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La tormenta Cap.12: Dos cucharitas de problemas y una taza de chocolate.

Enero 4, 2009 · 25 comentarios

NOTA: Porque os lo prometí, porque sigo viva y porque os lo mereceis. Espero que podais disfrutar de estas poquitas paginas hasta que pueda subir lo que continua.Muchas gracias a tod@s por el apoyo^^

Del camino de vuelta a casa, a penas recuerdo nada…De hecho, en estos instantes sólo soy capaz de recordar una imagen: los profundos ojos de Raquel.

En medio sólo hay un barullo de imágenes y sonidos. La ciudad pasando a toda velocidad, los labios de Raquel susurrando sus miedos más profundos, su mirada diciendo que me quiere…

Apenas soy consciente de su beso de despedida algo casto y sutil en mi mejilla su promesa de que al día siguiente nos veríamos de nuevo, cuando ya estoy en el salón de casa y la mirada de mi madre rompe por completo este cuento de hadas.

  • ¡Beatriz!

Tiene las manos en las caderas y el hecho de que diga mi nombre completo y el tono que ha utilizado no presagia nada bueno…¿Qué ha pasado?

  • ¿Me puedes explicar que has hecho?

  • ¿Qué?

  • Me han llamado del instituto.

Balbuceo un par de palabras antes de caerme de golpe de mi nube. De pronto me vienen a la mente todo lo que ha paso estos tres últimos días…Y me doy cuenta de que estaba teniendo demasiada suerte esquivando a mi madre.

Un escalofrío me recorre la espalda al imaginar todos los posibles motivos de esa llamada: los padres de Vanesa están enfadados porque su hija tiene la cara hecha un puzzle…¡O peor aún! Están aún más cabreados porque una bollera le ha dejado la cara hecha un puzzle.

Mi primera reacción es reírme, pero de pronto caigo en la cuenta…¿Cuanto sabe mi madre de todo esto?

  • ¿Y bien jovencita?- su pie se mueve dando golpecitos nerviosos contra el suelo.

  • Yo…No se- balbuceo y un nuevo escalofrío me recorre la espalda. Pero esta vez, se debe a que estoy completamente empapada. Mi madre también parece darse cuenta porque cambia su expresión dura por otra más preocupada.

  • Bea… ¿Ha pasado algo?

Antes de que responda corre al cuarto de baño por unas toallas y me obliga a secarme el pelo y a cambiarme de ropa.

Intento pensar en una excusa, pero mi mente está en completa ebullición en esos instantes y para cuando vuelvo al salón, hay una taza de chocolate caliente esperándome en la mesa y mi madre girando uno de sus anillos entre los dedos.

Me mira seria.

  • Prefiero que me lo cuentes tú antes de que me entere por cualquiera de tus profesores.

Miro el chocolate humeante…Vamos Bea, es ahora o nunca.

  • Tuve…Tuve un problema con una compañera de clase.

  • ¿Qué ocurrió?

  • Ella…Ella me insultó y yo…le pegué- mi madre permaneció con el semblante serio- Se que quizás no debí reaccionar así…pero…pero

  • ¿Por qué no me lo has contado antes?- parecía dolida

  • Lo siento mamá pero es que últimamente he estado algo…descolocada.

Quizás no era la palabra más adecuada, pero tenía que medir mis palabras. Porque si no, mi madre tiraría de la cuerda para llegar al fondo del asunto y sacaría a relucir muchas cosas para las que no estaba preparada y de las que aún no estaba muy segura.

  • Sabes que puedes contarme cualquier cosa ¿No?

  • Si por supuesto- Y a pesar de que le sonreí me sentía como una rastrera mentirosa. Pero mi madre no se dio por vencida.

  • ¿Y dices que te insultó?¿Por qué?

Y sin saberlo, había dado en el clavo.

Improvisa Bea…Improvisa.

  • Es Vanesa. Me la tiene jurada desde que entramos en el instituto.

  • ¿Vanesa?¡Pero si en el cole os llevabais genial!¿Qué ha pasado?

  • No lo se- Y realmente no lo sabía- Pero siempre está buscándome las cosquillas, sacándome de quicio. Y supongo…supongo que el otro día no pude aguantar más.

  • ¿Qué te dijo para hacerte enfadar tanto?

Por un momento me sentí como un delincuente en una sala de interrogatorio, con el foco de luz en plena cara y a punto de confesar.

  • No lo se…- dije con esfuerzo- Supongo que ya estaba harta y cualquier comentario amargo de los suyos me hizo explotar.

¡Mentirosa!¡Mentirosa! Gritaba mi mente. Y a pesar de la mirada poco convencida de mi madre, mi cobardía pudo más.

  • Bea, cariño ¿Estás segura de que no pasa nada más?

Se que en esos momentos, mi madre hubiese preferido que le contase que pertenecía a una banda callejera y que vendía droga en la puerta del instituto a que me quedara callada. Pero como una gallina solo fui capaz de negar con la cabeza en completo silencio

  • De acuerdo- dijo dándose por vencida, aunque desde luego no estaba convencida- Tengo que irme a trabajar…¿Tendrás problemas con Cristina? Raquel no vuelve hasta mañana.

La sola mención de su nombre me aceleró el pulso.

  • Vete tranquila.

Sin decir una palabra más, recogió sus cosas me dio un beso en el pelo y salió por la puerta con su paraguas rojo. Nada más oír el cierre de la puerta hundí la cabeza entre mis manos.

¿Es que esto no acabaría nunca?

Lo que yo no sabía es que no era la única que estaba mintiendo.

Lo que no sabía es que mi madre no iba a trabajar y que aquella llamada la había preocupado más de lo que dejaba entrever.

Lo que no esperaba es que diez minutos más tarde mi madre estaría llamando aún nerviosa, a la puerta del despacho de mi tutor, con el que había concertado una cita.

Lo que no imaginaba es que aquella conversación sería trascendental en la vida de ambas.

  • Adelante- la voz de Manu sonó amortiguada a través de la puerta.

Una cabeza pelirroja asomó tras el hueco de la puerta.

  • Hola ¿Es usted Manuel Rodriguez? ¿El tutor de 1º?

  • Si soy yo- Manu intentaba poner en orden unas cajas esparcidas por el despacho, completamente lleno de papeles- Pero llámeme Manu…Manuel Rodriguez hace que me sienta como mi padre- rió mientras dejaba una pesada caja en el suelo a lo que ella se acercó a ayudarle- ¡No, no se preocupe!- comentó levantando la vista y encontrándose de lleno con unos ojos verdes – Disculpe el desorden…¿Es usted la madre de Beatriz verdad?

Ella asintió ligeramente con la cabeza.

  • Si. Me llamo Rosa.

  • Desde luego…el parecido es…increíble- murmuró a medida que se colocaba las gafas que habían resbalado por el puente de su nariz. Beatriz y su madre eran muy parecidas…a excepción de los ojos. No recordaba de que color los tenia Bea, pero no los recordaba tan claros como los de su madre- Encantado- dijo tendiéndole la mano.

Lo primero que Rosa pensó es que hacía mucho que no le estrechaba la mano a nadie y aunque apenas duró unos instantes, le reconfortó la firmeza de aquel gesto y de aquellas manos en concreto.

  • Siéntese por favor.

Mientras Manu bordeaba su mesa para sentarse, esquivando cajas y ficheros en el proceso, Rosa aún estaba sumergida en sus pensamientos. Le había pillado tan de sorpresa todo este asunto y al mismo tiempo era algo que llevaba temiendo desde hace un tiempo y no sabía que esperar.

  • Bien- Manu tomo una gran bocanada de aire y la miró fijamente. -Ya le comenté el motivo de esta reunión.

  • La verdad es que estoy… sorprendida- Fue lo único que atinó a decir.

  • Si le digo la verdad, yo también.

La confidencialidad del tono la hizo mirarle sorprendido.

  • Verá, su hija no es de las que se mete en líos. Beatriz siempre ha sido muy buena estudiante. Se lleva bien con los compañeros, se la ve interesada en lo que estudia. Algunos alumnos sólo vienen a pasear los libros…¿No se si me entiende? Ella es muy imaginativa- sonrió al recordar lo del calendario- En resumidas. No es una chica problemática.

Casi sin darse cuenta, Rosa soltó todo el aire que había estado reteniendo desde que Manu había empezado a hablar. No es que pensara que su hija era una delincuente ni nada parecido, pero muy en el fondo temía que Bea le hubiese ocultado demasiadas cosas.

  • Cuando me llamó…me dijo que hubo una pelea…- su tono de voz se fue apagando.

  • No quise asustarla, de veras. No fue exactamente una pelea de lucha libre…¿Beatriz le ha contado algo?

  • Si- una vez más hizo girar el anillo entre sus dedos como hacía cada vez que estaba preocupada- Me dijo que se había peleado con una compañera. Vanesa- aclaró- Se conocen desde el colegio.

  • ¿Le dijo por qué?

  • Si…Bueno, no. No exactamente. Me dijo que la insultó…Pero mi hija no va por ahí poniendo ojos morados por unas palabras, no….No se que pensar. Ni siquiera sabía que ahora se llevaban mal- sus ojos se volvieron algo acuosos- Parece que las cosas han cambiado mucho y yo no me he enterado…¿Qué más no se de mi propia hija?- una lágrima rebelde escapó por su mejilla- Disculpe.

Con manos nerviosas, intentó buscar un pañuelo en el bolso, pero su pulso no la ayudaba demasiado. No podía creer que realmente se estuviese derrumbando delante de un extraño. De pronto una voz suave se coló en sus neblinos pensamientos.

  • No se disculpe- con la mirada nerviosa, Manu le tendía una caja de pañuelos- Debería verme en el cine cuando mi hermana me obligó a ver una de esas horribles películas ñoñas…Al final acabé llorando como una fuente…Es bueno llorar un poco para desahogarse. No se corte- dijo tendiéndole una vez más la caja de pañuelos.

Rosa sonrió.

  • Aunque eso está mejor- Manu sonrió haciendo sus ojo empequeñecer tras el cristal de sus gafas- Yo no tengo hijos, pero entiendo que debe ser complicado verlos crecer. Se hacen mayores, se creen más independientes…Es duro…Créame, yo tengo 40 fierecillas a mi cargo y sólo los veo dos horas al día¡¡ y ya es muy duro!!

Rosa no pudo evitarlo y estalló en una sonora carcajada liberando parte de la tensión acumulada. Manu sonrió satisfecho. Desde luego que madre e hija se parecían, pero no pudo evitar pensar que había algo juvenil escondido en aquella risa.

Rosa le miró con los ojos aún brillantes, mezcla de la carcajada y las lágrimas.

  • Gracias.

Una mirada que duró más de lo profesionalmente permitido, le recordó a Manu que debía volver a su silla.

  • Verá. No he recibido aún ninguna queja de los padres de la otra alumna, pero me gustaría hablar también con ellos.

  • Entiendo.

  • Se que su hija no empezó la pelea o al menos eso he oído. No creo que sea justo que Beatriz se lleve todas las culpas en este asunto.

  • ¿Van a castigarla…o algo?- preguntó muy seria.

  • No lo veo necesario. Ya están en el instituto y aunque no siempre se comporten como tal, los alumnos y los padres nos exigen que los tratemos como adultos. Confío bastante en ella como para resolver este asunto de una forma “adulta”. No creo que tengamos que hacer un mundo de esta historia ¿no le parece?

  • Supongo que si. Creo que Bea lo entenderá así también.

  • Bien.

Manu desvió la mirada al montón de papeles sobre su mesa y se planteó si debía seguir con esta conversación.

  • Hay…hay algo que me gustaría preguntarle- dijo ella mirando fijamente el anillo.

  • ¿Qué?

  • ¿Usted sabe por qué le pegó?

El montón de papeles debía esperar. Esta era la señal que estaba esperando.

  • No hago más que pensar que tuvo que ser algo muy grave para que Bea reaccionara así- continuó ella- Y Bea no parece querer decírmelo.

Manu se quitó las gafas y se frotó el puente de la nariz. Se acercaba una conversación delicada y no sabía como plantearle el asunto.

  • Verá…Rosa ¿Puedo llamarla así?- ella asintió- Los institutos son como los patios de vecinos. Todos los rumores corren, pero al igual que en un patio de vecinos, nunca debes creerte todo lo que se dice. Porque hay gente con maldad o simplemente las historias se distorsionan…Lo que quiero decir es que deberían hablar con ella.

  • ¿Deberían?- preguntó sorprendida.

  • Si…usted y su marido- Manu la miraba sin entender.

  • No…- ella negó ligeramente con la cabeza y con una sonrisa triste- el padre de Bea murió hace una año aproximadamente.

  • Lo siento mucho- dijo casi avergonzado.

  • No es culpa suya. No lo sabía….- Un pequeño silencio se instaló entre ambos- ¿Qué me quería decir?

  • Lo que intentaba decirle es que…debería hablar con su hija. Porque ella es la que sabe realmente lo que paso. No se deje engañar por otras historias.

  • ¿Y si no quiere contármelo?

  • No pierde nada por intentarlo…Quizás necesite un tiempo para poner las cosas en orden. Como ya le dije, Beatriz es una chica muy madura. Déle tiempo, verá como al final no es tan grave y ella misma se lo explica.

Rosa suspiró resignada. No le quedaba otra y la verdad, se moría de ganas de que su hija confiara en ella para contárselo. Por muy tonto que fuera.

  • Bueno, si no hay ningún problema más, debo volver al trabajo- dijo ella- Muchas gracias por todo.

  • No gracias a usted por venir- dijo sonriéndole- No todos los padres se preocupan por las vidas de sus hijos fuera de casa.

La acompañó hasta la puerta.

  • Ya sabe que si quiere comentar alguna cosa más, sólo tiene que llamarme.

  • Gracias, en serio. Por los pañuelos- dijo en broma- Y por la charla…Es difícil hacerlo sola.

No estaba hablando de la charla, ni de Bea, ni de nada en concreto. O quizás era todo a la vez.

  • No se preocupe. Lo está haciendo muy bien.

Cuando Manu cerró la puerta una sensación muy agradable quedó en la mente de ambos.

********************************************************************************

Miércoles por la mañana.

Día siguiente a lo que, probablemente, fuese el acontecimiento mas importante del año, de mi adolescencia y de mi vida.

Nada de lo que pudiese ocurrir conseguiría bajarme de la maravillosa nube en la que estaba flotando…Bueno, excepto lo que paso el día siguiente cuando el mundo decidió que era momento de empezar a girar en dirección contraria.

Para empezar, las fotos ya habían llegado a las manos de Manu. Al parecer, Raquel había hecho una selección de las mejores de cada grupo. Toda la clase estaba revolucionada buscándose en las fotos y sorprendiéndose de lo bien que habían salido.

  • ¡Wow!- escuche a mis espaldas- Yo quiero esto en la pared de mi cuarto.

Al girarme me encontré con Luis sosteniendo la foto en la que salíamos Helena y yo en camisa, mientras movía las cejas sugerentemente.

Prácticamente, se la arranqué de las manos, más sorprendida que avergonzada…Porque, francamente, habíamos salido muy bien. O Raquel era muy buena haciendo fotos o la chica que yo llevaba viendo 17 años en el espejo era mi gemela malvada… ( Eso sin añadir que Helena estaba perfecta, como siempre)

Todo el mundo parecía muy satisfecho con sus fotos ¡Incluso Vanesa! (La cual no se digno ni siquiera a mirarme en toda la mañana). Después de 20 minutos de griteríos y discusión, las cosas quedaron así:

Enero: Un grupito de chicas de la clase habían posado con unos gorros de lana, guantes de lana y unas largas bufandas de lana….¡¡Y nada más!! Claro que la foto era de cintura para arriba y las bufandas estaban colocadas estratégicamente. En mi mente pedí un aplauso para las abuelas que habían hecho posible esa foto tejiendo esas largas bufandas con intenciones mucho más “practicas”.

Febrero: Cuatro chicas y tres chicos posando con máscaras del carnaval veneciano, regalo de no-se-quien en su visita a-no.se-donde. Da igual, estaban geniales.

Marzo: Al final nos pusieron a Helena y a mi en ese mes. Según ellos, estabamos muy “primaverales”

Abril: Tres chicas en bañador colgando unos trajes de flamenca en una cuerda de tender.¡¡que folkloricos somos cuando queremos!

Mayo: Dos chicos (no hacia falta ser hetero para ver lo increíblemente buenos que estaban) echándose una botella de agua por encima (muy a lo Brian de queer as Folk) El efecto de las gotas de agua y la ropa mojada I-N-C-R-E-I-B-L-E.

Junio: Aquí venía el grupo de Luis, donde los chicos iban de colegiales ( con la camisa abierta o sólo con la corbata) y las chicas en plan colegiala sexy.

Julio: En esta foto, Raquel había echo algo muy curioso. Los dos chicos y las dos chicas de la foto llevaban vaqueros rajados y pañuelos al cuello. Raquel había dejado toda la foto en blanco y solo había resaltado en rojo algunos detalles de la foto, como los pañuelos o los labios de las chicas.

Agosto: El más explicito de todos….Dos chicas lamiendo un polo de fresa. Quien quiera pensar inocentemente…adelante.

Septiembre: Este estaba muy gracioso. Haciendo una alegoría a los exámenes de septiembre una chica y un chico, ambos en bañador, hacían como que estudiaban entre montañas de libros.

Octubre: Como no…Halloween. Una chica de bruja sexy, un demonio y una vampira que despertaría a un muerto de lo buena que estaba.

Noviembre: Aquí acabó la famosa foto de Vanesa (¡Nos mata si no la ponemos!). Vanesa-Caperucita rodeada de lobos. A pesar de todo tenía que reconocer que había quedado muy bien.

Diciembre: Un grupo de chicos de chaqueta y chicas con traje de noche dignos de una pasarela con copas de champán despidiendo el año.

Quizás no eran las fotos más originales del mundo, pero eran nuestras fotos y nos sentíamos increíblemente orgullosos de ellas. De hecho, no se habló de otra cosa en el instituto en toda la mañana. Fuimos la comidilla de todo el bachillerato.

Tan absorbida estaba, que apenas noté que había llegado a casa y que el tan ansiado momento casi había llegado. Vería de nuevo a Raquel…

….Y en ese momento, me inunda el pánico. Porque el sonido del timbre resuena en mi cabeza como una alarma y siento que la cabeza me va a estallar de un momento a otro.

La puerta se abre y por un momento creo que el latido de mi corazón retumba en las paredes de la casa tan fuerte como lo hace contra mis venas.

Ahí está Raquel, casco en mano, mirada vidriosa e infinitamente tormentosa.

Y por un instante dudo.

No se si correr y arrojarme en sus brazos es una buena idea. Si pareceré muy desesperada. O si sería más prudente esperar a que mi madre salga de casa para hacer la primera locura que se me pase por la cabeza. Raquel me mira con la misma intensidad que una tormenta a punto de desatarse.

  • ¿Puedo hablar contigo un instante?- mi madre rompe la magia del momento acercándose a Raquel y agarrándola ligeramente de la chaqueta.

Su mirada se desvía de mí con nerviosismo y asiente. Las oigo murmurar a través de la puerta de la cocina, algo que me parece de muy mala educación. Pero el enfado desaparece de un plumazo cuando a la despedida de mi madre en la puerta le sigue el inconfundible sonido al cerrarse.

Pero justo cuando voy a hacer o decir algo digno de mención, Raquel se me adelanta:

  • Voy a ver a tu hermana. Ahora bajo.

Y lo que ocurre en las próximas cinco horas carece completamente de sentido para mi.

A las tres en punto me siento a comer. Treinta minutos sintiéndola respirar al otro lado de la mesa. Parece que vaya a decir algo pero en el último minuto se arrepiente.

A las cuatro y veinte la ignoro en la cocina, mientras Raquel anuncia que ya no queda leche. Y esa es la frase más larga que escucho esa tarde.

A las cinco, suena el teléfono, y nos cruzamos en el pasillo, Raquel con las manos en los bolsillos y yo con la cabeza baja.

A las siete menos diez creo oírla hablar con mi hermana o quizás es con ella misma. Una canción, dos palabrotas y un suspiro que se cuela por la puerta de mi cuarto.

A las ocho y media siento que el sofá se hunde bajo su peso, huelo su aroma y veo que coge el mando de la tele y cambia de canal sin inmutarse.

A las nueve menos cuarto, la puerta suena de nuevo. Mi madre nos saluda, nuestras miradas se encuentran y el tiempo se enrosca, estalla y no puedo más- Buenas noches, me voy a dormir.

A partir de ese momento, todo carece de sentido. Y casi sin darme cuenta, decido esperar a que ella de el primer paso.

Fingir que no ha pasado nada es un acto casi natural. Y mucho más fácil de lo que pensaba. He aprendido a controlar el rubor, respira hondo si me tiemblan las manos. Bajar los ojos cuando tropezamos…

A veces nos encontramos camino al baño, con sonrisas vergonzosas y otras veces, como ahora, coincidimos en la cocina y comenzamos una conversación. Cosas triviales a veces. Conversaciones largas sobre grupos de música, a mi gusto horrorosos, que Raquel suele escuchar o a veces, conversaciones cortas de a penas 10 minutos en las que le cuento brevemente mi día en el instituto…Y sin darnos cuenta, llevamos tres días jugando al mismo juego. Algo que se acerca peligrosamente al escondite pero con las normas algo cambiadas.

En este juego está permitido que hagamos de todo. Podríamos hablar de filosofía, del último ganador del festival de Cannes, podría contarle a Raquel mis pesadillas más profundas y hablar mal del hombre del tiempo. Correr por la casa haciendo una pelea de cojines o tomar chocolate caliente mientras vemos una película en la tele….Pero hay tres reglas en este juego que las dos tenemos prohibidas: hablar del padre de Raquel, hablar de lo que pasó el otro día y quedarnos calladas.

Y es que sin ni siquiera hablar de ello, ambas parecemos haber llegado a un acuerdo en el que nos obligamos a hablar, hablar y hablar, manteniendo nuestra mente ocupada y evitando los vacíos silenciosos entre nosotras…Porque en el momento que eso ocurra, muchas preguntas saldrán a relucir.

Porque me pregunto porqué no hemos hablado más de lo que pasó aquella tarde, porqué no hay besos robados cuando Raquel coge el casco de la moto y sale por la puerta de mi casa con un ligero “hasta mañana” y porqué no tenemos en esta misma cocina, un choque furtivo de bocas que se vapulean contra el fregadero llenos de platos…

Y no se si me da más miedo las preguntas o la posible respuesta.

Pero de pronto Raquel se ríe de mi último comentario y deja la taza de chocolate encima de la mesa de la cocina y al instante se gira hacia mí con los ojos aún llorosos por la risa y de pronto me percato del cambio.

Nuestro juego se ha transformado de golpe y porrazo.

Se puede contar hasta cien, hasta un millón o hasta el infinito, y la que se quede quieta será eliminada de inmediato.

Y Raquel ha infringido una de las reglas de nuestro juego. Por un breve espacio de tiempo se ha permitido no hacer nada y mirarme.

Y esa es nuestra penalización.

Mirarnos.

Y ahora solo queda una solución: correr.

Y aunque puedo hacerlo en dos direcciones, borro de mi mente de un plumazo la casilla de salida y corro de lleno hacia la línea de meta. Y Raquel debe haber visto esa determinación en mi mirada porque por unos instantes, parece sorprendida y finalmente asustada cuando le digo:

  • Tenemos que hablar.

Raquel mira de soslayo su taza, como si intentase buscar una excusa. Pero el cerebro se le ha fundido como el chocolate caliente y solo es capaz de murmurar un sutil:

  • De acuerdo.

El momento ha llegado y no se muy bien que voy a decir. Como el sonido de una campana a lo lejos, recuerdo el ensayo de algo frente al espejo. Un discurso elaborado que llevo practicando toda la semana, donde pido explicaciones y me comporto como la adula que se supone que soy. Pero todo desaparece en el momento que Raquel me mira con sus ojos eléctricos y exploto como una granada.

  • Raquel no se que está pasando…¡que nos está pasando!….¡¡Me estoy volviendo loca!! Empiezo a pensar que todo lo que ocurrió el otro día, tu padre, tus palabras, ¡hasta la lluvia! Eran mentira…que todo fue un sueño.

Había explotado.

Había dicho en voz alta las tres prohibiciones. Me había saltado las reglas y mi penalización iba a ser terrible.

La mirada de Raquel se volvió dura y oscura y su mirada parecía un navajazo bajo el flequillo.

Pero era nuestro maldito juego y nos inventamos las normas sobre la marcha y las normas pueden irse al infierno, cuando con la mirada le digo que me hable, que me explique. Que haga una única cosa.

Que explote conmigo.

Y lo hace.

Raquel calcula la distancia que nos separa y un par de pasos le bastan para borrar de un plumazo nuestros espacios personales y convertirlo en uno solo. Descarga su peso sobre mi y me besa sobre el frigorífico. Y lo que hace tres días fue lento y suave, hoy es rápido y furioso, una tetera hirviendo y explotando, un juego que no se porqué he empezado pero que me siento en la obligación de dirigir. Me siento como un pequeño torbellino ansioso, besos como disparos y demasiada prisa, como si quisiera recuperar un tiempo perdido. La beso porque tengo frió en mitad de ese mes de octubre y porque acabo de descubrir que eso que me abrasa la piel no es otra cosa que la mano de Raquel que de alguna manera se ha colado bajo tres capas de ropa, camiseta, camisa y chaqueta de lana. La otra mano me abarca el cuello y la mandíbula y a veces desaparece entre mis rizos largos y revueltos para volver después a la nuca en un ritmo frenético. Me abre los labios con la lengua, succiona y lame, hunde los dedos una vez más en mis mechones y se aprieta contra mí hasta que la siento gruñir y olvido mi nombre, que estoy en mitad de mi maldita cocina y que mi madre llegará de un momento a otro. Ahora sólo hay labios y lengua. Y más calor del que he sentido nunca.

Podría detenerla. Cortar el beso y escurrirme entre sus brazos con un solo movimiento, como llevamos haciendo estos tres días, desde que empezó todo. O podría dejarla. Seguir sin más y limitarme a sentir la textura rugosa de las lenguas que se devoran y se enroscan, se empujan y se hunden mientras los dedos serpentean y hierven sobre el cierre del sujetador.

Y es entonces cuando la realidad vuelve de golpe.

El sonido de una puerta al abrirse, probablemente la de la calle. Reconozco los pasos de mi madre por el salón. En la cocina huele a frustración y Raquel a chocolate y sudor, un animal salvaje que recupera el aliento con la frente apoyada sobre la mía. Tiene los ojos líquidos y me besa una vez más antes de salir con la camisa a medio abrochar, camino del salón.

Yo tardo un poco más en reaccionar. Cinco minutos o una eternidad, no estoy muy segura.

  • Raquel ¿Te quedas a cenar?- mi madre parece sorprendida al verla salir de la cocina, pero yo lo estoy más aún. Raquel debe ser la única persona capaz de salir de una cocina, con el pelo revuelto y dos botones de la blusa sueltos y seguir pareciendo perfectamente inocente.

Y de pronto ocurre y cuando quiero darme cuenta, el mundo ha seguido su curso sin ni siquiera pedirme permiso.

El tic- tac del reloj del salón, deja gotear el tiempo en segundos, que parecen durara más de la cuenta. Esta debe ser sin duda, la cena más larga de la historia de mi vida y sin embargo, todo parece claro y lleno de sentido, devastadoramente real.

Tengo frío y no tengo muy claro el por qué. Apenas llevo treinta minutos en la mesa oyendo a mi madre y a Raquel hablar de cosas que carecen de sentido para mi, como si las palabras fueran inconexas, como si mi mente estuviese a millones de años luz de ese preciso instante y mi mente me remitiera una y otra vez a la misma escena.

El chocolate. La cocina.

Hace exactamente veintisiete minutos que Raquel me besó, lento y sin aviso, tibio y profundo como el maldito chocolate que aún sigue en la taza. En la cocina.

Intento volver a la realidad, juro que lo intento, pero afuera sigue lloviendo despacio y aún no he abierto la boca en toda la cena. Raquel va a volverme loca. ¿Está jugando conmigo?

Soplo sobre la sopa humeante y siento los ojos desorbitados e incrédulos, como si de repente recibiese más información de la que mi cerebro es capaz de procesar. Y no se exactamente lo que ha cambiado, si todo sigue siendo igual que siempre.

El invierno. Raquel. El chocolate. El zumbido incesante en mi cabeza.

De pronto esa noche parece más real y más brillante cuando oigo a Raquel hacer un ruido con la silla al levantarse y despedirse porque realmente se le ha hecho tarde.

De pronto me despierto y me doy cuenta que hace unos diez minutos que mi madre trajo el postre y de que no me había dado ni cuenta. De lo que si me doy cuenta, por fin; es que todo es real.

El chocolate. La mesa a medio recoger. La lluvia.

Raquel.

Lo siento pero no te vas a escapar.

Y como un pequeño torbellino ansioso, las palabras escapan de mi boca antes de que pueda pensarlas:

  • ¡No te vayas!

Raquel me mira sorprendida, pero mi madre quizá aún más. Vale, no quería gritar, pero no he podido evitarlo. Busco una excusa rápida, pero mi cerebro parece de mermelada y las palabras se escapan como mantequilla fundida:

  • Eso que…dijiste que…teníamos que …lo que hablamos en la cocina antes…¿Te acuerdas?

La miro entre asustada y esperanzada, pero ni siquiera se como describir la expresión de Raquel. Me mira durante unos segundos, después a mi madre y después vuelve hacia mí. Es gracias a mi madre que le silencio se rompe:

  • ¡Claro! Haced lo que tengáis que hacer….Voy a…Recoger lo que queda en la mesa- Nos dedica media sonrisa y desaparece por la puerta de la cocina.

Sin pensarlo demasiado, agarro a Raquel de la mano y la arrastro escalera arriba. En mitad de la noche, ha llegado el momento de atravesar el pasillo a toda velocidad, abrir la puerta del cuarto, empujar a Raquel dentro sin ninguna explicación y enfrentarme a la realidad.

Llevo toda la maldita cena dándole vueltas, buscando argumentos y reuniendo fuerzas. Y voy a decírselo. ¡Vaya que si voy a decírselo! Con el pelo revuelto y el viento ululando tras la ventana intento darle forma a las palabras en mi mente.

¿Somos amigas?¿Estabas confusa?Intento entenderlo…¡me vas a volver loca!

Raquel me mira sentada desde mi cama y su mirada sigue siendo plomiza, como remolinos de nieve que parecen huracanarse en mis venas. Me mira de forma soñolienta, bajo mechones de pelo rebelde y la camisa aún por fuera del pantalón.

  • ¿Somos amigas?- pregunto no muy convencida

  • Te quiero

Su respuesta tira por tierra todos mis esquemas de un plumazo.

Una rama choca contra la ventana y mi corazón salta como un trapecista sin red. Siento que la cabeza me va a estallar de un momento a otro.

  • Quiero decir- aclara- Lo siento….Creo que no he puesto en orden las ideas y ha salido algo antes de tiempo- Sonríe de medio lado y se apoya en los codos sobre la cama.

Me derrumbo a su lado, en la cama, completamente agotada.

  • Me estas volviendo loca- digo muy bajito pero muy claro para que pueda entenderlo.

  • Lo siento, de verdad- me acaricia el hombro en un gesto que ya empezaba a echar de menos- Las cosas se torcieron de golpe. Quería contártelo, pero no sabía como.

  • ¿El qué?- digo enfadada

  • Tu madre.

Dos palabras como un jarro de agua fría.

  • ¿Mi madre?

  • ¿Recuerdas hace tres días, cuando me pidió que habláramos a solas?

Intento hacer memoria y me doy cuenta de que había enterrado ese momento en mi mente. Apenas soy capaz de afirmar levemente.

  • ¿Qué tiene que ver eso?

  • ¿Adivinas de qué quería hablarme?- mi mente permanece en blanco unos instantes.

  • No

  • Bea…¿Tu madre sabe algo de…bueno, digamos, de tus inclinaciones?

  • ¿Qué?

  • Que si tu madre sabe que eres lesbiana.

Dicho así, de boca de Raquel, con la ese resbalando entre sus dientes, me sonó incluso extraño. No estaba muy acostumbrada a las etiquetas sociales. Hundí la cara en mis manos.

  • Bea….

  • No. ¿Vale? – dije enfadada- No lo sabe ¿Y que tiene que ver todo eso?

  • Creo que sospecha algo- dijo como si nada, pero una enorme alarma roja saltó en mi cabeza y la miré asustada.

  • ¡¿Qué?!

  • Tranquila bollito- dijo sonriendo-He dicho que sospecha algo, pero no el qué.

Solté todo el aire de golpe. Raquel se irguió poniéndose a mi altura.

  • Mira, tu madre quería hablar sobre ti…Está muy preocupada. Se ha enterado de tu pelea con Vanesa y cree que le estas ocultando algo. Bea- me miro seria- está muy triste. Preocupada y triste. Creo que piensa que no confías en ella…..Solo quería saber si yo sabía algo.

  • ¿Y que le dijiste?

  • Evidentemente, que no. Pero que no te quitaría ojo de encima…Ahora mismo debe de pensar que estas “confesandote”- dijo riendo.

  • Pero no entiendo…¿Por qué has estado tan…rara?

  • Lo siento por eso.

  • Ya lo has dicho treinta veces- dije enfadada y Raquel hizo un mohín al ver mi cara.

  • Verás, después de hablar con tu madre me di cuenta de que no tenía ni idea de nada…Y mucho menos de nosotras.

Una llamita de esperanza nació en mi al escuchar esa frase.

  • Tu madre estaba confiando en mi para ayudarte y me sentí fatal por tener que mentirle yo también. Tu madre se ha portado muy bien conmigo ¿Sabes? Y contigo más que con nadie…¿No crees que se merece la verdad?

Raquel me miró esperanzada y me di cuenta de que tenía razón. Ella no era la única que estaba harta de mentiras.

  • Además, lo sabe todo el instituto, los profesores, el panadero, el tio del kiosco- fue enumerando Raquel en broma, a lo que se ganó un manotazo- No creo que a tu madre le haga gracia ser el último mono.

  • Tienes razón- dije sería- Voy a contárselo.

Raquel sonrió de oreja a oreja.

  • Pero dame tiempo- le dije- Aún no se por donde voy a empezar. Raquel puso los ojos en blanco y se desplomó en mi cama mientras decía “Ay, Dios mío…dame paciencia” mientras yo me reía.

Pero de pronto me puse sería.

  • ¿Eso significa…qué vas a estar evitándome hasta que se lo cuente? –Pregunté con miedo. Raquel se incorporó y me miró más seria que nunca.

  • Eso ni de coña. Nadie va a evitar que esté con mi novia.

Esa frase me hizo enrojecer de manera fulminante y el cambio en mi mirada fue casi violento. Como si me hubiera derretido y me hubieran vuelto a solidificar en un solo segundo.

  • ¿He dicho algo que no debiera?- Preguntó Raquel

  • No, es solo que…- joder- suena demasiado bien.

La sonrisa de Raquel se volvió picara mientras en mi cabeza la palabra sonaba como un mantra.

Novia, novia, novia, novia, novia

Y de golpe y porrazo me percato de la realidad.

  • Raquel, yo nunca…vamos que no…- Digo con esfuerzo- …Que no he tenido novia nunca. Ni he salido con nadie…Ni un rollo…ni siquiera….- No soy capaz de terminar la frase.

  • Contéstame una cosa…¿Habías besado a alguien antes que a mi?

Me niego a mirarla y me siento ridícula durante treinta segundos esperando a que ella se ría de mí.

Pero no lo hace.

  • Creo que no hace falta que conteste ¿Verdad?- le digo- Joder…me siento ridícula.

Vuelvo a ocultarme entre mis manos evitando la vergüenza. ¿Se puede ser más patética?

  • No deberías….Yo no he tenido una relación seria en mi vida.

Raquel sonó realmente triste al decir eso.

  • No es que sea muy mayor, ni nada de eso, pero para la cantidad de rollos y polvos de una noche que he tenido…Nunca ha habido más que eso.

De pronto sentí una pequeña punzada en el estomago ¿Rollos?¿Polvos de una noche? No es que esperase que Raquel fuera virgen, ni una monja, ni nada de eso…Es solo que me sentí en completa desventaja. ¿Qué podía aportarle yo a parte de un par de besos fugaces? Raquel debió ver mi expresión porque añadió:

  • Nunca hubo nadie importante por quien seguir adelante. No podía ni quería permitirme dejar entrar a nadie…Hasta ahora.

Me levantó la barbilla con sus largos dedos en un gesto demasiado casual.

  • No tienes nada de que avergonzarte- me sonrió- Si te sirve de consuelo nunca he tenido novia…Ni novio. Así que, realmente, estamos empatadas. Las dos somos igual de novatas en esto.

No pude evitar abrazarla con intensidad y enterrar mi cara en su pelo. Y sentirla realmente por primera vez después de estos días caóticos.

Y de pronto, en mitad de la felicidad momentánea…Una duda me asalta.

  • Eso…Eso quiere decir- susurro contra su pelo, intentando que amortigüe la vergüenza de mis palabras- ¿Qué nunca te has acostado con una chica?¿O si?

No me hace falta mirarla para saber que se está riendo y finalmente, estalla en carcajadas.

  • ¡Es simple curiosidad!- intento aclararle entre sus risotadas, mientras rueda por encima de mi cama- en serio…¡De verdad!

Al final me mira, con los ojos vidriosos por la risa y una sonrisa de oreja a oreja.

  • ¿Y esa curiosidad?…¿Has estado pensando cosas malas?- pregunta con una voz que suena a secretos en una cama desecha mientras arquea una ceja.

  • ¡No!- dijo enrojeciendo de golpe- Que no de verd…

Pero no me da tiempo a darle más explicaciones, porque ahora soy yo la que está rodando sobre la cama, entre risotadas, escapando de sus cosquillas.

Categorías: "La tormenta que trajo la calma" · FANFICS MISTIKA · cap.12

Capitulo 11: Quid pro quo

Abril 17, 2007 · 36 comentarios

La puerta emitió un ligero crujido y ante mí apareció un largo pasillo, repleto de cuadros y fotografías, muy iluminado y que se perdía en otra habitación del fondo.

Raúl me indicó con la mirada que él pasaría primero.

Avancé por el pasillo, prácticamente pegada a él observando con nerviosismo los múltiples cuadros que había colgados.

La mayoría eran fotografías, que deduje, eran de Raquel y también algunas de ellos dos en la playa y en otros lugares que no llegué a reconocer. También un par de cuadros de un autor del que no había oído hablar en mi vida.

-         ¿Hermanita?- preguntó Raúl al aire- ¿Estás ahí?

 

Nadie contestó.

-         Vamos, no te hagas la sorda…Se que estás ahí- canturreó

-         Si sabes que estoy aquí ¡¿Para que preguntas?!- Resonó una voz del final del pasillo, proveniente de alguna de las habitaciones.

-         Esta en casa- comentó Raúl sarcástico.

 

Lo último que me faltaba para terminar de ponerme taquicárdica, era saber que Raquel no estaba de muy buen humor.

-         Adivina lo que el cartero nos ha dejado en el buzón- siguió hablando Raúl a medida que nos acercábamos al cuarto del que había salido la voz

-         ¿Tu cerebro?- la voz sonaba increíblemente cerca ya y de pronto Raúl se paró en seco al lado del marco de una puerta que estaba abierta. Prácticamente me choqué con él.

-         No, es algo mucho mejor- le vi sonreir ampliamente hacia el interior de la habitación.

-         Mira Raúl- la voz se estaba acercando a la puerta…¡Raquel estaba apunto de acercarse! Y mis manos no hacían más que sudar- No tengo ni tiempo ni ganas de escuchar tus…

 

Pero Raquel no llegó a terminar de decir para lo que no tenía tiempo, porque de pronto apareció a través de la puerta, con el ceño fruncido y cara de pocos amigos. Su expresión cambió radicalmente al verme allí y por unos instantes juraría que un brillo de alegría se coló en su mirada. Después pasó de nuevo a la sorpresa.

El instante debió durar unos microsegundos, pero me dio el tiempo suficiente para captar que Raquel no se encontraba bien…Y no es que estuviese enferma ni nada por el estilo, era la sensación abrumadora de que algo no marchaba bien.

Llevaba unos pantalones de chándal y un jersey azul oscuro enorme, cuyas mangas le quedaban un poco grandes. Su pelo estaba recogido en una cola alta, haciendo su cara aún más largada y señalando el comienzo de unas ojeras que empezaban a formarse bajo sus ojos, que estaban completamente apagados.

-         ¿Qué haces aquí?- su tono sonó bastante enfadado. Después fulminó con la mirada a su hermano.-¿De que sirve lo que te hablo?- le dijo.

 

Raquel salió finalmente de la habitación haciéndome a un lado y pasando entre el escaso espacio que quedaba entre su hermano y yo, dejando un rastro de su peculiar aroma, que sin haberme dado cuenta, había echado mucho de menos.

-         Necesito hablar contigo- le dije.

 

Raquel se detuvo a mitad del pasillo y se giró hacia mí.

-         No hay nada de lo que hablar- dijo secamente- Y ahora, vete.

 

Se giró de nuevo y entró en otra habitación. La seguí decidida y descubrí que había entrado en una cocina bastante espaciosa.

-         Raquel- la llamé. Estaba de espaldas a mí buscando algo en una alacena.

-         No te he dicho…- comentó con voz pausada-…que te fueras.

-         Si, pero…- no estaba muy segura de si debía seguir por ahí- …pero no me voy a ir- me crucé de brazos- A cabezota no me gana nadie.

-         ¡Bea!- se giró hacia mí con un vaso de agua en la mano- ¡Largate!

-         ¡No!

-         ¡¿Es que no lo entiendes?!…¡No quiero hablar contigo!¡No quiero saber nada de ti!

-         ¡No!

-         Mira- dijo moviéndose peligrosamente hacia mí. No sabía si temblaba de furia o por el contrario, es que estaba a punto de llorar- Fuiste una bonita diversión, bollito, pero nada más…¡Nunca, repito, nunca me caíste bien! Y por su puesto, nunca me fijaría en alguien como tú- me dedicó una fea mirada de desprecio-  así que desaparece de mi vida y deja de molestarme.

 

Tras aquello hubo un silencio muy espeso. Raquel se giró de nuevo hacía el fregadero dándome la espalda. Las palabras de Raquel me habían hecho más daño de lo que se pudiera imaginar.

La miré dolida y me sorprendí al ver que aún seguía temblando y que con la mano que aún tenía libre apretaba el borde de la encimera.

Y comprendí.

Posé mi mano en su hombro, forzándola a mirarme.

-         Raquel- le dije suavemente

-         ¿Todavía estas aquí?- su voz sonaba terriblemente apagada- ¿Qué es lo que quieres Bea? ¿No te has enterado?- Sus ojos estaban prácticamente acuosos.

-         Si…te he oído…Y no te creo- su mirada se volvió sorprendida y una lágrima rebelde resbaló por su mejilla- Además- añadí- Yo había venido a por un vaso de agua.

 

Al decirlo, agarré suavemente el vaso que aún tenía en sus manos y rocé con cariño sus dedos.

-         ¿O a caso pensabas que había venido a espiarte?

 

El labio de Raquel tembló ligeramente y dejo entrever una sonrisa en mitad de su expresión triste.

-         Necesito hablar contigo- le susurré

 

Raquel hizo el ademán de ir a hablar, pero de pronto miró hacia la puerta de la cocina, donde su hermano estaba apoyado con cara de no entender nada.

-         ¿Quieres palomitas para el espectáculo?- le preguntó Raquel

-         No, no, así está bien- respondió acostumbrado al sarcasmo de su hermana- Pero vosotras seguid, seguid…Como si yo no estuviera.

 

Raquel le echó una de sus miradas asesinas y dejando el vaso encima de la mesa me dijo:

-         Vamos….Aquí hay mucho cotilla.

 

Salió al pasillo y cogió un abrigo que había colgado en un perchero. Raúl me guiñó el ojo instantes antes de que Raquel cogiese el casco de la moto y me hiciese señas para que la siguiera fuera del piso.

 

No cruzamos palabra en ningún momento. Silenciosas bajamos a la calle y volvimos a montar en la moto de forma sincronizada, como si lo hubiésemos hecho millones de veces. No le pregunté a dónde íbamos. Supuse que Raquel necesitaba sentirse cómoda…O a lo mejor quería escapar. No me importaba, lo único que importaba en ese momento es que estaba con ella y que pronto hablaríamos.

Llegamos al río y Raquel bajó por una de las rampas de acceso de daban al paseo. Aparcó la moto cerca del muelle de piedra y de la misma forma silenciosa, me deshice del casco y la seguí durante un trecho del camino.

Bordeábamos el río, viendo en la lejanía el característico puente de Triana, que acompañaba a modo de estampa al brillo del sol que se reflejaba en el agua.

Raquel se paseaba pensativa. Tenía la sensación de que tenía mil ideas dándole vueltas en la cabeza al mismo tiempo, y que quizás, estaba buscando las palabras exactas para empezar una conversación.

 

Finalmente, se sentó en uno de los salientes sobre el río y me hizo señas para que me sentara a su lado sobre la roca. Respiró hondo antes de hablar:

-         En el fondo…Sabía que en el fondo, quería que aparecieras en el pasillo de mi casa….Aunque también sabía que no quería que lo hicieras….Porque no podía ser. Sabía que esto iba a pasar…Y no quería que pasara…Yo…Lo que quiero decir es…- me miró de pronto- Te he echado de menos

 

Su mirada volvía a ser tormentosa.

-         Y más de lo que quisiera admitir- añadió.

-         Raquel yo…

-         No, déjame acabar, por favor.- En parte me suplicó con la mirada- me gustaría hacer un trato contigo.

-         ¿Qué?

-         Quiero un Quid pro quo….Yo te cuento lo que quieres saber y a cambio, tú me cuentas algo que yo quiera saber. Porque…porque estoy muerta de miedo y nunca lo admitiría delante de nadie y necesito saber que si yo voy a ser sincera contigo, tú también lo serás conmigo.

 

Nuestras miradas se mantuvieron durante unos instantes donde la respuesta ya estaba implícita, pero accedí de palabra.

-         Te lo prometo.

 

Raquel volvió a centrar la mirada en el horizonte, donde un grupo de pájaros levantaban el vuelo.

-         El otro día, cuando…Cuando estábamos en la puerta y…- por un momento pensé que diría “iba a besarte”- …Y sonó mi móvil. Era mi hermano.

-         Si eso lo deduje y que te contó algo que no te gustó, también.

-         Ha pasado algo. Algo que sabía que tarde o temprano pasaría. Y aunque quería hacerme creer que estaba preparada…Prefería pensar que nunca llegaría.

-         ¿Qué ha pasado?- pregunté asustada

-         Han soltado a Víctor… a mi padre- dijo de un tirón- De la cárcel.

 

Aquella noticia me pilló por sorpresa. Cierto que había adivinado por la conversación, que alguien había salido de la cárcel. Pero nunca me habría imaginado que sería el padre de Raquel. Aunque, ahora que lo pensaba, no sabía absolutamente nada del resto de su familia.

-         No sabía que tu padre estuviese en la cárcel.

-         Bueno, no es algo que suela poner en el currículo…Tu sabes, no es muy buena propaganda- rió amargamente de su propio chiste- Lleva allí cinco años.

-         ¿Por qué?

-         Me pegó una paliza.

 

Me llevé las manos a la boca horrorizada.

-         ¿Qué….?- pregunté débilmente.

-         La historia con Víctor es muy larga y muy complicada.- me miró con el brillo del agua reflejado en sus ojos, más grises de lo normal- Lo único que Víctor ha querido en este mundo, es a mi madre, y tampoco tengo muy claro por que ella seguía con él. Quizás en algún tiempo, fue cariñoso, antes de que yo naciera…Porque el Víctor que yo conozco, es cualquier cosa menos cariñoso.

 

Me sorprendió que le llamara por su nombre.

-         Yo nací cinco años después que Raúl y mi madre, que en paz descanse, murió en el parto. El por qué, nunca lo supe. Lo único que Víctor me dejó claro, es que la culpa era mía. Y durante 14 largos años, me lo estuvo recordando día y noche.

-         No tuvo que ser fácil.

-         De hecho, no lo es….Porque con el tiempo consiguió hacerme creer que realmente, la culpa había sido mía.

 

Me sentí fatal al imaginar el infierno por el que había debido pasar…Yo pensaba que mi infancia había sido dura al perder a mi padre, pero no tenía ni punto de comparación con lo que Raquel me estaba contando.

-         Al principio, Víctor, se vio en la obligación de cuidarnos. Durante unos años, no paso nada…Bueno, al menos yo era demasiado pequeña para darme cuenta de lo serias que empezaban a ponerse las cosas…Que Víctor bebiera o se pasase la mayor parte del día durmiendo. Al final, Raúl se puso a trabajar cuando yo apenas tenía once años y el 16, con el firme propósito de ahorrar y largarse en cuanto pudiera de esa maldita casa…Sabes, crecí rodeada de botellas de vino vacías, esparcidas por la casa… Al principio, se molestaba en esconderlas….¡Una vez encontré una dentro de mi caja de cereales!- comentó sorprendida-  pero llegó un momento que al no recordar dónde las escondía, empezó a darle igual dejarlas encima de la mesa de la cocina, en la cama…

 

Meneó la cabeza apenada y se frotó los ojos con fuerza.

-         Que Víctor fuese alcohólico, es algo que hubiese podido llevar con el paso del tiempo…Quizás hubiese podido entenderlo. Que estaba triste, que se abandonó…Pero se cebó en mí.

-         ¿Qué pasó?

-         Los problemas verdaderos, empezaron cuando yo empecé a entrar en la pubertad…Con tan sólo 13 años era casi un vivo retrato de mi madre en su juventud…O al menos eso decía  Víctor, lo cual le jodía profundamente.- dijo pateando una piedra que había cerca de nosotras- Decía que le recordaba a ella….Que no tenía bastante con haberla matado, sino que encima, intentaba parecerme a ella…”Tu madre es única” solía decirme. Me obligó a cortarme el pelo y desde los 13 hasta los 15, llevé el pelo tan corto como un chico- Raquel se acarició su larga coleta, dejando escapar finalmente  las ultimas briznas de cabello entre sus dedos- Decía que con el pelo largo, le recordaba aún más a ella.

 

A medida que Raquel hablaba, mi estómago se iba encogiendo cada vez más, pero me esforcé por mantenerme firme, dado el valor que Raquel estaba demostrando al contarme todo esto.

 

-         Realmente, fue Raúl el que se ocupó de mí casi todos estos años. Ha sido un hermano mayor modélico…- meneó la cabeza tristemente- Solía decirme que cuando cumpliera 18, nos iríamos los dos a vivir juntos y que llenaríamos la casa de gatos.

-         ¿Gatos?

-         Me encantan los gatos. Mi ilusión era tener uno negro con los ojos verdes.

-         Bueno, al final, parece que acabasteis viviendo juntos…sin gatos claro.- Raquel me sonrió.

-         Aunque hubiese preferido que el detonante para irnos a vivir juntos, hubiese sido por otro motivo…

 

Temí preguntarle.

-         Víctor empezó a tener problemas económicos…La mayor parte del dinero se lo gastaba en bebidas, en drogas o vete a saber qué. Creo que se metió en asuntos muy serios y debía mucho dinero. Mi hermano era el único sustento económico real que quedaba en la familia. Evidentemente, acabó por pedirle dinero, pero mi hermano se lo negó…Y aquello fue un error.

 

En ese momento supe que vendría la parte más oscura de toda aquella historia.

-         Esa tarde llovía, lo recuerdo perfectamente. Volvía del colegio y por aquella fecha, yo solía llegar a casa antes que mi hermano, que estaba trabajando. Cuando llegué, me di cuenta de que había una camioneta en la puerta de casa. Me acerqué, pero no la reconocí como la de ningún vecino. Limpié el cristal empañado con la mano para mirar en su interior y me sorprendí al encontrar en su interior muebles de mi casa….¿Estaría Víctor moviendo muebles? ¿Para qué? En ningún momento se me pasó por la cabeza que pudieran estar robándonos, así que al final acabé asomándome al interior de casa.

 

Se detuvo unos instantes mirando la superficie brillante del río…Parecía estar recordando algo con mucho esfuerzo.

-         Al entrar, lo primero que vi, es que faltaban los muebles de la entrada…Incluso un pequeño cuadro que teníamos de una virgen, había desaparecido. Me adentré por el pasillo y me detuve a mitad de camino al escuchar unas voces en el fondo.

-         ¿Quién era?- le pregunté.

-         No lo se. Sólo se que me asusté y me giré dispuesta a salir de allí, pero de pronto me choqué con alguien y prácticamente me caí de culo. Era un tío muy alto, que me cerró el paso y que me levantó del suelo como si yo fuese una pluma. Tuve miedo y recé para que Raúl estuviese allí….O en su defecto Víctor, porque por un momento pensé que él me ayudaría. Recuerdo que el hombre, grito algo como “Joder, Víctor, ¿Quién es esta?” Y en ese momento supe que estaba metida en la boca del lobo….Algo me decía que estaba dónde no debía y cuando no debía…

 

Otro pequeño silencio se interpuso en su narración.

-         Vi como Víctor aparecía desde el fondo del pasillo, de dónde provenían aquellas voces. Le había visto enfadado muchas veces, pero su expresión en aquellos momentos me produjo pánico….En un par de zancadas cruzó todo el pasillo y sin darme tiempo a decir ni una palabra me agarró del pelo….Tiró de mi hasta que llegamos al baño, abrió la puerta con furia y de un golpe me tiró contra el suelo…Recuerdo que intenté levantarme apoyándome en el váter, pero cual no sería mi sorpresa al descubrir que no estaba. Sólo conseguí caerme de nuevo al suelo como una idiota…No recuerdo lo que Víctor decía, solo sabía que me gritaba mientras me agarraba de nuevo del pelo y que finalmente me lanzó contra la pared del fondo….Ya no recuerdo más.

 

Inconscientemente había apretado mis puños con tanta intensidad, que mis nudillos se habían vuelto blanquecinos. Estaba asustada, sorprendida y enfadada al mismo tiempo…Sólo tenía ganas de estampar a Víctor contra la misma pared.

-         No se cuanto tiempo estuve inconsciente….Sólo se que mi hermano estaba allí y que la boca me sabía a sangre y me dolía todo el cuerpo….Se lo habían llevado todo. Por no dejar, no habían dejado ni las alcayatas de los cuadros…Esa noche la pasamos en el hospital. Después de un pequeño lío con asuntos sociales y la policía, al final le concedieron la custodia a mi hermano y Víctor acabó en la cárcel… Y ya no quise saber nada más de él.

-         Raquel…Dios mío…yo…

-         ¿Sabes? En parte, me alegro de lo que hizo ese capullo – me cortó- Así pude irme a vivir con Raúl a un piso de alquiler y por fin empezamos a llevar una vida normal….Nuestra economía no era para tirar cohetes, pero al menos, estábamos juntos y lejos de ese cabrón….Además, eso hizo que empezara a trabajar de ayudante de un fotógrafo, para sacarme unas perras…¡¡ No si al final voy a tener que darle las gracias al muy cabrón!!- dijo furiosa lanzando una piedra la río.

-         Raquel, tranquila…

-         No puedo Bea, no puedo…Ha salido y ahora volverá para hacerme la vida un infierno.

-         Puede que no…Puede que se haya reformado e incluso, puede que se olvide completamente de nosotros.

-         No Bea…Víctor puede que haya convencido al jurado para que le den la condicional…Habrá puesto su cara de “no he roto un plato” y les habrá explicado que ahora está limpio, que quiere rehacer su vida…¡Y una mierda!- gritó haciendo que un par de pájaros volaran asustados.- Es la persona más vengativa que he conocido nunca….Me la tuvo jurada desde que nací…¿Qué crees tú que hará ahora que por mi culpa le privaron de 5 años de libertad?…Puedo jurarte que durante todo este tiempo ha estado pensando en como hacérmelas pagar….Y estoy completamente acojonada.

 

Raquel me miró de frente, con una mirada que expresaba toda la frustración que el miedo le estaba provocando.

-         ¿Y sabes lo que más temo?- negué con la cabeza- Que al encontrarme, te encuentre a ti también….él está convencido de que le quité lo que más quería en su vida y se que Víctor no tendría mayor satisfacción, que separarme de lo que yo más quiero…

 

La frase murió en labios de Raquel, perdiéndose como un murmullo a nuestro alrededor…

Algo en el fondo de mi mente gritó triunfal al entender lo que ella había dicho. Sabía lo que significaba, sabía el mensaje oculto que había en esa frase.

-         ¿Y piensas darle la satisfacción de negarte lo que quieres?- Raquel mantuvo su mirada fija en mi- ¿Vas a estar alejada de todo y de todos toda tu vida, por miedo a que él venga y lo destruya?

 

Me acerqué a ella, aún con miedo de que volviera a alejarse.

-         No es justo que cargues toda tu vida con el pasado…No lo mereces.

 

Raquel permaneció estática frente a mí. Una batalla interna se estaba liberando en su interior y sus ojos brillaban como si de plata líquida se tratasen.

-         ¿Cómo se lucha con el pasado?- me preguntó- ¿Cómo? Después de todo el infierno, el miedo…Mi única defensa contra la locura era un corazón de hielo.

-         No estás sola- me atreví a entrelazar mi meñique con sus largos y pálidos dedos, en una caricia sutil.

-         Lo se- me miró intensamente- Y ese es el principal problema.

 

La miré sin comprender.

-         Tu has tambaleado mi mundo Bea…- el espacio se acortó de nuevo con otro sutil movimiento- Yo tenía una muralla muy bien formada a mi alrededor, para que nada saliera y nada entrase…Estaba protegida- apretó con fuerza mis dedos entre los suyos- Y vienes tú…y poco a poco te vas colando entre las grietas…

 

Casi como si fuera doloroso, con el pulgar, acarició lentamente mis mejillas que prácticamente estaban heladas, marcando el contorno de mi cara, como si quisiera aprenderlo de memoria…Sobre mis labios, sobre mi nariz, mi barbilla…

-         Eres como una tormenta- aquella comparación me sorprendió, al resultarme tan familiar en ella- Has arrasado con todo y de una sola mirada, has derrumbado lo poco que quedaba de la muralla. De pronto me has traído más calma de la que jamás imaginé….Y ahora ya no pueda pensar en otra cosa que no sea en ti.

 

El sonido a mi alrededor desapareció. Ni siquiera el ruido de las aves en el agua o la cercana respiración de Raquel…Todo había desaparecido. Todo mi universo se centraba en aquel par de ojos sinceros y en aquella ultima frase.

-         No quiero que te pase nada…No quiero perderte.- El sonido había vuelto, trayendo consigo el murmullo del viento. La espesura de los árboles que nos rodeaban hacían que su rostro estuviese oculto en una sombra sutil y sus ojos parecían más oscuros y profundos que la noche.

-         No vas a perderme.

-         ¿De verdad?

Su voz me deshizo el cerebro. El suelo bajo mis pies, se mecía como un barco a la deriva. Vi la tensión de los músculos que se intuían bajo el jersey de color azul.

Sonreí para tratar de relajar el ambiente. Me temblaba la voz y sentía el pulso en mi cabeza como los cascos de un caballo salvaje.

-         Te lo juro.

 

Los flequillos de Raquel, hacía rato que se habían escapado del agarre de la coleta, víctimas de una de tantas revueltas a que los habían sometido sus manos, frustradas, en nuestra conversación. Tan revueltos y oscuros que me obligaron a deslizar mis dedos por ellos par peinarlos.

 

Electricidad.

 

Corriendo a latigazos por todo mi cuerpo, parándome el corazón mientras el resto del mundo desaparecía en algo gaseoso que carecía de contorno. El pelo de Raquel tenía un tacto sedoso y caliente, resbalaba entre mis dedos como miel diluida. Los ojos grises estaban trabados, fijos en los míos, más intensos de lo que podía soportar.

 

-         Quid pro quo- me dijo en un susurro.

-         De acuerdo.

 

Había olvidado cómo se respiraba, qué era el oxígeno e incluso que era necesario para vivir. Ahora sólo era consciente de que tenía 16 años y estaba a menos de diez centímetros de distancia de Raquel.

 

He hice lo único que creí más sincero.

 

Quid pro quo

Porque las palabras no me salían y dijese lo que dijese, jamás podría explicar lo que sentía. Y como una corazonada, me puse de puntillas para romper el escaso espacio que nos separaba.

 

Y la besé.

 

Al principio Raquel pareció sorprenderse. Mis labios fríos permanecieron estáticos sobre los suyos…Como una ligera caricia, pero algo en el fondo de mi mente me decía que ejerciera una ligera presión, aprisionando sus labios entre los míos, tentadores de algo más…Y obedecí, arrepintiéndome durante uno o dos segundos, porque Raquel se detuvo y me miró con ojos turbios y perplejos.

 

Va a hablar. Va a decir algo.

Va a decir Bea, has confundido las cosas, no te quiero de esa forma.

 

Y entonces me sorprende. En sus labios se forma una sonrisa que esperaba que expresase todo lo que sentía, aunque no sabía muy bien qué era. Algo tibio y grande que me aceleraba el pulso. Un violín a punto de estallar…

 

Y ocurre.

 

Un segundo. Una chispa en la eternidad.

 

Se mueve con rapidez y el tiempo se paraliza. Suave y templado. Húmedo y lento. Los labios de Raquel se mueven despacio y su lengua repta con habilidad, robándome un suspiro. Mi cuerpo es mantequilla en una sartén, se deshace y noto el fuego de mis mejillas bajo los largos pulgares de Raquel, que me acarician como si de un preciado tesoro se tratase.

El cielo brama, detiene el tiempo, despierta toda esa electricidad que late despacio en las entrañas de la tierra. La siento subir por mis piernas y bajar por mi pecho hasta encontrarse en un punto cercano a mi cadera, donde Raquel ha apoyado su mano para acercarme más a ella y que borra las aristas de la realidad, lo vuelve todo líquido y abrasador.

El tiempo se para.

Parecía haberse tomado un descanso, deteniendo el movimiento del mundo durante unos instantes que perdían forma como tinta bajo el agua.

Y cuando finalmente nos separamos y el tiempo decidió retomar su curso la sacudida fue tan violenta que mi corazón saltó y mi estómago vibraba, igual que el sonido de un trueno retumbando en los cielos de Sevilla.

La tormenta había estallado.

Categorías: "La tormenta que trajo la calma" · FANFICS MISTIKA · cap.11

Capitulo 10: Enfrentando la realidad

Abril 17, 2007 · 4 comentarios

CAPITULO 10: ENFRENTANDO LA REALIDAD

 

A pesar de la velocidad que llevábamos, las gotas de lluvia estaban empezando a empapar la chaqueta de Raquel, haciendo que mis dedos resbalaran por sus costados.

Mi cabeza daba demasiadas vueltas, incapaz de centrarme y mi respiración agitada había empezado a empañar el cristal del casco.

Lo levanté como pude con la mano izquierda y las pequeñas gotas que golpeaban mi cara con la velocidad parecieron despejarme…¿Qué iba a decirle cuando llegáramos a casa?

 

Cuando salimos a toda velocidad del instituto, el subidón de adrenalina que aún me corría por las venas tenía las cosas muy claras y había planeado pedirle una explicación convincente de todo aquello a Raquel y acto seguido, estamparla contra la puerta de mi casa y devorarla a besos…O tal vez, primero la devoraba a besos y después, si quedaba tiempo, a lo mejor le pedía alguna explicación…

 

Pero a medida que nos acercábamos a casa, el subidón parecía ir remitiendo y encogiéndose en mí, completamente vergonzoso haciendo que mis rodillas se aflojaran de nuevo y el pánico escénico me inundara por completo. Y finalmente cuando Raquel paró la moto bajo el pequeño tejado del porche, sentí que el corazón se me iba a escapar por la boca…¿Qué iba a hacer ahora?

 

Bueno, lo primero era correr, porque la lluvia parecía estar aumentando por momentos y ambas cruzamos lo más rápidamente que pudimos el pequeño porche para refugiarnos bajo el tejado de la entrada. Raquel se apoyó en la puerta, con la respiración agitada por la carrera entremezclada con una risa nerviosa….Al parecer le parecía bastante divertido haberse empapado el pelo y prácticamente toda la ropa.

Yo aún sostenía el casco en mis manos cuando un ligero temblor me recordó que a excepción de mi pelo, prácticamente todo mi cuerpo estaba empapado.

Miré a Raquel directamente, que me observaba con una sonrisa nerviosa y parte de su pelo pegado a la cara. Su mirada se había vuelto turbulenta y por algún motivo, ya no parecía tan segura como había demostrado minutos atrás en la escalera del instituto, cuando bajo la mirada de todo el mundo me había besado como si la vida se le fuese en ello…Ahora sólo la estaba mirando yo y por primera vez la vi vacilar, paseando su mirada nerviosa por el marco de la puerta.

Aquella situación era absurda…Ahí estábamos las dos, en la puerta de casa, empapadas y con el culo helado de frío…Pero ninguna de las dos decía nada.

Pensé que era el momento de sacar el valor de aquel recóndito lugar donde lo tenía reservado y preguntarle a Raquel aquellas dos palabras que me habían estado dando vueltas en la cabeza todo el camino. Cogí aire y le dije:

-         ¿Quieres pasar?

 

Raquel volvió su mirada bruscamente hacía mí. No podría decir cual de las dos estaba más sorprendida….¡¿De donde había salido esa pregunta?! Se suponía que yo iba a preguntarle por qué había montado ese numerito en la puerta del instituto, por qué me había besado, ¡¿Por qué?!…Joder, Bea,¡¡ que no es tan difícil la preguntita como para equivocase!! Pero al parecer mi neurona pensante se había ido a por un café en ese momento y mi boca decidió hacer el trabajo ella solita…¡Genial!

 

Sin embargo, Raquel me miró con esa intensidad tan abrumadora, haciendo que por un momento el universo se redujera a ese minúsculo espacio que había entre nosotras y la puerta de mi casa. Raquel avanzó casi imperceptiblemente hacía mí, apenas unos milímetros, pero pareció que hubiese recorridos kilómetros en segundos y de pronto, la tenía de nuevo demasiado cerca de mi espacio personal, provocandome un mareo pasajero y haciendo imposible mirar hacia otro lado que no fuese la tormenta desatada en su mirada.

-         ¿Adentro?- preguntó Raquel.

 

En otro momento hubiese pensado que era la pregunta más absurda que había oído en mi vida…Evidentemente si le preguntaba que si quería  pasar, era adentro, pero Raquel lo único que estaba haciendo, era alargar lo que parecía inevitable y al preguntar se acercó de nuevo hacía mí tan sutilmente como la vez anterior….Por unos instantes pensé que esta pequeña tortura que a Raquel le divertía tanto jugar era más adictivo de lo que pensaba y que por mí podía haberme recitado palabra por palabra el Quijote si con ello acababa de nuevo sobre mí.

-         Claro- mi voz sonó ahogada.

-         ¿Estás Segura?

 

Algo en mi interior gritó ¡SI! Tan alto que pensé que los vecinos lo habrían oído y se asomarían a curiosear y pillarían a la hija de su vecina metiéndose mano en el porche con una completa desconocida, pero la presencia de Raquel aún más cerca que la vez anterior hizo que mi cerebro desconectara definitivamente…Lo cual provocó que tampoco saliera una respuesta de mi boca.

Raquel me miraba expectante, con las gotas de agua chorreando por su cara hasta perderse por la comisura de su boca. Y a pesar de que mi mente gritaba millones de cosas al mismo tiempo, un silencio absoluto nos rodeaba…

Y aquel momento perfecto, aquel silencio que precedía una respuesta tan especial…Fue roto por el estridente sonido de un móvil.

 

Ninguna de las dos parecimos reaccionar durante unos segundos, pero de pronto Raquel pareció volver a la realidad y recordó que tenía el móvil en la chaqueta. Parecía tentada de hacer como si el insistente pitido no existiera y seguir con nuestra extraña situación.

-         Deberías cogerlo.

 

Raquel me miró no muy convencida pero finalmente buscó en el bolsillo de su chaqueta y sacó un pequeño móvil, cuyo pitido se intensificó. Al menos mientras ella hablaba por el móvil tendría unos instantes para pensar que iba a decirle.

-         ¿Diga?- preguntó de mala gana. De pronto, su ceño fruncido, se contrajo aún más- Espera Raúl…¿Qué pasa?

 

Al parecer era su hermano.

-         Habla despacio…No me estoy enterando de nada.- Raquel se separó de mí desprendiéndome súbitamente de ese magnetismo cálido que se había creado entre las dos y haciéndome desear que la conversación se acabase lo antes posible. Raquel empezó a pasearse nerviosa por el porche-….Un momento- se paró en seco- ¿Qué quieres decir con que lo han soltado?

 

Raquel se paralizó súbitamente y su piel se tornó más pálida de lo habitual.

-         ¿Hace cuanto?- al preguntar le tembló sutilmente la voz. La respuesta la hizo mirar nerviosa hacía su alrededor y de pronto fijó su vista en mí y su mirada desprendía algo bastante parecida al miedo. Ni siquiera se molestó en despedirse, simplemente colgó el teléfono y volvió a guardárselo en el bolsillo.

 

Pareció estar a punto de decirme algo sobre la llamada, pero se lo pensó mejor. Se pasó la mano por la cara, algo agobiada. Empezaba a preocuparme.

-         ¿Pasa algo?- me atreví a preguntar. Finalmente volvió a fijar su vista en mí y de pronto toda la calidez que antes desprendían sus ojos, desapareció y su respuesta fue tan fría como su mirada.

-         Tengo que irme- Avanzó a grandes zancadas hacía su moto, volviendo a mojarse en el proceso.

-         ¡Espera!- le grité.

 

Corrí hacia ella bajo la suave lluvia cuando vi que estaba montándose de nuevo en la moto. Se giró bruscamente hacia mí.

-         Vuelve a dentro- me dijo muy seria.

-         ¿Qué pasa?

-         Nada- dijo arrancando la moto sin mirarme – Y ahora vuelve dentro.

-         Pero…

-         ¡Bea!- me gritó. A pesar de que intentaba aparentar firmeza sus ojos se veían dolidos y había un deje de temor en su voz.

-         Te… Te olvidabas el casco- dije tendiéndoselo y sintiéndome completamente confundida.

 

Sin mediar palabra alguna Raquel se lo puso y salió de allí tan rápido como habíamos llegado.

Me quedé allí sola, bajo la lluvia, sin saber muy lo que acababa de pasar y sin entender muy bien  por qué no la había detenido…

 

Pasaron dos días en los que Raquel no volvió a aparecer por casa, ni por el instituto. Intenté llamarla al móvil, pero estaba apagado. Pensé en mil formas de localizarla, pero realmente me era imposible. No sabía donde vivía, ni tampoco de nadie que pudiese decírmelo. Incluso hablé con el profesor de biología con el que supuestamente estaba ayudándola a hacer el proyecto para la facultad, pero también hacía dos días que no sabía nada de ella. Fueron dos días horribles en los que tan sólo mi hermana, podía hacerme volver al mundo real durante unos instantes, porque el resto del tiempo, todo parecía darme igual: el hecho de que mucha gente me mirase como un bicho raro al pasar por los pasillos del instituto, que no me hubiese presentado al terrible examen de literatura…Incluso el hecho de que Luís, después de haber conectado también conmigo, no me dirigiese la palabra y evitara encontrarse con mi mirada.

Pasé muchas horas dándole vueltas al asunto y repasando mentalmente lo único que pude escuchar de la conversación que Raquel había tenido con su hermano…

Tenía la terrible sospecha de que algo muy malo había pasado para que Raquel se asustara tanto, y si no me equivocaba, estaba relacionado con el hecho de que habían “soltado” a alguien…¿De verdad se refería a que habían soltado a alguien de la cárcel?

 

No podía ni imaginar que oscuro secreto se escondía tras todo esto y que relación podía tener Raquel con la cárcel o con alguien que estuviese encarcelado, pero…¿Qué pintaba yo en todo esto? ¿Por qué no quiso hablar conmigo?

Pero al volver a pensar en los ojos de Raquel, con una expresión atemorizada que nunca antes había visto en ella, me preocupé de verás.

 

Debía tener mucho miedo para haber huido como lo hizo.

Y fue entonces cuando me preocupé de verdad.

 

No fue hasta el tercer día en el que el cielo empezó a despejarse de nubarrones, en el que todo cambió drásticamente.

Estaba en las escaleras del instituto a la hora del recreo. Mi almuerzo olvidado en algún lugar de la mochila, mi pelo revuelto como mi mente y absorta en los mismos pensamientos que me habían agobiado los dos días anteriores, cuando una voz conocida llamó mi atención.

-         ¿Puedo sentarme?

 

Miré sorprendida hacía arriba al reconocer la voz de Luís.

Parecía nervioso y miraba de forma furtiva el espacio vacío que había mi lado.

-         Claro- Ni siquiera fui consciente hasta ese momento de que no me había dirigido la palabra desde la famosa escenita con Raquel y no supe si realmente estaba enfadad con él por eso o simplemente me daba igual.

-         He visto que no estas comiendo- comentó casual, pero aún sin mirarme.

-         No tengo hambre.

 

Permanecimos en silencio durante unos instantes. Me resultó una situación bastante incomoda, porque no sabía que decirle y tampoco quería forzar una conversación cuando era él el que había venido a  buscarme. Estuve a punto de levantarme y marcharme cuando su voz me detuvo.

-         Lo siento.

 

Pestañeé un par de veces sin entender muy bien a que venía eso.

-         ¿Por qué?- le pregunté.

-         Por ser un capullo.

 

Eso sólo consiguió sorprenderme aún más…¿A dónde quería llegar? Vi que aún seguía nervioso, sin mirarme a la cara mientras hacía pequeñas bolitas con el papel de plata de su bocadillo.

-         Tranquilo, si todo los que alguna vez han sido unos capullos tuvieran que disculparse…¡La cola se saldría del planeta!- le comenté en broma. Él solamente sonrió de medio lado y añadió.

-         Me refiero contigo…Me he comportado como un capullo contigo- Y por primera vez desde que había comenzado esta conversación, me miró directamente a la cara.

 

Fui a decir algo pero no me dejó continuar.

-         Me caes muy bien ¿Sabes?…Eres una chica muy lista y muy simpática y…muy guapa- ese último comentario me hizo enrojecer levemente- Y bueno…No se…Yo pensaba que como eras tímida, pues por eso no habíamos hablado mucho…y…

-         Luís…Me estoy perdiendo ¿Por qué no me dices de una vez que es lo que pasa?

-         No se por qué reaccioné como lo hice.

 

Le miré incitándole a seguir.

-         Creo que me hice ilusiones ¿sabes?- me dedicó una sonrisa y una mirada soñadora- Por un momento pensé que yo…que tú…- me miró intensamente-  Me gustabas…bueno- se corrigió- Me gustas.

 

Aquella confesión me pilló tan de sorpresa que no pude menos que sentirme halagada. Por un momento no supe si estaba esperando que le contestara algo.

-         Luís yo…en fin…

-         No, no, si no hace falta que digas nada Está claro que no tengo muchas posibilidades…Al menos en ese campo.- sonrió de nuevo- Al principio me sentó mal…Me sentí estúpido…Pensé ¿Cómo es posible? ¡Tantas chicas locas por mi y la que me gusta juega en el equipo contrario!

 

Rodé los ojos frente a ese comentario…Tuvo que salir a relucir el lado “egocéntrico” de Luís.

-         Y supongo que me dio rabia al principio…No podía creer que fueras…que fueras- me miró intentando evitar la palabra

-         ¿Lesbiana?- pregunté. Él simplemente asintió como un autómata.

-         Sabía que había chicas que lo eran…Chicas de mi edad… De cualquier edad- le estaba costando bastante expresarse- Pero no me di cuenta de que era real hasta que no lo tuve delante- me miró intensamente, algo apenado- Y me di cuenta que en verdad, en mi cabeza, las lesb…- Se paró en seco y me miró. Tomó aire y siguió- Las lesbianas estaban en los bares con enormes camisas de cuadros, eran muy masculinas y llevaban el pelo corto, o sólo existían en las películas porn…

 

De pronto se cayó de golpe y se tapó la boca con la mano. Su reacción me hizo reír.

-         No te preocupes- le dije- Se que a los chicos os encantan esas pelis- Y le guiñé un ojo. Al ver que no me había enfadado, pareció relajarse y siguió hablando.

-         Me costó mucho asumir que también existen lesbianas de 16 años, guapísimas y pelirrojas- Me miró sonriendo de medio lado a lo que yo solamente pude responder con otra sonrisa- …Me costó asumir, que era real.

 

Miré mis botines sin saber muy bien que decir. Desde luego, parecía que realmente le había costado asumir toda aquella situación…Me hizo sentir extrañamente bien después de aquellos dos días de caos.

-         Fui a hablar con Helena…- me dijo. No me sorprendió que mi amiga estuviese metida en todo esto- Ella me abrió los ojos…es genial.

-         Si que lo es. Es la mejor amiga que puede existir.

-         Y…- vaciló- ¿Tú y yo?…¿Somos amigos?- dijo extendiendo su mano y con una sonrisa nerviosa.

 

Miré su mano unos instantes sonriendo para mis adentros. Al final iba a resultar que Luís era mucho más de lo que aparentaba.

-         De verdad…lamento mucho haberla cagado de esa manera…¿Me perdonas?

-         No hay nada que perdonar- dije alegremente. Y pasando completamente de su mano extendida, preferí darle un fuerte abrazo al que Luís respondió rápidamente.

 

Me sentí pletórica en esos instantes…Y por muchas cosas: había ganado un nuevo amigo que había demostrado que realmente le importaba lo suficiente para aceptar nuestra relación de la forma que fuese, me había aceptado a mí y, porque no admitirlo, me hacía ilusión eso de tener un admirador ^^.

Le abracé con fuerza, apoyando la barbilla en sus enormes hombros mientras me estrujaba de una forma que me recordó bastante a los abrazos de Helena.

-         Oye…- comento medio separándose de mi- ¿Qué hay entre tú y ….?

-         ¡Raúl!- grité

-         No…- Luís se separó de mi extrañado- Me refiero a la morena de las …- se llevó las manos al pecho y automáticamente se corrigió- …Quiero decir, la de las…las fotos…Raquel.

-         ¡No!- le giré la cara hacia el punto en el que yo estaba mirando- ¡Mira!

 

A su espalda y subiendo las escaleras del instituto, estaba Raúl, el hermano de Raquel y mi única posibilidad de contactar con ella.

En menos de 3 segundos me había levantado de la escalera y recorrido los escasos metros que me separaban de mi objetivo.

-         ¡Raúl!- le grité. Se volvió sorprendido, pero su cara cambió rápidamente al verme.

-         ¡Ah!…Hola…- Miró de reojo el tramo que le quedaba de escaleras hasta llegar a la puerta como si fuera una tabla salvavidas- Lo siento Bea, pero tengo prisa.- dijo enseñándome una carpeta roja- Tengo que entregar esto antes de ir a trabajar porque…

-         Por favor- le corté- Necesito hablar con ella.

 

Raúl respiró hondo y finalmente se volvió hacía mí.

-         Mira Bea, no creo que sea una buena idea…

-         ¿Una buena idea?- pregunté sarcástica- ¿Una buena idea?…No Raúl, no tienes ni idea del infierno que han sido estos dos días….- intenté calmarme antes de seguir- Necesito saber que ha pasado…necesito…Necesito saber que ella está bien.

 

Le miré muy fijamente, intentando demostrarle que estaba completamente en serio.

-         Se que algo malo ha pasado y necesito hablar con ella…No quiero que me lo explique si no quiere, pero…Necesito verla.

-         Bea…- Parecía que iba a ceder, pero negó con la cabeza- No, no…Sabía que esto pasaría si venía…Mira Bea…Ella no quiere hablar contigo.

 

Aquello me dolió, pero no desistí. Aún con las lágrimas quemándome en los ojos seguí insistiendo.

-         Mira…No se…no se si he hecho algo mal. No se que es lo que le preocupa o si la que le preocupa soy yo…- Por algún motivo, la mirada de Raúl me indicó que no estaba tan descaminada- Pero necesito verla…Raúl, por favor- comenté casi en un hilo de voz-…La necesito.

 

La mirada de Raúl se ablandó súbitamente, cerró los ojos y tomo otra buena bocanada de aire.

-         Se que me voy a arrepentir de esto.

-         ¡Gracias!- tuve que luchar contra el impulso para no colgarme de su cuello.

-         Dame unos minutos, voy a entregar esto y enseguida vuelvo.

 

Asentí con la cabeza y tras una leve sonrisa, Raúl subió en dos grandes zancadas los escalones que le separaban de la puerta del instituto.

-         ¿Qué ha pasado?- Luís se acercó hasta mi.

-         Perdona por haberte dejado así… Pero, llevo dos días sin saber nada de Raquel y ahora mismo, su hermano es la única posibilidad que tengo de encontrarla.

-         ¿Ha ocurrido algo?- preguntó preocupado.

 

Fui a responder, pero Raúl apareció tan rápido como se había ido y me hizo un gesto de cabeza, indicándome que le siguiera.

-         Mañana te cuento- le susurré a lo que él asintió de forma cómplice.

 

Seguí a Raúl hasta un fiat azul aparcado en la calle lateral al instituto.

-         Es pequeño pero matón- bromeó refiriéndose al coche.

 

Me senté en el asiento del copiloto y de pronto no supe muy bien que decir. Al contrario que su hermana, Raúl conducía a una velocidad bastante aceptable. Lo miré distraída mientras el maniobraba y sacaba el coche de las tortuosas calles.

A pesar del evidente parecido físico (que no supe apreciar la primera vez que los ví  juntos), Raquel y Raúl no se parecían en nada.

Apenas le conocía, pero se veía a la legua que Raúl era mucho más sociable y pausado que su hermana. Parecía estar seguro de cada movimiento que hacía, pero no en la forma poderosa y abrumadora en la que lo hacía Raquel, parecía más bien que estudiase cada movimiento con tanta precisión, que fuese imposible equivocarse  en ningún momento. Eso le daba una extraña seguridad en si mismo, que llegaba a ser relajante.

Raúl me miró de reojo y me sonrió con sus brillantes ojos.

-         ¿Qué?

-         Gracias…- comenté débilmente.

-         No es necesario. Probablemente tu seas lo que la cabezota de mi hermana necesita…a pesar de todo- hablaba completamente concentrado en la carretera- La primera vez que la oí hablar de ti…En la forma que lo hizo…Supe que traería problemas.

 

Me revolví incómoda en el asiento. Raúl debió captar mis movimientos por el rabillo del ojo porque añadió:

-         No, no me refiero a ti…Es ella. Lleva tanto tiempo sin abrirse a nadie, sin compartir nada….Ni siquiera conmigo.- Me miró de refilón- Se lo dije nada más empezar a oírla hablar de ti….”Raqueeeeel, no te líes….Donde tengas la olla no metas la poll…”- de pronto pareció morderse la lengua y volvió a mirarme- Perdón…quiero decir…que si estaba trabajando en tu casa, era mejor que no se hiciera ilusiones…- Hubo una pequeña pausa- De todas formas, ese dicho no es que sea el mejor ejemplo para mi hermana- comentó por lo bajo.

 

Sonreí divertida. Raúl parecía ser un buen tipo.

-         No me malinterpretes- continuó- No es que no quiera que Raquel sea feliz…Es que se ha pegado muchos golpes y…bueno, luego está ese otro asunto que…

-         ¿Qué?- pregunté curiosa.

-         Eso será mejor que te lo cuente ella.

 

Permanecimos un buen rato en silencio, hasta que llegamos a unos viejos bloques de pisos. Raúl aparcó en un pequeño hueco de la misma calle y apagó el motor.

-         Bea- dijo mientras daba vueltas a las llaves del coche entre sus dedos- Pareces una buena chica y de verdad creo que quieres a mi hermana…En el sentido que sea- añadió- Pero no quiero que sufra más….Si de verdad la quieres, tienes que ir a por todas- me miró muy serio y supe que estaba dándome la charla de hermano mayor, pero que esta era muy diferente- Porque la cabezota de mi hermana intentará evitar a toda costa que te acerques a ella para que tú no sufras también.

-         La quiero- me sorprendí a mi misma porque era la primera vez que lo admitía. Incluso para mi misma- Y lucharé por ella, de eso puedes estar seguro.

 

Raúl sólo sonrió alegre.

-         Tan cabezota como mi hermana…¡Genial!

 

Le seguí a través de una larga calle, donde Raúl saludó a un par de personas que salían de la panadería. Nos paramos frente a un portal con el número 15 y Raúl sacó unas llaves de su bolsillo con un montón de llaveros.

El camino desde el ascensor a la tercera planta se me hizo eterno. No fui consciente de que el pulso se me había disparado hasta que no estuve delante de la gastada puerta de madera que marcaba el 3º B.

-         ¿Preparada?

-         Preparada- asentí y apreté los puños casi inconscientemente.

 

No sabía lo que me iba a encontrar ni tampoco cómo reaccionaría Raquel frente a mi presencia, pero una cosa la tenía clara.

No me iría de allí sin hablar con ella.

Categorías: "La tormenta que trajo la calma" · FANFICS MISTIKA · cap.10

Capitulo 9: Como salir del armario dignamente (y con ayuda)

Diciembre 30, 2006 · 26 comentarios

No hay nada más aburrido en este mundo que las clases de literatura de Laura…No se puede hablar, no se puede interrumpir para preguntar dudas, no se puede mascar chicle…¡no se puede respirar!

Esa mujer está molesta con la vida en general ylos adolescentes la sacan de quicio….

¡Lo que me faltaba para completar el día!

 

Intenté salir lo más dignamente posible del baño una vez que mis ojos dejaron de estar tan enrojecidos. Me puse la camiseta que mi amiga me había traído y le hice un gesto con la cabeza, indicándole que estaba preparada.

Helena me acompañó a lo largo del pasillo.

-         Toma…-me tendió uno de sus chicles de regaliz- te ayudará a pasar los nervios…Así tendrás algo que morder – dijo guiñándome un ojo.

-         Gracias…

 Al llegar a la puerta del aula de literatura, aspiré hondo y agarré el pomo de la puerta…Dudé unos instantes, prefería esconderme en algún lugar oscuro hasta que los dos años de instituto pasaran

-         Venga…- me animó Helena- demuéstrales que no les tienes miedo.

 

Giré el pomo y asomé la cabeza un poco…mierda…llegábamos tarde

La profesora me miró desde su mesa de forma poco amigable.

-         Di…disculpe profesora…¿Podemos pasar?

-         ¿Se puede saber donde se había metido?

 

A pesar del chicle, tenía la boca completamente seca…podía notar todos los ojos de mis compañeros, clavados en el tramo de mi cabeza que asomaba tras la puerta. Antes de que pudiera contestar, Helena apareció en escena terminando de abrir la puerta.

-         Me había acompañado a la enfermería…estaba algo mareada… y no quería caerme por los pasillos y…

-         ¡Está bien señoritas!…pueden pasar…- cortó a Helena.

 

Pasamos rápidamente por entre las sillas, buscando un hueco en el fondo y sin mirar a nadie a la cara. Pude oir un murmullo extenderse por la clase.

-         ¡Ha venido!

-         Es la lesbiana esa…

-         Hay que tener valor…

 

Intentaba centrarme en no escuchar nada…Lo más importante era sentarme en la silla sin tropezar por el camino….Y casi lo consigo. Los nervios me hicieron tropezar con la pata de una silla y tuve que dar un pequeño saltito para evitar la caída.

Unas risas sonaron mientras la profesora pedía silencio.

Finalmente me senté en mi silla…Seguía sin mirar a nadie, concentrada en sacar los folios y el bolígrafo del estuche que parecía no querer colaborar conmigo.

Empecé a relajarme cuando el silencio que nos inundaba se vio envuelto en la monótona voz de la profesora, que leía el temario.

 

Finalmente levanté la vista…la mayoría de la gente miraba sus libros, o al techo…Nadie parecía prestarme atención.

Pasee mi mirada por el aula…ni rastro de Vanesa..¿Dónde se habría metido?

Mi mirada chocó con la de Luis que intentó disimular y miró por la ventana…¿Qué puñetas le pasaba ahora?

 

Intenté concentrarme en lo que Laura leía…algo sobre “La vida es sueño” de Calderón…pero los nervios seguían siendo muy intensos y no era capaz de poner en orden sus palabras.

Al cabo de cinco minutos, cuando ya parecía que empezaba a relajarme, una bolita de papel me dio en la cabeza.

-         ¿Pero qué…?

 

La recogí del suelo y miré a mi alrededor…¿A caso era una nota de alguien?

Helena estaba prácticamente dando cabezazos sobre su mesa…no parecía ser ella.

Miré al frente y vi el movimiento de una larga trenza al girar la cabeza bruscamente…era Isabel, la mejor amiga de Vanesa…Fijo que la nota era de ella.

 

Abrí la arrugada bolita de papel y me asombre al leer claramente:

Pagarás por lo de Vanesa jodida lesviana”

 

-         Increíble…- pensé- No solo intenta amenazarme…sino que lo hace ¡con faltas de ortografía!

 

Intenté no reirme…Dios…aún me quedaban 80 minutos más de clase…

-         Señorita Beatriz…¿Qué es eso que tiene ahí?

 

La voz de la profesora me asustó…y aumentó al ver que se dirigía a mi.

Como un acto reflejo, escondí la nota dentro del estuche.

-         ¿Qué es eso que ha escondido?

-         Nada profesora…es solo un papel

-         Eso ya lo veo…¿Algo que quiera compartir con la clase?

 

Piensa Bea…Piensa rápido…

 

-         Ehhh…no… es sólo…es para…- la profesora estaba prácticamente llegando a mi mesa y si leía esa nota…estaba muerta. De pronto una idea cruzó mi mente…- ¡Es para el chicle!

 

Rápidamente me saqué el chicle pegajoso de la boca y lo envolví en la nota, apretando fuertemente para hacer una bola compacta. La profesora se detuvo a escasos milímetros de mi mesa…

-         Lo siento….ha…había olvidado que no se puede mascar chicle en su clase- intenté sonar lo más convincente posible. Ella me miró unos instantes sin terminar de creer en lo que decía, después miró a Helena y dijo:

-         Página 43…No se me despiste.

 

Respiré aliviada mientras volvía a su mesa…Desde luego que esa mujer podía llegar a dar miedo cuando se lo proponía.

El resto de la clase pasó sin más contratiempos. Esperé a que el resto de compañeros salieran de la clase y me quedé esperando con Helena a que la clase se quedara desierta.

-         No ha sido tan terrible ¿Verdad?- me apremió mi amiga

-         No se…no creo que vayan a olvidarse tan fácilmente…sobre todo Vanesa, por cierto…¿Dónde se habrá metido?- avanzamos en dirección a la salida, aquel pasillo no parecía acabarse nunca.

-         Quien sabe….Por cierto…¿Que era la nota?

-         No te lo vas a creer… ¡Isabel me ha amenazado!

-         ¡¿Isabel?!…¡¡Pero si es un palillo!!

 

Mi amiga empezó a reirse con tanta fuerza que tuvo que soltar la mochila en el suelo de la salida.

-         Venga Helena…jejejeje…¡para ya!…Quiero irme de aquí cuanto antes

 

Fui a bajar las escaleras de la entrada cuando Helena me retuvo

-         ¡No!- me agarró del brazo y me giro bruscamente

-         ¿Qué pasa?- pregunté asustada

-         Es que…bueno…- Helena parecía estar buscando algo con la mirada.

-         ¿Peleas matrimoniales?- preguntó una voz

 

Un grupo de chicos y chicas que estaban en la puerta empezaron a reirse

No me sorprendió ver que se trataba de Isabel…Junto a ella estaba Vanesa con el labio algo hinchado.

-         ¿Tan desesperada estás que te has liado con tu propia amiga?- preguntó de nuevo- ¿O ni siquiera ella te quiere…?Admítelo…¡das pena!

 

Todos se reían y Vanesa lo intentaba, aunque se veía claramente que el labio le dolía.

Estuve tentada en arrearle también un puñetazo a ella, pero Helena me miró demostrándome que no valía la pena.

Luis estaba cerca, hablando con su grupo de amigos y parecía no estar prestando atención a la conversación.

-         Vamos- le dije a Helena y empecé a bajar las escaleras.

-         Eso ¡vete! No queremos que nos contagies- gritó alguien desde arriba.

 

Me giré para gritarle cuatro cosas a la bocazas de Isabel pero un sonido más fuerte acalló mi réplica.

 

El ruido del un motor se hizo cada vez más audible, hasta que de pronto una impresionante moto negra y plateada hizo aparición a los pies de la escalera.

Frenó prácticamente derrapando…El motorista hizo rugir el motor un par de veces más, antes de pararlo definitivamente y con un pie, levantar el freno de la moto para asegurarla al suelo.

Inclinó un poco el torso hacia atrás, y se quitó uno de los guantes. Con las manos más libres se retiró el casco y como si de un movimiento perfectamente ensayado se tratase, agitó su cabeza para liberar su largo cabello negro…

¡Dios mio!…era Raquel…

 

Todos sus movimientos parecían hechos a cámara lenta y meticulosamente estudiados…

Dejo el casco  sobre el depósito y con un movimiento ligero se bajó de la moto.

Levantó su mirada hacía lo alto de la escalera y sonrió de una forma tan sexy y pícara que mis rodillas se convirtieron en gelatina.

 

Comenzó a subir las escaleras…peldaño a peldaño…sin prisa pero con una determinación absoluta y sin apartar su mirada de mi…

Era una pantera negra a punto de saltar sobre su presa y ¡oh Dios!…la presa era yo.

 

Raquel llevaba unos (¡increíbles!¡fantásticos!) vaqueros totalmente ajustados que dejaban muy poco a la imaginación…al menos a la mía y por el silencio absoluto a mi alrededor, juraría que tampoco a la de los demás….Se quitaba poco a poco el guante de cuero que aún le quedaba en la mano derecha, pero de una forma tan jodida e increíblemente sexy que ni aunque se hubiese quitado la ropa interior en ese instante, me habría provocado tanto…

Los pliegues de la chaqueta de cuero se movían al compás del movimiento de sus brazos, sacando los dedos del guante uno por uno…como una dulce tortura….Y la cremallera de la chaqueta mostraba más de lo que necesitaba, para fantasear que no había nada bajo ella que no fuera su propia piel…La chaqueta no cubría lo suficiente el espacio entre su cadera y la baja cinturilla de los vaqueros, dejando al descubierto parte de su tatuaje…haciendo que fuera imposible dejar de mirar el hueco de su cadera, que se perdía bajo la tela vaquera…

Tuve que agarrarme a la maldita barandilla de la escalera para no caer al ver que apenas cuatro escalones nos separaban…Y sobre todo al ver la famosa tormenta oscurecida de deseo, formándose en la mirada de Raquel…

 

Su largo pelo negro cayendo sobre su piel de porcelana…tres escalones…labios entreabiertos,  mejillas sonrosadas…dos escalones…Toda una tormenta a punto de abalanzarse sobre mi…un escalón…Un intenso aroma a cuero me inundó por unos instantes y de pronto…sentí sobre mi el calor de tres palabras susurradas a milímetros de mis labios…como un jadeo

-         Siento el retraso.

 

Y en ese instante todo desaparece a mi alrededor porque Raquel simplemente borra la escasa distancia que nos separa, me atrae hacia sí con una mano en la nuca y me invade la boca, con labios que fuerzan y empujan. Y es entonces cuando la realidad se deshace y el suelo desaparece bajo mis pies, porque una especie de ruidito, parecido a un gemido ronco escapa de mi boca sobre sus labios abiertos… y unas manos que tiemblan y se enredan en mi pelo y en mi cintura  envían sensaciones en forma de latigazos a todo mi cuerpo.

Siento que necesito agarrarme a Raquel porque las piernas me fallan y estoy a punto de caer…Oigo una especie de gritito de sorpresa de algunos de los alumnos que nos rodean…

Pero no me importa lo más mínimo…

Lo único que me importa es que todo parece ser rígido y blando al mismo tiempo y que estoy actuando sin pensar y que Raquel me empuja contra la barandilla, aplastándome, dejando caer su boca abierta en la mía y enroscándome de nuevo con aquella lengua húmeda y tibia que lo vuelve todo borroso mientras  sus labios besan, lamen y muerden, chocan y esquivan los míos…torpes y exigentes y llenos de algo que arde en mis venas y me hace actuar de forma instintiva.

 

Todo gira y carece de control…Y cierro los ojos perdiéndome en la textura de sus labios y su lengua, sintiendo que de un momento a otro el pecho me va a estallar…Todo arde, se condensa y explota…y cuando la falta de aire se hace terriblemente necesaria, puedo sentir como el perfecto cuerpo de Raquel deja de ejercer presión sobre mí y nuestros labios se separan  de ese beso caliente y flexible, que estalla  con un sonido elástico cuando se rompe y me deja unas cosquillas suaves en los labios y las piernas.

 

Nos recuperamos en silencio, frente contra frente. Mi respiración agitada, mueven su flequillo demasiado largo y mi estómago da volteretas cuando Raquel me mira con ojos oscuros y turbios en los que se está librando una batalla que no habla de vencedores y vencidos, sino de furia, pasión y victoria.

 

No soy capaz de decir nada cuando finalmente se separa de mi con una sonrisa triunfal…Sólo escucho mi pulso presionando en mis oídos…Hay un silencio absoluto a nuestro alrededor…pero a ella no parece importarle.

-         ¿Nos vamos?- pregunta con la voz mas ronca de lo habitual

 

Tan sólo soy capaz de asentir levemente con la cabeza.

Me agacho a recoger la mochila que se me había caido…Ni siquiera soy capaz de crear una pregunta gramaticalmente correcta para  preguntarle a Raquel algo tan simple como ¿Por qué?

Me giro hacia Helena que me mira con una sonrisa divertida…no parece sorprendida lo más mínimo.

-         Yo…ehhh…te veo mañana

 

Ella simplemente me guiña un ojo.

No puedo evitarlo y lanzo una mirada furtiva al grupito de Vanesa y me sorprendo enormemente: Están todos estáticos…Con la boca abierta…Incrédulos…Ninguno es capaz de hacer el más mínimo comentario…Están sorprendidos, impresionados…

Tendría que hacerles una foto para enmarcarla…definitivamente es un momento único.

 

Y algo dentro de mi crece…algo que suena parecido al orgullo, pero revestido de una sensación vencedora…

No se por qué, pero siento que he ganado, que se han tragado sus palabras…que tengo algo que ellos nunca tendrán…

Arropada por ese calor momentáneo me dirijo a Isabel con voz segura:

-         No se como pretendes aprobar el bachiller de letras…si ni siquiera sabes que lesbiana se escribe con “b”…Hasta el Lunes.

 

Y les doy la espalda, sintiéndome el centro del universo, notando mis pies flotar y que, por una vez en mi vida, estoy en lo correcto y nadie puede estropear el momento…Sobre todo si Raquel me espera ya en la moto, tendiéndome el casco y sonriendo como nunca lo había hecho.

- Agárrate fuerte- susurra girando levemente su cara hacia mi.

 

Enredo mis brazos en su cintura y me aprieto contra ella….El ruido del motor me indica que nos ponemos en marcha y pronto siento la velocidad del viento recorriendo mi cuerpo…Esto es un extraño sueño, pero no quiero despertar…Al menos no hasta que llegue a casa y tenga que enfrentarme a la cruda realidad…

…Porque a pesar de todo, Raquel, me debe una explicación.

 

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Capitulo 8: Mi secreto al descubierto

Diciembre 30, 2006 · Dejar un comentario

A penas escuché el sonido de la puerta al cerrarse, salté como un resorte del suelo, aprovechando que Raquel se había incorporado al escuchar a Vanesa.

 

Con manos nerviosas y sin saber muy bien lo que estaba haciendo, luchaba por mantener las sabanas alrededor de mi cuerpo mientras buscaba mi ropa por el suelo.

En mi frenética búsqueda, me topé con la camiseta negra de Raquel, que se había quitado hacia unos instantes y sin saber muy bien porqué, se la lancé cerca de donde estaba como indicándole de manera silenciosa que por favor, se vistiese.

 

Raquel apenas se movió…Seguía prácticamente en el mismo sitio, arrodillada y mirándome con sus profundos ojos algo nerviosos.

Durante una fracción de segundo me pareció que intentó hablar, pero en mi carrera apenas le presté atención.

 

-         ¡Aquí estás!- encontré la camisa que Luis me había dejado y sin pensar siquiera que mi verdadera camiseta debía estar por ahí, me la puse, abrochándome los botones con dedos temblorosos.

-         Bea…- Raquel parecía haber despertado de su trance y se levantaba hacia mi.

-         ¿Dónde están mis pantalones?- me movía nerviosa, mirando en todas direcciones

-         Bea…tranquila…no- Raquel me agarró del codo intentando calmarme, pero apenas me había rozado, me solté de su agarre.

-         ¡No me digas que me calme!- prácticamente le grité. Raquel pareció sorprenderse- ¿Cómo voy a calmarme? ¡Ella lo ha visto! Y…y…¡Es ella! ¡Joder! ¿Dónde están mis pantalones?

-         Detrás del biombo- dijo Raquel en un susurro sin apartar su mirada de mi.

 

Corrí prácticamente hacia allí y salí poniéndome los pantalones a trompicones.

Casi pierdo el equilibrio intentando andar y ponerme los zapatos al mismo tiempo.

-         Vanesa va a abrir su enorme bocaza y se lo contará a todos…y…

-         Bea, de verdad, cálmate. No pasa nada.

 

Miré furiosa a Raquel ¿Por qué no lo entendía?

 

-         ¡¿Qué no pasa nada?! ¡Esa será tu versión porque para cuando el rumor se extienda, la versión será muy diferente!- intenté apartar a Raquel de mi camino, pero ella me retuvo.

-         ¿Por qué te preocupa tanto?…¡No ha pasado nada!

 

Por unos instantes las dos callamos. Raquel me miraba aún algo nerviosa y yo, sin saber exactamente por qué, me sentí algo dolida.

-         Claro- recalqué- Nada ….pero eso no es  lo que la gente va a escuchar….Probablemente Vanesa le cuente a todo el mundo que follábamos como locas…

 

Jamás sabré como pude decir aquello con tanta frialdad, sobre todo al ver la cara de Raquel….No sabía definir si estaba sorprendida o dolida.

 

-         ¿Y eso te molesta?

 

Su voz, sonó más sombría que nunca.

-         ¿No lo entiendes Raquel? ¡Si ella dice algo, todo el mundo la creerá y entonces todos sabrán que yo…!- me di cuenta justo a tiempo para tragarme mis propias palabras.

-         ¿Qué tu qué…Bea?- Raquel habló despacio, clavando su mirada en la mía, esperando paciente una respuesta. De hecho, ese era le momento perfecto para aclarar definitivamente todo lo que envolvía nuestra extraña relación, pero de nuevo el miedo y los nervios hablaron por mi.

-         Tengo que encontrar a Vanesa

 

Raquel pareció resignarse y se apartó dejándome pasar, sin embargo cuando ya estaba saliendo del gimnasio, la escuché gritarme desde el interior:

-         ¡No tienes que darles explicaciones a nadie!

 

A pesar de ello, aceleré el paso en dirección al comedor… Si hubiese vuelto al gimnasio, habría visto como Raquel se dejaba caer abatida sobre la pared.

 

Corría deprisa por los pasillos del instituto y para cuando me di cuenta de que no sabía exactamente que es lo que iba a hacer, ya había abierto con fuerza la puerta del comedor.

Todo el mundo se giró para mirarme….Tardé unos segundos en darme cuenta de que se debía al gran estruendo que había organizado al abrir la puerta con tanta fuerza.

 

Paseé nerviosa la mirada por el comedor…Nadie parecía seguir prestándome atención. Todos estaban concentrados en su comida y en sus propias conversaciones…¿Sería posible que Vanesa no hubiese dicho nada aún?

La busqué con la mirada y la encontré sentada en una de las largas mesas centrales, rodeada de su habitual banda de seguidores y sus amigos…

¡Me ignoraba completamente!

No sabía por qué, pero eso hacía que me pusiera aún más nerviosa.

 

-         ¡Bea!…¡Aquí!

 

Vi que mi amiga me hacía señas, no muy lejos de donde Vanesa estaba sentada ya que ella y Luis se habían sentado en la misma mesa que ella, alejados por un par de asientos.

La llamada fue lo suficientemente audible para que toda la mesa se enterara, pero Vanesa ni siquiera levantó la mirada…seguía enfrascada en una conversación con uno de los amigos de Luis.

 

Me acerqué algo temerosa, sin apartar la mirada de Vanesa…¿Sería posible que no fuera a decir nada?

 

Me senté en una silla libre al lado de Helena, no muy convencida aún de si debía relajarme….con Vanesa nunca se sabía.

 

-         ¿Qué ha pasado?

-         ¿Qué?

 

 

Cuando despegué los ojos de Vanesa me percaté de que Helena y Luís me miraban esperando una respuesta.

-         ¿Perdona qué me has dicho?

-         ¿Qué ha pasado al final?

-         ¿Al final?- pregunté dedicándole fugaces miradas a Vanesa que seguía ignorándome por completo.

-         Con Raquel…¿Qué quería?…Bea ¿Qué te pasa? Estás un poco despistada…

-         No es solo que…¿Vanesa no ha dicho nada?

-         ¡¿Vanesa?!…definitivamente a ti te pasa algo- sentenció mi amiga.

-         No es solo que…nada olvídalo…

 

Helena levantó una ceja en señal de incredulidad

-         En serio…Raquel sólo quería hablar de algo de las fotos- le hice señas con la mirada hacía Luís, aprovechando que estaba entretenido enrollando los espaguetis en el tenedor.- Luego te cuento- Le indiqué tan solo moviendo los labios.

 

Intenté relajarme y comer algo, pero apenas tenía hambre…Tenía un extraño nudo en el estomago que no quería irse de alli…Sabía que había algo que no cuadraba…¿Por qué Vanesa no decía nada?

Tenía la oportunidad perfecta para dejarme en ridículo delante de toda la clase y…¿No iba a hacerlo?

Empecé a darle vueltas al tema mientras revolvía los espaguetis de mi plato…

A lo mejor, Vanesa, no había llegado a ver nada….quizás Raquel se levantó lo suficientemente rápido como para que no llegase a ver nada…O quizás Vanesa en el fondo no era tan retorcida y a pesar de lo evidente de la situación no había sacado conclusiones precipitadas….

¡Pero que tonterías estoy diciendo!

¡Hasta un niño de cuatro años se habría dado cuenta que estábamos a punto de besarnos!

 

De pronto la preocupación de que Vanesa fuera a delatar mi homosexualidad y mi posible romance con Raquel a todo el instituto se borró de mi mente de un plumazo…había algo que me preocupaba más….¡¿De verdad había estado a punto de besar a Raquel?!

 

De pronto los colores se me subieron a la cara al recordar nuestra escena y casi se me corta la respiración al recordar la sensación al tenerla sobre mi…¿Qué iba a hacer cuando la viese? Ahora que lo pensaba en frío….¡había sido una absoluta locura!¿Cómo me había atrevido a tocarla como lo hice?

Empecé a ponerme nerviosa de verdad y de pronto los dos primeros botones de la camisa empezaban a sobrar.

-         ¿Te ha gustado eh?

 

Miré sorprendida a Luis…¿Cómo sabía lo que estaba pensando?

-         La camisa- agregó al ver mi cara de desconcierto- aún la llevas puesta

-         ¿La camisa?- de pronto reparé en que llevaba una camisa enorme en vez de mi habitual camiseta- ¡Oh! Perdona es que con las prisas…al salir…ahora mismo te la devuelvo…

 

Por un momento creí que iba a quitarme la camisa allí mismo, pero de pronto recordé que no llevaba nada debajo. Luis pareció leer mi mente.

 

-         No te preocupes, ya me la devolverás- me dedicó una de sus enormes sonrisas- definitivamente te queda mejor a ti.

-         Tengo muchas ganas de ver como han quedado nuestras fotos- Helena sonreía mirando mis rizos, de pronto pareció darse cuenta de algo- …Oye ¿Te has soltado el pelo?

-         ¿Qué?- con las prisas había olvidado recogerme le pelo después de las fotos. Ni siquiera lo había notado.

-         Deberías dejarte el pelo suelto más a menudo te queda muy bien- añadió Luis-  Te lo tendrías que haber soltado para las fotos.

-         No te preocupes Bea, Raquel es muy buena en lo que hace ¿verdad?

 

Aquella voz se coló como una aguja en mi cabeza…y es que por desgracia, Vanesa parecía haber decidido, finalmente, prestarme atención.

-         Cualquiera saldría genial en sus fotos…no tienes más que mirar su catalogo.

 

Sabía por el tono mordaz de su voz que nada bueno se traía, pero no sabía si se debía solo al comentario que acababa de hacer o estaba dispuesta a llegar más lejos.

Vanesa abrió de par en par el catálogo de fotografías que Raquel nos había dejado como muestra y toda la mesa se volvió hacia ella para prestarle atención.

 

-         No se puede negar que es buena…Mirad ésta.

 

Vanesa señalaba una foto tomada en un día de tormenta, en la que se veía los rayos saliendo de una enorme nube gris sobre un edificio derruido.

-         Parece ser capaz de captar lo mágico del momento- comentó una chica sentada frente a Vanesa.

-         O quizás es que sabe estar en el lugar indicado en el momento indicado…- Vanesa dejo caer la frase como una sentencia mientras me miraba de reojo. Mi amiga pareció captar mi tensión pero no dijo nada.

-         Claro- continuó Vanesa- que su especialidad son los retratos…uffff…tiene un montón de ellos.

 

Vanesa se saltó algunas páginas del catálogo hasta llegar a la parte de retratos. Miles de fotografías en blanco y negro lo rellenaban. Algunas más grandes a color.

-         Hay un montón de chicas en este álbum- dejó caer Vanesa como si nada.

-         Y la mitad casi sin ropa- dijo divertido Luis- déjame ver.

-         Son desnudos artísticos- comentó Helena claramente dirigido a Vanesa- aunque hay gente que no sepa apreciarlo.

-         Un desnudo es un desnudo…-comento Luis- aunque puede hacerse más “estético” en una foto.

-         Lo que me inquieta es…¿Por qué apenas hay chicos desnudos? Casi todos son chicas- continuo Vanesa.

-         Son más bonitas- comentó Luis.

-         Les gusta más que las fotografíen- añadió otro- se pasan el día pendiente de su aspecto.

-         Bueno, eso esta claro- continuo- pero…Siendo Raquel como es ¿No fue capaz de convencer a ningún chico para que posara desnudo?

-         Si me lo hubiera pedido a mi no habría dudado ni un segundo –comento uno de los amigos de Luis a lo que todos le corearon.

-         No dudo que a cualquiera de vosotros se os habrían caído los calzoncillos con solo una mirada de Raquel…por eso no entiendo ¿Por qué no hay apenas chicos? Si ya se habrá tirado a media facultad…alguno que haya pasado por su cama no le habría importado posar para ella.

 

Apreté los puño con rabia…las ganas de partirle la cara a Vanesa aumentaban por momentos.

-         ¡Que exagerada!- comentó una chica- no creo que…

-         ¿El qué?-la corto Vanesa- ¿Qué se ha tirado a media facultad?…Tienes razón, quizás sólo a las chicas.

-         ¡¿Qué?!- gritó la mitad de la mesa.

-         Estás diciendo que es….

-         ¿Lesbiana?- preguntó Vanesa con ironía- Podría serlo perfectamente…mira estas fotos.

 

Vanesa abrió por una de las paginas…¡Joder! ¡Parecía saberse el catálogo de memoria!

En una foto de tamaño folio podía verse una cama con las sabanas revueltas, en lo que parecía ser la habitación de un hotel….y allí en medio del lío de sábanas, una chica, que podría apreciarse desnuda de torso para arriba, boca abajo sobre la cama.

El juego de sombras de la fotografía la hacían parecer hecha a altas horas de la madrugada…incluso parecía poder apreciase el suave respirar de la durmiente desconocida.

La fotografía se titulaba: “El reencuentro”

 

-         ¿Crees que se la tiró?- preguntó uno de los chicos.

 

Empezaron a agruparse entorno a la fotografía sacando sus propias deducciones.

-         ¿Lesbiana?…A lo mejor solo estaba borracha y quiso inmortalizar aquella experiencia.

-         No…esta claro que se la tiró…¿No ves la ropa por el suelo?

-         ¿Cómo va a ser lesbiana?¿No vino su novio a verla antes?

-         ¿En serio?…¿No era su hermano?

-         No puede ser lesbiana…¡que horror!

-         ¿Y si fuera bisexual?

-         Pues a mi no me importaría verla en acción

-         ¡Los tíos siempre pensando en lo mismo!

 

Finalmente Luis cogió el álbum y mirando fijamente la foto dijo:

-         No puede ser lesbiana.

-         ¿Por qué?- pregunté yo…aunque automáticamente me arrepentí al ver la mirada interesada de Vanesa.

-         Porque no tiene pinta de lesbiana.

 

Tuve que parpadear un par de veces para analizar aquello…

-         ¿Y que pinta se supone que tiene una lesbiana?- preguntó mi amiga cruzándose de brazos…de hecho, yo también estuve a punto de preguntarlo.

-         Pues ya sabes…pelo corto, camisas grandes, botas…con aire más….masculino.

 

En ese momento no supe si reír o llorar….¿Podía haber dicho algo más estereotipado que aquello?…Al menos en mi caso, sólo había acertado con lo de la camisa grande.

Al final solté una risita amargada.

-         De todas formas no es una mala técnica de ligue…en plan…”Oye ¿Te gustaría hacerte unas fotos? Eres muy guapa”…y al final una cosa lleva a la otra.

 

Sin saberlo, Luis acababa de describir en parte lo que había pasado hace unos minutos.

-         O sea…que las seduce primero, se las tira y luego inmortaliza el momento…que guarrilla.

 

Tuve que clavarme las uñas en las palmas de las manos para no gritarle directamente a Vanesa a la cara por ese último comentario. Intenté sonar lo más calmada posible:

-         No hables de lo que no sabes

 

Vanesa me miró sin perder la sonrisa.

-         ¿Y tú si lo sabes?- su mirada parecía decir: “lo sabes demasiado bien”- aunque claro… A lo mejor es al revés ¿no?

 

La miré sorprendida, sin saber muy bien a que se refería.

-         A lo mejor la bollera no es ella…a lo mejor lo eran esas chicas a las que fotografió tan ligeritas de ropa….

-         Venga ya Vanesa…¡ahora va a resultar que estamos rodeadas de bolleras!- comentó alguien divertido.

-         Bueno…incluso yo tengo que admitir que Raquel es muy “llamativa”, para ser una chica. No me extrañaría que esas chicas pudieran querer que ella las colocara en esas posiciones tan provocativas, que les apartara el pelo de la cara, que las tocara…

 

Vanesa hablaba con una maldad oculta entre susurros, sabiendo que esta conversación era solo para nosotras dos, que era un juego compartido para hacer que yo picara.

-         No me sorprendería que todas esas pobres bolleras desearan sentirse admiradas por una vez en su vida, que quisieran que un sueño para ellas como Raquel las hiciera sentir bonitas y deseadas…seguro que después las muy guarras se corrían pensando en eso.

 

Y lo había logrado.

Piqué como una idiota.

 

Golpeé la mesa con ambas manos y me levanté tirando la silla en el proceso. La sangre me quemaba en las venas.

-         ¡Sólo abres la boca para escupir veneno! ¡Tienes podrido el cerebro Vanesa! ¡No tienes ni puta idea de lo que hablas y sobre todo no tienes ningún derecho a hablar así de nadie!

 

Estaba a punto de marcharme, pero Vanesa contraatacó haciendo que me girara de nuevo.

-         Que pasa Bea…¿He dicho algo que te molestara?¿La verdad duele?¿O es que por mi culpa al final no te la pudiste tirar?

 

 

 

Se la había ganado…

No supe exactamente cómo pasó, todo fue muy rápido, pero la furia acumulada reventó y lo siguiente que ví fue a Vanesa tirada en el suelo, agarrándose la cara en el lugar en que la había golpeado.

-         ¡No eres más que una estúpida bollera!- gritó desde el suelo.

-         A ver si aprendes a hablar con propiedad rubia de bote…¡Soy LES-BI-A-NA y no es un insulto…es una realidad!

 

Un silencio absoluto se hizo en el comedor. Podía notar perfectamente mi pulso presionando en mi sien y mis manos engarrotadas y doloridas.

Vanesa se puso en pie y se encaró conmigo.

-         ¿Qué pasa? ¿Qué cómo los chicos no te echaban cuenta decidiste probar suerte en la otra acera?

-         Mi vida privada es algo que ni a ti…¡Ni a nadie- dije levantando la mirada y observando el mar de caras sorprendidas que nos miraba- le importa!

-         Lo que te jode de verdad es que nunca podrás tener a alguien tan bueno como Raquel…nunca podrás tener a nadie porque no vales nada….- siseo Vanesa cerca de mi cara con el labio un poco hinchado por el golpe.

-         Tú si que no vales nada…

 

La conversación o lo que fuese aquello había terminado….Ya podía Vanesa gritarme lo que quisiera que yo sólo quería salir de allí.

Helena me miraba a punto de llorar y Luis no despegaba su mirada del suelo, evitando cruzarse con la mía.

Deseaba caerme de la cama y descubrir que aquello no había sido más que una estúpida pesadilla…Pero a medida que corría por los pasillos y las lágrimas empezaban a nublar mis ojos me di cuenta de que aquello era peor que una pesadilla.

Era real.

Había gritado delante de todo el instituto que era lesbiana y no contenta con eso, todo había sido por las provocaciones de Vanesa…¡Que idiota había sido!¿Cómo no me había dado cuenta de lo que pretendía?

 

Empujé la puerta del cuarto de baño y me encerré en uno de los aseos, eché el pestillo  y me derrumbé en el suelo llorando.

 

Estaba dolida…por todas las cosas que Vanesa había dicho, aunque no porque las hubiese dicho ella, sino porque sabía que había mucha gente que pensaba como ella…Que despreciaba a los homosexuales.

Siempre había tenido miedo de saber que pensaban mis compañeros…Me escudaba en la excusa de que mi vida privada no le interesaba a nadie, pero lo que en verdad ocurría era que tenía miedo.

Miedo de su reacción.

No todo el mundo era como Helena y si el instituto ya es bastante duro por si solo, tener que aguantar cometarios y burlas de tus compañeros lo convierte en un infierno.

 

Durante un buen rato permanecí escuchando mis sollozos en mitad de las fríos azulejos de aquel baño.Me sentí completamente abatida…ahora no había vuelta atrás.

 

-         Bea…¿Estás ahí?

 

 

Dejé de llorar al escuchar una voz tras la puerta.

Era Helena.

-         Claro que estás ahí…anda ábreme la puerta…

 

Permanecí unos instantes pensando si realmente quería hablar con alguien.

-         Venga Bea…¿No me iras a decir que no me abres porque se te ha corrido el rimmel?

 

Sonreí con su chiste y me levanté. Me sequé un poco las lágrimas y abrí la puerta.

-         Oh…¡mi niña!

 

Helena me arropó en sus brazos y me permití el lujo de no pensar en nada durante unos instantes, tan solo escuchaba a Helena susurrarme palabras de aliento mientras besaba mi pelo.

-         Vanesa es gilipollas, definitivamente a demostrado que sólo tiene serrín en la cabeza.

 

Volví a sonreir tristemente envuelta en sus brazos y finalmente me separé para mirar sus grandes ojos azules.

-         Lamento mucho lo que ha pasado Bea…de verdad. Lo que no entiendo es como ella…bueno como ha sabido…

-         ¿Qué era lesbiana?- mi amiga asintió levemente.- Nos pilló a Raquel y a mi en una posición algo comprometida…

 

La cara de Helena era pura sorpresa…se merecía una explicación.

Le conté todo lo que había pasado desde que ella y Luis se marcharon del gimnasio hasta que Vanesa apareció.

-         Y como comprenderás…era la situación perfecta para que Vanesa aprovechara y me dejara en ridículo delante de todo el mundo.

-         Si alguien ha hecho el ridículo es ella…

-         No digas tonterías Helena…

-         ¡No son tonterias!..ella es la que se ha comportado como una niña chica y una homófoba. ¡Tu has defendido tu orgullo y el de todas las lesbianas del mundo!

-         No te pases Helena…

-         ¿Qué no? Y si me permites decírtelo…muy bien defendido.¡Menudo puñetazo que le has dado a la barbie esa!

 

Tuve que reirme con aquello.

-         A demás…después de que te fueras ha habido todo tipo de comentarios- cerré los ojos esperando no tener que pasar por eso- ¡No, no es lo que crees! Mucha gente se ha sorprendido y no de que seas lesbiana precisamente.

-         ¿Cómo?

-         A mucha gente le ha sorprendido que tengas tanto carácter y que hayas sido tan valiente…La mayoría de la gente pensaba que eras demasiado tímida como para hacer lo que has hecho hoy…Has demostrado que tienes tu orgullo y que defiendes tus ideas. A nadie le gusta que lo insulten, pequeña…

-         Entonces…¿Cómo se lo han tomado?

-         Pues no lo se…ha sido demasiado rápido.¡Menuda forma de salir del armario!

-         No te rías Helena…

-         No, en serio…mucha gente ha comentado que les has impresionado, aunque…bueno

-         También habrá gente que no volverá a mirarme a la cara- comenté tristemente.

-         Bea…ya lo has hecho…Vale que no ha sido de la mejor forma y que quizás preferirías que no lo supiese todo el instituto…¡Pero ya no tienes que esconderte!…¡Joder! Si hasta Pedro ha comentado que eso era echarle huevos…bueno, en tu caso, ovarios.

 

Sonreí mirando por la ventana del baño… Viniendo de Pedro, que era el chico mas lanzado de la clase, se podía decir que era una especie de cumplido.

Helena tenía razón…ahora no podía esconderme. Seguiría adelante y no miraría atrás…No iba a quedarme encerrada en el baño toda la vida. Aunque tuviese que soportar las crudas burlas de algunas personas…Ya iba siendo hora de plantarle cara al mundo.

-         No me digas que encima le debo un favor a Vanesa- le pregunté en broma.

-         Sólo espero que no venga pidiéndote que le pagues la cirugía estética para la cara- mi amiga se partía de la risa.

-         ¿Tan fuerte le di?- pregunté asustada

-         Justo lo que se merecía.

 

Me lavé la cara aunque mis ojos aún seguían algo rojos.

-         Lo que me preocupa…es Raquel- le dije- En verdad me alegro que no haya presenciado esto…Aunque me temo que tarde o temprano tendré que darle una explicación de lo que paso…o bueno, de lo que casi pasó. No se, ahora lo pienso y me doy cuenta de que hice una locura, pero…pero, hubiese jurado que ella también quería…

-         ¿Besarte?

 

No le respondí, tan solo cerré los ojos intentando evitar el fuerte dolor de cabeza que empezaba a inundarme.

-         Oye, porque no te esperas aquí y voy a buscarte una de mis camisetas…Te cambias y nos vamos a clase ok?

-         ¡Oh mierda!…La clase…No tengo ninguna ganas de ir.

-         Créeme que si pudiera me escaparía contigo…Pero sabes lo que pasara si faltamos a esta clase.

 

Recordé como la profesora de literatura, había repetido millones de veces que sólo nos permitía perder las horas de por la mañana, si recuperábamos las horas perdidas esa tarde y que si alguien faltaba, ella misma se encargaría de que nos expulsaran durante un día. Y lo que me faltaba para completar el día de hoy era una expulsión…

-         Si no te importa te esperaré aquí…necesito convencerme a mi misma.

 

Mi amiga me dedicó una de sus cálidas sonrisas y salió del baño.

Helena esperó a girar la esquina para sacar su teléfono móvil y marcar un numero que hacia apenas una media hora había apuntado de una forma frenética.

El tono sonó y una voz  respondió al otro lado, parecía preocupada. Helena le pidió calma:

-         Tranquila…acabo de hablar con ella…si…estaba llorando, pero ya está mejor…

 

Palabras más tranquilas se escuchaban al otro lado de la línea

-         Esto va a ser muy complicado para ella…¿Lo sabes no?…-Helena se apoyó en la pared que había tras su espalda, se sentía algo cansada -….no, ella no tiene ni idea de que lo has visto todo…¿Crees de verdad que es una buena idea seguir adelante con el plan?….- se mordió las uñas nerviosa-…Si yo también he escuchado lo que han dicho, se que va a darles lo que se merecen  pero….No quiero que le hagan daño…No quiero que tú le hagas daño…

 

No muy lejos de allí una figura se ponía en pie tras atarse las botas. Contemplando su reflejo en un espejo acercó aún mas el teléfono a su boca y con voz profunda sentenciaba:

-         Jamás le haría daño a Bea…ella… es muy importante para mi…- su voz tembló ligeramente- Confía en mi, todo saldrá perfecto…¿A que hora termináis las clases hoy?

-         Dentro de una hora y media…No falles

-         Allí estaré…créeme… deberías hacer una foto, porque la cara que se les va a quedar…no tendrá precio.

-         Eso espero Raquel…eso espero…

Categorías: cap.8

La tormenta que trajo la calma VII: El malentendido

Noviembre 18, 2006 · 5 comentarios

Martes: Comienza el infierno

Si alguien me hubiese dicho lo que iba a pasar ese día, probablemente me hubiese escondido debajo de la cama o en cualquier otro rincón del planeta para que no me encontraran…Sin embargo, ya no había vuelta atrás…

 

Por fin era el gran día. Cuando llegué a las 9 al instituto, vi que la mayoría de la gente había llegado ese día antes. Todos parecían muy nerviosos y algunas chicas ya venían maquilladas.

Había una furgoneta en la puerta del instituto de la que estaban sacando un montón de material, cosas como focos y algunas escaleras.

Dentro me encontré a Helena que venía más guapa de lo que ya lo era habitualmente: llevaba el pelo completamente alisado y algunas pequeñas trencitas en un lado de su cabello. Maquillada de forma muy discreta con una sombra de ojos celeste y una camisa a juego con sus ojos…un verdadero ángel.

Yo no tenía muy claro que hacer con mi aspecto…al menos me había tomado la molestia de ponerme ropa interior decente (y bonita)…Me daba miedo solo de pensar que tenía planeado Raquel. Me recogí el pelo en una larga trenza, con la esperanza de que los rizos quedaran un poco disimulados.

- ¡QUE GUAPA ESTÁS!- Helena me enterró en uno de sus fuertes abrazos…¿Qué haría yo sin el apoyo de esta chica?

- Tu si que estas guapa…¡estas preciosa!

- ¿De verdad?- Helena se repaso un poco la ropa- No estaba muy segura de que ponerme, pero finalmente anoche se me ocurrió una idea.

 

Al parecer, iba a hacerse unas fotos sólo con la camisa y con una piruleta, en plan niña buena.

- ¿Y tu?¿Te has decidido al final?

 

Me encogí de hombros. Después de toda una tarde libre, no había sido capaz de pensar en nada.

- ¿Por qué no te haces las fotos conmigo?

- ¡¿Qué?!- estaba loca si pensaba que me iba a hacer una foto SOLO con una camisa. Una cosa era enseñar un poco la ropa interior y otra muy distinta era hacer que mis pantalones desaparecieran.

- Vamos…¿que mejor que hacernos las fotos juntas?- de nuevo la cara de cachorrito desvalido…

- Vaaaale esta bien- Helena empezó a dar saltitos a mi alrededor, haciendo que sus trencitas botaran…¿Quién mejor que ella para relajar el ambiente en las fotos?

 

Se suponía que ese día estaríamos alli toda la mañana, comeríamos en el instituto y por la tarde terminaríamos las fotos que quedaran. El único problema era que la profesora de literatura se había empeñado en dar su clase, así que tendríamos que aguantarla después del almuerzo.

 

Fuimos al gimnasio, donde nos habían dicho que estaba preparado todo para las fotos. Cuando entramos, no puede evitar abrir la boca impresionada.

 

Raquel había transformado aquel lugar lleno de colchonetas, potros y polvo en un impresionante estudio de fotografía.

Un fondo blanco pendía del techo hasta tocar el suelo, había varios focos repartidos por la sala y un par de cámaras de fotos ya montadas en sus respectivos trípodes. Algunas escaleras para cambiar los fondos y varias telas de colores y sábanas en el suelo.

- ¡Guau!

- Gracias- escuché a mi espalda. Al girarme vi a Raquel, mirándome con una sonrisa. Se notaba que hoy era un día caluroso dentro de los días de lluvia que habíamos vivido, porque era la primera vez que veía a Raquel con una camiseta de tirantas, eso si, seguía enfundada en sus habituales vaqueros.

- Esto está genial, Raquel, en serio…¿De donde has sacado todas estas cosas?

- Ya te lo dije…una tiene sus contactos. Bueno…¿Has pensado algo para la foto?

- Emm…bueno, me haré las fotos con Helena, ella es la parte creativa en esto.

- Hablando del rey de roma…- vi que Raquel miraba por encima de mi hombro- ¡Hola Helena!

 

Helena apareció tras de mí y saludó a Raquel.

- Eres toda una artista, esto es como una sesión de fotos del “ELLE”-le dijo

- No, esto es mejor, créeme…Ya quisieran ellos tenerme a mi como fotógrafa.

 

Nuestras risas se vieron cortadas por la voz de alguien que desconocía completamente.

- ¡Ah! Estas aquí

 

Un chico castaño, muy alto y con unos bonitos ojos azules se acercó a nosotras.

- Pensé que no te vería antes de marcharme…

 

No fue la familiaridad con la que trataba a Raquel, sino la forma en la que la agarró por la cintura y besó su mejilla, lo que me sacó de mis casillas

- ¿Lo tienes todo?

- Que si…tranquilo, no soy tan desastre como piensas- luego se volvió hacia nosotras- chicas, este es mi camello fotográfico. Gracias a él tenemos este pedazo de escenario de lujo. Os presento a Raúl.

 

Helena le saludó con mucho más entusiasmo que yo.

- Vaya si llego a saber que las chicas de este instituto son tan guapas, hubiese repetido más cursos.

 

Helena sonrió vergonzosa frente al cometario y Raquel le propinó un puñetazo en el hombro….¿Que se había creído este tío?¿Que rollo se traía con Raquel?….¡¿No sería su novio?!Una extraña punzada de dolor me sacudió el estómago.

- Perdón, perdón- se disculpó Raúl- no recordaba que me está prohibido ligar en tu presencia

 

Mi cara debió ensombrecerse de golpe, porque el chico me miró unos instantes y añadió:

-¿Tu debes ser Bea, verdad?

Raquel volvió a darle un nuevo golpe y esta vez le hizo un gesto con la mirada indicándole que se callara.

- ¡Guau! ¿Y esa quien es?

 

Todos miramos en la dirección que la mirada (o el charco de babas) de Raúl indicaba. A pocos metros de nosotros pudimos ver a Vanesa con una minúscula falda, botas de aguja y una caperuza roja, rodeada de los chicos de la clase…¿Se suponía que iba de caperucita roja?

- Esa- dijo Helena- es una que quiere hacer creer a todo el mundo que va por la vida viviendo una peli disney cuando en realidad, vive en una porno.

 

 

 

Raquel y el chico no pudieron evitar estallar en carcajadas…Yo estaba demasiado preocupada como para encontrarle siquiera la gracia a ese chiste….¿Y si de verdad era su novio? No se de que me sorprendía, estábamos hablando de Raquel. Yo no debía ser la única persona que se hubiese fijado en ella….Me sentí mal por ser tan ilusa.

 

- Bueno me voy, nos vemos luego- le dio otro beso a Raquel- Chicas, ha sido un placer conoceros.

 

El nudo en el estomago empezaba a hacerme daño.

 

La mañana transcurrió lenta. Primero pasaron los grupos más grandes, uno de 5 personas que recreaban una escena de clase, sólo que los chicos iban sin camisa y las chicas llevaban minifalda y corbata.

Después un par de grupos de tres personas y algunas fotos sueltas…Apenas me di cuenta de lo que pasaba, porque acabe encerrada en el baño intentando pensar sin que nadie me molestara.

¿Por qué me había sentado tan mal lo de Raúl?…Ni siquiera sabía si era su novio de verdad ¿no?…Aunque todo apuntaba a ello.

Enterré mi cara en mis manos…tenía que sacarme aquella idea de la cabeza o no podría pensar en otra cosa.

- Estas aquí- levante la cabeza con los ojos algo enrojecidos y vi que Helena estaba arrodillada frente a mi- ¿Qué haces aquí escondida?

 

Me hubiese gustado darle una buena excusa, pero lo único que salió de mi boca fue:

- Tiene novio

 

Después de eso, Helena me acunó en sus brazos…Me dijo que estaba sacando conclusiones precipitadas….quizás sólo fueran amigos…Y en el caso de que realmente fuera su novio, era algo que yo no podía haber sabido.

- Nadie controla los sentimientos pequeña- me susurraba mi amiga.

 

Unos minutos más tarde, Helena me saco del baño y me arrastró al gimnasio mientras yo refunfuñaba…Se me habían quitado por completo las ganas de hacerme las fotos, pero no podía quitarle esa ilusión a Helena.

Llegamos a la puerta del gimnasio y muchos de mis compañeros estaban allí, agolpados en la puerta. Algunos acababan de hacerse las fotos y lo comentaban con los demás. De pronto Luis se me acercó. Llevaba la camisa desabrochada y una corbata con el nudo flojo, el cabello completamente revuelto y los ojos más brillantes que nunca…parecía que se lo había pasado muy bien con las fotos (eso, o se acababa de dar un revolcón en el gimnasio….¬¬U)

- ¡Hola Bea!- me saludó con un efusividad inusual.

- Emmm…hola Luis- le sonreí, después saludó a Helena con la misma efusividad.

- ¡Esto es genial! Nunca pensé que hacerse fotos pudiera ser tan divertido…y bueno, Raquel…Raquel es genial!!

 

Una extraña sonrisa amarga fue lo único que me salió en esos instantes…Al parecer el club de fans de Raquel aumentaba por momentos.

- En serio, es increíble. Se nota que sabe lo que hace…

- Claro y supongo que ahora me dirás que sólo te gusta por lo bien que hace las fotos ¿no?

 

Mi pregunta cogió por sorpresa a Helena y en parte a Luis, pero finalmente me miró divertido y me dijo:

- Tengo que admitir que no esta nada mal, nada, nada mal…De hecho, los chicos y yo lo hemos estado comentando…no estamos ciegos. Además tiene una personalidad muy fuerte, llama mucho la atención …y eso siempre es un reto atractivo….

 

Por un momento puse los ojos en blanco….¡Genial! Dos tetas y algo de carácter y ya se habían vuelto locos por ella…¿Pero si ni siquiera la conocen?

- Supongo que la persona que esté con ella debe ser alguien muy especial….Raquel no parece de las que se deja impresionar por cualquiera.

 

De pronto recordé la escena de Raúl agarrando a Raquel por la cintura y volví a sentir el famosos nudo en el estomago.

- ¿Muchas conclusiones para sólo 15 minutos de sesión fotográfica no?- le dije. Luis me sonrió de nuevo divertido y con una mirada pícara añadió:

- Bueno…de todas formas, a mi me gustan mas las chicas de mi edad- el verde de sus ojos se hizo más profundo por unos instantes…espera ¿No estaría intentando ligar conmigo, no?…..¡Lo llevas claro chaval!

 

Sin darme cuenta me reí de mi propio comentario mental y Luis sonrió mas abiertamente. Luego nos observó a Helena y a mi y nos preguntó:

- Y vosotras ¿Qué vais a hacer?

 

Helena le explicó grosso modo la idea.

- ¿Os importa que me quede?….me gustaría veros- de hecho, parecía sincero.

 

Charlamos un rato más, mientras esperábamos a que acabase el grupo que estaba dentro. Descubrí que Luis era un chico muy simpático. Durante este año no había tenido muchas oportunidades de hablar con él, pero en apenas 15 minutos entablamos entre los tres una interesante conversación…Luis no podía evitar ese aire de ligón que poseía, ¡pero es que su reputación le precedía!, sin embargo tampoco podía evitar ser divertido y espontáneo…Resultó que coincidíamos en algunos gustos como la lectura, autores favoritos y la música…¿Quién iba a decir que tendría tanto en común con un chico?

- Oye…- me dijo Helena- yo voy a entrar a ver que pasa…ya llevan mucho rato ahí y no salen

 

Sin embargo, se detuvo antes de entrar. Miró a Luis de arriba abajo y le preguntó:

- ¿Nos dejas tu camisa?

 

Yo me quedé cuadros…nunca terminaría de acostumbrarme al descaro de Helena.

- Es que Bea no tiene…ya sabes, para la foto- añadió ella.

 

A Luis no pareció incomodarle lo mas mínimo la petición de Helena ni tampoco el repaso que ésta le dio mientras se quitaba la camisa para quedarse sólo con la corbata.

- Gracias- dijo tomando la prenda de sus manos….Desde luego que si algo se, es que las miradas que duran más de 15 segundos, siempre tiene algo escondido…Y esta había durado más de lo que pude llegar a calcular.

Cuando entramos, vi como Vanesa estaba en esos momentos siendo fotografiada por una Raquel un tanto desesperada. El panorama era el siguiente:

Vanesa con su minúsculo modelito de caperucita, con una pose de preocupación sobreactuada y rodeada de varios chicos que se suponían que eran los lobos…en fin, muy de su estilo…Por la forma en la que Raquel apretaba el botón de la cámara, supe que se estaba conteniendo para no soltar uno de sus famosos comentarios.

- Bueno “caperucita” se acabó….7 carretes es mi tope- le dijo Raquel, sacando el carrete de la cámara.

- ¿Qué?- dijo Vanesa sin comprender

- ¡Qué te voy a gastar la cara de tanto hacerte fotos!- dijo recalcando las palabras- Creo que ya hemos tenido suficiente dosis de caperuzas por hoy…hay más gente esperando.

- ¿Quién?-dijo Vanesa mosqueada , porque no había podido terminar con la lista de poses que tenía preparada.- Ya es casi la hora de comer…

- Exacto y yo necesito como mínimo mi dosis de café, así que desfilando fuera del gimnasio que aún tengo que fotografiar alguien más- añadió Raquel señalándole la puerta a Vanesa.

- A si…¿Quién?

 

Raquel miró hacia la puerta y por unos instantes se sorprendió al vernos allí. Yo intenté evitar su mirada. Raquel hizo un gesto con la cabeza hacia nosotras, como señalándole que éramos las siguientes.

- Ah, claro…como no…Bea- mi nombre sonó casi como un insulto en boca de Vanesa.

 

Pasó por nuestro lado sin apenas mirarnos. Unos de los chicos que hacían de lobo, se paró para preguntarle a Luis:

- Oye tio, ¿Te vienes con nosotros?

- No paso…luego nos vemos…Quiero ver esto- Luego nos guiño un ojo a Helena y a mi y añadió- ¡Suerte!

 

Ese último comentario, también fue oído por Vanesa que abandonó la sala más enfadada aún.

- Venga chicas- nos apremió Raquel- a vuestros puestos.

 

No me di cuenta de lo nerviosa que estaba hasta que me planté en el decorado, delante de la cámara. Miré a Helena sin saber muy bien que hacer.

- ¿Ya estais listas?- nos preguntó Raquel.

 

En ese momento me di cuenta de que aún llevaba la camisa en la mano…miré a mi alrededor buscando un sitio donde cambiarme. Adivinando mis pensamientos, Raquel me dijo:

- Detrás del biombo

 

Al final, resultó que la camisa me quedaba lo suficientemente larga como para taparme…digamos lo justo. Era como llevar un camisón de manga larga.

Respiré hondo y salí de detrás del biombo…Varias miradas se dirigieron hacia mi…

- ¡Estas monísima!- Helena vino hasta mi y me llevó al centro del decorado. Raquel me miraba mordiéndose el labio inferior. Me daba la sensación de que ella pensaba algo parecido.

 

Habían colocado una caja de madera en el centro y Raquel nos hizo sentarnos sobre ella.

El dedo comenzó a disparársele solo…Yo me sentí algo cohibida al principió, pero entre los comentarios de Raquel y el apoyo de Helena, la cosa se fue relajando poco a poco.

Al final, acabamos partiéndonos de risa mientras Luis y algunos chicos de la clase nos aplaudían y nos silbaban.

Fotos con piruletas, con flores en el pelo, con Helena abrazándome por la espalda, ella sentada en la caja y yo de pie mientras enredaba sus piernas en mi cintura y nos encerraba a ambas en un estrecho abrazo, sacándole la lengua a la cámara….Por unos minutos olvidé por completo mis preocupaciones, tan sólo me centré en pasar un buen rato…¡Aprovechando mi breve periodo de pérdida de vergüenza!

 

Finalmente, Raquel pareció estar satisfecha con las fotos y apagó uno de los focos.

- Bueno, chicos, se acabó el espectáculo…es hora de irse a comer.

 

 

 

La gente empezó a salir entre comentarios y risas. Helena y yo íbamos a vestirnos, pero cuando iba a devolverle a Luis su camisa ,no hizo el más mínimo esfuerzo en volvérsela a poner.

- Déjatela puesta…-me dijo- te sienta bien. Me limité a hacerle caso, de hecho, esa camisa tan grande me gustaba.

 

Me dirigía a la salida del gimnasio con mi amiga y Luis, cuando la voz de Raquel me retuvo:

- Bea…espera. ¿Puedes quedarte un momento?

 

La miré sorprendida y luego a Helena. Se encogió de hombros y me dijo:

- Tranquila…te veo luego en el comedor.

 

Cuando la puerta se cerró, el silencio inundó la sala….No sabía porque estaba tan nerviosa. No era la primera vez que estaba a solas con Raquel…sin embargo, aquella situación hizo que me sintiera extrañamente cohibida y de nuevo toda la vergüenza que había perdido, volvió de golpe a mi…

- ¿Qué quieres?- le pregunté sin apenas mirarla

- Ven aquí…tranquila que no muerdo- me dijo sonriendo y apremiándome con la mano. Me acerqué a ella un poco.

- ¡Bea, por favor!- rodó los ojos y me agarró de la mano para acercarme a ella mucho más.- ¿Se puede saber que te pasa?

- ¿A mi?- intenté hacerme la inocente

- No, se lo decía a la otra chica que hay detrás de ti…si nos disculpas, tenemos una conversación privada- dijo con su habitual sarcasmo.- Ya en serio ¿Qué pasa? Pensé que ya estaba superada la fase de “No quiero que mis amigos conozcan mi oscuro secreto”

- De hecho, nadie sabe que nos conocíamos antes de esto…- dije en voz baja.

- Vaya… ¿A si que te avergüenzas de mi?- lo dijo en broma pero su mirada pareció triste.

- ¿Avergonzarme?… ¿De qué?¡Si los tienes a todos babeando por ti!- dije enfadada- ¡¡están como locos contigo, no paran de hablar de lo genial que eres, de lo interesante que eres, de lo buena que estas!!- estaba enfadad sin motivo. Raquel me miraba sin pestañear.

- Lamento que no puedas pensar lo mismo…-dijo la morena con tristeza.

- Un momento…¡yo no he dicho que no seas genial o una chica muy interesante! Es solo…

- ¿Eso quiere decir que no estoy buena?- preguntó Raquel haciéndose la sorprendida.

- ¿Quieres no hacer eso?- le grité enfadada- ¡Estoy hablándote en serio! Vas por ahí dejando una estela magnética a tu paso, imposible de no mirar, como si no te dieras cuenta, haciéndote la chica rebelde y complicada y al hacerlo estás llamando la atención de todos- Raquel me miró unos instantes. Parecía dolida.

- Lamento que pienses eso, pero es mi forma de ser y ya deberías saberlo. Yo no voy dando una falsa impresión- me agarró de un brazo- yo soy así…¡Y lamento mucho que por caerle bien a tus amigos este jodiendo nuestra amistad!¡¡No lo he planeado!!- me apretó el brazo con mas fuerza como para dar credibilidad a sus palabras.

- ¡No es eso!- le grite- Yo pienso igual que ellos…Raquel tu eres alguien muy especial…

- ¿Entonces qué?-noté algo de desesperación en su pregunta.

- Es que…¡¿Es que no lo entiendes?!…Tu eres tan genial y ellos están ahí, están todos como locos contigo…. ¡Los has revolucionado en un solo día! ¿Y si los prefieres a ellos?- “Y si no puedo competir con ellos” pensé…

Raquel tiró de nuevo de mi brazo, haciendo que entrara en su espacio personal. Su voz sonó profunda y sincera:

- Nunca…escúchame bien…nunca te cambiaría por nadie- Un leve escalofrío me recorrió por la espalda, pero no pude evitar que en esos momentos, a escasos centímetros de los ojos que me estaban volviendo loca, mi boca rebelde hablara por si sola:

- ¿Y que pensaría de esto Raúl?

 

Raquel pareció más sorprendida de lo que esperaba con mi pregunta, incluso se separó levemente de mi. Con una auténtica cara de interrogante me preguntó:

- ¿Raúl?..¿Qué tiene que ver mi hermano en todo esto?

 

Me había sentido estúpida en muchas ocasiones en mi vida…pero esta se llevaba el premio. Mi cara enrojeció rápidamente al percatarme de mi error…Me había puesto al descubierto y Raquel no tardó mucho en encajar las piezas al ver mi reacción.

- Espera….¿Estabas celosa?- dijo medio sonriéndose

 

Me solté de su agarre y me separé de ella definitivamente mirando el suelo del gimnasio, como si de pronto fuese lo más interesante del mundo.

- No estaba celosa- intenté decir en mi defensa, pero Raquel no paraba de reir…

- ¡Estabas celosa de mi hermano!…jajajajajajajaja

- ¡Raquel…para ya!- la empujé ligeramente para que se callara. Raquel, ahogó un poco su risa y me miró con los ojos todavía un poco llorosos

- Lamento decepcionarte, pero todavía no ha aparecido nadie capaz de aguantarme…- me miró divertida mientras yo devolvía mi vista al suelo.

- No sabía que te importara tanto bollito…- Aún sabiendo que lo decía en broma no pude evitar sentirme nerviosa-…tranquila, aún te queda una temporadita a mi lado para que puedas deleitarte…

- Vale Raquel- le dije, ante momentos de tensión, mejor escapar antes de que el tema se volviese demasiado enrevesado como para salirde él- Me marcho…Te veo mañana en casa.

 

Me encaminé hacia la puerta, pero la mano de Raquel volvió a retenerme.

- ¿A dónde te crees que vas?

 

La mire entre sorprendida e interrogante… ¿Adonde iba a ir?… ¡A comer! Ya era casi la hora… Le señale con la mirada lo que era evidente, pero ella aún me retenía con su mano.

- ¿No creerás que te he pedido que te quedaras sólo para tener una charlita privada contigo?

- ¿Y para que más si no?

- Bea…- miro a nuestro alrededor comprobando que no había nadie- Estamos solas… ¿No te dice eso nada?

 

De hecho…si que le decía algo…Su mente empezó a gritarle ideas clasificadas como no aptas para menores de 18…Pero claro, si de algo había aprendido Bea al estar con Raquel, era que no debía dejarse llevar por la primera impresión, aunque pareciera todo lo contrario…

- ¿Qué están todos en el comedor?-añadí

 

-         Exacto…¿Y?

-         ¿Qué yo debería estar allí?

-         No…- me dedicó una de sus sonrisas insinuantes- Que nadie vendrá a molestarnos.

 

Y dicho eso, alargó la mano que le quedaba libre, hasta el cuello de mi camisa y deslizó la prenda por los hombros hasta dejar al descubierto parte de mi ropa interior.

 

Sorprendida es una palabra que se me queda corta ….Eso era lo ultimo, que esperaba que Raquel hiciese en esos momentos. Esperaba que hiciese algún comentario picante de los suyos o que me saltara con algunos de sus comentarios que te hace sentir que ha estado jugando contigo hasta el último momento…Pero no…en vez de eso se dedicó a  mirar curiosa la tiranta del sujetador y algo más que se vislumbraba bajo la camisa. Yo estaba completamente paralizada…De hecho, creo que había dejado de respirar…

 

-         Desde luego que tienes buen gusto para la ropa interior…- siguió admirando el sujetador – Espero que la traigas a conjunto- me miró divertida-…Definitivamente es perfecta….¡Vamos a empezar!- dijo dando una palmada y separándose definitivamente de mi.

 

¿Empezar?…¡¿Empezar?!…¡¡¡¿¿¿Empezar el qué???!!!

Cuando Raquel se separó de mi, pensé que me iba a desmayar. Me temblaban las piernas como un flan….¿Qué estaba pasando?

Vi como Raquel, encendía de nuevo los focos y preparaba su cámara. Yo permanecía estática en el mismo sitio donde habíamos estado hablando.

-         ¿A que esperas?- su voz sonó insistente.

-         ¿A que espero…de qué?

-         Voy a hacer tus fotos…-comentó como si nada.

-         ¡Pero si me las acabas de hacer!

 

Raquel movió la cabeza negativamente haciéndome callar.

-         Te equivocas…he dicho TUS fotos…Tú sola pequeña…- me sonrió pícaramente.

-         ¿Sola…?….¡Ah! No Raquel…de eso nada, es la hora de comer y…

 

Pero no me dejo terminar. Raquel ya había soltado la cámara y volvía a estar en mi espacio personal. Me agarró de la camisa y me colocó en el centro del decorado.

-         No te vas a escapar Bea…Para tu información, yo tampoco he comido. Así que te aguantas y punto.

 

Puse cara de enfado y me crucé de brazos allí en medio de los focos. Debía tener un aspecto gracioso, con esa cara y con una camisa 3 tallas más grande que yo, porque Raquel me miró con una sonrisa divertida y añadió:

-         ¿O acaso pensabas que acepte este trabajo sólo por el dinero?

-         ¿Cómo?-le dije sin comprender

-         Tenerte sola para mi posando, fue mi segundo motivo para aceptar esta idea de locos.

 

Por un momento me quedé helada.

Raquel había comentado aquello con toda la naturalidad del mundo, como todo lo que hacía, sin embargo su mirada se prolongó más de lo habitual. La miré sin saber muy bien que decir.

-         Suéltate el pelo- añadió sin dejar de mirarme. De hecho, hubiese jurado que su voz ya no sonaba tan casual y que se había vuelto más susurrante.

 

Al ver que aún seguía sin moverme, se acercó de nuevo a mi resoplando y me giró. Empezó a deshacer mi larga trenza a medida que me hablaba:

-         Te prometí las fotos más sexys de todo el instituto ¿no?- mientras tanto sus manos se paseaban suaves por mi pelo, dejando poco a poco que mis rizos escaparan de su agarre- Serás sensualidad en estado puro…-añadió.

 

Mi pelo estaba completamente suelto ya y Raquel enredaba delicadamente sus dedos en mis rizos a medida que su boca se acercaba a mi oído, haciendo que una descarga eléctrica me recorriera todo el cuerpo.

-         Se volverán locos por ti…- susurró prácticamente sobre mi oído, en un tono que no pude definir.

 

Y de pronto el calor que emanaba del cuerpo de Raquel y me envolvía, desapareció.

Me giré sorprendida, para ver que se había separado de mi para buscar algo en unas cajas.

Apreció cargada con algunas sabanas blancas y otras telas que parecían de seda, blancas y negras.

Tendió algunas sabanas en el suelo, según ella para que no me diera frío y dejó las de seda también sobre el suelo.

-         Perfecto- dijo satisfecha- Bien, ahora quítate la camisa.

 

La miré sorprendida durante unos segundos…¿Qué me quitara la camisa?…¡¿Qué me quedara en ropa interior?!

Raquel rodó los ojos frente a mi indecisión.

-         Venga ya Bea…que no me voy a asustar de nada. Que yo sepa tenemos lo mismo ¿no?…Bueno, ¿a lo mejor tienes tres tetas y no me lo has dicho?

 

Me reí de su comentario, liberando parte de mi nerviosismo. Pero no moví ni un músculo para desabrochar los botones…

-         Esta bien- dijo Raquel- Voy a hacer estas fotos al precio que sea…¿Quieres igualdad de condiciones?..- La miré sin saber muy bien a que se refería- ¡Pues las tendrás!

 

Cuando Raquel comenzó a quitarse la camiseta, se me olvidó como hablar para detenerla y cuando finalmente se quedó en sujetador…Se me olvidó incluso como se respiraba…

 

Definitivamente, Raquel, era una caja de sorpresas…No solo por lo que acababa de hacer, sino por lo que descubrí bajo su camiseta, pegado a su piel.

Tenia un tatuaje….Y no uno cualquiera.

 

Era muy extraño. Parecía alguna especie de tribal que comenzaba en su ombligo y se extendía hacía arriba, con trazos delicados hasta perderse por debajo del borde de su sujetador…Allí donde sólo la imaginación o algún afortunado podría llegar…

 

Tan solo fui capaz de reaccionar, cuando vi que Raquel, estaba a punto de quitarse los pantalones.

-         ¡Espera!- le grité prácticamente- No es necesario…

 

Sin poder apartar la mirada del tatuaje, empecé a desabrochar los botones de mi camisa, con una tranquilidad inusual en mi bajo la atenta mirada de Raquel que seguía hablando como si aquella, fuese la situación más normal del mundo.

-         Es una de esas locuras que haces para estrenar la mayoría de edad- dijo refiriéndose al tatuaje.

 

Finalmente, terminé con todos los botones y dejé que la camisa se deslizara desde mis hombros hasta el suelo…Raquel dejó de hablar instantáneamente y de pronto la intensa mirada que me dedicó, en vez de intimidarme, me hizo sentir extrañamente poderosa…Poderosa de tener esa reacción en ella, de haberla echo detenerse unos instantes en mi…como algo atrayente, como algo que pudiese…desear.

 

Cogió su cámara y me pidió que me tumbara sobre la sábana. Primero hizo algunas pruebas de luz y después se agachó a recoger la seda del suelo.

Se arrodilló a mi lado y empezó a extender los tejidos sobre mi y por el suelo.

 

El tacto de la seda, aunque frío, se asemejaba al tacto que imaginaba como las largas y suaves manos de Raquel. La seda se deslizaba por mi piel como si de aquella suave caricia se tratase…Cerré los ojos sumergiéndome en la increíble sensación de sentir el aroma y el calor de Raquel tan cerca.

 

-         Genial- la oí susurrar.

 

Abrí los ojos y vi como se levantaba para acercar una escalera al decorado. Me percaté de que me había arropado parcialmente entre la seda, dejando al descubierto parte de mis piernas, mis brazos, mi pecho….Como si hubiese revuelto las sabanas de una cama y mi cuerpo hubiese quedado enredado en ellas.

 

Acercó la escalera a mi y trepó a ella, cámara en mano.

Aún en lo alto de la escalera, veía su pecho bajar y subir algo acelerado por el esfuerzo, y el tatuaje contraerse junto con su abdomen al respirar fuertemente.

 

Me mordí inconscientemente el labio, intentando evitar la multitud de imágenes que venían a mi mente. Sin embargo, algo llamó mi atención…

Raquel, a pesar de estar mirando por el objetivo de la cámara, pareció sorprenderse y sus hombros y su abdomen, se tensaron unos instantes. Acto seguido retiró la cámara de delante de su cara y dejó que su mirada se encontrara con la mía…

 

La intensidad de su mirada me cautivó.

 

Su mirada estaba fija en mi y el color de sus ojos habían alcanzado una oscuridad tan penetrante que por unos instante me sentí realmente desnuda…La tormenta que otras veces había observado en su mirada, parecía estar desatándose en esos instantes.

 

-         Estas…Pareces…- susurraba sin apenas creérselo-…Eres preciosa.- sentenció finalmente.

 

Su voz se coló en mis oidos como si fuera la nota vibrante de un chelo y me hizo estremecer de la cabeza a los pies.

Acto seguido comenzó a hacer fotos desde su altiva posición en la escalera…El disparador parecía haberse vuelto loco…O quizás era la propia Raquel que emocionada me decía que sonriese o que me inclinara más hacia un lado o hacía el otro, para mejorar la luz de la imagen.

 

No se cuantas fotos hicimos, pero de pronto Raquel pareció darse cuenta de algo importante y bajó de la escalera.

 

-         Tu pelo- dijo mientras se arrodillaba sobre mi, dejando mi cuerpo entre sus piernas e inclinándose hacia delante para alcanzar mi cabello- Voy a extenderlo más sobre el suelo…¡Quedará genial en la foto!

 

Apenas oía lo que me estaba diciendo. Veía sus labios moverse, formando palabras inconexas para mí….Era la segunda vez que la tenía sobre mi, pero esta vez no tenía ni punto de comparación.

 

Al no tener ropa, podía notar sobre mi la calidez que emanaba de la piel de Raquel, que se estiraba sobre mi como un gato y acariciaba de nuevo los bucles de mi pelo y los extendía entre sus dedos por las sabanas.

 

No podía moverme…No quería hacerlo, porque pensaba que si lo hacía me caería de la cama y despertaría de nuevo abrazada a la almohada.

El tatuaje de Raquel se extendía sobre mi…perezoso y sensual….Pidiendo a gritos ser tocado…acariciado.

 

Movida por una curiosidad morbosa, extendí mi dedo índice hasta que la yema de mi dedo rozó suavemente la zona de la piel por debajo del ombligo de ella, justo donde empezaba el tatuaje.

Raquel se detuvo en seco.

 

Esperé que su mirada conectara con la mía y aguante para enfrentar la sentencia de Raquel….Sus quejas, sus gritos, sus comentarios jocosos o lo que viniera…Pero mi dedo no se movió un ápice de la blanca piel de ella.

Sin embargo, nada de eso pasó…

 

La mirada de Raquel prácticamente se había vuelto turbia…Sus labios entreabiertos por la sorpresa, parecían más enrojecidos y sensuales que nunca. Un extraño brillo en su mirada se encendió y apenas se despegó de la mía.

 

Movida de nuevo por esa extraña sensación que se acumulaba más abajo de mi estomago, comencé a pasear la yema de mi dedo por su tatuaje, ascendiendo lenta y casi dolorosamente por su delicada piel.

 

Raquel cerró los ojos como en un acto involuntario frente a la caricia y arqueó la espalda casi imperceptiblemente.

 

Yo estaba fascinada…y aterrorizada. Toda esta situación era ridícula…¡una auténtica locura!…Y sin embargo no era capaz de despegar mi dedo de aquel recorrido fatal que me conducía inevitablemente, a un lugar prohibido para mi.

 

Cuando alcancé el borde del sujetador, Raquel volvió a abrir los ojos y concentró su mirada de nuevo sobre mí…Oscuros nubarrones de deseo se formaban en ella.

Sentí estallar toda la adrenalina en mi pecho y con una lentitud que pensé que me llevaría a la locura, Raquel descendió lentamente sus enrojecidos labios hasta los míos…

 

La idea de que aquello era una locura se borró de un plumazo de mi mente al sentir el calido aliento de Raquel sobre mi boca…

 

Sin embargo, un gritito proveniente de la puerta del gimnasio hizo que Raquel se separa bruscamente de mi. Me incorporé para ver que pasaba, pero la voz que oí a continuación me dejó helada en el sitio y una mirada de terror se formó en mi rostro.

-         Perdón- dijo una voz sarcástica- Pensé que no había nadie…- acto seguido salió del gimnasio con una sonrisa malvada.

 

Era Vanesa.

Raquel me dedicó una mirada de preocupación….Aunque yo en esos momentos no podía pensar en nada más….estaba aterrada.

 

Sabía lo que Vanesa había visto….Y sabía que solo era cuestión de minutos que todo el instituto lo supiese.

 

 

Categorías: "La tormenta que trajo la calma" · Cap.7 · FANFICS MISTIKA

La tormenta que trajo la calma VI: ¿Soy tu oscuro secreto?

Noviembre 18, 2006 · 3 comentarios

En mitad de la penumbra de mi cuarto, tumbada sobre las mantas de la cama, intentaba poner en orden mis ideas, repasando los acontecimientos de estos dos últimos dias…¿Cómo las cosas habían llegado a este extremo?

Y es que desde aquella noche en que Raquel nos llevó a urgencias, los acontecimientos se habían precipitado con tal rapidez que ni yo misma me creía todo lo que había pasado…

Mi corazón volvió a acelerarse una vez más, al sorprenderme repasando de nuevo los momentos mas impactantes de aquellos dos últimos días….Por unos instantes el temor se apoderó de mi…¡¿Qué había echo?¡….sin embargo, no pude evitar que una sonrisa burlona se colara en mis labios…¿Y que más daba?…Volveria a hacerlo una y mil veces..

 

Fin de semana: El comienzo…

 

No tenía muy claro si era una buena idea decirle a mi madre lo que había pasado aquella noche con Cristina, pero al final decidí que sería muy inconsciente por mi parte no decirle nada. Intenté explicárselo de la forma mas pausada posible….Y cuando terminé, cerré los ojos temerosa de su reacción, dispuesta a llevarme una buena regañina…sin embargo, nada pasó…

Dado el silencio prolongado de mi madre, abrí los ojos para ver que ocurría y me sorprendí al ver que tenía los ojos llenos de lágrimas…y acto seguido me abrazó, de una forma y con una intensidad que hacía mucho que no recordaba.

Me sorprendió a un más susurrándome mil veces “gracias” y diciéndome lo mayor que me había echo casi sin darse cuenta, que daba gracias a Dios de tener una hija tan responsable y que quería tanto a su hermana….

Yo no sabía que hacer, con la cara prácticamente enterrada en su abrigo, llenándome de ese aroma que solo tiene ella y que a la vez es algo que forma parte de todas las madres….un aroma que te hace sentir que todo va mucho mejor cuando te acuna en sus brazos.

 

Ese fin de semana fue genial.

Mamá lo paso al completo con nosotros, y después de varios meses, volví a sentir que éramos una familia…Eso si, mi madre llamó como unas 5 veces a Raquel: una para agradecerle que nos hubiese llevado al hospital, otra para decirle que también le agradecía que se hubiese tomado la molestia siendo tan tarde, otra para invitarla a merendar en agradecimiento a lo que Raquel se excusó diciendo que tenía que estudiar…etc,etc…Al final mi madre me dijo:

- Vaya…Raquel tiene el teléfono apagado…

 

Supongo que esa era la forma más educada que Raquel había encontrado de decirle a mi madre que dejara de llamarla.

- Se le habrá olvidado cargarlo…¡que despistada!- comentó alegremente mi madre….

 

Si es que a veces podía ser de un inocente…

 

A partir del día siguiente…comenzaría la locura…

 

Día uno: Lunes

La mañana amaneció más cálida de lo que esperaba, de hecho, el sol estuvo haciéndonos compañía la mayor parte del día.

Decidí que lo primero era poner al día a Helena…así que le conté todo desde el principio…desde lo de mi encontronazo con Raquel, como mi madre la había contratado, lo de la noche en el hospital…

A medida que iba relatando la historia podía ver la cara de fascinación de mi amiga, que parecía estar a punto de gritar de emoción.

- Si no fuese por que me lo estas contando tú…diría que es el guión de una serie de televisión….¡qué guay!- sonreí de medio lado…Helena siempre tan positiva con respecto a mi extraña vida

- Bueno, pues aún no sabes lo mejor…¡¡¡ella es la que va a hacernos las fotos!!!

 

Helena se tapó la boca ahogando un gritito de emoción

- ¿Raquel?¿Tu Raquel?¿Esa morena por la que tienes todo el suelo del instituto lleno de babas?…¿A demás es fotógrafa!!!?…Joder, que novia tan completita te has echado!!!

- Shhhhh…baja la voz- parecía que a Helena el estar en mitad del pasillo no le era un impedimento para gritar mi vida a los cuatro vientos- No es mi novia…

- Bueno…pero eso no quita el hecho de que te gusta…¿Verdad?

 

Abrí la boca para contestarle, pero la campana que anunciaba la primera clase sonó, y la pregunta quedó en el aire….¿De verdad me gustaba Raquel?

 

Entramos en clase a trompicones…Yo aún seguía mirando el suelo de clase, perdida en mis pensamientos, avanzando prácticamente como un zombi hasta mi mesa, dondeliteralmente, me desplomé. Ahora tendría que esperar al tutor al finalizar la clase para comentarle que había encontrado a alguien interesado en hacernos las fotos.

- Oye- me dijo Helena

- ¿Um..?- le contesté sin despegar mi mirada del suelo…aún no sabía muy bien como afrontar el echo de que Raquel me IBA A VER DESNUDA!!

- Esa tal Raquel…¿es morena con el pelo largo?

- Si…claro ¿por qué?

- ¿Y suele vestir de negro?

- Umm…sip…pero…¿A cuento de que estas preguntas?

- Tenias razón…tiene unos ojos muy bonitos…

- ¿Qué?

 

Finalmente levanté la mirada del suelo…aunque no se si hubiese sido mejor no hacerlo.

Alli, delante de toda la clase, junto a nuestro tutor estaba Raquel.

Un murmullo de fondo se extendía por la clase….la mayoría comentarios sobre quien podría ser la morena que estaba junto a Manu…Todo el mundo la miraba y cuchicheaba cosas…pero a ella parecía no importarle, de echo su atención se centró por unos instantes en mi, dedicándome una mirada divertida que aumentó al ver mi cara de pánico…

¿Por qué estaba tan sorprendida? Si fue la propia Raquel la que me dijo que aparecería por clase….quizás no quise tomármelo en serio cuando lo dijo….quizás pensé que no aparecería hasta más adentrada la semana…quizás…¡mierda! No sabía que pensar…por algún hecho inexplicable me sentía nerviosa y hasta cierto punto avergonzada de que ella estuviese alli…como si se tratara de una mascota que un día llevas a clase para que todos tus compañeros la vean.

Sentía como si Raquel fuese una especie de secreto que de un momento a otro iba a ser revelado al mundo….Nada de aquello tenía sentido, sin embargo no pude evitar escurrirme en mi silla intentando esconderme inútilmente bajo la mesa.

 

- Bueno chicos- dijo Manu una vez que la clase empezó a silenciarse- esta es Raquel, una antigua alumna de este instituto….Aunque de eso ya hace tiempo ¿verdad?

 

Raquel solamente sonrió frente al comentario…Espera…¿Manu la conocía?

- Bueno, tampoco tanto pero es que cuando os vais a la universidad parece que ya no volveréis nunca a hacernos una visita- Manu le sonreía abiertamente…Recordé que Raquel me había dicho que ella había estado tambien en este instituto. Supongo que debió ser su profesor en algún momento. De pronto, una nube de comentarios difusos, comenzó a escucharse por el fondo de la clase:

- ¿Universitaria?….¿Que hace aquí?…¡¡Pues está muy buena!!

 

He de admitir que ese ultimo me provocó una pequeña punzada de celos.

- Raquel será la encargada de haceros las fotos para el calendario…según me han dicho es una gran fotógrafa.- Raquel hizo un gesto con la mano como quitándole importancia- Bueno, tal vez sea mejor que tú comentes a los chicos lo que vais a hacer ¿no?- Acto seguido, le hizo un gesto apremiándola a dirigirse a la clase que la miraba expectante.

 

Raquel se giró y paseo su imponente mirada de tormenta por la clase, por un momento temí que estuviese buscándome de nuevo. Me hundí aún más en mi asiento. Sin embargo, Raquel paso de largo mi mirada y cuando se aseguró de que todos estaban prestándole atención, habló:

- Hola a todos…Prestadme atención porque este tiempo que este hablando, no sólo os servirá para perder clases- dijo guiñando un ojo y provocando una risilla general- sino que os incumbe a todos…Tengo una idea general sobre lo que queréis hacer…De echo, tengo aquí una lista de gente que, según me han dicho, se siente cualificada para salir en ese calendario- Vi como Vanesa se erguía orgullosa en su silla- Yo puedo deciros como podéis hacerlo, o como debéis hacerlo, pero se que eso no es lo que queréis oir…

 

Me di cuenta de que todos la miraban sin perder detalle….tan sólo una par de frases y ya se había ganado toda su atención…

- Se que queréis hacer lo que vosotros queráis…Probablemente muchos de los que estáis aquí habréis imaginado como sería la sesión de fotos, habréis imaginado que llevaríais e incluso, habréis posado delante del espejo del baño después de ducharos…- la gente volvió a reirse- …Y probablemente muchos de esos no estéis en esta lista.

 

Raquel levantó la lista para que todos la vieran.

- ¿Sabeis que os digo?….¡a la mierda con la lista!- y ante la mirada sorprendida de todos (sobre todo la de Vanesa), Raquel rompió la lista en varios trocitos.

- No dejéis que nadie os diga si podéis o no podéis, o si sabéis o no sabéis posar…Que nadie os diga que no valeis…Es vuestro calendario, son vuestras fotos y el día de mañana os gustara recordar aquella locura de fotos que un día os hicisteis para hacer el que será, sin duda, el mejor viaje de vuestra vida.

 

Observé como la gente la miraba emocionados, con admiración…Increíble…se los había metidos a todos en el bolsillo…

- Todos debéis salir es ese calendario…Estoy dispuesta a hacer miles de carretes si es necesario, hasta que demos con las fotos adecuadas, hasta que ese calendario sea algo que querais mirar siempre….esa es mi opinión…Yo estoy dispuesta a haceros mejores fotos que las de las portadas de moda, si vosotros también os comprometéis a ello…y ahora decidme ¿Estáis dispuestos al reto?

 

Hubo un corto silencio general y después la clase estalló en aplausos, silbidos y gritos de euforia…Al final Manu tuvo que pedir silencio de nuevo…

- Bien- dijo Raquel- me tomaré eso como un si…-Acto seguido, sacó una carpeta de su mochila- Bueno, yo suelo hacer fotografía en blanco y negro pero también podemos hacerlas a color…como queráis. He traído algunas de mis fotos que se asemejan a lo que más o menos queréis hacer…para que saquéis algunas ideas.

 

Dejo la carpeta sobre una de las mesas y los chicos se tiraron prácticamente sobre ella para abrirla y buscar las fotos. La gente quedo alucinada.

- Vamos a ver- continuó- yo estoy dispuesta a empezar mañana mismo si vosotros queréis….

- SISISISISISSISISISISISI…-ni siquiera la dejaron terminar…

- Pero…tendrá que ser un intensivo…toda la mañana y la tarde entera….¿Os estoy pidiendo demasiado?- La gente cayó por unos instantes…

- ¿Y las clases?- preguntó una chica

- Mientras estéis en la sesión de fotos, estáis exentos de clase me ha dicho vuestro tutor.

 

Nunca había oído tanta gente gritar al mismo tiempo….Creo que definitivamente, iban a hacerle un altar a Raquel.

- Ok,Ok….- continuó ella- Esto es lo que quiero que hagáis….así que apuntad, deberes para mañana niños- dijo en broma-Quiero que penséis en como os gustaría haceros la foto…la ropa, el peinado…y sobre todo la situación. Las fotos de grupo son mejores, así no habrá tanto problema de espacio en el calendario…Podéis poneros un grupito con una temática….no se, por ejemplo, todos en plan colegiala sexy….Pero tened pensado lo que queréis….No os preocupéis, no me asustaré de ninguna de vuestras ideas. Traeros vuestra música, una foto del tio que os gusta…¡lo que sea! Pero que os sintáis cómodos…

- Perdona….- se oyó preguntar a alguien- ¿Y que pasa con las fotos individuales?

 

Me di cuenta que esa, no podía haber sido otra que Vanesa. Raquel la miró con una sonrisa y le preguntó:

- Perdona…¿Tu nombre es?…

- Vanesa

 

De pronto vi como la sonrisa de Raquel se convertía sutilmente en algo más malvado…como si estuviese tramando alguna travesura mentalmente. Su mirada recorrió unos instantes a Vanesa como diciendo “Asi que eres tú…” Y juraría que durante una fracción de segundo la mirada de Raquel buscó la mía. Con una voz cargada de sarcasmo, aunque de esa forma sutil que sólo Raquel sabe hacer, le preguntó:

- ¿Tan tímida eres que no puedes hacerte las fotos con el resto de tus compañeros?¿Te da vergüenza que te vean con poca ropa?…Porque no lo parece…- Raquel le dedicó una intensa mirada al pronunciado escote de Vanesa. Hubiese jurado que por un momento se sintió intimidada bajo la penetrante mirada de Raquel. Algunos chicos de la clase rieron con el comentario.

- No…no es eso- Vanesa se removía inquieta en su silla- es que pensé que podríamos hacernos fotos solos…

- ¡Ah! Claro…claro…- dijo Raquel como si no la hubiese entendido desde el principio- por supuesto, quien quiera puede tener sus fotos individuales, ya sea por timidez o por gusto, pero creo que deberíais discutir si realmente queréis que una sola persona ocupe un mes…En mi opinión, primero las fotos y luego decidis…¿No os parece?- dijo dirigiendo su mirada y la pregunta en concreto a Vanesa.

- Claro…es lo mejor.- dicho aquello, Vanesa ya no abrió la boca más en toda la tarde….Desde luego que si no lo hacían los demás, sería yo quien le pusiera un altar a Raquel.

- Bueno y ahora la parte más importante- sentenció la morena-…mis honorarios…

- ¿Cuánto sueles cobrar por estos trabajos?- le preguntó Manu.

- Nunca he hecho un trabajo así, pero contando con la cantidad de gente que sois y los materiales….creo que si poneis 10 euros cada uno, estaría bastante bien…En ese precio os incluyo las fotos y se de alguien que os imprimiría los calendarios…¿Qué os parece?

 

Hice cuentas mentales, éramos unas 30 personas, así que eran unos 300 euros por todo el lote a pagar una mínima cantidad cada uno…Me pareció aceptable.

- Creedme, con lo que le vais a sacar a esa joyita de calendario, no echareis de menos los 10 euros.

 

Al final, a todo el mundo le pareció bien y Raquel se despidió de la clase que estaba encantada con ella. Después de todo, no había sido tan terrible como pensé en un comienzo. Manu la acompañó hasta la puerta y salió con ella porque la hora de clase estaba apunto de acabar…Yo aproveché que la gente estaba dentro mirando las fotos y discutiendo, para salir al pasillo, seguida de Helena.

Necesitaba hablar con Raquel. Vi que se alejaba por el pasillo y la llamé:

- Raquel…¡espera!

 

Ella se giró y nos espero hasta que estuvimos a su altura.

- ¡¿Que ha sido exactamente eso de ahí dentro?!

- ¿A que te refieres?- me preguntó levantando una ceja

- A la charlita y…al numerito que le has montado a Vanesa y….

- Eh! Para el carro mamá…- me dijo- que yo sepa no he hecho nada malo, solo le he dicho lo que era evidente.

- Yo estoy con ella- dijo de pronto Helena entrando en la conversación y refiriéndose a Raquel- de hecho, creo que lo ha hecho muy bien…no veía tanta sutileza desde que me ofrecieron las respuestas de un examen.- Raquel la miró unos momentos y una sonrisa amigable apareció en su rostro.

- Sabes…tú amiga me cae bien – dijo haciendo un gesto de cabeza hacía Helena.

- Tu debes ser Raquel ¿Verdad?- Raquel la miró sorprendida y luego me miró a mi.

- Vaya…¿Pero si le hablas a tus amigos de mi?¡Que ilusión!- añadió irónicamente- Pensé que yo era tu oscuro secreto- me susurró en broma al oído. Luego se volvió hacia Helena- Nada de lo que te haya contado es cierto…

 

Helena rió con su risa de cascabeles del comentario y le tendió la mano amistosamente

- Yo soy Helena…y me da la sensación de que no te han hablado mucho de mi ¿verdad?

- No, lo lamento…¡que mala amiga!-me dijo en broma mientras estrechaba la mano de Helena .

- Me temo que yo si soy su oscuro secreto…-dijo mi amiga con tono de tristeza sobreactuado.

 

Sorprendentemente, Raquel rió abiertamente tras aquello.

- No te esperaba aquí hasta dentro de unos días- le dije a Raquel para atraer de nuevo su atención a la conversación inicial.

- Ya te lo dije bollito, la necesidad aprieta…- de pronto vi como la cara de Helena se iluminaba a oir el famoso mote.

- ¡¿Ella también sabe que eres…?!- no la dejé terminar porque mi mirada asesina la fulminó al instante. Raquel me miro interrogante. Como no supe que hacer me salí por la tangente.

- Aún no me has explicado que era el numerito de ahí dentro- le reñi

- ¿Nunca has oído hablar del espíritu de equipo?…Míralos, están emocionados. Así es más fácil y más agradable trabajar con la gente….- desde luego Raquel no dejaría nunca de sorprenderme.

- Por cierto, que ya he hablado con tu madre- por un momento me sentí avergonzada de nuevo al recordar el acoso del fin de semana- Y me ha dado estos dos días libres.

 

Era cierto que mi madre, después del incidente con Cristina, se había pedido un par de días libres para asegurarse de que la pequeña estaba recuperada del todo.

- Necesito comprar el material para las fotos, ya sabes: carretes, algo de papel de revelado…

- ¿Tendrás bastante con los 300 euros para todo?- le pregunté

- Hay un amigo que tiene una imprenta que me debe un favor…me hará un buen precio y por los materiales….no te preocupes- añadió guiñándome un ojo- Una tiene sus contactos

- Pero…¿te llegara para pagar el alquiler?

- Tu tranquila…se cuidarme solita.

 

De eso no me cabía la menor duda.

- Bea- me llamó Helena- yo voy a volver a dentro, la próxima clase está a punto de empezar.- Le hice un gesto de asentimiento con la cabeza- Un placer Raquel, nos vemos mañana- dijo despidiéndose con la mano.

- Hasta mañana

- Os dejo para que os despidáis- hubiera jurado que me guiñó un ojo.

- Definitivamente, me cae bien tu amiga…

 

Apenas tuve tiempo de ver como Helena desaparecía tras la puerta, cuando Raquel me pegó un tirón de un de las coletas que llevaba.

- ¿Sabes? Tu madre está encantada con la idea del calendario…

- ¡¿Se lo has dicho?!

- De hecho, hemos tenido una larga charla sobre tus fotos…en serio, está encantada.

- Voy a matarte- es increíble el descaro que podía llegar a tener.

- Bueno bollito, te dejo, no eres la única que tiene clases

- Hasta mañana entonces…-refunfuñé

 

Pero ninguna de las dos se movió de donde estábamos. Vi como Raquel esbozaba una de sus traviesas sonrisas.

- ¿Qué?- le pregunté

- Creo que no podré esperar hasta mañana…-sutilmente me recorrió con la mirada

 

Dicho aquello, se dio la vuelta y salió del edificio…

Yo me quedé clavada en el sitio…¿qué había querido decir con eso?…¡¿Qué?!

 

Decidí que la crisis nerviosa tendría que esperar a después de la clase de literatura.

 

Categorías: "La tormenta que trajo la calma" · Cap.6 · FANFICS MISTIKA

La tormenta que trajo la calma V: Bittersweet

Octubre 14, 2006 · 5 comentarios

Fiel a su palabra, Raquel apareció en la puerta de mi casa 10 minutos después, con las mejillas sonrosadas y el pelo revuelto de haberse quitado el casco.

Sus ojos, más oscurecidos de lo que se los había llegado a ver hasta entonces, me recorrieron de arriba a bajo un par de veces, como asegurándose de que estaba bien…

Su mirada se posó en Cristina a la que sostenía en brazos y estaba cubierta por un abrigo y después me miró durante unos segundos…

- Vamos, no hay que perder tiempo- me dijo pasándome un brazo por encima de los hombros. Me pegó a su chaqueta de cuero y el aroma me inundo por unos instantes.

- ¿Tienes algo con que cubrirle la cabeza a Cristina?- me pregunto sin mirarme realmente.

- Si….si, claro- levanté la mano enseñando un pequeño gorrito que mamá le había comprado hacia unas semanas, le pareció que la pequeña estaría adorable con él.

- Bien pónselo….esperemos que no llueva de aquí al hospital.

 

Me apretó mas contra sí….algo que agradecí porque en esos momentos, pensé que me iba a desmayar…Estaba demasiado asustada y mareada y no sabía lo que iba a pasar, es más, no sabía que tenía pensado Raquel, pero en ese momento lo único que quería era llevar a mi hermana al hospital por encima de todas las cosas.

Atravesamos el camino del porche hasta la verja que daba a la calle y vi que la moto de Raquel estaba aparcada (por no decir prácticamente tirada) sobre la verja de la casa.

Volvió a apretarme contra si, con tanta fuerza, que mi hermana quedo prácticamente enterrada entre las dos, como si quisiera protegernos de una posible lluvia imaginaria.

 

Cuando llegamos frente a la moto, me paré en seco, sin saber muy bien que hacer. Raquel me miró unos instantes con una mirada que decía claramente “¿A que esperas?”

Al verme dudar me tendió el casco de la moto y me dijo:

- Póntelo tu…No tengo más

- Pero…- apenas hice el ademán de cogerlo. Raquel parecía nerviosa e hizo un nuevo movimiento con la mano para acercarme de nuevo el casco.

- Lo lamento pero es la única forma que tenemos de llegar lo antes posible…no tengo coche y…- de pronto cambió el tono a algo parecido a una súplica- por favor Bea…confía en mi.

 

Su mirada se congeló por unos instantes sobre la mía, esperando una respuesta. Cristina se removió un poco dentro del abrigo que la cubría y me hizo reaccionar. Agarre el casco de la mano de Raquel la cual me sonrió como aliviada.

 

Ya no había marcha atrás.

Nunca me había montado en una moto, así que Raquel me ayudó a subirme con el casco ya puesto. Con un brazo agarre a Cristina como si la vida se me fuera en ello y con la otra me agarré a la cintura de Raquel, apretando uno de los pliegues delanteros de la chaqueta con mi mano.

- Echa tu peso sobre mi y deja a la pequeña en medio, será lo mejor.- me recomendó mirando un poco hacía atrás.

 

Intenté hacer lo que me dijo, poniendo la cara de lado para que el casco se interpusiera lo mínimo, apoyándome en su hombro izquierdo. Apreté a mi hermana contra mi pecho y la chaqueta de Raquel, rezando en silencio para que aquello saliera bien.

 

- ¡Vamonos!- dijo antes de escuchar el motor encendido y acto seguido arrancó.

 

Todo parecía amortiguado por el casco: el sonido, el viento…No podría decir a que velocidad íbamos, porque apenas miré el camino. Estaba más pendiente de mantener a mi hermana abrazada contra mí sin llegar a aplastarla entre nuestros cuerpos.

Cerré los ojos y sentí una pequeña gota de lluvia en mi nariz…No me había cerrado la tapa del casco. Abrí los ojos, temerosa de que fuese a caer un chaparrón, pero debió ser una gota perdida, porque el cielo nocturno parecía bastante despejado.

 

De pronto observé que estábamos delante del hospital y para cuando me di cuenta, estábamos entrando por la puerta de urgencias del hospital.

Nos hicieron pasar a una sala de espera y tras unos 5 minutos, un chico con bata, que tenía pinta de estar de prácticas nos hizo pasar a una pequeña sala donde había otro señor, que tenía pinta de ser medico.

- Bueno- dijo el medico, sacando unos papeles de una carpeta- ¿Qué pasa?

- Es mi hermana…-dije en un hilo de voz- tiene mucha fiebre y parece que no despierta…- sentí como la voz se me que quebraba por momentos y algunas lagrimillas amenazaban por escapárseme.

- Ajam…- añadió él sin ni siquiera mirarme, mientras apuntaba algo en los papeles que parecían una ficha- ¿Cómo se llama?

- Bea…Beatriz – de pronto me di cuenta- bueno, ella se llama Cristina Moreno

- ¿Y que edad tiene?

- Un año…un año y cuatro meses…-dije secándome las lágrimas con el dorso del jersey.

- ¿Y los padres?- preguntó el medico- ¿O tu eres la madre?- me preguntó levantando la cabeza de los papeles por primera vez y dedicándome una mirada que no me gustó nada…

- No…ya le he dicho que es mi hermana- añadí algo mosqueada…¿Pero este hombre me estaba escuchando?- Mi madre está trabajando…

- ¿Y el padre?

 

Sentí como mi estómago se encogía al recordar a papá….Me empezaba a poner nerviosa….¿Que tenía que ver todo esto ahora?¿Es que este hombre no se había enterado que mi hermana estaba mal? Miré a Raquel de soslayo, que parecía bastante cabreada.

- ¿Qué edad tienes?- me preguntó el medico. Fui a replicar a decirle que aquello no tenía ni pies ni cabeza, pero Raquel se me adelantó. Dio un puñetazo sobre la mesa del médico y le dijo siseando prácticamente las palabras.

- ¿Se puede saber a que coño está esperando para atender al bebé?

 

Yo me quedé helada por unos instantes, pero la cara del médico no tenía precio.

- Escucha niña, pero…

- Para usted, “señorita” – dijo Raquel cortando sus réplicas y remarcando mucho el “usted” con un tono bastante amenazador y el “señorita”.

- Muy bien señorita- añadió molesto el médico- pero es necesario rellenar una documentación previa antes de atenderles.

- No veo que le esté pidiendo información importante….más bien me parece que está fisgoneando- Raquel se inclinó sobre la mesa del doctor para encararse con él. Yo, permanecía aun lado, observando con una extraña fascinación, como ella parecía una pantera negra a punto de atacar.

- ¿Y quien se supone que es usted “señorita”?

- Eso es lo de menos, pero esta niña es como si fuera mi hija

- Pues si no les importa…deberán esperar en la sala contigua a que las llamen.

- ¿Asi?¿Sin más?- por un momento, pensé que Raquel iba a morderle la nariz al médico por la forma en que se inclinó hacía él con cara de enfado.

- Si- respondió secamente- esta noche ha habido un accidente de tren y hay muchas personas que esperan ser atendidas también.

- No me lo puedo creer- dijo Raquel- separándose definitivamente de la mesa del medico con un movimiento brusco-¿y no hay nadie en este maldito hospital que pueda dedicarnos 5 minutos?¡Sólo tiene que mirarla y recetarle algo para bajarle la fiebre!¡ No le estamos pidiendo una traqueotomía, joder!

- ¡Esperen fuera!- gritó el médico haciendo que Raquel se callara. Se miraron por un instante y finalmente Raquel se giró hacía mi y me dijo:

- Aquí no hacemos nada- y le arrancó el papel con los datos, que el médico le había tendido.

 

Yo me giré hacía el médico antes de salir por la puerta, sin saber muy bien que decirle.

- Ten paciencia- me dijo- os llamarán pronto.

- Entiendo que estén muy agobiados, pero de veras que mi hermana necesita ayuda urgente…de verdad.

- Lo siento mucho, pero hasta dentro de unos instantes no podemos hacer nada…estamos desbordados.

 

Me sentí agotada en esos instantes y cerré la puerta sin contestarle…

Al girarme, vi como Raquel andaba prácticamente a zancadas por el pasillo parando a todo el que parecía tener pinta de trabajar all. Se la veía muy nerviosa y enfadada.

De pronto se giró y me vio allí, al final del pasillo con la pequeña en brazos y se acercó en dos zancadas a mi. Nos envolvió con sus largos brazos y nos arropó entre ellos.

- Tranquila- susurró cerca de mi oído- voy a conseguir un medico para Cristina aunque tenga que coger como rehén al capullo del medico y amenazarlo con un termómetro roto…

 

Sonreí con el comentario sarcástico y me separé de ella para mirarla a la cara directamente desde que habíamos salido de casa. Me fijé en que sus ojos estaban parcialmente enrojecidos ¿habría llorado?¿Cuándo? No me había dado cuenta de ello…

Y de pronto recordé la gota de lluvia que me dio en la nariz…quizás no fuese lluvia, sino una lagrima de Raquel.

 

Tome su mano entre la mía y le dije:

- Tienes que tomártelo con más calma – me miró sorprendida, yo sabía que como no dejara de montar el numerito, no iban a querer atendernos antes- por favor…confía en mi.

 

Le sonreí algo cansada, pero finalmente ella asintió ligeramente con la cabeza sin soltar mi mano y mirándome de forma intensa.

 

- Perdonad.

 

Una voz a nuestras espaldas nos hizo girarnos. Era el chico con pinta de estar haciendo las prácticas.

- Antes he oído lo que os pasaba…bueno, de hecho, lo ha oído todo el hospital- Raquel le dedico una mirada asesina, a lo que el sonrió divertido.

- Y creo que puedo echaros una mano…

- ¿En serio?- pregunté esperanzada

- Si, anda vamos, bajemos a pediatría, esto está lleno de gente con collarines.

 

Seguimos al chico a través del barullo de gente en dirección a los ascensores. Me di cuenta de que Raquel aún me tenía cogida de la mano. Me gustó la sensación de apoyo que me ofrecía y la dejé allí. Observé que tenía la mirada perdida aunque parecía menos tensa que antes. Le di un leve tironcito del a mano para que me mirara:

- Al final lo has conseguido…- le dije sonriendo.

- ¿Ah?¿El qué?- me dijo algo despistada.

- Un medico para la enana…y sin usar el termómetro-navaja.

 

Raquel me sonrió y apretó mi mano con más energía.

 

Entramos en un ascensor y Raquel y yo pasamos al fondo, ya que además de nosotros entro una enfermera con una camilla.

- ¿A dónde?- preguntó el chico. Ella le indicó que a la planta baja.

 

Raquel se inclinó un poco sobre mi y arropó a la pequeña. Después la observó durante unos instantes y finalmente me dedicó una sonrisa. Yo desvié la mirada algo sonrojada hacía el otro lado del ascensor y de pronto descubrí que el chico nos estaba mirando mientras sonreía. Después miró nuestras manos entrelazadas y sonrió aún más.

En ese momento sentí como me ponía muy colorada, pero para suerte mía, el ascensor se abrió en nuestra planta y salimos de allí esquivando la camilla.

 

El chico nos pidió que esperásemos unos instantes y desapareció tras la puerta de una habitación. Segundos después, salía acompañado de otro chico algo mayor que él, con bata blanca.

- Hola- dijo con una sonrisa cansada y una taza de café en la mano- Soy Javi…Iván me ha contado lo que pasa…venid conmigo a la consulta y veamos que le pasa a la pequeña.

 

Seguimos a los dos chicos hasta una pequeña consulta en un largo pasillo algo atestado de gente con crios en brazos, camillas y demás…

- Pasa un momento con tu hermana- Raquel hizo el ademán de seguirme pero el medico le hizo una señal con la mano- lo siento pero ya hay mas gente dentro y te agradecería que esperaras fuera…por favor.

 

Mire a Raquel pidiéndole en silencio que no fuera a montar el numerito otra vez. Sin embargo, se retiró delicadamente de la puerta y me dijo con voz suave:

- Te espero fuera…

- Gracias- le sonreí.

 

Dentro de la consulta, olía a jarabe para la tos de fresa y a ese olor característico que tienen las consultas de los médicos. Las paredes estaban llenas de dibujos hechos por niños chicos y de posters de niños sacando la lengua y riendo.

Había una par mas de personas dentro de la consulta, en una camilla, siendo atendidas por otro médico.

El médico, nos llevó a otra camilla tras un biombo y cogió a Cristina delicadamente de mis brazos, la puso en la camilla y empezó a desabrochar la ropa que llevaba.

 

La pequeña se removió inquieta mientras la oscultaba.

- ¿Es la primera vez que tiene fiebre?

- Si…- respondí algo preocupada- ¿Es grave?

- ¿Le están saliendo los dientes verdad?

- Si

- No te preocupes, es normal que tenga algo de fiebre- giró despacio al bebé sobre la camilla para oscultarla por la espalda- ahora le mandaremos algo y en un ratito se le habrá bajado la fiebre del todo.

- Gracias…-dije débilmente. El médico se giró hacía mi con una sonrisa de agradecimiento- No hay por qué darlas…no me gusta ver a nadie enfermo y menos a los bebés…- dijo con una mirada ensoñadora mientras cogía a la pequeña en brazos para vestirla.- Teneis una niña preciosa- añadió al final.

- Si claro….eh ¿Qué?- no sabía si lo había entendido bien.

- Tu novia y tú.

 

Ese, sin duda, iba a ser el momento más extraño de la noche….O.O (y en ese momento no sabia si reirme o buscar la cámara oculta).

- No…si es mi hermana pequeña….tengo 16 años!!

- Pues pareces mayor…- le miré sorprendida- quiero decir- se corrigió- pareces bastante madura para tener sólo 16 años.

- Gracias…y….bueno, ella- dije refiriéndome a Raquel- no es mi novia.

- Oh! Vaya….perdona, pero es que Iván ve a alguien cogido de la mano y se monta una telenovela…-dijo entregándome a Cristina de nuevo, para luego rascarse la nuca avergonzado- lamento el malentendido.

- No…no te preocupes, no pasa nada.

- De todas formas- añadió antes de girarse de nuevo- hacéis una bonita pareja…

 

Mientras él rebuscaba algo en la mesa de la consulta, yo me sentía casi flotar….”haceis una bonita pareja”…definitivamente esto tenía que ser una cámara oculta….pero la cara de boba feliz no me la quitaba nadie esa noche.

Finalmente, se acercó de nuevo a nosotras con un bote lleno de un líquido rosa y una jeringa de plástico en la mano. Cogió parte del líquido con la jeringa y le dio unas cuantas gotas a Cristina.

- Con esto le bajará la fiebre dentro de poco- me dijo mirando a la pequeña con una sonrisa- si mañana vuelve a subirle la temperatura, traedla al pediatra…Aunque no creo, ya casi le han salido los dientes más problemáticos. Le sonreí aliviada.

- Gracias….de verdad, por atendernos tan rápido y tan bien…

- Me encantan los niños- dijo mas para si mismo más que para mi- es una pena que no pueda tener uno.

 

Le miré sorprendida.

- Mi novio no quiere adoptar- dijo haciendo un movimiento leve de cabeza hacía el otro chico que nos atendió, Iván, que estaba ayudando a otra pareja que traía a una niña en brazos- dice que es una gran responsabilidad y no sabe si está preparado para ser padre…- dijo tristemente-¡Estos jóvenes de hoy en dia!- añadió en un tono mas jovial para quitarle importancia al asunto

- A mi me gustaría el día de mañana adoptar un niño…. O una niña, incluso antes que tener uno…lo de la inseminación artificial se me hace un poco lio. Aunque primero….tengo que encontrar a alguien- le dije casi en confidencia.

- Vaya…-añadió en tono de broma- parece que el cotilla de mi novio no iba tan descaminado como pensaba, porque, si no me equivoco…en la lista de es “alguien” hay cierta morena ¿no?

 

No pude evitar sonrojarme de nuevo ( A este paso batía un récord guinnes o algo así),el simplemente sonrió.

- En serio, muchas gracias por todo.

- De nada…es que esta noche, esto es un poco de locos, parece que se haya puesto todo el mundo de acuerdo…

 

Me acompañó hasta la puerta y afuera me esperaba Raquel con un vaso de café de la máquina.

- ¿Qué tal?¿Cómo está?

- Bien, tranquila…ya está todo arreglado, la peque ya no tiene fiebre casi. Dentro de un rato estará pidiendo de comer…

 

Raquel sonrió aliviada y se acercó para darle un beso en la frente a la pequeña. En ese momento hubiese jurado que tanto el médico como su novio(que acababa de aparecer por allí) dejaron escapar un suspirito.

 

- Bueno, será mejor que nos vayamos Bea. Te llevaré a casa antes de que se haga más tarde.

- Si, será una buena idea….y deberías quedarte con ella hasta que le baje la fiebre a la pequeña- añadió el médico. Raquel lo miró un poco extrañada. Él agregó rápidamente- por si acaso, espero que no, pero por si teneis que volver si no le bajase la fiebre.

- Eso, eso- añadió su novio.

 

(¿Qué se supone que estaban intentando? ¬¬U)

 

Raquel levantó una ceja algo escéptica por la respuesta y finalmente me echó el brazo por encima de los hombros otra vez, y me dijo al oído:

- Vámonos…aquí la gente está un poco loca.

 

Antes de llegar al ascensor me giré para despedirme de ellos y me sorprendí al ver como ambos me hacían gestos de ánimo y me pareció leer en los labios del médico algo que se parecía peligrosamente a:

- ¡¡Ligatela!!

 

Creo que ese fue el sonrojo numero mil de la noche.

 

El camino de vuelta pasó casi tan rápido como el de ida y en apenas 15 minutos estaba dejando a Cristina de nuevo en su cuna….Sólo que cuando lo hice, fui consciente de que estaba a solas con Raquel en una casa completamente desierta a la 1 de la madrugada.

Vi como se paseaba por el salón, esperando a que me acercara:

- ¿Cómo estás?- me preguntó

- Mejor…mucho más tranquila- era una mentira muy gorda, y no solo por el hecho de que ella estuviese aquí, sino porque no sabía como se lo iba a contar a mi madre sin que se preocupara…Sabía que en cuanto le contase lo que había pasado, se pondría muy nerviosa….y querría pasar mas tiempo con las dos porque se preocuparía…y tendría problemas con su trabajo…y…

 

En ese momento, todo se amontonó de golpe en mi cabeza y sentí un agobio muy intenso…pensé que la culpa era mía, por no haber sabido cuidar de Cristina correctamente…me sentí muy estúpida por ello y las lagrimas amenazaron con desbordarse por mis ojos. Apreté los labios con fuerza…no quería llorar delante de Raquel, yo quería ser fuerte como ella, como mamá…Temblé involuntariamente de rabia.

- Eh!…bollito ¿Qué te pasa?- preguntó Raquel en broma. Me puso una mano en el hombro y yo bajé mi cabeza para ocultar las lagrimas. Ella debió notar mi temblor porque su tonos se volvió mas preocupado…- Bea…¿Qué ocurre? Ya estamos en casa y Cristina esta bien…¿Qué?..

 

Pero su pregunta fue cortada por el comienzo de mi llanto, que escapó como un quejido. Quizás llevaba demasiado tiempo aguantando las lágrimas, aparentando ser fuerte…No lloraba desde la muerte de papá y sentía como si todo aquello se hubiese acumulado a lo largo del año y finalmente estallaba como una tormenta.

 

Raquel pareció no saber que hacer durante unos instantes, permaneció estática, como asustada, sin saber que hacer con mi repentina reacción….Pero al cabo de unos segundos me arropó entre sus brazos y el aroma a cuero de la chaqueta, me inundó de nuevo. Me meció suavemente y noté como hablaba sobre mi pelo.

- Tranquila….shhhh…tranquila, no pasa nada, todos están bien…

- Pero…yo…es que…- las lagrimas no me dejaban hablar.

- No te preocupes….si tienes que desahogarte hazlo…vamos, no es bueno que te lo guardes.

 

Permanecimos unos minutos así, abrazadas en medio del salón mientras mis lágrimas mojaban su chaqueta y ella me mecía entre sus brazos.

Finalmente mi llanto se calmó un poco y Raquel me miro sonriendo de medio lado.

- Sabes, creo que hay alguien que necesita sonarse los mocos…y te agradecería que no hicieras en mi chaqueta, porque no veas lo que me cuesta el tinte…

 

Sonreí avergonzada y tomé el pañuelo que ella me tendía, después me senté en el sofá mientras ella preparaba café caliente.

Apareció en el salón unos instantes después con un par de tazas humeantes.

- Toma, me he tomado la libertad de ponerle leche al tuyo.

- Gracias…- tomé la taza y soplé la nube de humo que salía de ella.

- Bueno….- dijo Raquel tanteando el terreno- ¿por que no….me cuentas lo que te pasaba esta mañana…?

 

La miré sorprendida y ella sonrió socarronamente.

-         Ahora no me vengas con que no pasaba nada….cuando entraste en casa esta mañana parecías una elefanta en celo y cabreada… Desembucha

 

Sonreí para mi misma….Raquel solo estaba intentando hacerme sentir mejor a su estilo, que me relajara hablando con ella y así me calmara….Y sin darse cuenta, me acababa de demostrar que me prestaba más atención de lo que yo pensaba.

Le conté lo que había pasado con Vanesa esa mañana, la forma que tenía de hacerme enfadar y como buscaba siempre el modo de dejarme en ridículo….y sobre todo, le conté lo de la (terrible) idea del calendario “sugerente”.

-         ¿Sabes qué? Yo le daría a la Vanesa esa en las narices y me haría las fotos más sexys de todo el instituto, para que se tragara su orgullo con patatas

-         Pero yo no puedo hacer eso…

-         ¿Cómo que no?

-         Me da vergüenza…-añadí en un susurro.

-         Conmigo no cuela bollito…Si tu no te haces esas fotos yo no pienso comprar ese calendario- añadió en broma, aunque a mi me ilusionó que ella quisiera comprar algo solo por mi. Intenté desviar un poco el tema:

-         Y encima, me ha endosado a mi todo el pastel…tengo que buscar un fotógrafo como sea y que nos haga las malditas fotos a buen precio- añadí abatida- ¡¡y no se que hacer!!- enterré mi cabeza en uno de los cojines del sofá

-         Bueno- dijo Raquel antes de dar un último sorbo a su café- creo que en eso te puedo echar una mano…

-         ¿Conoces a algún fotógrafo lo suficientemente ingenuo como para ponerse a hacer fotos a un montón de adolescentes hormonados?

-         No…pero conozco una fotógrafa lo suficientemente necesitada de dinero extra para pagar el alquiler del piso, que se arriesgaría a ello…

 

Miré a Raquel de forma interrogante.

-         ¡Oh venga!…-me dijo riendo- ¿me vas a decir que después de hurgar entre mis cosas esta mañana no viste las fotos?

-         ¡No estaba hurgando!¡Fue un accidente..!!yo…espera…¿Las fotos son tuyas?

-         ¿Son buenas eh?- dijo guiñándome un ojo

-         ¿De verdad estarías dispuesta a hacerlo?

-         No es que sea la ilusión de mi vida, pero…¡la necesidad aprieta!

-         ¡Eso sería genial!- dije dando un pequeño saltito en el sofá y casi derramando parte del café de mi taza. Miré a Raquel emocionada y de pronto mi expresión cambió…

-         Yo…siento haber mirado en tus cosas…de verdad….fue un accidente-añadí algo avergonzada por haber cotilleado, en parte, en su intimidad.

-         No te preocupes…no tenía tanta importancia…en verdad, debería ser yo la que se disculpase.

 

La miré extrañada y ella me devolvió una mirada bastante confidente.

-         Yo no me comporté …correctamente contigo. -Se veía que estaba buscando las palabras adecuadas- Yo tampoco había tenido un buen día y además, acababa de recibir una llamada que…- se paró en seco- Lo pagué contigo de verás que lo siento….

 

Raquel bajo la mirada por primera vez desde que nos conocimos.

-         También lamento mucho lo de Cristina…estaba bajo mi responsabilidad y yo…

-         Ni se te ocurra decir eso- la corté- lo de hoy no ha sido culpa de nadie…No es culpa tuya que mi hermana haya decidido echar todos los dientes de golpe ¿no?

 

Una vez que la frase murió en mis labios, Raquel levantó de nuevo la mirada y se encontró de lleno con la mía….Sus ojos parecían brillar en la semipenumbra del salón.

No sabría decir cuanto tiempo permanecimos así, pero cada vez se me estaba haciendo más cómodo mirar aquellos ojos grises y sobre todo las conversaciones con ella…Quizás después de todo, pudiésemos al menos, llegar a ser amigas…

 

Por un instante, recordé la canción que Raquel tarareó a mi hermana la primera tarde que estuvo en casa….era un fragmento de una canción llamada Bittersweet…que venía a ser algo así como, agridulce…Quizás fuese una palabra perfecta para definir a Raquel…agridulce…Podía pasar de ser una persona amarga y algo cortante a convertirse en caramelo puro, como el que se derrite en el calor de la boca…

 

Bittersweet…

 

Pero el momento mágico se vio roto por mi hermana pequeña, que empezó a hacerse notar. La pequeña se removía inquieta en su cuna y lloriqueaba pidiendo la cena que se había perdido.

Raquel pareció reaccionar y saliendo del trance miró su reloj.

-         ¿Qué hora es?…¡madre mia!¡¡Es tardísimo!!- se levantó como un resorte del sofá y cogió su casco de la mesa del salón.- Tengo que marcharme ya, mañana tengo que levantarme muy temprano….¡ah, la vida universitaria! Ni los findes la dejan a una descansar.

 

Yo cogí a Cristina de la cuna y le tomé la temperatura con la mano, parecía que la fiebre había desaparecido por completo. Sonreí aliviada. Me fijé en que Raquel estaba prácticamente abriendo la puerta.

-         ¡Oye!- conseguí que se volviera hacía mi- …Gracias por todo…de verdad.

-         No me las des aún bollito- me guiño un ojo- mañana iré a tu instituto para hablar con quien sea que me vaya a pagar…Así que no te librarás tan fácilmente de mi…Voy a ser el terror de tu clase.

-         Hasta mañana entonces…- dije riendo por su comentario.

 

Finalmente, Raquel desapareció tras el sonido de la puerta al cerrarse.

Fui a buscar el termómetro para tomarle la temperatura exacta a la pequeña, antes de preparar la cena….ahora que me daba cuenta yo también tenía hambre.

Comencé a pensar en lo extraño que sería tener a Raquel mañana en el instituto de nuevo, en clase, y precisamente para….¡¿Un momento?!

 

El termómetro casi se me cae de las manos al darme cuenta de lo que acababa de hacer…si Raquel iba a hacernos las fotos…eso quiere decir…¡¿Qué ella iba a verme desnuda?!!

 

En esos instantes, si alguien me hubiese tomado la temperatura a mi, habría deducido que tenía fiebre….

 

Categorías: "La tormenta que trajo la calma" · FANFICS MISTIKA · cap.5

La tormenta que trajo la calma IV

Septiembre 25, 2006 · 4 comentarios

Capitulo 4:Mi vida en sociedad o como sobrevivir al instituto

Estaba lloviendo, el agua caía con tanta intensidad que mi ropa empezaba a pesar más de la cuenta y a pegarse a mi cuerpo…

Para variar, llegaba tarde al instituto y para no perder la costumbre, me había dejado el paraguas en casa.

El sonido de mis pasos resonaba en el vacio de las calles a esas horas de la mañana . Tan solo se escuchaba el sonido de mis pies sobre los charcos y mi respiración algo acelerada por la carrera…No quería llevarme otra bronca por parte del profesor, así que aceleré aún más la carrera y cruce en apenas unos cuatro pasos el espacio que me separaba de la puerta del instituto…Y cuando llegué, me paré en seco.

 

Allí, en la puerta del instituto, con un enorme paraguas azul estaba esperándome Raquel.

 

Estaba apoyada en la pared de la puerta principal, con sus gastados vaqueros y su habitual pose despreocupada.

Pareció percatarse de mi presencia y muy lentamente se acercó, hasta que su paraguas me cubrió por completo. Incluso ahora que la tenía apenas a unos centímetros de mi, seguía sin saber que decirle….Tan solo atinaba a mirar sus profundos ojos azul-grisáceos que en esos momentos podían competir con el color de las nubes, mientras un montón de preguntas pasaban por mi cabeza….pero sobre todo una: ¿Qué hacia ella aqui?

 

Me sonrió pícaramente como el día anterior, mientras me miraba de arriba abajo, con tanta intensidad que me sentí desnuda y bajé la mirada a mis botines encharcados. De pronto me di cuenta de que mi camiseta, estaba completamente pegada a mi cuerpo, dejando muy poco a la imaginación y como un acto reflejo, me cubrí con los brazos. Me sentí algo ridícula al estar en esta situación por segunda vez frente a ella.

-         Bea…- dijo Raquel con una voz tan suave que se asemejaba mas a un susurro que a otra cosa- no te preocupes…-A medida que seguía susurrándome, uno de sus largos dedos me retiraba parte del flequillo mojado de la cara. El tacto de su piel me hizo mirarla con sorpresa. Recogió mi flequillo tras la oreja, prolongando el contacto mas de lo que requería ese simple movimiento…- Estás preciosa…

 

Me costó asimilar sus dos últimas palabras, pero para cuando pude reaccionar para decir algo, Raquel ya estaba tan cerca que apenas distinguía el color de sus ojos. Cerré los mios esperando el tan ansiado contacto y cuando pude sentir su cálida respiración sobre la mia, ella vaciló unos instantes.

-         Bea…tengo…tengo que decirte algo…

-         ¿Qué?- apenas pude pronunciar aquel monosílabo luchando por no acortar los escasos tres centímetros que nos separaban.

-         Yo…-continuó ella- quería que supieras…

 

Cerré los ojos para sumergirme en el significado de sus palabras…

-         Quería decirte que…¡Son las 7,30 de un frío viernes, pero tranquilos…el fin de semana está a la vuelta de la esquina!!!

-         ¿Qué?

 

Abrí los ojos con sorpresa y descubrí que aún estaba en mi cama a punto de besar a mi almohada.

-         ¡¡Y ahora dedicamos esta canción a nuestros radioyentes más madrugadores!!- gritaba el locutor de radio.

 

Le lancé la almohada al maldito despertador, con tan mala suerte que tiré el vaso de agua al suelo.

-         Mierda!!

 

Mientras recogía el estropicio, pensaba en porque los despertadores tienen la fea costumbre de despertarte en lo mejor del sueño….Debe ser un complot a nivel mundial porque a todo el mundo le ha pasado alguna vez….¡maldita sea! Había sido todo un sueño…¿Tan fuerte le había dado? ¿Sólo había pasado una tarde con Raquel y ya soñaba con ella?

 

Para cuando terminé de recogerlo todo, eran casi la 8, así que tuve que vestirme a toda prisa y para disimular la cascada de rizos que era mi pelo, lo recogí en una trenza.

Desayuné a toda prisa y salí con una tostada colgando de mi boca. Me despedí de mi madre y de mi hermana con un ininteligible “¡AFDIOSF!, no sin antes coger un paraguas por si acaso…

 

Llegué por los pelos a clase (ni rastro de Raquel), cosa que agradecí y me desplomé en mi silla, enterrando la cabeza entre mis brazos.

-         ¿Una mala noche?- levanté la cabeza la reconocer la voz de mi compañera y amiga Helena.

-         Problemas con el despertador…-respondí escuetamente.

-         ¿Ha vuelto a interrumpir otro de tus sueños húmedos?- dijo guiándome un ojo

 

Aquella “morena cañón” como la llamaban en el instituto, por ser junto a Vanesa la chica más sexy del instituto, le encantaba tomarme el pelo.

Ella era la única que sabía mi secreto y aunque nunca lo hacía con maldad ni me echaba nada en cara….le encantaba picarme.

-         ¿Quién era esta vez?…¿Monica Belucci, Elsa Pataki…o alguno de esos pibonazos que salen en televisión?

-         ¿¡Pero quien te has creído que soy?!

-         Es verdad…- añadió ella- no podrías soñar con ninguna de ellas porque…¡estas enamorada de mi!- Y acto seguido me abrazó con tanta fuerza que pensé que me cortaría la respiración.

-         ¡Para!…¡para!Helena…no grites…nos están mirando todos…

-         Eso es porque en verdad son todos unos mirones y se mueren por verte en acción- dijo mientras me achuchaba aún más.

 

Así era ella, increíblemente despreocupada de los comentarios de los demás, y extremadamente cariñosa…Quizás por eso me animé a contárselo y el día que lo hice…su reacción fue todo menos lo que hubiese podido esperar:

Profirió algo parecido a un gritito de sorpresa y acto seguido se arrojó a mis brazos para abrazarme casi tan fuerte como ahora, mientras me gritaba prácticamente al oído que le encantaba la idea de tener una amiga lesbiana.

-         ¡Será genial.!- me había dicho- Cuando vayamos por la calle yo podré decirte…¡eh! Mira esa!! Y tú podrás decirme con sinceridad como de guapa estoy cuando salgamos de discoteca!!!

 

Aquello me hizo mucha gracia…Me sentía cómoda con ella, porque a pesar se saberlo, ella no había cambiado su forma de actuar conmigo…me seguía abrazando igual, dándome besos y pidiéndome opinión sobre las minúsculas faldas que solía llevar…Seguía siendo mi mejor amiga y no se sentía violenta conmigo, ni yo con ella, porque ambas sabíamos que a pesar de ser ella un bombón, lo único que yo quería con ella era nuestra amistad de todos estos años….Yo tenía muy claro que ella era lo que llamaríamos una “hetero” en toda regla….Además, Helena era demasiado “voluptuosa” por delante para mi gusto, aunque sus escotes fuesen lo mas llamativo para todos.

 

El tutor llegó a tiempo para evitar que Helena terminara de asfixiarme.

-         Vamos chicos…iros sentando.

 

El barullo de gente se fue, poco a poco, sentando en sus respectivos sitios.

-         Luego tengo que contarte algo- le susurré a Helena…quería contarle toda la historia de Raquel.

 

Vanesa pasó por nuestro lado, dirección a su mesa y pateó “accidentalmente” mi mochila, tirando parte de su contenido.

-         Eh tú!!!Rubia de bote!!! Mira donde pones tus pezuñas- le grito Helena con su habitual desparpajo…Si a mi no me caía muy bien Vanesa…Helena no podía ni verla.

-         Si no dejarais vuestros trastos en medio- dijo enfatizando el “trastos”- no pasaría nada

-         Serás…- pero Helena no llegó a terminar.

-         Señoritas- dijo nuestro tutor- ¿les importaría dejar la conversación para más tarde y permitirme comenzar la clase?- preguntó con ironía.

 

Nuestro tutor era un hombre joven que disfrutaba mucho con su trabajo…Se notaba que le gustaba trabajar con adolescentes. Nos obligó a todos a llamarlo por su nombre de pila…Dijo que así parecería más un compañero que un profesor. ¬¬U

-         Claro Manu- dijo Vanesa dedicándole su mejor sonrisa, mientras volvía a su sitio meneando  el culo. No era un secreto que Vanesa intentaba tirarle los tejos (sin posibilidad alguna, diría yo) al tutor.

-         Bueno- comenzó Manu- antes de empezar la clase quiero comentaros algo…Como ya sabeis, este año vamos a organizar el viaje de fin de curso. ¿Habeis decidido ya a donde queréis ir?

-         Bueno Manu- soltó Vanesa sin darle tiempo a nadie a contestar- Estuve haciendo cuentas y el viaje a Tenerife puede salir bastante bien- dijo utilizando ese tono de niña buena que solo se creían los profesores.

-         ¿Cuentas? ¿Ella?- me susurro Helena- Lo dudo mucho de alguien que por llegar la primera a la repartición de tetas, llego tarde a la de cerebros!!

 

Ahogué una risa contra la manga de mi jersey, pero aunque el resto de la clase no pareció darse cuenta, para Vanesa no paso desapercibido y nos fulminó con la mirada.

Hice como si no me hubiese dado cuenta y traté de disimular mientras Vanesa y otro chico de la clase, contaban el precio del viaje, el hotel, las excursiones y todo lo que ofrecía el pack del viaje.

-         ¡Me parece muy bien!- dijo Manu-veo que os lo estáis tomando en serio…¿Estáis todos de acuerdo?

 

Vamos a ver…playa, un clima estupendo, con los amigos y un montón de chicas en bikini…¿Quién no querría ir?

Como respuesta un estridente SIIIIIIIIIIIIIIIIII!!!! Resonó en el aula.

-         Vale…calmaos…- Intentó hablar Manu sobre el barullo- Ya veo que no soy el único con ganas de playa…pero sabéis que tenéis que poneros las pilas para recaudar dinero para el viaje ¿no?

-         Sobre eso…- comenzó Luis, un chico bastante simpático de mi clase y bastante guapo…aunque también algo chulillo. Tenia a bastantes chicas babeando por él…Sino fuera porque no soy hetero, probablemente me habría fijado en él: moreno, ojos verdes, piel bronceada.Un bombón para muchas chicas….Como Vanesa que llevaba intentando llamar su atención desde 1º de ESO…sin resultado- Creo que podríamos dar varias ideas cada uno…bueno, ya sabeis, lo típico es vender camisetas, mantecados en navidad, cosas así…¿qué mas se os ocurre?

 

La gente empezó a dar ideas varias…Desde fiestas organizadas, tómbolas hasta rifar a Luis o al tutor para que alguna de aquellas niñas locas lo comprara para una noche de pasión.

-         Eh! Bea- me llamó Helena- ¿A ti no se te ocurre nada?¡Venga! que tu eres la de las buenas ideas…

-         Bueno, no se…tengo una idea, pero en  verdad es una tontería…

-         ¿Más tonto que rifar a Manu?…¡Imposible! Anda, dilo…

-         No, paso…ya hay bastantes ideas.

 

Pero lo que yo no esperaba era el pellizco que Helena me dio en el brazo y me hizo gritar sobre el barullo de la clase…Como resultado, todo el mundo se cayó al instante.

-         ¿Pasa algo?- me preguntó Manu- ¿Algo que añadir?

-         Ehmmm- veinticuatro pares de ojos me miraban curiosos y noté que me empezaban a sudar las manos- Bueno, se me había ocurrido que podríamos hacer un calendario…

-         ¿Un calendario?- preguntó Vanesa con un tono de indiferencia total.

-         Si pero no un calendario normal…en fin, claro que tendría doce meses…pero las fotos que aparezcan en él serán las de nuestro curso….fotos curiosas o artísticas…Así como mínimo, la gente del instituto se animaría a comprarlo…

-         Oye…pues no es mala idea

 

Aquello lo dijo Luis y me dedico una de esas sonrisas que harían que el hielo se derritiera en un instante. Le sonreí de vuelta, al menos alguien me apoyaba (a excepción de Helena, claro)

Un pequeño murmullo empezó a oírse por la clase…Frases como: “Es verdad…¡estaría chulo!” o “¡que guay!” sonaban a mi alrededor.

Me sentí bien por ello y miré casi instintivamente a Vanesa que se había quedado callada, con una mirada sorprendida…No sabía si se debía a que le sorprendía mi idea o el echo de que Luis me había sonreído como nunca le había sonreído a ella.

 

Sin embargo, su expresión cambió de repente y me devolvió una mirada que no auguraba nada bueno, oculta tras una sonrisa.

-         Me parece una idea genial Bea- dijo Vanesa- Pero…

 

Ese “pero” me puso los pelos de punta…Estaba tramando algo y no era nada bueno.

-         ,,,Pero creo que podríamos hacer esas fotos aún más interesantes…

 

En ese momento supe que estaba fijada mi sentencia de muerte, porque la palabra “interesante” no parecía significar lo mismo en la boca de Vanesa.

-         ¿Interesantes?- pregunté con miedo.

-         Bueno…si queremos que la gente los compre, seamos realistas…¿Qué es lo que realmente llama la atención de la gente?

 

Un murmullo general se elevo de nuevo en la clase que fue acallado por una única palabra pronunciada por Vanesa…

-         ¡SEXO!

 

¿Cómo pueden tener cuatro letras tanto poder sobre la gente? Todo la clase enmudeció para observarla con los ojos como platos.

-         ¡¿Qué?!- no pude evitar que se me escapara más fuerte de lo preciso. Eso provoco una carcajada general y una sonrisa maliciosa por parte de Vanesa.

-         ¿Quién no querría comprar algo donde probablemente vaya a ver más de lo que la ropa de sus compañeros le muestra?

-         Estas diciendo…estas diciendo…¿qué salgamos desnudos?- pregunté con un hilo de voz.

-         Yo no he dicho “desnudos”…solo se insinuaría la desnudez..¿Por qué?¿Acaso te gustaría verme desnuda Bea?- por un momento sentí como mi boca se quedaba seca y todo a mi alrededor giraba…¿Ella sabía que yo…?

-         ¡ Yo si que quiero verte desnuda!!- grito un compañero del fondo provocando una nueva carcajada general y desviando mi posible respuesta.

-         Esperad, esperad…- dijo Manu- ¿No os parece un poco osado?

-         ¡Claro que no! Solo serán algunas fotos insinuantes…nada más. ¡La idea de Bea es buenisima!- me dedico una sonrisa falsa

-         A mi me parece muy bien- dijo Luis

-         ¡Yo compraría todo el lote de calendario si sales tú!- le gritó un chico de la clase a Vanesa. Nuevas risas.

-         Bueno…¿Y quien va a salir en el calendario?- pregunto otra chica- Porque no vamos a poner doce fotos de Vanesa.

-         Claro que no- rió ella tontamente- hacemos una lista y los que piensen que están preparados para salir en el calendario- dijo mirándome de una forma que no dejaba lugar a dudas de que se trataba de un reto- que se apunten.

 

Le devolví la mirada…aunque tal y como me temblaban las piernas, puede que no quedara muy convincente…¿desnuda?¿yo? ¿y delante de una cámara para que después repartan mi imagen por ahí?…Me parece que acababa de tirarme un farol muy gordo…

-         ¿Y cómo hacemos las fotos?… Es decir ¿Alguien tiene idea de cómo hacer buenas fotos?- preguntó Luis.

-         Bueno, ya que la idea a sido de Bea, ella debería ser quien se encargara de eso…- dijo Vanesa.

-         Pero- repliqué – yo no tengo ni idea de fotografía y…- pero Vanesa no me dejo terminar.

-         ¿Y no sabes de nadie?-preguntó haciendo un puchero de niña “buena”- Seria una pena que después de que todo el mundo (recalcó bien esa parte) se ha animado, ahora no pudiésemos hacer el calendario…sería tan original…

-         Bueno, se podría buscar a un fotógrafo que por un buen precio…

-         ¡Genial! Entonces te encargas tu ¿no?

 

Un momento…¿ella acababa de endosarme el trabajo sucio? Manu y el resto de la clase me miraban expectantes…¿Cómo se las había arreglado Vanesa para conseguir darle la vuelta a la tortilla?Y sin que nadie se diera cuenta! Los segundos que tarde en contestar, se me hicieron eternos.

 

-         Claro…podría intentarlo…

 

-         ¡Bien! Pues todo arreglado…A ver, los que quieran salir en el calendario que se apunten en este papel- grito Vanesa, arrancando una hoja de su cuaderno.

 

Un ruido de sillas arrastradas enturbió mis pensamientos, mientras la gente se agolpaba alrededor del  sitio de Vanesa…¿Cómo había pasado esto?… Y yo como una tonta había aceptado…

Apreté los puños con rabia, ahora que nadie parecía darse cuenta. Vanesa había jugado conmigo como había querido. No solo me retaba a algo que sabía que probablemente no sería capaz de cumplir, sino que encima se las apaña para que yo hiciera todo el trabajo sucio…¿Por qué había aceptado? Eché un vistazo a mi alrededor para ver a todos mis compañeros apuntándose en la dichosa lista…Supongo que había cedido a la presión y ahora me había tocado todo el marrón solo para que Vanesa se luciera en unas malditas fotos y aumentar así su fama en el instituto…¿Cómo puedo ser tan tonta?

 

 Estuve enfadada conmigo misma toda la mañana y ni siquiera me pude desahogar en el recreo con Helena contándole lo de Raquel porque tenía tutoría con la profesora de mates. Así que cuando sonó la campana de salida, salí de allí lo antes posible…No quería oir a nadie más hablar del maldito calendario. Ni siquiera esperé a Helena, lo único que quería era llegar lo antes posible a casa y olvidarme por completo de la tonta risita de Vanesa.

 

Abrí la puerta de casa y solté las llaves sobre la mesita de la entrada, con tanta fuerza, que podía haberle hecho un agujero.

 A zancadas me acerqué a la puerta de la cocina y la abrí de un empujón…Para escuchar acto seguido un pequeño grito de dolor:

-         ¡Ay!- la puerta rebotó de nuevo hacia mi.

-         ¿Qué?…- abrí despacio la puerta y me encontré con Raquel que se frotaba el brazo que le había golpeado- ¡Lo siento!…perdona Raquel, yo…es que…no te había…no quería…- los nervios no me dejaban hablar.

-         ¿Serás capaz de acabar la frase hoy?- me dijo con su habitual tono mientras se miraba el codo en busca de algún moratón- Sabía que no te caía del todo bien…pero de ahí a intentar matarme…

-         No…yo sólo venía a…

-         ¿A por un vaso de agua?- me miró sonriendo de lado como hacía para sacarme de quicio. Yo le dediqué una mirada asesina pero debió importarle poco, porque de pronto me apartó a un lado y paso dirección al salón a través de la puerta, llevando un biberón en las manos.

-         Tu hermana necesita esto…si me disculpas…

 

Eso ya fue lo que me faltaba…no había tenido bastante con lo del colegio, sino que ahora tenía que aguantar el mordaz humor de Raquel.

Entré en la cocina, con la idea de buscar algo bueno en el interior del frigorífico y encerrarme en mi cuarto hasta que el mundo dejara de estar en mi contra…Sin embargo encontré una nota de mi madre pegada en el frigo con un imán:

- “Hoy llegaré mucho más tarde…me toca hacer turno doble y no tengo elección. Lo siento mucho, pero confío en ti y se que todo ira bien.

Prometo compensaros a ti y a Cristina este finde…”

-         Genial…- dije tristemente- mi madre vendrá de madrugada- Sabía lo difícil y sacrificado que era su trabajo y lo mucho que se preocupaba cuando no podía venir a cenar…al menos, decía que confiaba en mi. No pude menos que sonreir por ello.

-         Oh! Hay una pequeña nota abajo- leí las dos líneas que había apuntado más abajo: “PD: Pídete una pizza para cenar bollito!!!” ¬¬U

 

De nuevo lo había echo y ni siquiera estaba presente….Busque en la lista de números que había apuntados en otra lista en el frigo…a lo mejor encargaba comida china o algo del mexicano…si encontraba el numero claro. Pasee mi mirada por los números de la lista: la policía (¡jolin! ), los bomberos ( ¿se pensara mi madre que soy una pirómana?), emergencias, emergencias de terremotos, la UVI, el psicólogo(menos mal que se supone que está tranquila porque me quedo aquí sola), el teléfono de Raquel, el teléfono de ayuda al estudiante, el…¡espera! Retrocedí para ver si era real lo que había leído…

Allí, escrito con rotulador negro estaba muy clarito el teléfono de móvil de Raquel!!^^

 

Sin embargo, aunque  mi primera reacción fue alegrarme, al instante recordé lo borde que se había puesto conmigo y el enfado de ese día volvió a mí. Agarre una lata de coca-cola y un plato con el almuerzo que mi madre había dejado preparado.

Subí las escaleras sin ni siquiera decirle nada a Cristina…prefería esperar a que Raquel la dejara durmiendo y me encerré en mi cuarto de un portazo.

 

 

Tarde casi una hora en comer y luego durante otro par de horas, estuve intentando hacer los deberes o leer, o hacer cualquier otra cosa que no fuera pensar en todo lo que me molestaba de este día…pero al final, acabe tumbada boca arriba en mi cama pensando básicamente en una cosa: Raquel.

¿Por qué tenía esos cambios de humor?..Aunque en verdad, ¿que esperaba? No es que fuéramos amigas del alma ni nada por el estilo, pero al menos el día anterior me dio la sensación de que le caía bien…(al menos un poco)…Aunque claro, mi recibimiento no había sido un ramo de rosas precisamente…normal que se hubiera enfadado por el golpe.

Decidí que era una buena idea bajar e intentar disculparme con ella…quizás pudiésemos tener una conversación decente.

 

Bajé las escaleras más animada y cuando estaba por la mitad, escuche el ligero sonido de un llanto, y si no me equivocaba, era mi hermana.

Llegué rápidamente al salón y encontré a la pequeña que lloriqueaba débilmente en su cuna. La cogí en brazos e intenté que se calmara…

-         Ya, ya…shhhh…tranquila Cristina ¿Qué te pasa?…¿Dónde está Raquel?

 

Sin darme cuenta y nerviosa por el llanto de mi hermana, había empezado a moverme por la sala y en uno de los giros, tiré al suelo la mochila de Raquel, que estaba encima de la mesa del salón…Una carpeta que había en su interior se abrió esparciendo todo su contenido por el suelo.

-         ¡Mierda! Cómo sean sus apuntes me va a matar…- Intenté recoger todo aquello con una mano mientras que con el otro brazo mantenía a Cristina que no paraba de llorar. Comencé a recoger unos cuantos folios con cosas escritas intentando que mantuvieran un cierto orden en mi mano, sin embargo, al levantar uno de los folios, descubrí algo que me dejo fascinada…

 

Era una foto, pero lo que más llamaba la atención era el juego de luces que había en ella. Era una foto en blanco y negro del paisaje de una playa en la que se veía un perro corriendo en la orilla y una chica cuyo largo pelo, parecía estar mecido por el viento.

Seguí mirando las fotos que había bajo esa…había algunas de paisajes y de personas, pero todas tenían un algo que no podía explicar…O bien era la fuerza que transmitían o la delicadeza con la que la luz se expresaba en ellas. Yo no entendía mucho de fotografía, pero juraría que eran bastante buenas…Sin embargo, la que mas me impactó fue una de  las que estaban al final: una chica, completamente desnuda, envuelta entre las sombras de su propio cuerpo, dotándola de una sensualidad y un impacto visual que nunca había visto.

 

Apenas me había dado cuenta de que Cristina aún seguía lloriqueando, hasta que Raquel apareció de una de las habitaciones con un móvil en la mano:

-         Tranquila Cristina, ya estoy aqu…- se paró en seco al verme arrodillada en el suelo recogiendo sus cosas.

-         ¿Qué haces?- me preguntó con frialdad.

-         Perdona, es que le di sin querer a la maleta y se cayeron las cosas…intentaba ponerlas en orden…y…- Mientras hablaba, Raquel recogía las cosas y las metía en la mochila.

-         Y decidiste cotillear un poco ¿no?- me quitó las fotos de la mano.

-         ¿Qué?¡no!..yo, estaba…¡un momento! ¿Y tú donde estabas? Mi hermana estaba llorando.

-         Ha sido un instante…a demás, es normal que llore- me dijo elevando la voz por encima del llanto de Cristina.

-         ¡Cómo que normal!- le dije prácticamente gritando.

-         Porque…-cogió el chupete de la cuna de Cristina y se lo metió en la boca. La pequeña dejó de llorar al instante- …le están saliendo los dientes.

 

De nuevo me sentí como una tonta…¿Cómo no me había dado cuenta de que no tenía el chupe?

-         Tengo que irme ya- me contestó secamente Raquel y salió de casa llevándose la mochila y el casco de la moto.

 

Su portazo y su corta respuesta me dejaron clavada en mitad del salón con la pequeña en brazos. En esos momentos tenía ganas de llorar y de gritar al mismo tiempo…

 

Acosté a Cristina que pareció calmarse al final y me dediqué a hacer la tarea que no había echo antes, junto a la cuna de mi hermana. Cuando me di cuenta era la hora de cenar. Me froté los ojos que tenía un poco cargados por la lectura y bostecé mirando el reloj.

-         Bueno, vamos a ver…¿Qué prefiere la señorita?- dije en voz alta dirigiéndome a mi hermana- ¿Un sabroso biberón con extra de queso o con pepinillos?- me acerqué a su cuna sonriendo- Creo que nos hemos ganado una extra de queso ¿no crees?

 

Sin embargo, Cristina no parecía reaccionar a mi voz…Me pareció extraño, además a esta hora suele despertarse para la cena, pero parecía estar profundamente dormida.

-         Eh, pequeñita- le acaricié la cara para despertarla y me asusté.

 

Estaba ardiendo.

La saqué de la cuna y siguió sin inmutarse, pegué mis labios a su frente para comprobar la temperatura….parecía que tenía fiebre, y mucha.

Corrí con ella en brazos hasta la salita y busqué el termómetro. Al cabo de unos minutos comprobé que la pequeña tenia fiebre y me estaba asustando cada vez más porque, seguía dormida y respirando muy lentamente.

 

Intenté que el pánico no se apoderara de mí, pero al final el miedo me venció y corrí a por el teléfono para llamar a mi madre, sin embargo, me detuve a mitad del número…Una voz en el fondo de mi cabeza me decía que no lo hiciera…Si llamaba a mi madre, no solo se iba a asustar muchísimo, sino que podía perder su trabajo si salía ahora, y eso no podía ser.

 

Sentí un pequeña opresión en el pecho y colgué el auricular…empezaba a angustiarme y de nuevo, esa vocecilla parecida a mi conciencia volvió de nuevo y me hizo hacer algo sin ni siquiera pensar si era una buena idea…En ese momento era la única idea.

 

Marqué uno de los números de la lista que mamá me había dejado en el frigo y tras una par de tonos, una voz se escuchó al otro lado:

-         ¿Diga?

-         ¿Raquel?- mi voz sonó quebrada a través del aparato.

-         ¿Quién es?

-         Soy yo…Cristina está…creo que tiene fiebre muy alta y…- las lagrimas luchaban por salir y mi voz sonaba cada vez más estrangulada.

-         ¿Bea?¿Qué ocurre?- la voz de Raquel sonó terriblemente preocupada.

-         Cristina tiene fiebre…y mi madre no está…-mi voz se cortaba por los sollozos-Estoy muy asustada Raquel, tengo que llevarla a urgencias y pensé que tú…no se…no se que hacer…yo…

-         Tranquila…- su voz seguía sonando preocupada, pero ahora trataba de susurrarme las palabras para que me tranquilizara- no llores cariño. Ahora escúchame bien, abriga a Cristina todo lo que puedas. Estoy a allí en 5 minutos. Todo saldrá bien.

-         Gracias…- después de eso solo oí el sonido intermitente de que alguien había colgado al otro lado de la línea.

 

Hice exactamente lo que Raquel me había dicho, intentando calmarme lo máximo posible…aunque estaba tan alterada, que ni siquiera me había dado cuenta de cómo me había llamado y la dulzura con la que lo había echo.

No muy lejos de allí, una moto cruzaba la ciudad a toda velocidad, saltándose semáforos y derrapando sobre los charcos, mientras la chica que la conducía, rezaba por llegar a tiempo con el corazón bombeándole en el pecho.

 

Categorías: "La tormenta que trajo la calma" · Cap.4

La tormenta que trajo la calma… Cap.3

Mayo 10, 2006 · 9 comentarios

CAPÍTULO 3: ¿ESTAMOS SOLAS?

Bea había intentado ponerse a hacer los deberes, pero cada vez que empezaba, su concentración se veía alterada por cierto personaje que permanecía en la planta baja.

- No me puedo creer que realmente haya tenido el morro de venir a pedir trabajo, después de que casi me mata… – pensaba Bea mientras mordisqueaba el lápiz.

- ¿Qué estará haciendo?

 

Y de pronto se dio cuenta de que había dejado sola a su hermanita con esa…con esa…con ella!!

Salió rápidamente de la habitación.

Bajó rápidamente las escaleras saltando los escalones de dos en dos hasta llegar a los últimos escalones donde se paró en seco…

- ¿Por qué estoy tan histérica? Cálmate Bea…- pensaba- No puede ser tan…bueno, tan mala! Seguro que…

 

Pero Bea enmudeció de pronto, porque el silencio que rodeaba sus cavilaciones se vio roto por un murmullo que provenía de algún punto del salón.

- ¿Pero qué..? – Bea se asomó casi de puntillas por el borde de la barandilla y contuvo la respiración al ver lo que vio…

 

Raquel estaba en el centro de la habitación con su hermana en brazos, la cual debía haberse despertado y…le estaba cantando una nana!!

Era casi un susurro que escapaba de sus labios pero Bea pudo distinguir que se trataba de algún tipo de canción…aunque ahora que la escuchaba atentamente, no era una nana…

I'm giving up the ghost of love
And the shadows cast on devotion

She is the one that I adore
Queen of my silent suffocation

Y en ese momento toda su hostilidad hacia aquella chica se esfumó de repente. Y es que hasta ahora no había podido mirarla con detenimiento, puesto que sus dos encuentros habían sido demasiado rápidos y “accidentados”.

 

La silueta de Raquel se recortaba gracias a la poca luz que entraba por la ventana del salón y a pesar de la tormenta que se estaba desarrollando fuera, la imagen que transmitía el interior era de pura quietud.

Bea pudo apreciar que aquella chica, en su conjunto parecía llevar un atuendo oscuro que la hacían parecer mayor de lo que sin duda era.

 

Comenzó a observarla de abajo a arriba, reparando en aquellas botas anchas y negras, los vaqueros gastados (y teñidos de algún color oscuro) que delineaban sus dos largas piernas, su estrecha cintura… continuó en su viaje ascendente hasta topar con su jersey de rejilla negro, que caía sobre su cuerpo dejando una delgada capa imaginaria entre el exterior y lo que seria su piel…blanca como la leche…

 

- ¿ Pero que coño estas pensando? – se riñó a si misma Bea, no sin poder reprimir un sonrojo por su último pensamiento.

Break this bittersweet spell on me
Lost in the arms of destiny

Bittersweet

 

La canción atrajo de nuevo su atención hacia la figura de la chica, centrándose en su cabello que parecía caer como marea oscura enmarcando su cara de porcelana. Beatriz pensó que todos los rasgos de la cara de aquella chica eran finos y delicados, como si hubieran sido tallados con cuidado por un escultor perfeccionista…Nada que ver con su nariz chata y sus labios gruesos…Dios! Los finos labios de aquella chica se movían acompasados susurrando aquella canción mientras un atisbo de sonrisa se colaba en ellos al ver que la pequeña se estaba quedando dormida.

Irremediablemente, Bea, volvió a caer en las redes de aquellos ojos tormenta y aunque en un primer momento parecían ser fríos, pudo apreciar que mientras miraba al bebé un pequeño haz de luminosidad los cubría… ( como la luz de un trueno en mitad de una tormenta)

En conjunto, parecía ser un ángel negro, despojado de sus alas, intentando aparentar frialdad…pero fallando innegablemente en el intento.

 

I won't give up
I'm possessed by her

La voz se fue convirtiendo en un susurro cada vez más imperceptible a medida que Cristina parecía haberse quedado dormida. Raquel la recostó en la cuna y la arropo. Después, se apoyo en la barandilla y se quedo observando al bebé como dormía.

 

- ¿Cómo es posible? –pensó Bea – Que pueda cambiar tan radicalmente… ¿ Cómo es posible que siendo tan dulce sea tan… borde?

- Si sigues mirándome tanto me vas a gastar – dijo de repente Raquel, dejando a un lado a Cristina y dedicando una mirada fría a Bea que aún seguía agazapada en la barandilla de la escalera.

 

Retiro lo dicho…ES POSIBLE. ( ¿ Tendrá doble personalidad esta tía?¿Y por qué a mi siempre me toca la mala…? ¬¬U )

 

Bea casi se cae de la escalera debido al choque que le había producido el cambio de la escena anterior a la de unos ojos azul-grisáceos que la miraban con tanta frialdad y… ¿nerviosismo?

¿Por qué Raquel estaba nerviosa si a la que la habían pillado espiando era a ella?

 

Aunque…A lo mejor…Raquel había bajado la guardia pensando que estaba sola y que nadie la veía…

Bien, bien….ahora voy a vengarme de tu estúpida sonrisita por lo de “bollito”- pensó Bea.

 

- Creo que ya ha llovido bastante por hoy ¿no? Aunque si sigues cantando quizás caiga el diluvio universal!- dijo mientras terminaba de bajar las escaleras con un tono bastante irónico…bien…Raquel 1- Bea 1…je,je,je

- ¿ Sabes que es de mala educación espiar a los demás?- preguntó Raquel acercándose a donde estaba Bea.

- Yo no te estaba espiando…Tengo cosas más importantes que hacer ¿Sabes? Tengo toneladas de deberes para mañana – y se encaró un poco con la chica.

- ¿A si?..¿Entonces por qué has bajado si se puede saber? Si no me estabas espiando ¿que hacías pegada a la barandilla de la escalera como una lapa?.. ¿No te fías de mí? ¿O es que acaso te gusto? – pregunto Raquel con su descaro habitual mientras se acercaba peligrosamente a Bea esperando a que esta procesara toda la pregunta.

- Pues para tu información he bajado por un vaso de agua y… -en ese momento el cerebro de Bea pareció procesar lo ultimo que Raquel había dicho, al parecer demasiado tarde porque sus piernas habían tomado la iniciativa por si solas, avanzando hacía Raquel en un intento de encararse con ella, y para cuando reaccionó ya estaba en terreno peligroso y a penas un par de pasos las separaban. Una batalla para ver quien aguantaba mas tiempo la mirada de la otra, había estallado.

 

Permanecieron así unos instantes…vaya, parecía que Bea se estaba acostumbrando

A observar los ojos de Raquel a cortas distancias…se podían apreciar muchos matices que de lejos se difuminaban en su usual mirada fría.

 

- ¿Tú no ibas a por un vaso de agua? –preguntó secamente Raquel pero sin apartar su mirada de la de Raquel.

- Si… ( ¿No ira a pedirme un vaso para ella también?¿no?)

- ¿Y a que esperas? – dijo levantando las cejas- yo estoy aquí para atender a tu hermana no a ti… ¿O es que no puedes ir sola por el vaso de agua?

 

Bea abrió un poco la boca por la impresión…Y Raquel se giró con una semi sonrisa bailando en sus labios.

Bea 1- Raquel 2….Mierda!!

 

Bea se fue refunfuñando a la cocina por su “supuesto” vaso de agua. Apoyó la cabeza en le frigorífico mientras pensaba:

- ¿Por qué siempre consigue sacarme de quicio?… ¿Porqué?¿Por qué?- decía mientras se daba pequeños cabezazos con el frigorífico.

- Esa es una buena pregunta existencial, pero visto la hora que es, mejor deberías preguntarte ¿Qué hay para comer?

 

Raquel acababa de aparecer en la cocina interrumpiendo el intento de Bea por abollarse la cabeza.

Se acercó a una Beatriz petrificada junto al frigo y agarrándola por los hombros le dijo:

- ¿Me permites?- y con un rápido movimiento la separó del frigorífico y abrió la puerta del mismo.

 

Para cuando Bea consiguió volver en sí, Raquel ya estaba saqueando el frigo.

- ¡¿Pero qué te crees que haces?!- casi le gritó Bea .

 

Raquel se asomó por un lado de la puerta del frigo sosteniendo un bote de mayonesa en la mano.

- Mira niña…- Raquel tomo una bocanada de aire- son las 4 de la tarde, llevo en pie desde la 6,30 de la mañana, no he desayunado y como no coma algo pronto el ruido de mis tripas acabará por despertar a tu hermana…Además, tu madre me dio permiso para comer aquí…¿Estás más tranquila así?

 

(Bueno, dicho así daba hasta pena…)

- Va…vale…pero para tu información tengo un nombre! – le dijo Bea que no le había gustado el tono de Raquel al decir “niña”.

 

Raquel rodó los ojos y cerrando la puerta del frigo dijo:

- Vale…¿Dónde está el pan de molde…Beatriz?

 

Sin saber muy bien porque, Bea se sintió feliz de que ella supiera su nombre y dedicándole una media sonrisa le dijo:

- Segunda puerta a la derecha- mientras señalaba la alacena de la cocina.

 

Raquel le dedicó una agradable sonrisa antes de girarse hacia el mueble.

***********************************************************************

 

Diez minutos más tarde, había sobre un plato, un sándwich de tres pisos que contenía cosas que Bea ni siquiera sabía que existían en su frigorífico.

- ¿Brotes de bambú?- leyó Bea en un bote cuyo contenido formaba ya parte del sándwich.

- Sip, estaba escondido detrás del queso y el jamón de york, pero nadie es lo bastante bueno como para escapar de mis garras…- Raquel se relamía observando el sándwich que pensaba devorar en breves instantes.

 

Justo cuando Raquel iba a darle el primer bocado al sándwich:

- ¿Y se puede saber como te enteraste del trabajo? Porque al final no colgué ninguno…

 

Raquel miro de reojo a la castaña.

- ¿Recuerdas que me fugué con algún que otro cuerpo del delito?

 

Una imagen de Raquel patinando con un taco de anuncios en su mano, vino a la mente de Bea.

- ¿Has venido atropellando gente con los patines hasta mi casa?- Bea volvió a interrumpir el segundo intento de Raquel por morder el sándwich.

- No…he venido en moto… ¡¿No pretenderás que vaya en patines a todas partes?!

- ¡¿Tienes una moto?!- los ojos de Bea se iluminaron.

- ¡¿Me vas a dejar comer?!- preguntó Raquel desesperada.

- Bueno, perdona…

 

Quince segundos más tarde y tras medio sándwich devorado, Bea volvió a preguntar…

- ¿Qué moto es?

- Una Suzuki Bandit

 

La cara de Bea se iluminó…eso era una pedazo de moto!

Raquel miró de reojo la cara de emoción de Bea.

- ¿Te gustan las motos?- preguntó la morena.

- No…bueno, si…es que nunca me he montado en una y…bueno, me hace ilusión…una tontería!

 

Un extraño silencio inundó la cocina. Raquel parecía envuelta en una lucha interna, pero al final optó por no decir nada.

- ¿Qué edad tienes?- le preguntó Bea.

- Eso nunca se le pregunta a una señorita- dijo guiñándole un ojo.

 

Bea tuvo que morderse la lengua para no soltar algún comentario.

- ¿Y ese interés?

- Bueno…mi madre ha dicho que estás en la facultad, pero esta mañana estabas en el instituto…

- Ah! Es eso… ¿Ya sospechas que le haya mentido a tu madre?¿ Quieres ver mi carné de universitaria?

- No, no es eso…es que…no se… ¿Qué hacías allí?

 

Raquel sonrió y dejó el sándwich en le plato.

- Estoy haciendo un proyecto para una clase y como yo estuve en ese instituto, un antiguo profesor se ha ofrecido a ayudarme con algunos aspectos del trabajo, por eso tengo que ir de vez en cuando al laboratorio a echar un ojo…

- ¿De qué va el proyecto?

- Cuando seas mayor te lo contaré- Raquel sonrió tomando de nuevo el sándwich.

- Hablo la chica mayor y madura…-refunfuñó Bea por lo bajo.

- Pues más que tu seguro…además, era una broma, te lo tomas todo muy en se…

 

Pero cundo miró a Bea, se dio cuenta de que esta la observaba detenidamente…estaba mirando su boca.

- ¿Qué?-preguntó extrañada Raquel.

- Tienes…tienes mayonesa aquí – dijo Bea señalándose la comisura de la boca.

 

Sin ningún reparo, Raquel lamió con la punta de la lengua la mayonesa, con un gesto que a Bea se le antojó mas erótico de la cuenta.

¿Erótico?…Pensaba Bea, sin poder apartar la mirada de los labios de Raquel. Un extraño cosquilleo afloró en su estómago.

- Me estoy volviendo tarumba- pensó. Cuando se percató de que llevaba demasiado tiempo mirando fijamente su boca, desvió la mirada al sándwich.

- Umm… ¿Quieres?- le preguntó Raquel ofreciéndole el sándwich.

- No gracias, ya he picado algo en el instituto y no tengo hambre…

 

GRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRR!!!!

Su frase fue cortada por el ruido de su estómago.

- Pues creo que tu estómago no opina igual – dijo Raquel entre risas – anda, prueba un poco.

- No gracias- dijo Bea, que no sabía como siempre acababa haciendo el ridículo- ese sándwich lleva carne. Comeré otra cosa- dijo mientras se agachaba buscando algo por los muebles de la cocina.

- ¿Eres vegetariana?

- Sip – (¿Dónde están las patatas fritas?)

- La verdad es que te pega…

 

Beatriz salió de detrás de la puerta de la alacena con un paquete de patatas en la mano y la boca llena de patatas.

- ¿Qué pega conmigo? ¿Qué quieres decir?

- Bueno, no hay más que verte…una chica equilibrada, educada, que es responsable con su familia y su tarea, que mete a una desconocida en casa y después de gritarle, le permite vaciar su frigorífico…

 

- ¡Que graciosa!- dijo Bea que seguía devorando patatas.

- Además, algo me dice que estás haciendo un bachillerato de letras…¿Me equivoco?

- No… – Bea lo estaba flipando.

- Y seguro que te gusta la poesía, el arte y odias a la gente que va en patines- dijo Raquel triunfalmente.

- Ya…y todo eso lo pensaste cuando me tenias aplastada contra el suelo ¿No?

- No- dijo Raquel con una de sus extrañas miradas mientras se chupaba los restos de mayonesa de los dedos – mientras te tenía aplastada contra el suelo…créeme, pensaba en otras cosas…- acto seguido le guiñó un ojo.

 

( Oh cielos!…OH CIELOS!!! Que deje de hacer ESO mientras dice ESO y en ESE tono!!…)

 

- Ehhh…Deduzco que tu estás haciendo algo de ciencias ¿no? –Bea no supo como consiguió articular una frase completa, ya que las patatas se le habían quedado pegadas en la garganta.

- Si…estudio biología.

- ¿Se te dan mejor los bichos que las personas eh?

 

Bea lo había dicho en broma, pero la cara de Raquel tenia un aspecto asesino.

( mierda… se ha molestado)

- Y eso lo dice la chica que no tiene tiempo para dedicarle a su hermana pequeña! – le soltó Raquel con una mirada que parecía herida.

- ¡¡Eso son motivos personales que a ti no te importan!!….¿Sabes qué? No se porque me esfuerzo en tener una conversación decente contigo – Bea estaba un poco cansada de los cambios de humor de la morena- ¡Adios!

 

Beatriz cogió la bolsa de patatas de la mesa y cuando se disponía a salir de la cocina, la mano de Raquel la tomó de la muñeca y la retuvo.

Bea se giró preparándose para enfrentar la mirada arrogante y fría de Raquel. Porque si esta era proporcional al tirón que le había pegado de la muñeca…iba a ser terrible.

Sin embargo, lo que se encontró, la dejó muda.

 

Los ojos de Raquel parecían haberse llenado de nubarrones que fueran a ponerse a llover de un momento a otro. Parecía que se arrepentía de lo que había dicho.

- Espera…por favor…yo…lo siento…digo las cosas sin pensar- dijo mirando profundamente a Bea, mientras deslizaba su mano desde la muñeca de ésta hacia su mano – tienes razón… no se me dan muy bien las personas –añadió tristemente.

- Pues eso no es lo que opina mi madre- dijo Bea medio en broma.

- Bueno, eso es porque sólo ha hablado 10 minutos conmigo…no ha tenido que pasarlo tan mal como tú, aguantándome – dijo la morena sonriendo tristemente.

- ¿Qué te hace pensar que lo he pasado mal hablando contigo?

 

La pupila de Raquel se dilató de pronto y por unos instantes, Bea no supo decir si era porque estaba sorprendida o asustada.

Raquel desvió la mirada y fue cuando ambas descubrieron que aun estaban cogidas de la mano. Se soltaron rápidamente y para cambiar de tema, Raquel dijo:

- 18

- ¿Qué?

- Que tengo 18 años – y sonrió de medio lado a Bea- ¿Y tú? ¿Qué edad tienes?

- Eso… no se le pregunta a una señorita –dijo Bea intentando emular a Raquel.

- Las señoritas no comen con la boca abierta mientras devoran patatas – dijo irónicamente Raquel mientras servía un vaso de agua.

- Oye…

 

Pero no llego a terminar la frase, porque el reloj del salón comenzó a sonar.

- ¡¿Ya son las 5,30?!- dijo Bea sorprendida mirando el reloj- Ainsh! ¡Tengo que darle a Cristina de comer!

 

Pero cuando se dirigía hacia el salón, Raquel la frenó.

- Bea! tranquila…para eso estoy yo aquí ¿no?…¿ no querrás dejarme sin trabajo?

 

En verdad era una gran ayuda que Raquel estuviera allí, al no tener que estar parando cada media hora para ocuparse de su hermana, hoy acabaría mucho antes y así tendría toda la tarde para pasarla con Cristina, o leer un rato …o quizás, para pasar más rato con Raquel…

 

Pero cuando ya se disponía a salir de la cocina por tercera vez, la voz de la morena, la retuvo:

- ¡Espera!

 

Bea se volvió, esperando quizás una despedida prometedora.

- ¿No olvidas algo?- preguntó Raquel con una sonrisa seductora, acercándose considerablemente a Bea.

 

A Bea empezaron a sudarle las manos…esto era más que una despedida prometedora… ¿Qué esperaba Raquel?¿Qué había olvidado?

La mente de Bea trabajaba a mil por hora, intentando adivinar que era lo que supuestamente había olvidado…aunque tan cerca estaba ya la morena, que lo único que estaba consiguiendo era ponerla aún mas nerviosa…Raquel sonreía de forma traviesa al ver la confusión de la chica.

- ¿Por qué sonríe?..- pensaba Bea-.pero si ya me iba…¿Qué…?

 

Pero de pronto su cabecita encontró una extraña asociación de ideas:

- Si ya me iba…olvido…olvido despedirme y darle las gracias…quiere que le de las gracias?!….¡¿Entonces por qué está tan cerca?!…a no ser…que…que no quiera un simple gracias….¡¡Quiere un beso!!- gritó su subconsciente (¿pervertido?)

 

El corazón se le disparó y sus mejillas se pusieron completamente coloradas al imaginarlo, lo cual no paso inadvertido para Raquel, porque sonreía aún más perversamente que antes.

Y ahí estaba Bea, entre la puerta de la cocina y la proximidad del cuerpo de Raquel, intentando ignorar las alocadas insinuaciones de su subconsciente para poder contestar algo coherente a la morena.

Sin embargo, antes de que pudiera abrir la boca, Raquel fue más rápida, e hizo lo único que Bea no esperaba en ese momento…

Le puso delante de las narices…un vaso de agua.

 

- Eh… ¿Qué?

- Tu vaso de agua- dijo Raquel- creo recordar que ese era el motivo por el que habías bajado… ¿no?…Ah! no, espera…es verdad, tú habías bajado a espiarme- dijo mientras una sonrisa de niña traviesa se colaba en sus labios.

 

Si Bea fuese un manga, ahora mismo tendría un gran goterón en la frente…¡¿ Cómo era posible que Raquel le hubiera saltado con eso?!¿Por qué sentía que había vuelto a tomarle el pelo?…claro…si no se montara esas películas sola.

Sin más le quitó el vaso de la mano a Raquel y le dijo:

- Estaré arriba…si necesitas algo… ¡No me llames!

- Eh!- le grito Raquel cuando ya se alejaba- no se de que te quejas… ¡Es la mejor excusa que me han dado en la vida!

 

Bea subió las escaleras notablemente cabreada, sin saber muy bien si Raquel la traía loca… o la iba a volver loca.

***********************************************************************

 

Al final resultó que tenía más tarea acumulada de la que pensaba y después tuvo que repasar todo el temario para ponerse al día. El haber estado cuidando de Cristina había echo que se quedara un poco atrasada del resto de la clase.

Cuando por fin terminó, se estiró en la silla…¡había sido una tarde larga! Miró el reloj de la mesita de noche…las 20,00…su madre estaría la llegar, los lunes siempre llegaba antes. Luego miró el vaso de agua, intacto, sobre la mesa.

- Raquel…- pensó- … ¡Raquel!…¡Mierda!

 

Saltó de la silla y bajó rápidamente las escaleras…tenía que verla antes de que se fuera. No sabía por que …pero tenía que verla …¿Quería pedirle perdón quizás?…¿Perdón por qué?

Pero cuando llegó abajo, se paró en seco. Era demasiado tarde.

Su madre estaba ya en el salón, con Cristina en brazos…pero ni rastro de Raquel.

- Ah! Hola cariño- dijo su madre.

- ¿Y Raquel?

- Acaba de irse, dijo que tenía prisa… ¿ Ha pasado algo?

- No mamá, nada… (nada de nada…soy una idiota).

 

Pero cuando Bea iba a subir de nuevo, alguien llamó al timbre.

- ¿Puedes abrir tú?- le dijo su madre- estoy liada con tu hermana.

 

Bea se acercó a la puerta arrastrando las zapatillas.

- ¿Quién puede ser ahora?

 

Bea abrió la puerta para encontrarse de lleno con Raquel. Sus ojos color tormenta la acapararon por completo.

- ¿Puedo pasar?

 

Bea no parecía reaccionar

- Hola – dijo su madre desde el fondo – pasa , pasa…¿ocurre algo?

- ¡No, no! Nada. Es que me he dejado el casco de la moto.

- Claro! Anda pasa y cógelo. Yo iba a empezar a preparar la cena ahora – dijo su madre tomando el casco y tendiéndoselo a Raquel.

 

Ésta, pasó por el lado de Bea que aún aguantaba el pomo de la puerta, sin saber muy bien si sería capaz de decirle algo a Raquel…y sin saber muy bien el qué…

Su madre se despidió una vez más y se metió en la cocina. Bea sabía que tenía que decidirse pronto porque sino, Raquel, se iría y no sabía porque, no quería que se fuera con la impresión de que estaba enfadada con ella… ¡¿Y si Raquel si estaba enfadada con ella?!

En el último instante, cuando Raquel pasaba de nuevo por su lado, Bea tomo aire y le dijo:

- Bueno…adiós – (¡eso!… ¡Que elocuente!)

 

Raquel se detuvo y se giró hacia ella. En esos momentos su mirada parecía no reflejar nada en concreto. Sin embargo, se inclinó hacia Beatriz, hasta la altura de su oido y le susurró:

- Gracias por la charla, lo he pasado muy bien…bollito.

 

Pero esta vez, no lo dijo con malicia, sino con dulzura, lo cual hizo que A Bea le recorriera un escalofrío por la espalda.

Sólo unos minutos después, Bea se percató de que aún seguía agarrando el pomo de la puerta y que ya no había nadie frente a ella.

 

Se había ido.

 

Después de cenar, Bea, se despidió de su madre y le dio un beso de buenas noches a Cristina antes de irse a la cama temprano…había sido un día muy largo.

 

Hacía ya varias horas que había dejado de llover… parecía que Raquel se había llevado la tormenta con ella.

-         Raquel…

 

Bea no pudo evitar mirar el vaso de agua, que aún permanecía lleno encima de su mesa, y no pudo evitar recordar la frase que Raquel le había dicho.

-         Es la mejor excusa que me han dado nunca…- dijo en un susurro en mitad del silencio de su cuarto.

 

Se arropó pensando que definitivamente aquella chica iba a volverla completamente loca.

No pudo evitar, dormirse con una estúpida sonrisa en la cara, mientras recordaba aquellos ojos color tormenta.

 

 

 

 

 

 

 

Categorías: "La tormenta que trajo la calma" · Cap.3 · FANFICS MISTIKA