a nivel del mar…”

 

Una nueva risotada hizo que despegara mi nariz del “tomo1” de física…¿Qué demonios pasa ahora?

Vi como uno de los chicos intentaba esconder una revista que tenía en las manos mientras los otros, intentaban quitársela.

 

-          Será posible…a ver por donde iba…- intenté concentrarme de nuevo- …Ah si!…”Cuando vuelvan a encontrarse uno habrá envejecido más que el otro, con una diferencia de edad muy pequeña, pero…”

-          Eh tio!! Mira esta…menudas tetas!

 

¿Acababa de oir lo que acababa de oir?…Dirigí mi mirada hacia el grupo y efectivamente, comprobé que la revista por la que estaban peleando antes y que torpemente trataban de esconder, estaba llena de chicas “ligeritas” de ropa.

 

¡Genial! Lo que me faltaba era un grupo de tíos que se comportasen como hormonas con patas…

Respiré hondo y volví a la teoría de Einstein:

 

-          “Pero esta diferencia de edad, sería mucho mayor si…”- nuevas risas y mas comentarios bordes me hicieron desconcentrarme de nuevo.

-          Joder! Mira esta…Está para echarle un…

 

Decidí que no quería oír el resto de la “conversación” y busqué el párrafo donde me había quedado anteriormente:

-          …”mayor si uno de los gemelos pudiese viajar por el espacio a una velocidad cercana a la la de la luz. Cuando volviera…”

-          Ja,ja,ja…¿Pero tu has visto la cara de viciosa que tiene?

 

Concentración, no escuchar, concentración, no escuchar…

-          “..cuando volviera sería mucho más joven que el que se quedó en la tierra…Esto se conoce como la paradoja de…”

-          Venga tio! Si tu te tirarías a cualquiera…incluso…incluso a la siesa de al lado- dijo uno de ellos bajando la voz para que no le escuchara.

 

Demasiado tarde.

Le había oído…e iba a matarle.

Ese fue el comentario que colmó el vaso. Me quité las gafas de un tirón y cogí aire con tanta intensidad, que podía haber estado gritandole al chico durante un mes. Sin embargo, alguien se me adelantó:

 

-          ¡Raúl! ¡Ya está bien!- dijo una voz femenina- Si no cierras el pico te lo cerraré yo ¿De acuerdo?

 

Levanté mi vista rápidamente hacia el lugar de donde provenía la voz. Una chica, más o menos de mi edad, con el pelo teñido de un rojo bastante llamativo y un pircing en la nariz miraba con cara enfadada al grupo de chicos…

-          Estáis molestando- dijo con una voz suave aunque autoritaria.

-          Perdona Angela- dijo uno de los chicos que parecía conocerla- no queríamos molestarte.

-          No es a mi a quien habéis molestado- dijo mientras hacía un movimiento de cabeza hacia mi y nuestras miradas se encontraron por primera vez.

 

Le hice un gesto con la cabeza, quitándole importancia y volví rápidamente a mis apuntes…¿Pero que estaba haciendo?

¡ Si que me importaba! Pero por algún extraño motivo me sentí torpe cuando ella me defendió…Además, no quería mantener su mirada.

 

¿De donde había salido esa chica y en que momento se había sentado prácticamente enfrente mía? ¿Tan concentrada estaba que no me había percatado de su presencia?..Porque “discreta” no era la mejor palabra para describir el atuendo de esa chica…

 

21:03

 

Oí un sonido crujiente, y al levantar la mirada, observé como la chica del pelo rojizo estaba mordiendo una manzana.

Parecía estar muy interesada en un libro que tenía sobre la mesa, mientras daba pequeños mordisquitos a su manzana. Me tomé la libertad de observarla sin que se diera cuenta:

 

Sus ojos verdes, se movían vivaces sobre el libro…parecía completamente absorbida en su lectura. Tenía una pequeña argolla plateada en su nariz pequeña y respingona y sus labios formaban una curiosa forma curvada cada vez que mordía la manzana.

 

A pesar del color llamativo de su pelo despuntado, definitivamente no desentonaba con su cara redondita y su aspecto en general… Me imaginé que pasaría si apareciese por mi casa con ese aspecto: a mi madre le daría un patatús y mi padre me mandaría a un reformatorio (si tengo unos padres muy estrictos…¿y qué?) De todas formas…¡¡Nadie que no quisiera llamar la atención se teñiría el pelo de ese color y llevaría calentapiernas de rayitas en los brazos!!

 

La chica levantó la vista y por segunda vez en aquella tarde su mirada me obligó a bajar la mia. Intenté concentrarme en algún fundamento físico que no me recordara esos ojos verdes mirándome divertidos.

Mientras repasaba el principio de incertidumbre de Heisemberg, una risa suave que procedía de la chica misteriosa se coló sin darme cuenta de nuevo en mi mente haciéndome olvidar por completo si era posible conocer la velocidad y posición de una partícula al mismo tiempo…Olvidé incluso si realmente había leído eso antes en alguna parte…

 

El sonido crujiente de una manzana me devolvió a la realidad.

 

21:45

 

-          Perdona…

 

Cuando intentaba concentrarme en el capitulo V sobre particulas elementales, su voz llamó mi atención.

La miré sorprendida, sin saber muy bien si realmente me había hablado, o solo lo había imaginado. No le dije nada…no porque no quisiera, si no porque no supe que decirle al ver como me tendía una manzana y me preguntaba:

-          ¿Quieres?

 

Ante mi prolongado silencio, ella siguió insistiendo.

-          Bueno, se que no es precisamente un bocadillo de jamón, pero…Ahora mismo es lo mejor que puedo ofrecerte…Llevas muchas horas ahí y no has comido nada…

 

¿Y que sabía ella? ¿Me espiaba?

No quise parecer descortés y cogí la manzana. La miré como si llevara en la mano una bomba. Ante mi indecisión añadió:

-          Tranquila blancanieves…no está envenenada- y me guiñó un ojo.

 

Me sentí avergonzada y mordí ligeramente la piel crujiente de la manzana, no sin murmurar antes un débil “gracias” a lo que ella sonrió y continuó con su lectura.

 

No sabía si me preocupaba más el hecho de que me había dejado sin palabras con una simple sonrisa o que alguien completamente desconocido sabía mejor que yo lo que necesitaba…

 

Mordí la manzana que emitió un crujido parecido al de la suya.

 

22:00

 

Después de pensarlo un buen rato, descubrí que me hubiese resultado más fácil explicar la teoría de Einstein sobre la curvatura del espacio que empezar una conversación con ella…

-          Perdona- le dije.

 

Ella levantó de nuevo su mirada esmeralda y yo reuní todo el valor que tenía para agradecerle como se debía lo de la manzana…y fallé estrepitosamente.

-          ¿Tienes una goma?

 

Ella asintió alegremente y mientras rebuscaba en su estuche, yo me pateaba mentalmente por ser tan cobarde.

-          ¿Estaba buena?- por unos segundos la miré sorprendida sin saber muy bien a que se refería…hasta que finalmente mis neuronas volvieron a hacer contacto.

-          Eh…ah! Si…claro,claro.

 

¿Por qué esta chica me hacía comportarme como si hubiese llegado tarde a la repartición de cerebros? Se suponía que yo sería el futuro premio Nobel en física cuántica y acababa de olvidar como explicar la radiación de un cuerpo según la frecuencia de ondas…¡¡Un error de novata!! Recuperé la poca compostura que me quedaba para construir una frase socialmente aceptable.

-          Antes te he debido parecer una borde…perdona- comencé yo, lo que la hizo mirarme sorprendida.- Es que cuando estoy estresada con los exámenes…y lo que  no son los exámenes- dije señalando con la cabeza al grupito de “hormonas con patas”- Lo siento…no respondo bien bajo presión…de todas formas, gracias por la manzana.

 

Intenté que mi sonrisa fuera lo mas amigable posible. Ella solamente me miró divertida, con sus ojos brillantes a través de su flequillo enrojecido….Sin embargo, al parecer la conversación no había terminado ahí:

-          Quizás no te haya servido para descubrir una nueva ley física, pero al menos mata el, gusanillo- añadió ella.

-          ¿Qué?

-          La manzana…Newton…- continuó ella.

 

En otro momento, habría relacionado aquellas dos palabras rápidamente, pero mi cerebro estaba demasiado ocupado felicitándose por haber articulado una frase completa delante de aquella extraña chica, que estaba consiguiendo descolocarme.

-          ¿No fue Newton el que descubrió la gravedad cuando le cayó una manzana en la cabeza?- me preguntó mirándome interesada. Finalmente mis neuronas volvieron de su paseo nocturno y le solté del tirón:

-          A decir verdad no la descubrió…sólo la comprendió. Además, la manzana nunca llegó a caerle en la cabeza, eso es solo un adorno histórico. En sus escritos, Newton, sólo apunta un suceso parecido en el que, al observar la caída de una manzana madura, comienza a desarrollar la teoría de la gravedad.

 

¡Mierda! O no hablo o al hacerlo parezco una maldita enciclopedia…Si antes pensaba que era una borde…ahora pensaría que era una empollona repelente (aunque lo fuera).

Sin embargo, a pesar de mi elocuente explicación, la chica no parecía aburrida, ni me miraba como si estuviese loca (que suelen ser las dos opciones cuando hago cosas así). En vez de eso, me miraba fascinada, con los ojos muy abiertos.

-          ¡Guau! Debe gustarte mucho la física para saberte la vida de todos los tíos que aparecen en ese libro- dijo echándole un ojo al enorme tomo de teorías sobre física que tenía delante. Sonreí aliviada…al menos no pensaba que estaba loca.

-          Bueno…no me se la vida de todos…lo que pasa que he leído muchas veces este libro y algunos datos históricos se me quedan- no quería dármelas de sabionda.

-          Yo sería incapaz de leerme ese libro…-añadió- estaría roncado en la primera página.

-          Suele pasar- dije desanimadamente- la gente no entiende lo interesante y divertida que puede llegar a ser la física…

-          ¿Divertida?- la chica dejo escapar un tono irónico- ¿Qué tiene de divertida?

-          Pues…-estaba dispuesta a darle una explicación lo suficientemente buena como para convencerla- la física tiene la explicación para casi todos los acontecimientos que ocurren…Por ejemplo, si Newton no hubiese estudiado la gravedad no sabrías porque  la Tierra gira alrededor del Sol y  porque éste se mueva alrededor de la Vía Láctea…ni siquiera sabrías el porque tienes que agarrarte a algo cuando un autobús frena para no estamparte contra el suelo…

-          La inercia ¿no?- asentí ligeramente- ¿Ves? Aún recuerdo algo del bachiller…Yo era más de letras- comento con una sonrisa- Ya se que la física está en todas partes, pero un matemático diría lo mismo. El problema de la física es que no ve más allá de sus narices.

-          ¿Qué?

-          La física, al igual que la mayoría de las ciencias, se limita a explicar lo que ve…Newton explicó la gravedad al observar una manzana pasar de un punto A a un punto B. Buscó una explicación lo suficientemente lógica para entender lo que estaba viendo, pero nunca se planteó el porque la manzana decidió que era el momento de caer.

-          ¿Qué? Espera…estas intentando explicarme una de esas teorías de ¿Por qué el pollo cruzó la carretera?- ella sonrió abiertamente.

-          No exactamente, sólo estoy diciendo que generalmente tendemos a pensar que para que las cosas ocurran, es necesaria una intervención externa.

 

La miré sin comprender muy bien a que se refería. De reojo observé el libro que tan interesada había estado leyendo.

“El cambio” se titulaba.

Así que una estudiantilla de humanidades pretendía tambalear siglos de teorías físicas porque a algún filósofo-psicólogo loco había escrito un libro.

Debió de notar mi mirada porque añadió.

 

-          Esta bien, te lo traduciré a tu idioma: Todos los patrones tienen una tendencia a perpetuarse- una sonrisa maliciosa se coló en sus labios al ver como mis ojos se abrieron desmesuradamente…¿Por qué había sonado tan jodidamente sexy esa frase en su boca?- Es una de las leyes básicas de la física, la ley de la inercia: las cosas tienen una tendencia a mantenerse de la misma manera que están dándose.- Sus ojos brillaron dibujando sombras imposibles bajo su flequillo al inclinarse sobre la mesa y acercarse más a mí, a quince escasos centímetros. Atrayente. Casi magnética.- Así, que alguna intervención externa es necesaria para que se de el cambio…

 

No se en que momento exacto de la frase, empecé a sentir ese burbujeo entre el pecho y el estómago, el vértigo, el pulso acelerado y tuve que agarrarme al borde de la mesa….Pero había una cosa que me preocupaba más.

¿¿De verdad estaba a punto de tener un orgasmo porque una chica de humanidades acababa de susurrarme a media voz la jodida primera ley de Newton en mitad de la biblioteca??

 

No tenía sentido. Casi iba contra las leyes naturales del universo… como si la manzana se resistiera a seguir la ley de la gravedad.

 

-          ¿Qué…qué quieres decir?- la lengua se me había quedado de trapo.

-          Que deberías dejar de ser un cuerpo en estado de reposo- dijo cerrando el libro que estaba frente a mi- y dejar que algún otro “cuerpo”- dijo señalando lo evidente- actúe sobre ti variando tu trayectoria…como por ejemplo, invitándote a un café…¿ahora?

 

Su pregunta me pilló casi por sorpresa.

-          Sólo si quieres claro- añadió- …yo sólo soy una intervención externa.

 

Apenas me di cuenta de que mis pies se movían como autómatas siguiéndola y sólo soy consciente cuando frente a la máquina de café ella me pregunta:

-          ¿Café o capuchino?

 

Es oficial, ella es la gravedad y yo soy la maldita manzana que cae sin saber por qué.

Va a ser una noche muy larga.

 

Segunda Ley de Newton: La dinámica.

“La fuerza que actúa sobre un cuerpo es directamente proporcional a su aceleración.”

 

22:35

 

Acelerada estaba yo mientras Angela ( porque claro, la enigmática chica del café tenía nombre) mordía su segunda manzana de la noche con ese crujido tan especial que hacía que mezclara las líneas del texto que intentaba leer. A estas alturas no sabía si Einstein había tenido gemelos o si lo de la paradoja era un cuento que le contaba por las noches.

Los calentadores habían desaparecido de sus brazos, así como su jersey dejando ver más de lo que la imaginación y la física podían demostrar.

¿Había comentado ya que realmente empezaba a hacer calor en pleno invierno?

 

-          ¿Ocurre algo?- me preguntó entre mordiscos sin levantar la vista del libro.

-          No ¿Por qué?

-          Te veo…desconcentrada- noté la sombra de una sonrisa colándose entre sus labios.

-          No se porque lo dices- pasé con indiferencia la pagina donde estaba el párrafo que había leído ya siete veces sin entender absolutamente nada. Era la primera vez que la física me sonaba a chino-mandarín.

-          Se te da peor mentir que a mi las mates- me miró divertida mientras recogía el jugo de la manzana con los labios.

 

Mi mente buscaba una excusa que no tuviera que ver con Einstein, …dientes… la paradoja…lengua…el espacio-tiempo… manzana…

 

-          Son esas hormonas con patas amigos tuyos…- dije señalando con la cabeza el grupito de chicos que aún seguía armando barullo por lo bajo- No paran- añadí pensando que había encontrado la excusa perfecta

-          ¿Todavía están con la revista?- ella levantó la vista hacía el corrillo que tenían formado los chicos en un rincón de la mesa- ¡Eh Raúl!- dijo levantando algo la voz.

 

El chico se volvió hacia ella con un ojo aún pegado a la revista.

-          ¿Todavía estáis con eso?- le riñó en broma- Se te van a quedar pegados los ojos a la revista.

-          Cómo para que no se te queden pegados…mira, ¡échale un vistazo!

 

Lo único que no habría imaginado jamás sucedió cuando el último número de la revista penthouse, se deslizó sobre la mesa hasta chocar con mis apuntes de dinámica, dejando al descubierto los “secretos” más íntimos de Miss Enero.

Sin embargo, cuando lo surrealista de la situación estaba haciendo que olvidase como se pestañeaba, la realidad superó a la ficción haciéndome despegar los ojos de la revista al ver como Ángela la cogía y con una mirada curiosa y analista miraba detenidamente la foto.

 

Despegó la mirada por unos instantes para cerciorarse de que la estaba mirando y pareció complacida al ver como yo desviaba (por no decir que teletransporté) la mirada hacía el libro de física topándome de lleno con la segunda ley de Newton que comencé a leer como si realmente me fuese la vida en ello.

 

“La Primera ley de Newton nos dice que para que un cuerpo altere su movimiento es necesario que exista algo que provoque dicho cambio. Ese algo es lo que conocemos como fuerzas”- empecé a leer

-          ¿Sabeis?-dijo ella a media voz- hay mas en esta foto de lo que parece a primera vista

 

¿Más?¿¡Más que una talla 100 embutida en un sujetador de la 85!?…-pensé

-          Hay…algo en su mirada. No solo son curvas y piel expuesta- se detuvo unos instantes para hacer crujir una vez más, la piel de la manzana entre sus dientes- Mira a la cámara como si quisiera transmitir…fuerza.

 

No quise levantar la cabeza, ni siquiera me permití desviar los ojos de las lineas…pero aquella palabra…”fuerza”…¿Acaso estaba leyendo en voz alta y no me había dado cuenta?…”Estas son el resultado de unos cuerpos sobre otros”- continuaba el párrafo

Ella volvió a morder la manzana y el crujido me provocó un escalofrío muy placentero por la espalda.

-          Hay algo más….

 

Me forcé a mi misma a seguir leyendo…”la fuerza neta aplicada sobre un cuerpo…”

-          Su mirada es asfixiante e inquietante. Algo que juega a dejarte sin aire…

 

Joder, como se notaba que era de letras…¿Por donde iba? Ah si, cuerpos…¿O era algo sobre el aire?

-          Algo que te enloquece. Que te hace suspirar. Respirar hondo, profundo…

 

Y… joder, qué deliciosamente bien ha sonado eso…quiero decir, que…” es proporcional a la aceleración que adquiere dicho cuerpo”

-          Te marea,  te excita…

 

“Que excita dicho cuerpo…digo…acelera dicho cuerpo…¿No?”

 

Uno de los chicos dejo escapar un silbido.

-          ¿Tenías que enrollarte tanto Ángela?…¿No podías simplemente decir…que esta buena?

 

Ella muerde – no se si por quinta vez, porque ya he perdido la cuenta- la manzana dejando escapar una sonrisa maliciosa y paseando su mirada hacia mi.

Y esa es la señal, el detonante.

-          Tengo que buscar un libro…- digo levantándome como un resorte de la silla-…algo sobre…fuerzas y aceleración- digo sin pensar demasiado en ello.

 

No llegué a leer la última linea, pero no me hacía falta para saber que tanto la fuerza como la aceleración son magnitudes vectoriales, es decir, tienen, además de un valor, una dirección y un sentido….Y mi dirección y sentidos estaban claras: huir de Ángela y de las abrumadoras ideas que me estaba provocando.

 

Con lo que yo no contaba, era con que la causante de todo mi alboroto me siguiese hasta los escondidos pasillos de la sección de física.

 

 

 

 

Tercera ley de Newton: Acción-reacción.

“Cuando un cuerpo ejerce una fuerza sobre otro, éste ejerce sobre el primero una fuerza igual y de sentido opuesto”

 

 

Podría respirar. Llenar los pulmones de aire, espirar y volver a inspirar. Podría hacerlo si los pasillos de la sección de fisica, que forman las estanterías no fuesen tan estrechos, si hubiese un poco más de luz en aquel lugar apartado de la biblioteca, si no hiciese tanto calor y, sobre todo, si Ángela no me hubiese seguido hasta ese rincón oscuro, sin jersey y sin los treinta centímetros de separación que marcan mi zona de seguridad y donde su presencia empieza a ponerme realmente nerviosa.

 

Trato de concentrarme pasando los dedos por los tomos de los libros, como si realmente estuviese buscando algo, mezclando en mi mente los nombres que leo a toda velocidad – Física cuántica, ejercicios sobre vectores y fuerzas, aceleración-, ¡joder¡ acelerado estaba mi pulso, mientras mis manos pasaban nerviosas sobre los lomos de los libros e intentaba ignorar a Ángela, moviéndose nerviosamente detrás de mi, hasta que la oigo hablar demasiado cerca de mi espacio personal y salto como un resorte.

-          ¿No era esto lo que buscabas?

-          ¿El qué?

 

 

Y me giro. Para evitar que note mi nerviosismo, para decirle que baje la voz, para que se esté quieta. No para quedar atrapada por su cuerpo y la estantería, en un pasillo claustrofóbico, donde nunca llega suficiente luz y nunca hay suficiente espacio para que dos personas se pongan a buscar un condenado libro.

 

Podría respirar. Coger aire, soltarlo y volver a inspirar. Podría si Ángela no estuviese inclinada hacia delante, ahogando el poco espacio personal que me queda, sacando uno de los gruesos tomos de fisica de entre los polvorientos libros, justo a tres centímetros de mi cara y, juro, que podría leer el título del condenado libro, si con la otra mano no estuviese sosteniendo la maldita manzana, cuyos crujidos me traen de cabeza, me dilata las pupilas, me inflama los labios y concentra todo el calor de la biblioteca en un único punto.

 

La manzana.

Su boca.

 

Y es entonces cuando Ángela saca el libro, le da la vuelta y, por fin, me mira.

 

Con los ojos encendidos bajo su flequillo y más alta de lo que la recordaba. Vuelve a mirar el libro y después la manzana y en esos momento se lo que está pensando porque- Oh! Dios mio – está tan cerca que primero me mira los labios, luego los botones de la camisa, mordisquea de nuevo la manzana y su mirada desciende hasta la cinturilla de mis vaqueros y noto como su garganta sube y baja despacio al tragar.

 

Podría besarla, cogerla de la nuca y obligarla a usar los labios para algo más que morder la rojiza manzana que produce ese sonido tan intoxicante.

Podría hundir mis manos en su rojizo cabello tan a juego con la manzana y borrarle esa sonrisa juguetona de la cara.

Y podría hacer mil cosas más que harían de aquel aburrido pasillo de física un lugar memorable.

O podría respirar.

Y cerciorarme de que todo lo que estoy pensando es una absoluta locura y que las horas que llevo si dormir empiezan a jugarme una mala pasada.

Podría hacer muchas cosas, como por ejemplo, prestar a tención a la pregunta que Ángela me está  haciendo en estos instantes.

-          ¿Quieres?

 

Deduzco que se refiere a la manzana, o a lo poco que queda sin mordisquear y por una fracción de segundo, desvió mi mirada hasta su mano. Voy a hablar. Voy a decirle que no me apetece. Que necesito olvidarme de manzanas y de leyes de la gravedad por unas horas.

Pero la intención muere justo en el borde de mis labios porque ella me ha puesto una mano en la nuca y me está besando, allí mismo, con los señores Newton y Einstein como únicos testigos.

El libro cuyo título jamás llegaré a saber cae de sus manos, y a pesar de que el ruido que ha ocasionado ha debido oírse en la otra punta del planeta, no lo noto lo más mínimo porque ese beso es lento, casi perverso y me llena el cerebro de saliva y no puedo pensar en nada.

No siento las rodillas y de cintura para abajo sólo hay un latido inmenso y abrasador que me disuelve el cerebro.

 

No hay gravedad -en serio, ¿quién inventó eso?- y finalmente me agarro en parte a la estantería, en parte a ella para evitar caer al suelo, como el libro o aquella manzana y acabar formando parte de una nueva ley física sobre los efectos de enrollarse contra la estantería de una biblioteca.

En estos instantes, no entiendo la Física ni toda esa pamplina de que el tiempo es una variable universal. Ahora mismo, el tiempo es un chicle que se estira, se hincha, nos engulle y explota mientras sus manos reaccionan y me envuelven, una en la nuca, otra en la base de la espalda. Más cerca, más cerca…

 

-          ¿Quién está ahí?

 

Nos apartamos de un respingo. Siento que mis ojos van a saltar al vacio y que mi corazón es un trapecista sin red. La encargada de la biblioteca aparece de detrás de una de las estanterías y – por favor, que no haya visto nada- se pone las gafas para enfocar la mirada mientras yo suelto un suspiro con alivio.

Noto como Ángela la mira preocupada, casi sin poder respirar. En esos instantes todo me da vueltas, no recuerdo la constante de proporcionalidad, ni siquiera el año en que Newton enuncio su primera teoría, sólo se que podría entrar en combustión espontánea en ese momento. Alli mismo. Entre aquellas estanterías que me separan de la más dulce de las muertes y el mayor bochorno de mi vida.

 

Mientras ella le da algún tipo de excusa a la encargada intento no mirarla. Alta, despeinada, labios hinchados, ojos eléctricos.

Tengo que salir de allí.

Ahora.

Ya.

 

-          Tengo que….

 

Calmarme. Morirme. Morder una manzana

 

O podría salir de allí, si dar explicación alguna, con el pulso salvaje por todo mi cuerpo y la boca cosquilleándome.

 

O podría respirar.

Hacer un ruidito de sorpresa, salir corriendo y entonces, por fin, inspirar, espirar y odiar  y amar a Newton con la misma intensidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Categorías: 1 Shoot · De como Newton supo unir manzanas,cuerpos y aceleració · FANFICS MISTIKA

Perdona…¿Podrías pegarme el resfriado?

Junio 1, 2006 · 20 comentarios

Eran las 5 de la tarde y no podía estar más aburrida…De todas formas, yo solita me había buscado esta situación.

Ya me lo había dicho mi madre unas quince veces el domingo:
- Silvia coge le paraguas, ¡que el hombre del tiempo ha dicho que va a llover!

Yo había mirado por la ventana del salón y después de comprobar como el sol lucía en todo su esplendor le había dicho:
- Si, si…ahora lo cojo

Aunque, eso traducido venía a decir: “No pienso cargar con ese trasto, sólo porque al tío del tiempo le ha dado por decir que hay un 40% de probabilidad de lluvia, sólo para joderme el domingo”

Bueno, el resultado fue lo que todo el mundo (incluido el simpático hombre del tiempo) habían estado esperando: LLOVIO.
Y no un pequeño aguacero…no señor…¡¡El domingo cayó el diluvio universal!!
Así que volví corriendo a casa, acordándome de todas las generaciones del tio que invento las probabilidades. Para cuando conseguí llegar estaba calada hasta los huesos.
Un enorme charco se estaba formando a mis pies, producto del agua que goteaba de mi ropa y de mi pelo.
- ¿Al final no cogiste el paraguas?- me preguntó mi madre
- ¡¡ATCHUS!!- fue mi única respuesta.

Como resultado de mi incredulidad al hombre del tiempo, obtuve un maravilloso resfriado, acompañado de fiebre que duró toda la noche del domingo…
Lo único bueno que pude sacar de todo esto, es que me había librado de ir al instituto…pero ni siquiera eso me animaba, porque a pesar de que me había librado de verle la cara al de mates, no podía dejar de en que me había perdido todos los cotilleos del día con mis amigas, además de que hoy íbamos a hace lo del amigo invisible…
- ¡¡¡Atchus!!!- volví a estornudar por vigésima vez. Solté un bufido de cabreo y me quité la sábana de encima, tirando todos los clinex al suelo. Empezaba a agobiarme y quería salir de mi habitación, pero mi madre no quería que saliera de la cama hasta que no se me pasara la fiebre… Ya hacía rato que me había bajado, pero si se lo decía, tendría que dejar de ver la tele y comer galletas para ponerme a hacer los deberes…De todas formas, ni siquiera sabía si tenía deberes o no, aún no había hablado con Ana (mi mejor amiga y compañera de mesa )

Miré el reloj. Eran las 5,30…¡Perfecto! Hoy salíamos a las 5, así que Ana habría llegado a su casa hacía un rato, ya que las dos vivimos a menos de 10 minutos del instituto.
- Bueno …vamos a ver- me dije a mi misma- Bajo a la cocina, cojo mas leche y galletas y con disimulo cogeré el teléfono inalámbrico, llamaré a Ana y…¡¡Necesito comunicarme con alguien!!

Avancé hacia la puerta de la habitación, esquivando la ropa del suelo y los pañuelos.
- ¡Dios! Mi cuarto está hecho una pocilga- pensé- Un día recluida aquí ¡¡y esto ya es un caos!!

Desde luego que mi aspecto no era tampoco lo que se podía decir “glamuroso”: Pelo revuelto y una camiseta talla XL que me quedaba unos centímetros por encima de la rodilla…lo justo para tapar mis…ejem…intimidades…Bueno, mas bien para tapar las braguitas color amarillo pollo que llevaba puestas….¿Qué?….¡¡Eran las únicas que había encontrado en el fondo del cajón!!!…Me temo que hay que hacer la colada con urgencia.
En general, podía haber pasado por un bulto más de la habitación…

Avancé descalza hacía la puerta de la habitación, clavándome en el pie algún objeto que no llegue a reconocer….Diosss…¡¡que desastre de cuarto!!

Pero cuando intenté alcanzar el pomo de la puerta, vi que éste giraba sólo…¿Alguien estaba abriendo la puerta?
Me quedé parada sin saber muy bien que iba a decir, si mi madre me encontraba fuera de la cama, descalza y con una jungla de ropa y trastos a mi alrededor.
Sin embargo, la persona que apareció al otro lado me sorprendió aún más…
- ¡¿Ana?!

Mi amiga había abierto la puerta lentamente, como si no quisiera hacer mucho ruido y había asomado la cabeza por detrás de la puerta.
- ¡Hola!- hizo un movimiento con la cabeza que provocó que parte de su flequillo cayera graciosamente sobre su nariz- Tu madre me dijo que posiblemente estarías dormida, pero ya veo que estabas…- paseó su mirada azul por mi habitación- ¿Ordenando tu cuarto?
- ¡Muy graciosa!- dije irónicamente- Anda, pasa- terminé de abrir la puerta y tiré de ella hacía dentro. Me fijé en que aún llevaba puesto el uniforme del instituto y la mochila.
- No quiero que mi madre me vea así…-añadí-Porque…porque…
- Porque prefieres seguir haciendo la vaga ¿ no?- Me miró con una ceja levantada y cruzada de brazos.
- ¿No iras a negarle un poco de descanso a una enfermita, verdad?-dije poniéndole morritos.
- ¿Enferma? Silvita…tu lo que tienes es mucho cuento
- ¡No! En serio…ya casi no tengo fiebre pero…¡ATCHUS!..¿Ves? Aún tengo el resfriado encima.
- Ya,ya…Eso lo veremos ahora- y me empujó hacía la cama en la que caí sentada.
- Eh! Con delicadeza que aún estoy convaleciente!!

Ana me dedicó una sonrisa maliciosa, como diciendo “te aguantas” y empezó a quitarse el jersey. Al tirar de él hacía arriba para sacarlo, se levantó también la camisa, dejando su estómago al descubierto…Me fije en que llevaba puesto el pircing de bolitas de colores que le regalé por su cumple…Desde luego que Ana siempre había sido más lanzada que yo para muchas cosas. Yo no me habría atrevido a agujerearme el ombligo…¡¡sólo pensarlo me da mareo!! Aunque claro, a ella le quedaba mejor que a mi seguro….tiene un vientre plano, piel suave…perfecta! No tenía mas que recordar lo genial que le quedaba en verano, cuando se ponía morenita e iba luciendo tipazo y pircing en bikini…¡No había tio que no la mirara!…Yo también la miraría!!…Claro, que porque es mi amiga ¿eh?…¡Que nadie se piense nada raro!…Es que las amigas se miran entre ellas y se dicen lo guapas que están….No hay nada malo en que me moleste que otros chicos la miren…¿Verdad?…¡¡Es sólo que hay mucho buitre por ahí suelto!! Y.. ¿Y que hago pensando en todo esto?

Fue en ese preciso instante en el que volví a la realidad, para darme cuenta de que Ana ya se había quitado el jersey y se estaba aflojando la corbata del uniforme.
¿Por qué mi mejor amiga me tira sobre la cama y se empieza a quitar la ropa?
¡¡¿¿Pero que estoy pensando??!!!

De repente, sentí como mi cara ardía…Y aumentó aún más, al ver como Ana se acercaba a mí. Fijé mi mirada en la colcha de la cama, como si de pronto fuera lo más importante del mundo…cualquier cosa con tal de no mirarla.
Sentada en la cama, lo único que alcanzaba a ver de perfil, era el borde de su falda plisada del uniforme…eso quería decir que estaba muy cerca ¿no?

- ¿Sabes?- me dijo de pronto Ana- Puede que tengas razón y aún tengas algo de fiebre…tienes la cara muy colorada.

Sentí un extraño pinchazo en el estómago…¿Tan evidente era?
Ana agarró mi barbilla y me obligó a mirarla. Sus ojos azules, parecían más grandes que nunca…quizás porque estaba muy cerca…no se…Temí mirarla durante mucho rato. Me daba la sensación de que ella podría leer claramente todos mis absurdos pensamientos sobre ella y se reiría en mi cara.
Una de sus manos se deslizó de mi barbilla hasta mi frente. Un “¡Vaya!” muy suave, escapó de sus labios, los cuales unos segundos después estaban posándose suavemente sobre mi frente.
Apenas ejerció una ligera presión durante unos escasos segundos, pero a mi me pareció una eternidad mientras su aroma a vainilla, me inundaba por completo.

En la forma en la que estábamos, yo sentada en la cama y ella inclinada ligeramente sobre mí, alcanzaba a ver frente a mi, parte de su flequillo negro, rozando la comisura de mi boca y la corbata con el nudo aflojado, balanceándose frente a su escote.

- Silvi…- Ana interrumpió mi minuciosa inspección- Creo que tienes fiebre de nuevo…¡estas ardiendo!
- Eso no es verd…¡ATCHUS!- mi intento de queja se vio interrumpido de nuevo por los malditos estornudos
- Anda ¡métete en la cama!…¿Dónde está el maldito termómetro?- Ana rebuscaba entre las sabanas y por la mesita de noche- Ufff!!Lo que no entiendo es como soportas el calor de este cuarto- comentó mientras se abanicaba con una mano.

Me sentí estúpida mientras me acomodaba entre los almohadones de la cama…¿Qué puñetas me está pasando? Ana sólo tenía calor….por eso se quitó el jersey…pero yo aún seguía teniendo un nudo en el estómago.
- Aquí está-Ana finalmente encontró el dichosos aparatito y le puso en la boca. Yo me derrumbé sobre la cama…quería que la almohada me tragara y así dejaría de sentirme ridícula.
- ¡Te he traído una cosa!- me dijo Ana alegremente. Cogió su mochila del suelo, sacó su estuche y se sentó de golpe en la cama, con lo cual casi me aplasta.
- ¿Un regalito?- pregunté como pude con el termómetro en la boca.
- No exactamente…ya que hoy no has podido venir, pues…¡¡TACHAAAAN!!!

Ana sacó un papel blanco, doblado por la mitad y me mió con una gran sonrisa.
- Oh! vaya!…- dije sarcásticamente- ¡¡La ilusión de mi vida!! ¡Un trozo de papel blanco!¿Cómo has podido encontrarlo?

Ana me miró levantando una ceja.
- Haré como que eso que acabas de decir es producto de la fiebre…U¬¬ ¡No tonta! ¿no te acuerdas que hoy hacíamos lo del amigo invisible?

De pronto me sentí mal de nuevo…¡ Me lo había perdido! Ahora nadie me regalaría nada…aunque ese papel…
- Como no viniste, yo eché tu nombre en el saco- me dijo Ana- y este papel, es el nombre de la persona a la que tú tienes que regalarle…¿A que estoy en todo?- y me guiñó un ojo.
- ¿En serio?¡Gracias!- Alargué la mano para coger el papel pero ella me lo quitó de en medio.
- ¿Cómo que gracias? Me encargo de que no te quedes fuera del juego, cojo apuntes por ti, entrego tu trabajo de química y además vengo como buena amiga que soy a hacerte una visita…¿Y sólo me dices “gracias”?¿Es que no me vas a dar nada a cambio?

Una ráfaga de imágenes de posibles cosas que podía darle o hacerle a cambio, pasó por mi cabeza rápidamente sin ni siquiera darme tiempo a catalogarlas como “aptas para todos los públicos”. Debí tardar un tiempo lo suficientemente largo en pensar todo eso, porque Ana después de mirarme de forma extraña añadió:
- Espero que esté pensando en cual de todos tus Cd´s me vas a dejar…

De repente reaccioné:
- No sabía que tuviera una amiga tan materialista- intenté contestar lo primero decente que se me pasó por la cabeza.
- Si claro…lo que tu digas- me dijo Ana- pero no te libras de dejarme el último que te compraste.

Mientras decía eso, me tendió el papel doblado, yo lo cogí con desgana.
- A ver que tal estas…- Y dicho esto, sacó el termómetro de mi boca.

Ahora si que me sentía estúpida….¿Cómo he podido pensar en…?¡Ay Dios!…Quizás Ana tuviera razón y tuviese que echarle la culpa a la fiebre.
- Silvi…eres una cuentista, ya casi no tienes fiebre…- me dijo a modo de regañina.

¡Mierda! Pues la excusa de la fiebre ya no me vale…Empecé a darle vueltas al papelito entre mis manos, sin la mas mínima gana de mirar el nombre que había dentro…con la mala suerte que tengo seguro que estaba el nombre de la repipi de la clase…¡Que mal me cae!…Y desde luego que no iba a estar el nombre de Ana…
- Sabes Silvi…- de pronto Ana hablaba mas bajito de lo normal y daba vueltas al termómetro en sus manos…pero a penas le eché cuenta, mas paranoias no…
- Mañana es el examen de mates- añadió Ana

¡Mierda!- pensé- Ya no me acordaba del puñetero examen…de todas formas, no pensaba ir mañana.
- Y bueno…- siguió hablando mi amiga- Tu sabes que no se me dan bien las mates…
- Ajam- le contesté sin mirarla, aún seguía pensando en el dichoso papelito y el regalo…¿Y si me tocaba Rocío? Esa chica sólo piensa en Tom Cruise…
- Además…-Ana hablaba nerviosamente- No he tenido tiempo para estudiar con lo del trabajo…
- Si claro…era muy largo- respondí vagamente aún sumergida en mis pensamientos….Vamos a ver, si me tocaba Rocío, le compraba una foto del dichoso Tom Cruise y punto….Aunque ya podía tocarme la gótica de la clase…¡A esa si que es fácil regalarle algo!
- Y si no voy mañana…- continuó Ana- Ya tendría que hacernos el examen la semana que viene a las dos…
- Si,si- Seguía sin echarle ni puta cuenta….Porque claro…si me toca la gótica le compro una pulsera de pinchos o algo negro y resuelto ¿no?
- A si que… había pensado que tú…podrías…podrías…pegarme el resfriado…

Volví de mi submundo para oír a penas la última frase de Ana…¿Qué le pegue el resfriado?¿Pero esta sabe lo que dice?¿ De verdad prefiere aguantar los estornudos, la fiebre y los mocos por no ir al examen?…Aunque bien pensado…
- Ya claro…- añadí medio en broma- ¿Y cómo crees que te lo voy a pegar, eh?- por fin la miré- …¿Respirando el mismo aire que yo?

Apenas pude observar sus ojos azules una fracción de segundo, antes de que dijera:
- No…así

Y de nuevo su aroma a vainilla me inundó por completo, pero esta vez, venía acompañado de del suave tacto de sus labios sobre los míos…Espera…¿Me está besando?
Abrí los ojos sin separarme de ella, sólo para comprobar si era verdad…¡Dios mío!¡Me está besando! Y esta vez no era mi imaginación o la fiebre.
Sin embargo, algo fallaba…Ana estaba ahí, estática, aún sin creer muy bien lo que estaba haciendo, tan sólo rozando sus labios con los míos… ¿A caso se arrepentía? Más bien, me daba la sensación de que estaba esperando mi reacción…

Me atreví a tomar su labio inferior entre los míos, como si de un leve mordisco se tratase…temiendo que finalmente, Ana se separar y me dijera ¿Qué estas haciendo? ¡Era una broma!

Pero la suerte estaba de mi parte esta vez, porque Ana no se separó…En vez de eso, soltó una especie de suspiro que provocó que un escalofrío me recorriera la espalda. Sonreí dentro de aquel extraño beso que estábamos compartiendo al comprender una cosa…
Ana…la valiente Ana, la chica que yo tanto admiraba por enfrentarse a la vida con descaro, la que tenía a quien quería con una sola sonrisa…tenía miedo.
Miedo de ser rechazada, de una extraña forma y en una situación tan ridícula por su mejor amiga…y necesitaba un empujoncito…
- ¿De verdad quieres que te pegue el resfriado?- Me atreví a murmurar sobre sus labios.
- Yo…

Un sonido imperceptible escapó de los suyos. Apenas pude sentir el calor de su respiración sobre mi boca…Eso fue como un detonante para empujarme a hacer algo que nunca hubiese imaginado.

No la deje terminar. Con una mano, la agarre de la corbata y la empuje sobre mí… A pesar de un pequeño quejido de sorpresa por su parte, capturé sus labios.

El efecto fue inmediato y Ana sin dudar un segundo más entreabrió los labios permitiéndome profundizar aquel beso que había comenzado como una tonta excusa.
Sus manos se movían nerviosamente por mi espalda, mientras yo enredaba mis dedos entre su pelo y la atraía mas hacía mí…en ese momento me daba igual que a la persona que estaba besando con tanto fervor no era otra que mi mejor amiga, porque Ana estaba allí, haciéndome estremecer con sus caricias, maravillosamente entregado a mi en cuerpo y alma. Y ni siquiera sabía por qué. Sólo sabía que me gustaba, que era lo que necesitaba y que, por qué negarlo….era lo que realmente había querido hacer siempre.

Gimió dentro del beso cuando una de mis manos, sin permiso alguno, recorrió una de sus largas piernas hasta topar con el borde de la falda….En ese momento pensé que iba a perder el control…Sin embargo, la falta de aire se estaba haciendo notable y poco a poco, la fuerza del beso se fue aminorando.

Nos separamos lentamente, ambas con la respiración agitada. Ana desvió su mirada hacia la colcha que anteriormente a mi me había parecido tan interesante…al parecer ahora también lo era para ella.
Su pelo estaba algo revuelto y se mordía el labio como cuando estaba nerviosa. Me fije en que recolocaba los pliegues de su falda, mientras evitaba mirarme. Sus mejillas estaban encendidas…supuse que yo tendría un aspecto parecido.

Abrí la boca para decir algo, pero Ana no me dio tiempo. Como un resorte se levantó de mi cama y recogió su mochila nerviosamente del suelo. Sin mirarme aún abrió la puerta de mi cuarto.
- Tengo…tengo que irme ya Silvia…

En ese momento me sentí fatal…ella era la que lo había empezado todo ¡y ahora se largaba sin más!
Me tiré pesadamente de nuevo en la cama, me sentía mareada…no tenía fuerzas para pedirle explicaciones. Cerré los ojos fuertemente, notaba como las lágrimas amenazaban con salir…me sentía utilizada…por un momento había pensado que todo esto había significado algo más…que tonta fui.

Oí la puerta de mi habitación cerrarse…mierda, como iba a enfrentarme a ella la próxima vez que la viera… A sus ojos azules mirándome con burla y diciendo: “Todo fue una broma”…Dios…Aún podía oler su perfume de vainilla, tan cerca, tan real…
Abrí los ojos de golpe y allí, a escasos centímetros de mi cara estaban los maravillosos ojos azules de Ana:
- No podía irme sin decirte que…ummm…- Por unos instantes me miró sin saber como acabar aquella frase e hizo lo único que yo estaba deseando.

Un beso.
Corto y suave, apenas un roce sutil de sus labios, en comparación con nuestro beso anterior, pero esa era la única respuesta que había querido de sus labios.

Después se separó de mí, mientras recogía parte de su flequillo tras la oreja.
- Si mañana tengo que ir a hacer ese maldito examen de mates, vendré a reclamar.- me dijo con una sonrisa.
- Te estaré esperando- le dije yo.

Ana me miró intensamente, como analizando lo que yo acababa de decir, intentando ver que había más allá de aquellas tres palabras.
- ¡ATCHUS!- Ana estornudó
- Bueno, ya tienes lo que querías…¿No?-le pregunté
- Si…todo lo que quería…- su mirada se paseó por mi rostro, sonriendo sutilmente. El doble sentido de aquella frase me hizo más feliz de lo que pensaba.

Finalmente Ana se despidió de mí y cerró la puerta. Una sonrisa estúpida apareció en mi cara casi sin poder evitarlo…Aún no podía creer lo rápido que había pasado todo esto.

Un estornudo sonó al otro lado de la puerta.
No pude evitar reírme…Al final, esto de los resfriados no estaba tan mal.

Un papel blanco y arrugado, olvidado ya, estaba perdido entre las sabanas revueltas de mi cama.

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