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	<title>Mandragorafics:archivo de fanfics de mandragora</title>
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	<description>El paraiso del yuri en español</description>
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		<title>Mandragorafics:archivo de fanfics de mandragora</title>
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		<title>Alerta de tormenta: capitulo 2</title>
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		<pubDate>Sun, 15 Jan 2012 14:06:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mandragora</dc:creator>
				<category><![CDATA[Alerta de tormenta]]></category>
		<category><![CDATA[cap. 2]]></category>
		<category><![CDATA[Colaboraciones]]></category>
		<category><![CDATA[Marxan Aletan]]></category>

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		<description><![CDATA[Querid@s mandragoritas, es para mi un orgullo presentaros el siguiente relato.  Marxan Aletan ha decidido escribir un relato paralelo a “La tormenta que trajo la calma”, inspirándose en los personajes y relatando los acontecimientos que sucedieron antes y de forma &#8230; <a href="http://mandragorafics.wordpress.com/2012/01/15/alerta-de-tormenta-capitulo-2/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a><img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=mandragorafics.wordpress.com&amp;blog=219506&amp;post=248&amp;subd=mandragorafics&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Querid@s mandragoritas, es para mi un orgullo presentaros el siguiente relato.  <strong><a href="http://www.facebook.com/profile.php?id=100001138565342" target="_parent">Marxan Aletan</a></strong> ha decidido escribir un relato paralelo a “La tormenta que trajo la calma”, inspirándose en los personajes y relatando los acontecimientos que sucedieron antes y de forma paralela a la historia.</p>
<p>Muchas gacias Marxan, no imaginas lo orgullosa y feliz que me hace que una de mis historias inspire a alguien a escribir algo nuevo.</p>
<p>Espero que lo disfruteis!…”<strong>ALERTA DE TORMENTA</strong>” de <em><strong><a href="http://www.facebook.com/profile.php?id=100001138565342" target="_parent">Marxan Aletan</a></strong></em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Capitulo 2<br />
Guardar mis lágrimas</p>
<p>Ya se había hecho tarde para su cita con Manu, había dejado su sombrilla en casa, no llevaba la Bandit, es su lugar, un par de patines tomaban el trabajo de llevarla al Colegio, lo único malo, no sabía patinar bien.<br />
El colegio no estaba muy lejos de su casa y usar la moto hubiera sido un desperdicio de gasolina, o por lo menos eso había pensado.</p>
<p>En teoría, así como el comunismo, la idea funcionaba, en TTEEEEEEEEEEEEEOOOOOOORRRRIIIIIIIAAAAAAAAAAA, lo único que no había entrado en los cálculos matematicos-fisico-analogicos-cuanticos de Raquel , había sido la advertencia de lluvia para esa mañana; aunque para ese momento ya no importaba mucho. Su jersey y vaqueros estaban empapados, lo único rescatable de lo que llevaba del dia, había sido la manera de frenara al llegar a la escuela.</p>
<p>Aquella cabellera pelirroja aun estaba marcada en su mente; se mordió el labio al recordad la escena con aquella chica, toda mojada por su culpa, “fue interesante”, pensó la morena al recordad e imaginara una enorme cantidad de imágenes, algunas tan lúdicas que hubieran hecho que más de uno sonrojara.</p>
<p>-Creo que iría mejor con cuerdas que con esposas-</p>
<p>-Hola Raquel-</p>
<p>-Esa chica se veía bien toda mojada…-</p>
<p>-¿Raquel?-</p>
<p>-Aunque viendo su gusto por la lencería de seguro debe tener algo muy interesante en su closet-</p>
<p>-¿eh?, Raquel…-</p>
<p>-De seguro algo muy sexy escondido muy adentro de algún cajón-</p>
<p>-Yo no tengo eso-</p>
<p>Pocas ocasiones su rostro tomaba tal color de rojo, mucho menos en presencia de otra persona y en un lugar tan público como seria el pasillo de una escuela, frente a la puerta de la oficina de un antiguo profesor además, mejor aún era Manu.</p>
<p>-Creo que necesitas un baño con agua fría, aunque creo que ya lo tomaste y no ha servido- Manu sonreía sin ocultarlo incluso con la mirada asesina de Raquel.</p>
<p>-Lo que estaba…-</p>
<p>-¿imaginado?- El profesor abría la puerta invitando a entrar a una chica sonrojada como tomate- Con esta solo han sido tres veces las que te he visto con la guardia baja.</p>
<p>-Y será la última- Raquel desvió la mirada, no lo suficiente para notar una toalla de papel que su antiguo profesor le ofrecía- Gracias y por cierto, estoy aquí solo por la orden de Raúl, no creas que es por mi gusto.</p>
<p>-Rulo se ha ganado el cielo solo haciéndote venir- El joven profesor ya ocupaba su lugar tras el escritorio, rodeado de papeles y libros-y bien ¿alguna idea de lo que quieres?</p>
<p>-Pues, la verdad no tengo idea de en que debo especializarme, creo que por eso Raúl me hizo venir- Raquel sonrió abiertamente- Además, para eso te tengo a ti mi querido Manu.</p>
<p>-Como si algo que yo dijera te pudiera entrar en la cabeza-</p>
<p>-Es algo que puede ocurrir, ¿Quién sabe?-</p>
<p>Fue entonces que Manu vio algo en la mirada de la joven frente a el, algo que no había visto hacía mucho tiempo. Ya habían pasado algunos años, desde el momento en que Raquel había sido su alumna, pero de la misma forma, recordó todo lo que había pasado y que junto con su hermano y un amigo vivió momento a momento.</p>
<p>-Alguien te gusta- Raquel quedo en silencio y con un autentico rostro de sorpresa- Tienes esa mirada.</p>
<p>-Tu sabes lo que paso la última vez que alguien me gusto y que me deje llevar-</p>
<p>-Si , creo que fue después de eso que eres como eres, desde ese día-</p>
<p>++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++</p>
<p>Hacia 5 minutos que la chica lloraba escondida detrás de un basurero, 10 minutos antes de eso había ocurrido algo que pensaba imposible.<br />
-Aquí estas morena- Raquel levanto la mirada encontrando a un chico algo mayor que ella- Has causado una fuerte conmoción, tuve que romper algunas cabezas para callar a unos cuantos infelices.</p>
<p>-¿Qué haces aquí?, si vienes a burlarte de mi…-</p>
<p>-Déjame pensar un segundo, hmmmmmmmmmmm, no, vine a darle apoyo a una amiga que lo necesita- Aquel chico centro su mirada en el rostro de la joven.</p>
<p>-Déjame-</p>
<p>El maquillaje de Raquel se había corrido por las lagrimas, su blusa estaba manchada y su falda sucia y rasgada, sus medias rotas, noto otra cosas, no tuvo reparo en decirlo.</p>
<p>-Tu rasgaste tus ropas- su mano ya estaba en la mejilla de la chica, se había arrodillado quedando frente a frente con ella- ¿Fue una forma de decir algo?</p>
<p>-Solo estuvo jugando conmigo Maro, todo este tiempo, cada segundo- Raquel se quito las manos del rostro, su mirada era tristeza e ira, todo mesclado- Fui un juego para ellos, para cada uno.</p>
<p>-Si te refieres a Roberto y Martin, ya me encargue-</p>
<p>Raquel miro sorprendida a ese joven, también noto no muy lejos de hay a su profesor Manu y a su hermano hablando con la directora, aun lado de ellos un par de mujeres gritaban sin que les hicieran caso.</p>
<p>Por dos meses, Julieta, una de las chicas de la escuela se había hecho amia de Raquel, de alguna forma que a un no podía especificar había atravesado todas sus defensas, cada una de ellas, lo había hecho con pasmosa facilidad. Muy posiblemente había sido por el toque de su piel, o más bien por aquel “te quiero”, que hubiera pronunciado en una ocasión en el salón al estar las dos solas, después el leve toque de sus labios sobre los suyos, algo apenas perceptible.</p>
<p>Se había confesado a ella, le había dicho la verdad, que era lesbiana, recapitulo casi de inmediato en la sonrisa de Julieta, no había sido una sonrisa normal, había sido una sonrisa de victoria sobre ella, sobre la gran Raquel; el sueño y pasión inalcanzable de todo el mundo en el colegio, ahora estaba en la palma de su mano, inocente, vulnerable.</p>
<p>-No veo a esa maldita por ningún lado, quería platicar con ella a solas-</p>
<p>-sus padres se la llevaron hace poco, pensé que su padre le arrancaría el brazo por como la jalaba- Raquel limpio sus lagrimas corriendo aun más el rímel- Su madre vino a mí, me ofreció disculpas por el comportamiento de su hija, por lo que había hecho, ¿lo puedes creer?</p>
<p>-Son buenos señores, sobre todo la mama, pero tener a una hija a si, no creo que lo merezcan-</p>
<p>De improviso y sorprendiendo al chico, Raquel salto hacia el abrazándolo por el cuello, con tanta fuerza que sintió por un momento como se cortaba su circulación.</p>
<p>-Cuando subió al estrado y empezó su discurso, dijo que lo dedicaba a la persona que quería, pensé que era yo- El sollozó de Raquel aumentaba momento a momento, al igual que la fuerza de su abrazo- Y cuando le dijo a todo el mundo mi secreto, cuando leyó la carta que le escribí…¿Qué mal le hice?-</p>
<p>-El único mal que hiciste Raquel o más bien lo único malo que hiciste, fue enamorarte de la persona equivocada- Maro se separo y sujeto el rostro de la joven frente a el, forzándola a verla a los ojos- Lo único que esa maldita quería era su 5 minutos de fama, todo el tiempo que tú has estado aquí, lo has hecho en la cima, muy por arriba de todos, muy por encima de Julieta y solo por tus meritos, eso no lo pudo soportar y el otro par de capullos pues, el hecho de que la chica más popular de la escuela las rechazara, fue mas de lo que sus cerebros y pelotas pudieron soportar-</p>
<p>-Maro-</p>
<p>-Mira, no fe la mejor manera en que el mundo supiera la verdad, lo hicieron para humillarte y voy a mentirte con algunos funciono, pero muchos otros lo tomaron de manera inteligente, con ellos que son los más, tú has quedado como la chica que al momento de escuchar todo aquello, permaneció con la cabeza en lo alto, con toda la dignidad y valor con la que te conocieron, además, hay algo muy importante-</p>
<p>-¿Qué puede ser eso?- Raquel miro como Manu y Raúl caminaban hacia ellos.</p>
<p>-Hoy fue tu ultimo día en este congal- Maro sonrió tratando de aligerar la carga de la chica, pero ambos se incorporaron al ver que su profesor y su hermano se acercaban.</p>
<p>-Bueno, ¿en que termino todo?- Aquel chico miro a Manu con preocupación.</p>
<p>-Julieta va a pasar por un proceso administrativo especial, creo que bloquearan sus papeles- Manu sonaba serio- Y a Raquel al ser la parte afectada no tendrá problemas.</p>
<p>-¿Y ese par de cacatúas?- Los 3 miraron a las mujeres que un discutían con la directora.</p>
<p>-Algo que no vale la pena- La respuesta de Raúl inquieto al chico y a Raquel.</p>
<p>Durante Varios minutos la plática continuo, Raúl abrazando a su hermana, manu y Maro solo intercambiando puntos de vista, este ultimo fumando como loco; también recordando que esa amiguita nunca les había agradado.</p>
<p>De cualquier forma, para ese momento todo el mundo estaba en lo suyo, parecía que por el momento estaba en lo suyo, parecía que por el momento se había olvidado aquella escena; algo que los 4 aprovecharon para salir rápidamente del colegio sin que por lo menos muchos los notaran, lo último que necesitaban era que alguna de las amigas de Julieta les echarán pleito. Ya dos de esos amigos estaba en la enfermería.</p>
<p>Si algo tenía Maro, era que su paciencia tenía un límite, algo no muy extenso para decir la verdad.</p>
<p>-Bien , ¿Qué hacemos ahora?-</p>
<p>-Quiero ir a casa- Contesto Raquel a la pregunta de su hermano- Quiero estar a solas.</p>
<p>Manu miro de reojo a Maro, entendió sin que le dijera nada, se despidieron dejando a los dos hermanos solos, el auto de Raúl no estaba muy lejos, aunque el corto camino le pareció eterno al chico, su hermana, como hacia hace mucho tiempo, estaba llorando en total silencio, sin su habitual brillo en el rostro y en la mirada, parecía que la fuerza la había abandonado por completo, algo dentro de ella se había colapsado.</p>
<p>-¿Quieres que pasemos por algo para comer de regreso a casa?-</p>
<p>-No- Contesto de manera cortante la joven de antes de entrar al auto.</p>
<p>El viaje a casa, fue un deja vu del breve camino al auto, desde el punto de vista de Raúl, ese silencio se había hecho presente de nueva cuenta y podía jurar que su hermana aun lloraba, aunque con una magistral manera histriónica lo disimulaba a la perfección. Si algo tenia Raquel en algunos momentos era que podía controlar sus emociones pero tenía un límite, que cruzo al llegar a su casa.</p>
<p>-Bien llegamos, ¿preparo un poco de te?-</p>
<p>Por un instante, Raúl no pudo entender que había pasado, su hermana había desaparecido, hasta que escuchó los sollozos por debajo suyo; en el piso de la sala, de nuevo perdida en su llanto, estaba Raquel maldiciendo a Julieta, maldiciendo a los supuestos amigos que tenia, maldiciéndose a sí misma, por haber dejado caer sus defensas sin hacer un solo disparo.</p>
<p>Ante esta visión, Raúl solo pudo hacer lo que estaba a su alcance, arrodillarse y abrazar a su hermana.</p>
<p>-Hermanita, dentro de poco tiempo esto solo será un feo recuerdo-</p>
<p>-No quiero que sea un recuerdo, quiero olvidarlo todo-</p>
<p>-Se aprende de los errores y pues creo que los dos tendremos muchas cosas que repasar- Raúl abrazo con mas fuerzas a su hermana, quería que supiera que en verdad estaba con ella- Nadie jamás te volverá a lastimar Raquel, yo no lo permitiré.</p>
<p>-Sí, nadie más me volverá a lastimar, no lo permitiré, nadie nunca más volverá a lastimarme-</p>
<p>-Desde entonces te hiciste una roca niña-</p>
<p>-No tan dura Manu, solo lo suficiente, además con las que me cruzo también entienden esta lección, creo que he salvado a mas de una- La chica sonrió ante su comentario.</p>
<p>-No quieras se la madre Tersa, el papel no te queda- Manu le entregaba un fajo de hojas- Una vez que dejes de pensar en el bien que haces, en estas hojas te hice un pequeño resumen de varias especialidades, alguna te gustara.</p>
<p>-Gracias Manu-</p>
<p>-¿Y por cierto?- Una sonrisa se dibujo en el rostro del profesor- ¿Era linda la chica?</p>
<p>-¿Perdona…?-</p>
<p>-La chica que tenía ocupada tu mente al llegar-</p>
<p>-Pues, si, tenía un hermoso cabello de fuego-</p>
<p>-¿Cabello de fuego?- De inmediato los sistemas de advertencia de Manu se dispararon en su mente, 3 chicas habían llegado a su mente y una de ellas era su alumna- No, no creo.</p>
<p>-La verdad, no me importaría tener algo de eso por una noche-</p>
<p>-Raquel, ten cuidado, puede que te encuentres con algo más de lo que buscabas y tus muros caerán-</p>
<p>-¿Crees que soy tan torpe para caer de nuevo en lo mismo?-</p>
<p>-No, pero es posible que te des cuenta que no todas quieren lastimarte y que también puedes tener algo bueno sin proponértelo o buscarlo-</p>
<p>La chica sonrió y acto seguido salió de la oficina de Manu, las palabras de aquel hombre rebotaban en su cabeza como una pelota de goma, en parte tenía razón.</p>
<p>-En fin, que sea lo que el destino quiera-</p>
<p>Sobre los papeles recién adquiridos, había un par que en verdad tenían toda su atención; un teléfono y el nombre de una mujer, además de la información sobre el trabajo a realizar. No tomo mucho tiempo antes que tomara su celular que por algún milagro inesperado no se había mojado y marco el número en aquel papel.</p>
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		<title>Alerta de tormenta: capitulo 1</title>
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		<pubDate>Sun, 15 Jan 2012 14:04:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mandragora</dc:creator>
				<category><![CDATA[Alerta de tormenta]]></category>
		<category><![CDATA[Colaboraciones]]></category>
		<category><![CDATA[Marxan Aletan]]></category>

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		<description><![CDATA[Querid@s mandragoritas, es para mi un orgullo presentaros el siguiente relato.  Marxan Aletan ha decidido escribir un relato paralelo a &#8220;La tormenta que trajo la calma&#8221;, inspirándose en los personajes y relatando los acontecimientos que sucedieron antes y de forma &#8230; <a href="http://mandragorafics.wordpress.com/2012/01/15/alerta-de-tormenta-capitulo-1/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a><img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=mandragorafics.wordpress.com&amp;blog=219506&amp;post=246&amp;subd=mandragorafics&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Querid@s mandragoritas, es para mi un orgullo presentaros el siguiente relato.  <strong><a href="http://www.facebook.com/profile.php?id=100001138565342">Marxan Aletan</a></strong> ha decidido escribir un relato paralelo a &#8220;La tormenta que trajo la calma&#8221;, inspirándose en los personajes y relatando los acontecimientos que sucedieron antes y de forma paralela a la historia.</p>
<p>Muchas gacias Marxan, no imaginas lo orgullosa y feliz que me hace que una de mis historias inspire a alguien a escribir algo nuevo.</p>
<p>Espero que lo disfruteis!&#8230;&#8221;<strong>ALERTA DE TORMENTA</strong>&#8221; de <em><strong><a href="http://www.facebook.com/profile.php?id=100001138565342">Marxan Aletan</a></strong></em></p>
<p>Capitulo 1<br />
Alerta de tormenta</p>
<p>La luz del Sol hizo que abriera los ojos, su alarma no la había despertado, de cierta forma se sintió agraviada al notarlo, ese maldito celular no tenía un destino muy brillante, ni mucho menos largo.</p>
<p>Con el sigilo de un gato, retiro las sabanas que la cubrían y comenzó a buscar sus ropas; sintió el inevitable golpe a su cabeza causado por la resaca con la que tendría que convivir parte del día, pero también tenía que moverse rápido y salir de hay lo antes posible. No seria buena idea que su compañera despertara y le dijera algo como, “¿ya te vas?, dijiste que seria diferente esta vez”.<br />
No estaba de humor no mucho menos quería comenzar una discusión a esa hora de la mañana; no tenía interés alguno en prolongar lo que ya estaba escrito.</p>
<p>Era la segunda vez que estaba con aquella chica, por la culpa del aburrimiento una de sus reglas se había roto la noche anterior; nunca dos veces con la misma, pero al ser martes y con pocas opciones, no tuvo otra alternativa, además ya sabía como cazar esa presa con rapidez, eficacia y letal precisión.<br />
Por suerte para ella, su compañera tenia el sueño pesado después de una noche con tanta “actividad”, aunque sin importarle eso, tuvo que ser cuidadosa al tomar su chaqueta y su mochila, fue en ese punto que lo noto.</p>
<p>Las cortinas abiertas de par en par y con la ventana dando con dirección al Oeste, alguna fuerza sobrenatural estaba haciendo todo el trabajo.<br />
-Sera el recuerdo y la despedida-<br />
Aquellas palabras apenas se escucharon salir de sus labios antes de tomar sus cámara y apuntar el lente hacia donde se formaba aquella postal. Solo un par de disparos y era todo, la retirada estaba en marcha y el punto de no retorno se había cruzado la noche anterior.</p>
<p>-solo olvídame, será lo mejor para ti- Dijo Raquel antes de salir de la habitación de aquel hotel donde habían encontrado refugio y un lugar privado.</p>
<p>Durante su viaje en el ascensor, revisaba incansablemente todas sus cosas, nada fuera de su lugar, solo noto un pequeño recuerdo en su cuello gracias a un espejo en la pared del ascensor.</p>
<p>Maldijo para si, por aquella marca la escusa que tenía planeada para Raúl se había dio al traste, ya estaba escuchando los reproches de su hermano, era cierto que era su apoyo y demás, pero también sabía que era alguien que no pasaba por alto las salidas y travesuras de su rebelde hermana. Recordó una escena pasada, en aquella ocasión había experimentado los 30 minutos más largos de su vida, la causa, el tatuaje en su vientre, una media hora que nunca le hubiera gustado vivir.</p>
<p>En aquel momento se había dado cuenta que en ocasiones, su hermano tomaba el papel de padre postizo muy en serio, pero era también por esos momentos se daba cuenta del gran amor que este le profesaba, amor duro en algunos momentos, pero al final amor del grande.</p>
<p>-Hay, que no se enoje-</p>
<p>Sabiendo bien que eso no pasaría, pues los cargos eran diversos y muy variados, había escapado de noche, sin haber dejado nota ni nada, había apagado su móvil, no había hecho ninguna llamada, tampoco había informado a donde estaría, solo podía imaginar lo que ocurriría en un futuro muy cercano.</p>
<p>Cuando finalmente el ascensor se detenía y abría en la planta baja y Raquel caminaba por el lobby ocurrió lo inevitable; el primer timbrazo de su celular la hizo brinca, en un primer momento imagino el nombre de su hermano en la pantalla del celular, en su lugar por suerte para ella era un número desconocido.</p>
<p>-¿Hola?- Raquel parecía muy despreocupado al momento de contestar.<br />
-Dijiste que esta vez sería diferente-<br />
-¿Cómo es que tienes mi numero?- Su tono de voz había cambiado radicalmente, en verdad estaba molesta, más que sorprendida- No recuerdo habértelo dado.</p>
<p>-No me cambies la conversación, tu sabes bien cuales fueron tus palabras-</p>
<p>-Vamos, no estarás por decirme que me tengo que hacer responsable ¿o sí?, tu sabias bien como termino la ultima vez, ¿Por qué creíste que sería diferente esta ocasión?.</p>
<p>-Raquel, ¿Cómo puedes tener el corazón tan duro?, tienes una roca en su lugar- La voz de aquella chica se entrecortaba mas y mas- ¿o es que esta rodeado por hielo?</p>
<p>-No, con una muralla muy alta- Raquel subía a su Bandit en ese momento y levantaba la mirada hacia la ventana de la habitación- Escucha linda, no es que no seas guapa o buena en la cama, es solo que yo no estoy interesada en entregarme a otra más allá de lo que tú y yo pasamos anoche.<br />
-¿Cómo?-</p>
<p>-Que te sirva de experiencia, es mejor cerrar el corazón, así no tendrán manera de lastimarte, adiós linda-</p>
<p>-Ni siquiera sabes mi nom…-</p>
<p>Encendió la motocicleta, coloco su casco y se fue a cas, en su chaqueta podía sentir al celular vibrando, no necesitaba ver el teléfono para saber de quien se trataba y entonces saber que estaba en problemas, problemas de nombre Raúl.</p>
<p>En solo instante decidió dejar la hecatombe para después, por lo menos hasta llegar al departamento, su escape la noche anterior tendría sus represalias.</p>
<p>Mientras tanto en casa, Raúl dejaba de lado el celular y simplemente se resignaba; al ver la cama de su hermana vacía al despertar, solo podía haber significado algo, de nueva cuenta estaba en las andadas, algo muy de ella, pero no era algo que le agradara en lo particular, de manera un tanto secreta, aun tenía la esperanza que llegara aquella chica que pusiera en cintura a su hermana.</p>
<p>Para su pesar conocía demasiado bien a su sangre como para creer que eso pasaría en poco tiempo, tendría que ser una chica muy especial.</p>
<p>Desde el momento en que Raquel había preguntado “¿si me gustan las chicas está mal?”, supo de manera inmediata que su futuro se podría feo, pues era cierto que desde pequeña había demostrado tener un carácter muy especial, además de la fortuna de levantarse por más duro que fueran los golpes, su hermana no sería una chica convencional al crecer.</p>
<p>Por ello solo pudo sentarse en la mesa a desayunar, con el oído atento para cuando la puerta se abriera, mientras lo hacía noto que su cámara no estaba, solo pudo reír para si; nunca se imagino que aquel regalo de sus 4 años de dieron un camino por el cual seguir. Bien reconocía aquella carpeta llena de fotografías  y recuerdos, RECUERDOS DE UNA NOCHE, como llamaba algunas de la fotografías, otras simples paisajes o instantes que su hermana había capturado en el momento preciso y gras a los cuales había sacado algo de pasta para gasto.</p>
<p>No era extraño que alguien apreciara las fotografías simplemente por su estética; aunque por lo general solo era porque según se veía bonitas, muchas quedaban en oficinas o en consultorios, otras por suerte, quedaban en manos de gente que podía apreciar el trabajo de la fotógrafa y era esas personas las que le permitían seguir adelante.</p>
<p>Era verdad, habían tenido momentos difíciles, en muchos de ellos no se tuvieron más que el uno al otro, pero era justamente eso, lo que los hacia los que eran, algo más que solo hermano y hermana, algo más que una familia.</p>
<p>En el ir y venir de sus pensamientos Ral no se había percatado del llamado de su móvil sino hasta varios tonos después.</p>
<p>-¿Diga?<br />
-Vaya, por fin contestas- Sonó una voz masculina al otro lado de la línea- Pensabas en una mujer ¿cierto?<br />
-Si en verdad si- Contesto Raúl con una sonrisa en los labios.</p>
<p>-Estoy casi seguro que la dueña de tus pensamientos esta alrededor de los 20s, es morena, tez blanca, alrededor del 1.70 de altura, con un tatuaje en el vientre y que solo me haría caso si tuviera senos firmes y redondos, bonito trasero y el sistema reproductor femenino-</p>
<p>-Pues si-</p>
<p>-De nueva cuenta no fue a dormir a casa, me sorprende que no la reganes-</p>
<p>-Lo hago, pero tú sabes cómo es, cuando quiere algo…-</p>
<p>-Si, hasta que no lo tiene- Un suspiro le siguió al comentario- Pero en fin, cuando llegue y después de que la regañes mándala al estudio ¿quieres?, tengo su cheque por las fotografías que tomo la semana pasada.</p>
<p>-Me alegro, creo que va a necesitar la pasta-</p>
<p>-¿La Bandit se descompuso?-</p>
<p>-No, pero al al final la convencí de ir a pedir algo de tutoría para su carrera, creo que podrá ir al cole y pues ver algo con Manu-</p>
<p>-Hay el buen Manu, que tierno muchacho el Manu-</p>
<p>-¿Aun con eso?, no dejaras de atormentarlo hasta que muera-</p>
<p>-Si, no se me quieta, solo no le digas a tu hermana, porque si le hace esa broma sabra que fue mi culpa-</p>
<p>-Jejejeje, no te preocupes no lo hare y apenas llegue la enviare contigo de inmediato-</p>
<p>-Bien, la estaré esperando, cuídate a y por cierto que lleve paraguas dicen que va a llover- Al colgar y de manera casi profética, Raúl giro su rostro hacia la entrad, el sonido de un juego de llaves no se izo esperar mucho, esa fue al señal par poner el interruptor en modo paternal.<br />
El camino a la habitación y a la relativa seguridad de la misma la llevaría a no más de dos metros de donde él estaba.</p>
<p>-3, 2, 1- Tomo un poco de aire y después- Raquel, ven por favor.</p>
<p>Solo un instante y un suspiro después, la susodicha entraba a la cocina con mirada desafiante, aunque ella bien sabia que esa jugarreta no le serviría de nada, cuando estaba en aquella posición en contra de su hermano era prácticamente imposible el tratar de hacer algo en su contra.</p>
<p>-Recuérdame o dime si me equivoco, ¿no habíamos quedado en algo?-</p>
<p>-Raúl solo fui divertirme un rato, sabes que lo hago de vez en cuando- Raquel no pudo sostener la mirada de su hermano, solo la desvió u n poco y nerviosamente comenzó a jugar con su cabello.</p>
<p>-Hermanita, ya habíamos hablado sobe esto, si vas a salir por lo menos debes llamarme y decirme, si algo te ocurriese ¿Qué podría hacer yo?, ni siquiera sabría donde estarías.<br />
-No te pongas en ese plan, ¿Qué me podría ocurrir?, ¿qué algún sujeto me secuestrara y me llevara para venderme a un jeque árabe para su harem?- Ahora Raquel estaba a la ofensiva y su hermano lo noto- ¿o es acaso que tienes miedo de que alguna chica en nuestros juegos me amarrarme a la cama y no me deje ir?, quedarme hay con alguien entre mis piernas no es mala idea.<br />
-Te juro que hay veces que a mí me gustaría tenerte atada-<br />
-Si la verdad eso quisieras- Grito Raquel mirando a su hermano.</p>
<p>Un silencio muy incomodo se formo mientras los dos hermanos desviaban la mirada y buscaban algo en que concentrar su atención. Aunque esporádicas, las peleas entres los dos se tornaban algo violentas, no físicas peros si dejaban salid todo sin repara, en algunas ocasiones habían dejado profundas cicatrices en ellos.</p>
<p>-Sabes que no es por fastidiarte Raquel- Raúl tomo la iniciativa al ver por un segundo las intenciones de su hermana de salir de la cocina- Me preocupas.</p>
<p>-Deja eso Rulo, sabes que puedo cuidarme sola-</p>
<p>-¿Pero como quieres que no me preocupe?, eres todo lo que tengo, si algo te llegara a pasar-</p>
<p>-Pero nada me pasara, no creerás que te dejaría solo, ¿o sí?- Acercándose lentamente a su hermano y con un movimiento casi ensayado lo abrazo por el cuello- Tú también eres todo, lo más valiosos que tengo en la vida.</p>
<p>-Eso será hasta que encuentres a alguien que ocupe mi lugar-</p>
<p>-No creo que eso sea posible-</p>
<p>-Nunca digas nunca hermanita, hay un posibilidad que está presente, encontraras a esa chica-</p>
<p>-Es difícil-</p>
<p>Ambos hermanos permanecieron en silencio por algunos segundos, era el momento en que se reconciliaban y un silencio que los dos buscaban para apagar el fuego que había comenzado con la pelea; al final Raúl conto a su hermana sobre el cheque y que era el momento de ir por el. De la misma manera recordó la visita con Manu, ya era hora de no postergar más lo de la carrera.</p>
<p>Con un suave beso en la cabeza, la chica se despidió con dirección a su cuarto, la ducha la llamaba a gritos y ahora tenía el compromiso de ir a recoger su dinero, aunque para ese instante lo más importante era la su cita con la regadera.</p>
<p>Su habitación, cubierta de fotos de un lado al otro, era aquel lugar donde encontraba refugio y podía bajar la guardia, descansa de manera que ella quisiera; la voz de su hermano despidiéndose desde la sala y después el sonido de la puerta al cerrar fueron las señales que ella esperaba, pues in reparo ni vergüenza, se despojo de sus ropas arrojándolas sin orden por toda la habitación, dejando su cuerpo al descubierto.</p>
<p>-Bien, ¿Cuáles fueron los daños?-</p>
<p>Su mirada se concentro en el espejo de cuerpo completo en un rincón de su cuarto, casi de inmediato se percato del moretón en el cuello pero también de uno más en su abdomen, justo donde comenzaba su tatuaje, el mismo que recorría todo su vientre.</p>
<p>Por un momento recordó el día en que había marcado su piel de modo permanente, ella quería una marca que la identificara, que fuera suya, aquel diseño fue el que la cautivo desde el momento en que lo había visto en una vitrina de la sala de tatuajes, más aun, las palabras de la chica que había sido la artista encargada de plasmar en su piel aquella obra de arte, fueron la confirmación perfecta de que había hecho la elección correcta.</p>
<p>Al ver el reloj, solo busco su toalla y se encamino hacia la ducha, no tenía la idea de que la elección de ir primero al instituto antes que por su dinero cambiaria el rumbo de toda su vida y su forma de ser.<br />
Para ese momento, ni siquiera podía imaginar, que no muy lejos de su destino en el instituto, una pequeña llama se preparaba para salir con un rumbo similar, sería un encuentro predestinado, uno que traería ciertos recuerdos a la mente de la chica y que daría principio a uan historia que ella creía que jamás podría pasar.</p>
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		<item>
		<title>El enigma del gran juego humano: capitulo 5 (fin)</title>
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		<pubDate>Thu, 15 Sep 2011 10:24:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mandragora</dc:creator>
				<category><![CDATA[capitulo 5]]></category>
		<category><![CDATA[El enigma del gran juego humano]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160; Horas más tarde, despertó Isabel. La luz del sol se colaba por la ventana de la habitación dándole de lleno en la cara. Se frotó los ojos e intentó recordar lentamente porque esa cama era más mullida que la &#8230; <a href="http://mandragorafics.wordpress.com/2011/09/15/el-enigma-del-gran-juego-humano-capitulo-5-fin/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a><img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=mandragorafics.wordpress.com&amp;blog=219506&amp;post=242&amp;subd=mandragorafics&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p>Horas más tarde, despertó Isabel.</p>
<p>La luz del sol se colaba por la ventana de la habitación dándole de lleno en la cara. Se frotó los ojos e intentó recordar lentamente porque esa cama era más mullida que la suya y olía a Sarah… Al instante recordó donde se encontraba.</p>
<p>Se giró buscando el calor del cuerpo de Sarah al otro lado de la cama, pero para su sorpresa, descubrió que no había nadie.</p>
<p>Se incorporó en la cama y no descubrió señal alguna de la morena en la habitación.</p>
<p>Un poco mareada, se levantó y se dirigió al baño. Tras lavarse la cara, una idea brillante cruzó su mente. Y es que la bañera la estaba llamando a gritos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sin pensarlo dos veces, se desnudó y se metió en la ducha. El agua caliente reconfortó su piel y le fue despejando las ideas. Busco el bote de champú y sonrió al reconocer en él, el aroma del cabello de Sarah.</p>
<p>Se enjabono con rapidez y dejó que el agua cayera por su espalda y repusiese sus entumecidos músculos.</p>
<p>¿Dónde podía estar Sarah? ¿Habría bajado a desayunar? Tendría que esperarla en la habitación hasta que regresara.</p>
<p>Sacó la mano por entre las cortinas de la ducha y alcanzó una toalla blanca, típica de hotel que colgaba de un saliente de la pared.</p>
<p>Se la enrolló alrededor del cuerpo y pudo sentir la suavidad de la misma. Salió pisando la alfombrilla cercana a la ducha, dejando un pequeño charco en el proceso. Se sentía extrañamente feliz, por el simple hecho de haber dormido con Sarah.</p>
<p>Lo que no sabía era que la felicidad  le iba a durar poco.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al girarse para ver su reflejo, lo primero que constató es que debido al vapor del agua caliente, el espejo estaba completamente empañado y lo segundo que vio y que fue lo que definitivamente la asustó, es que había algo escrito en el espejo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El vapor de agua había empañado todo el espejo, excepto la zona donde alguien había escrito algo con el dedo. Y no era sólo el pentagrama que Sarah había dibujado la noche anterior. Había algo más, escrito con letras grandes y claras.</p>
<p><strong>                        “ADIÓS, EL JUEGO HA TERMINADO”</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p>En ese momento, Isabel descubrió que ya no llevaba el colgante en el cuello.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Minutos después, Isabel bajaba las escaleras del hotel a toda velocidad, con el pelo aún mojado y la bufanda puesta de cualquier forma.</p>
<p>-          Perdone- llamó al recepcionista- ¿La señorita Matsuya ha salido?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El hombre pareció pensarlo unos instantes.</p>
<p>-          Se fue esta mañana temprano.</p>
<p>-          ¿Y no ha dejado ningún mensaje?</p>
<p>-          No, no ha dejado nada para nadie. Pagó su habitación y dijo que había alguien durmiendo arriba y que por favor, la despertásemos antes de las 10.</p>
<p>-          Ya no será necesario, muchas gracias.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Isabel salió del hotel con la cabeza dándole mil vueltas.</p>
<p>Sarah se había largado sin darle una sola explicación y con su colgante ¿Qué pretendía?</p>
<p>Intentó centrarse en lo más importante que era encontrar a Sarah. Pensó en multitud de sitios a los que había podido ir, pero ninguno le convencía. ¿Y si se había ido al ensayo? Pero seguía sin entender porque se había marchado tan repentinamente.</p>
<p>Primero Rafa y ahora ella ¿A qué estaban jugando?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sin saber muy bien por qué, Isabel cogió el primer autobús que pasó y casi inconscientemente, se dirigió al único sitio al aire libre al que le gustaba ir a pensar.</p>
<p>Sólo cuando estuvo de nuevo frente al monumento a Bécquer, fue consciente de que lo había hecho sin pensar.</p>
<p>Se sentó en uno de los bancos interiores y fijó su mirada en el ángel con el puñal clavado en el costado… Así se sentía ella en esos instantes. Apuñalada y derrotada.</p>
<p>¿Por qué Sarah había sido tan cruel de marcharse así como así? ¿Es que acaso ese era su plan? ¿Engatusarla para que la ayudase con el juego y luego largarse?</p>
<p>A lo mejor había resuelto el último acertijo y ya no la necesitaba más.</p>
<p>Isabel pateó con furia el suelo, sintiendo como las lágrimas quemaban en sus ojos. Otra vez se había dejado engañar como una tonta por una cara bonita y palabras dulces… ¿Por qué tenía que ser tan enamoradiza? Pero claro… ¡Ella no estaba enamorada de Sarah! Sólo había sido una sensación provocada por la personalidad arrolladora de la violinista, nada más. Podía olvidarla cuando quisiera.</p>
<p>Sabía que era una gran mentira y aquello le dolía más todavía.</p>
<p>-          Chiquilla ¿Qué te pasa? Que estas completamente mustia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una voz muy cerca de ella la hizo levantar la vista del suelo. Sentada en el banco, junto a ella, había una mujer gitana con el pelo recogido en un impoluto moño. Llevaba unas cuantas ramitas de romero en la mano derecha y miraba a Isabel con sus profundos ojos negros.</p>
<p>-          ¿Qué tienes mal de amores?- habló con su acento calé- ¡Ay niña! Deja que te lea el porvenir y vemos que te depara el futuro.</p>
<p>-          No muchas gracias, no me interesa.</p>
<p>-          ¿Cómo que no? Anda y no me seas saboría, deja que lea las líneas de tu mano.</p>
<p>-          De verdad que no, no me pasa nada y además no llevo dinero encima.</p>
<p>-          La gente que viene a sentarse aquí no es por nada… A demás, no voy a cobrarte. Estás demasiado triste porque tu chica se ha marchado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Isabel la miró con los ojos abiertos cómo platos.</p>
<p>-          ¿Cómo sabe…?- podía haber acertado de casualidad que estaba mal por que la habían dejado, pero no podía saber que había sido una chica.</p>
<p>-          Lo sabía, mal de amores… Anda “miarma”, dame la mano y te diré tu porvenir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Isabel estiró su mano, que la mujer cogió con experiencia y con la yema de su dedo índice, completamente encallado por el paso de los años, recorrió con suavidad las líneas de su mano izquierda.</p>
<p>-          Veo mucho dolor y decepción por la partida de alguien y no hace mucho de eso…¡Ay “pobresita”! Pero esa morena de ojos rasgados no es tan mala como piensas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Isabel se tensó por completo al oír aquello… O aquella mujer era muy buena en lo suyo o realmente estaba metida en toda esta historia.</p>
<p>-          Ella recibió un mensaje en mitad de la noche y tuvo que tomar una decisión… Ella también está sufriendo.</p>
<p>-          ¿Pero porqué se ha ido?</p>
<p>-          “<em>De París quitando el par, y del nombre del tercer hombre, es el mismo nombre de la persona que sufrirá</em>”</p>
<p>-          ¿Qué?</p>
<p>-          Esa es el mensaje que tu amiga recibió. Tuvo que elegir. Ahora date prisa porque <em>somos sesenta mellizos en torno a nuestra madre, tenemos sesenta hijitos y toitos son iguales. Y recuerda… Son tres madres</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La mujer se despidió de ella dándole una ramita de romero. Isabel se quedó completamente confundida en aquel banco. Había reconocido la última frase de la mujer como uno de los acertijos que su abuela solía contarle cuando era pequeña.</p>
<p>Los sesenta mellizos en torno a la madre, son los minutos y los sesenta hijitos, eran los segundos…. Si le había dicho que tenía tres madres, quería decir que sólo tenía tres  horas.</p>
<p>Pero ¿Para qué?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se levantó del banco vagando sin rumbo. Salió del parque dándole vueltas al otro acertijo que la mujer le había dicho: <em>“De París quitando el par, y del nombre del tercer hombre, es el mismo nombre de la persona que sufrirá”.</em></p>
<p>Su estómago rugió y en ese momento recordó que no había comido nada desde ayer. Buscó alguna tienda en mitad de los numerosos bares y edificios que rodeaban a la zona. Necesitaba comer algo, con el estómago lleno se pensaba mejor.</p>
<p>Anduvo calle abajo, intentando llegar a los comerciales sin dejar de pensar en el enigma…”De París quita el par”… Supuso que se refería a quitar las tres primeras letras de la palabra, de manera que se quedaría únicamente con el “is”.</p>
<p>La segunda parte era un poco más confusa: “del nombre del tercer hombre, es el mismo nombre de la persona que sufrirá”….¿Quién era el tercer hombre? Pasó por delante de una librería y no pudo evitar, el recordar lo que había pasado con la guía telefónica el día anterior. Miró el escaparate y le pareció que todo le recordaba a Sarah y a sus comentarios.</p>
<p>Había un ejemplar del kamasutra y de la Biblia y eso le recordó la conversación que habían tenido en el coche…Un momento ¿La Biblia?</p>
<p>Isabel localizó una pastelería no muy lejos de allí y se encaminó con la esperanza de encontrar algo de chocolate. La Biblia seguía dando vueltas en su cabeza. Algo le decía que aquello tenía que tener relación con lo de “el nombre del tercer hombre”.</p>
<p>Si había un tercer hombre, tenía por fuerza que haber un segundo y un primero que lo precediera…¿Y quién era el primer hombre?</p>
<p>Según la Biblia fue Adán, pero no recordaba los nombres de los hijos de Adán, que supuestamente fueron el segundo y el tercer hombre…</p>
<p>Entró en la pastelería y el sonido de una campanita sobre la puerta indicó que alguien acababa de entrar. Una voz desde la trastienda le indicó que esperara.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Isabel se relamía mirando todo lo que tenían expuesto tras la cristalera del mostrador.</p>
<p>Seguía pensando en los dichosos nombres. Sabía que un compañero de clase tenía uno de los nombres y que sonaba a algo muy bíblico… Algo del estilo de Moisés, Jesús…</p>
<p>…O Abel.</p>
<p>Por fin su cerebro había hecho conexión. Los hijos de Adán eran Caín y Abel y si no recordaba mal de la catequesis, Abel era el tercer hijo.</p>
<p>¿Entonces con que la dejaba eso?</p>
<p>Tenía el nombre “Abel” y la palabra “is” y según el acertijo, juntos formarían el nombre de la persona que sufrirá…. De pronto comenzó a sentir un sudor frío al comprender el significado del mensaje.</p>
<p>Ambas palabras juntas y ordenadas formaban su propio nombre: Isabel.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y en ese momento, todo cobró sentido con una claridad absoluta y sin saber cómo, comprendió todo lo que había pasado mientras dormía.</p>
<p>Sarah había recibido un mensaje en el que la amenazaban de que harían daño a Isabel si no entregaba los colgantes con todas las piezas triangulares conseguidas. Y sólo pudo pensar en una persona, que se sintiese lo suficientemente ofendida y reclamase las piezas ganadas como propias….Bernard.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Isabel comprendió que Sarah estaba a punto de entregarle los colgantes a Bernard a cambio de su propia seguridad.</p>
<p>Sintió una extraña y reconfortante sensación al saber que Sarah no la había engañado, pero rápidamente fue sustituida por una sensación de pánico.</p>
<p>Tenía que darse prisa y evitar que se produjese el intercambio.</p>
<p>Miró su reloj y comprobó que eran las doce ya pasadas….Sabía que tenía tres horas cómo le había dicho la gitana, antes de que se produjese el encuentro. Isabel calculó, que por la hora, debía tener pensado darle los colgantes antes de que empezara la obra de esa tarde en el teatro.</p>
<p>Debía darse prisa si quería encontrar a Sarah antes que Bernard.</p>
<p>-          ¿Qué desea?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La voz de la dependienta la devolvió a la realidad. La miró confundida unos segundos antes de disculparse y correr hacia la puerta.</p>
<p>Lo que Isabel no sabía es que recordaría esa pastelería por el resto de su vida, ya que al abrir la puerta, la campanilla que estaba colgando del techo, volvió a sonar haciendo que la bombilla en la cabeza de Isabel brillase con potencia.</p>
<p>Y en ese momento entendió le mensaje de la caja<em>: “La habrás oído tocar…Piensa, medita, recuerda, ¿qué instrumento musical no tiene más que una cuerda?”</em></p>
<p><em>                           <img title="bell" src="http://www.betteridge.com/images/products/standard/paul-morelli-tattoo-meditation-bell-medium.jpg" alt="" width="253" height="253" /></em></p>
<p>La maldita campana se agitaba alegremente, tintineando sobre su cabeza…Gracias a la única cuerda que tiene en su interior que sujeta la bolita que la hace sonar.</p>
<p>Acababa de encontrar el único instrumento musical de una sola cuerda y no pudo evitar pensar que había alguien muy cercana a ella con ese mismo símbolo tatuado en una muñeca.</p>
<p>Tenía el mal presentimiento de que si no encontraba a Sarah pronto, algo malo iba a pasarle.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Decidió actuar con rapidez, pero lo primero era lo primero. La vuelta a su casa fue una carrera a contrarreloj. La primera parte la hizo en autobús, pero cuando apenas quedaban unas manzanas para llegar a su barrio, bajó del autobús e hizo el resto del camino andando.</p>
<p>Llegó prácticamente desfallecida a su casa y con un calor abrasador. Su madre se sorprendió de verla tan temprano de vuelta en casa.</p>
<p>-          ¿No tenías clase?</p>
<p>-          Las últimas horas no…Cómo este domingo empieza el puente, los profesores han cortado prácticamente las clases. Hemos entregado el trabajo y poco más.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Isabel se iba cambiando de ropa mientras le contaba prácticamente a gritos a su madre, toda la historia inventada. Isabel se sintió mal por la facilidad que estaba desarrollando para mentir, pero pensó que ya tendría tiempo de regañarse por ello.</p>
<p>-          ¿Dormiste bien?- le preguntó su madre</p>
<p>-          Muy bien- dijo Isabel con una sonrisita tonta al recordar a Sarah abrazada a ella.</p>
<p>-          Se me hizo raro que no estuvieses aquí anoche- comentó su madre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Isabel se acercó con los botines en la mano y le dio un beso su madre en la mejilla.</p>
<p>-          Pero siempre volveré- dijo abrazándola.</p>
<p>-          Si, pero es por las croquetas – comentó su madre en broma. Ambas rieron- ¿Te vas otra vez?</p>
<p>-          Ummm…si- Isabel empezó a temer que su madre le dijese algo por ello- Pero es que Sarah se va dentro de poco y quiero aprovechar el poco tiempo  que nos queda-  Fue lo primero que se le pasó por la cabeza.</p>
<p>-          Es una chica encantadora ¿verdad?- Isabel sólo asintió mientras se abrochaba los botines- ¿Te gusta?- preguntó de pronto su madre.</p>
<p>-          ¿Qué?- no sabía si había oído correctamente.</p>
<p>-          Que si te gusta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Isabel miró a su madre sorprendida ¿Qué sabía ella? Intentó contestar, pero sólo consiguió balbucear un par de cosas inconexas.</p>
<p>-          Bu…bueno…Si…Es…simpática y…Y eso.</p>
<p>-          Isabel, sabes a lo que me refiero- dijo su madre dedicándole una cálida sonrisa.</p>
<p>Isabel abrió la boca dispuesta a contarle algo a su madre, pero automáticamente la cerró.</p>
<p>-          Cariño- dijo su madre- Por si no te has dado cuenta, soy tu madre. Y tengo ojos. Yo sólo quiero que seas feliz, así que…Cuándo estés preparada para contárselo a la carca de tu madre, te estará esperando encantada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Isabel se sintió muy emocionada. Asintió mudamente mientras su madre apretaba sutilmente su mano.</p>
<p>-          De acuerdo, será mejor que prepare unos bocadillos para ti y para Sarah, porque algo me dice que no vuelves a comer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Isabel quedó gratamente sorprendida con la actitud de su madre. Le había demostrado muchas cosas.</p>
<p>Pero una alarma sonó de nuevo en su cabeza… No tenía tiempo. Era hora de poner en marcha la segunda parte del plan.</p>
<p>Volcó su mochila sobre la mesa del salón y rebuscó entre todos los papeles que cayeron, hasta encontrar el que estaba buscando.</p>
<p>Marcó los números que habían garabateado en él y esperó los tonos. Una voz juvenil sonó al otro lado:</p>
<p>-          ¿Diga?</p>
<p>-          ¿Carmen?</p>
<p>-          Si, ¿Quién es?</p>
<p>-          Soy Isabel, la de las preguntas raras del teatro.</p>
<p>-          ¡Hola! Me alegro de que me hayas llamado.</p>
<p>-          Lamento no haberlo hecho antes, pero…En fin, llevo unos días que son una absoluta locura.</p>
<p>-          ¿Por qué no me sorprende?- Carmen parecía realmente comprensiva.</p>
<p>-          Se que te va a sonar fatal, pero necesito pedirte un favor.</p>
<p>-          Por verte de nuevo, lo que sea- Isabel se ruborizó con la respuesta. Al menos Carmen no parecía enfadad por ello.</p>
<p>-          ¿Qué necesitas? ¿Necesito hacer una lista larga o con un trocito de papel tengo bastante para apuntar?- bromeó.</p>
<p>-          No, no. Es sólo una cosa, pero no se si podrás ayudarme – Sabía que lo que iba a pedir era complicado, pero tenía que intentarlo- Verás, necesito que…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Carmen desde su casa, asentía ligeramente con la cabeza. Sabía que sería complicado, pero si movía los hilos adecuados podría obtener lo que Isabel le estaba pidiendo en poco tiempo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A las 14,30 de la tarde, Isabel estaba en la puerta del teatro, con su habitual mochila y mirando insistentemente el reloj. Se había puesto una chaqueta arreglada, tal y como Carmen le había dicho y llevaba el pelo recogido. Si Carmen no se daba prisa, podía ser demasiado tarde. De pronto, la vio subir las escaleras del teatro a toda velocidad.</p>
<p>-          Siento la tardanza, he tenido algunos problemillas.</p>
<p>-          ¿Lo has conseguido?- preguntó Isabel ansiosa.</p>
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<p>Carmen sacó triunfal una tarjeta del bolsillo.</p>
<p>-          Aquí está tu pase…Por cierto, estas muy guapa.</p>
<p>-          Gracias- respondió Isabel tímidamente.</p>
<p>-          Lo único que tienes que hacer, es enseñársela al guarda de la puerta y decirle que eres del cuerpo de baile. Que vienes a sustituir a Sandra esta tarde.</p>
<p>-          ¿Nada más?</p>
<p>-          Nada más… Ah bueno, si- dijo acercándose a ella- Me debes un café- comentó sugerente.</p>
<p>-          Prometo recompensártelo, de verdad. Te invitaré a un café y te explicaré todo esto con detalle. Así podrás reconocer finalmente lo rara que soy.</p>
<p>-          De acuerdo- rió Carmen- Mucha suerte con tu chica- dijo guiñándole un ojo y echando a correr como la primera vez que se vieron.</p>
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<p>¿Pero qué pasaba con ella? ¡Tan evidente era lo que pasaba!</p>
<p>La entrada al teatro no le dio problemas, el guarda comprobó su pase y la dejó entrar sin más preguntas.</p>
<p>La parte baja del edificio, que era donde estaban los camerinos, era bastante más enrevesada de lo que parecía. Había diversas salas y un enorme escenario en la parte de atrás del que daba al público, para los ensayos.</p>
<p>Toda la gente corría de un lado para otro, con trajes e instrumentos en las manos.</p>
<p>Isabel se asomó al foso donde se sentaban los músicos, pero no encontró ni rastro de Sarah.</p>
<p>Al primero que vio pasar con un violín en las manos,  lo paró en seco.</p>
<p>-          ¿Has visto a Sarah? ¿Sarah Matsuya?</p>
<p>-          Está en los camerinos del fondo hablando con alguien- dijo apurado el chico y corriendo hacia el foso.</p>
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<p>Isabel hizo lo mismo que el chico, pero en sentido contrario. No le llevó demasiado tiempo encontrar los camerinos. Sólo tuvo que seguir en dirección contraria el reguero de bailarines, violines y demás instrumentos que corrían por el pasillo.</p>
<p>Le pareció ver a Sarah al final del todo, cerca de la puerta del último camerino. Llevaba su violín en la mano y en la otra una pequeña bolsa.</p>
<p>Isabel aceleró el paso y cuando estuvo a su altura, le pegó un tirón del brazo, bastante parecido a los que Sarah le pegaba a ella de su chaquetón. La chica se giró sorprendida dispuesta a pegarle un chillido a quien fuese que la estaba arrastrando por el pasillo, pero al ver a Isabel, no pudo más que abrir los ojos desmesuradamente. Para cuando Sarah se dio cuenta, Isabel la había metido en uno de los pequeños camerinos, cerrado la puerta tras de sí y la había empujado contra la pared.</p>
<p>-          ¿Qué haces tú aquí?- le gritó.</p>
<p>-          Se lo que vas a hacer y no pienso consentir que la cagues en el último momento. Ese creído de Bernard no va a ponerme una mano encima y desde luego no va a conseguir separarnos.- Sarah la miraba sin comprender-  Vamos a ganar este juego y vamos a ganarlo juntas</p>
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<p>La última palabra murió a escasos centímetros de la boca de la morena y lo siguiente que Isabel notó fue la mano de Sarah en su nuca que la atrajo hacía sí, borrando la escasa distancia que las separaba y capturando su boca con un quejido de sorpresa.</p>
<p>Para Isabel, en esos instantes todo giraba y carecía de control, cuando el aroma de Sarah la inundó por completo mareando sus sentidos. La empujó aún mas contra la pared, llevada por la emoción y el nerviosismo del momento, notando como todo su cuerpo se tensaba y se pegaba al de Sarah, dejando caer su boca abierta en la suya, enroscándose de nuevo con aquella lengua húmeda y tibia, que lo volvía todo borroso, mientras los labios de Sarah besan, lamen y muerden, chocando y esquivando los de Isabel…Torpes y exigentes y llenos de algo que arde en sus venas y la hace actuar de forma instintiva.</p>
<p>Y cuando la necesidad de aire se hace terriblemente presente, Isabel puede sentir como sus labios se separan de ese beso caliente y flexible, que estalla con un sonido elástico cuando se rompe y que les deja unas cosquillas suaves en los labios y las piernas.</p>
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<p>Ambas recuperan el aliento apoyadas frente con frente. La respiración agitada de Isabel mueve el flequillo de Sarah demasiado largo, y su estómago da volteretas cuando Sarah la mira con sus ojos almendrados, oscuros y turbios en los que se está librando una batalla que no habla de vencedores y vencidos, sino de furia, pasión y victoria. Sarah agarra la pequeña carita morena de Isabel con ambas manos y le susurra como si de un secreto se tratase:</p>
<p>-          Creí que me odiarías.</p>
<p>-          Nunca podría odiarte,</p>
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<p>Y no necesitan decirse mucho más para saber que toda va bien y que vuelven a ser un equipo. Sarah saca los colgantes de su bolsillo y se lo pone a Isabel rozando toda piel de su cuello en el proceso.</p>
<p>Con la emoción del momento, y los múltiples besos de Sarah antes de escaparse hacia el foso con el resto de los músicos, Isabel había olvidado por completo el principal motivo por el que había corrido hasta allí. Y cuando el concierto comienza, recuerda que el problema de la campana está aún presente y que no sabe si será capaz de aguantar la hora y media que dura la obra sin que le de un ataque de nervios.</p>
<p>La representación se lleva a cabo sin ningún contratiempo e Isabel hubiese preferido estar más tranquila para poder disfrutar de la música y de la imagen de Sarah tocando su violín.</p>
<p>Al finalizar el acto, aquello vuelve a convertirse en un barullo de gente que corre a abrazarse por el éxito de la obra, y de grupos de personas brindando con champán.</p>
<p>Cuando Isabel consigue localizar a Sarah, que se acerca corriendo a ella y la abraza, siente que el mundo vuelve a estar en equilibrio.</p>
<p>-          Sarah, tenemos que irnos de aquí</p>
<p>-          ¿Por qué?- dice Sarah cogiendo dos copas de champán que le ofrecen en ese instante &#8211; ¡Disfruta del momento!- dice tendiéndole una copa.</p>
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<p>Isabel decidió no despreciarle el gesto a la chica y tomando la copa, ambas bebieron celebrando el momento.</p>
<p>-          Hay mucho que celebrar- le susurra cerca del oído a Isabel que está apunto de olvidarse de nuevo del peligro que corre.</p>
<p>-          Sarah, escúchame- dijo poniéndose seria- He resuelto el último enigma y corres peligro…Es la campana. El único instrumento de una sola cuerda es la campana… ¡Cómo la de tu tatuaje!</p>
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<p>Sarah empezaba a poner muy mala cara.</p>
<p>-          Tranquila- dijo Isabel que empezaba a asustarse por la expresión de Sarah- No dejaré que te pase nada.</p>
<p>-          No, es eso- dijo llevándose una mano a la cabeza- Es que estoy empezando a marearme.</p>
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<p>Isabel miró la copa extrañada. Tanto no había bebido como para eso y de todas formas, ella también empezaba a sentirse algo mareada.</p>
<p>Acompañó a Sarah hacía uno de los camerinos y a medida que avanzaban, sus piernas pesaban cada vez más y los párpados se le cerraban inevitablemente. Nunca supo si llegaron a entrar porque tras el sonido de su copa de champán al romperse contra el suelo, lo último que vio, fueron los horribles botines de Javier acercándose hacia ellas.</p>
<p>Lo único que pudo pensar es que era demasiado tarde para plantearse si había un somnífero en la bebida.</p>
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<p>No supo con certeza la cantidad de tiempo que había pasado, pero se despertó con la boca pastosa y un terrible dolor de cabeza.</p>
<p>Miró a su alrededor y respiró aliviada al descubrir que Sarah estaba a su lado.</p>
<p>-          Despierta- le susurró débilmente.</p>
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<p>La morena tardó un rato en abrir definitivamente los ojos y centrar su mirada.</p>
<p>-          ¿Dónde estamos?</p>
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<p>Desde luego que la habitación era bastante peculiar. No tenía ventanas, ni puertas y frente a ellas lo único que había era un enorme espejo que reflejaba un reloj digital que había en la pared de enfrente. Isabel se acercó a indagar, aún mareada por los efectos de la droga, sobre el espejo.</p>
<p>En él, había una especie de puerta, pero no tenía ni pomo, ni hendidura para abrirla. Isabel empujó con fuerza intentando abrirla hacia el otro lado, pero fue imposible.</p>
<p>La única pista que tenían, era una frase escrita sobre la supuesta puerta: <em>“Átale, demoníaco Caín, o me delata”</em></p>
<p>-          Un palíndromo- dijo Sarah- Se puede leer igual en las dos direcciones.</p>
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<p>Isabel observó la frase y comprobó que tenía razón.</p>
<p>-          ¿Cuánto tiempo llevaremos aquí?</p>
<p>-          No lo se…El reloj dice que son las…OSO- dijo Isabel bromeando mirando el reflejo del reloj en el espejo.</p>
<p>-          ¿Qué?</p>
<p>-          Son las 0:20, pero reflejado en el espejo, parece que pone OSO. Aunque dudo mucho que esa sea la hora real.</p>
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<p>Sarah miró alternativamente al reloj digital y al espejo y una idea cruzó su mente:</p>
<p>-          Un palíndromo</p>
<p>-          ¿Qué quieres decir?</p>
<p>-          Eso es lo que significa la frase del espejo. Cuando los números del reloj puedan leerse igualmente en el espejo, será porque el número es cómo un palíndromo. Es capicúa, se puede leer igual en las dos direcciones: en la realidad y en el espejo- dijo Sarah aclarándolo.</p>
<p>-          Eso quiere decir que la próxima hora capicúa será…- Isabel intentó calcularlo mentalmente, pero Sarah sacó el lápiz labial que solía llevar consigo y empezó a garabatear números en la superficie del espejo.</p>
<p>-          Vamos a ver, la primera hora capicúa son las 00:00… Si ahora son las 00:20, la próxima tiene que ser… La 01:10. Hasta esa hora, la puerta no se abrirá.</p>
<p>-          ¿Tendremos que esperar 50 minutos?</p>
<p>-          Eso parece, así que ponte cómoda.</p>
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<p>Estuvieron casi 15 minutos en absoluto silencio.</p>
<p>Para Isabel las cosas habían  ido demasiado rápido. En apenas un par de días había perdido a su amigo, se había metido en un juego de locos, ganado una nueva amiga y una novia.</p>
<p>Un momento… ¿Novia? Miró a Sarah de reojo y la vio echada en la pared, con los ojos cerrados. ¿Ahora que iba a pasar?</p>
<p>-          Sarah- la aludida abrió los ojos y miró a Isabel- ¿Volverás a Francia?</p>
<p>-          No me queda otro remedio- dijo amargamente- Tengo un contrato que cumplir…Pero pienso volver.</p>
<p>-          Eso espero.</p>
<p>-          Tenlo por seguro- dijo depositando un beso en su mejilla- Ahora mismo, eres lo más importante en mi vida- Isabel se emocionó con esas palabras- Y por eso quiero ser sincera contigo. Voy a contarte por qué me metí en todo este juego.</p>
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<p>Isabel se preparó para lo que fuera que Sarah estuviese apunto de contarle.</p>
<p>-          Soy adoptada- la revelación cogió por sorpresa a Isabel- hasta los 6 años estuve en un orfanato en Japón. La mujer que me adoptó y que se hace llamar mi madre, no responde a su título. A veces me pregunto para que demonios adoptó una niña. Quizás quería hacer la buena acción de su vida, o a lo mejor, estaba de moda entre las snobs de sus amigas el salvar pobres niños huérfanos .Y de cuanto más lejos vinieran, mejor. Así que mi querida mamá, &#8211; continuó con tono irónico &#8211; me sacó de aquel lugar horrible en el que había vivido hasta entonces y me metió en otro peor aún.</p>
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<p>Isabel escuchaba con tristeza la historia de Sarah. Nadie habría imaginado que alguien con tanto prestigio, pudiese haber tenido una infancia tan terrible.</p>
<p>-          Me metió en aquel insufrible internado y se olvidó por completo de mí. Quizás pensaba que lo único que necesitaba para criar a una hija era pagar sus facturas…Aunque claro, también hizo algo bueno por mí. Me apuntó al conservatorio de música. Si no fuera por ella, jamás habría descubierto mi talento- dijo mirándose las manos- Y durante años, practiqué para llegar a ser la mejor y cuando alcancé el éxito, me cambié el apellido por el que tenía en el orfanato, renunciando al de mi madre…Eso no me lo perdonó jamás. Nunca vino a ninguno de mis conciertos- añadió con tristeza-</p>
<p>-          Lo siento- dijo Isabel acariciando su mano- Lo siento mucho.</p>
<p>-          Ya eso no importa. No se puede echar de menos algo que nunca has tenido. Por eso me obsesioné con la idea de encontrar a mis padres biológicos, que quizás no me quisieran, después de todo me dejaron en adopción… Aunque siempre he tenido la esperanza de que tuvieran que hacerlo porque no les quedaba más remedio, pero que en el fondo, me querían de verdad. Cuando me ofrecieron entrar en el juego, me aseguraron que podían darme el paradero de mis padres biológicos. Yo había removido cielo y tierra buscándoles y al principio no les creí, pero después me dieron una foto de cuando yo era pequeña y me aseguraron que era de las pertenencias de mis padres y que podría volver a encontrarlos.- Isabel recordó la foto de la niña oriental en el columpio.</p>
<p>-          No te preocupes…Porque vamos a ganar este juego.</p>
<p>-          No, no lo entiendes- dijo Sarah- Todo eso era antes de conocerte.- La respuesta desconcertó a Isabel- Estaba obsesionada con buscar el cariño que nunca tuve, pensando que sólo mis padres podrían dármelo. Me crié en un mundo de frivolidades, donde la gente te trata bien por tu dinero. Creo que nunca tuve un amigo de verdad…Hasta que te conocí. En estos tres días me has dado más que todos ellos en 19 años… ¡Incluso me has aguantado más que ellos!- comentó divertida-He disfrutado a tu lado, he sentido por primera vez lo que era confiar en alguien, tener una amiga de verdad, sentirse querida… Y todo te lo debo a ti.</p>
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<p>Isabel la miró sin parpadear, luchando por no llorar.</p>
<p>-          ¡Te estoy diciendo que me importa ya una mierda el juego!&#8230; Que no necesito otra cosa que no seas tú.</p>
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<p>Isabel se abrazó a ella llorando.</p>
<p>-          Por eso, cuando ganemos este juego- le susurró a Isabel mientras acariciaba su pelo- Lo único que vamos a pedir es que nos devuelvan a tu amigo y que nos dejen en paz de una vez por todas, para que pueda raptarte en la habitación de mi hotel y no soltarte nunca más.</p>
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<p>Isabel sonrió contra su cuello. No estaba del todo de acuerdo con la decisión de Sarah, pero sabía que aún tenía que encontrar a Rafa.</p>
<p>El resto de tiempo que les quedaba, lo pasaron abrazadas, compartiendo el sonido de sus respiraciones.</p>
<p>Cuando el reloj marcaba las 01:09 se pusieron frente a la puerta, empujando el espejo con ambas manos.</p>
<p>-          ¿Preparada?- preguntó Sarah</p>
<p>-          Por su puesto.</p>
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<p>Y cuando las dos empujaron el espejo en el momento que el reloj cambiaba a las 01:10, la puerta se abrió sin dificultad, provocando que ambas cayeran al interior de la habitación contigua, con un fuerte golpe.</p>
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<p>La primera en ponerse en pie fue Sarah que ayudó a Isabel a levantarse. Pero cuando miraron a su alrededor, no entendieron nada de lo que estaban viendo.</p>
<p>Se trataba de una habitación que tampoco tenía ventanas. Lo único que destacaba en ella era una enorme mesa, dispuesta para unos 30 comensales. Sobre la mesa había multitud de cubiertos, platos, tazas y demás enseres de cocina, pero lo extraño, es que todo era del mismo color oscuro.</p>
<p>En conjunto, toda la habitación estaba sumergida en el color monocromático y oscurecido que forraba las paredes, se extendía por la moqueta del suelo, el mantel y los enseres que había sobre ella. Lo único que destacaba en color, eran las sillas dispuestas a lo largo de la mesa, que eran de un brillante color blanco nacarado.</p>
<p>-          ¿Queréis tomar algo?</p>
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<p>Una voz, alertó a las dos chicas que miraron con sorpresa hacía el fondo de la mesa, donde lo que parecía ser una señora mayor, completamente vestida de rojo, estaba sentada en la silla que presidía la mesa.</p>
<p>-          ¿Queréis tomar algo? Tengo café, té, zumos, leche ¿Qué queréis?</p>
<p>-          Eh…No gracias señora, no queremos nada- dijo Isabel no muy convencida de que iba todo eso.</p>
<p>-          También tengo pastas, dulces, bocadillos ¿Qué queréis?</p>
<p>-          Señora de verdad que no…</p>
<p>-          ¿Qué queréis? Porque puedo prepararos cualquier cosa…. Tengo de todo- la cortó la señora, hablando cada vez más alto.</p>
<p>-          ¿Pero de que va esta tía?- le preguntó a Sarah</p>
<p>-          Podéis sentaros donde queráis ¿Qué queréis que os prepare?- volvió a insistir la mujer, más alto y más deprisa- Tengo pastas, dulces, bocadillos, ¿Qué queréis?</p>
<p>-          Para mi que se ha rayado- dijo Sarah avanzando hacía la señora que no paraba de decir cosas sin sentido y sin escuchar nada de lo que decían.</p>
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<p>Cuando llegaron a la altura de la mujer, comprobaron que se trataba de una especie de muñeco motorizado. Parecía uno de esos muñecos de ventriloquia, con la boca en forma de pestaña, que se movía sin parar, emitiendo cada vez sonidos más fuertes y rápidos.</p>
<p>-          ¡Con esta vieja pegando berridos no pudo pensar!- dijo Sarah tapándose los oídos.</p>
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<p>Isabel miró a su alrededor, intentando pensar algo coherente, pero el sonido se sobreponía a cualquiera de sus pensamientos. Aquel escenario no tenía ningún sentido… ¿Qué se suponía que tenían que hacer allí?</p>
<p>Miró todo lo que había sobre la mesa. No había más que objetos. Nada de comida ni pistas a tener en cuenta. Lo único que llamaba su atención en aquella locura, era la multitud de sillitas blancas que había alrededor de la mesa, demasiado pequeñas para servir como asientos en una mesa tan alta. Parecían sillas de niños de guardería. Y a pesar de que eran ridículamente absurdas, había muchas alrededor de la mesa. Para ser más exactos, había 32 sillitas blancas…</p>
<p>De pronto, algo resonó en el fondo de la memoria de Isabel ¿Dónde había  oído eso de las 32 sillitas blancas?</p>
<p>Intentó concentrarse, pero el muñeco de la anciana, gritaba cada vez más alto y con tal rapidez que las palabras eran prácticamente inconexas.</p>
<p>-          ¡Joder con la abuela!- gritó Sarah sobre el ruido- O se calla pronto o le quito las ganas de hablar de una patada.</p>
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<p>Sin saberlo, Sarah, había dado con la clave del enigma…Su abuela.</p>
<p>Isabel recordó en esos instantes la última adivinanza que su abuela le había dicho, hacía apenas tres días: “treinta y dos sillitas blancas en un viejo comedor, y  una vieja parlanchina que las pisa sin temor”</p>
<p>-          ¡Es su boca! &#8211; le gritó a Sarah- ¡Tenemos que abrirle la boca!</p>
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<p>Sarah no se lo pensó dos veces. Deseando acabar con aquel suplicio de una vez por todas, agarró la pestaña que formaba la boca y no dejaba de moverse, y metió los dedos en ella. Acto seguido tiró hacia fuera del extremo de algo que halló en el interior de la boca.</p>
<p>Al instante, se escuchó un sonido parecido al de un disco al rayarse y Sarah, sacó más de dos metros de lengua de la boca del muñeco de un solo tirón.</p>
<p>-          Que alivio…</p>
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<p>Atada a la lengua había dos cosas: una llave y una bolsita con las dos últimas piezas triangulares.</p>
<p>Isabel desató la llave mientras Sarah hacía lo propio con las piezas triangulares. Buscó con la mirada en la habitación, algo en lo que usar la famosa llave. Encontró una puerta camuflada con el forro de la pared, al final de la habitación.</p>
<p>-          Tenemos que entrar por allí- dijo Isabel señalando la puerta.</p>
<p>-          Si, pero antes…- Sarah se acercó a ella por detrás y le metió el colgante por la cabeza. Cuando la pieza tocó su pecho, Isabel descubrió que Sarah había unido las dos mitades y el colgante era ya, perfectamente circular.</p>
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<p>Isabel fue a quejarse, pero Sarah la acalló con un corto beso en los labios.</p>
<p>-          Somos un equipo ¿Recuerdas? Juntas hasta el final. Ahora entremos ahí y les patearemos el culo.- Isabel sonrió con el comentario.</p>
<p>-          Juntas- dijo tomado la mano de Sarah y dándole la llave, indicándole silenciosamente que abriese ella.</p>
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<p>Metió la llave en la cerradura y ambas se prepararon para el paso final. Aunque nunca imaginaron que aquello fuese a acabar de aquella forma.</p>
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<p>La habitación que apareció al otro lado no tenía nada que ver con las dos anteriores: era luminosa y bastante amplia. Podían verse dos grandes ventanales a ambos lados de la sala proyectando toda la luz sobre los dos únicos objetos de toda la habitación.</p>
<p>Una mesa y un jarrón de porcelana sobre ella.</p>
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<p>Cuando estaban a punto de acercarse a la mesa para mirar que había dentro del jarrón, una voz las retuvo.</p>
<p>-          Bienvenidas, pero os agradecería que no tocarais nada antes de tiempo- era la voz distorsionada de una mujer que provenía de algún altavoz oculto en la habitación – Habéis llegado a la casilla final, os doy la enhorabuena.</p>
<p>-          Dinos que tenemos que hacer y acabemos cuanto antes.- exigió Sarah</p>
<p>-          Me parece correcto- dijo de nuevo la voz- Pero primero tendréis que contestarme un par de sencillas preguntas.</p>
<p>-          Dispara- dijo Isabel.</p>
<p>-          Esta última prueba sólo podrá realizarla una de las dos. Se acabó el trabajo en equipo. La que lo haga, tendrá una sola oportunidad. Si acierta ganará y podrá hacer la petición que desee. Pero si la respuesta es incorrecta, las dos perdéis. La pregunta es ¿Cuál de las dos será la que finalmente se lleve el premio a casa?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Isabel miró a Sarah, dándole una última oportunidad de cambiar de idea. Sarah le sonrió con ánimo y le dijo:</p>
<p>-          Confío en ti… Seguimos siendo un equipo. Demuestra lo que vales.</p>
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<p>Isabel se sintió orgullosa y tremendamente segura de sí misma. Agarró el colgante circular que colgaba de su cuello y se lo sacó, depositándolo sobre la mesa.</p>
<p>-          Estoy preparada.</p>
<p>-          Me habéis sorprendido enormemente… Las otras parejas pelearon por conseguir ese puesto- contestó la voz- Algunos llegaron a agredirse. ¿Tu compañera no quiere nada?</p>
<p>-          Hemos llegado a un equilibrio- Aquello sonó raro, porque Isabel dijo equilibrio y no acuerdo.</p>
<p>-          Habéis encajado a la perfección, como las dos partes del colgante- recapacitó la voz- De acuerdo, tú harás la prueba final.</p>
<p>-          Pero primero, quiero que me des garantías de que vas a cumplir lo que voy a pedirte.</p>
<p>-          De acuerdo ¿Qué es lo que quieres?</p>
<p>-          Quiero que me devolváis a Rafa. Se que lo tenéis retenido en algún lugar.</p>
<p>-          De acuerdo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Durante un minuto, la voz dejó de hablar y en la sala sólo se oían las respiraciones de las dos chicas. De pronto, la tensión se vio rota por el sonido insistente de un móvil.</p>
<p>Isabel miró a Sarah, al descubrir que el sonido venía de su chaqueta.</p>
<p>-          ¿Es tu móvil?</p>
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<p>Sarah buscó sorprendida en sus bolsillos y encontró que, efectivamente, tenía un móvil en el bolsillo de su chaqueta.</p>
<p>-          Eso no estaba ahí antes…Ni siquiera es mi móvil. El mío, lo dejé en el camerino. No podía salir a tocar con el móvil encima.</p>
<p>-           Debieron metértelo cuando nos desmayamos en el pasillo del teatro- reflexionó Isabel, recordando los botines de Javier.</p>
<p>-          Cógelo- Sarah se lo tendió para que lo cogiera.</p>
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<p>Cuando Isabel pulsó el botón para aceptar la llamada, el insistente pitido del móvil cesó. Isabel se lo pegó a la oreja.</p>
<p>-          ¿Diga?</p>
<p>-          ¿Isabel?- preguntó una voz al otro lado.</p>
<p>-          ¿Rafa?- Isabel se pegó el teléfono al oído ya que había mucho ruido de fondo.</p>
<p>-          ¿Qué haces tú con este número?</p>
<p>-          Rafa ¿Dónde estás?- preguntó asustada Isabel, pero la llamada se cortó al instante.</p>
<p>-          Ya es suficiente- respondió de nuevo la voz- Ahora tienes que pasar la prueba final.</p>
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<p>Isabel dejó angustiada el móvil encima de la mesa y apoyó las manos a ambos lados del jarrón.</p>
<p>-          Esta bien… ¿Qué tengo que hacer?</p>
<p>-          Es muy sencillo- sonó complacida la voz- ¿Ves el jarrón que hay frente a ti?</p>
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<p>Isabel observó el jarrón chino que estaba en la mesa. Tenía una boquilla estrecha, y larga.</p>
<p>-          En su interior, hay dos pequeñas bolitas del tamaño de un garbanzo. Una es de color verde y la otra roja… Si sacas la verde, has ganado y te diré dónde está tu amigo. Pero si sacas la roja, estáis eliminadas.</p>
<p>-          ¡¿Qué?!- exclamó Sarah- ¡Eso no es justo!</p>
<p>-          ¡Silencio!- ordenó la voz- No eres tú quien tiene que hablar.</p>
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<p>Sarah vio como Isabel agarraba ambos bordes de la mesa y por su expresión, pudo ver que estaba pensando lo mismo que ella.</p>
<p>Isabel sabía que algo no cuadraba. Si todo este juego había sido de enigmas, y enrevesadas pruebas de ingenio… ¿Por qué dejaban la prueba final al capricho de azar?</p>
<p>Aquello no tenia ningún sentido y en aquel juego, todo acababa teniendo sentido de una forma más o menos sencilla, pero al final, todo estaba basado en la pura lógica.  ¿Por qué aquello parecía no guardar sentido con lo demás?</p>
<p>Y fue la palabra sentido la que le dio la solución a Isabel, al recordar la última noche que estuvo jugando en casa de Rafa.</p>
<p>Las preguntas de pensamiento lateral, que te hacían desviarte de la respuesta lógica y sencilla. Y en aquella situación, había una única respuesta posible.</p>
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<p>Con decisión metió la mano por el estrecho cuello del jarrón, no sin dificultad y con la punta de los dedos, rozó la superficie redonda de una de las bolitas y la cogió entre dos dedos. Con cuidado para no volver a dejarla caer en el interior, Isabel fue sacando la mano poco a poco del cuello del jarrón. Pero justo cuando estaba a punto de sacar la mano, escondió la bolita en la palma de su mano y sacó la mano del jarrón con el puño cerrado, impidiendo que se pudiese ver el color de la bolita que llevaba en la mano.</p>
<p>-          Esta es la que elijo- dijo alzando el puño al aire y hablándole a la voz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y sin mediar palabra alguna, Isabel hizo algo que nadie había esperado.</p>
<p>Se metió la bolita en la boca y se la tragó.</p>
<p>Sarah la miró con los ojos abiertos como platos sin entender lo que estaba haciendo. Acto seguido, Isabel inclinó el jarrón, dejando que cayese la bolita que quedaba en su interior. Sarah la vio rodar por la superficie de la mesa, sin creer lo que estaba viendo.</p>
<p>La bola era roja.</p>
<p>-          Habéis ganado – dijo la voz.</p>
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<p>Unas horas más tarde, Sarah e Isabel estaban en la puerta de embarque nº 6 del aeropuerto de Sevilla. Sarah buscaba como loca el billete de embarque.</p>
<p>-          Está en el bolsillo de tu maleta, lo estoy viendo desde aquí- le dijo Isa divertida.</p>
<p>-          Es que estoy todavía de los nervios…¡No me puedo creer que lo resolvieras! Si llego a ser yo la que tiene que hacer la prueba, la hubiese liado…¿Cómo se te ocurrió comerte la bola?</p>
<p>-          Era la única forma posible. Era absurdo que la última prueba fuese al azar después de los quebraderos de cabeza que nos han hecho pasar. Con lo que sabía que había truco.</p>
<p>-          ¿Cuál?</p>
<p>-          Las dos bolas eran rojas.</p>
<p>-          ¿Cómo lo sabes, si ni siquiera miraste la bola que te tragaste?</p>
<p>-          Ya pero, la voz jamás hubiese dejado que ganásemos de pura suerte. Así que para asegurarse una victoria absoluta, puso las dos bolas rojas de manera que nadie pudiese ganar con azar, sino con lógica. Al tragarme una de las dos bolas y quedando la bola roja dentro del jarrón, si la voz no admitía que había hecho trampas, no le quedaba otra que reconocer que la que me había tragado era la verde.</p>
<p>-          Definitivamente, eres sorprendente- dijo Sarah fascinada.</p>
<p>-          ¿Ya no soy el comodín?- preguntó en broma Isabel.</p>
<p>-          Si, pero eres mi comodín- dijo besándola con ternura.- ¿Qué fue de Rafa?- preguntó</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Doce horas antes, Rafa había aparecido en el aeropuerto de Sevilla, cansado y sudoroso. Llevaba tres días intentando volver.</p>
<p>Le contó a Isabel que tuvo que viajar a Panamá por una llamada de última hora de su empresa, pero a mitad de camino se vio retenido en uno de los aeropuertos. La empresa panameña de Copa Airlaines se ofreció a darle alojamiento como compensación por la cancelación de los vuelos. Fueron tres días de aduanas, intentos fallidos de conexión a Internet y alquileres de avionetas destartaladas.</p>
<p>Sorprendentemente, toda su mala suerte y su incapacidad para salir de allí se terminó exactamente después de llamar al numero de reservas de vuelo, dónde la chica que le contestó la primera vez, le recordaba sospechosamente a la voz de Isabel.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Isabel lo abrazó durante una hora y media, sin importarle las caras que ponía la gente al pasar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-          Bueno- sonrió Sarah- Al menos está bien.</p>
<p>-          Si…Pero todavía hay cosas que no me encajan.¿Qué tenía que ver él en todo el juego? ¿También era un peón como Javier?</p>
<p>-          Oye- le riño Sarah- prométeme que dejarás de darle vueltas a este asunto. El juego se acabó, punto, <em>cést fini! </em>Olvidémonos de todo esto y concentrémonos en cosas más importantes- dijo atrayéndola hacia sí – Todavía no me he ido y ya te estoy echando de menos. Este mes separadas se me va a hacer eterno.</p>
<p>-          Bueno- dijo Isabel mirándola pícaramente- a lo mejor nos vemos antes de lo que crees.</p>
<p>-          ¿Y eso?</p>
<p>-          Este fin de semana me voy a visitar a mi tío Antonio aprovechando las vacaciones…- al ver que Sarah no reaccionaba , añadió- Vive en Paris.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los ojos de Sarah se iluminaron y la reacción que Isabel deseaba no se hizo esperar. Ese fue el beso de despedida más prometedor que había recibido nunca.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En ese mismo instante, en la otra punta de la ciudad un chico esperaba sentado en uno de los bancos del monumento a Bécquer. Miraba su reloj nervioso de forma insistente.</p>
<p>-          ¿Es qué siempre tiene que llegar tarde?- le preguntó al aire.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Miró indiferente sus botines plateados con franjas negras y blancas…La próxima vez que viniese a Sevilla, sería verano y podría ponerse unas chanclas plateadas. No estaría nada mal.</p>
<p>Cinco minutos después, apareció otra figura con un maletín. Andaba despacio y con una sonrisa en el rostro se acercó al chico de botines plateados.</p>
<p>-          ¡Hombre Javier! ¿Qué haces tú por este barrio?- le preguntó jovialmente.</p>
<p>-          Déjate de bromas Rafa, llevo más de veinte minutos esperándote.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Rafa, dejó con suavidad la maleta sobre el banco.</p>
<p>-          No te quejarás, en un sitio muy bonito. Es el favorito de Isabel- dijo admirando su alrededor- Aunque a mi, el ángel ese con el puñal, me da mal rollo.</p>
<p>-          Tú no tienes ni idea sobre el amor, Rafa.- comentó amargamente.</p>
<p>-          Ya, por eso me dejaste y ahora trabajas para mi ¿no?-dijo irónico.</p>
<p>-          No me queda otra… ¿Lo has traído?</p>
<p>-          Si- dijo señalando el maletín con un gesto de cabeza- ¿Lo quieres ya? Pensé que querrías charlar un rato más conmigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Javier simplemente le dedicó una mirada fría  a lo que Rafa contestó con una risilla. Abrió el maletín parcialmente, para que no pudiese verse todo su contenido. Del interior, sacó una caja de madera plana y de formar circular.</p>
<p>Javier lo abrió y comprobó que lo que quería, estaba en su interior: el disco de Pahistos.</p>
<p>-          Con eso tus servicios está pagados ¿no?- preguntó Rafa</p>
<p>-          Después del despliegue mediático y el circo que me has hecho montar espero que sí.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Rafa recogió la maleta dispuesto a irse, pero Javier lo retuvo.</p>
<p>-          Entiendo que tú tengas que montarte estos jueguecitos porque te aburres y no sabes que hacer con el dinero de papá. Siempre te gustó jugar con la gente, pero… ¿ella? Pensé que por fin habías encontrado alguien que te importaba de verdad. ¿Por qué la metiste en todo esto?</p>
<p>-          Mi querido Javi… ¿No ves que lo hice por su bien? La quiero y nunca le haría daño.</p>
<p>-          Tienes un concepto un tanto retorcido del amor ¿No te parece?</p>
<p>-          Ella siempre ha tenido un gran potencial. Es increíblemente inteligente, divertida y tiene mucho coraje.  Lo que pasa, es que estaba consumida por su vida. Ella siempre ha pensado que no podía salir más allá de su barrio y de su familia. Yo sólo he tenido que darle un pequeño empujoncito: emoción, riesgo, responsabilidades…Las flores más hermosas, florecen siempre bajo  la adversidad.</p>
<p>-          Estás loco ¿Lo sabías?</p>
<p>-          Vamos hombre…¡Si hasta le he conseguido una novia!</p>
<p>-          No, si al final va a tener que darte las gracias.</p>
<p>-          No podrá, porque nunca sabrá que fui yo- dijo mirando seriamente a Javi, como una clara amenaza.</p>
<p>-          Tu problema en verdad, es que no quieres que ella acabe como tú, solo y amargado.</p>
<p>-          Yo también te quiero- dijo irónicamente Rafa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Javier ni siquiera se molestó en despedirse. Cogió la caja y salió de allí lo antes posible.</p>
<p>Rafa se sentó en el banco. Pensó que no le vendría mal un poco de tranquilidad antes de volver al trabajo. Habían sido tres días agotadores, aunque muy divertidos.</p>
<p>Sabía que Isabel era la única capaza de resolver aquel complicado juego humano, que ya era la tercera vez que se jugaba… Nunca ninguna pareja había llegado a la prueba final sin enfrentamientos, y desde luego, era la primera vez que alguien ganaba.</p>
<p>Definitivamente, Isabel le había devuelto su confianza en las relaciones humanas.</p>
<p>Rafa cogió la maleta y la puso en su regazo. La abrió y levantó un doble fondo que había en la base, contemplando con intensidad lo que se ocultaba bajo ella.</p>
<p>-          Desde luego, Isa tenía razón…Hice bien en apuntarme a clase de manualidades.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bajo el doble fondo reposaba el verdadero disco de Pahistos. El que Javier se había llevado, era una burda imitación de barro hecha en casa. El verdadero aún seguía en su poder. Lo necesitaba para organizar otro nuevo juego…Una nueva versión mejorada. Ahora que había descubierto que su juego también servía para ayudar a las personas, a menos a su manera, estaba deseando empezar de nuevo.</p>
<p>A lo mejor, Javier tenía razón y él no entendía del amor, porque era un ángel herido que lanzabas flechas inconscientemente, esperando impaciente a que alguien entendiese el mensaje.</p>
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		<title>El enigma del gran juego humano: capitulo 4</title>
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		<pubDate>Sun, 04 Sep 2011 15:27:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mandragora</dc:creator>
				<category><![CDATA[capitulo 4]]></category>
		<category><![CDATA[El enigma del gran juego humano]]></category>

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		<description><![CDATA[Sarah pensó que jamás había mantenido una sonrisa tan falsa durante tanto tiempo. No es que no le gustase que admirasen su trabajo, o que la felicitaran e invitasen a esas lujosas fiestas en las que el champagne y el &#8230; <a href="http://mandragorafics.wordpress.com/2011/09/04/el-enigma-del-gran-juego-humano-capitulo-4/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a><img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=mandragorafics.wordpress.com&amp;blog=219506&amp;post=237&amp;subd=mandragorafics&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Sarah pensó que jamás había mantenido una sonrisa tan falsa durante tanto tiempo.</p>
<p>No es que no le gustase que admirasen su trabajo, o que la felicitaran e invitasen a esas lujosas fiestas en las que el champagne y el caviar le terminaban saliendo por las orejas. Es que tenía cosas más importantes en mente, como una <em>petite chipie</em> de ojos verdes y piel morena, que parecía ponerse colorada cada vez que le hacía algún comentario subido de tono. Desde luego que podía llegar a ser adorable.</p>
<p>Sarah volvió a hacer como que prestaba atención a la conversación, por no decir monólogo, que uno de los bailarines estaba teniendo con otros miembros de la orquesta. Sutilmente, consultó su reloj. Debía darse prisa o no llegaría a tiempo a su “cita” con Isabel.</p>
<p>Se despidió con la elegancia que la caracterizaba y se encaminó hacia el coche, cargando con el violín en las manos enguantadas. A medida que se acercaba al Mercedes, comprobó que había alguien apoyado en el coche. Al principio se tensó. ¿Sería alguien de quién tuviese que tener cuidado? Inconscientemente, agarró con más fuerza el mango del maletín del violín, pero a medida que se fue acercando, sus manos se fueron relajando y una sonrisa se formó en su cara.</p>
<p>-          No dejas de sorprenderme.</p>
<p>Allí recostada sobre su coche, con su larga bufanda y sus ojos verdes mas brillantes que nunca, estaba Isabel.</p>
<p>-          Sólo tuve que buscar un Mercedes mal aparcado y <em>volilà!</em> Resultó ser el tuyo.</p>
<p>Sarah se sorprendió con la respuesta, pero no dejó que se le notase demasiado.</p>
<p>-          Deberías mejorar tu acento o acabaré por darte una patada en tu bonito culo- Sarah sonrió al ver el famoso sonrojo apareciendo en las mejillas de Isabel- ¿Se puede saber que haces aquí?</p>
<p>-          He resuelto el enigma- dijo muy orgullosa. Definitivamente, esa chica no paraba de sorprender a Sarah.</p>
<p>-          ¿Qué libro era?</p>
<p>-          El único libro con tantos personajes que nadie ha conseguido aprendérselo de memoria- dijo Isabel, sacando de su mochila un libro muy grueso y que Sarah tardó unos segundos en reconocer.</p>
<p>-          ¿La guía telefónica?- Sarah parpadeó un par de veces, intentando recordar exactamente lo que decía el papel del enigma y descubrió que, sorprendentemente, tenía razón &#8211; Hablemos dentro del coche, aquí fuera empieza a hacer frío.</p>
<p>Ya dentro, Sarah encendió la calefacción y puso sus manos enguantadas delante del calor que se desprendía de la rejilla de la calefacción.</p>
<p>-          Soy toda oídos- le dijo a Isabel.</p>
<p>-          Verás, estuve pensando durante mucho rato en el libro y me estaba volviendo loca, porque no le encontraba ningún sentido. Hasta que me acordé de la invitación para la representación en la que actuabas.- Sarah la miró sin comprender- En el reverso hay anotado a bolígrafo la siguiente frase: <strong>“Llámame cuando lo sepas”</strong>… ¿Y dónde buscas un número de teléfono?</p>
<p>-          En la guía de teléfonos- respondió Sarah como una autómata.</p>
<p>-          Si el libro no podía comprarse o sacar de ninguna biblioteca, para que todo el mundo pudiese tener un ejemplar, era necesario que los regalaran.</p>
<p>-          Bueno, pero de todas formas aún no sabemos que hacer con el libro. Como tú bien has dicho, tiene demasiados personajes.</p>
<p>-          Ahí es donde viene lo bueno, también he resuelto la otra parte del enigma.</p>
<p>-          Pero bueno ¿Qué has almorzado hoy?- Isabel sonrió.</p>
<p>-          Decía <strong>que “El padre, Héroe mitológico, se refugió con sus hijas en un nuevo lugar y sólo se puede acceder a ellos a través de un libro popular.”</strong> Vamos a ver, las tres hijas se refiere de nuevo a los tres números famosos.</p>
<p>-          9,2,2- dijo Sarah</p>
<p>-          Correcto. ¡Y ahora si acierta la pregunta le regalamos un perrito piloto!- bromeó Isabel- dígame señorita, ¿cómo se puede buscar el número de teléfono de una persona en una guía telefónica?</p>
<p>-          ¿Buscando su nombre?- preguntó Sarah cómo si fuera lo más evidente del mundo- ¡Pero no tenemos el nombre!</p>
<p>-          Incorrecto, tenemos el nombre del padre. Supongo que no lo sabes pero, el nombre completo de la alameda donde está la “casa de las sirenas” es “Alameda de Hércules”</p>
<p>-          ¡Un héroe mitológico!</p>
<p>-          Exacto- dijo Isabel abriendo la guía telefónica por una página ya marcada y señalándole un nombre marcado con rotulador &#8211; El único Hércules de la lista cuyo número de teléfono contiene los número 9,2,2  ¿Y sabes qué? Hay una dirección debajo.</p>
<p>Isabel miró a Sarah esperando algún tipo de respuesta.</p>
<p>-          Tiembla Einstein porque Isabel ha llegado- Isabel rió con la broma.</p>
<p>-          ¿Debo suponer qué eso es un cumplido?- le preguntó a Sarah con los ojos brillosos.</p>
<p>-          Te besaría ahora mismo.</p>
<p>Ese comentario pilló por sorpresa incluso a la propia Sarah, haciendo que las risas que habían compartido unos segundos atrás, quedaran congeladas.</p>
<p>Isabel estuvo a punto de decir algo, incluso de retarla, pero Sarah se le adelantó:</p>
<p>-          ¿Sabes dónde está esa dirección?</p>
<p>-          En el centro.</p>
<p>Isabel no volvió a abrir la boca, excepto para guiar a Sarah por las calles, intentando evitar las zonas cortadas por obras. Si Sarah no quería comentar nada del asunto, Isabel también podía hacer como que nada había pasado.</p>
<p>Al final, después de dar mil vueltas convencida de que podían llegar en coche, Sarah tuvo que admitir que era imposible moverse por la ciudad de otra forma que no fuese a pie. Quejándose iba de que deberían poner un metro en la ciudad, mientras Isabel le recordaba que la mitad de las obras eran debido a eso, cuando llegaron a la calle donde se encontraba la dirección.</p>
<p>-          Era el número 12 ¿No?- preguntó Isabel.</p>
<p>Fueron avanzando a lo largo de la calle, en busca del portal. Mientras, Isabel iba dándole vueltas al asunto con Sarah.</p>
<p>Sabía que sólo había sido un comentario, cómo muchos otros que le había hecho anteriormente. Ella sabía que la chica de ojos almendrados disfrutaba haciéndola sentir incómoda y pavoneándose delante de ella. Sin embargo hubiese jurado que aquel comentario casual, lo había hecho realmente sin pensar y que rápidamente se había arrepentido, pero ¿Por qué?&#8230;¿Por qué no le gustaba o porque se estaba exponiendo demasiado?&#8230;¡¿Pero qué estaba pensando?!</p>
<p>Isabel agitó la cabeza un par de veces para alejar los pensamientos. De nuevo se estaba dejando llevar por unos ojos y una boca bonita…La única relación que ambas tenían era este extraño juego. Ni siquiera eran amigas.</p>
<p>Pero sus cavilaciones se vieron rotas por la protagonista de sus pensamientos. De repente y sin mediar una palabra, Sarah tiró del abrigo de Isabel y la metió de golpe en un portal cercano. La espalda de Isabel quedó pegada a la puerta de la casa y la cara de Sarah a escasos centímetros de la suya.</p>
<p>Lo primero que Isabel pensó, fue que esta situación le sonaba demasiado familiar y cuando sintió el peso de Sarah sobre su cuerpo y su respiración cálida en su cuello, su corazón comenzó a latir desbocadamente. Intentó emitir algún sonido pero de nuevo, el aroma de Sarah la inundó por completo.</p>
<p>-          Disimula- le susurró peligrosamente cerca del oído a Isabel.</p>
<p>-          ¿Qué?- definitivamente, Isabel, no entendía nada.</p>
<p>-          ¿Ves el tío enorme que hay en el portal que está prácticamente enfrente de nosotras? – le dijo Sarah.</p>
<p>Isabel abrió los ojos y descubrió que en la acera de enfrente, no muy lejos de ellas, había un portal un poco más a la derecha. Era un portón oscuro, cuyo color no pudo distinguir porque ya había caído la noche. Lo que si pudo distinguir, era el azulejo con el número 12 pegado a un lado del portón. Frente a él, había un hombre altísimo al cual le habría venido como anillo al dedo el mote de “armario empotrado”. Parecía estar controlando quien pasaba por la puerta.</p>
<p>-          ¿Cómo hacemos para esquivar al portero?</p>
<p>-          No tengo ni idea- el aliento cálido de Sarah chocó en el cuello de Isabel, haciendo que le recorriera un escalofrío. De pronto Isabel vio algo.</p>
<p>-          Alguien se acerca- le susurró.</p>
<p>Una pareja llegó a la puerta y le enseñaron sus colgantes de jugadores al portero que miró con sospecha a ambos lados.</p>
<p>-          Está mirando hacía aquí- susurró como pudo Isabel. Como única respuesta Sarah pegó aún más su cuerpo, haciendo que Isabel quedara completamente aplastada contra la pared y sumergiéndolas a ambas entre las sombras.</p>
<p>-          ¿Quieres no ponerte nerviosa?- dijo Sarah con una risita que a Isabel se le asemejó mucho a la nota vibrante de un chelo- Se te va a salir el corazón del pecho.</p>
<p>-          No es fácil respirar cuando te tengo tan cerca- a Isabel le estaba costando horrores montar una frase coherente, con una de las piernas de Sarah, colada entre las suyas y su nariz sumergida en su cuello.</p>
<p>-          ¿Crees que ya se ha convencido de que nos estamos dando el lote?- comentó Sarah divertida.</p>
<p>Isabel levantó la vista y pudo comprobar como el portero había devuelto su atención a la pareja de la puerta.</p>
<p>-          Quieres respirar más flojo- le riñó Sarah-  no voy a enterarme de lo que dicen.</p>
<p>-          Le han dicho que quieren entrar</p>
<p>-          ¿Y que ha hecho el armario?</p>
<p>-          Les ha dicho un número.</p>
<p>-          ¿Cuál?</p>
<p>-          Shhh..- la cayó Isabel que intentaba oír la conversación a través del pelo de Sarah.</p>
<p>-          18…Les ha dicho el número 18 y ellos han contestado 9.</p>
<p>-          La mitad &#8211; apuntó Sarah.</p>
<p>-          ¡Les abre la puerta!</p>
<p>-          Así que la contraseña va de números…¡me encanta!- dijo Sarah paseando de nuevo su nariz por el cuello de Isabel.</p>
<p>-          ¡¿Quieres dejar de hacer eso?¡</p>
<p>-          ¿Te desconcentra?</p>
<p>-          Un poco- susurró nerviosa.</p>
<p>De pronto otra pareja compuesta por un chico y una chica, surgió de un lado de la calle y volvieron a repetir la misma operación que la anterior. Isabel creyó reconocer al chico rubio que acompañaba a Sarah la primera noche que la vio salir del teatro. Una vez que enseñaron sus colgantes el portero volvió a decirles un número:</p>
<p>-          8</p>
<p>-          4- respondieron ellos.</p>
<p>-          ¿Lo has oído?- le preguntó Sarah</p>
<p>-          Si, ha dicho 8 y ellos han respondido 4…Anda vamos- dijo despegando a Sarah un poco de su cuerpo con la intención de acercarse a la puerta.</p>
<p>-          Espera- a Isa le sonó más a una orden que a un ruego- Hay algo que no me cuadra…Es demasiado fácil.</p>
<p>-          No se, a lo mejor se han quedado sin ideas o han dejado de ser tan retorcidos con los jugadores. A demás, ya se nos han colado dos parejas ¿O quieres que nos adelanten?</p>
<p>Sarah se despegó de ella y agarrándola por la solapa del chaquetón, con un gesto que empezaba a ser más que habitual, la arrastró consigo hasta la puerta.</p>
<p>-          Buenas noches- dijo Sarah muy seria al portero, mientras le enseñaba el colgante. Miró después a Isabel que recibió un codazo de Sarah para que reaccionara y también enseñara su colgante. El hombre las miró con sospecha y finalmente dijo:</p>
<p>-          Cero.</p>
<p>Las chicas se miraron sorprendidas en ese instante. Para Isabel, cuya boca a veces hablaba antes de pensar, dijo la única cosa lógica que se le ocurrió en ese momento.</p>
<p>-          Cero.</p>
<p>Y la respuesta no se hizo esperar demasiado, ya que el portero las agarró a ambas con sus manazas y sin problema alguno las cargó como si de unas bolsas de patatas se tratasen. Antes de que pudiesen quejarse, el hombre había entrado por una puerta lateral a la principal y las echó en el suelo de un almacén, cubierto de escombros, muebles viejos y  polvo.</p>
<p>El golpe provocó que un quejido escapase de la boca de Isabel, que sintió el sabor metálico de la sangre en sus dientes. Levantó la cara, algo manchada de polvo y vio como el portero estaba esposando a Sarah de espaldas a una tubería que había a medio metro del suelo, haciendo que esta se pusiera de rodillas.</p>
<p>Isabel, intentó levantarse, pero el portero fue más rápido y la cogió haciéndole una llave con los brazos en la espalda, evitando que se moviese. A trompicones, la acercó a la tubería donde Sarah estaba esposada, mientras que Isabel se removía intentando escapar. La puso de rodillas en el suelo y en ese momento, Sarah le propinó una patada en el costado, haciendo que aquella mole de hombre se doblase de dolor unos segundos, pero se repuso al instante y le propinó un codazo en la cara a Sarah que escupió sangre en el proceso.</p>
<p>-          ¡Estaos quietecitas¡- bramó el hombre haciendo que su voz rebotase en las vacías paredes de aquella habitación.</p>
<p>Isabel estaba tan asustada que apenas se movió cuando el hombre rodeo sus muñecas con las esposas y la dejo atrapada entre el metal y la tubería, con las manos a su espalda.</p>
<p>-          Se la respuesta- gruñó Sarah desde el suelo, aún con un hilillo de sangre en la boca. &#8211; Déjame intentarlo de nuevo.</p>
<p>Su voz sonaba acolchada, probablemente, porque el dolor de su boca no la dejaba hablar e Isabel se sintió tremendamente culpable.</p>
<p>-          Lo siento, pero eso tenías que haberlo consultado antes con tu amiguita- Sarah apretó los dientes con furia- Os quiero calladitas no vaya a ser que tenga que volver a tener una charla con vosotras.</p>
<p>El hombre se encaminó hacia la puerta, pero a mitad de camino, se giró de nuevo hacia las chicas y se arrodilló, hasta estar a la altura de la cara de Sarah.</p>
<p>-          Aunque claro, aún no estáis eliminadas. Tomaros esto como que habéis caído en la casilla de la cárcel. Estaré encantado de daros una nueva oportunidad… Siempre que consigáis salir de aquí.</p>
<p>Sarah se aguantó las ganas de escupirle en la cara, para no provocar más problemas. El hombre salió de allí y sus risas fueron amortizadas por el material metalizado de la puerta.</p>
<p>-          ¡Joder!- gritó Sarah. Isabel se sorprendió de oírla por primera vez, decir un taco en español.- ¿Es que tenías que abrir tu enorme bocaza de nuevo?- le gritó a Isabel terriblemente enfadada. Sus ojos lanzaban maldiciones.</p>
<p>-          ¡¿Qué?!- Isabel estaba ofendida- ¿No intentarás echarme la culpa de esto?</p>
<p>-          ¡Diste una respuesta equivocada!</p>
<p>-          ¡¿Cómo que equivocada?¡ Disculpe señorita matemática pero me permito recordarle que la mitad de cero…¡Es cero!- gritó Isabel tirando de sus manos esposadas a su espalda para encararse con Sarah que estaba a su derecha.</p>
<p>-          ¡Pero es que esa no es la respuesta!¡La contraseña no es la mitad del número!- dijo girando bruscamente todo su cuerpo hacia Isabel para encararse lo máximo posible con ella</p>
<p>-          ¡¿Y cómo quieres que lo sepa si no me lo dices?!- A la distancia a la que estaban podía ver como la pupila de Sarah se dilataba unos instantes por la furia.</p>
<p>-          ¡Porque no me diste tiempo!- explotó cerca de la cara de Isabel- ¡Parecías más preocupada en alejarte de mi!</p>
<p>Ambas quedaron en silencio, compartiendo el aire con aroma metalizado que salía de sus bocas. Volvían a estar en una de esas situaciones en las que un pequeño paso les llevaría a cruzar una línea imaginaria que ellas mismas habían trazado.</p>
<p>Pero Sarah volvió a estropear el momento, cerrando los ojos y rompiendo el contacto visual. Giró la cara hacia el lado contrario y respiró pesadamente.</p>
<p>-          La maldita contraseña no es la mitad del número. Me di cuenta segundos después de que la bestia esa, nos dijera nuestro número. Lo siento, no me dio tiempo a detenerte. Tienes razón…No fue culpa tuya.</p>
<p>Isabel la miró contrariada. Desde luego que no entendía los cambios de humor de la francesa.</p>
<p>-          ¿Y cuál es la clave?- le preguntó Isabel. Lo último que quería ahora era que Sarah se quedase callada. Aunque no quisiera admitirlo tenía algo de miedo.</p>
<p>-          Es el número de letras que tiene el número que dice el armario-portero.</p>
<p>Isabel empezó a recordar lo que había oído esa noche.</p>
<p>-          A la primera pareja le dijo 18, que tiene…</p>
<p>-          Nueve letras- Isabel se pateó mentalmente por no haberse dado cuenta antes- Parece que es la mitad, pero sólo es para despistar.</p>
<p>-          Por lo que la respuesta a “cero” es… Cuatro- dijo amargamente Isabel.</p>
<p>Sarah se removió inquieta. Las esposas empezaban a hacerle daño en las muñecas.</p>
<p>-          Bueno, aún tenemos una oportunidad de entrar – dijo Isabel intentando sonar positiva.</p>
<p>-          Si pero en caso de que el bestia ese decida cumplir su palabra, todavía tenemos el problema más gordo: ¿Cómo vamos a salir de aquí? Porque si no, no se siquiera si nos soltarán.</p>
<p>Isabel la miró asustada.</p>
<p>-          ¿No eras tú la que decía que este juego no era peligroso?</p>
<p>Sarah estuvo a punto de contestarle algo, pero al mirar a Isabel, vio que ésta intentaba aguantar las lágrimas inútilmente. En esos momentos, se sintió realmente culpable y olvidándose del dolor de su labio y la frustración, decidió que lo más importante era sacar a Isabel de allí, ya que en el fondo sabía que ella, no tenía la culpa de nada.</p>
<p>Miró el perfil de la cara de Isabel. Algunas lágrimas rebeldes empezaron a correr por su cara y dos de ellas, alcanzaron su barbilla.</p>
<p>Si Sarah no hubiese tenido las manos esposadas a la maldita tubería, habría secado esas lágrimas con su mano y apartado los flequillos manchados de polvo detrás de sus pequeñas orejas para que no le tapasen la cara… De pronto, Sarah miró detenidamente las orejas de Isabel y tuvo una idea.</p>
<p>-          Quítame los pendientes.</p>
<p>-          ¿Qué?- Isabel pareció reaccionar con la pregunta.</p>
<p>-          ¡Que me quites los pendientes, rápido!</p>
<p>-          Pero…- Isabel sorbió por la nariz un poco enrojecida por el llanto, sin comprender muy bien a que venía aquello- ¿Para qué?</p>
<p>-          El doblez que se mete por la oreja es muy largo y si conseguimos estirarlo, puedo usarlo como ganzúa para abrir las esposas. Pero necesito tu ayuda.</p>
<p>-          ¿Y cómo quieres que los coja? Te recuerdo que también estoy esposada- dijo con fastidio dando golpecitos con las esposas en la tubería para remarcar lo evidente.</p>
<p>-          Con la boca.</p>
<p>-          ¡¿Qué?!</p>
<p>-          Que uses la boca, los dientes, la lengua o el enanito que tienes en los campanilla, pero hazlo ¡ya!- le dijo Sarah acercando su oreja izquierda.</p>
<p>Isabel se paralizó unos instantes y Sarah  empezaba a impacientarse en esa posición, pero de pronto, sintió la nariz de Isabel abriéndose camino entre su cabello, para apartarlo de su oreja. Al hacerlo, el sonido de la respiración de Isabel resonó en el oído de Sarah que se estremeció al notar la pequeña nariz perfilando el contorno de su oreja, intentado apartar los cabellos de allí.</p>
<p>Sarah se percató de que lo había conseguido cuando un aliento cálido rodeó el lóbulo de su oreja y acto seguido, unos dientes peleaban con pequeños mordisquitos por sacar el pendiente de su sitio.</p>
<p>Sarah tuvo que convencerse mentalmente de que no debía disfrutar de aquello, que no era más que una serie de movimientos necesarios para sacar el pendiente de su sitio. Sin embargo, tuvo que morderse el labio cuando Isabel decidió usar la lengua para hacer palanca por detrás de su oreja, para no dejar escapar un gemido. Al final soltó una especie de bufido de frustración.</p>
<p>-          ¿Te he hecho daño?- preguntó Isabel preocupada</p>
<p>-          No, date prisa- Sarah tuvo que controlarse mentalmente para no decir “sigue” en vez de lo que había dicho.</p>
<p>Al final, Isabel consiguió estirar parte del alambre que colgaba y encajándolo entre sus dientes, consiguió sacarlo colgando de sus labios.</p>
<p>-          Perfecto- Sara se acercó a ella con la intención de agarrar el otro extremo con la boca y así estirarlo. Pero como no le dijo nada a Isabel, ésta se asustó soltando el pendiente en el proceso.</p>
<p>Las dos miraron asustadas como el pendiente caía y acababa  donde menos hubiese deseado Isabel.</p>
<p>En el escote de Sarah.</p>
<p>Isabel esperó a que Sarah dijese algún taco o le riñese, pero en vez de eso, levanto la mirada y simplemente le preguntó:</p>
<p>-          ¿A qué esperas?</p>
<p>La mirada de Isabel fue más que evidente.</p>
<p>-          No seas tonta&#8230;- le dijo Sarah quitándole importancia- Si en verdad sabes que lo estas deseando- añadió en broma.</p>
<p>-          Eres una…</p>
<p>Pero Sarah nunca llegó a saber lo que era, porque Isabel no terminó la fase. Antes de que pudiese arrepentirse, se inclinó hacia el escote de Sarah. Respiró fuerte sobre la piel expuesta de la chica, intentando centrarse en que cuanto antes lo hiciese, antes acabaría toda esta situación tan vergonzosa.</p>
<p>El pendiente se había escurrido en el hueco que se formaba entre las curvas de sus pechos. Isabel trago fuerte. Una cosa era que le gustase mirar los descarados escotes de Sarah y otra muy distinta era meterse en ellos.</p>
<p>Notó que Sarah se removía inquieta, bajo su respiración y decidió que ya estaba bien de tonterías. Se inclinó del todo hasta que sus labios rozaron la piel completamente nacarada.</p>
<p>A Sarah la respiración cálida de Isabel que se colaba por su ropa interior, la estaba trastornando por completo y le rezó a todos los dioses conocidos y algún que otro inventado, para que aquello acabase antes de que perdiera la cordura por completo.</p>
<p>Finalmente, la presión de la barbilla de Isabel al separar los labios y la sensación de la textura de los mismos, le indicó que había cogido el dichoso pendiente y que su dulce tortura estaba a punto de acabar.</p>
<p>Isabel levantó la cara completamente enrojecida, pero se sorprendió al ver a Sarah, con los ojos cerrados, las mejillas sonrosadas y los labios fuertemente apretados.</p>
<p>-          Mhyaf- dijo como pudo con el pendiente en la boca.</p>
<p>Sarah abrió los ojos y la miró con expresión seria. De acuerdo, lo mejor sería acabar cuanto antes con esto.</p>
<p>-          Escúchame atentamente- le dijo a Isabel- Ahora voy a coger un extremo del pendiente…con la boca- añadió no sin dificultad- Agarra tu el otro y ¡por favor! No lo dejes caer otra vez. Vamos a intentar estirarlo.</p>
<p>Isabel asintió con la cabeza y cuando Sarah se acercó a ella, no pudo evitar cerrar los ojos como si fuera a besarla.</p>
<p>Los labios de ambas se rozaron sutilmente en el proceso, dejándose un ligero sabor a sangre entre ambos.</p>
<p>Finalmente, Sarah encajó uno de los extremos del pendiente entra sus dientes y tiró con suavidad hacía atrás, estirándolo lo máximo posible y recorriendo la estructura en toda su longitud con los labios.</p>
<p>Finalmente, se separó del pendiente que la unía imaginariamente con Isabel.</p>
<p>-          Ahora, agáchate hasta mis manos como puedas y ponme el pendiente entre los dedos- le explicó a Isabel</p>
<p>Parecía más fácil de lo que realmente era, porque la posición en las que ambas se encontraban, hacían complicada la torsión del cuerpo. Isabel se retorció como pudo para llegar con su boca hasta las manos de Sarah, que se movían ansiosas, esperando el contacto con el pendiente.</p>
<p>Una vez que tuvo el alambre del pendiente entre sus dedos, el movimiento de muñeca resultó ser más complicado de lo que esperaba. Tuvo que retorcer las manos hacia atrás para alcanzar el cerrojo de las esposas.</p>
<p>-          No se si debo preguntar porque una violinista forrada, sabe abrir esposas con un pendiente.</p>
<p>-          Te sorprendería saber que no siempre fui una violinista forrada.</p>
<p>Isabel no preguntó nada más, mientras Sarah emitía leve gruñidos intentando encontrar el punto clave de la cerradura. Un chasquido metálico y un suspiro de alivio le indicaron a Isabel que las esposas se habían abierto.</p>
<p>-          Parece que después de todo, no he perdido el toque.</p>
<p>Sarah se quitó las esposas y se masajeó las muñecas… Desde luego que tenía unas ganas horribles de partirle la cara a ese mastodonte que había en la puerta como guarda.</p>
<p>Liberó las muñecas de Isabel con un nuevo toque de pendiente y la ayudó a ponerse en pie.</p>
<p>-          Menos mal, las piernas se me estaban quedando dormidas de estar de rodillas- Isabel miró a su alrededor intentando evitar la mirada de Sarah- ¿Y ahora cómo salimos?</p>
<p>Una rápida ojeada bastó para que una sonrisa se colara en la boca de Sarah.</p>
<p>-          Ya se en qué voy a volcar mi frustración.</p>
<p>Desde el exterior del edificio, empezaron a oírse una serie de golpes y de pronto el cristal de la ventana que daba a la calle, empezó a agrietarse y segundos más tarde una silla salía volando a través de la ventana, destrozándola en mil pedazos.</p>
<p>-          Que a gusto me he quedado- dijo Sarah con los brazos en jarra.</p>
<p>Salieron a través de la ventana, quitando los trozos que faltaban con los zapatos. Tuvieron suerte y nadie pasaba por allí en el momento del estropicio, así que salieron corriendo, antes de que algún vecino curioso se acercase a mirar.</p>
<p>Giraron la esquina y estuvieron de nuevo en la calle de la puerta numero 12.</p>
<p>Sarah avanzó de forma decidida hasta la puerta, con Isabel pisándole los talones. Cuando llegaron a la altura del guarda, las miró unos segundos sin percatarse, pero de pronto, abrió los ojos desmesuradamente al reconocerlas.</p>
<p>Miró alternativamente hacia la esquina y hacia ellas, sin atinar a decir nada coherente.</p>
<p>-          Pero…¿Cómo?&#8230;¿Cómo habéis…?</p>
<p>Sarah sacó las esposas de uno de sus bolsillos y se las tiró al portero a los pies.</p>
<p>-          Si te lo digo, el truco de magia perdería su encanto y ahora… Nuestra contraseña- dijo utilizando un tono más duro.</p>
<p>Isabel creyó durante unos instantes que el hombre las echaría de nuevo a patadas, al ver como se tensaba. Pero se equivocó.</p>
<p>-          Seis- dijo entre dientes. Isabel procuró no abrir la boca en esta ocasión, a pesar de que conocía la respuesta.</p>
<p>-          Cuatro- contestó Sarah.</p>
<p>El hombre se hizo a un lado y dejando entrever la puerta de madera oscurecida que había tras él.</p>
<p>Con una mano, empujó la puerta y esta se abrió con un ligero chirrido. Cuando estaban a punto de pasar, el hombre las detuvo.</p>
<p>-          Pero dejadme que os diga, que llegáis tarde. Sólo queda una sala y ya está ocupada. En otra situación, os habrían echado directamente…Pero cómo habéis demostrado tener ganas de jugar- dijo señalando las esposas del suelo- se os ha concedido una nueva oportunidad.</p>
<p>-          ¿Qué hay que hacer?</p>
<p>-          Ser más rápidas que el otro equipo. Pasillo de la derecha.</p>
<p>Cuando aquella mole humana se apartó de su campo de visión, las chicas pudieron observar que la entrada se dividía en dos pasillos.</p>
<p>Con algo de recelo, se adentraron en el de la derecha y tras eso, la puerta se cerró a sus espaldas. Quedaron sumergidas en una semipenumbra nada acogedora. La única opción que les quedaba era avanzar, así que a tientas, empezaron a moverse por el pasillo.</p>
<p>-          Sarah- dijo Isabel en un susurro</p>
<p>-          ¿Qué?</p>
<p>-          Cuéntame algo.</p>
<p>-          ¿Para qué?</p>
<p>-          Es que…</p>
<p>-          ¿Te da miedo la oscuridad?- preguntó divertida.</p>
<p>-          ¡No te rías!&#8230;¿Cómo quieres que me sienta después de lo que ha pasado?</p>
<p>-          ¿Y que ha pasado?- preguntó Sarah temerosa. Por un momento pensó que podía referirse al numerito con el pendiente.</p>
<p>Como única respuesta, Isabel le dio un suave pellizco en el brazo.</p>
<p>-          ¡¿Qué haces?!</p>
<p>-          Preguntas idiotas obtienen respuestas idiotas.</p>
<p>-          Esta bien, esta bien…Pero deja de estrujarme el brazo, que me vas a cortar la circulación.</p>
<p>-          Pues cuéntame algo…</p>
<p>-          ¿El qué?</p>
<p>-          Por ejemplo…¿Dónde aprendiste a abrir cerraduras con pendientes?</p>
<p>-          Y no sólo con pendientes. También con orquillas, varillas… Soy capaz de montarte una bomba nuclear con un chicle y una caja de zapatos.- bromeó- Puedo mandar a Mc Gyver al paro en un santiamén- dijo chasqueando los dedos.</p>
<p>-          Si bueno, ya…  Pero no creo que eso te lo enseñaran en el conservatorio de música. Más bien parece la clase de cosas que se aprenden en un reformatorio…</p>
<p>-          ¿Pero quién te has creído que soy?- comentó ofendida- ¡Eso me lo enseño mi amigo Takeshi cuando era pequeña!</p>
<p>-          Creí que habías dicho que naciste y te criaste en Francia.</p>
<p>Sarah estuvo a punto de contestarle, pero unas voces cercanas, se escucharon en el pasillo.</p>
<p>-          Debe ser ahí.</p>
<p>Inconscientemente ambas se agarraron de las manos y siguieron avanzando. Instantes después, se encontraron con una puerta entornada y unas voces que discutían en el interior.</p>
<p>-          ¡Te digo que no!- decía una voz femenina- sabes que sólo podemos abrir la puerta una vez.</p>
<p>-          Pero no pasa nada, yo puedo aguantarla mientras tú echas un vistazo.- respondió una voz masculina que también tenía un marcado acento francés.</p>
<p>-          ¿Y si se cierra? ¡Capaz eres de dejarme aquí y marcharte con la caja!</p>
<p>-          Sabes que no haré eso.</p>
<p>-          Sólo porque me necesitas.</p>
<p>Hubo un pequeño silencio y la conversación se retomó de nuevo.</p>
<p>-          Tenemos que darnos prisa- dijo él-  ¿Qué interruptor crees que es?</p>
<p>-          No lo se, pero tenemos que decidirlo pronto.</p>
<p>Isabel notó que la chica estaba nerviosa. Buscó la mirada de Sarah y decidieron que era el momento de entrar.</p>
<p>Al hacerlo, la pareja que discutía dentro, se giró asustada. A Isabel le sonaban los dos. Sabía que la chica la había visto el día del teatro y por otro lado, el chico era el mismo violinista alto y rubio que acompañaba a Sarah el primer día. Además, en la forma en la que miró a Sarah y prácticamente escupió su nombre, le dejó muy claro a Isabel que no se llevaban especialmente bien.</p>
<p>-          Sarah….¡¿Qué haces aquí?! ¡Lárgate! Esta es mi prueba.</p>
<p>Definitivamente, el acento francés del rubio era mucho más marcado y se ahogaba en sus propias erres.</p>
<p>-          Ahora ya no Bernard.</p>
<p>-          Pues vas lista si crees que te voy a dejarte acercarte a la puerta.</p>
<p>A Isabel le llamaron la atención dos cosas: que hablase en singular, con lo cual dedujo que prácticamente ignoraba la presencia de la chica que le acompañaba y que probablemente ésta, tuviera razón y si seguía con ella era porque la necesitaba. Y segundo, el hecho que protegiera con tanto recelo la puerta.¿Qué había tras ella?</p>
<p>Paseó la mirada por la habitación y descubrió en una pared lejana cuatro interruptores en fila. Cada uno de ellos tenía sobre sí, una pequeña caja de madera, como las que ya habían aparecido en el juego anteriormente.</p>
<p>Isabel intentó encontrar la relación que existía entre aquellos interruptores y la puerta.</p>
<p>¿Servirían para abrir la puerta? No, aquello no tenía sentido. Si no ya los habrían probado y abierto la puerta…Además, les había oído comentar que la puerta sólo se podía abrir una vez, con lo que los interruptores, estaban relacionado con lo que había detrás de la puerta…Y entonces, ¿para qué servían?</p>
<p>La respuesta lógica vino a su mente, pero aquello era absurdo…¿O no?</p>
<p>-          Hay una bombilla detrás de la puerta- dijo</p>
<p>-          ¿Cómo lo sabes?- le preguntó la chica.</p>
<p>-          Esos interruptores que están ahí tienen que accionar algo, puesto que no es la puerta, debe ser una bombilla que no se ve al otro lado y por la forma en la que están colocados…</p>
<p>-          El enigma reside en saber que interruptor enciende la bombilla- terminó Sarah siguiendo la sucesión lógica de ideas- Pero eso ya lo sabíais vosotros ¿no?- preguntó con un tono desagradable a Bernard.</p>
<p>-          <em>Oui,</em> y estábamos a punto de resolver el misterio así que si nos permitís…- dijo haciendo un gesto con la mano.</p>
<p>-          No es tan fácil- dijo de pronto la chica, que parecía mas dispuesta a colaborar con la transferencia de información- La puerta se abre una sola vez, lo justo para una comprobación y después se cierra automáticamente.</p>
<p>Isabel pudo comprobar claramente en el tono de voz de la chica que tenía miedo de que Bernard la dejase allí tirada.</p>
<p>-          Una vez que se sepa cual es el interruptor, se sabrá cual es la caja que contiene el mensaje correcto- dijo Isabel en voz alta.</p>
<p>-          Esta bien, yo propongo lo siguiente- dijo Sarah- Hagamos esto juntos, de manera que uno entre a hacer la comprobación y los demás nos encargamos de mantener la puerta abierta. Así nadie corre peligro.</p>
<p>-          ¿Y después?- preguntó Bernard- ¿Qué hacemos con la caja?</p>
<p>-          Eso ya se verá.</p>
<p>-          No pienso hacer nada contigo Sarah- dijo Bernard.</p>
<p>-          Muy bien como tu quieras, pero podemos quedarnos cruzados de brazos y dejar que otros ganen o apurarnos y resolver este enigma.</p>
<p>-          ¿Y cómo piensas resolverlo?</p>
<p>-          Ya lo he hecho.</p>
<p>La compañera de Bernard la miró sorprendida. Ella no estaba acostumbrada como Isabel a las chulerías de Sarah.</p>
<p>-          Es un farol- dijo Bernard</p>
<p>-          No <em>mon ami</em>- dijo con un tono bastante irónico Sarah- Y para que veas que no es así, voy a explicaros a ambos como vamos a resolverlo- dijo destacando el plural y mirando de soslayo a Isabel.</p>
<p>-          Esta bien- habló la chica- Yo estoy dispuesta a escucharla.</p>
<p>Bernard simplemente murmuró algo en francés que hizo sonreir a Sarah y se dio por vencido.</p>
<p>-          Bien, esto es una variante del juego de los tres interruptores y las tres bombillas- explicó Sarah- Para este caso, deducimos que se trata de una sola bombilla, puesto que hay que elegir sólo uno de los interruptores, que es el que la enciende. Para poder adivinar cual de todos es mirando la bombilla que se esconde tras la puerta una sola vez, tenemos que hacer lo siguiente: Primero, se encienden el primer interruptor y el segundo. Al cabo de un rato, se apaga el primero y se enciende el tercero. Después de eso ya podemos entrar en la habitación.</p>
<p>-          ¿Y cómo sabremos cuál es el interruptor?</p>
<p>-          Si la bombilla está apagada y caliente, es el primer interruptor. Si está encendida y caliente el segundo. Si está encendida y fría el tercero y por último apagada y fría, el cuarto interruptor.</p>
<p>Todos los presentes en la habitación analizaron la información durante unos instantes y todos coincidieron  en que era lo correcto.</p>
<p>-          ¿Qué me decís?- les preguntó Sarah a Bernard y a la chica- ¿Hay trato?</p>
<p>-          Esta bien- cedió Bernard- ¿Pero quién entrará en la habitación a comprobar la bombilla?</p>
<p>Los cuatro se miraron entre sí con recelo, hasta que Isabel habló.</p>
<p>-          Lo haré yo- Sarah la miró preocupada</p>
<p>-          No me parece una buena idea. Debería entrar yo.</p>
<p>-          No- dijo acercándose a Sarah y agarrándola de la mano. Con una mirada muy significativa añadió- deja que sea yo.</p>
<p>Sarah no entendía muy bien los motivos de Isabel, pero sabía que si se lo estaba pidiendo, era por algo.</p>
<p>-          De acuerdo- dijo Bernard encantado- Empecemos a pulsar interruptores.</p>
<p>Hicieron la serie tal y como Sarah lo había indicado, dejando encendidos los dos primeros interruptores unos cinco minutos, en los que un silencio absoluto reinó en la sala.</p>
<p>Después, se prepararon de manera que en cuanto la puerta se abriese, Isabel entraría rápidamente y tocaría la bombilla antes de que se cerrase la puerta, mientras los tres restantes sostenían la puerta.</p>
<p>Resultó tratarse de una puerta corredera, de metal muy pesado y que tenía un pomo del mismo material en uno de los extremos.</p>
<p>-          ¿Preparados?- preguntó Sarah.</p>
<p>Todos asintieron con la cabeza. Isabel se preparó para salir corriendo en cuanto la puerta se abriese. Realmente no sabían de cuanto tiempo disponían y no estaba dispuesta a perder un solo minuto.</p>
<p>Los otros tres se prepararon al lado de la puerta para agarrarla en cuanto se abriese.</p>
<p>Fue la propia Isabel la que giró el pomo, que hizo que la puerta comenzara a deslizarse sola, produciendo un chirrido muy fuerte.</p>
<p>En cuanto hubo espacio suficiente para que pasara su cuerpo, Isabel se coló en la habitación y se encontró con la primera sorpresa.</p>
<p>El techo estaba muy alto.</p>
<p>Y en consecuencia, la bombilla que colgaba de él también.</p>
<p>Angustiada, buscó algo dentro de aquella habitación que pudiese servirle de ayuda. Vio un montón de cajas de madera, parecidas a las de los cajones de fruta, pero más grandes y altas. Sólo necesitaba un par de ellas y llegaría a la bombilla.</p>
<p>Corrió hacia la esquina de la habitación donde estaban apiladas las cajas y buscó con premura las más altas.</p>
<p>En ese mismo instante, se escuchó una queja de Bernard.</p>
<p>-          ¡Joder!</p>
<p>La puerta había empezado a cerrarse y entre los tres, hicieron todo el peso posible para mantenerla abierta. La puerta chirriaba con fuerza, luchando contra el obstáculo.</p>
<p>-          ¡Date prisa!- le gritó Sarah- La puerta se está cerrando y no se cuanto podremos aguantarla.</p>
<p>A Isabel le temblaban las manos mientras buscaba una caja que no estuviese demasiado rota, porque si no, se rompería la crisma al intentar subirse en ellas.</p>
<p>-          ¿Cómo está la bombilla?- le gritó Bernard desde la puerta.</p>
<p>-          Apagada- le gritó en respuesta, al mismo tiempo que colocaba las dos mejores cajas que había encontrado en el montón. Las apiló y comenzó a trepar por ellas como pudo.</p>
<p>A Sarah le dolía el hombro de luchar contra el motor de la puerta y las piernas le temblaban cada vez más.</p>
<p>-          ¡Date prisa!- le gritó a Isabel una vez más.</p>
<p>-          Ya casi llego- Isabel se incorporó a medias sobre la segunda caja, para no perder el equilibrio. La bombilla aún colgaba algunos centímetros por encima de su cabeza- Sólo un poco más…</p>
<p>Isabel estiró el brazo todo lo que pudo, agarrándose con fervor a la pila poco estable de cajas. Las yemas de sus dedos, prácticamente rozaban la bombilla, pero no llegaba del todo.</p>
<p>-          ¡Isabel!- le gritó Sarah completamente angustiada, sus fuerzas estaban llegando al límite.</p>
<p>Esa fue la señal, para que Isabel se decidiera del todo y se incorporase un poco más, alcanzando finalmente la bombilla con la yema de los dedos.</p>
<p>Lo que no pudo controlar, fue el gesto involuntario de su brazo al apartar la mano al quemarse con la bombilla, provocando que perdiera el equilibrio y cayese al suelo con las cajas tras de si.</p>
<p>-          ¡Es el primer interruptor!- gritó Bernard al verla quemarse con la bombilla apagada.</p>
<p>Acto seguido, soltó la puerta y corrió hacia la caja del primer interruptor y una vez que la tuvo entre sus manos, salió corriendo por el mismo oscuro pasillo</p>
<p>-          ¡Hijo de puta!- gritó la chica que iba de pareja con él, que soltó la puerta con la intención de correr tras él.</p>
<p>-          ¡Espera!- le gritó Sarah- No nos dejes, yo no podré aguantarla sola.</p>
<p>Al decir eso, las piernas de Sarah se vinieron abajo, haciéndola caer al suelo con lo que la puerta avanzó mucho. La chica miró hacia el pasillo unos instantes, pero al final, corrió hacia la puerta e hizo palanca con su hombro apoyando los pies en la pared. Sarah se levantó al instante y con un gruñido de cansancio empujó con todas sus fuerzas la maldita puerta.</p>
<p>Al mismo tiempo, Isabel se levantaba dolorida del suelo y alertada por un nuevo grito de Sarah, corrió todo lo que sus piernas le permitieron, saliendo por los pelos por el escaso hueco que quedaba ya entre la puerta y la pared, que se selló con un sonoro ruido metálico.</p>
<p>Isabel, desde el suelo y con la respiración agitada vio como Sarah caía de rodillas a su lado, completamente agotada. Como si se hubiesen puesto de acuerdo, las dos se abrazaron al mismo tiempo, reconfortándose con el calor del cuerpo de la otra.</p>
<p>-          Estas bien, estas bien…- susurraba Sarah con la boca enterrada en el pelo y el cuello de Isabel.</p>
<p>Se separaron bruscamente al escuchar un ruido de pisadas.</p>
<p>Era la chica que había salido corriendo por el pasillo, en la misma dirección que Bernard.</p>
<p>-          ¡Mierda!¡Se escapan!- gritó Sarah medio incorporándose.</p>
<p>Pero volvió a caerse de culo cuando Isabel tiró de su chaqueta hacia abajo.</p>
<p>-          ¿Qué haces? ¡Se llevan la caja!- gritó enfadada Sarah. Y su enfado aumentó al ver la sonrisa de oreja a oreja que tenía Isabel en su cara- ¿De qué te ríes?</p>
<p>-          De que soy mejor actriz de lo que pensaba</p>
<p>Sarah la miró sin comprender aún el motivo de su repentina felicidad.</p>
<p>-          La bombilla esta apagada…Pero fría. Les hice creer que quemaba para que Bernard cogiese la caja que no era.</p>
<p>Una sensación muy agradable se coló en el pecho de Sarah. Por un lado era la tranquilidad de saber que aún no habían perdido y por otro lado, el orgullo que sentía al tener una compañera tan lista. Le dedicó a Isabel una mirada tan profunda, que podría haber fundido el acero.</p>
<p>-          Eres increíble.</p>
<p>El camino de regreso estaba lleno de magulladuras, heridas y piernas que aún temblaban, pero Sarah se sentía más segura llevando la caja en su poder y a Isabel de una sola pieza.</p>
<p>Llegaron en coche hasta el hotel de Sarah, sin que ninguna de las dos dijera nada. Parecía que ambas estaban de acuerdo en que necesitaban un momento de tranquilidad antes de volver a sus respectivas vidas.</p>
<p>Como una sensación de <em>dejá vu, </em>Isabel volvió a tirarse en la enorme cama de Sarah, que en esta ocasión no dijo nada pero al igual que la vez anterior, desapareció en dirección al baño.</p>
<p>Isabel se dejó arropar entre la agradable calidez de las sábanas y el olor que tan familiar se le había hecho ya. Aspiró fuertemente el aroma y en menos de cinco minutos se había quedado dormida.</p>
<p>Soñó muchas cosas: soñó que Sarah tocaba el violín en un auditorio desierto, donde ella era la única espectadora  y las notas del violín vibraban en el techo del auditorio haciendo caer hojas como en otoño. También soñó que estaban de nuevo en el parque Maria Luisa, en el monumento a Bécquer y que Sarah le decía que había ido allí a curar las heridas del ángel caído. Y luego soñó que la besaba mientras una dulce melodía sonaba de fondo.</p>
<p>Y se despertó.</p>
<p>Se frotó los ojos perezosamente y miró el reloj de la mesita de noche.</p>
<p>Las 22,30.</p>
<p>¡Era tardísimo! Debía haberse quedado dormida unos diez minutos porque Sarah aún continuaba en el cuarto de baño.</p>
<p>De pronto, escuchó la misma melodía que había escuchado en su sueño. Descubrió que era Sarah cantando y que el sonido se colaba a través de la puerta entreabierta del baño, por donde se escapaba el vapor de la ducha.</p>
<p>Se puso en pie, algo mareada y se acercó sigilosa a la puerta del baño. Se asomó un poco a través de la abertura de la puerta y sonrió con lo que vio.</p>
<p>Sarah estaba con su albornoz y su pelo chorreando como la vez anterior, pero en esta ocasión estaba frente al enorme espejo del baño.</p>
<p>Con ayuda del vapor pegado en el espejo y un dedo, había trazado un pentagrama sobre la superficie e intentaba escribir la melodía que estaba tarareando.</p>
<p>Isabel la vio equivocarse un par de veces y rectificar pasando su mano con energía sobre la superficie del espejo, hasta borrar el vapor de agua pegado en él.</p>
<p>Isabel sacó la cabeza de allí antes de que la viera y haciendo como si acabase de llegar a la puerta, golpeó en la madera con los nudillos.</p>
<p>-          ¿Sí?- sonó la voz de Sarah desde dentro del baño.</p>
<p>-          Yo ya me voy- dijo Isabel- se me ha hecho tardísimo</p>
<p>-          ¿Ya?- Sarah asomó la cabeza y su pelo chorreante dejó unas cuantas gotas en la moqueta de la habitación- Espera, aún no puedes irte.</p>
<p>Anduvo por la habitación hasta que dio con la chaqueta que había tirado en el sofá. De ella sacó la caja de madera.</p>
<p>-          Tenemos que abrirla juntas.</p>
<p>Impacientes, como si estuviesen a punto de abrir los regalos de navidad, ambas se sentaron en la enorme cama, riendo nerviosamente y haciendo que esta temblara ligeramente al sentir el peso de las dos chicas.</p>
<p>Colocaron la caja entre las dos y tras unos segundos de expectación, Sarah abrió la tapa. El contenido era parcialmente predecible: una pequeña bolsita con sus premios en forma triangular y a su lado un papel perfectamente doblado.</p>
<p>Sarah se tomó la libertad de coger el colgante de Isabel y ella misma colocó la pieza triangular en su lugar. Admiró la pieza durante unos instantes, mientras acariciaba la superficie del colgante.</p>
<p>-          Ya sólo nos queda un hueco a cada una.</p>
<p>-          Esto se acaba- la animó Sarah.</p>
<p>-          Y lo acabaremos juntas- dijo Isabel cogiendo el colgante que pendía del cuello de Sarah y colocando la pieza triangular en su respectivo lugar.</p>
<p>Volvió a instalarse un silencio entre ellas, pero en esta ocasión no fue tan incomodo como en las otras. Estaban increíblemente cansadas, pero sin embargo una extraña sensación de comodidad se había instalado al estar compartiendo ese pequeño espacio de aire que las separaba.</p>
<p>-          ¿No piensas abrirlo?- le preguntó Isabel indicando el papel dentro de la caja.</p>
<p>Sarah pareció despertar de su extraño letargo y dirigió su mirada al papel doblado. Con lentitud y casi con desgana, desdobló en el pequeño papel y en él leyó una frase que jamás pensó, que después de tantos años en el mundo de la música, llegaría a descolocarla tanto:</p>
<p>-          <strong>“La habrás oído tocar…Piensa, medita, recuerda, ¿qué instrumento musical no tiene más que una cuerda?”</strong></p>
<p>Sarah giró el papel buscando algo más por la otra cara, pero estaba tan blanca como su mente en esos instantes.</p>
<p>-          ¿Un instrumento de una sola cuerda? ¿Qué clase de…?¡auch!</p>
<p>Sarah se llevó la mano al labio dolorido. Se había excedido al intentar abrir la boca más de la cuenta y le había dolido demasiado. Una pequeña hinchazón podía apreciarse en su labio inferior.</p>
<p>-          Espera- le dijo Isabel- te traeré algo de hielo.</p>
<p>Se levantó y rebuscó en el minibar. En la parte de arriba, había un pequeño congelador con una cubitera. Sacó un par de cubitos dentro de una servilleta de tela y se lo puso a Sarah sobre el labio hinchado.</p>
<p>-          Más vale que se me baje pronto, porque mañana toco otra vez y no hay nada con menos clase, que una violinista que no puede tocar porque el bulto de su cara le tapa las cuerdas.</p>
<p>Isabel rió aguantando el paño sobre el labio de Sarah, presionando sutilmente sobre la hinchazón. Sarah intentó reír de su propio chiste, pero el labio le dolía realmente.</p>
<p>-          Y tú ¿Cómo estás?- le preguntó Sarah, apartando el cabello que se interponía en la cara de Isabel  y colocándolo tras su pequeña oreja, como quiso hacer la otra vez. Su pulgar acarició suavemente la mejilla de la chica, prolongando el contacto más de lo que ese simple movimiento requería.</p>
<p>-          Bien- comentó Isabel en un susurro- prácticamente no me duele.</p>
<p>-          No mientas- la riñó- si estás como yo, deben dolerte hasta las pestañas.</p>
<p>-          Bueno, un poco cansada si que estoy- la mano de Sarah aún seguía en la mejilla de Isabel.</p>
<p>Sarah la miró con tanta intensidad, que Isabel pensó que estaba a punto hacer algo de un momento a otro.</p>
<p>-          Quédate.</p>
<p>Fue lo único que Sarah dijo, pero la tensión del momento se cortó de repente.</p>
<p>-          ¿Qué me quede?- preguntó Isabel sin entender.</p>
<p>-          Si, aquí. Esta noche. Estas muy cansada y la cama no la puedes tener más cerca y yo estoy agotada para conducir ahora.</p>
<p>-          Pero…A mi madre puede darle un ataque si no aparezco- balbuceó Isabel.</p>
<p>-          Pues llámala- dijo Sarah acercándole el teléfono de la mesita de noche.</p>
<p>-          ¿Y qué le digo?&#8230;¡Hola mamá! Nada, te llamaba porque después de la paliza que me han dado esta tarde y de jugarme la vida, estoy demasiado cansada para volver a casa y me quedo a dormir en el lujoso hotel de mi supuesta compañera de intercambio. Buenas noches.- Sarah la miraba con su famosa ceja levantada.</p>
<p>-          Que poca gracia tienes cuando quieres…. ¡Pues claro que no! ¿Dónde se supone que has estado esta tarde?</p>
<p>-          Contigo y con más gente preparando un trabajo en casa de alguien.</p>
<p>-          Pues ya está. Llámala y dile que se os ha hecho muy tarde preparando el trabajo y que la chica os ha ofrecido quedaros a dormir en su casa.</p>
<p>Isabel no estaba muy convencida, pero no tenía ninguna gana de cruzar toda la ciudad para volver a su casa, pudiendo quedarse allí con Sarah.</p>
<p>Descolgó el auricular y marcó el número de su casa. Esperó nerviosa los tonos a que alguien descolgase.</p>
<p>La voz de su madre sonó al otro lado de la línea e Isabel tuvo que tragar fuerte antes de empezar a hablar.</p>
<p>-          Mamá, soy yo- dijo lo más jovialmente que pudo. Isabel tuvo que retirarse el auricular del oído cuando su madre la reprendió por llamar tan tarde y no haberse presentado allí todavía- Perdona, pero estábamos muy liadas con el trabajo y no me he dado cuenta de la hora…Si, lo se, lo se…- Isabel afirmaba con la cabeza como si tuviese a su madre delante- Verás mamá, es que como se ha hecho muy tarde, Paula que es la chica en casa de la cual estamos haciendo el trabajo, nos ha preguntado que si queremos quedarnos a dormir…¡Mamá!&#8230;Ahora es imposible coger un autobús de vuelta…Solo será esta noche.</p>
<p>Su madre estaba apunto de ceder, cuando Sarah le quitó el teléfono de las manos.</p>
<p>-          <em>Bonsoir?</em> –Preguntó Sarah al aparato- ¿Es la madre de Isabel?¡¿Cómo esta?!- al oír la respuesta, Sarah le guiñó un ojo a Isabel- Su hija es un verdadero encanto. Ha estado toda la tarde ayudándome con este trabajo…Ya sabe, aún tengo problemas con el idioma- dijo forzando al máximo su acento- Ha trabajado muy duro hoy y de verdad que nos gustaría que se quedase. Mañana tenemos que ir a presentar el trabajo todas juntas y no nos gustaría que su hija se perdiese por el camino…¿En serio?&#8230;¡Muchas gracias señora! Y buenas noches.</p>
<p>Sarah le pasó a Isabel el teléfono con una sonrisa y tapando el auricular con una mano le dijo:</p>
<p>-          Despídete y no la cagues.</p>
<p>-          ¿Mamá?- preguntó Isabel con recelo- ¡¿Puedo?!&#8230;¡Gracias!&#8230;Un beso mamá, adiós.</p>
<p>Colgó el auricular con un suave clic.</p>
<p>-          ¿Cómo lo has hecho?</p>
<p>-          Se me dan bien todas las madre excepto la mía….Bueno, ¡A dormir!</p>
<p>Sarah se estiró sobe la cama, restregándose sobre las sábanas. Isabel miró en todas direcciones buscando un sofá de su tamaño, pero lo más grande que encontró fue un sillón de aspecto bastante incómodo.</p>
<p>-          ¿Dónde duermo yo?- preguntó paseando aún su mirada por la habitación.</p>
<p>-          Aquí- dijo Sarah dando un par de golpecitos en la cama, junto a ella.</p>
<p>Isabel la miró unos instantes cómo si estuviese loca.</p>
<p>-          ¡Oh, vamos! Que no voy a acosarte.</p>
<p>Al final, Isabel y su sonrojo se quitaron los botines y se metieron entre las sábanas. El calor del cuerpo de Sarah se sentía muy próximo al suyo. Poco a poco el cansancio iba ganando a Isabel que empezaba a sumergirse en esa sensación de somnolencia previa a una fantástica noche reparadora.</p>
<p>Algo la hizo despertar asustada. Descubrió que Sarah había le había pasado el brazo por la cintura y ahora podía sentir el calor de su respiración en su nuca.</p>
<p>Sarah no sabía muy bien por qué lo había hecho, pero sintió la imperiosa necesidad de pegarse al cuerpo pequeño y calentito de Isabel y su brazo actuó antes de que pudiese detenerlo. Para cuando quiso darse cuenta, había prácticamente dejado de respirar y su brazo se tensaba sobre la cintura de Isabel.</p>
<p>Sarah decidió darle la oportunidad a Isabel de poner espacio entre ellas preguntándole:</p>
<p>-          ¿Esto se considera acoso?</p>
<p>Isabel sonrió sumergida en su almohadón. Cómo respuesta, agarró la mano de Isabel, pasando el brazo sobre su cadera, pegando completamente el cuerpo de la morena al suyo.</p>
<p>-          No, si consideramos que tienes frío. Eso te pasa por acostarte con el pelo mojado.</p>
<p>Sarah sonrió y pegó su nariz al cuello de Isabel, haciendo que su respiración cálida se colase por el cuello de la camiseta de la otra chica.</p>
<p>Pasaron algunos minutos en los que Isabel no fue capaz de dormirse a pesar de que estaba completamente agotada. Para entretenerse, comenzó a mirar la mano que Sarah había pasado sobre ella. Sus largos dedos eran prácticamente hipnóticos, con las uñas impolutas y la piel sedosa. Cuando movía los dedos nerviosa o tamborileaba con ellos sobre el volante del coche cuando esperaban en los semáforos, Isabel siempre los compraba con las largas patas de una araña albina que corría con agilidad, cómo los dedos de Sarah al deslizarse por las cuerdas del violín.</p>
<p>De pronto algo llamó su atención.</p>
<p>Al tener el brazo estirado sobre Isabel, el albornoz de Sarah se le había quedado algo corto en las mangas, dejando al descubierto sus muñecas, donde Isabel descubrió un curioso tatuaje.</p>
<p>-          Sarah- susurró sin volverse.</p>
<p>-          ¿Qué?</p>
<p>-          ¿Duermes?</p>
<p>-          <em>Si je parle, c´est que non…Que je ne dors pas.- </em>dijo prácticamente dormida.</p>
<p>-          ¿Qué?</p>
<p>-          Que es evidente que no…¿Qué pasa?</p>
<p>-          ¿Por qué tienes tatuada una campana en tu muñeca?</p>
<p>Sarah ahogo una risita contra el cuello de Isabel</p>
<p>-          No se, hubiese imaginado cualquier cosa: una clave de sol, la inicial de tu nombre, pero…¿Una campana?- comentó Isabel sorprendida.</p>
<p>-          La noche que me hice este tatuaje estaba completamente pedo. No recuerdo ni lo que le dije a la mujer para que dedujese que quería tatuarme una campana.</p>
<p>-          Menuda borracha estás hecha.</p>
<p>Ambas rieron y ya no hablaron más, porque al instan, cayeron completamente dormidas.</p>
<p>Horas más tarde, el teléfono de la habitación sonaba.</p>
<p>Sarah abrió los ojos pesadamente. No recordaba dónde estaba y le dolía la cabeza. Miró a su lado y vio a Isabel durmiendo profundamente. Sonrió al recordar lo ocurrido en el día anterior.</p>
<p>El teléfono seguía sonando y no parecía que fuese a callar. Sarah miró la hora. Aún era de noche ¿Quién la llamaría a esas horas de la madrugada? Descolgó el teléfono antes de que despertase a Isabel y contestó con desgana:</p>
<p>-          ¿Diga?</p>
<p>-          ¿Señorita Matsuya?</p>
<p>-          Si…¿Quién es?</p>
<p>-          Lamento despertarla a estas horas. Le llamo de la recepción del hotel. En otras circunstancias no la despertaría, pero han dejado un mensaje para usted en recepción</p>
<p>-          ¿Y?</p>
<p>-          Han dicho que es un asunto de vida o muerte.- Sarah se tensó unos instantes.</p>
<p>-          ¿Quién ha dejado el mensaje?</p>
<p>-          Un chico alto y rubio…Creo que era francés.- Una única persona pasó por la cabeza de Sarah.</p>
<p>-          Bajo enseguida.</p>
<p>Minutos más tarde, Sarah estaba de vuelta en la habitación sentada en el sillón mientras bebía lentamente una copa de ron que se había servido. Necesitaba algo fuerte, que le despejase la mente… Tenía que tomar una decisión lo antes posible, aunque en el fondo sabía que no tenía otra opción.</p>
<p>Dio un último sorbo a su copa mientras miraba el perfil de Isabel, dormida en la cama y ajena a todo lo que estaba pasando. Miró por última vez el papel con el mensaje que le habían dejado en recepción … La decisión ya estaba tomada.</p>
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	</item>
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		<title>Cumpleaños de 40º. Segunda Parte: Lo que Mistika nunca se atrevió a contaros</title>
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		<pubDate>Tue, 30 Aug 2011 14:59:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mandragora</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cumpleaños de 40º (2ª parte)]]></category>
		<category><![CDATA[RPFS]]></category>

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		<description><![CDATA[Antes de leer este fic, recomiendo que previamente eches un vistazo al de &#8220;Cumpleaños de 40º&#8221;, ya que éste es la continuación o, mejor dicho, otro punto de vista. &#8212;&#8211; Abro los ojos y mis neuronas empiezan a funcionar. Primero &#8230; <a href="http://mandragorafics.wordpress.com/2011/08/30/cumpleanos-de-40%c2%ba-segunda-parte-lo-que-mistika-nunca-se-atrevio-a-contaros/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a><img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=mandragorafics.wordpress.com&amp;blog=219506&amp;post=228&amp;subd=mandragorafics&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Antes de leer este fic, recomiendo que previamente eches un vistazo al de <a href="http://mandragorafics.wordpress.com/category/rpfs/cumpleanos-de-40%C2%BA/" target="_blank">&#8220;Cumpleaños de 40º&#8221;</a>, ya que éste es la continuación o, mejor dicho, otro punto de vista.</em></p>
<p><em>&#8212;&#8211;</em></p>
<p>Abro los ojos y mis neuronas empiezan a funcionar. Primero un silencio, largo y denso, que queda interrumpido por el sonido de la respiración que emite un cuerpo con cabello rojizo justo al lado mía. Es Irene, profundamente dormida, boca abajo. Su pelo le cubre la espalda desnuda.</p>
<p>-          ¿Desnuda? ¿Qué demonios ha pasado aquí?</p>
<p>Con una visión del mundo aún borrosa, consigo levantar un poco la sábana que tapa a Irene hasta la cintura para comprobar que, efectivamente, estaba desnuda de arriba abajo. “Ay dios mío”, pienso.</p>
<p>Atino a coger mi ropa desparramada por el suelo y a ponérmela mientras voy bajando las escaleras. Con miedo a que sus padres o su hermana me descubran no hago si no pensar que como haya ligado con ella y no me acuerde, me pego un tiro.</p>
<p>Salgo de su casa, veo mi coche aparcado en la puerta. Creo oír a Bea, nuestra pepito grillo del grupo, decirme las siguientes palabras mientras mueve la cabeza de un lado a otro: “Muy mal, Pé, muy mal, has conducido borracha”.</p>
<p>En ese momento suena el móvil. Es mamá:</p>
<p>-          Niña, ¿dónde has estado? Son las 8 de la mañana y tu cama está vacía.</p>
<p>-          Mamá, creo que he fo… digo, he dormido en casa de… de… una amiga.</p>
<p>-          ¿Qué amiga?</p>
<p>-          Mistika… digo, Irene.</p>
<p>-          ¿Irene? ¿La novia de Miguel?</p>
<p>-          Mira mamá, este es mi fic, y en mi fic Irene no tiene novio ¡Está soltera! ¿Vale?</p>
<p>-          Pero qué…? (piii, pii, piiiii…)</p>
<p>Cuelgo el teléfono porque mi mente decide que no está para explicaciones sobre yuris, yaois y shoujo ais. Introduzco las llaves en la ranura mientras el leve tintineo del metal me despierta un poco más. Justo cuando oigo el ruido del motor del coche al arrancar, un recuerdo me atraviesa la mente.</p>
<p>[…]</p>
<p>Estoy tumbada en una cama de las pequeñas, miro hacia arriba y consigo ver un dibujo sin terminar en la pared, coloreado con lápices de madera. Hace un calor de mil demonios. Unas manos finas y blancas me van quitando la chaquetilla negra y luego comienzan a bajar la cremallera de mis pantalones. “Eres un ángel, ¿verdad?” le pregunto. Su mirada clara se clava en mí, me mira directamente a los ojos y me responde con voz lúgubre “Soy tu peor pesadilla”. Y comenzamos a reírnos como dos renacuajas.</p>
<p>Me pide silencio, tapándome los labios con uno de sus dedos. “Está bien, está bien, ya me callo. Déjame que te ayude yo a ti también”. Al desabrochar el tercer botón de su camisa vuelvo a perderme en el olvido.</p>
<p>[…]</p>
<p>“Necesito un caféeeeeeeee” me grito mirándome en el espejo retrovisor. Meto la marcha atrás del coche, giro el volante, luego meto primera, y salgo del barrio de Irene.</p>
<p>Ya en casa, me alegro al comprobar que mi padre ya ha puesto la cafetera y la cocina huele a café recién hecho y tostadas con mantequilla. Con cada ruido y olor a rutina, mis ideas van poniéndose en orden poco a poco.</p>
<p>Mientras estoy sentada en la mesa, por fin desayunando, aparece mi madre con la bata puesta,</p>
<p>me mira,</p>
<p>la miro,</p>
<p>me vuelve a mirar,</p>
<p>…empiezo a pensar que algo extraño ocurre…</p>
<p>-          Penélope, ¿no te da vergüenza ir sin sujetador por la vida?</p>
<p>Sí, a veces mi madre parece que tiene una máquina de rayos X en lugar de ojos, ya que es capaz de saber qué ropa interior llevas, y si ve que está rota siempre dice lo típico de “ponte unas bragas sin agujeros, no vaya a ser que te pase algo y tengamos que ir al médico”. También posee cualidades supersónicas como detectar la ausencia de sostén incluso si llevas un abrigo tipo edredón nórdico portátil.</p>
<p>-          Mmm… pero si lo llevo puesto, ¿no? – “pues no, querida, no lo llevas” pienso para mi – Me lo habré dejado en casa de Irene… Ahora vuelvo.</p>
<p>[…]</p>
<p>Estoy libre de camiseta y pantalones, pero siento que sigue haciendo tanto calor que creo que me voy a deshidratar y desaparecer entre las sábanas. Irene empieza a hacerme cosquillas en la espalda, sabe que soy adicta a las cosquillas y que esa es una zona sensible. Por el cuerpo me empiezan a recorrer escalofríos y consigo reponerme como para sentir que me ha quitado el sujetador para seguir acariciando mi espalda sin obstáculo alguno.</p>
<p>-          Esto te lo tengo que recompensar, pelirroja</p>
<p>-          ¿Y cómo? Ya sabes que a mi no me gustan las cosquillas.</p>
<p>[…]</p>
<p>De nuevo en el coche, me doy cuenta de que es Jueves y que Irene ya no estará en su casa, sino que habrá ido a la facultad para dar clases. No creo que se haya llevado mi sujetador. En estos momentos la imagino enseñándoselo a sus compañeros de clase como si fuera un trofeo. “Deja de leer manga, Pé, ella no hace esas cosas. Ya te gustaría ser su trofeo” pienso. Pero necesito saber qué pasó entre nosotras y si aún así sigue siendo capaz de mirarme a la cara.</p>
<p>Mientras voy por la autopista intento ir uniendo las piezas del rompecabezas que fue la noche anterior. Considero la posibilidad de haberle metido cuello a Irene tras haberme tomado, por lo menos, tres cubatas. De otro modo hubiese sido imposible.  La seguridad en mi misma que a veces aparento tener es directamente proporcional a mi incapacidad para atreverme a estar a menos de un metro de distancia de un par de tetas. Y más aún si esas tetas forman parte de la percha de una amiga que da la impresión de tener horchata en las venas. Sí, seguro que sabe a horchata, tiene que dejarte un gusto dulce en los labios al besarla. Por pura justicia poética. Se trata de Irene. Y escribe yuris, aunque tenga novio (no, no, hemos quedado en que en este fic no tiene novio), lo mismo con tanto alcohol anoche se fijó en mi. Aunque fuera sólo un poquito…</p>
<p>Aparco en la puerta del edificio 24 de la facultad. Son las 9.30 de la mañana, y al menos ya ha habido una hora de clases, quizás las de fisiología vegetal, esa asignatura que aún tiene Irene atragantada y no la deja vivir.</p>
<p>Consigo verla, está a punto de cruzar la puerta de la entrada del edificio. Una fuerza venida del más allá, consigue hacer que me baje del coche e ir hacia ella y decirle “Hola”.</p>
<p>No responde.</p>
<p>Mala señal.</p>
<p>Empiezo a asustarme de que definitivamente no quiera saber nada de mí y me deje con la duda de si lo que pasó anoche fue que me practicó un exorcismo o, lo que es peor, que no cumplí con sus expectativas.</p>
<p>Finalmente, consigo decirle “¿Te llevo?”. Y asiente con la cabeza.</p>
<p>Entramos en el coche, y como no sé a dónde se supone que la tengo que llevar, nos quedamos sentadas. Ella de copiloto, y yo tamborileando los dedos en el volante, intentando recordar algo más de los flashes que he tenido. Ella me dice:</p>
<p>-          Pé, creo que… ¿No deberíamos hablar? Ya sabes. De lo que ha pasado. De…</p>
<p>[…]</p>
<p>-          Que no me voy a ninguna parte sin mi coche. ¡HE DICHO QUE NO!</p>
<p>-          Pero por Dios, que estás como una cuba, te voy a llevar con Irene a su casa a dormir. Yo os llevo en tu coche, que ya sabes que lo conduciré como si fuera tuyo. – dice Miguel</p>
<p>Giro la cabeza hacia Irene, que tiene los cachetes colorados y el pelo revuelto:</p>
<p>-          Quilla (hip), ¿tú también estás borracha?</p>
<p>-          Yo estoy tan borracha que… soy capaz de besarte con tal de que duermas conmigo.</p>
<p>-          Dicho y hecho, compañera de mandrágora. ¡VIVA EL YURI!</p>
<p>Y entonces me sujeta la cara con sus manos y yo le respondo con un beso casto, “de respeto”, como suelo decir, en los labios. Pero me sorprendo al notar que su lengua se cuela entre mis dientes y la mueve ágilmente, sumergiéndome en lo que ella siempre llama una explosión de lacasitos.</p>
<p>Miguel nos separa y nos dice “Venga ya, par de bolleras, vámonos a dormir la mona”.</p>
<p>Lo que viene después es una secuencia de imágenes en las que ambas, como buenamente podemos dado nuestro estado, estamos subiendo las escaleras hasta el cuarto de Irene, cuyas paredes tienen pintadas infinidad de dibujos a color. Me dejo caer de golpe en la cama y ella empieza a desnudarme para que pueda dormir cómoda y sin pasar calor. “La cama es muy pequeña para dos, pero no me atrevo a no tenerte vigilada y que tengas dulces sueños en lugar de pesadillas”, me dice en un susurro.</p>
<p>[…]</p>
<p>La vuelvo a mirar, esta vez con las pupilas dilatadas. Tengo ganas de aniquilarla, o de comérmela a besos, aún no lo he decidido, porque no paro de repetirme a mi misma “¿Toda esta paja mental por una idiotez de borrachas?” Me intento tranquilizar a mi misma, no quiero ni pensar en lo estúpida que he sido. Seguramente Irene ahora me va a echar la bronca por haber tenido que cuidar de mí. O porque no aproveché la ocasión con ella, quién sabe, yo nunca pierdo las esperanzas… Finalmente, consigo relajarme y respirar hondo.</p>
<p>-          No pasa nada – le digo.</p>
<p>Y me empiezo a reír como una condenada.</p>
<p>Literalmente, Irene me llevó a la cama, y aunque no sucedió lo que mi mente más sucia (o creativa, todo hay que decirlo) quisiera que pasara, al menos, siempre me quedará un bonito recuerdo de aquella noche…</p>
<p style="text-align:center;"><a href="http://mandragorafics.files.wordpress.com/2011/08/besoirenepe.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-229" title="besoIrenePe" src="http://mandragorafics.files.wordpress.com/2011/08/besoirenepe.jpg?w=500" alt=""   /></a> <em>Y ésta, queridas amigas (y amigos), es la foto que atinó a hacer Miguel justo antes de llamarnos &#8220;par de bolleras&#8221;. Ahora, temo el odio que puedo haber despertado en el mundo yuri por haber tenido el privilegio de besar a la autora de &#8220;La tormenta&#8221;.</em></p>
<p style="text-align:center;"><em>¡CHINCHA RABIÑA!</em></p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/mandragorafics.wordpress.com/228/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/mandragorafics.wordpress.com/228/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/mandragorafics.wordpress.com/228/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/mandragorafics.wordpress.com/228/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/mandragorafics.wordpress.com/228/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/mandragorafics.wordpress.com/228/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/mandragorafics.wordpress.com/228/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/mandragorafics.wordpress.com/228/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/mandragorafics.wordpress.com/228/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/mandragorafics.wordpress.com/228/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/mandragorafics.wordpress.com/228/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/mandragorafics.wordpress.com/228/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/mandragorafics.wordpress.com/228/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/mandragorafics.wordpress.com/228/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=mandragorafics.wordpress.com&amp;blog=219506&amp;post=228&amp;subd=mandragorafics&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>El enigma del gran juego humano: Capitulo 3</title>
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		<pubDate>Sat, 27 Aug 2011 18:46:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mandragora</dc:creator>
				<category><![CDATA[capitulo 3]]></category>
		<category><![CDATA[El enigma del gran juego humano]]></category>

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		<description><![CDATA[Isabel se despertó, con el sonido de su despertador y con las sábanas, literalmente pegadas a la cara. Estaba completamente reventada, pero había dormido la noche de un tirón y podía sentir agradecida por eso. Salió de la cama y &#8230; <a href="http://mandragorafics.wordpress.com/2011/08/27/el-enigma-del-gran-juego-humano-capitulo-3/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a><img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=mandragorafics.wordpress.com&amp;blog=219506&amp;post=221&amp;subd=mandragorafics&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Isabel se despertó, con el sonido de su despertador y con las sábanas, literalmente pegadas a la cara.</p>
<p>Estaba completamente reventada, pero había dormido la noche de un tirón y podía sentir agradecida por eso.</p>
<p>Salió de la cama y se puso las enormes zapatillas con cabeza de perro, que incluso llevaban la lengua colgando, que su padre le había regalado. El buen hombre pensó que eran muy graciosas y se las regaló en uno de sus cumpleaños…Al menos eran calentitas.</p>
<p>El olor de café recién hecho y el sonido de gente en el salón, la animaron a acercarse a saludar. Entró desperezándose en el salón, haciendo que la camiseta del pijama se levantase dejando su ombligo y la gomilla gastada de los pantalones al descubierto.</p>
<p>-          Buenos días…- dijo en mitad de un bostezo y frotándose las legañas de los ojos.</p>
<p>-          ¡Buenos días!- sonaron varias voces a la vez.</p>
<p>-          <em>Bonjour!</em></p>
<p>Isabel se quedó paralizada unos instantes, sin saber muy bien si había oído lo que creía haber oído. Pensó que aún era demasiado temprano para volver a la realidad y aún tenía la voz de Sarah rondando en su cabeza como todo lo de ayer.</p>
<p>No podía estar más equivocada.</p>
<p>Cuando por fin abrió los ojos, pudo ver a su hermano pequeño desayunando en la mesa del salón, su madre dejando un plato con tostadas encima de la mesa y su abuela charlando animadamente con una chica asiática que le saludaba pícaramente con la mano.</p>
<p>A Isabel le entró un pánico repentino. Abrió la boca un par de veces, pero no llegó a decir nada.</p>
<p>-          ¡Vamos dormilona!- le dijo Sarah con su musical acento francés – Si no te das prisa te quedarás sin desayuno…Tu madre hace unas tostadas, ummmm… <em>très bon!</em></p>
<p><em> </em></p>
<p>Isabel no podía creerse lo que estaba pasando. El pánico la tenía anclada en la puerta del salón.</p>
<p>-          Isa- le dijo su madre- date prisa o vais a llegar tarde.</p>
<p>¿Vais? Isabel buscó respuesta en la mirada de Sarah, pero lo único que encontró fue algo parecido a “¡Date prisa!”.</p>
<p>Isabel no se había duchado más deprisa en su vida. Metió un libro al azar en la maleta, sin molestarse en comprobar siquiera si tenía esa asignatura, y salió zumbando de su habitación con el pelo aún mojado.</p>
<p>Cuando entró en el salón, hubiese jurado que Sarah se lo estaba pasando realmente bien hablando con su abuela y con su madre.</p>
<p>-          Venga siéntate- su madre le señaló una silla al lado de Sarah- Ahora te traigo más tostadas.</p>
<p>Isabel se sentó y buscó la mirada de Sarah que le sonreía, divertida.</p>
<p>-          ¿Qué haces aquí?- le susurró</p>
<p>-          Tu familia es un verdadero encanto. Realmente, no se de donde has salido tú.</p>
<p>-          ¿Se puede saber qué le has contado a mi madre para que te deje pasar?</p>
<p>-          Tenías razón, fue decirle tu nombre al porterillo y se me abrieron las puertas- Isabel la miró sorprendida- Bueno, eso y un par de cosillas más.</p>
<p>-          ¿Pero qué..?</p>
<p>Pero su frase fue cortada por una tostada con aceite que Sarah acababa de meterle en la boca.</p>
<p>-          <em>Goûte!</em> – fue lo único que le dijo antes de que su madre entrase en la sala en mitad de su conversación.</p>
<p>Isabel la taladró con la mirada, aún con la tostada chorreante en la boca.</p>
<p>-          Mamá- le dijo Isabel sin quitarle la vista de encima a Sarah- ¿Me puedes traer un zumo?</p>
<p>-          Nunca tomas zumo para desayunar.</p>
<p>-          Pero es que me apetece uno…de melocotón- que fue el primero que se le pasó por la cabeza. Sabía que estaban al fondo del mueble de la cocina y eso le daría unos minutos para hablar con Sarah.</p>
<p>Su madre simplemente se encogió de hombros y volvió a la cocina.</p>
<p>Isabel volvió a pegase a Sarah y aprovechando que su hermano y su abuela estaban viendo los dibujos en la tele, le susurró:</p>
<p>-          Explícate, rápido.</p>
<p>-          Le dije a tu madre que era una alumna de intercambio de tu instituto y que anoche llegaste tan tarde porque te habías estado encargando de enseñarme la ciudad. Me ha abierto encantada…En serio, tu familia no tiene precio.</p>
<p>-          ¿Cómo sabías que estaba en un instituto?</p>
<p>-          La mochila con libros de bachiller que tiraste ayer en el suelo de mi habitación de hotel te delataron… ¿Te había dicho que además soy muy observadora?- toda la frase la dijo acompañada de un susurro muy irónico.</p>
<p>-          Eres…</p>
<p>-          ¿Qué? ¿Genial?¿<em>Charmante?</em>¿Un ídolo de masas?</p>
<p>-          ¿Cómo puedes tener tanto morro?</p>
<p>-          Admítelo tu familia me adora – y le dio un bocado a la tostada que tenía en la mano, provocando que parte del aceite corriera por su barbilla.</p>
<p>-          Tu zumo- su madre la sorprendió poniendo el tetrabrick delante de ella- Sarah ya me lo ha contado todo- dijo dedicándole una sonrisa- ¿Por qué no me lo explicaste anoche?</p>
<p>-          Lo siento mamá, pero de verdad que estaba muy cansada.</p>
<p>Su madre simplemente le dio un beso en la cabeza y le revolvió el pelo.</p>
<p>-          Date prisa o perderéis el autobús- su madre le llenó el vaso de zumo- ¿Volverás para almorzar?</p>
<p>-          Pues…- dijo mirando de soslayo a Sarah – No lo se mamá, aún tenemos que terminar un trabajo y todavía quiero enseñarle algunas cosas de la ciudad.</p>
<p>-          Prometo devolvérsela para el almuerzo &#8211; dijo Sarah con una sonrisa, mirando a la madre de Isa.</p>
<p>Instantes después la madre de Isabel, llamó a la abuela para que se vistiesen porque iban a comprar al mercado. Cuando ambas desaparecieron del salón y el hermano pequeño se fue al baño, Isabel se giró con tanta fuerza hacia Sarah que juraría que notó el chasquido del cuello.</p>
<p>-          ¿Prometo devolvérsela para el almuerzo?&#8230;Pero que te has creído que soy ¿Una cinta del videoclub?</p>
<p>-          Oh, venga ¡no te enojes!&#8230; ¿A que doy el pego de estudiante buena? Esto nunca pude hacerlo en el internado- comentó divertida. De pronto su mirada se tornó seria, e Isabel pensó que había recordado algo desagradable de su pasado- Por cierto… ¿Anoche te revolcaste en mi cama o qué? Cuando intenté acostarme estaban todas las sábanas llenas de arena.</p>
<p>-          ¿Para qué querría yo revolcarme en tu cama?- Sarah la miró con un gesto más que sugerente, e Isabel agradeció interiormente que su madre apareciese en ese justo instante, para que Sarah no pudiese hacer ningún comentario.</p>
<p>Se despidieron de la familia y bajaron las escaleras a toda velocidad. Salieron del portal, pero cuando Isabel estaba a punto de girar a la derecha para coger el autobús, Sarah la agarró de la bufanda haciendo que quedaran muy cerca la una de la otra. El mismo intenso aroma que desprendían las sábanas del hotel, inundaron a Isabel por unos instantes.</p>
<p>-          ¿A dónde crees que vas?</p>
<p>-          ¿A por el autobús?</p>
<p>Sarah rió sarcástica.</p>
<p>-          Señorita, le recuerdo que tenemos un asunto pendiente. Hoy, nada de instituto.</p>
<p>-          Pero…</p>
<p>-          Nada de “peros”, hoy lo único que tienes que estudiar, es esto.</p>
<p>Sarah le dio una carpeta de cartón, de color verde oscuro.</p>
<p>-          Ábrelo en el coche.</p>
<p>Una vez que se montó en el asiento del conductor, la buena memoria de Isabel, le recordó que si apreciaba su vida, debía abrocharse el cinturón y rezar un par de padrenuestros. Sin embargo y para su sorpresa, Sarah arrancó suavemente y se incorporó al tráfico de forma normal.</p>
<p>-          ¿Sabes de algún sitio dónde podamos estar tranquilas? A ser posible al aire libre, quiero aprovechar que ha salido el sol.</p>
<p>Isabel pensó donde podían estar cómodamente a esas horas de la mañana y al aire libre. Una idea pasó por su mente.</p>
<p>-          ¿Sabes dónde está el Parque de Maria Luisa?</p>
<p>Como única respuesta, Sarah aceleró y volviendo a su forma habitual de conducir puso rumbo a la Avenida de la Palmera.</p>
<p>Durante el trayecto, Isabel estuvo echándole un ojo al contenido de la carpeta. Se trataba de un mapa de Sevilla sobre el que se veían una serie de imágenes muy extrañas. Lo primero que pensó Isabel es que se trataban de imágenes con un mensaje oculto. A pie de página una pequeña nota que rezaba así:</p>
<p><strong><em>“Resido en un lugar que lleva por nombre algo hermano de esta serie. Llamad tres veces a tu puerta que la mayor o las gemelas irán a abriros”</em></strong></p>
<p>La cara de Isabel era un verdadero signo de interrogación. Resopló pesadamente. Aquello empezaba a parecerse a una gymkhana.</p>
<p>Miró a Sarah de reojo, que parecía concentrada en leer los carteles amarillos que indicaban la ruta alternativa a la zona en obras.</p>
<p>-          <em>Mon Dieu!</em> ¿Es que hay obras por todas partes?- gritó enfadada.</p>
<p>Isabel ahogó la risa. Desde luego que no quería enfadar aún más a la francesita. Aprovechó los minutos de concentración de Sarah por salir del lío de calles sumergidas en obras, para mirarla de reojo mientras hacía cómo que leía los papeles.</p>
<p>Sarah seguía llevando ese estilo clásico y arreglado, que tan bien se encargaba de conjuntar con los vaqueros y las botas de piel. Llevaba el pelo recogido en una coleta, haciendo su cara más ovalada de lo habitual. Isabel no solía diferenciar muy bien las múltiples diferencias que existían entre los diversos rasgos orientales. Pensaba que todos tenían los ojos rasgados y punto. Pero tras observar a Sarah, había descubierto detalles como la inclinación del párpado, la forma almendrada de sus ojos, la longitud de sus pestañas y la forma casi curvada de su boca, haciéndola parecer una media luna casi perfecta, cuyos labios destacaban rabiosamente al haberlos pintado de rojo.</p>
<p>Para Isabel, la expresión del rostro de Sarah era un verdadero enigma: misterioso y atrayente.</p>
<p>Casi sin poder evitarlo, su mirada se descolgó hasta el pronunciado escote que la chica llevaba.¿Ni siquiera el frío iba a conseguir un poco de recato por su parte? El colgante brillaba en su cuello, debido a los rayos de sol que se colaban por la ventana. Y de pronto se percató de algo que no había preguntado la noche anterior. ¿Para que servirían los tres huecos que había en cada mitad?</p>
<p>-          Tu obsesión con mi escote empieza a preocuparme.</p>
<p>Isabel levantó la mirada sorprendida. Sarah ni siquiera había desviado la mirada del tráfico y había vuelto a pillarla a Isabel con las manos en la masa.</p>
<p>-          No, estaba mirando…</p>
<p>-          No me lo digas- la cortó- estabas mirando el colgante. Pues te recuerdo que tú tienes uno igual y que no debe ser tan difícil inclinar el cuello hacia abajo.</p>
<p>Tras cinco minutos de peleas absurdas, piques y refunfuños, llegaron al parque.</p>
<p>Isabel dirigió de forma silenciosa a Sarah hasta la entrada más cercana. Apenas encontraron gente en el parque, dada la hora tan temprana. Personal de mantenimiento y algunos corredores madrugadores.</p>
<p>Tan sólo se escuchaba el sonido de sus respiraciones y el crujir de las hojas bajo sus pies. A pocos pasos de la entrada flanqueada por una alta puerta con barrotes de hierro, Isabel se desvió hacia la izquierda.</p>
<p>Sarah observó como se paraban frente a un espacio circular, cercado con unos laboriosos barrotes.</p>
<p>-          ¿Dónde estamos?- Isabel no contestó, solamente entró en el recinto seguida de Sarah.</p>
<p>En el centro, se podía observar un enorme y robusto árbol, que a juzgar por el grosor de su tronco y la altura alcanzada, debía llevar muchos años allí. Sarah comprobó, que rodeando al árbol, había un pequeño jardín circular, en cuyo interior y rodeando al grueso tronco del árbol, había esculpidas diversas figuras.</p>
<p>Desde la entrada podía verse la imagen de tres mujeres sentadas sobre un banco, a tamaño real. Lo que más llamó la atención de Sarah fue la postura que cada una de ellas tenía.</p>
<p style="text-align:center;"><a href="http://mandragorafics.files.wordpress.com/2011/08/monumento-a-becquer-pequeno.jpg"><img class="aligncenter" title="monumento-a-becquer-pequeno" src="http://mandragorafics.files.wordpress.com/2011/08/monumento-a-becquer-pequeno.jpg?w=364&#038;h=272" alt="" width="364" height="272" /></a></p>
<p>-          ¿Sabes quién es Bécquer?- le preguntó Isabel a Sarah.</p>
<p>-          <em>Volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar…-</em> recitó Sarah con un suave acento francés. Isabel sonrió de medio lado.</p>
<p>-          Si, ese es su poema más conocido&#8230;- aspiró profundamente antes de continuar- Este monumento está hecho en memoria de su persona y a sus poemas, que hablaban del amor.</p>
<p>-          ¿Qué tiene que ver esto con el amor?</p>
<p>-          ¿Ves esas tres mujeres?- señaló Isabel a las figuras que antes había estado observando Sarah- Son alegorías. Cada una representa un estado diferente del amor.</p>
<p>-          ¿El amor no es sólo amor?</p>
<p>-          Según Bécquer no… ¿Ves a la primera muchacha? ¿La que mira tímidamente hacia abajo y cruza sus manos sobre la falda? Ese es el amor ilusionado.</p>
<p>Sarah observó como la chica miraba, con los párpados deliciosamente caídos un pequeño ramillete de flores que había sobre su falda.</p>
<p>-          Es el primer amor. El amor juvenil, ilusionado e infantil. Es esa versión del amor puro e inocente que alguna vez hemos sentido. Esperanzas de ser amado.</p>
<p>Isabel miraba con profundidad las tres imágenes, como si ellas mismas, le estuviesen contado la historia.</p>
<p>-          La segunda es el amor poseído. Fíjate en su gesto apasionado…Está en ese estado de absoluta devoción y entrega por el ser amado, consumida por las llamas del deseo y borracha de amor…- su voz emocionada fue decayendo – La última es el amor perdido. Sus gestos y su vestimenta son más maduros. Es la que probó y perdió lo más grande que había conocido jamás.</p>
<p><a href="http://mandragorafics.files.wordpress.com/2011/08/juan-yanes-bequer1.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-223" title="OLYMPUS DIGITAL CAMERA" src="http://mandragorafics.files.wordpress.com/2011/08/juan-yanes-bequer1.jpg?w=300&#038;h=300" alt="" width="300" height="300" /></a></p>
<p>Sarah no podía hablar…No hubiese imaginado jamás que el amor pudiese ser representado de esa manera, cómo un todo que gobierna tu vida y cuando lo pierdes queda un amargo sentimiento. Ni tampoco imaginaba la pasión con la que Isabel explicaba lo que veía. Por unos instantes miró a la chica, que seguía con la mirada inmersa en las tres figuras. Sarah pensó por un fugaz momento que no era tan sólo la pequeñaja que había imaginado…Podía notar pasión latiendo en sus palabras y su mirada.</p>
<p>-          ¿Y el ángel?- preguntó Sarah haciendo referencia al pequeño querubín alado, junto al busto de Bécquer, que disparaba flechas a las tres mujeres.</p>
<p>-          Es la alegoría del propio amor…Ese ángel pequeño, es el amor que hiere.</p>
<p>Sarah pensó que el amor era un inconsciente al lanzar sus flechas ciegamente sobre las mujeres…Al final te acabas enamorando de quien menos debes. ¿Es qué el amor estaba destinado a acabar siempre mal?</p>
<p>-          Y éste- continuó Isabel bordeando el jardín circular hasta colocarse al otro lado, tras la estatua de Bécquer, en una zona que no podía verse desde la entrada- Éste, es el amor herido.</p>
<p>Sarah bordeó el camino y la imagen que encontró, la dejó completamente impactada.</p>
<p>A los pies del busto de Bécquer, había un ángel con el cuerpo de un chico joven, tallado en piedra negra profunda. Estaba moribundo, a los pies del busto con un puñal clavado en el costado.</p>
<p>La imagen quedó grabada a fuego en su mirada… ¿El amor también sufría de esa manera?</p>
<p><a href="http://mandragorafics.files.wordpress.com/2011/08/450px-sevillaglorietadebecquer02.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-224" title="450px-SevillaGlorietaDeBecquer02" src="http://mandragorafics.files.wordpress.com/2011/08/450px-sevillaglorietadebecquer02.jpg?w=272&#038;h=362" alt="" width="272" height="362" /></a></p>
<p>-          Creo que podemos sentarnos allí- la voz de Isabel, sacó a Sarah de sus pensamientos. Siguió con la mirada el brazo de Isabel y descubrió varios bancos dentro del recinto.</p>
<p>A Sarah le costó unos instantes volver a centrarse en el juego. La imagen del ángel negro volvía continuamente a su cabeza.</p>
<p>-          He estado mirando las imágenes y creo que hay un mensaje oculto tras ellas y que en conjunto, todas la palabras, tiene alguna relación.- dijo Isabel abriendo la carpeta y señalando los dibujos de las imágenes.</p>
<p>-          Bueno, esa es tu especialidad ¿No?- comentó Sarah con su habitual tono de vuelta.</p>
<p>-          Un poco de ayuda no viene mal, la verdad.</p>
<p>Isabel se centró en la primera imagen. En ella se veía un arpa con una i latina en su centro. Miró la segunda imagen por si le decía algo más: una enciclopedia, con todos sus volúmenes. Sin embargo podía verse una equis roja, que tachaba el primer volumen y otra que tachaba el último.</p>
<p>-          Creo que se lo que significa la imagen de las enciclopedias.</p>
<p>-          ¿El qué?</p>
<p>-          Hay que quitarle la primera y la última sílaba…Con lo que nos quedamos con cíclope – La mente de Isabel empezó a trabajar a mil por hora- Así que el arpa con la i en el centro debe ser…Arpía.</p>
<p>Observaron el siguiente dibujo: se trataba de un cubo lleno de agua, a su lado ponía 1000 cc y dentro del cubo se veía la imagen de un perro. A la derecha del cubo, las letras <strong>PO</strong>, resaltadas en negrita</p>
<p>-          Eso quiere decir que dentro del cubo hay un litro ¿no?- se preguntó Isabel más a si misma que a otra persona- y que la palabra perro, está dentro de “litro”…Vamos a ver…<strong>li</strong>perro<strong>tro</strong>…¡No!, eso no tiene mucho sentido…<strong>Li</strong>perro<strong>tro</strong>…<strong>po. </strong>¡Un momento!&#8230; No es perro…¡Es can!..<strong>Li</strong>-can-<strong>tro</strong>-po.</p>
<p>Isabel apuntaba nerviosa los resultados debajo de los enigmas y Sarah no podía mirarla menos que sorprendida.</p>
<p>-          El siguiente, es la letra U destacada. Bajo ella aparece escrita la siguiente secuencia: car,cer,cir y cur.</p>
<p>-          Falta “cor”- comentó Sarah</p>
<p>-          Exacto, al igual que en la otra lista: A,E,I y U falta la letra O. Con lo que tenemos <strong>U </strong>+ ni cor+ ni o….¡Unicornio!- Isabel parecía emocionada apuntando los nombres.</p>
<p>-          Entonces- continuó Sarah- tenemos arpía, cíclope, licántropo y unicornio ¿no?&#8230;.¿Y que hacemos con eso?</p>
<p>-          No te dicen nada esos nombres…¡Todos son seres mitológicos! O al menos, seres fantásticos. En las pistas pone que “reside en un lugar que lleva por nombre algo hermano de esta serie”</p>
<p>-          Por lo que tenemos que buscar un lugar en Sevilla que lleve nombre de algún ser mitológico- terminó Sarah la frase.</p>
<p>Isabel intentó estrujarse el cerebro, pero en esos instantes no se le ocurría ningún sitio con un nombre así de especial.</p>
<p>-          Rápido…Tenemos que pensar más nombres de seres mitológicos.</p>
<p>-          No se- dijo Sarah- ¿Centauro? ¿Pegaso?</p>
<p>Isabel no consiguió recordar ningún lugar de la ciudad con ese nombre.</p>
<p>-          A lo mejor es el nombre de algún local de la ciudad.</p>
<p>-          Pues podemos volvernos locas buscándolo- refunfuñó Sarah.</p>
<p>Isabel pensó en más animales extraños en la ciudad… A su  mente vino la fuente de los leones del mismo parque Maria Luisa, pero los leones no tenían nada de mitológicos o fantásticos.</p>
<p>-          ¿Es la policía, los bomberos o una ambulancia?- preguntó Sarah- Nunca las distingo.</p>
<p>A punto estuvo de preguntar Isabel a qué se refería, pero de pronto el sonido de una sirena se coló en sus oídos.</p>
<p>-          Pues no lo se…Yo tampoco se diferenc…</p>
<p>Pero no llegó a terminar la frase porque la famosa bombilla, se encendió de nuevo en su cabeza.</p>
<p>-          ¡Las sirenas!&#8230;¡La casa de las sirenas!</p>
<p>-          ¿Qué?¿Has encontrado algo?</p>
<p>-          ¡Vamos!- dijo Isabel tirando de la chaqueta de Sarah.</p>
<p>-          Pero ¿A dónde?</p>
<p>-          A la Alameda. A un edificio que hay allí llamado “La casa de las sirenas”</p>
<p>Sarah sonrió divertida corriendo tras Isabel hasta el coche. Al final el “comodín” había resultado ser más interesante de lo que esperaba.</p>
<p>Durante el camino, Isabel, le explicó a Sarah que había un centro cívico, en uno de los laterales de la plaza de la Alameda, llamado “La casa de las sirenas” y que sin duda, ese debía ser el edificio con nombre mitológico que estaban buscando.</p>
<p>Sarah, no lo pensó ni un segundó y se sorprendió con la fe ciega en la que creyó en la decisión de Isabel. Y para cuando quiso darse cuenta, ya habían bajado del coche y estaban andando por la Alameda.</p>
<p>Cuando estuvieron frente al edificio, Sarah se detuvo en la puerta.</p>
<p>-          Espera ¿Qué se supone que vamos a hacer ahí dentro?</p>
<p>-          Pues…Realmente no lo se – Isabel sacó de nuevo el papel con las pistas<strong><em>- “Llamad tres veces a tu puerta que la mayor o las gemelas irán a abrir”.</em></strong> Esta parte me ha dejado completamente perdida.</p>
<p>-          ¿Y qué se supone que era este edificio? ¿O siempre ha sido un centro cívico?</p>
<p>-          Según tengo entendido, durante mucho tiempo fue una “casa de citas”- dijo haciendo comillas con los dedos.</p>
<p>-          O sea, que llamamos tres veces a la puerta y nos abre una tía en ropa interior o un par de gemelas viciosas.- Isabel rió sólo de imaginarse la escena.</p>
<p>-          No, porque aquí pone, “llama a <strong>tu </strong>puerta” no “a <strong>la </strong>puerta”, se refiere a la puerta de alguna de nosotras ¿no?</p>
<p>-          Pues yo nunca he regentado un puticlub, así que…-  Sarah miró irónicamente a Isabel y acto seguido, entró en el edificio.</p>
<p>El interior era muy acogedor, con una escalera de mármol y paredes blancas. Sarah se acercó a una de las mesas que contenían folletos explicativos sobre las actividades del centro, para disimular.</p>
<p>Isabel entró segundos después y paseó nerviosa la mirada por la sala, hasta que dio con Sarah.</p>
<p>-          ¿Qué haces?</p>
<p>-          Investigar…Estoy buscando una puerta “Tu puerta”- repitió textualmente.</p>
<p>-          Aquí, la única puerta que hay es la del baño. Las demás están arriba. Será mejor que subamos a echar un ojo.</p>
<p>-          Y que sugieres ¿Qué llamemos una por una hasta que nos salgan las gemelas viciosas?</p>
<p>Isabel se encogió de hombros y empezó a subir las escaleras, pero Sarah, siempre atenta a los números, justo antes de subir el primer escalón reparó en algo que había en el fondo de la sala.</p>
<p>Isabel no se dio cuenta que había subido sola, hasta que no se giró en la planta de arriba para preguntarle a Sarah que lado preferí ella para empezar a investigar. Se asomó a la barandilla y la vio al fondo, junto a unas taquillas.</p>
<p>-          ¿Se puede saber por qué no has subido?- le preguntó enfadada cuando llegó a su lado.</p>
<p>-          Creo que he encontrado tu puerta- dijo señalando la puerta de una de las taquillas. Sobre ella había escrito un número 13 en color negro…Como el número de su portal</p>
<p>-          Y qué te hace pensar que es esta taquilla y no una de las puertas de arriba que tenga el numero 13.</p>
<p>-          Porque el texto dice “ Llama tres veces a tu puerta” y mira…- señaló un candado que mantenía cerrado la puerta de la taquilla. En su borde inferior, podía verse un engranaje con tres anillas circulares engarzadas en él. Las anillas, estaban compuestas por una sucesión de números, desde el cero al nueve- La contraseña para abrir el candado, es un código de tres números.</p>
<p>Como explicación, a Isabel le pareció bastante plausible, pero aún quedaba lo más importante.</p>
<p>-          ¿Cuál será la combinación? Porque hay demasiadas posibilidades.</p>
<p>-          Pensemos, el texto dice “ que la mayor o las gemelas irá a abrir”.</p>
<p>-          Si habla de números ¿Por qué está en femenino?- apuntó Isabel</p>
<p>-          Buena pregunta…Se refiere a números femeninos…A mujeres.</p>
<p>-          ¿Una mujer mayor y otras dos que son gemelas?</p>
<p>-          O hermanas…Tres hermanas para ser más precisas.- Sarah sonrió con malicia al descubrir e truco de la frase- ¿Te suenan tres hermanas de las cuales, la mayor, toca el piano?</p>
<p>Los ojos de Isabel se abrieron con sorpresa al ver como Sarah, movía las anillas hasta que formaron la combinación 9,2,2 y un sonido metálico les indicó que el candado acababa de abrirse.</p>
<p>Con manos nerviosas, abrieron la puerta de la taquilla, mirando a sus espaldas por si alguien sospechaba de ellas, sin embargo, nadie parecía estar prestando demasiada atención.</p>
<p>Dentro de la taquilla, había una caja de madera, bastante parecida a la que Isabel encontró en casa de Rafa. Isabel estuvo a punto de abrirla, pero en el último momento Sarah detuvo su mano.</p>
<p>-          Mejor en el coche.</p>
<p>Salieron del edificio con la caja escondida bajo la chaqueta de Sarah y aunque intentaron no correr, el paso se notaba acelerado. Entraron en el coche, agobiadas por el nerviosismo del momento y durante unos instantes, se obligaron a relajar sus respiraciones. Cuando comprobaron que nadie las había seguido, Sarah sacó la caja del interior de su chaqueta. Dentro de la caja había dos cosas: una nota y una pequeña bolsita con dos piezas de forma triangular.</p>
<p>-          ¡Por fin!- exclamó Sarah, sacando una de las piezas triangulares de bolsa.</p>
<p>-          ¿Qué es eso?- preguntó extrañada Isabel.</p>
<p>-          Esto, es tu premio por ser una niña buena- los largos dedos de Sarah se colaron por debajo del cuello del jersey de Isabel produciéndole una caricia bastante agradable. Sarah tiró de la cadena del colgante hasta sacarlo fuera del jersey. Después, introdujo la pieza en uno de los agujeros triangulares, que encajó a la perfección. Isabel la miró sorprendida.</p>
<p>-          Por cada prueba conseguida, se consigue una de estas piezas. Cuando lleguemos al final, los seis huecos estarán completos.</p>
<p>Isabel miró su colgante extrañada. ¿Aquello era algo así como los quesitos del Trivial?. Sarah, encajó la otra pieza en su colgante y lo observó durante unos instantes Después, sus ojos almendrados se volvieron hacía Isabel.</p>
<p>-          ¿Seguimos?- sus dedos bailaron tentadores sobre la nota que había dentro de la caja. Isabel no hizo más que asentir. Sarah desdobló el papel y leyó en voz alta: <strong><em>“El padre, Héroe mitológico, se refugió con sus hijas en un nuevo lugar y sólo se puede acceder a ellos a través de un libro popular. Cuando este libro fue editado por primera vez sólo fue leído por un puñado de personas muy ricas. Actualmente casi todo el mundo tiene su ejemplar y lo lee frecuentemente. Pero no es posible comprarlo en una librería,  ni sacarlo de préstamo en una biblioteca. ¿Qué libro es?&#8230;Esperamos impacientes su visita”</em></strong></p>
<p>-          ¡¿Qué?! ¿Es que no pueden hablar claro?- se quejó Isabel.</p>
<p>Sarah había permanecido seria, mirando al frente con las manos apoyadas en el volante del coche. Sin mediar palabra, arrancó el y salió de la plaza dejando una nube de polvo tras ellas. Isabel no tuvo tiempo de abrocharse el cinturón…¿Habría resuelto Sarah el enigma?</p>
<p>-          ¿A dónde vamos?- dijo luchando con el cierre del cinturón.</p>
<p>-          A tu casa- Isabel se giró sorprendida hacia ella- Le prometí a tu madre que te llevaría a casa para el almuerzo.</p>
<p>-          ¿Pero…qué vamos a hacer con esto?</p>
<p>-          Eso tendrá que esperar. Tengo que estar en el teatro dentro de una hora, hoy es el estreno de compañía y tengo un compromiso. Pero no te preocupes, a las siete estoy fuera. Saludo a un par de peces gordos, me salto la cena conmemorativa y me tendrás para ti solita el resto de la noche.- Isabel sonrió.</p>
<p>-          ¿Tienes alguna idea de a que libro puede referirse?- le preguntó a Sarah.</p>
<p>-          En un principio y no se muy bien por qué, pensé en la Biblia. Es el primer libro que se imprimió y todo el mundo no pudo tener acceso a él. Además casi todo el mundo tiene un ejemplar en casa hoy día…Aunque hay cosas que no tienen sentido, como por ejemplo que no sea posible comprarla en una librería o incluso que la gente lo lea frecuentemente. Hoy día hay biblias por todas partes…¡hasta en el hotel te ponen una en la mesita de noche si la pides!</p>
<p>-          Pero no tiene sentido…tiene que ser otro libro. ¿Qué clase de libro no está en una biblioteca?</p>
<p>-          ¿Uno pornográfico?- Isabel la miró- Bueno, al menos no en la sección infantil. Y el kamasutra tampoco es porque aunque a la gente le de vergüenza sacarlo de la biblioteca, no todo el mundo tiene un ejemplar en casa…</p>
<p>-          ¿Y si lo pides en recepción no te lo suben a la mesita de noche?- le preguntó Isabel en broma.</p>
<p>-          ¿Te gustaría que me lo subieran?- dejo caer con una sonrisa socarrona- No se si tendrán la versión lésbica en recepción, pero si soborno al botones la encuentra seguro.</p>
<p>Isabel se removió inquieta en su asiento, colorada como un tomate. Sarah despegó la mirada unos instantes del tráfico.</p>
<p>-          Tranquila- dijo dedicándole una sonrisa malvada- era una broma.</p>
<p>No volvieron a dirigirse la palabra en lo que quedaba de trayecto.</p>
<p>Finalmente, Isabel llegó a casa a la hora de comer con la promesa de Sarah de que aparecería en su casa a las 8.</p>
<p>Su madre le preguntó millones de cosas sobre Sarah, a lo que Isabel tuvo que inventarse la historia sobre la marcha. Al final, resultó que no era tan mala improvisando y le explicó a su madre que esa tarde había vuelto a quedar con Sarah, porque estaba en su grupo de trabajo y tenían que presentar un trabajo junto con otros compañeros.</p>
<p>De hecho, llevaba sólo un día desconectada del instituto, pero le costó intentar encajar su historia con las clases que se suponía había tenido ese día.</p>
<p>La historia del libro daba vueltas en su cabeza, sin encontrar una explicación. Revisó las estanterías de su cuarto, buscando entre sus libros alguno que encajase en la descripción, pero no encontró nada…No tenía sentido que existiese un libro al que todo el mundo pudiese tener acceso pero que nadie pudiese comprar…¿Es que acaso lo regalaban?</p>
<p>Se frotó los ojos cansada y se recostó en el sillón del salón. Abrió un ojo y vio el reloj colgado de la pared. A esas horas Sarah debía estar a mitad de su concierto. Isabel intentó imaginar cómo se sentiría si estuviese de nuevo en ese teatro…¿Volvería a emocionarse de la misma forma? ¿Buscaría con la mirada a Sarah que estaría concentrada en la partitura, haciendo que todo sonara perfecto, igual que ella? Pero en su imaginación, Sarah levantaba la mirada y le dedicaba una de esas miradas pícaras que utilizaba cuando quería provocarla y ambas sabían que el resto de la pieza iba dedicada sólo para Isabel…</p>
<p>Abrió los ojos de golpe ¿Qué se supone que estaba pensando?</p>
<p>Miró de nuevo el reloj, debía haberse quedado dormida al menos 10 minutos, pero el cansancio y la extraña tranquilidad que reinaba esa tarde en su casa, no eran una buena combinación. Recordó el sueño y buscó en el bolsillo de su abrigo, la invitación del día anterior. Intentaba encontrar el nombre de la orquesta que Carmen le había dicho aquel día y al girar la invitación, se encontró con algo que ya había olvidado.</p>
<p>Al lado de la famosa pregunta de las tres hermanas, había anotado algo más a boli. Una frase que hasta ese momento no había tenido mucho sentido para Isabel, pero que en ese momento hizo que la famosa bombilla de su cerebro brillase con intensidad: <strong><em>“Llámame cuando lo sepas”</em></strong></p>
<p>Se levantó como un resorte del sillón y corrió al cajón de la cómoda del salón. Rebuscó entre todas las cosas. Sabía que tenía que estar allí, hacía unos días lo había visto. Notó algo debajo de un montón de papeles y sobres de propaganda. Tiró con fuerza y sacó algo de debajo que la hizo sonreír cuando lo tuvo entre sus manos.</p>
<p>El libro que estaba buscando.</p>
<p>Miró el reloj del salón. Calculó que si se daba prisa, podía coger a Sarah a la salida de su concierto. Metió el libro en la mochila, cogió el abrigo y gritando un ¡Adiós! a  la nada, salió de su casa dando un portazo.<a href="http://mandragorafics.files.wordpress.com/2011/08/monumento-a-becquer-pequeno.jpg"><br />
</a></p>
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		<title>El enigma del gran juego humano: Capitulo 2</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Aug 2011 08:57:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mandragora</dc:creator>
				<category><![CDATA[capitulo 2]]></category>

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		<description><![CDATA[Acto seguido, la chica asiática cerró el móvil y se lo guardó en un bolsillo del vaquero. También parecía nerviosa e intentó terminar de normalizar su respiración antes de mirar seriamente a Isabel. -          Têtue!&#8230; ¿Tenias que correr como una &#8230; <a href="http://mandragorafics.wordpress.com/2011/08/23/el-enigma-del-gran-juego-humano-capitulo-2/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a><img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=mandragorafics.wordpress.com&amp;blog=219506&amp;post=216&amp;subd=mandragorafics&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:left;">Acto seguido, la chica asiática cerró el móvil y se lo guardó en un bolsillo del vaquero. También parecía nerviosa e intentó terminar de normalizar su respiración antes de mirar seriamente a Isabel.</p>
<p style="text-align:left;">-          <em>Têtue</em>!&#8230; ¿Tenias que correr como una loca para llamar la atención de todo el mundo?¡Sólo te faltaba un cartelito que pusiese <em>suivez-moi</em>!</p>
<p style="text-align:left;">Isabel, apenas reparó en el hecho de que la chica hubiese usado palabras en francés. Estaba bastante más enfadada por el hecho de que una completa desconocida le estaba echando la bronca, mientras la tenía aplastada contra la pared.</p>
<p style="text-align:left;">Su orgullo salió a relucir y a pesar de que prácticamente le dolía todo el cuerpo, empujó a la chica hasta separarla de ella.</p>
<p style="text-align:left;">-          Me golpeas, me raptas y ahora… ¿Me gritas?¡¿Pero qué…?- dijo apuntándola con un dedo.</p>
<p style="text-align:left;">-          ¡Eh!- la cortó la chica- No me apuntes con ese dedo o tendré que cortártelo.</p>
<p style="text-align:left;">Isabel por fin reconoció un ligero acento francés en la voz de la chica y de nuevo se asustó. La chica aprovechó el desconcierto de Isabel para empujarla de nuevo contra la pared. Se sacó el móvil del bolsillo y las alumbró a ambas con la luz de la pantalla, haciendo la situación más siniestra de lo que ya le estaba resultando.</p>
<p style="text-align:left;">Pudo ver como los ojos rasgados de la chica se movían vivaces sobre su abrigo, desabrochando los tres primeros botones…</p>
<p style="text-align:left;">Isabel no se lo podía creer ¿Una completa desconocida le estaba metiendo mano?</p>
<p style="text-align:left;">Cuando la chica abrió su abrigo, Isabel hizo el ademán de empujarla de nuevo pero la chica fue más rápida y volvió a golpearla contra la pared.</p>
<p style="text-align:left;">-          ¿Quieres estarte quieta? No voy a hacerte nada, solo quiero comprobar si…<em>Merde!</em></p>
<p style="text-align:left;"><em> </em></p>
<p style="text-align:left;">Isabel, más que asustada, se sintió ofendida… ¿Tan feo era su escote? No es que tuviese unos pechos para anuncio de ropa interior pero tampoco era para compararlos con…</p>
<p style="text-align:left;">-          Tenias que ser tú…- sus pensamientos fueron cortados por la chica, que sonó bastante abatida e Isabel miró hacia abajo, para descubrir colgando sobre su escote, algo de lo que ya se había olvidado.</p>
<p style="text-align:left;">El colgante de la caja.</p>
<p style="text-align:left;">Isabel miró extrañada, de forma alternativa al colgante y a lo poco que vislumbraba de los ojos de la chica… ¿Qué sabía ella sobre eso? Pero antes de poder preguntar nada, la chica volvió a adelantarse:</p>
<p style="text-align:left;">-          Si me prometes que vas a estar calladita, te explicaré todo lo que quieras saber- A pesar de lo cerca que estaban, la chica seguía hablando en susurros, como si no estuviesen suficientemente escondidas.</p>
<p style="text-align:left;">-          ¿Y por qué iba a creerte?- la chica miró sorprendida a Isabel. Pensaba que permanecería muda como hasta ahora. Sonrió de medio lado y apoyó una de las manos en la pared que estaba tras la espalda de Isabel. Se llevó la mano que le quedaba libre al cuello y tiró de una cadena de plata, que podía vislumbrarse bajo el cuello de la camisa. Colgando del extremo de la cadena, pendía un colgante en forma de media circunferencia, de color rojizo y con tres huecos de forma triangular.</p>
<p style="text-align:left;">-          Porque yo también estoy metida en esto.</p>
<p style="text-align:left;">Isabel se sorprendió al reconocer, en el colgante de la otra chica, la mitad del suyo.</p>
<p style="text-align:left;">-          Será mejor que nos vayamos de aquí lo antes posible- la chica asiática, se giró hacia la puerta y la abrió parcialmente. El rayo de luz que entró iluminó el pequeño rellano en un instante. Isabel hizo el ademán de seguir a la chica, pero de pronto se detuvo al recordar algo.</p>
<p style="text-align:left;">-          ¡Espera!- la chica se giró enfadada.</p>
<p style="text-align:left;">-          ¡¿Qué?!</p>
<p style="text-align:left;">-          ¿Cómo se que puedo fiarme de ti?- la morena dio un resoplido, cansada.</p>
<p style="text-align:left;">-          Escucha, no…</p>
<p style="text-align:left;">-          ¡Escúchame tu a mi!- la cortó Isabel- Te recuerdo que mientras me tenías aplastada contra la pared, has hablado con alguien y le has dicho que “ya me tenías”… ¿Qué quieres que opine de eso? A lo mejor, quieres secuestrarme para pedir un rescate o vete a saber qué… ¡Pues mi familia no tiene ni un duro, así que te buscas a otra, porque no pienso dejar que  mi cadáver acabe formando parte de un rollito de primavera!</p>
<p style="text-align:left;">La chica la miraba con una ceja levantada.</p>
<p style="text-align:left;">-          ¿Has terminado ya? – preguntó con seriedad.</p>
<p style="text-align:left;">Isabel se sintió un poco estúpida. Cuando estaba nerviosa, solía hablar más de la cuenta y al final siempre acababa diciendo tonterías.</p>
<p style="text-align:left;">-          Primero- dijo la chica- No tengo intención de secuestrarte…Créeme  que si no estuviese obligada no me acercaría ni a un kilómetro de ti- dijo rodando los ojos- Segundo, no se a cuento de que venía la gracia del rollito de primavera. Por si no lo has notado todavía, no soy china y  tercero…Si estamos aquí es por tu culpa.</p>
<p style="text-align:left;">-          ¡¿Perdona?!Creo recordar que fuiste tú la que me arrastro hasta aquí y la que me estaba siguiendo.</p>
<p style="text-align:left;">-          ¡Y no soy la única!- la cortó repentinamente.</p>
<p style="text-align:left;">¿Pero cuanta gente había detrás de ella?</p>
<p style="text-align:left;">-          Para tu información te diré que después del numerito que montaste en el teatro, todo el mundo sabe que tú eres el siguiente enlace</p>
<p style="text-align:left;">Isabel la miró sin entender una sola palabra.</p>
<p style="text-align:left;">-          Dijiste la pregunta clave- le aclaró la chica como si fuera lo más evidente- Y lo hiciste en voz alta, delante de todo el mundo…<em>Mon Dieu!</em> ¿Es que no te sabes las reglas del juego?</p>
<p style="text-align:left;">-          ¿Qué juego?- preguntó Isabel con un hilo de voz.</p>
<p style="text-align:left;">Por primera vez, la chica la miró preocupada.</p>
<p style="text-align:left;">-          ¿No sabes nada del juego?- Isabel negó con la cabeza. La chica se llevó una mano a la boca y se separó de ella negando con la cabeza.</p>
<p style="text-align:left;">-          Ah,no,no…¿Por qué a mi?- pateó la pared con fuerza y comenzó a decir una retahíla de cosas en francés, que Isabel hubiese jurado que eran tacos.</p>
<p style="text-align:left;">Al final, se calmó y con una mirada muy seria se dirigió a Isabel:</p>
<p style="text-align:left;">-          Vas a venir conmigo, te guste o no, porque para que te enteres, te diré que hay más gente buscándote y para mi desgracia he de decirte, que el primero que te encuentra, se queda contigo…Y esa soy yo.</p>
<p style="text-align:left;">-          ¿Pero que te has creído? ¿Qué soy una especie de trofeo o algo así?</p>
<p style="text-align:left;">-          Menos lobos caperucita&#8230;- A Isabel le sorprendió que usase ese refrán- No se por qué motivo estás metida en esto, pero ha debido de cometerse un error…Tenía entendido que el enlace aquí en España era un chico.</p>
<p style="text-align:left;">Una extraña asociación de ideas, empezó a formarse en la cabeza de Isabel.</p>
<p style="text-align:left;">Quizás algo si había salido mal y el enlace de España tenía que haber sido Rafa. Muy a su pesar, Isabel entendió que aquella chica de ojos rasgados era su única forma de entender lo que estaba pasando y quizás, su única posibilidad de encontrar a Rafa.</p>
<p style="text-align:left;">-          Bueno ¿Qué me dices?- la chica le tendió la mano.</p>
<p style="text-align:left;">-          Que debo de estar loca – dijo cerrando un trato imaginario con un apretón de manos nada sutil.</p>
<p style="text-align:left;">Salieron del portal con la máxima precaución posible, Isabel dejándose guiar por la morena, sin cuestionarse si quiera a donde pensaba llevarla. Ya ni siquiera recordaba que tarde o temprano tendría que volver a casa. De hecho, ni siquiera sabía que hora era.</p>
<p style="text-align:left;">Dieron un buen rodeo y al final, aparecieron en una de las calles laterales a la principal, donde la chica sacó unas llaves de su bolsillo con un mando. El sonido de un coche al abrirse automáticamente llamó la atención de Isabel, que paseó su vista a lo largo de una fila de coches y no se sorprendió al descubrir que se trataba del famoso Mercedes deportivo.</p>
<p style="text-align:left;">La chica se montó en el asiento del conductor y arrancó el motor, que sonó como un ronroneo suave. Isabel permaneció de pie junto al coche, con la mano parcialmente extendida, pero sin llegar a agarrar la manija del coche.</p>
<p style="text-align:left;">¿Pero qué estaba haciendo? Se iba a montar en un coche con una completa desconocida, sin saber a dónde se dirigían. Sin embargo, algo en su mente que sonaba de una forma parecida a la conciencia, le decía que se lo debía a Rafa.</p>
<p style="text-align:left;">-          ¡Eh!- la voz de la otra chica la alertó- ¿No estarás esperando a que te abra la puerta no?</p>
<p style="text-align:left;">Isabel abrió la puerta a regañadientes y se desplomó en el asiento del acompañante. Miró a través de la ventana, como algunas gotas de lluvia empezaban a escapar de las nubes.</p>
<p style="text-align:left;">-          Ponte el cinturón- fue lo único que la asiática le dijo antes de apretar el acelerador a fondo y salir de la calle donde se encontraban quemando los neumáticos.</p>
<p style="text-align:left;">-          ¡Joder!- Isabel se hundió en el asiento al primer acelerón y agarró el cinturón como pudo- ¡No me extraña que estuvieses a punto de comerte el autobús antes!&#8230; ¡Estás loca!</p>
<p style="text-align:left;">La chica, como única respuesta, giró a la misma velocidad en la avenida y se coló entre el tráfico haciendo zig-zags.</p>
<p style="text-align:left;">-          ¡Vas a conseguir que nos matemos!&#8230;O peor aún ¡Que nos pare la poli!-  le gritó Isabel agarrándose del manillar de la puerta.</p>
<p style="text-align:left;">-          Deberías poner en orden tus prioridades ¿No te parece?</p>
<p style="text-align:left;">Con un par más de giros bruscos, aparecieron en una amplia avenida que Isabel reconoció como la de Ramón y Cajal.</p>
<p style="text-align:left;">-          ¿A dónde vamos?- preguntó Isabel</p>
<p style="text-align:left;">-          A mi hotel, está por aquí cerca.</p>
<p style="text-align:left;">Eso era más información de la que necesitaba escuchar. Intentó no pensar en cosas raras y centrarse en cosas lógicas y de pronto, una pregunta que le había estado pinchando hacía rato, salió a relucir.</p>
<p style="text-align:left;">-          ¿A quien llamaste antes?</p>
<p style="text-align:left;">La chica siguió concentrada en la carretera, pero desvió la mirada unos segundos hacia Isabel antes de responder.</p>
<p style="text-align:left;">-          ¿Aún no te fías de mí?</p>
<p style="text-align:left;">-          No me has dado motivos.</p>
<p style="text-align:left;">Las dos sabían que aquello era cierto, así que cuando pararon (sorprendentemente)  en un semáforo, la chica se giró hacia ella y clavó sus profundos ojos marrones en Isabel.</p>
<p style="text-align:left;">-          No lo se</p>
<p style="text-align:left;">Isabel rodó los ojos.</p>
<p style="text-align:left;">-          No en serio- se defendió la morena- No tengo ni idea de quién está al otro lado de la línea. Nunca contesta nadie sólo descuelgan. Ese número es para avisar de se ha contactado con el enlace.</p>
<p style="text-align:left;">El semáforo se puso en verde, con lo cual la morena volvió a arrancar el coche. Isabel aprovecho esos escasos segundos para analizar lo que acababa de decirle.</p>
<p style="text-align:left;">-          Sólo había cuatro contactos en España para todos los jugadores, con lo cual había que darse mucha prisa en localizarlos. Este juego se juega en pareja y así se va eliminando gente.</p>
<p style="text-align:left;">Poco a poco, se iban acercando a un conjunto de hoteles, que por el aspecto, debían de ser de 5 estrellas y una de regalo. Aunque claro, viendo el coche que conducía, a Isabel no le extrañó que se alojase en un pedazo de hotel.</p>
<p style="text-align:left;">-          Tres de los contactos ya habían sido localizados por otros tres jugadores. Así que al resto de jugadores nos entraron las prisas- continuó la morena- Sólo tenía una pista: era un chico. Y por lo que veo… &#8211; dijo dándole un buen repaso con la mirada a Isabel, que se sonrojó hasta la punta del pelo- Se han equivocado.</p>
<p style="text-align:left;">-          ¿No podía haber sido Javier?</p>
<p style="text-align:left;">-          Sospeche de él una temporada, pero él no llevaba colgante, por lo que no podía ser un jugador. Al final a resultado ser algo así como…Como un intermediario. Ya hemos llegado.</p>
<p style="text-align:left;">Isabel vio como el coche se detenía frente al garaje de uno de los hoteles. La morena bajó la ventanilla del coche y con una tarjeta identificativa de hotel, se asomó y la pasó por el lector de una máquina.</p>
<p style="text-align:left;">Tras un sutil “bip”, la puerta del garaje se abrió y el coche volvió a arrancar con la misma velocidad que la primera vez.</p>
<p style="text-align:left;">Tras bajar una planta del aparcamiento, la morena aparcó el coche en uno de los estacionamientos, que sorprendentemente para Isabel, también era un número capicúa.</p>
<p style="text-align:left;">Sin mediar una sola palabra, la morena se bajó del coche e Isabel tuvo que darse prisa en hacer lo mismo antes de que cerrase el coche.</p>
<p style="text-align:left;">-          Sígueme.</p>
<p style="text-align:left;">Permanecieron en silencio, hasta que una vez montadas en el ascensor, la morena dijo:</p>
<p style="text-align:left;">-          Cuarteto nº 14 de Schubert</p>
<p style="text-align:left;">Al principio, Isabel no sabía a que venía ese comentario, pero después se dio cuenta de que la morena seguía con el pie el ritmo del hilo musical y recordó que la había visto en el teatro llevando consigo, el estuche de un violín.</p>
<p style="text-align:left;">Recordó el comentario de Carmen sobre la orquesta y se convenció de que la morena debía ser una de esos músicos superimportantes de una orquesta cuyo nombre, sorprendentemente, no recordaba.</p>
<p style="text-align:left;">El ascensor anunció la llegada a la 3ª planta y las puertas se abrieron con un nuevo acompañamiento musical.</p>
<p style="text-align:left;">Isabel siguió a la chica a través del largo y enmoquetado pasillo. A Isabel, los hoteles nunca le habían gustado. Le parecían absolutamente impersonales y fríos. No podía llegar a imaginar lo que tenía que suponer, vivir en uno de ellos.</p>
<p style="text-align:left;">Finalmente, se detuvieron frente a la puerta número 303. La morena volvió a sacar la tarjeta del hotel y la pasó por el lector. Al instante, el seguro de la puerta saltó y de un ligero toque con sus largos dedos, terminó de abrirla.</p>
<p style="text-align:left;">Isabel siguió a la otra chica casi como una autómata y cerró la puerta tras de sí. La morena entró en la habitación, a medida que se quitaba la cremallera de las botas de piel y las dejaba a su paso.</p>
<p style="text-align:left;">-          Voy a cambiarme- le dijo a Isabel sin ni siquiera mirarla- Puedes coger lo que quieras del minibar, pero no toques nada más de la habitación.</p>
<p style="text-align:left;">Eso último lo dijo dirigiéndole una mirada de advertencia y acto seguido se metió en el baño.</p>
<p style="text-align:left;">Una vez que Isabel se quedó a solas, toda la información que había ido recabando esa tarde, apareció de golpe en su cabeza.</p>
<p style="text-align:left;">Aún no tenía todas las piezas suficientes para encajar el puzzle, pero tenía la esperanza de que cuando la chica saliera del baño, aclararía todas sus dudas. De hecho, iba a exigirle que se las aclarara.</p>
<p style="text-align:left;">Hasta el momento y por lo poco que le había oído, aquello era una especie de juego.</p>
<p style="text-align:left;">Una sonrisa amarga se dibujó en su cara.</p>
<p style="text-align:left;">No le sorprendía lo más mínimo que Rafa pudiese estar metido en toda esta historia. Era muy típico de él.</p>
<p style="text-align:left;">Sin embargo, aún no sabía como había podido desaparecer y sin saberlo ya se había formado una extraña teoría sobre lo que podía haber ocurrido.</p>
<p style="text-align:left;">Isabel creía que lo más probable era que Rafa, fuese el enlace del que la chica le había hablado. Algo tuvo que ocurrirle para que no continuara con todo este circo, porque seguramente Rafa habría disfrutado con todo el numerito del juego con fichas humanas.</p>
<p style="text-align:left;">¿Sabría Rafa que algo iba a ocurrirle y por eso dejó todas esas pistas? Pero… ¿Para qué? ¿Con qué finalidad quería Rafa que ella entrase en el juego?</p>
<p style="text-align:left;">El sonido del agua al caer dentro de la ducha, la sacó de sus pensamientos.</p>
<p style="text-align:left;">No se lo podía creer… ¡La chica se estaba duchando! Y mientras tanto, ella tenía que quedarse cubierta de polvo y dolorida, sin poder sentarse en ningún sitio para no manchar nada, que como mínimo debía costar unos 500 euros el tinte….¿Pero qué estaba diciendo?  ¡Si esa chica podía permitirse una habitación como esa que le iba a importar el tinte!</p>
<p style="text-align:left;">Se dejo caer en la cama como un peso muerto y la suavidad  y comodidad del colchón y los almohadones, la envolvieron. ¿Cuántos ceros tenía que tener tu cuenta del banco para tener unas almohadas tan orgásmicas como aquellas? Se retorció un poco entre las sábanas, dejándose embriagar por el aroma a perfume que desprendían.</p>
<p style="text-align:left;"> Definitivamente, debían ser muchos ceros.</p>
<p style="text-align:left;">Se elevó un poco sobre sus propios codos y paseó la mirada por la habitación.</p>
<p style="text-align:left;">A excepción de las botas que la chica acababa de quitarse, no había nada más fuera de su sitio. Todo estaba en tan perfecto orden, que si no fuese por las maletas que se veían a un lado de la cama, habría jurado que nadie dormía en esa habitación.</p>
<p style="text-align:left;">Descubrió un caballete con partituras en un rincón de la habitación y junto a él la funda de un violín.</p>
<p style="text-align:left;">A Isabel, aquello le llamó la atención y decidió acercarse a investigar. La partitura tenía escrita multitud de notas y apuntes a lápiz, con palabras en italiano que no entendía del todo.</p>
<p style="text-align:left;">-          ¿”Andante con moto”?- leyó en una de las esquinas. Quiso suponer que aquello no significaba literalmente lo que ponía.</p>
<p style="text-align:left;">Pero lo que llamó verdaderamente su atención, fue el estuche del violín. Acarició la piel curtida del estuche de color azul oscuro y su mano se topó, de forma accidental por su puesto, con la horquilla de apertura del estuche. ¿Debería abrirlo?</p>
<p style="text-align:left;">Como deber, no debía. Sobre todo si no quería que la furia oriental se abalanzase sobre ella… Pero la curiosidad le pudo.</p>
<p style="text-align:left;">Se aseguró primero de que el ruido de la ducha aún permanecía, antes de abrir el seguro de la horquilla, mientras contenía la respiración.</p>
<p style="text-align:left;">Un olor muy característico se desprendió al abrir el estuche, mezcla de madera tratada con algún tipo de barniz y el mismo aroma que cubría las sábanas de la cama.</p>
<p style="text-align:left;">Se sorprendió de la imagen que revelaba el interior del estuche: un violín de madera oscurecida que resaltaba sobre la tela de raso que forraba el interior del estuche.</p>
<p style="text-align:left;">A pesar de saber lo que había dentro se sorprendió…No es que hubiese esperado encontrarse una metralleta, como en la pelis de gansters, pero nunca había estado delante de un violín de verdad.</p>
<p style="text-align:left;">La tentación de tocarlo era demasiado grande y pasó las yemas de sus dedos por la fría superficie de madera del violín, con tanta suavidad como lo haría una madre con sus hijos.</p>
<p style="text-align:left;">Se fijó que cogidas con unos alfileres, había dentro del estuche, un par de fotos cogidas al forro. En una de ellas aparecía la misteriosa chica, con otra chica de pelo rubio e impresionantes ojos azules. Al fondo podía verse un edificio que Isabel creyó reconocer como el Sagrado Corazón, en París. La otra foto, era de una niña pequeña, también con rasgos orientales que sonreía montada en un columpio.</p>
<p style="text-align:left;">-          Creí haberte dicho que no tocaras nada.</p>
<p style="text-align:left;">Isabel prácticamente saltó del susto al oír una voz a sus espaldas. Al girarse, descubrió a la chica en albornoz, con el pelo chorreando y mirándola fríamente.</p>
<p style="text-align:left;">-          Perdona, sólo esta mirándolo de cerca.</p>
<p style="text-align:left;">Pero la chica la hizo a un lado y se acercó a cerrar de nuevo el estuche. Al hacerlo, Isabel juraría que le susurró algo al estuche.</p>
<p style="text-align:left;">Se giró de nuevo y taladró con la mirada a Isabel.</p>
<p style="text-align:left;">-          Ahora, hablemos de cosas importantes- dijo cruzando los brazos por encima del nudo del albornoz. El colgante rojizo, podía vislumbrarse a través del pliegue del cuello y su pelo mojado, se pegaba a los lados de su cara, haciendo que algunas gotitas cayeran sobre su boca.</p>
<p style="text-align:left;">-          Necesito que me expliques de que va todo esto- dijo Isabel intentando sonar  lo más convincente posible.</p>
<p style="text-align:left;">-          De acuerdo, pero primero necesito saber hasta donde sabes.</p>
<p style="text-align:left;">La chica se paseaba por la habitación, desprendiendo un aroma a champú de hierbas muy refrescante.</p>
<p style="text-align:left;">-          Realmente no se nada, en verdad yo…- Isabel cayó al darse cuenta de algo.</p>
<p style="text-align:left;">-          ¿Qué pasa?</p>
<p style="text-align:left;">-          Aún no me has dicho tu nombre &#8211; la chica la miró sorprendida.</p>
<p style="text-align:left;">-          Cierto y ha sido de muy mala educación por mi parte.</p>
<p style="text-align:left;">Isabel rió sarcástica al imaginar que aplastar a alguien contra la pared y meterle mano segundos después de conocerla, fuese considerado de buena educación en algún lugar del mundo.</p>
<p style="text-align:left;">-          Sarah…Sarah Matsuya – la chica miró altiva a Isabel esperando alguna reacción, pero solo consiguió un gesto de cabeza, incitándola a continuar- Soy la mejor violinista de la orquesta sinfónica de Francia- añadió con orgullo.</p>
<p style="text-align:left;">-          ¿Con ese apellido?- comentó divertida Isabel.</p>
<p style="text-align:left;">-          Como ya habrás podido comprobar- dijo con una auténtica cara de poker- mis antepasados eran japoneses- recalcó mucho la nacionalidad- Pero nací y me crié en Francia, como también habrás podido comprobar.</p>
<p style="text-align:left;">Y era cierto que a pesar de su fluidez con el español, aún existía un ligero acento francés en algunas de sus frases. Claro, eso y los tacos que había soltado hace unas horas en su lengua natal.</p>
<p style="text-align:left;">-          No me puedo creer que no hayas oído hablar de mí.</p>
<p style="text-align:left;">-          Lo siento Sarah, pero en mi barrio, si no eres un futbolista o un cantante famoso, no esperes que alguien de menos de 60 años te reconozca.</p>
<p style="text-align:left;">-          No creo haberte dado permiso para llamarme por mi nombre.</p>
<p style="text-align:left;">-          Oh! Perdone señorita Matsumoto- comentó irónicamente Isabel</p>
<p style="text-align:left;">-          Matsuya- le corrigió Sarah- Es un apellido muy influyente, no lo olvides. Abre muchas puertas en el mundo del arte. No permito que te cachondees de mis antepasados.</p>
<p style="text-align:left;">-          Lo que sea- le cortó Isabel- Me parece ridículo llamarte por tu apellido, cuando prácticamente tenemos la misma edad.</p>
<p style="text-align:left;">-          ¿Qué edad crees que tengo?- Preguntó Sarah contrariada.</p>
<p style="text-align:left;">-          Aunque te las das de Mata Hari, no te echo más de 19 años.</p>
<p style="text-align:left;">El hecho de que Sarah bajase la mirada hacia el nudo de su albornoz le sirvió como respuesta.</p>
<p style="text-align:left;">-          Aunque parece no interesarte, me llamo Isabel.</p>
<p style="text-align:left;">-          ¿Algún apellido que deba recordar?- preguntó sarcástica</p>
<p style="text-align:left;">-          Martinez…Aunque la única puerta que te va a abrir, es la de mi casa cuando llames al porterillo.</p>
<p style="text-align:left;">Sarah, sonrió levemente frente al comentario.</p>
<p style="text-align:left;">-          Nunca desprecies el apellido de tu familia….La familia es algo que se lleva con orgullo.</p>
<p style="text-align:left;">-          Si, claro…Para ti es fácil.</p>
<p style="text-align:left;">Un pequeño silencio incomodó se instaló en la habitación, hasta que Isabel decidió volver al tema inicial:</p>
<p style="text-align:left;">-          Como intentaba explicarte antes, no tengo ni idea de que va toda esta locura y realmente no tengo muy claro que hago aquí.</p>
<p style="text-align:left;">-          ¿Por qué no empiezas desde el principio?</p>
<p style="text-align:left;">Isabel comenzó a relatarle la historia a Sarah, desde la desaparición de Rafa, omitiendo el hecho de la existencia del disco y los motivos que le llevaron a descubrir el mensaje oculto. Básicamente le explicó que se había visto inmersa en todo aquello sin saber de que se trataba.</p>
<p style="text-align:left;">A medida que iba avanzando en su historia, Sarah se pasaba las manos por la cara en señal de preocupación. Empezaba a maldecir su suerte, que la había llevado a elegir a una completa novata como compañera de juego.</p>
<p style="text-align:left;">-          Creo que han secuestrado a Rafa, o al menos que se está escondiendo de algo- sentenció Isabel- Aunque no entiendo muy bien por qué quería que yo entrase en el juego.</p>
<p style="text-align:left;">-          Hay una cláusula que dice que si uno de los jugadores, una vez comenzado el juego, no es eliminado por motivos del propio juego no podrá salir del mismo.- Isabel la miró preocupada- En caso de que no pudiese participar por otros motivos o que fuese sancionado en el juego, podrá buscar un sustituto ¡Pero tranquila, no es peligroso!</p>
<p style="text-align:left;">-          ¿Cómo lo sabes?</p>
<p style="text-align:left;">-          Sólo es un juego.</p>
<p style="text-align:left;">-          ¿Que involucra personas y algunas desaparecen? En serio, ¿Qué os lleva a hacer estas chorradas?</p>
<p style="text-align:left;">-          El premio</p>
<p style="text-align:left;">-          ¿Y qué es?</p>
<p style="text-align:left;">-          Algo muy valioso, ya que se te concede una petición personal.</p>
<p style="text-align:left;">-          ¿Y no tienes dinero suficiente para darte esos caprichitos?</p>
<p style="text-align:left;">-          Hay cosas que ni todo mi dinero pueden lograr.</p>
<p style="text-align:left;">De nuevo ese silencio incómodo se estableció entre las dos.</p>
<p style="text-align:left;">-          Cuéntame más cosas sobre el juego- la petición fue prácticamente susurrada por Isabel.</p>
<p style="text-align:left;">Sarah se acercó al frigorífico del mini-bar y sacó una lata de refresco. Le hizo señas a Isabel por si quería una, a lo que ésta negó con la cabeza.</p>
<p style="text-align:left;">-          Un día me llegó una carta con una propuesta. Decía que había sido elegida entre miles de candidatos para formar parte de un juego a escala real.</p>
<p style="text-align:left;">-          ¿Y no te pareció sospechosos?</p>
<p style="text-align:left;">-          No, me pareció divertido- dijo dándole un sorbo a su refresco</p>
<p style="text-align:left;">-          Pues no lo entiendo. Esto no es como si te hubiese escogido en el casting para hacer una película…¿Qué garantías tienes de que esto no es peligroso?</p>
<p style="text-align:left;">-          De momento no lo está siendo. Un poco agotador quizás, pero peligroso no…¡Que pena de camisa!- dijo tomando la camisa que llevaba puesta esa tarde, que aún estaba llena de mezclilla y polvo de la obra.</p>
<p style="text-align:left;">-          O sea, que no sabes si realmente te puede pasar algo.</p>
<p style="text-align:left;">-          200 euros en seda a la basura…</p>
<p style="text-align:left;">-          ¿Me estas escuchando?</p>
<p style="text-align:left;">-          ¿Perdona, qué decías?</p>
<p style="text-align:left;">Isabel rodó los ojos frustrada. Desde luego que no parecía que aquella chica le importase lo más mínimo jugarse la vida con todo aquello. Para Sarah, no era más que un pasatiempo.</p>
<p style="text-align:left;">-          O sea, que básicamente, apelan a vuestro orgullo de ganadores y a vuestro aburrimiento de nadar entre millones y les seguís como borregos.</p>
<p style="text-align:left;">-          Que mal lo presentas- Sarah hizo una mueca de desagrado con la nariz- No es así, es más divertido. Te dan la oportunidad de convertirte en una ficha humana en un tablero gigante, con infinitas posibilidades. Está el riesgo, la emoción, el tentar al azar. No hay nada puesto en juego, así que no pierdes nada.</p>
<p style="text-align:left;">-          ¿Te parece poco poner en juego tu vida?&#8230;Estas loca.</p>
<p style="text-align:left;">-          No va a pasar nada. Esto no es como los locos esos que juegan a rol, se lo acaban creyendo y se cargan a alguien con una katana. Esto es sólo un juego.</p>
<p style="text-align:left;">-          Supongo que al loco de la katana, también le dirían lo mismo.</p>
<p style="text-align:left;">Sarah, arrojó la camisa sobre un sofá de la habitación y se sentó en el saliente de la ventana que estaba cerca de la cama. Isabel aún permanecía de pie, en el centro de la habitación.</p>
<p style="text-align:left;">-          Puedes sentarte ¿sabes?- le sugirió Sarah- Tranquila que no van a cobrarte por eso.</p>
<p style="text-align:left;">A pesar de que el comentario le molestó, estaba demasiado cansada como para discutir con aquella chica por tonterías y se sentó en un pequeño sofá.</p>
<p style="text-align:left;">-          De todas formas, no solo hay millonarios aburridos y violinistas chiflados en este juego- continuó Sarah- Según tengo entendido, hay un catálogo muy extenso de personas de diferente estatus y profesiones.</p>
<p style="text-align:left;">Isabel la miró sin entender a donde quería llegar.</p>
<p style="text-align:left;">-          No se pide ningún requerimiento monetario para entrar en el juego, sólo necesitas ser elegido y aceptar.</p>
<p style="text-align:left;">-          ¿Y si no quieres?</p>
<p style="text-align:left;">-          Pueden ser muy persuasivos en el sentido agradable de la palabra- comentó con una sonrisa- Ya te dije que el premio podía llegar a ser muy jugoso.</p>
<p style="text-align:left;">-          ¿Y qué es?</p>
<p style="text-align:left;">-          Eso, es personal- su voz sonó algo recelosa- Depende de la persona.</p>
<p style="text-align:left;">-          ¿Y quien iba a organizar todo este circo para nada? En fin, no hay publicidad de nada, ni saca beneficio de ninguna parte.</p>
<p style="text-align:left;">-          Ahí si que tengo que darte la razón en que se debe tratar de alguien muy aburrido- dijo prolongando el “muy” mientras se frotaba sus pies descalzos.</p>
<p style="text-align:left;">Definitivamente, Isabel se dio cuenta de que se había metido en un auténtico manicomio.</p>
<p style="text-align:left;">-          Háblame de las reglas del juego- le pidió a Sarah</p>
<p style="text-align:left;">-          Vaya, vaya ¿Empieza a interesarte?- comentó divertida.</p>
<p style="text-align:left;">-          No, pero quiero saber dónde me meto. Si esta es la única posibilidad que tengo de encontrar a Rafa, voy a hacerlo bien.</p>
<p style="text-align:left;">Sarah le dedicó una mirada, que Isabel interpretó cómo un “no me pongas excusas”.</p>
<p style="text-align:left;">-          Todos los jugadores, se identificaran entre sí por el colgante de media circunferencia que llevan. Aunque lo más recomendable, es no destapar tu identidad de jugador delante de los demás. Así no tendrás problemas con nadie. Al que va enseñándole el colgante a todo el mundo y pidiendo ayuda para resolver los enigmas es expulsado de inmediato.</p>
<p style="text-align:left;">Isabel asentía con la cabeza mientras Sarah le relataba todo aquello.</p>
<p style="text-align:left;">-          El juego se comienza de forma individual. A cada jugador le pasan una primera prueba que si es superada, consigue el colgante y la clave para la siguiente prueba. A medida que vayas resolviendo pruebas irás avanzando hacia la “casilla final”.</p>
<p style="text-align:left;">Isabel se imaginaba un enorme tablero del “juego de la oca”, con un montón de personas corriendo por él.</p>
<p style="text-align:left;">-          Pero claro, este juego se juega en pareja. Llega un momento que tus piezas no encajan por si solas y las pistas te llevan a otro jugador con las que puedes encajarlas. El problema, es que hay mucha competencia porque no hay un número par de jugadores y no hay una pareja para cada uno.</p>
<p style="text-align:left;">Sarah, a medida que hablaba iba llenando de vaho la ventana, sobre la que estaba apoyada.</p>
<p style="text-align:left;">-          Por lo que la competencia se vuelve feroz…</p>
<p style="text-align:left;">Un escalofrío recorrió a Isabel sólo de imaginar la persecución de esa mañana.</p>
<p style="text-align:left;">-          Acepté venir a tocar en España, principalmente, porque el enlace que quedaba estaba aquí, en Sevilla.- con el dedo empezó a dibujar un pentagrama y notas musicales con ayuda de su propio vaho en la ventana- Sólo teníamos como pistas, la famosa pregunta y que se trataba de un chico. Yo sabía que no era la única que sospechaba de Javier, el coreógrafo, pero descubrí que a pesar de que parecía saber algo, no era un jugador. Nos estábamos volviendo locos, porque nadie era capaz de localizarlo, y no teníamos más pistas. Hasta que apareciste en el teatro y abriste la bocaza delante de todo el mundo.</p>
<p style="text-align:left;">Isabel le dedicó una mirada asesina.</p>
<p style="text-align:left;">-          No me mires así. Provocaste que todos los jugadores que estaban presentes nos pusiéramos en tensión…Menos mal que fue después de la actuación, si me llego a equivocar por tu culpa…- Sarah dejo morir la frase en sus labios.</p>
<p style="text-align:left;">-          Oh, claro…la gran Sarah “mi apellido es la hostia” no puede admitir errores. Pues perdone por la sobredosis de adrenalina, pero no tenía ni idea de que había más gente interesada en esa frase. Yo pensaba que había echo un ridículo espantoso y lo que hice fue saltar la alarma- recapacitó, hablándole al aire más que a Sarah.</p>
<p style="text-align:left;">-          A partir de ahí, tenía que ir con cuidado. Podía ser que sólo fueses una pieza más en todo el juego y no un jugador….Se supone que estaba buscando a un chico. Pero cuando te vi hablando con Javier y escuché parte del mensaje, entendí que algo tenías que ver en todo esto y te seguí….Bueno, yo y unos cuantos más.</p>
<p style="text-align:left;">-          ¿Aún me siguen?</p>
<p style="text-align:left;">-          Se supone que no.</p>
<p style="text-align:left;">-          ¡¿Se supone?!- preguntó escandalizada.</p>
<p style="text-align:left;">-          Cuando comprobé que eras tú, llamé al master. El último enlace ya había sido encontrado por mí y por lo tanto, la competencia por conseguirte se había terminado. Los que no lo consiguieran, están descalificados….Sin embargo, puede que haya gente que no se rinda tan fácilmente e intente buscarte y “convencerte” de que participes con ellos.</p>
<p style="text-align:left;">A Isabel no le gustó nada el tono que uso en la palabra “convencerte”</p>
<p style="text-align:left;">-          ¿Quién es el master?</p>
<p style="text-align:left;">-          Supongo que la voz al otro lado, el que controla el juego…No se, normalmente son ellos los que se ponen en contacto contigo. El número al que llame ha dejado de estar operativo desde que te encontré, por lo que ya no me sirve para intentar pedir explicaciones.</p>
<p style="text-align:left;">-          ¿Explicaciones de qué?</p>
<p style="text-align:left;">-          De por qué me han mandado un comodín en vez del jugador que estaba esperando.</p>
<p style="text-align:left;">-          ¡Yo no soy ningún comodín!- Isabel se levantó del asiento ofendida y se acercó un poco a la ventana donde estaba Sarah- Si no fuera por este “comodín” estarías haciendo las maletas.</p>
<p style="text-align:left;">-          Se supone- dijo Sarah encarándola- que los jugadores deben reunir alguna cualidad especial, de manera que cada parte de la pareja aporte algo distinto, para resolver las distintas pruebas- de nuevo sus ojos almendrados la miraron de arriba abajo con malicia- Y me gustaría saber que puedes aportar tú a este equipo, para que te hayan elegido.</p>
<p style="text-align:left;">-          Que no lleve camisas de 200 euros no implica que no sea buena en lo que hago… ¿Qué se supone qué sabes hacer tú aparte de tocar el violín y tratar a la gente con la punta del pié?- le preguntó sarcástica.</p>
<p style="text-align:left;">Sarah se cruzó de brazos y con una mirada altiva que empezaba a ser más que habitual en ella, le respondió:</p>
<p style="text-align:left;">-          Pues resulta que no sólo soy una eminencia en la música, sino también en resolver problemas matemáticos, criptogramas y palíndromos- dijo clavando sus almendrados ojos marrones en los verdes de Isabel- Si no sabes que significa esto último puedo traerte un diccionario.</p>
<p style="text-align:left;">-          Sé verlas al revés- fue lo que respondió Isabel provocando que Sarah la mirase sorprendida- O lo que es lo mismo, un palíndromo. Una frase que se puede leer en las dos direcciones. Que viva en un piso del tamaño de tu cuarto de baño no indica que no lea.</p>
<p style="text-align:left;">-          Vaya, vaya… -susurró Sarah- ¿Algo más? ¿O ahí se acaba el repertorio?</p>
<p style="text-align:left;">-          No, también soy muy buena con los juegos de palabras, las claves y… Para que negarlo, tengo una memoria casi fotográfica.</p>
<p style="text-align:left;">-          Demuéstralo- la retó Sarah, avanzando un paso y colándose en su espacio personal.</p>
<p style="text-align:left;">-          Ponme a prueba- aguantarle la mirada a Sarah le estaba resultando todo un reto.</p>
<p style="text-align:left;">Sin ni siquiera levantar la mirada de la de Isabel Sarah le preguntó</p>
<p style="text-align:left;">-          ¿La matricula de mi coche?</p>
<p style="text-align:left;">-          FR- 2992- SR- Le respondió Isabel sin apartarse de los ojos almendrados.</p>
<p style="text-align:left;">-          ¿Qué relación tiene con el número de mi habitación?</p>
<p style="text-align:left;">-          Que ambos son capicúa.</p>
<p style="text-align:left;">-          ¿De que color es mi ropa interior?</p>
<p style="text-align:left;">-          ¡¿Qué?!&#8230;¿Cómo quieres que sepa eso?</p>
<p style="text-align:left;">-          Te he pillado un par de veces mirándome el escote</p>
<p style="text-align:left;">-          ¡Miraba el colgante!- dijo señalándolo.</p>
<p style="text-align:left;">Sarah miró hacia abajo y luego sonrió de medio lado.</p>
<p style="text-align:left;">-          Una pena la verdad</p>
<p style="text-align:left;">Con ese comentario colgando en el aire, Sarah, finalmente rompió el contacto visual.</p>
<p style="text-align:left;">-          Bueno ¿Qué me dices? ¿Me ayudas y te ayudo? Ambas salimos ganando. Así, cuando ganemos, podrás localizar a tu amigo Rafa- de nuevo Sarah le estaba tendiendo la mano para cerrar el trato.</p>
<p style="text-align:left;">-          Te veo muy segura de ganar- dijo mientras estrechaba la mano de la chica por segunda vez en el día. El albornoz de Sarah se abrió sutilmente, pero ya se libraría Isabel de intentar mirar lo más mínimo.</p>
<p style="text-align:left;">-          Yo siempre gano <em>ma chérie.</em></p>
<p style="text-align:left;">El apretón se prolongó durante unos segundos y acto seguido, Sarah se dejó caer en el sillón.</p>
<p style="text-align:left;">-          Bueno, será mejor que empecemos señorita de la memoria de elefante ¿Qué fue exactamente lo que te dijo Javier?</p>
<p style="text-align:left;">-          Cuando le pregunté qué edad tenían me contestó una cosa muy rara…Parecía un problema de matemáticas- comentó haciendo un mohín con la cara.</p>
<p style="text-align:left;">-          Interesante- dijo Sarah cogiendo papel y lápiz de la mesita de noche- Díctame.</p>
<p style="text-align:left;">-          Dijo<strong>…”El producto de las tres edades es 36 y la suma, el número del portal en el que vivo”</strong>- dijo intentando recordar cada palabra.</p>
<p style="text-align:left;">-          ¿Y en que portal vives? Porque con tanta persecución, acabamos en todos los portales menos en el tuyo.</p>
<p style="text-align:left;">-          En el 13</p>
<p style="text-align:left;">-          Esto está tirado.</p>
<p style="text-align:left;">Sarah garabateó algunas cosas en el papel y tras observarlo detenidamente unos instantes, miró a Isabel.</p>
<p style="text-align:left;">-          ¿No falta ningún dato?</p>
<p style="text-align:left;">-          No…</p>
<p style="text-align:left;">-          Piensa, algo se te tiene que haber olvidado, porque tengo dos resultados posibles.</p>
<p style="text-align:left;">Isabel recordó paso por paso la conversación con Javier, como apretaba su brazo, su mirada nerviosa y sus susurros precavidos.</p>
<p style="text-align:left;">Y recordó su último comentario.</p>
<p style="text-align:left;">-          Me dijo algo más…Pero es una tontería.</p>
<p style="text-align:left;">-          ¿El qué?</p>
<p style="text-align:left;">-          Me dijo que la mayor tocaba el piano.</p>
<p style="text-align:left;">Sarah sonrió y volteando el cuaderno, le enseñó a Isabel unos números escritos a lápiz.</p>
<p style="text-align:left;">-          Esta, es tu respuesta.</p>
<p style="text-align:left;">En el cuaderno ponía: 9,2,2</p>
<p style="text-align:left;">-          ¿Cómo sabes que esa es la respuesta?</p>
<p style="text-align:left;">-          Es una operación muy sencilla, ven- dijo dando un par de palmaditas al brazo del sillón en el que estaba sentada- Siéntate que te lo explico.</p>
<p style="text-align:left;">Isabel se acomodó como pudo en el brazo del sillón, y pasó su propio brazo por el respaldo del sillón para mantener el equilibrio y no caer sobre Sarah.</p>
<p style="text-align:left;">-          Mira, de todas las combinaciones de tres números posibles, cuyo producto es 36, sólo existen dos que a su vez tengan el mismo resultado al ser sumadas y que coincide con el número del portal de tu casa.</p>
<p style="text-align:left;">Isabel intentaba seguir las explicaciones que Sarah le indicaba con el lápiz sobre la hoja, pero su concentración estaba algo distraída con las vistas que tenía desde su elevada posición y que el pliegue del cuello del albornoz de Sarah no hacía nada por evitar.</p>
<p style="text-align:left;">-          Por lo tanto, existe una duda entre estas dos combinaciones: 9x2x2=36, 9+2+2=13 y por otro lado  6x6x1=36, 6+6+1=13. De lo que deducimos que sólo la primera combinación es posible ya que en la segunda existen dos hermanas mayores y el último dato era que la mayor tocaba el piano.</p>
<p style="text-align:left;">Sarah miró orgullosa a Isabel, que había despegado la mirada de su escote segundos antes de encontrarse de lleno con los ojos almendrados.</p>
<p style="text-align:left;">-          ¿Qué te parece?</p>
<p style="text-align:left;">-          Qué al final vas a tener algo en la cabeza a parte de pelo- intentó picarla Isabel.</p>
<p style="text-align:left;">-          Me refería al escote- preguntó Sarah maliciosa, provocando que Isabel se pusiese roja de nuevo- ¡Ah, no! Es verdad, estabas mirando esto ¿no?- dijo cogiendo el colgante y poniéndolo a la altura de la nariz de Isabel.</p>
<p style="text-align:left;">Isabel se levantó malhumorada del brazo del asiento y se paseó por la habitación, nerviosa, antes de volver a preguntarle:</p>
<p style="text-align:left;">-          ¿Y ahora qué?</p>
<p style="text-align:left;">-          No lo se, esto no tiene mucho sentido. Se supone que debía estar relacionada con las pistas que yo ya tenía, pero son dos piezas que no encajan en el mismo puzzle- Sarah se agarró el mentón pensativa- No entiendo la relación entre esos números y las imágenes</p>
<p style="text-align:left;">-          ¿Qué imágenes?</p>
<p style="text-align:left;">-          Espera un momento y te las enseño.</p>
<p style="text-align:left;">Sarah de un salto se puso en pie y empezó a rebuscar en una de las maletas. Isabel, miró el reloj distraída.</p>
<p style="text-align:left;">-          ¡Mierda! ¡Es tardísimo! Tengo que irme, mi madre debe estar preocupadísima.</p>
<p style="text-align:left;">Isabel recogió su maleta del suelo de forma apresurada.</p>
<p style="text-align:left;">-          Espera- la detuvo Sarah- Dame 5 minutos y te acercaré en coche. Esta ciudad es horrible para conseguir taxi.</p>
<p style="text-align:left;">Isabel la miró, entre sorprendida y agradecida.</p>
<p style="text-align:left;">-          Quítame esa cara de sorpresa, no soy tan mala persona como piensas.- Isabel le respondió con una sonrisa- Eso si, mientras me cambio, deberías darte un retoque…Ya me entiendes. No se tu madre, pero si la mía me viese así&#8230; uffff.</p>
<p style="text-align:left;">A final resultó que iba a tener razón y su aspecto era desastroso.</p>
<p style="text-align:left;">Tenía el pelo aún con polvo de la obra y algo de mezclilla pegada en la cara. Con una toalla mojada, se enjuagó la cara y se sacudió el pelo. Buscó una gomilla con la que agarrarse el pelo, pero sólo encontró un pequeño lazo de color rojo.</p>
<p style="text-align:left;">Se peinó con una cola alta y se hizo un nudo como pudo con el lazo. Salió del baño sacudiéndose el chaquetón para encontrarse a Sarah, perfectamente arreglada ya, con otros vaqueros y un jersey de cuello vuelto.</p>
<p style="text-align:left;">-          No estoy acostumbrada a esperar a las mujeres- le dijo con su ya más que habitual ceja levantada mientras se cruzaba de brazos y se apoyaba en la pared. Le dedicó una mirada de reconocimiento a Isabel que se sintió un poco intimidada.</p>
<p style="text-align:left;">-          Vamos.</p>
<p style="text-align:left;">Unos 20 minutos más tarde y tras una nueva carrera por la ciudad, Isabel estaba de nuevo frente a la puerta de su casa, en una situación que jamás imaginó: saliendo de un Mercedes deportivo conducido por una chica, que aunque le costara admitirlo, estaba muy buena.</p>
<p style="text-align:left;">-          Mañana nos vemos- le dijo Sarah desde el coche.</p>
<p style="text-align:left;">Isabel estaba tan cansada, que no prestó demasiada atención a la frase y se despidió de Sarah con prisas. Ni siquiera pensó en que mañana debían seguir con todo esto y que tendría que ir a buscar a Sarah a su hotel que estaba en la otra punta de la ciudad.</p>
<p style="text-align:left;">Subió los escalones de dos en dos y a penas respiró hasta que no cerró la puerta tras de sí.</p>
<p style="text-align:left;">-          ¿Se puede saber dónde estabas?- su madre apareció frente a ella con cara de enfado absoluto- No sólo te largas de casa a las 7 de la mañana y no a pareces hasta las…- consultó su reloj- ¡Madre mía son casi las 11!</p>
<p style="text-align:left;">Su madre la fulminó con la mirada.</p>
<p style="text-align:left;">-          Si no que encima me dejas con la palabra en la boca cuando me llamaste esta tarde. ¡Podías haber dicho que llegarías prácticamente al día siguiente… Isabel Martinez, espero que tengas una explicación razonable.</p>
<p style="text-align:left;">Su madre por fin se cayó y los oídos de Isabel tuvieron un respiro. Cuando su madre la llamaba por su nombre completo, las cosas estaban más feas de lo que se imaginaba.</p>
<p style="text-align:left;">Por un momento, su cerebro intentó buscar una excusa razonable, pero su cabeza empezó a dar vueltas. Después de tanta tensión y cansancio acumulados, el haber puesto los pies en su casa sana y salva, le había hecho bajar las defensas. Y de ninguna manera podía contarle a su madre la verdad, o tendría a la guardia civil, el ejercito de tierra y al FBI si era necesario, en su casa en menos de 5 minutos.</p>
<p style="text-align:left;">-          Mamá, en serio, estoy muy cansada. He tenido un día muy complicado y me encantaría irme a dormir.</p>
<p style="text-align:left;">Y realmente su cara debía ser la más pura expresión del agotamiento, porque su madre, cambió de repente la expresión de enfado por una de preocupación.</p>
<p style="text-align:left;">-          ¿Estás bien?</p>
<p style="text-align:left;">-          Si mamá…Solo algo cansada.</p>
<p style="text-align:left;">-          ¿Has comido algo?- preguntó con ese tonillo que suelen usar las madres cuando ya saben que la respuesta no les va a gustar- ¿Te preparo algo?</p>
<p style="text-align:left;">Isabel estuvo a punto de decirle que no, pero un ruido de su estómago le recordó que no había comido nada desde la palmera de chocolate.</p>
<p style="text-align:left;">Su madre desapareció en la cocina mientras Isabel se dejo caer, literalmente, sobre el sofá, dejando que el ya conocido zumbido de la televisión se colara en su mente relajándola de una forma extraña.</p>
<p style="text-align:left;">A punto estuvo de quedarse dormida si no es porque su madre apareció con un sándwich y una taza de cacao humeante.</p>
<p style="text-align:left;">-          Para que repongas fuerzas- le dijo.</p>
<p style="text-align:left;">Su madre tuvo la delicadeza de no preguntarle nada sobre lo que había pasado, dejó que Isabel devorase el sándwich mientras ella le contaba algunas de las extravagantes cosas que su abuela había hecho ese día o sobre los planes que su padre tenía para vacaciones de semana santa. Aunque sabía que su madre simplemente le estaba dando un margen y que al día siguiente la acribillaría a preguntas. Sin embargo, Isabel tenía el plan secreto de urdir una buena excusa durante la noche. Lo que ella no sabía es que en el momento que su cuerpo tocó las sábanas de la cama, un par de yunques que 500 kilos se posaron sobre sus párpados y ya no supo nada más hasta la mañana siguiente.</p>
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		<title>El enigma del gran juego humano: Capitulo 1</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Aug 2011 21:56:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mandragora</dc:creator>
				<category><![CDATA[capitulo 1]]></category>
		<category><![CDATA[El enigma del gran juego humano]]></category>

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		<description><![CDATA[Si alguien hubiese echado un ojo a aquella imponente casa de ladrillos rojos situada en uno de los barrios más caros de Sevilla, rodeada de un inmenso jardín repleto de setos podados con pulcritud, esculturas talladas en mármol y las &#8230; <a href="http://mandragorafics.wordpress.com/2011/08/20/el-enigma-del-gran-juego-humano-capitulo-1/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a><img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=mandragorafics.wordpress.com&amp;blog=219506&amp;post=207&amp;subd=mandragorafics&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Si alguien hubiese echado un ojo a aquella imponente casa de ladrillos rojos situada en uno de los barrios más caros de Sevilla, rodeada de un inmenso jardín repleto de setos podados con pulcritud, esculturas talladas en mármol y las más estrictas medidas de seguridad…Jamás habría imaginado que sus ocupantes pudiesen pasar la noche del domingo de aquella forma:</p>
<p>-          1,2,3,4,5…¡Y me coloco en la recta final! Rafa, espero que tengas una buena pregunta porque esta noche estoy imparable.</p>
<p>Y es que Rafa, a pesar de tener tan solo 28 años, ser dueño de más de  la mitad de las acciones de la empresa de su padre, y vivir a sus anchas en aquel caserón…Adoraba los juegos de mesa. Pero no cualquier tipo de juegos.</p>
<p>Juegos de ingenio.</p>
<p>Preguntas que te hacia exprimir el cerebro, criptogramas, juegos de palabras, claves ocultas. Todo eso combinado con preguntas históricas, de arte, ciencias y geografía en una mezcla explosiva que había dado lugar a aquel curioso juego. Una versión mejorada del Trivial, alrededor de cuyo tablero se reunían todos los domingos por la noche 5 nuevos osados jugadores, normalmente compañeros de trabajo, con sus respectivas cervezas, sus nubes de humo y sus frases características al tirar los dados, con un firme propósito: ganar…</p>
<p>¿Pero a quién?</p>
<p>Sin duda, lo mejor de aquellas noches era ver como su amiga Isabel, con apenas 17 años, piel morena y  rizos castaños, le daba una paliza a todos aquellos que intentaban vencer su ingenio.</p>
<p>-          Está bien- preguntó Rafa- ¿De que color es la casilla?</p>
<p>-          ¡Naranja!- respondieron al unísono dos de sus compañeros. Al parecer estaban un poco tensos. La competitividad que un simple juego de mesa puede generar y el hecho de que Isabel llevaba acertando sin parar y estaba apunto de llegar a la casilla final, era demasiado para ellos. Eso y que perder ante alguien más joven se les hacía casi un insulto. Rafa sonrió maliciosamente a Isabel mientras sacaba las preguntas de un sobre sellado de color naranja…</p>
<p>La categoría era sobre juegos de palabras. Nadie la ganaba en eso.</p>
<p>Rafa vio como la mirada de Isabel se iluminaba. Sabía que los nuevos retos la apasionaban casi tanto como a él. Aunque claro, ver como sus compañeros de trabajo se mordían las uñas, se aflojaban el nudo de las corbatas agobiados y sus neuronas se consumían como las colillas de sus cigarros se le hacía prácticamente igual de apasionante, por no decir divertido.</p>
<p>-          La cosa va de diminutivos- dijo tras leer la tarjeta atentamente- Tienes que decir la palabra buscada y el correspondiente diminutivo. ¿Preparada?</p>
<p>Isabel asintió sin apartar la mirada. Rafa giró el reloj de arena y dijo:</p>
<p>-          Primera pregunta… ¿Animal cuyo diminutivo dispara?</p>
<p>-          Gato y gatillo – A Isabel no le llevó mas de dos segundos pensar la respuesta.</p>
<p>-          ¿La que va despacio, cuyo diminutivo se pone en el ojo y ves mejor?</p>
<p>-          Lenta y lentilla</p>
<p>-          ¿Da uvas y su diminutivo sirve para hacer churrascos?</p>
<p>-          Parra y parrilla.</p>
<p>-          ¿Figura geométrica cuyo diminutivo está helado?</p>
<p>-          Cubo…cubito.</p>
<p>El resto de jugadores la miraban con intensidad. Mitad sorprendidos, mitad abatidos…Realmente estaba imparable.</p>
<p>-          ¿Qué no practica el sexo y su diminutivo es una enorme casa con almenas?</p>
<p>-          Ese es Rafa- bromeó uno de sus compañeros- ¡Que no se come una rosca desde hace un año!</p>
<p>Isabel reprimió una risa ante la mirada asesina que Rafa le dedicó a su compañero.</p>
<p>-          Casto y castillo- comentó divertida.</p>
<p>-          Tira los dados antes de que se acabe el tiempo- Rafa aún parecía resentido.</p>
<p>Casilla marrón: historia.</p>
<p>Rafa leyó en silenció la pregunta que había sacado del sobre y dejó escapar silbido proporcional a la dificultad de la pregunta.</p>
<p>-          Isa…si aciertas esta, te lo juro, te pido en matrimonio- comentó divertido- De acuerdo, ahí va: ¿Qué rey y de que país estaba convencido de que el café era un veneno y para demostrarlo condenó a un asesino a tomar café todos los días hasta que muriese y a otro delincuente le indultó con la condición de que bebiese té a diario?</p>
<p>Se oyeron algunas risillas y alguien comentó que “¡por fin iban a poder tirar los dados de una maldita vez!”</p>
<p>Sin embargo, Isabel permanecía con los ojos fuertemente cerrados. Parecía estar intentando recordar algo lejano.</p>
<p>-          Gustavo III de Suecia- dijo triunfal. Todo el mundo se quedó callado y Rafa parpadeó un par de veces.</p>
<p>-          No nos vaciles anda- dijo socarrón uno de los jugadores- ¿Verdad?- preguntó algo asustado a Rafa.</p>
<p>-          Es correcto – dijo éste, casi sin creérselo.</p>
<p>-          Y… &#8211; continuó Isabel regodeándose en su minuto de gloria- El experimento fue seguido por una comisión médica y resultó un fracaso: Los primeros en morir fueron los médicos, luego el rey y muchos años más tarde el bebedor de té y por último, el bebedor de café.</p>
<p>-          ¡Eres una puta enciclopedia con patas!- dijo abatido uno de los jugadores.</p>
<p>Isabel sonrió para si misma y volvió a tirar.</p>
<p>Bajo la atenta mirada de todos, los dados y el azar la llevaron a las dos últimas casillas.</p>
<p>-          “Preguntas de pensamiento lateral”- leyó uno de los jugadores- ¿Qué es eso?</p>
<p>-          Ya lo verás &#8211; Isabel vio como Rafa sonreía misterioso. Ese tipo de preguntas eran nuevas incluso para ella- El primero que sepa la respuesta puede contestar.</p>
<p>Giró de nuevo el reloj de arena y sacó una tarjeta de una pequeña caja y leyó en voz alta:</p>
<p>-          Un hombre va a comprar al supermercado. Tras pagar en caja, la cajera le entrega el ticket de la compra. El hombre lo toma y con un bolígrafo escribe en él lo siguiente: 3&#215;2=6. La cajera lo mira atentamente mientras escribe la cifra y de pronto exclama sorprendida: ¡Es usted marinero!&#8230; ¿Cómo pudo saberlo?</p>
<p><a href="http://mandragorafics.files.wordpress.com/2011/08/receipt.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-208" title="receipt" src="http://mandragorafics.files.wordpress.com/2011/08/receipt.jpg?w=300&#038;h=243" alt="" width="300" height="243" /></a></p>
<p>Tras unos escasos segundos de silencio, todos los jugadores estallaron en carcajadas.</p>
<p>-          ¿Pero que clase de pregunta es esa?- dijo el que parecía ser el mayor del grupo.</p>
<p>-          Una que debes contestar si quieres ganar la partida- le respondió Rafa totalmente serio.</p>
<p>-          Vale, vale…A ver…- El hombre pareció pensarlo durante unos instantes y de pronto les miró sorprendidos- … ¡No tengo ni idea!</p>
<p>Durante un par de minutos, estuvieron estrujándose los sesos mientras los pequeños granos de arena seguían resbalando…Ninguna respuesta era válida.</p>
<p>Isabel empezaba a impacientarse… ¡Una pregunta tan absurda debía tener una respuesta igual de absurda!</p>
<p>-          ¡ 3&#215;2 es el nombre de un nudo especial en marina!</p>
<p>-          ¡Es una clave que ambos sabían!</p>
<p>-          ¿Había comprado un barco y ella lo había visto en la cuenta?</p>
<p>-          ¿Un barco en un supermercado? ¡No seas bestia!</p>
<p>Rafa movía negativamente la cabeza a todas aquellas absurdas respuestas. Mientras, Isabel había permanecido en silencio.</p>
<p>Sabía que algo no encajaba…La respuestas eran tan absurdas como la pregunta, pero claro, si tan absurda era… ¿Por qué no era capaz de encontrar la respuesta?</p>
<p>Estaban empezando a responder cosas demasiado complejas para una pregunta tan simple…Un momento.</p>
<p>Esa era la clave.</p>
<p>Pregunta simple, respuesta simple.</p>
<p>Y una bombilla se encendió en su cabeza. La respuesta era tan obvia que se sintió estúpida al darse cuenta. Había estado delante de sus narices desde el principio.</p>
<p>- Ya lo sé.</p>
<p>De pronto el murmullo cesó.</p>
<p>-          ¿A sí?- preguntó cínico el único jugador que aún conservaba la corbata. Ella sintió ligeramente al ver como la retaba con la mirada.</p>
<p>-          Sabes que si das la respuesta ahora y es correcta ganas, pero si no lo es, saldrás de la recta final y tendrás que volver a empezar… ¿Estas segura?- No sabía si Rafa lo había dicho realmente como un recordatorio o como una advertencia. Ella asintió con seguridad.</p>
<p>-          ¿Y como estás tan segura?- volvió a preguntar el mismo jugador mosqueado.</p>
<p>-          Porque los humanos tendemos a dejarnos llevar por las apariencias- le contestó ella- pensamos que las buenas respuestas son siempre las más complicadas y a veces la respuesta es tan simple que no la vemos aunque la tengamos delante.</p>
<p>-          ¿Y la respuesta es?</p>
<p>Isabel se permitió un par de segundos de expectación antes de responder:</p>
<p>-          Va vestido de marinero.</p>
<p>Las caras asombradas y la sonrisa de oreja a oreja de Rafa fueron su mejor respuesta.</p>
<p>-          Isa…cásate conmigo.</p>
<p>Adoraba a esa chica.</p>
<p>Al final, la partida terminó antes de lo planeado, así que Isabel se tomo la libertad de hacerle compañía a Rafa un rato más y ayudarle a recoger antes de volver a casa.</p>
<p>No podía irse sin lo mejor de la noche: las charlas con su mejor amigo.</p>
<p>-          ¿No se supone que mañana tienes clases?- le preguntó él al verla recoger las botellas de cerveza y llevarlas a la cocina</p>
<p>-          ¿Me estas echando?</p>
<p>-          ¿Qué pensará tu madre de que te quedes a estas horas, a solas, en una casa tan grande con un tío  mayor que tú? – preguntó Rafa con su habitual tono bromista.</p>
<p>-          Claro…Olvidaba que la obsesión de todo gay es liarse con su amiga lesbiana… ¡Dios mío! ¡Estoy en peligro!</p>
<p>Rafa le tiro un jersey a la cabeza mientras ella se partía de la risa.</p>
<p>-          Me encanta la cara que han puesto todos con lo del marinero- comentó Rafa- hubiera dado media fortuna por grabarlo en video.</p>
<p>-          ¿Cómo se te ocurrió meter una pregunta de pensamiento lateral? Ha sido genial.</p>
<p>-          Sabía que te encantaría- dijo él sonriendo- Tengo otra: ¿Cuándo puede llevarse agua en un colador?</p>
<p>-          ¿Cuándo esté congelada?</p>
<p>-          Es oficial, te quiero. Ven a mi cuarto…tengo que enseñarte algo- le dijo él.</p>
<p>-          ¿Seguro que no piensas secuestrarme?</p>
<p>El cuarto de Rafa era un verdadero museo dedicado a los juegos de mesa. Por toda la habitación se podían ver cajas de diversos juegos de estrategia, versiones de diferentes nacionalidades (como el monopoly en japonés que Isabel tuvo que esquivar para no pisar las fichas), juegos que jamás salieron a la venta, versiones exclusivas que valían una fortuna y en la zona principal sus favoritos: los juegos de ingenio.</p>
<p>Rafa estaba intentando alcanzar algo bajo de la cama. Finalmente sacó una caja negra de cuyo interior saco una maleta metalizada. Con manos nerviosas la colocó sobre la cama.</p>
<p>-          Esto…- le dijo emocionado a Isabel- es mi posesión más valiosa.</p>
<p>Isabel se inclinó curiosa para ver el contenido de la maleta… ¿Serían joyas? ¿Bonos del estado? ¿El santo grial? Pero para lo que no estaba preparada era para lo que vio entre los embalajes de seguridad: Un disco plano de arcilla, con una espiral dibujada en su interior acompañada de extraños dibujos.</p>
<p>Rafa la miraba impaciente.</p>
<p><a href="http://mandragorafics.files.wordpress.com/2011/08/phaistos1-jpg.png"><img class="aligncenter size-medium wp-image-209" title="phaistos1.jpg" src="http://mandragorafics.files.wordpress.com/2011/08/phaistos1-jpg.png?w=285&#038;h=300" alt="" width="285" height="300" /></a></p>
<p>-          Estoooo….¿Ahora te ha dado por las manualidades?- comentó Isa en broma</p>
<p>-          Isabel ¡Por dios! ¡Esto es el disco de Pahistos!- realmente parecía escandalizado- ¡Tiene un valor incalculable!</p>
<p>-          Y si tan valiosos es ¿Por qué lo escondes debajo de la cama?- preguntó extrañada.</p>
<p>-          Si  vinieses a mi casa a robar ¿Dónde mirarías primero?</p>
<p>-          ¿En la caja fuerte?- preguntó dudosa.</p>
<p>-          ¡Exacto! Nadie miraría donde los zapatos y las pelusas. Debajo de mi cama están mis posesiones más valiosas.</p>
<p>-          Como el disco ese de…. ¿Pastos?</p>
<p>-          Pahistos- le corrigió- Me sorprende que supieses lo de Gustavo III y no te suene esto.</p>
<p>-          Te sorprenderás al conocer la fuente de mis conocimientos.</p>
<p>-          Soy todo oídos- Rafa se sentó en la cama con el disco sobre su regazo.</p>
<p>-          Vale pero luego me cuentas el porqué de tu obsesión con la arcilla ¿Vale?- Rafa asintió.</p>
<p>Isabel tomo una bocanada de aire antes de empezar.</p>
<p>-          ¿Recuerdas a mi abuela?- la pregunta sorprendió a Rafa.</p>
<p>-          Como olvidarla…Es la persona más curiosa que jamás haya conocido. Nunca pensé que alguien pudiese saber tantos acertijos y adivinanzas.</p>
<p>-          Si…- Isabel sonrió recordando escenas antiguas- Ha leído de casi todos los temas posibles. Siempre le gustó retar a mi ingenio. Todas las noches me contaba una adivinanza o me proponía un nuevo reto… ¡La de noches que habré pasado en vela intentando resolver sus enigmas!</p>
<p>-          Con lo cabezota que tú eres no me sorprende… -Isa lo miró malhumorada- Tenaz…quise decir tenaz- se corrigió Rafa entre risitas.</p>
<p>-          Ahora ya no es ni la sombra de lo que fue…- su mirada se volvió vidriosa unos instantes- Tiene alzheimer.</p>
<p>La frase cayó como un balde de agua fría.</p>
<p>-          Aún continúa teniendo momentos de lucidez, pero…En ocasiones mezcla la realidad con cosas que ha leído y cuando escucha los aviones…- su voz tembló unos instantes- cree que son bombarderos de la guerra civil…O narra sucesos históricos como si le hubiesen ocurrido a ella misma.</p>
<p>Rafa la rodeó con su brazo en señal de apoyo y la acercó a él en una especie de abrazo bizarro.</p>
<p>-          Lo peor es…que a veces no recuerda quien soy.</p>
<p>-          ¡Ey!- Rafa la tomó de la barbilla y contempló sus enormes ojos verdes algo acuosos. Isa sonrió de medio lado</p>
<p>-          Hace un par de meses comenzó a hablar de que un tal Gustavo, el rey de Suecia, que le había encargado un experimento sobre el café…Fíjate que tontería…Parece que al final tengo buena memoria.</p>
<p>-          Buena no, ¡es excelente!…Yo no recuerdo ni lo que cené ayer- intentó animarla.</p>
<p>-          ¡Te comiste una pizza familiar tú sólo! Si hasta te salían trozos de anchoas por las orejas…Luego dirás que no ligas porque te has puesto más gordito- dijo mientras le daba un par de golpecitos en la tripa. La mirada asesina de Rafa le indicó que se estaba metiendo en terreno peligroso.</p>
<p>-          Bueno, ¿Por qué no me cuentas de dónde ha salido tu fetichismo por la arcilla? Porque te recuerdo que la famosa escenita de “ghost” es de una peli…Por mucho barro que hagas no va a venir Patrick Swayze a restregarse contigo- comentó irónica.</p>
<p>-          Haré como que no he oído nada.</p>
<p>Rafa volvió a levantar  el disco de arcilla.</p>
<p>-          Según una leyenda helénica, durante el asedio de Troya, los guerreros griegos para remediar su aburrimiento, se inventaron varios juegos, entre ellos el Juego de la Oca. Obra de Palámedes hijo del rey de Eubea y nieto de Poseidón- dijo de memoria Rafa- Con lo que si creemos la leyenda podemos estar frente al, posiblemente, más antiguo tablero conocido para el juego de la Oca, el &#8220;Disco de Pahistos&#8221;, fechado hacia el año 2000 a.c.</p>
<p>Isabel dejó escapar un silbido de admiración.</p>
<p>-          ¿Y eso no debería estar en un museo?- le preguntó</p>
<p>-          Pues…si no estoy mal informado…Estaba en un museo.</p>
<p>-          Te debe haber costado una pasta</p>
<p>-          De hecho – continuó Rafa siguiendo la línea de los dibujos con sus dedos- No sabes lo que me ha costado, tanto que me estoy jugando algo muy importante.</p>
<p>-          Me estas asustando Rafa. ¿ Qué has hecho?</p>
<p>-          Los millonarios estamos todos pirados…Y hacemos cosas muy raras. Pero ya no se si quiero continuar- comentó con amargura.</p>
<p>-          Rafa mírame- le tomó de la barbilla y le obligó a mirarla- Sabes que puedes contarme cualquier cosa, que haría lo que fuese por ti…</p>
<p>-          Lo se y eso es lo que me preocupa- comentó en un susurro- Isabel eres única para mí, la persona más importante en mi vida- dijo tomándola de la mano y esquivando su mirada.</p>
<p>Por unos instantes la situación se volvió tensa, Rafa no es de los que sacan sus sentimientos a relucir muy a menudo. Isabel no sabía que decir e intentó quitarle importancia  al asunto:</p>
<p>-          ¿No me estarás tirando los tejos verdad? Porque ya sabes lo que voy a contestar a tu petición de matrimonio.</p>
<p>Rafa estalló en carcajadas</p>
<p>-          Lo nuestro siempre ha sido un amor imposible.</p>
<p>La mirada cómplice de Rafa la hizo recordar un par de años atrás cuando reunió el valor suficiente para confesarle a su mejor amigo que era lesbiana…Para encontrarse de lleno con la confesión de Rafa de que él también era homosexual. Como no, él tuvo que hacer uno de sus comentarios “graciosos”</p>
<p>-          Ya decía yo que una chica tan lista, tan guapa y tan buena jugando al fútbol no podía conformarse con un solo cromosoma x como pareja… ¡ Ella tenía que buscar otra xx que la aguantase!</p>
<p>También recordó la colleja que Rafa se ganó por ese comentario.</p>
<p>-          Bueno, será mejor que dejemos esto donde estaba- dijo levantándose y volviendo a meter el disco de arcilla en su correspondiente maletín, tras envolverlo con mucho mimo- Vuelve con las pelusas- le susurró a la caja antes de meterla de nuevo bajo la cama.</p>
<p>Rafa consultó su reloj. Al ver la hora se tensó y obligó a Isabel a volver a su casa, mientras esta se quejaba.</p>
<p>-          Mañana tienes instituto- le regañó</p>
<p>-          Admítelo…estas esperando a alguien y estás deseando que me largue.</p>
<p>-          Pues si quieres saberlo, si. Estoy esperando a alguien.</p>
<p>-          ¡Lo sabia! ¿Quién es? ¿Es el nuevo socio de la empresa? ¿Ese que tiene la melenita rubia?</p>
<p>-          ¿Y tú cuando te vas a echar novia para dejar de fisgar en la vida privada de los demás?</p>
<p>-          ¡Eh! Que yo no me quejo de tu vida</p>
<p>-          Pero yo si…- Rafa cerró los ojos y aspiró fuertemente antes de preguntar a Isabel &#8211; Dime… ¿Te gusta tu vida?</p>
<p>Isabel lo miró durante unos instantes sorprendida.</p>
<p>-          Ya sabes como es mi vida…Y también sabes que no tengo elección.- dijo con resignación.</p>
<p>Rafa fue a decir algo pero ella le cortó diciéndole que si no se daba prisa perdería el autobús. Le dio las buenas noches y salió corriendo en dirección a la parada.</p>
<p>Rafa permaneció unos instantes mirando como Isabel se perdía en la lejanía antes de cerrar definitivamente la puerta.</p>
<p>El autobús tardó una media hora en aparecer y casi una hora y media en llegar a su casa:</p>
<p>-          Odio el transporte público- gruñó esquivando los charcos que empezaban a formarse con la lluvia.</p>
<p>Isabel a veces se preguntaba cómo era posible que siendo ella y Rafa tan diferentes, tanto a nivel personal como monetario, hubieran coincidido en una de esas casualidades de la vida y continuaban llevándose tan bien. Desde luego que su barrio no tenía ni punto de comparación con el de Rafa…De hecho, no era por el simple hecho de que fuese un barrio mucho más modesto y los gastados muros de las casas de dos plantas, angostas y pequeñitas se apiñasen a lo largo de las calles empedradas. Más bien era por el ambiente que rodeaba al barrio.</p>
<p>Mucho más familiar, más tradicional.</p>
<p>Llevaba años edificado y las pequeñas tradiciones como el olor a pan recién hecho de la panadería de la esquina, el absurdo parloteo de sus vecinas cuando iban al mercado por las mañanas o la ropa tendida de los cordeles de las ventanas lo hacían destacar.  Esa descripción podía haber coincidido con muchos de los antiguos barrios de la ciudad, sin embargo las vistas lo hacían único: desde la azotea se podía ver la catedral, que de noche se rodeaba de ese halo de misterio y leyenda que la caracterizaban.</p>
<p>El frío la apremió a correr hacía el portal numero 13, abrir la gastada cerradura con manos temblorosas y subir rápidamente las escaleras.</p>
<p>Entro en casa soplándose las manos para combatir el frío.</p>
<p>-          Hola – gritó a la nada- Ya estoy en casa.</p>
<p>Pero la aparente tranquilidad del recibidor fue sustituida por el bullicio que se vivía en el pequeño salón de la casa. Y el espectáculo no era para menos: Su hermano pequeño tocando el tambor a ritmo de procesión y con un paño de costalero en la cabeza girando en torno a la mesa camilla del salón, sobre la que estaba su abuela subida, con una sábana  en su cabeza a modo de manto, mientras su madre intentaba por todos los medios bajarla de allí.</p>
<p>A Isabel casi se le cae la mochila de la impresión.</p>
<p>-          ¡Isa ayúdame!- le gritó su madre, haciendo que reaccionara finalmente.- ¡Tu hermano la ha convencido de que es la virgen Macarena y que tiene que salir en procesión y ahora no hay manera de bajarla!</p>
<p>Isabel corrió y agarró a su abuela por las piernas. A veces se sorprendía de lo ágil que esa mujer llegaba a ser a pesar de su edad. Intento tomarse aquello con la mayor seriedad posible mientras le daba pequeños tirones de la falda y le pedía que se bajase, pero desde luego aquella situación se le estaba haciendo cada vez más surrealista.</p>
<p>-          Mamá ¡Bájate de ahí ahora mismo! – le gritaba su madre- ¿Me oyes?- pero la abuela seguía inmutable con su cara de sufrimiento y las manos exactamente como las de la estampa de la Macarena.</p>
<p>-          Abuela….por favor, baja que te puedes hacer da…- Pero no pudo continuar porque su madre le pegó un tremendo grito a su hermano.</p>
<p>-          ¡¡Quieres dejar de tocar ese maldito tambor!! ¡¡Si la abuela se hace daño es por tu culpa!!</p>
<p>El efecto fue inmediato: su hermano dejó de tocar y puso cara de no haber roto un plato, a su abuela se le descolocó el velo y a su madre empezó a temblarle el labio aguantando las lágrimas.</p>
<p>-          Yo no quiero que la Abu se haga daño- dijo con una peculiar vocecilla su hermano pequeño. Acto seguido se acercó a la mesa camilla y tirando con su manita de la falda de la abuela le dijo:</p>
<p>-          Abu baja…- pero ella no se inmutó y su madre ahogó un sollozo.</p>
<p>Isabel miró a su abuela, absolutamente metida en su papel de virgen y en ese momento tuvo una idea…Idea que horas más tardes le pareció absurda pero que en ese momento era lo único que se le ocurrió.</p>
<p>Seguirían con la farsa. Porque su abuela podía llegar a ser más cabezota que ella misma.</p>
<p>Ante la mirada sorprendida de su madre, Isabel cogió una grapadora del mueble del salón y la colocó encima de la mesa camilla y usándola a modo de llamador dio tres golpes sobre la mesa.</p>
<p>-          ¡Al cielo con ella!</p>
<p>A su madre se le cortó el llanto repentinamente y la miró con los ojos muy abiertos. Después miró a su hermano que parecía igual de sorprendido.</p>
<p>-          Vamos…- intentó buscar ayuda en la mirada sorprendida de su madre- Es hora de que la virgen se recoja y vuelva a su iglesia- Le hizo señas con la mirada para que le siguiera el juego.</p>
<p>-          ¿Puedo tocar el acompañamiento final?- preguntó su hermano mirando a su madre temeroso.</p>
<p>-          ¡Si! &#8211; le dijo su madre que parecía haber entendido finalmente lo que su hija pretendía.</p>
<p>Su hermano empezó a tocar el tambor con una maestría sorprendente…Desde luego que para ser tan pequeño y tener una obsesión tan rara con el mundo cofrade, Isabel tenía que admitir que su hermano tenía un don natural.</p>
<p>-          ¡Guapa!&#8230; ¡Pero que virgen más guapa!- le decía su madre a la abuela.</p>
<p>Isabel hubiese jurado que su abuela sonrió durante unas milésimas de segundo, pero que automáticamente volvió a sumergirse en su papel de virgen mártir.</p>
<p>-          ¡Una saeta! ¡Una saeta!- grito su hermano emocionado. Lo que el pobre no sabía que acababa de liarla aún más. Isabel miró a su madre y le suplicó con la mirada que acabasen con aquello cuanto antes. Al final la pobre mujer se puso a cantarle una saeta como pudo mientras Isabel se aguantaba la risa.</p>
<p>-          ¡¿Se puede saber que está pasando aquí?!- la voz de su padre les sorprendió a todos y su madre dejó de cantar de golpe. Isabel decidió cortar rápidamente.</p>
<p>-          ¡Y por fin la virgen ha entrado en la basílica de Santa Maria de la Esperanza Macarena! Nos despedimos con emoción de ella…</p>
<p>-          ¿Pero que hace mi madre encima de la mesa? ¡Que se va a caer!- gritó su padre soltando las cosas del trabajo con la intención de coger a la abuela. Pero sorprendentemente, ella misma se quitó el manto de los hombros y se bajó por su propio pie de la mesa.</p>
<p>-          ¿Se puede saber que ha pasado?- preguntó enfadado su padre.</p>
<p>-          ¡Que tu madre tiene muchas ganas de cachondeo!- le dijo su madre mientras arropaba a la abuela con la manta de la mesa camilla y encendía el brasero.- Abuela- le dijo dirigiéndose a ella- No me de más sustos.</p>
<p>Al final, la situación se relajó un poco y tras explicarle lo que había pasado, su padre se partía de la risa.</p>
<p>-          Mamá siempre fue muy graciosa.</p>
<p>Su made rodó los ojos y se fue a la cocina a preparar la cena, no sin antes repetirle cuatro veces a su padre que pusiera la mesa después de cambiarse. Isabel decidió echarle una mano, porque su madre aún seguía algo nerviosa y enfadada.</p>
<p>-          ¿Qué ha pasado?- le preguntó. Su madre resopló.</p>
<p>-          Salí cinco minutos…cinco minutos- dijo recalcando el numero- a pedirle arroz a la vecina. Tu abuela estaba en el sillón y tu hermano coloreando…No pensé que…- sonrió con resignación- Y cuando vuelvo ¿Qué me encuentro?</p>
<p>-          Lamento no haber estado aquí, mamá.</p>
<p>-          No es tu culpa cariño…Es que esta situación me supera a veces.</p>
<p>Su madre solía ser una persona muy vivaz y bastante nerviosa hablando, por lo que a Isabel la preocupó bastante verla así de abatida.</p>
<p>-          Tu padre tiene razón…A tu abuela le gusta demasiado la juerga para la edad que tiene- Finalmente acabaron riendo las dos, recordando lo ridículo de la situación.</p>
<p>Mientras preparaban las croquetas su madre recordó algo importante:</p>
<p>-          Tu tío Antonio ha vuelto a llamar- dijo pellizcando un trozo de pan.</p>
<p>-          ¿Desde Francia?</p>
<p>-          Sí y me ha vuelto a pedir que te diga, que a ver cuando te animas y le haces una visita.</p>
<p>Isabel y su tío siempre se habían llevado de maravilla. Cuando era pequeña, le encantaba ir a visitarle, pero desde que se mudó a Francia por un trabajo que le ofrecieron, sólo podían hablar por carta o cuando él llamaba, ya que era el único que podía costearse la llamada. Desde luego echaba de menos las locuras de su tío.</p>
<p>-          ¿Y cómo pretende que me vaya?</p>
<p>-          Sabes que se ha ofrecido a pagarte el billete cuando tu quieras…No es que me agrade la idea de que te pierdas por el extranjero, pero sería bueno para ti- su madre le acarició el pelo- Aún eres joven…¿No se supone que es eso lo que hacéis los jóvenes? Escaparos lejos de casa y de las madres que os inflan a croquetas.</p>
<p>-          No…Nos escapamos de casa, pero volvemos a que las madres nos inflen de croquetas.</p>
<p>Su madre la abrazó con fuerza. Era de lágrima fácil y se emocionaba hasta con el telediario.</p>
<p>-          Voy a avisar que la cena está lista- le dijo a su madre.</p>
<p>En el salón sólo estaban su abuela viendo la tele, su hermano dibujando y la mesa a medio poner.</p>
<p>-          ¡Que sorpresa!- se dijo a si misma.</p>
<p>Se acercó a su abuela y le rozó el hombro para llamar su atención. Esta, la miró sorprendida.</p>
<p>-          Abuela, vamos a cenar.</p>
<p>-          ¿Quién eres tú?</p>
<p>La frase fue horrible. Esa era la parte que peor llevaba de la enfermedad de su abuela…Pero a pesar de ello, tenía que aprender a llevarlo de alguna manera o acabaría siendo insostenible. Aunque no era nada fácil cuando la mujer que te ha llevado al parque por la tarde, te ha curado las heridas de las rodillas raspadas por el fútbol  y que incluso te ha sonado los mocos, te mira como si fueras una completa desconocida.</p>
<p>-          Venga mamá- su padre apareció en su ayuda, empujando el sillón de la abuela hasta la mesa &#8211; Se acabaron las series, hora de cenar.</p>
<p>Esa noche, Isabel, apenas comió.</p>
<p>Se dedicó a observar a su familia. Escuchar las anécdotas de su padre en el trabajo, los cotilleos que su madre contaba de las vecinas, ver como su abuela se reía de los chistes de su hermano, como su padre besaba a su madre por hacer las mejores croquetas de toda Sevilla, ¡que digo Sevilla!, de toda España, y como su madre sonreía y le quitaba importancia.</p>
<p>Y pensó en Rafa, que estaría cenando sólo, o en su defecto con un nuevo ligue y recordó sus últimas palabras…¿Le gustaba a ella su vida?</p>
<p>Su familia podía llegar a ser muy desquiciante y muchas veces soñó con escapar una temporada, sólo para tener algo de espacio libre: No tener que compartir cuarto de baño con cuatro personas más, no despertarse a las seis de la mañana con el despertador de su padre, no tener que dormir con su abuela que se despertaba de madrugada buscando cosas inexistentes, de no tener prácticamente intimidad…</p>
<p>Pero a pesar de eso, sabía que no podía dejarlos. Porque en el fondo sabía que los necesitaba tanto como ellos la necesitaban a ella y que los echaría mucho de menos.</p>
<p>¿A caso tenía miedo de vivir su vida?</p>
<p>Finalmente llegó la hora de irse a dormir. Isabel se despidió de su hermano y de sus padres y se fu a acostar a la abuela. Sin embargo en mitad del pasillo, Isabel sintió que su abuela la retenía de un brazo:</p>
<p>-          ¿Qué pasa?- de pronto vio que su abuela la miraba con ternura y le dijo:</p>
<p>-          ¿Mi nietecita no quiere que le cuente una adivinanza?</p>
<p>Isabel sintió que sus ojos se empañaban por las lágrimas. Para su abuela que le acariciaba la cara en esos instantes, ella era de nuevo su nieta de 10 años.</p>
<p>-          Claro abuela…Claro que quiero.</p>
<p>-          Treinta dos sillitas blancas en un viejo comedor…Y una vieja parlanchina que las pisa sin temor- concluyó su abuela tomando su nariz en un gesto maternal.</p>
<p>Isabel hizo como que pensaba la respuesta y acto seguido le dijo:</p>
<p>-          Son los dientes y la lengua abuela.</p>
<p>-          ¡Muy bien! Mi nieta siempre ha sido la más lista- y sonriendo entró en el dormitorio.</p>
<p>Isabel no pudo dormir en muchas horas, pensando en todo un poco. De vez en cuando oía a su abuela hablar en sueños y el continuo goteo del grifo del baño…</p>
<p>Después de muchas horas llegó a una conclusión: No es que no le gustara su vida…Es que a veces, se asfixiaba en ella. Pero no tenia ni fuerzas ni valor para cambiarlo</p>
<p>Definitivamente, tenía miedo a correr el riesgo de cambiarlo todo por completo. En cualquier momento, podía aceptar la oferta de su tío y viajar a Francia, quizás trabajar allí para pagarse los estudios….Pero no se atrevía.</p>
<p>Lo que ella no se imaginaba era que, en pocas horas, toda esa aparente estabilidad se pondría a prueba.</p>
<p>La mañana siguiente, no empezó del todo bien.</p>
<p>Al final había dormido muy poco y cuando su madre apareció en su cuarto y abrió las persianas, se dio cuenta que se había quedado dormida. Comenzó a vestirse a toda prisa. Como la mañana se despertó más fría de lo esperado, al abrigo tuvo que añadirle una bufanda a rayas y un jersey más grueso. La ciudad podía llegar a ser muy húmeda en invierno.</p>
<p>Las tostadas se le quemaron y pisó un charco al salir del portal, se olvidó el almuerzo y maldijo al hombre del tiempo por haber dicho que no llovería esa mañana y a ella misma por no coger el paraguas…Desde luego, ese, no era su día.</p>
<p>Y terminó de cabrearse cuando descubrió al montarse en el autobús, que después de tantas carreras, había olvidado que las primeras horas de clase de ese día habían sido suspendidas por una huelga que para colmo, provocaban el desvío del tráfico.</p>
<p>Intentó alegrarse lo que le quedaba de mañana antes de volver a clase cambiado su ruta. Pensó que podría hacerle  una visita a Rafa. A lo mejor tenía suerte y el chico no tenía mucha resaca y podía contarle como acabó su cena de ayer.</p>
<p>Le sorprendió la cantidad de coches de policía que se agrupaban por las calles, controlando la manifestación. Pero le sorprendió aún más cuando, a medida que se acercaba a casa de Rafa, los coches de policía, en vez de disminuir, aumentaban.</p>
<p>El barrio de Rafa estaba algo alejada de la zona de la manifestación, pero a pesar de ello, al menos dos coches de policía estaban peligrosamente cerca de su casa.</p>
<p>A medida que se acercaba se dio cuenta de que algo no marchaba bien, porque los policías estaban en casa de Rafa y no pasaban por allí de casualidad.</p>
<p>Su primer impulso fue correr a preguntar que había pasado, pero por algún extraño motivo, decidió quedarse apartada y analizar primero por su cuenta que había pasado.</p>
<p>Varios vecinos curiosos estaban alrededor de la casa, alzando sus cabezas por encima de los setos y algunos estaban siendo interrogados…Pero ni rastro de Rafa.</p>
<p>Escuchó como uno de los policías preguntaba al vecino más próximo a la casa, pero no habían visto nada inusual. Sólo sabían que la alarma había sonado esa madrugada y poco después se apagó. Nadie le dio demasiada importancia porque Rafa era bastante olvidadizo y cuando bebía olvidaba apagar la alarma antes de entrar en casa. Cuando la policía no se presentó, pensaron que él mismo habría llamado a la central de alarmas para avisar.</p>
<p>Sin embargo a Isabel no le cuadraba.</p>
<p>¿No se suponía que iba a cenar en su casa con la visita que estaba esperando? ¿Para que querría salir? ¿O realmente entró alguien de madrugada?</p>
<p>Empezó a preocuparse realmente… ¿Dónde estaba Rafa?</p>
<p>La limpiadora de la casa, que también hablaba con la policía aseguró que Rafa le había dejado una nota, diciéndole que saldría unos días fuera de la ciudad… ¿Y avisaba a la señora de la limpieza y no a su mejor amiga? ¿Por qué se habría marchado tan repentinamente?</p>
<p>Una hora más tarde la policía y los mirones habían desaparecido e Isabel decidió que era el momento de investigar por su cuenta.</p>
<p>Saltó la valla de la parte trasera de la casa y escondiéndose entre los setos del jardín, se acercó a la puerta de la cocina. ¡La de veces que se habría colado por aquella puerta para llevarle el desayuno  a Rafa tras sus noches de juerga!</p>
<p>No le llevó mas de un minuto desactivar la alarma y es que Rafa, a pesar de todos sus millones, seguía siendo un tío sencillo que ponía como código el día de su cumpleaños y guardaba las llaves debajo del felpudo…Aunque, más de uno habría dicho que aquello, más que de sencillo, era de insensato.</p>
<p>Cuando entró en la casa, el habitual silencio que la inundaba se le hizo más extraño de lo habitual. La presencia de Rafa era lo único que le daba algo de vida a aquella casa.</p>
<p>No parecía que hubiese nada fuera de su sitio…Desde luego si había sido un robo los ladrones no eran muy avispados, porque el DVD , el equipo de música y la tele de pantalla plana seguían intactos.</p>
<p>Y de pronto, una idea algo angustiosa cruzó su mente, porque a lo mejor los ladrones si eran muy avispados y se habían ido directamente a donde se acumulaban los zapatos y las pelusas.</p>
<p>Corrió a la habitación de su amigo y abrió la puerta de  golpe…Definitivamente algo no cuadraba.</p>
<p>Cualquiera que hubiese entrado allí habría jurado que el cuarto estaba simplemente desordenado y lleno de cajas de juegos, pero para Isabel y su memoria fotográfica aquello estaba todo fuera de su desorden habitual.</p>
<p>Las cajas de juegos de ingenio no estaban en su sitio preferencial, parecían haber sido revueltas en busca de algo. Muchas de las piezas estaban esparcidas por el suelo de la habitación y las fichas del cluedo y las del trivial japonés estaban mezcladas…Aquello era una locura que ni un Rafa  completamente borracho habría consentido.</p>
<p>Alguien había rebuscado entre las cajas en busca de algo e Isabel empezaba a temer el qué.</p>
<p>Sin pensarlo mucho más se agachó a los pies de la cama y levantó el edredón.</p>
<p>Sus sospechas quedaron confirmadas.</p>
<p>No quedaba nada bajo la cama, excepto una caja de cartón algo descolorida… ¿Seguiría allí el disco de Pahistos?</p>
<p>De un tirón saco la caja de debajo de la cama y la sorpresa fue mayúscula al descubrir la etiqueta que había pegada en la parte superior, indicando su contenido. Sorprendentemente, la etiqueta rezaba lo siguiente: LESBIAn XX</p>
<p>Isabel pestañeó un par de veces, aún sin creer lo que estaba viendo… ¿De verdad Rafa tenía una caja debajo de la cama con un montón de videos de porno lésbico? ¡Aquello carecía de sentido absoluto!</p>
<p>Tentada estuvo de abrir la caja para comprobar si aquello era real o alguna tontería de su amigo, pero un ruido de pasos dentro de la casa, la hicieron contener la respiración y pegarse al suelo.</p>
<p>Isabel se metió bajo la cama junto con la caja de cartón y se tapó la boca con la mano para evitar que su respiración acelerada la delatase, pero las pelusas no ayudaban demasiado. (Desde luego, Rafa estaba pagando demasiado a la mujer de la limpieza)</p>
<p>…Alguien estaba entrando en la habitación.</p>
<p>Desde donde estaba, sólo pudo distinguir unos botines plateados (horrorosos según ella) con unas franjas negras y blancas formando algo parecido a un tablero de ajedrez.</p>
<p>El dueño de los botines dio un par de vueltas por la habitación y acto seguido se marchó de la casa dando un portazo.</p>
<p>Isabel no se lo pensó dos veces, salió prácticamente volando de debajo de la cama y salió de nuevo por la puerta de atrás. Sin embargo tuvo la decencia de calmarse unos segundos y volver a activar la alarma, antes de salir corriendo y saltarse la valla trasera de nuevo.</p>
<p>Si alguien había entrado en la casa mientras ella estaba allí, podía volver a intentarlo.</p>
<p>¿Estaría buscando el disco? Aunque lo que más le preocupaba era dónde podía estar su amigo. Miró el reloj:</p>
<p>-          ¡Mierda!- tendría que correr mucho y rezar para que el autobús no tardase demasiado o se comería las pocas horas de clase que tenía ese día y ya no podía permitirse más faltas.</p>
<p>Durante el tiempo que duró el trayecto en autobús, Isabel le dio mil vueltas al asunto. Desde luego que cabía la posibilidad que Rafa se hubiese largado con el disco por algún motivo. Quizás la cena de anoche acabó mejor de lo que esperaba. La noche anterior le había dado la sensación de que Rafa quería escapar…Quizás estaba cansado de su vida y se había fugado con el chico de la cena y su maldito disco…Aunque ¿Por qué no le había dicho nada? Sólo le quedaba esperar que Rafa la llamase a lo largo del día desde el Caribe, para darle envidia y decirle que no se preocupase…Al menos eso quería creer.</p>
<p>Ya en clase, se podía decir que estaba de cuerpo presente, porque lo que era su mente estaba en otro lugar.</p>
<p>No prestó apenas atención cuando su compañera le preguntó por el fin de semana, ni siquiera estaba echando cuenta a las explicaciones durante su clase favorita: Biología.</p>
<p>Estaban dando un nuevo tema sobre genética que caería en selectividad seguro, pero ella sólo podía pensar en Rafa y en que algo no terminaba de cuadrarle.</p>
<p>¿Por qué estaban las cosas de su cuarto fuera de su sitio? ¿Qué había llevado a Rafa a hacer algo así? No podía simplemente haberse cansado de su obsesión de toda la vida, porque si no ¿Por qué se había llevado sólo el disco?</p>
<p>Su compañera le dio un codazo sutil, para llamar su atención.</p>
<p>-          Será mejor que empieces a copiar algo…Porque luego querrás que te pase los apuntes- dijo bromeando.</p>
<p>-          ¿Qué?&#8230; ¡Ah! Sí …Estaba distraída.</p>
<p>-          Se nota, casi te comes el lápiz de tanto morderlo. Anda, página 12. Estamos con los ejercicios.</p>
<p>Isabel  buscó la página con desgana y miró como su profesor apuntaba algunos porcentajes en la pizarra para el ejercicio.</p>
<p>Ejercicios de genética de poblaciones… ¡Lo que le faltaba!</p>
<p>Sin embargo algo llamó su atención. Algo que estaba escrito en una esquina de la pizarra. Se refería a la posibilidad de producción de gametos femeninos y masculinos… Ponía: “Hombre 50% XY” y “Mujer 50 % XX”</p>
<p>Y la famosa bombilla, se encendió en su cabeza.</p>
<p>Y de pronto una idea empezó a cobrar sentido en su cabeza y rápidamente busco un papel en sucio y comenzó a garabatear lo que había visto escrito en aquella destartalada caja de cartón…Algo tan absurdo que nadie le habría prestado atención. Sólo ella podía saber que tras aquellas palabras había un mensaje oculto.</p>
<p>LESBIAn XX</p>
<p>Se sorprendió al descubrir que las letras desordenadas de su propio nombre, Isabel, podían formar la palabra LESBIA. ¡Por eso la letra n estaba en minúscula! No formaba parte del mensaje. Y las XX debían hacer referencia al comentario que Rafa le hizo el día que le confesó su homosexualidad: “No podía conformarse con un solo cromosoma x como pareja… ¡Ella tenía que buscar otra xx que la aguantase!”</p>
<p>Esa caja llevaba su nombre en clave y una referencia que sólo ellos dos conocían…¡Tenía que ser un mensaje para ella!</p>
<p>Tenía que volver a esa casa lo antes posible.</p>
<p>Las dos horas que quedaban de clase se le hicieron prácticamente interminables. No hacía más que mirar la puerta de salida y en cuanto sonó el timbre, corrió casi como lo había hecho en casa de Rafa, dejando a su compañera con la palabra en la boca.</p>
<p>Esta vez tuvo suerte y el autobús llegó con rapidez ya que la manifestación se había disuelto hacía unas horas. Al paso que iba se fundía el bonobús mensual.</p>
<p>Tardo media hora en llegar a la puerta de Rafa y de nuevo volvió a repetir el método para entrar en la casa.</p>
<p>La habitación seguía igual de desordenada. Se arrodilló extrañamente nerviosa ¿Se habrían llevado la caja? Para su alegría la maltrecha caja seguía bajo la cama rodeada de pelusas. La sacó con ansias y dispuesta estaba a abrirla allí mismo cuando, como si un dèjá vu se tratase escucho voces en el salón:</p>
<p>-          ¿Estás seguro de que has visto entrar a alguien?- dijo la voz de un hombre.</p>
<p>-          Que si, que si- esta vez una mujer susurrando- A lo mejor es el de antes.</p>
<p>-          Sal de la casa y llama a la policía.</p>
<p>A Isabel, el pulso se le disparó y comenzó a pasear nerviosa la mirada por la habitación buscando una forma de escapar. Tendría que dar muchas explicaciones si la pillaban entrando a hurtadillas en esa casa.</p>
<p>Su mirada nerviosa se posó en la ventana de la habitación, que daba al jardín. El problema es que había unos barrotes, aunque sabía que unos del lateral eran lo suficientemente anchos para pasar de lado. Si hacía un esfuerzo y un poco de contorsionismo, lograría salir.</p>
<p>El principal problema era la caja…¿Cómo iba a sacarla por la ventana? Pensó en sacar su contenido, pero estaba concienzudamente embalada y pegada con fixo…¿Qué hacer?</p>
<p>El tiempo se le agotaba y los pasos del salón no tardarían en acercarse al cuarto, no le quedaba otra opción que la fuerza bruta.</p>
<p>Pegó la caja al hueco más grande entre los barrotes y empujó con fuerza pero no se movió apenas…Le temblaban las manos y tenía la certeza de que si no hacía algo pronto, la pillarían con las manos en la masa.</p>
<p>Y a pesar del ruido que sabía que podría provocar, hizo lo único que se le pasó por la cabeza en esos instantes: colocó la caja frente a los barrotes separados y la pateó con todas sus fuerzas, esperando que el contenido de la caja no se rompiese.</p>
<p>Los bordes de la caja se arrugaron y se quedó incrustada entre los barrotes…Una patada más y estaría fuera, pero ya había provocado demasiado ruido, así que no se lo pensó.</p>
<p>De una nueva patada, que provocó un gran escándalo, la caja salió disparada hacia el jardín. Acto seguido y con las piernas temblándole, ella misma se metió en la ventana y con la agilidad que la caracterizaba, se empujo con fuerza también a través de los barrotes, arañando parte de la piel de su cuello y su cara en el proceso, escuchando en el último momento como alguien entraba gritando en la habitación.</p>
<p>Aprovechando el desconcierto de la persona que acababa de entrar e intentando no prestar demasiada atención al dolor que se extendía por su cara y su pecho, cogió la caja magullada del suelo y corrió de nuevo hacia la valla de la casa.</p>
<p>Saltó llevando la caja consigo, en un intento inconsciente de no romper más su contenido.</p>
<p>Al caer al otro lado, notó como uno de sus tobillos se resentía. Pero el miedo era mayor que el dolor y las sirenas de los coches de policía que se oían al fondo, la terminaron de convencer.</p>
<p>Corrió con la adrenalina golpeando en sus venas…Corrió hasta quedarse sin aliento y sólo cuando hubo salido del área del barrio de Rafa, se permitió reposar apoyándose en el muro de un edificio.</p>
<p>No supo cuanto tiempo estuvo así, pero sólo fue capaz de reaccionar cuando un par de gotas le cayeron en la cabeza.</p>
<p>Estaba empezando a llover.</p>
<p>Se apremió a si misma a correr hacia la parada del autobús, pero al intentar moverse todos los dolores le vinieron a la vez.</p>
<p>Decidió que lo primero era proteger la caja para que no se mojara, aunque tenía serias dudas de que aún quedase algo de una sola pieza en su interior.</p>
<p>Como pudo la metió en su mochila. El hecho de que estuviese arrugada por los bordes le ayudó bastante. Después, fue andando despacio hasta la parada del autobús para no forzar el tobillo. Algunas personas en el autobús, la miraron curiosas al ver la maleta tan abultada y su cara  enrojecida y marcada por un lado…Ahora tendría que pensar una buena excusa para su madre.</p>
<p>Tenía ensayando un discurso muy elaborado sobre un tremendo golpe con una farola, sin embargo, no sabía como iba a meter el paquete en casa sin que se dieran cuenta.</p>
<p>Pero al parecer, no todo tenía que ser mala suerte ese día: Cuando llegó descubrió que su abuela y su hermano estaban durmiendo la siesta y que su madre estaba en la cocina con la radio puesta.</p>
<p>Aprovechando que nadie la había oído entrar, se deslizó hacia su habitación y sin despertar a su abuela, escondió la caja bajo la cama.</p>
<p>Decidió echarle un vistazo a su aspecto antes de ver a su madre…Efectivamente, el rosetón rojo había bajado de intensidad, aún le valía la historia de la farola. Pero aún tenía arañazos en el pecho y el cuello, así que se dejó la bufanda puesta antes de entrar a la cocina a saludar a su madre.</p>
<p>Esa noche su madre maldijo a las farolas mal colocadas.</p>
<p>Tuvo que esperar hasta pasadas las dos de la madrugada, para asegurarse de que todo el mundo estaba profundamente dormido.</p>
<p>Sacó la caja de debajo de la cama, y sin ponerse las zapatillas a pesar del frío del suelo que traspasaba sus calcetines, se fue de puntillas al cuarto de baño donde se encerró.</p>
<p>Con unas tijeras de costura y con mucha paciencia, fue cortando los innumerables fixos que cerraban la caja de cartón. Los nervios le impedían a penas sentir sueño y  su cabeza no paraba de dar vueltas a la posibilidad de que el mensaje que Rafa le hubiese dejado se habría roto en la huida, gracias a sus métodos poco “sutiles”.</p>
<p>Cuando el último fixo cayó, sus manos comenzaron a temblar sin poder evitarlo y con emoción, levantó las tapas de cartón.</p>
<p>Todavía pensó la posibilidad de que se encontraría un montos de pelis porno y descubriría una faceta de Rafa que desconocía, pero al ver un montón de tiras de papel de periódico que ocultaban algo bajo ellas, se convenció de que tenía que ser algo más importante…¿El disco? Porque si era así, ya podía tener Rafa un buen seguro porque lo máximo que iba a encontrar era polvo de arcilla.</p>
<p>Pero lo que encontró finalmente bajo tiras de papel, fue una caja de madera mucho más pequeña que la caja de cartón…Desde luego que eso era lo que la había salvado.</p>
<p>La emoción se apoderó de ella. ¿Sería finalmente una nota de Rafa? ¿Le diría donde estaba? Pero desde luego, la respuesta que encontró no era la esperada.</p>
<p>Dentro de la caja había dos cosas: La primera y que más le llamó la atención, fue un colgante en forma de media circunferencia. Era de un material parecido a la plata pero de color rojo y en su centro presentaba tres huecos de forma triangular. Parecían hechos para encajar algo de la misma forma en su interior, como un puzzle. Al mismo tiempo, en el borde donde acababa la media circunferencia, había otros dos huecos que parecían hechos para encajar la otra mitad del colgante.</p>
<p>Isabel miró el colgante sin entender muy bien que se suponía que debía hacer con él. Lo miró una y mil veces intentado encontrarle algún otro sentido, pero la única conclusión a la que llegó, es que ese colgante estaba incompleto…Le faltaba la otra mitad.</p>
<p>Se lo colgó del cuello gracias a una  cadena de plata que lo acompañaba y se miró en el espejo. En verdad era bonito…Bueno, más que bonito, era enigmático y eso lo hacía especial.</p>
<p>Recordó que había algo más en la caja y definitivamente fue el objeto que más la desconcertó: Una entrada para ir al teatro de la maestranza.</p>
<p>Se trataba de una obra de ballet o de algún tipo de baile clásico- contemporáneo (O al menos eso dedujo de lo que ponía en la entrada).</p>
<p>La representación se titulaba “Las tres hijas” y estaba fechado para el día de mañana a las 4 de la tarde.</p>
<p><a href="http://mandragorafics.files.wordpress.com/2011/08/ballet-entrada.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-210" title="ballet entrada" src="http://mandragorafics.files.wordpress.com/2011/08/ballet-entrada.jpg?w=300&#038;h=106" alt="" width="300" height="106" /></a></p>
<p>Isabel giró la entrada buscando algo más y se sorprendió al encontrar, escrito a bolígrafo la siguiente frase: <strong>“¿Qué edad tiene cada una? Llámame cuando lo sepas”</strong></p>
<p>Se quedó mirando fijamente la frase durante largo rato, como si por arte de magia fuera a aparecer algo más en ella. Al menos, algo que tuviera sentido.</p>
<p>Si todo esto era obra de Rafa, desde luego se había ganado una buena paliza cuando le encontrase.</p>
<p>Asomó la cabeza al pasillo y casi se asustó al ver la hora: Las cuatro menos veinte ¿Tanto tiempo llevaba en el baño?</p>
<p>Recogió los restos de fixo, dobló la caja por la mitad  y lo metió todo en una bolsa. Por la mañana lo tiraría. Ahora necesitaba dormir algo si quería seguir viva después del instituto para llegar a tiempo al dichoso teatro.</p>
<p>Porque al final había decidido seguirle el juego, o la pista o lo que se tratase aquello a su amigo.  Definitivamente, el día siguiente sería digno de recordar.</p>
<p>Las horas del día pasaron lentas y cuando por fin salió del instituto, estuvo tentada de volver derechita a casa. Pero en el fondo, le inquietaba demasiado lo que podía haber detrás de todo el asunto como para seguir con su rutina normal y quedarse tan tranquila.</p>
<p>Buscó una cabina de teléfono y llamó a su casa:</p>
<p>-          ¡Hola mamá!&#8230;</p>
<p>-          ¿Pasa algo Isa?</p>
<p>-          No… ¿Qué iba a pasar?- intentó que su voz sonara lo menos nerviosa posible.</p>
<p>-          Me estas llamando en vez de estar aquí para comer ¿Tú que opinas?</p>
<p>-          Perdona mamá, no te he llamado antes porque hoy he salido más tarde…- hubo  una pequeña pausa en la que ninguna de las dos hablaron.</p>
<p>-          ¿…Y?</p>
<p>-          Que me voy a quedar con unas amigas para hacer un trabajo….Así que no me esperéis para comer- lo dijo todo de un tirón esperando que su madre no hiciese demasiadas preguntas como solía hacer.</p>
<p>-          ¿Un trabajo de qué?- como si lo hubiese estado esperando la boca de Isabel se movió prácticamente sola.</p>
<p>-          De biología- Y antes de que su madre pudiese preguntarle quienes eran esas amigas, donde vivían y de qué trataba el trabajo, Isabel habló rápidamente- Mamá, me he quedado sin monedas…Escucha, llegaré tarde. Nos vemos esta noche…¡Un besito!</p>
<p>Y colgó.</p>
<p>Las ventajas de no tener móvil. Ahora estaba ilocalizable.</p>
<p>Tras un ya habitual recorrido en autobús y parte andando, llegó a los pies del inmenso teatro. Consultó su reloj y vio que aún quedaban 10 minutos para las cuatro de la tarde.</p>
<p>Realmente no sabía muy bien que hacer…¿Debía entrar directamente?¿Tendría que darle la entrada a alguien?</p>
<p>Sin saber muy bien por qué, se acercó a la taquilla que estaba abierta.</p>
<p>-          Perdone…tengo esta invitación para…- dijo enseñándole la entrada a la taquillera que no la dejó terminar su frase.</p>
<p>-          Por la puerta lateral- Y acto seguido, continuó leyendo un gastado libro, sin añadir nada más.</p>
<p>Isabel murmuró un “gracias” bastante irónico y fue a buscar la famosa “puerta lateral”. No tuvo que andar mucho para encontrarse con una puerta metálica en uno de los laterales del edificio. Vio como un par de chicas entraban en ese momento, charlando animadamente.</p>
<p>Corrió hacia ellas, haciéndoles señales para que no entrasen aún.</p>
<p>-          ¡Esperad!- Las chicas se giraron al verla correr hacia ellas- Perdonad….- Isabel intentaba recuperar el aliento- Es que tengo esta invitación y en taquilla me han dicho que viniese por aquí…- Las chicas no parecieron sorprenderse por la entrada y una de ellas le preguntó con una sonrisa:</p>
<p>-          ¿Tú también eres del conservatorio?</p>
<p>-          ¿Eh?</p>
<p>Isabel no entendía nada, pero en ese momento un señor asomó la cabeza por detrás de la puerta y muy educadamente dijo:</p>
<p>-          Señoritas, necesito que pasen. Voy a cerrar la puerta.</p>
<p>Las dos chicas entraron antes que ella y le entregaron su invitación al señor uniformado. Él cortó una esquina de la invitación y se las devolvió.</p>
<p>-          Muchas gracias.- Acto seguido miró a Isabel con la mano ya extendida.</p>
<p>Isabel dudó unos instantes. Realmente en la entrada no ponía nada importante y si sólo le quitaban un piquito, no perdería gran cosa. A demás, no tenía sentido que le hubiesen dado esa invitación para que se peleara con el hombre de la puerta para que no se la rompiese.</p>
<p>Con una sonrisa nerviosa le entregó la invitación, esperando que el hombre no gritase de pronto que era falsa, o algo por el estilo. Sin embargo, nada paso. El hombre recortó un trozo de la entrada y se la devolvió.</p>
<p>-          Muchas gracias.</p>
<p>Isabel entró apresuradamente, siguiendo el pasillo que le habían indicado y tras unos cuantos pasos se quedó con la boca abierta.</p>
<p>Nunca había estado dentro de aquel teatro y cuando vio todas las hileras de asientos perfectamente alineados, aquel escenario inmenso y el lugar reservado para la orquesta no pudo más que asombrarse.</p>
<p>Sin embargo no había demasiada gente en los asientos. A penas una cuarta parte del teatro estaba llena y la mayoría parecían chicos jóvenes.</p>
<p>A Isabel le pareció reconocer a las dos chicas que se había encontrado en la puerta, sentadas en una de las filas centrales. Así que como pudo, ya que habían bajado la intensidad de las luces en la zona de los asientos, se acercó hasta allí.</p>
<p>-          Hola de nuevo- les dijo, a lo que ellas respondieron con una sonrisa envuelta en aquella semipenumbra- ¿Está libre este asiento?- dijo indicando uno al lado de ellas.</p>
<p>-          Claro, siéntate- dijo la más joven de las dos. Llevaba rastas en el pelo y tenía unos impresionantes ojos azules.</p>
<p>Isabel se sentó y miró al escenario aún vacío. Algunos músicos estaban ya sentados, afinando sus instrumentos en una melodía, que en conjunto, sonaba bastante extraña.</p>
<p>Realmente no sabía que se suponía que estaba esperando ¿Iba a ver una representación de algo? ¿Para qué?</p>
<p>-          Perdona de nuevo- le dijo a la chica de las rastas. Ésta se giró y buscó su mirada a través de las sombras- Verás, te vas a reir…Pero no se muy bien que hago aquí. Alguien me dio una invitación para venir hoy…Y ni siquiera sé que se supone que he venido a ver.</p>
<p>-          Ya decía yo que tu cara no me sonaba del conservatorio- añadió la chica con una sonrisa- Me llamo Carmen.</p>
<p>-          Yo Isabel- La chica se inclinó para darle dos besos e Isabel tuvo que intuir prácticamente donde estaban sus mejillas para no besarla de lleno en los labios. Al separase le hizo cosquillas en la mejilla con una de las rastas.</p>
<p>-          Verás, te explico- dijo la chica- Hoy es el preestreno, por llamarlo de alguna manera, de la puesta en escena de la compañía de baile Equilibrium. Hasta mañana no actuarán para el público…. ¡Todas las entradas están agotadas! Además- dijo señalando al lugar donde se encontraban los músicos- Han venido músicos muy importantes. He oído que incluso un par de ellos son de la orquesta transiberiana.</p>
<p>A Isabel todo aquello le sonaba prácticamente a chino…La orquesta, el nombre de algunos bailarines que la chica le nombró y el nombre de la nueva técnica de baile que se emplearía en la puesta en escena.</p>
<p>-          Bueno…Y si se supone que no se puede ver hasta mañana ¿Qué hacemos aquí?</p>
<p>-          Ventajas de ser del conservatorio de danza- dijo con una mueca graciosa- A nosotros y  a los del conservatorio de música, nos regalan a veces invitaciones para ver el ensayo de los bailarines y de la orquesta. Es algo así como las entradas del preestreno de una peli…Y te ahorras una pasta.</p>
<p>Desde luego que aquello tenía sentido, pero aún no sabía que hacía allí.</p>
<p>-          ¿Y a ti quien te consiguió la invitación?- le preguntó la chica. Isabel dudó unos instantes antes de contestar.</p>
<p>-          Un amigo</p>
<p>-          Un amigo con bastante influencias, por lo que veo.- La chica le sonrió de medio lado- Verás como te gusta.</p>
<p>Y ya no dijeron nada más, porque las luces se apagaron por completo y sólo una pequeña luz iluminaba el escenario y a la orquesta.</p>
<p>Al movimiento de la batuta del director, los violines empezaron a sonar acompasados y profundos, haciendo vibrar el sonido dentro del pecho de Isabel. Poco a poco, los bailarines hacían su aparición en escena.</p>
<p>Aquello no se parecía en nada a las representaciones de ballet clásico…Bueno, ella no entendía si los pasos o la técnica tenían algún parecido, pero el vestuario desde luego que no lo tenía. Además, algunos bailarines bailaban descalzos y sin camiseta.</p>
<p>Al final descubrió que a pesar de lo extraño de la representación, le gustaba el conjunto de la música con los complejos movimientos de los bailarines…Según le susurró al oído Carmen, era una representación de la liberación de las personas…De sus deseos, sus miedos…Nunca habría imaginado que algo tan complejo se pudiese expresar con la música y el cuerpo.</p>
<p>Cuando los últimos acordes murieron junto con uno de los personajes de la obra, todo el mundo aplaudió entusiasmado.</p>
<p>Tras el saludo de los bailarines y un aplauso prolongado, dedicado también a los músicos, las luces volvieron a encenderse y la mente de Isabel volvió a la realidad…</p>
<p>¿Y ahora qué?</p>
<p>Se levantó del asiento sin saber muy bien que hacer, pero Carmen la agarró del brazo.</p>
<p>-          ¿A dónde vas?</p>
<p>-          ¿No se ha terminado?- preguntó extrañada.</p>
<p>-          Ahora viene lo mejor- y le guiñó un ojo.</p>
<p>Y no sabe cuanto le agradeció que la retuviese allí, porque la respuesta a todas sus preguntas estaba a punto de aparecer.</p>
<p>Tras unos minutos de descanso, los bailarines volvieron a aparecer ya cambiados y se sentaron en el escenario. Y al momento se estableció una rueda de preguntas, por parte del público, a la que los bailarines contestaban animadamente.</p>
<p>Hubo muchas preguntas sobre la técnica de baile, el estilo de música elegido y muchas cosas más, sobre técnica e instrumentos, que Isabel no terminó de entender del todo.</p>
<p>Hasta que alguien hizo una pregunta clave.</p>
<p>-          ¿Qué tiene que ver el título con la representación? Porque no entiendo muy bien lo de “Las tres hijas”…</p>
<p>Los ojos y las orejas de Isabel se abrieron de par en par, porque por fin, una pregunta le resultaba lo suficientemente familiar e interesante.</p>
<p>-          Eso deberías preguntárselo al coreógrafo…Es que es un poco presumido y estará poniéndose guapo para salir al escenario- comentó uno de los bailarines. Todo el mundo rió con el chiste- ¡Javier¡ ¡Javier!- Llamó el chico al interior de las cajas del escenario- ¡Tu público te espera!</p>
<p>Al instante salió un chico relativamente joven de entre las bambalinas, algo tímido que saludó al público con una mano.</p>
<p>Llevaba el pelo despuntado con gomina, una camisa negra con los dos primeros botones desabrochados, vaqueros gastados y lo que más llamó la atención de Isabel y de lo que ya no pudo despegar la mirada durante lo que quedaba de la rueda de preguntas.</p>
<p>El tal Javier llevaba unos botines plateados, horrorosos, con franjas negras y blancas formando algo parecido a un tablero de ajedrez.</p>
<p>Era imposible que aquello fuese una simple casualidad…No  con aquellos botines (¡no podía haber dos personas en la misma ciudad con el mismo mal gusto!) y menos después de haber sido conducida hasta allí de una forma tan extraña.</p>
<p>El chico tomó el micrófono y con una sonrisa nerviosa, miró hacia el público, entornando los ojos.</p>
<p>-          ¿Serías tan amable de repetir la pregunta?</p>
<p>-          Había preguntado por el título de la obra…”Las tres hijas” ¿Tiene algún significado especial?</p>
<p>El coreógrafo, se frotó la nuca contrariado. Parecía estar analizando seriamente la pregunta. Incluso cuando respondió, parecía estar estudiando cuidadosamente las palabras.</p>
<p>-          Una vez vi en el parque a una mujer con sus tres hijas…Estuve largo rato observándolas y me di cuenta que los hijos son un motor importante en los sentimientos.Dicen que ser padres es la mejor experiencia del mundo…¡Aunque también puede ser agotador!- El publico rió con el comentario y Javier continuó hablando algo nervioso- Pero el título es meramente conmemorativo. Porque fue en ese momento en que encontré la idea para la obra…</p>
<p>Javier consideró que la pregunta estaba contestada, porque bajó el micrófono y miró al público. Parecía que nadie más tuviese nada que preguntarle…Sin embargo, volvió a acercarse el micrófono a la boca y preguntó:</p>
<p>-          ¿Alguna última pregunta?</p>
<p>A Isabel aquello le sonó a ultimátum ¿Tenía sentido hacer la pregunta que le había estado rondando por la cabeza todo el rato? Desde luego que no podía preguntar delante de todo el mundo, por qué el dueño de los famosos botines que tan nerviosamente miraba hacia el público, había estado esa mañana en casa de su mejor amigo…No, desde luego que no podía jugársela y menos exponerse de esa manera, porque ella también tendría que explicar que hacía escondida debajo de la cama.</p>
<p>En vez de eso, decidió usar el último as que le quedaba bajo de la manga. Levantó el brazo y la azafata con el micro se acercó a ella para que pudiesen escucharla desde el escenario.</p>
<p>Cuando todas las miradas se volvieron hacia ella notó que tenía la boca excesivamente seca.</p>
<p>Apretó el micrófono con fuerza y aún a riesgo de hacer un ridículo espantoso preguntó:</p>
<p>-          ¿Qué edad tienen?</p>
<p>Hubo unos segundos de silencio, en los que pareció que todo el mundo analizaba la pregunta ¿Realmente había preguntado eso? La gente empezó a mirarla como si  tuviese la cara a cuadros. Isabel se sintió totalmente estúpida.</p>
<p>Pero cuando vio que Javier se puso más blanco de lo que ya era, el ridículo pasó a un segundo plano.</p>
<p>Él no estaba sorprendido…Estaba asustado.</p>
<p>-          ¿Perdona?- Isabel hubiese jurado que Javier trago fuerte antes de preguntar eso.</p>
<p>-          ¿Qué edad tienen?</p>
<p>-          ¿Quién?</p>
<p>Esa pregunta no se la esperaba.</p>
<p>-          Pues…- dudó unos instantes, pero sólo había una respuesta lógica- Las tres hijas.</p>
<p>De nuevo un silencio incomodo que fue roto por la abrupta respuesta de Javier.</p>
<p>-          No lo recuerdo.</p>
<p>Y tras aquello, se disculpó diciendo que los bailarines y los músicos se habían ganado la merienda. El público se despidió con un nuevo aplauso y la rueda de preguntas se dio por terminada.</p>
<p>Isabel se desplomó en su asiento. Había hecho el ridículo para nada. Habría jurado que Javier realmente se había puesto tenso con la pregunta. Lo había tomado como una señal…Aunque quizás no estuviese tan equivocada.</p>
<p>Al igual que ella no podía preguntar una serie de cosas, quizás él no podía responder a una serie de cosas delante de todo el mundo. Decidió que esperaría a que todo el mundo saliese del teatro y una vez fuera, se las ingeniaría para poder hablar a solas con Javier.</p>
<p>Afuera hacía un poco de corriente e Isabel se felicitó a si misma por haberse llevado la bufanda mas gorda que su abuela le había tejido. Se rozó con la yema de los dedos la zona marcada de su cara. Aún le dolía bastante lo de ayer. Al menos no le había salido un cardenal ni nada por el estilo, pero se notaba que había tenido un golpe recientemente.</p>
<p>Cinco minutos después, empezaron a salir algunos de los músicos cargados con sus instrumentos y el resto del público.</p>
<p>Carmen, la chica de las rastas, estaba por allí cerca charlando con uno de los bailarines. El chico le firmó un autógrafo en su entrada y se despidió de ella alegremente.</p>
<p>Finalmente, Carmen se giró y vio a Isabel pegada a la pared, evitando la corriente que se colaba por la esquina del edificio. Se acercó a ella agitando la entrada en la mano.</p>
<p>-          ¡He conseguido su autógrafo!- sus ojo brillaban con emoción. Parecía una niña pequeña con un caramelo.</p>
<p>-          Me alegro- Isabel desvió la mirada un momento de ella para observar a las personas que salían por la puerta. Eran más componentes de la orquesta. Un par de chicos altos y rubios y una chica con rasgos orientales, que llevaban lo que parecían ser la funda de unos violines. Unos cuantos chicos se acercaron a pedirles también unos autógrafos. Su mirada chocó unos instantes con la de la chica de rasgos orientales.</p>
<p>-          ¿Sabes?- Carmen llamó de nuevo su atención- Eres una tía rara, pero me gustas.</p>
<p>A Isabel sólo le salió una mueca extraña, parecida a una sonrisa.</p>
<p>-          Por eso te voy a dar mi número de teléfono- Carmen rebuscó en su bolso y sacó un papel arrugado y un bolígrafo. Tras garabatear unos números, se lo tendió a Isabel- Si alguna vez quieres salir por ahí…Ya sabes, a tomar algo…O lo que sea. Llámame ¿Vale?</p>
<p>Isabel cogió el papel y musitó un “gracias” que solamente fue audible por ella misma.</p>
<p>Realmente no podía creer que aquella chica le acababa de dar su número…Y algo le decía que no era solamente para quedar a tomar café.</p>
<p>Carmen, al ver que Isabel miraba el papel sorprendida, pero no asustada, se inclinó hacia ella y con delicadeza depositó un beso en su mejilla dolorida.</p>
<p>-          Cuídate &#8211; le susurró cerca del oído. Sus piernas temblaron levemente cuando vio los increíbles ojos azules de Carmen tan cerca, pero ésta simplemente le guiñó un ojo y salió corriendo.</p>
<p>La respiración de Isabel tardó unos segundos en normalizarse…¡Joder! ¡Si lo llega a saber, se apunta al conservatorio antes!</p>
<p>Aún con una sonrisa en los labios miró de nuevo hacia la puerta…</p>
<p>Y para su horror descubrió que ya estaba cerrada.</p>
<p>Miró en todas direcciones, pero ni rastro de Javier.</p>
<p>Buscó con la mirada entre un pequeño grupo de gente que aún permanecía cerca del teatro, pero no lo reconoció entre ellos.</p>
<p>Corrió hacia la esquina del edificio…Quizás habían girado por allí y aún lo pillaba a tiempo.</p>
<p>Se maldijo a si misma por no tener la cabeza donde debía. Eso le pasaba por dejarse engatusar por unos ojos bonitos.</p>
<p>Cuando giró la esquina descubrió, para su desgracia, que allí no había nadie. Se apoyó abatida en la pared del edificio…No se podía creer que estuviese igual que al principio: con una invitación extraña y sin ninguna pista.</p>
<p>Tendría que venir mañana al estreno de la obra y esperar de nuevo a que todos salieran, esperando que Javier viniese también.</p>
<p>Giró la esquina, maldiciendo su suerte una vez más, cuando de pronto sintió que una mano la agarraba del brazo y que de un fuerte tirón la hacía retroceder sobre sus pasos, hasta quedar pegada contra la pared.</p>
<p>Al principio, no pudo hablar de la impresión, pero instantes después reconoció a un nervioso Javier, que miraba en todas direcciones asegurándose de que nadie los vigilaba.</p>
<p>-          ¿Por qué estabas esta mañana en casa de Rafa?- le preguntó Isabel con toda la sangre fría que pudo. Javier la miró sorprendido y tensó aún más el agarre que ejercía sobre su brazo.</p>
<p>-          ¿Cómo sabes…?</p>
<p>Pero no terminó la frase, porque un par de personas giraron la esquina y Javier se separó rápidamente de ella. De nuevo, la chica oriental y alguien que no pudo reconocer, se quedaron a unos metros de ellos charlando. Cuando Javier se aseguró de que no sospechaban nada, volvió a acercarse a Isabel.</p>
<p>-          Mira…me da igual lo que sepas…</p>
<p>-          ¿Dónde está mi amigo?- preguntó seria. Javier la miró unos instantes sin comprender muy bien a que se refería.</p>
<p>-          Lo siento, pero yo sólo tengo respuesta para una pregunta.</p>
<p>Se giró y apunto estuvo de marcharse cuando se escuchó la voz de Isabel gritarle:</p>
<p>-          ¿Qué edad tienen?</p>
<p>Javier giró sobre sus propios pasos, permaneciendo separado de Isabel apenas un par de metros.</p>
<p>-          Escucha la respuesta porque sólo la diré una vez…Y es la única que hay.</p>
<p>Isabel puso sus cinco sentidos en la voz de Javier…Sin esperar que la respuesta llegara a ser tan extraña:</p>
<p>-          <em>El producto de las tres edades es 36 y la suma, es el número del portal en el que vives…</em></p>
<p>Una vez que Javier dejó de hablar, un silencio espeso les envolvió a ambos… ¿Qué era eso? ¿Un ejercicio de matemáticas?</p>
<p>Javier se giró de nuevo dispuesto a irse, pero de nuevo, la voz de Isabel le retuvo.</p>
<p>-          ¡Espera!- su grito sonó desesperado- ¡¿Qué clase de respuesta es esa?!..¿Es que no vas a decirme nada más?!</p>
<p>Por unos instantes Javier pareció pensar seriamente lo que había dicho.</p>
<p>-          Tienes razón…me falta un dato.</p>
<p>Acto seguido se acercó a Isabel mucho más de lo que habían estado antes y prácticamente le susurró cinco palabras:</p>
<p>-          <em>La mayor, toca el piano</em>.</p>
<p>Finalmente, Javier se alejó de allí, dejando a Isabel con la sensación de que le habían tomado el pelo.</p>
<p>Isabel volvió a casa refunfuñando y enfadada en parte consigo misma.</p>
<p>Desde luego que el tal Javier estaba loco y que ella no entendía ni una sola palabra de su extraño jueguecito ¿Qué se supone que debía sacar de todo aquello?</p>
<p>Su tripa crujió, recordándole que aún no había almorzado nada y ya eran pasadas las seis de la tarde. Esquivando charcos, se subió a la acera al escuchar el motor de un coche relativamente cerca, pero para su sorpresa el coche no llego a pasar…Extraño, la mayoría de la gente solía conducir bastante rápido por aquella zona, a pesar de que en algunas de sus calles, apenas había sitio para pasar debido a los coches aparcados en doble fila.</p>
<p>Se paró en la primera tienda de ultramarinos que vio y se compró una palmera de chocolate, tan grande como sus dos manos juntas.</p>
<p>Salió relamiéndose de la tienda y por unos instantes, permitió a su mente descansar de toda aquella locura sin sentido y centrarse en el exquisito sabor del chocolate fundiéndose en su boca…Adoraba el chocolate.</p>
<p>De nuevo el sonido del motor de los coches la alertó y se pegó más aún a la pared, sin prestar demasiada atención si realmente pasaba algún coche. Su atención estaba volcada en evitar que se le cayeran  más trozos de hojaldre al suelo.</p>
<p>Tardó unos 15minutos en llegar a la parada y una vez allí, aprovechó que el sol había salido entre las nubes y se relajó en uno de los asientos de la parada.</p>
<p>Al rato abrió los ojos y buscó con la mirada el autobús en la lejanía. El tráfico era relativamente fluido, a pesar de los coches aparcados en doble fila cerca de la parada.</p>
<p>Para pasar el rato se dedicó a mirar las matrículas de los coches aparcados. Le gustaba buscar números capicúa.</p>
<p>En su repaso mental se encontró con un Peugeot 306 tuneado (una verdadera pena) de matricula satánica (SE- 6660- CJ), un Mercedes deportivo, extranjero, con matrícula capicúa (FR- 2992- SR) y un Ford fiesta con un número capicúa bastante sugerente (SE- 6996 – LS). En mitad de su examen visual, apareció su autobús y relamiéndose los dedos de chocolate, buscó el bonobús en el bolsillo de su chaqueta.</p>
<p>Se sentó al final del autobús, en los asientos “marginados”, como los llamaba ella, porque la mayoría de la gente huía del calor del motor. Pero ahora, en invierno, podía llegar a ser bastante agradable.</p>
<p>Mientras miraba por la ventana intentó recordar las palabras exactas de Javier<em>: “El producto de las tres edades es 36 y la suma, es el número del portal en el que vives…”</em> Desde luego que parecía un problema de los cuadernillos rubio, que su madre le obligaba a hacer cuando era pequeña.</p>
<p>Un momento ¿Cómo sabía él cual era el número de su portal?</p>
<p>Pero sus cavilaciones se vieron rotas por un frenazo brusco del autobús. Asustada miró por la ventana buscando el motivo de las pitadas enfurecidas de los conductores.</p>
<p>Al parecer los gritos iban dirigidos a un Mercedes deportivo que se había cambiado de carril repentinamente, estando a punto de chocar con el autobús.</p>
<p>Después de que el conductor del autobús le mentara al del Mercedes algo sobre su madre y sobre si en su país los intermitentes no existían, el autobús se puso en marcha de nuevo.</p>
<p>Isabel, se reía internamente del comentario del conductor del autobús, cuando cayó realmente en lo que había dicho. ¿Qué si existen los intermitentes en su país?</p>
<p>Buscó con la mirada el Mercedes y lo encontró unos metros por detrás del autobús. Se esforzó en leer la matrícula y descubrió que se trataba del mismo coche aparcado en segunda fila en la parada: FR- 2992- SR.</p>
<p>El Mercedes se colocó detrás del autobús cuando éste estaba a punto de llegar a la próxima parada y ambos se detuvieron al mismo tiempo.</p>
<p>Isabel se levantó de su asiento y se acercó a mirar por la estrecha ventana de atrás. Le quedaba un poco alta, así que tuvo que ponerse de puntillas para mirar. Con un poco de esfuerzo, consiguió ver como el Mercedes estaba alejado del autobús por un par de coches que tenía delante, con lo que se hacía complicado ver la cara del conductor.</p>
<p>Los otros dos coches, adelantaron al autobús mientras éste dejaba salir a los pasajeros y recogía a los de la parada.</p>
<p>El Mercedes, ni siquiera puso el intermitente con intención de adelantarlo. Simplemente permaneció a una distancia prudencial del autobús, esperando a que éste arrancase de nuevo.</p>
<p>Aquel comportamiento le resultó raro a Isabel. La mayoría de los coches no aguantaban más de dos segundos detrás del autobús y solían cambiarse de carril en cuanto lo veían a lo lejos.</p>
<p>Tal y como esperaba, el Mercedes arrancó al mismo tiempo que el autobús y permaneció tras él el resto del camino. Isabel comprobó que repetía el mismo comportamiento cada vez que el autobús se detenía en una parada y empezó a sospechar que el Mercedes, realmente, estaba siguiendo al autobús.</p>
<p>Intentó no volverse paranoica, porque lo primero que pasó por su mente es que la estaba siguiendo a ella.</p>
<p>Comprobó que, cuando apenas quedaban dos paradas para llegar a la suya, el Mercedes aún permanecía tras el autobús y entonces si que empezó a preocuparse de verdad.</p>
<p>Definitivamente el coche estaba siguiendo al autobús y si aún no había parado, cabía la enorme posibilidad de que estuviese esperando a que ella bajase del autobús.</p>
<p>El pánico se apoderó de ella y decidió que no estaba dispuesta a esperar más.</p>
<p>Apretó el botón de parada para que el autobús se detuviese y bajó una parada antes de la suya.</p>
<p>En cuanto puso los pies en el suelo, su primer impulso fue correr, pero al instante pensó que aquello podría alertar a su persecutor. Así que intentó mantener un paso relativamente normal hasta que llegó a una esquina y entonces echó a correr.</p>
<p>No se permitió mirar para atrás, por si alguien había salido del coche y la seguía. Al menos, tantos años jugando al fútbol le habían servido para algo y aguantó la carrera como una campeona.</p>
<p>Se ocultó en el primer portal abierto que encontró y se escondió tras las escaleras. Oía el sonido de su propio corazón desbocado y a pesar de lo aparentemente peligroso de la situación, sentía una agradable sensación al estar sumergida en todo aquello…Debía de ser alguno de los efectos colaterales de la adrenalina. Eso, o se estaba volviendo idiota.</p>
<p>Vio pasar a un señor corriendo a toda velocidad y se agazapó aún más en su escondite, aunque era prácticamente imposible que nadie la viese allí abajo, entre la oscuridad.</p>
<p>Sin embargo, ella si veía desde suposición la calle a través de los cristales del portal y pudo comprobar como el señor que corría, lo hacía para alcanzar un autobús que estaba apunto de perder. Falsa alarma.</p>
<p>Pasaron varios minutos y la calle permanecía con su movimiento habitual. Isabel empezó a pensar que se había precipitado más de la cuenta. ¡A lo mejor tenía que empezar a ir al psicólogo por tener manía persecutoria!</p>
<p>La carrera y la cantidad de ropa que llevaba, la habían echo empezar a tener calor y con un bufido se arrancó prácticamente el nudo de la bufanda, dejando que el aire fresco del rellano le aliviase el cuello y las heridas, que empezaban a picarle por el sudor.</p>
<p>Isabel realmente empezó a plantearse que aquello no había sido más que una tontería pasajera y que todo no giraba a su alrededor. Quizás era hora de volver a casa.</p>
<p>Una mujer entró en el portal en ese momento y miró extrañada a Isabel, la cual se tensó unos instantes, que seguía agachada junto a la escalera,</p>
<p>-          Se me había caído una moneda- aclaró, mientras se levantaba y se sacudía la ropa. Sin darle tiempo a la mujer a replicar, salió rápidamente del portal.</p>
<p>Respiró profundamente el aire fresco de la calle para que le ayudara a relajarse. Necesitaba pensar fríamente y sobre todo, calmarse.</p>
<p>Retomó sus pasos, volviendo de nuevo a la zona de la parada del autobús, para tomar la calle que la llevaría hasta su casa. Inconscientemente, iba pendiente de todos los coches que pasaban cerca, pero ni rastro del famosos Mercedes.</p>
<p>Cuando por fin llegó a su calle, empezaba a relajarse de verdad, convencida de que no había sido más que una coincidencia y de que realmente, necesitaba ayuda psicológica.</p>
<p>Su calle parecía extrañamente, más vacía de lo habitual. La tarde comenzaba a caer con rapidez y el frío se apoderaba de las calles, haciendo que las ventanas estuviesen cerradas a cal y canto.</p>
<p>Aceleró el paso al sentir el frío en la cara. Empezaba a echar de menos la estufa de la mesa camilla y un buen vaso de leche caliente.</p>
<p>De pronto, un grupo de niños en bicicleta, doblaron la esquina a toda velocidad e Isabel tuvo que pegarse a la pared para evitar que la arrollaran en su carrera.</p>
<p>A punto estuvo de gritarles algo por ir como locos por la calle, cuando alguien se le adelantó:</p>
<p>-          <em>Attention!</em></p>
<p>Fue una sola palabra, pero a Isabel no le costó demasiado reconocer el acento francés y mucho menos que sus pies echaran a correr antes incluso de que ella misma se diese cuenta.</p>
<p>Corría todo lo rápido que sus piernas le permitían, aguantando el dolor del tobillo como podía y sintiendo como la maleta golpeaba en su espalda por la carrera.</p>
<p>Se salió de la acera y comenzó a correr por la carretera, esquivando los coches que le pitaban al pasar. Vio una de las calles perpendiculares a la general mucho más estrecha, en ella estaban haciendo obras y si se colaba por entre las vallas, tendría una oportunidad…Si corría muy deprisa podría darla esquinazo a quien fuera.</p>
<p>Antes de doblar la esquina giró la cabeza hacía atrás, en busca de sus persecutores. Tenía esperanzas de haberlos dejado suficientemente atrás, tras su salida repentina.</p>
<p>Le pareció ver cierto movimiento calle abajo, como si alguien intentara abrirse paso entre los coches. Aún tenía una oportunidad de escapar.</p>
<p>Volvió la vista al frente antes de girar la esquina y segundos antes de tener un enorme choque con alguien que venía en sentido contrario.</p>
<p>El golpe provocó que Isabel cayese de culo al suelo perdiendo la bufanda en el proceso, y sin poder evitarlo, la otra persona que venía de frente también cayó al suelo. Durante unos segundos, Isabel sólo vio puntitos blancos provocados por el dolor de la caída y el esfuerzo, pero poco a poco su visión se fue aclarando y pudo enfocar a la persona que tenía enfrente.</p>
<p>La chica con la que había chocado, estaba también tirada en el suelo, con la camisa desordenada por la caída y manchada del polvo de la obra. En su mano derecha aguantaba un móvil, por el que probablemente venía hablando y por eso no la había visto venir. La chica también respiraba agitadamente por la sorpresa, haciendo que los mechones de pelo negro, manchados de polvo, que colgaban frente a su boca se agitaran nerviosos. Sus ojos marrones y almendrados la miraron primero con furia y tras unos segundos de reconocimiento, en los que su mirada se paseó por su cara y peligrosamente cerca de su escote, la chica abrió los ojos lo con sorpresa.</p>
<p>Isabel estuvo a apunto de decir algo, incluso de disculparse, pero en esos instantes reconoció a la persona con la que había chocado.</p>
<p>La chica de rasgos orientales del teatro.</p>
<p>-          Tú…- fue lo único que Isabel atinó a decir.</p>
<p>Sin embargo, la chica se levantó rápidamente y sin prestarle atención a la mirada asustada y sorprendida de Isabel, la cogió del cuello del abrigo y la obligó a ponerse en pie.</p>
<p>Todo pasó tan rápido que a Isabel no le dio tiempo a hacer o decir nada. La chica prácticamente la arrastró por la calle, entre el ruido de las máquinas de la obra mientras miraba en todas direcciones en busca de algo.</p>
<p>Cuando Isabel quiso darse cuenta, estaba siendo empujada al interior de una vieja vivienda de esa misma calle, con los portones completamente agrietados por el tiempo.</p>
<p>Dio con la espalda en la fría pared de piedra mientras la chica cerraba los portones tras de si, echando una última mirada nerviosa al exterior. El sonido de las puertas al cerrarse, fue seguido de una semipenumbra y de la humedad típica de aquellas casas antiguas.</p>
<p>Isabel fue decir algo, cuando la chica aprovechando su estatura, hechó todo el peso de su cuerpo sobre ella aprisionándola aún más contra la pared en aquel hueco demasiado estrecho para dos personas y tapándole la boca con una mano.</p>
<p>Isabel estaba demasiado asustada como para intentar si quiera moverse o morderle la mano para intentar gritar. Sentía su propia respiración chocar con la palma de la mano de aquella chica…Y se asustó aún más cuando la chica, se acercó el móvil que aún llevaba en la mano a la boca y susurró:</p>
<p>-          La tengo.</p>
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	</item>
		<item>
		<title>Capitulo 14(fin): El universo contra Bea</title>
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		<pubDate>Fri, 29 Jul 2011 12:37:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mandragora</dc:creator>
				<category><![CDATA[cap.14]]></category>

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		<description><![CDATA[Ha pasado mucho tiempo (me avergüenza reconocerlo) y mientras escribo estas palabras, me tiemblan un poco las manos y el pulso se me acelera de la emoción. De una pequeña idea sugieron Bea y Raquel y jamás hubiese imaginado que &#8230; <a href="http://mandragorafics.wordpress.com/2011/07/29/capitulo-14fin-el-universo-contra-bea/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a><img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=mandragorafics.wordpress.com&amp;blog=219506&amp;post=201&amp;subd=mandragorafics&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><em>Ha pasado mucho tiempo (me avergüenza reconocerlo) y mientras escribo estas palabras, me tiemblan un poco las manos y el pulso se me acelera de la emoción. De una pequeña idea sugieron Bea y Raquel y jamás hubiese imaginado que llegaría tan lejos, y si ha sido así, es todo gracias a vosotros. Porque sin vosotr@s, queridas y queridos lectores, todo esto no serían más que un montón de letras con sentido gramatical colgados en un blog, proclamando la vida de una chica locuela pelirroja apodada &#8220;bollito&#8221; y una morena con ojos de tormenta que conduce motos de escándalo y nos vuelve locas&#8230; XD</em></strong></p>
<p><strong><em>Es mucho más que todo eso porque vosotros le habeis dado vida al creer en ellas, al sentir como ellas y al comprenderlas.</em></strong></p>
<p><strong><em>Gracias.</em></strong></p>
<p><strong><em>Y de nuevo y por millonesima vez, gracias por vuestra paciencia. Si al menos consigo cubrir parte de vuestras espectativas con este final, me sentiré orgullosa. Aunque se que no hay finales para todos, este es el que más me gustó, desde mi humilde opinion, de todos lo que escribí: quise darles un buen final y que todos guardasemos un buen recuerdo de la espera.</em></strong></p>
<p><strong><em>Gracias y espero que disfruteis leyendo una vez más.</em></strong></p>
<p><em><strong>Un beso.</strong></em></p>
<p><em><strong>Mistika</strong></em></p>
<p>*****************************************************************************</p>
<p>El curso estaba a punto de terminar y los temidos exámenes me acechaban a la vuelta de la esquina, y si quería una buena nota en selectividad tenía que aplicarme en serio.</p>
<p>Me encerré en mi cuarto a estudiar y, prácticamente, dejé de ver la luz del sol….</p>
<p>…Y a Raquel.</p>
<p>Pasaba tantas horas metida en ese maldito cuarto y en la biblioteca, que cada vez nos veiamos menos y hablábamos más por teléfono. Ahora que mi madre había comenzado sus vaciones, Raquel ya no tenía que venir a cuidar a mi hermana, y por no molestarme, se pasaba sólo de vez en cuando para comprobar que aún seguía viva.</p>
<p>Yo agradecía sus esfuerzos por dejarme espacio para estudiar, porque suelo ponerme histérica en época de exámenes, pero la echaba mucho de menos.</p>
<p>A veces en medio de la marabunta de papeles y apuntes, la desesperación y las tazas de café, sentía la necesidad de tenerla cerca. Quería abrazarla y perderme en su aroma. Desaparecer de la realidad durante unos instantes.</p>
<p>Entonces miraba el reloj: las 3 de la mañana. No era un buen momento para llamarla, pero aún así lo hacía y ella siempre cogía el teléfono, aunque estuviese medio dormida. Sus monosilabos adormilados me refrescaban la mente y me daban fuerzas para seguir.</p>
<p>-          Deberías irte a dormir- me murmuraba Raquel a través de la linea con, lo que suponía, era su cara enterrada en la almohada.</p>
<p>-          Lo se, pero necesito repasar…</p>
<p>-          No, necesitas dormir…Y yo también- se oían ruido de fondo como sábanas moviéndose- Y necesitas salir más…O acabarás con un saludable moreno de flexo. ¿Por qué no descansas?</p>
<p>-          Debería- dije mirándo resignada el reloj- Perdona por haberte despertado, pero quería oir tu voz de zombi.- oí a Raquel reir de forma ahogada sobre la almohada al otro lado de la linea.</p>
<p>-          Descansa bollito. Te quiero.</p>
<p>-          Yo también te quiero. Buenas noches…</p>
<p>Pero la única respuesta que me llegó del otro lado fue un ronquido.</p>
<p>Colgué el teléfono sonriendo.</p>
<p>A partir de esa noche, las cosas cambiaron radicalmente.</p>
<p>Hay una frase de Paulo Cohelo que dice así: “Cuando deseas algo con fuerza, el universo entero conspira para que se haga realidad.”</p>
<p>Señor Cohelo, dejeme decirle algo. En el mundo real de las personas humanas normales, como yo, la frase es así: “Cuando deseas algo con fuerza, el universo entero conspira contra ti para ponertelo dificil. O imposible”</p>
<p>Todo comenzó cuando las visitas de Raquel se hicieron cada vez más escasas y finalemente, pasó una semana sin que sus preciosos ojos se asomaran por mi casa. Las llamadas también fueron reduciendose, y cuando conseguía hablar con ella siempre eran conversaciones cortas, como si tuviera prisa. Cada vez me costaba más que me cogiera el telefono.</p>
<p>Empecé a pensar que me evitaba.</p>
<p>Quise desechar esa idea. Achacarlo todo al cansancio y pensar que estaba viendo cosas donde no las había. Pero el cansancio también me hacía estar más irritable y esa tarde fue la gota que colmó el vaso.</p>
<p>-          ¡Por fin te pillo!- le dije algo molesta en cuanto descolgó</p>
<p>-          Perdona, no había escuchado el teléfono…</p>
<p>-          Te he llamado 3 veces ¿No has escuchado ninguna?</p>
<p>-          No- su voz sonó tajante- ¿Qué pasa?</p>
<p>Solté un suspiro de desesperación y decidí llevar esta situación lo mejor posible. El cansancio era como un taladro perforándome el cerebro y no quería contestarle mal. No era culpa suya, seguramente estaba ocupada….Respiré hondo y traté de relajarme.</p>
<p>-          No, no pasa nada. Es que esta tarde es la fiesta de Luis y quería saber si vas a venir a ayudarme a hacer la tarta antes de que nos vayamos para allá.- lo solté de tirón, en un unico soplo de aire.</p>
<p>-          Oh, la fiesta…</p>
<p>Y esa frase no me gusto nada. Nada, de nada.</p>
<p>-          ¿Lo habías olvidado?- le pregunté. Empezaba a notar un calor burbujeante en el estómago.</p>
<p>-          No, no es eso. Bea, no se si voy a poder ir. Me ha surgido…algo- el tiempo que tardó en decir ese “algo” el burbujeo explotó en mi garganta.</p>
<p>-          ¡Lo sabes haces dos semanas!&#8230;No podias…No se…¿No podías haber dejado ese “algo” para otro día?&#8230;Además….¡hace días que no te veo!</p>
<p>-          Lo se, Bea, pero…- de pronto oí como sonaba el timbre del telefono al otro lado de la linea, en casa de Raquel- …Mira, tengo que dejarte, de verdad.- hablaba atropelladamente- Pasalo bien.</p>
<p>Y me colgó.</p>
<p>Y esa fue la gota que colmó el vaso. El pie que cruzó la linea.</p>
<p>Arrojé el movil con ira contra la pared y me derrumbé en el suelo, llorando como una tonta.</p>
<p>Estaba cansada, enfadada y dolida. Y no entendía nada.</p>
<p>En ese momento levanté la vista y me vi reflejada en el espejo de mi cuarto: ojos hundidos y con ojeras, pálida como la muerte y un moño que se sostenía casi por arte de magia con un lápiz mordisqueado.</p>
<p>Busqué mi mirada con avidez, en el espejo y la chispa de una idea surgió en mi.</p>
<p>Me iba a la fiesta de Luis. Nadie iba a impedir que esa noche me lo pasara bien. Ni siquiera Raquel….</p>
<p>Tenía ganas de ducharme y borrar todas aquellas horas de estudio de mi piel, de maquillarme como nunca lo había hecho y de ponerme el maldito vestido que tan bien me quedaba. Quería brillar, reir y disfrutar. Quería olvidarme de todo.</p>
<p>Quería olvidarme de Raquel.</p>
<p>Universo- 1   Bea- 0</p>
<p>Tardé exactamente una hora en arreglarme. Jamas había dedicado tanto tiempo a mi aspecto, pero el resultado fue espectacular.</p>
<p>Antes de salir, intenté llamar a Raquel, pero el teléfono me aparecía como apagado o fuera de cobertura. Enterré el movil en el fondo de mi bolso y salí dando trompicones con los tacones que no me facilitaron mucho el camino hasta casa de Luis. Llegué con dos horas de retraso.</p>
<p>Pero valió la pena.</p>
<p>Mucha gente no me reconoció y cuando lo hicieron, tuvieron que recogerse la mandíbula del suelo. Algunas chicas de la clase bromearon diciendo que se estaban planteando el cambio de acera.</p>
<p>Me sentía guapa, y sexy, y tenía una sensación extraña en el estómago, como una culebrilla nerviosa que se agitaba sin control.</p>
<p>Supuse que eran los nervios.</p>
<p>Cuando Helena y Luis me vieron (bueno, mas bien cuando dejaron de besarse), la expresión de sus caras valío la media hora que le había dedicado a mi pelo.</p>
<p>-          ¡Cariño!- dejó escapar Helena en un gritito- ¡Estas preciosa!</p>
<p>Luis me miró de arriba abajo y dejó escapar un silbido.</p>
<p>-          No te cortes- le dijo Helena- como si yo no estuviera delante.</p>
<p>-          No, Helena, es que…Pero mírala, que no parece ella…</p>
<p>Helena explotó en carcajadas ante el tratamudeo de Luis.</p>
<p>-          En serio, no te cortes- le dijo- creo que no volverás a verla asi en mucho tiempo…¿Y este cambio?</p>
<p>-          Una chica tiene que lucirse de vez en cuando- dije guiñándole un ojo.</p>
<p>-          Oye- me interrumpió Luis- ¿Dónde está Raquel?</p>
<p>Bajé la mirada al suelo tan rápido que seguramente batí algún record de velocidad.</p>
<p>-          No a podido venir, pero me ha dicho que te diga felicidades- le di un beso a Luis en la mejilla- ¡Felicidades!- intenté forzar una sonrisa- tortolitos, os dejo que tengo que ir al baño.</p>
<p>No les di tiempo a contestar. Huí, literalmente, esquivando a compañeros que bailaban bajo el sonido atronador de alguna canción de moda. Había luces, y bebidas y todo el mundo parecía estar pasándolo bien.</p>
<p>Menos yo.</p>
<p>El baño de la planta baja tenía una larga cola, y mi impulso repentino de esconderme me llevó a subir a la planta de arriba.</p>
<p>Bingo.</p>
<p>Había un pequeño baño y nadie esperando fuera. Llamé a la puerta un par de veces, pero nadie contestó. Giré el pomo y me asomé despacio.</p>
<p>No había nadie. Perfecto.</p>
<p>Cuando cerré la puerta tras de mi, me dejé caer pesadamente sobre ella. ¿Qué estaba haciendo?</p>
<p>Abrí el grifo y dejé el agua correr unos instantes, mientras miraba mi reflejo en el espejo del baño…</p>
<p>Estaba en la fiesta de uno de mis mejores amigos, más guapa de lo que había estado nunca, con música, gente con ganas de bailar, de pasarlo bien, de tomarse un respiro en medio de los exámenes….</p>
<p>Y aquí estaba yo, escondiéndome en el cuarto de baño. Igual de patética que siempre. ¿A quién quería engañar? Aquel vestido negro con pintalabios rojo no era yo. Había intentado escudarme en una imagen falsa para olvidar lo que me estaba comiendo por dentro.</p>
<p>Raquel.</p>
<p>La culebrilla nerviosa de mi estomago dio un coletazo de dolor que se expandió hasta mi pecho.</p>
<p>Me dolía pensar que la estaba perdiendo. O peor aún: Que ya la había perdido.</p>
<p>Pero Luis no tenía la culpa. Ni Helena. Y no podía quedarme toda la tarde encerrada en el baño. Podía bajar, estar un rato con ellos, disimular, intentar pasármelo bien y largarme en una hora con la excusa de los exámenes.</p>
<p>Y hundirme en un pozo profundo cuando llegara a casa.</p>
<p>Respiré hondo intentando recuperar la poca dignidad que me faltaba.</p>
<p>Y cuando pensaba que las cosas no podía ir peor…El universo decició explotar en mi cara.</p>
<p>El pomo de la puerta no giraba.</p>
<p>Intenté forzarlo varias veces, pero la puerta parecía atrancada y el pestillo no giraba.</p>
<p>Grité y golpeé la puerta, pero el ruido de la fiesta ahogaba el sonido de mi voz através de la madera.</p>
<p>Nada. Atrapada.</p>
<p>Gruñí de frustración y me golpeé la frente con el marco de la puerta.</p>
<p>-          Esto no esta pasando, esto no está pasando….- me repetía a mi misma una y otra vez.</p>
<p>Sin embargo un ruido al fondo del baño me heló la sangre. Una risita seguida de un sollozo, proveniente de detrás de la cortina de la bañera.</p>
<p>No estaba sola.</p>
<p>De pronto el cabreo se me pasó de golpe y me puse muy nerviosa. ¿Cómo no me había dado cuenta que había alguien cuando entré?¿Y porque estaba esa persona en la ducha?</p>
<p>Conteniendo la respiración me acerqué con la mano extendida hacia la cortina de la ducha. Pequeños sollozos seguían escuchandose a través del plástico, ahogados como si sonaran a través de una  toalla.</p>
<p>Con la mano temblorosa retiré la cortina de  una tirón y mi corazón dio tres saltos como un trapecisa sin red y aterrizó de golpe al encontarme de lleno con la persona que menos me esperaba.</p>
<p>Vanesa.</p>
<p>Con el rimmel corrido, los ojos rojos  de llorar y un cubata, practicamente vacio, en la mano izquierda. Con la otra, se cubría la boca intentando detener los sollozos y las risillas extrañas que se le escapaban.</p>
<p>Me miró con los ojos vidriosos y enormes, y sonriendo me dijo:</p>
<p>-          ¿Tú también te has quedado encerrada?- y acto seguido se echó a llorar.</p>
<p>Genial. Estaba borracha.</p>
<p>Estaba encerrada en un baño con la reina del drama.</p>
<p>Borracha.</p>
<p>Universo- 2   Bea- 0</p>
<p>Vanesa seguía llorando, haciendo peligrar el contenido de su vaso. De pronto la miré detenidamente: estaba echa un ovillo dentro de la bañera, con un vestido rojo que dejaba poco a la imaginación y las uñas pintadas a juego. Los dedos llenos de anillos y lo que parecía ser un peinado que le había llevado horas, un poco destrozado.</p>
<p>Temblaba dentro de esa bañera, y por un instante, me inundó una oleada de compasión.</p>
<p>¿Qué le habría pasado? Debía ser muy horrible para que , precisamente ella, estuviese escondida en el baño.</p>
<p>-          ¿Qué haces escondida en la bañera?</p>
<p>-          No estoy escondida- dijo arrastrando un poco las palabras con la lengua acolchada por el alcohol- es que estaba un poco “indispuesta”</p>
<p>-          Ya, y por eso decidiste echarte una siesta en la bañera.</p>
<p>-          No, me estaba refrescando…</p>
<p>Esta es la Vanesa que yo recordaba. Tozuda como una mula.</p>
<p>-          Vanesa, en serio ¿Que haces aquí?</p>
<p>-          Me quedé encerrada…</p>
<p>-          ¿Y por eso estas llorando?</p>
<p>-          ¡No estoy llorando!</p>
<p>Intentó incorporarse y al hacerlo todo su cuerpo se resbaló por la loza de la bañera, como si se tratara de una muñeca de trapo. Luché por no reirme en ese instante.</p>
<p>-          Anda, dejame que te ayude- le tendí una mano pero ella intentó apartarla de un manotazo. Y digo intentó porque golpeó a al aire en lo que ella pensaba que era la visión doble de mi mano.</p>
<p>-          No necesito tu ayuda- estirando el borde de su falda como si no quisiera enseñar nada al levantarse, volvió a intentar incorporarse fallando estrepitosamente y perdiendo un tacón en el proceso.</p>
<p>-          ¡Se acabó!- le dije enfadada. La agarré de los brazos y la incorporé. Agarrándose fuertemente a mis hombros la ayudé a salir de la bañera y la senté en el borde.- Y ahora deja de decir que no estás llorando, porque el rimmel te llega a los tobillos.</p>
<p>Vanesa tenia la cabeza agachada y el pelo que se le habia escapado del recogido, le cubría un lado dela cara. Miraba las uñas pintadas de los dedos de su pie descalzo como si fuera lo más interesante del mundo.</p>
<p>-          Me gusta este color rojo de uñas- dijo ella- creo que se llama corazón purpura.</p>
<p>-          Vanesa, no me cambies de tema ¿Qué te pasa?</p>
<p>Se apartó el pelo de la  cara y murmuró algo por lo bajo.</p>
<p>-          ¿Qué?- le dije</p>
<p>-          Que te vas a reir de mi…</p>
<p>Esa fue la gota que colmó el vaso.</p>
<p>-          ¿Sabes qué? – le dije- que podría, si. Podría reirme de ti al igual que tú lo has hecho de mi todo este tiempo. Podría ser cruel, sacarte una foto con el movil y colgarla en el corcho del instituto- una lagrima negra de rimmel resbaló por la mejilla de Vanesa- y podría inventar toda clase de rumores sobre lo que te encontré haciendo en este baño, tengo mucha imaginación ¿sabes? ¿Drogas?¿estabas con alguien? ¿O simplemente la reina del istituto estaba vomitando de la borrachera que llevaba porque no sabe beber?.</p>
<p>Vanesa había enterrado la cara entre las manos y el negro de sus lágrimas destacaba entre el rojo de sus uñas.</p>
<p>-          Pero no lo voy a hacer- terminé</p>
<p>-          Deberías- murmuró entre sus dedos- Podrias vengarte, pero siempre fuiste la mejor de las dos.</p>
<p>-          No, simplemente decidí dejar vivir a los demás, igual que yo quería que me dejaran a mi.</p>
<p>-          Soy una mierda de persona…</p>
<p>-          No, solo estas cansada, o asustada. No lo se. ¿Me vas a decir que te pasa?</p>
<p>-          Tienes razón- dijo bajando la voz- estoy asustada.</p>
<p>-          ¿De qué?</p>
<p>-          ¡No lo se!&#8230;.estoy aquí, medio borracha, encerrada en el baño…joder es patético.</p>
<p>-          ¿El qué es patético?</p>
<p>-          ¡Yo!</p>
<p>Clavó su mirada en mi, con los ojos inmensamente abiertos y acuosos por las lágrimas.</p>
<p>-          No lo entiendes Bea…No se que estoy haciendo con mi vida. Antes yo sólo tenia que chasquear los dedos y tenia lo que quería y a quien quería. La gente me seguía y me escuchaba…Y ahora…Ahora me escondo en las bañeras ajenas.- dijo señalando con la cabeza la cortina de ducha.</p>
<p>-          Vanesa, el instituto se está acabando. Muchas cosas tienen que cambiar. La gente va a cambiar.</p>
<p>-          Yo no quiero que cambie- cerró los ojos con fuerza- quiero seguir…segura de mi misma. Quiero seguir llamando la atención…- bajó la mirada de nuevo.</p>
<p>De pronto recordé algo que había visto al llegar: Helena y Luis juntos. Muy juntos. Y Vanesa saliendo hecha una furia del salón.</p>
<p>La piezas encajaron en mi cabeza….</p>
<p>-          ¿Estás así por un chico?</p>
<p>-          ¡No!&#8230;Bueno, no exactamente….- empezó a remover nerviosa el hielo de su vaso con el  dedo.</p>
<p>-          Vanesa, lamento ser la primera en decirtelo pero nadie se muere por un rechazo. Duele, jode y te amarga un poco. Pero no te mueres.</p>
<p>-          ¡Claro, eso lo dices porque tu ya tienes a la chica que querías!</p>
<p>De pronto un par de ideas extrañas empezaron a formarse en mi cabeza como nubarrones oscuros. Porque a Vanesa le gusta Luis ¿Verdad?</p>
<p>-          ¿Por qué no le gusto?- empezó a llorar de nuevo- He invertido mucho tiempo en llamar su atención, en vestirme hoy, en hacerme notar….Quizás estaba equivocada. Soy horrible. Soy un bicho. No querrá mirarme nunca más…</p>
<p>No sabía que decir. Intenté darle un par de palmaditas en la espalda, pero Vanesa se volcó completamente y se echó en mis brazos a llorar a moco tendido. Respiré hondo.</p>
<p>-          No eres un bicho. Ni horrible. En el sentido más objetivo y desde la otra acera, te puedo asegurar que no eres nada fea. Eres una tia muy sexy y el rojo te queda genial- dije entre risas intentando animarla- Y no eres una mala persona. Lo se. Porque te conocí antes que todos ellos, y se que sólo intentabas sobrevivir.- Vanesa levantó la cabeza y me miró profundamente- Que tenías miedo a todo lo nuevo. Igual que yo. Sólo que tú sacaste esa personalidad arrolladora que tienes y te convertiste en una lider. Se que podrías hacer maravillas si…</p>
<p>Pero no pude terminar.</p>
<p>Cuando quise darme cuenta, Vanesa me estaba besando.</p>
<p>Más bien apretaba su boca contra la mía mientras yo abría los ojos como platos. Me separé de ella bruscamente.</p>
<p>-          ¡¿Qué estas haciendo?!</p>
<p>-          Yo….no lo se. Yo…- se peinaba nerviosamente con los dedos y sin mirarme- Estabas diciendo esas cosas tan bonitas sobre mi, que yo….¡A lo mejor soy lesbiana!</p>
<p>-          ¡Ay, Dios!- en ese momento quise darme de chocazos con la puerta.</p>
<p>-          A lo mejor ese es el problema. Que me he equivocado de acera…Si tu puedes ser bollera ¿Por qué no puedo serlo yo?</p>
<p>-          Para el carro Vanesa…</p>
<p>-          A ti te ha ido genial. Y la gente te adora…- Vanesa seguía sacando conclusiones a gran velocidad a pesar de tener la mente nublada por el alcohol.</p>
<p>-          Vanesa ¡Para!- se calló de golpe- ¿Qué me estas contando?&#8230;Primero, yo no soy quien para juzgar la sexualidad de nadie, pero llevas Hetero escrito en la frente y segundo…¿Qué me ha ido genial? Te recuerdo lo mal que me lo has hecho pasar. ¿Sabes lo que he sufrido para salir del armario? ¿Lo que he luchado para ser libre?- Vanesa me miraba con la boca abierta y cierta tristeza- Esto no es una moda para ser mas guay. La gente no se inscribe en un club o decide ser bisexual para llamar la atención. Se nace, no se hace. Puedes tardar años en descubrirlo, pero al final es la unica forma de ser feliz. A sí que no trates mi vida como si fuera una moda pasajera. Bastante daño me has hecho ya.</p>
<p>-          Perdona- y sonó totalmente avergonzada- de verdad. Lo siento. Yo…Creo que, en el fondo…te echo de menos.</p>
<p>-          Bonita forma de demostrarlo.</p>
<p>-          Lo siento. A veces me sorprendo de lo mucho que te echo de menos. De quedar contigo por las trades, como cuando estabamos en el cole. Esos eran buenos tiempos…</p>
<p>-          Si- dije sonriendo- Eran buenos tiempos. Al menos no acababas escondida en las bañeras.</p>
<p>Vanesa explotó en risas de borracha, completamente libre y por un instante me recordó a la Vanesa que conocí.</p>
<p>-          Me gustaría volver a quedar contigo. Si quieres…Si me perdonas- Vanesa me miró tan seria que por un momento parecía que se le hubiese pasado la borrachera de golpe.</p>
<p>-          La verdad es que estaría bien. Yo también te echo de menos…- Vanesa volvió a abrazarme y esta vez le devolví el gesto.</p>
<p>-          Siempre fuiste la mejor de las dos- susurró entre mis brazos.</p>
<p>-          Espero que recuerdes eso cuando se te pase la borrachera.</p>
<p>Ambas reimos bajito y en ese momento se abrió la puerta de golpe, y Helena entró sin avisar. Mi amiga se quedó con la boca abierta mirándonos.</p>
<p>-          ¿Hay algo que quieras contarme?- dijo muy sería.</p>
<p>-          Que hemos hecho las paces- dije sonriéndole.</p>
<p>La mirada de Helena se relajó.</p>
<p>-          ¿Desapareces sin decir nada y te vienes a tener reencuentros emotivos en el baño?</p>
<p>-          Nos quedamos encerradas.</p>
<p>-          Cierto, el seguro de la puerta no funciona bien. Se me olvidó avisartelo antes.</p>
<p>-          Si, estabas “ocupada”- y con ocupada, me refería a la lengua le Luis en su boca, pero no me parecía bien decirlo delante de Vanesa, que ya estaba bastante triste. Y borracha.- ¿Me ayudas a poner decente a Vanesa?</p>
<p>-          Ok, voy a por un café. Puedes coger mi bolso. Dentro llevo el kit de maquillaje….Os va a hacer falta- dijo mirando de reojo a Vanesa que no había apartado su mirada del suelo.</p>
<p>-          Gracias.</p>
<p>Me guiñó un ojo y encajó la puerta.</p>
<p>Universo- 2    Bea- 1</p>
<p>El rato que pasé con Vanesa, arreglando su pelo, haciéndola beber café y bromeando, me trajo buenos recuerdos. Fue como un pequeño bálsamo.</p>
<p>Caldo de pollo para el alma, en medio de la tormenta.</p>
<p>Hablando de tormenta…</p>
<p>Busqué mi movil, dispuesta a llamar a Raquel y cual no fue mi sorpresa al encontrarme 3 llamadas perdidas de Raúl, el hermano de Raquel, en el último cuarto de hora.</p>
<p>Él nunca me ha llamado al movil. Nunca.</p>
<p>Un escalofrío cargado de miedo me recorrió la espalda. Tenía la sensación de que algo malo había pasado. Que mi enfado no me había dejado ver más allá de mis narices y que algo terrible había debido de pasar para que me buscase con tanta insistencia.</p>
<p>Raquel….</p>
<p>¿Qué había estado intentado decirme? ¿U ocultarme?</p>
<p>El móvil empezó a vibrar en mi mano y la llamada entrante de Raúl se reflejó en la pantalla. Apreté el botón verde del movil con los dedos temblorosos.</p>
<p>-          ¿Sí?- jamás un monosilabo había destilado tanta preocupación.</p>
<p>-          ¿Bea? ¡Por fin! ¿Está mi hermana contigo?</p>
<p>-          No…</p>
<p>-          ¡Joder!</p>
<p>Y ese fue el instante preciso en el que supe que algo muy malo estaba pasando.</p>
<p>-          Raúl, ¿qué ha pasado?</p>
<p>-          No lo se, Bea….Es, Victor, mi padre…Nuestro padre. Creo que está con ella- el corazón dejó de latirme y sentí como la sangre se me helaba en las venas- Voy de camino a nuestro piso, estoy fuera de sevilla, hay un puto atasco…¡Joder! Creo que lo tenía todo preparado. Está sola. Si está con él, están solos. Bea, no me coje el teléfono. Rezaba porque me dijeras que estaba ahí contigo…¿Bea? ¿Me oyes?¡Bea!</p>
<p>Pero ya no escuché nada más.</p>
<p>No pensé en nada, solo corrí. Tiré los malditos tacones en la puerta de la casa de Luis y no me molesté en girarme cuando me gritaron.</p>
<p>Sabía que corriendo llegaría en menos de 10 minutos. Estaba cerca, muy cerca. Únicamente rezaba porque fuera lo suficientemente cerca.</p>
<p>Universo-3 Bea-1</p>
<p>Apenas recuerdo subir las escaleras, sacar las llaves de debajo del felpudo y abrir la puerta de casa de Raquel para luego cerrar dando un portazo.</p>
<p>Con el corazón desbocado, la respiración acelerada y el miedo en la venas.</p>
<p>-          ¡Raquel!- y mi grito rebota en las paredes del pasillo.</p>
<p>Oigo ruido en la cocina y corro sin pensarlo, golpeándome con los cuadros de la pared y el marco de la puerta de la cocina.</p>
<p>Los ojos de Raquel se abren desmesuradamente y el color de su iris es casi azul ceruleo, desbordados por el miedo en la sorpresa, como si la hubiese pillado cometiendo un crimen atroz. Tiembla ligeramente como una pequeña hoja en mitad del viento de otoño, y apenas puede contenerse.</p>
<p>Me lleva menos de diez segundo darme cuenta de lo que esta pasando.</p>
<p>El hombre que está sentado a la mesa de la cocina con un vaso de agua entre las manos no es otro que su padre, relajado y quizás, demasiado callado y Raquel no está asustada porque él la haya encontrado. Está asustada de mi presencia. Porque es ella la que le ha llamado, la que ha quedado con él, le ha dado su dirección y le ha dado un maldito vaso de agua a pesar de todo lo que ha pasado. Como si nunca le hubiese tenido miedo, como si jamás hubiese pasado nada entre ellos. Como si no acabara de  salir de la carcel por haberle dado una paliza a su hija…Estaba preparada para todo tipo de situación violenta, pero jamás maginé encontarme esta escena de fingida cordialidad.</p>
<p>Mi cara debe ser una muda expresión de increduidad y miles de preguntas se reflejan en mi rostro porque Raquel se me acerca con sus manos temblorosas, dadole la espalda a su padre y a la ventana de la cocina, provocando que toda la luz de la sala se refleje en su espalda cubriendo su rostro en sombras. Sus ojos brillan en la semi oscuridad y es más fácil ver la batalla de emociones que está teniendo lugar en su mente.</p>
<p>Miedo, esperanza, decisión y alivio. Todo en los escasos tres segundos que la separan de mi.</p>
<p>-          Gracias- me susurra.</p>
<p>Y antes de que me de tiempo a preguntar el por qué, aspira profundamente y se gira.</p>
<p>-          Victor, esta es Beatriz. Me gustaría que se quedara.</p>
<p>-          ¿Por qué?- su voz suena rasposa y profunda, como si se hubiese reventado las cuerdas vocales a fuerza de gritos.</p>
<p>-          Porque es mi novia y quiero que oiga esto.</p>
<p>Que Raquel  tuviera ovarios de decir esa frase delante del hombre que la maltrató durante años, sin que le temblara la voz mientras yo era incapaz de decirle nada al amor de madre que tengo, me hizo replantearme muchas cosas. Cosas que iban a cambiar en cuanto llegase a casa.</p>
<p>-          A si que los rumores eran ciertos. ¿Te dejo sola y te vuelves bollera?</p>
<p>-          Siempre he estado sola, Victor- le cortó Raquel fríamente</p>
<p>-          Te faltó una imagen femenina. Dejarte con Raúl solo empeoró la situación.</p>
<p>Apreté los puños y me tragé las ganas de partirle la cara a ese desconocido, que tenía el descaro de creerse el padre de Raquel.</p>
<p>-          Raúl es lo único bueno que has hecho en tu vida Victor. Y si con “dejarme con él” te refieres a que fue la persona que me cuidó cuando te metieron en la carcel, pues entonces si, lo hiciste de puta madre y tengo que darte las gracias por ello.</p>
<p>-          Me puedes explicar que cojones hago aquí- dijo Victor con desgana- Creí que iba a ver a mi chaval ¿Dónde esta Raúl?</p>
<p>-          Tu “chaval” no quiere verte. Ni yo tampoco.</p>
<p>-          ¿Entonces que cojones hago aquí?- su voz descendió un par de octavas pronunciando despacio y me envolvió un manto de miedo.</p>
<p>Se incorporó en su silla y la diferencia de altura se me hizo descomunal. Se inclinó ligeramente hacia Raquel.</p>
<p>-          No me gustan las bromas Raquel, y lo sabes- le susurró.</p>
<p>-          No es ninguna broma. Confiaba en no volver a verte en mi vida, pero hay algo que tengo que decirte.</p>
<p>Victor sonrió socarronamente y se bebió el vaso de agua de un tirón.</p>
<p>-          ¿Y que es eso tan importante que tienes que decirme?- comentó ironicamente.</p>
<p>-          Que ya no te tengo miedo. Pero tú a mi si.</p>
<p>-          ¿Qué te tengo…?- los ojos de Victor se ensancharon al igual que las aletas de su nariz. Enfadado se impulsó de golpe a escasos centímetros de Raquel susurando algo parecido a una amenaza- Yo no te tengo miedo- en un acto reflejo me acerqué a Raquel para intentar cubrirla, pero ella me apartó.</p>
<p>-          Si, si lo tienes. No puedes pegarme.</p>
<p>-          ¿Y quien lo va a impedir? ¿Tú o tu amiga la tortillera?</p>
<p>-          No puedes, porque si haces lo que estas pensando, no sólo volveras a la carcel, si no que te pudriras en ella.</p>
<p>Automaticamente, Victor dio un imperceptible paso hacia atrás.</p>
<p>-          Una sola llamada a tu agente de la condicional, y aunque no sea verdad, con tu historial, te vuelves al agujero de cabeza.</p>
<p>-          Tu no harías eso…- Victor meneaba negativamente la cabeza.</p>
<p>-          Sabes que tengo los motivos suficientes y los medios necesarios. Ya no soy esa chiquilla que dejaste desangrándose en el suelo del baño. La vida me ha dado muchas hostias y ahora se las devuelvo &#8211; Raquel se encaró con él escupiendo las palabras en su cara- Nunca volveras a ponerle una mano encima a otra mujer, porque vivirás con la incertidumbre y el miedo a que te pillen.</p>
<p>Raquel sacó un papel del bolsillo trasero de su pantalón y lo desdobló delante de Victor.</p>
<p>-          Esto, es una orden de alejamiento. Y mira bien a Bea y quedate con su cara, porque si te veo a menos de 500m de ella, de mi hermano, de mi o de esta casa, ten por seguro que te joderé vivo.</p>
<p>-          ¡¡Hija de puta!!</p>
<p>La escena transcurre rápidamente: Victor levanta la manó dispuesto a golpearla, me interpongo entre ella y su padre y Raúl aparece para agarrarle el brazo.</p>
<p>-          ¡¡Basta!!- Raúl le grita a su padre en la cara y forcejea con él.</p>
<p>-          ¿No ves lo que quiere hacerme? Raúl, soy tu padre…¡Su padre! Y quiere mandarme a la carcel. Quiere alejarme de ti…¡Otra vez!</p>
<p>-          Y yo tambien quiero que te largues- Raúl suelta el brazo de Victor con desprecio y gira su cuerpo hacia la puerta de la cocina- Largate de mi casa ¡Ahora!</p>
<p>Raúl es algo más alto que su padre y su grito se impone en el silencio de la cocina. Raquel aún lo mira desafiante agarrandome con fiereza.</p>
<p>Victor duda unos instantes.</p>
<p>-          Estas violando la orden de alejamiento y has intentado pegarme. Me lo has puesto muy facil- dice Raquel</p>
<p>Victor no se lo piensa más. Empuja a su hijo y se abre camino a trompicones hasta la puerta de la casa, por la que sale dando un portazo.</p>
<p>Raúl se desploma sobre la mesa de la cocina y Raquel me abraza con fuerza, mientras tiembla entre mis brazos.</p>
<p>-          Raquel, por Dios- susurra su hermano con la cabeza sobre la mesa- Por que me das estos sustos. Él podría haberte….podría…</p>
<p>-          Porque se que siempre estarás ahí para apoyarme, porque nunca me has dejado sola y porque te quiero.</p>
<p>Raúl se levanta de la mesa y nos envuelve a ambas en un inmenso abrazo que me estruja todos los huesos. Al instante se separa.</p>
<p>-          Joder, me vais a hacer llorar- y sale de la cocina frotándose los ojos.</p>
<p>Nos quedamos a solas en la cocina y Raquel se deja mecer entre mis brazos.</p>
<p>-          Eres mi heroína- me susurra</p>
<p>-          ¿Yo? Tú eres la que tienes los ovarios bien puestos. Menudo animal esta hecho.</p>
<p>-          Pero tu te has puesto en medio. Ibas a hacerle frente…Yo he tardado años en hacerlo.</p>
<p>-          Pero por fin lo has hecho</p>
<p>Raquel se separa de mi y me sonrie de la forma más bonita que le he visto nunca.</p>
<p>-          Y por fin, me siento libre… Tenia miedo de que te viera, de que tú le vieras a él. No quería que estuvieras en medio si algo salía mal. Gracias por aparecer. Gracias.</p>
<p>Suelto una bocanada de aire que no sabía que estuviese reteniendo y la tensión se disuelve poco a poco. Raquel se inclina sobre mis labios y me susurra:</p>
<p>-          Te quiero</p>
<p>Universo – 3    Bea- 2</p>
<p>Dos días despues estaba haciendo la maleta para el viaje de fin de curso. No podía creer todo lo que había pasado ese año, el giro de 180 grados que había dado mi vida.</p>
<p>Sólo cuando has pasado por todo ello, y puedes mirar atrás, te das cuenta que todo el esfuerzo, todo el dolor y todos los malos ratos han valido la pena. Te sientes libre y respiras tranquila despues de mucho tiempo. Sin embargo, aún me quedaba un pequeño paso que dar para sentirme completamente libre.</p>
<p>Mientras guardaba el bikini en la maleta, mi madre llamó a la puerta de mi cuarto:</p>
<p>-          ¿Ya lo tienes todo?</p>
<p>-          Si, aunque siempre se me olvida algo. Ya me conoces.</p>
<p>-          ¿Llevas dinero, el DNI y bragas limpias?</p>
<p>-          Si, claro.</p>
<p>-          Pues entonces vete tranquila.</p>
<p>Mi madre siempre me hace reir en los momentos más inesperados. La carcajada me dio vida y fuerzas para lo que venía a continuación:</p>
<p>-          Mamá, quiero hablar contigo.</p>
<p>-          ¿Que ocurre?- se sentó en el borde de la cama junto a mi y empezó a girar su anillo en signo de preocupación.</p>
<p>-          Tengo que decirte algo muy importante y…se que debí hacerlo antes pero…pasaron muchas cosas y yo….bueno, no quiero irme sin decirtelo porque…</p>
<p>La miré de pronto y su mirada me sorprendió. Parecía asustada de lo que pudiera decirle y decidí que no valía la pena prolongar aún más su agonía.</p>
<p>-          Mamá, soy lesbiana.</p>
<p>Y ahí estaba.</p>
<p>La gran frase. La revelación.</p>
<p>Mi libertad como persona.</p>
<p>Mi madre soltó en un largo suspiro todo el aire que había estado aguantando y sus hombros se relajaron de golpe. La tensión desapareció de su rostro en menos de un segundo.</p>
<p>-          Ya lo sabía.</p>
<p>La única respuesta que no esperaba.</p>
<p>-          Y lo único que lamento- continuó con sus enormes ojos clavados en mi-es que no te sintieras cómoda para contarmelo. Lamento haberte fallado y te pido perdón por ello.</p>
<p>No,no,no. Algo fallaba en esta conversación.</p>
<p>Podía esperar compresión, o rechazo, o indiferencia. Pero no una disculpa.</p>
<p>Ella no había hecho nada malo.</p>
<p>-          No mamá. Soy yo la que te pide perdón. Eres la persona más importante en mi vida. Has sido mi unico apoyo a lo largo de todos estos años y siempre has estado ahí. En todo caso la que te ha fallado soy yo…Y lo siento mucho- sus ojos empiezan a verse algo acuosos y a mi me temblaba un poco la voz- Pero quiero enmendar el daño. Quiero ser sincera contigo y pedirte perdón por haber tardado en superar mis miedos tontos…¿Me perdonas?</p>
<p>El labio de mi madre temblaba y sus ojos estaban llenos de lágrimas. Parece a punto de romperse en mil pedazos y de pronto, algo inesperado ocurre.</p>
<p>Sonrie.</p>
<p>Y le salen esas arrugitas alrededor de los ojos que no son otra cosa que una marca natural de la felicidad y me atrae entre sus brazos y me estruja como a un oso de peuche.</p>
<p>-          Cariño, ¡pero que tontas hemos sido las dos!- y me cubre la cabeza pelirroja de besos- No hay nada que disculparte…Si nos hubiesemos sentado antes a hablar….¡Ay, Dios!</p>
<p>Y se ríe.  Y su risa de cascabel me contagia, y acabamos las dos riendo sobre nuestras propias lágrimas, a carcajada limpia.</p>
<p>Y es bonito, y real. Y se que será uno de los momentos que recordaré toda la vida.</p>
<p>-          Pensaba que ibas a decirme algo horrible, como que habías tomado drogas o que te ibas de casa, o …yo que sé- mi madre hablaba nerviosamente haciendo aspavientos con los brazos.</p>
<p>-          Mamá, pero que te crees que soy ¿Una yonki?¿Una mafiosa?</p>
<p>-          No hija,no. Pero una escucha tantas cosas en la tele del instituto….Cuando empezaste a salir con Raquel me tranquilicé. Pensé que podrías hablar con ella de lo que te pasaba si no te sentías cómoda conmigo.</p>
<p>-          No, mamá ya te he explicado que…espera…¡¿Sabes que estamos saliendo juntas?!</p>
<p>Mi madre me miró con cara de “¿pero por quién me tomas?”</p>
<p>-          Te recuerdo que te he parido y que no sois precisamente sutiles- la mandibula me llegaba al suelo- ¿De verdad pensabas que te llamo cariñosamente bollito porque soy aficionada a la pastelería? Bea, cariño, se que te gustan las chicas desde que tenías 6 años….Por no hablar de que siempre pedias por tu cumple camiones de juguete, y mirabas debajo de las faldas de los maniquies…</p>
<p>-          ¡Pero bueno!- le arrojé un cojín a mi madre roja como un tomate mientras ella seguía doblada por la risa al ver mi expresión.</p>
<p>-          Bueno, ya que estamos de “noche de confesiones” – dijo limpiandose las lágrimas de la risa- creo que hay algo que debería contarte. Sobre todo ahora que has terminado el istituto.</p>
<p>-          ¿El qué?</p>
<p>-          Estoy saliendo con Manu. Tu profesor.</p>
<p>-          ¡¿Qué?!</p>
<p>Definitivmente, sería una noche para recordar</p>
<p>El avión llevaba 2 horas de retraso, porque las condicione meteorológicas no permitian el despegue. Una tormenta de verano habia retrasado los vuelos, y los alumnos y sus maletas, se esparcian por el aeropuerto a la espera de una nueva llamada.</p>
<p>Mi madre hablaba animadamente con nuestro profesor, intentando no levantar muchas sospechas. Aún me quedaba una semana de viaje con él y mis compañeros y no quería bromas al respecto.</p>
<p>Reposaba mi cabeza en el hombro de Raquel mientras acariciaba mis rizos, cuando un anuncio por megafonía avisó de que se reanudaban los vuelos a Tenerife.</p>
<p>-          ¡Por fin!</p>
<p>Raquel me estrujó entre sus brazos y me cubrió de besos largos y suaves.</p>
<p>-          Te voy a echa mucho de menos.</p>
<p>-          Es solo una semana, y te llamaré para contarte todas las tonterías que hagamos.</p>
<p>-          Y mandame una postal, me hace ilusión- añadió sonriendo.</p>
<p>-          Por supuesto.</p>
<p>Nos miramos largo rato, entre el barullo de gente que se encaminaba a la puerta de embarque, arrastrando sus maletas y gritando nerviosamente. Helena y Luis pasaron por nuestro lado, cogidos de la mano.</p>
<p>-          Vale- dijo Raquel separándose se mi- Vete antes de que me arrepienta. Pasatelo muy bien.</p>
<p>-          Tranquila, volveré.</p>
<p>-          Si, pero no te creas que me hace mucha gracia que vueles con la tormenta que ha estado cayendo- Raquel funció el ceño y sus ojos de tormenta se nublaron con preocupación.</p>
<p>-          No va a pasar nada. – le dije tranquilamente- De momento, las tormentas, sólo han traido cosas buenas a mi vida.</p>
<p>-          ¿Qué quieres decir?</p>
<p>-          Que ahora viene la calma.</p>
<p>Y la besé alli mismo, con toda la calma del mundo. Con mis compañeros mirando, mi madre al otro lado de la sala , los rayos de sol asomando sin miedo entre las nubes y el universo inclinándose ante mi en una reverencia.</p>
<p>Universo- 3</p>
<p>Bea- Infinito</p>
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		<title>sociopathe et misanthrope</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Apr 2011 11:45:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mandragora</dc:creator>
				<category><![CDATA[sociopathe et misanthrope]]></category>

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		<description><![CDATA[Pénelope siempre dice que no escribo suficiente drama&#8230;Ahí va un pedacito de una historia más grande, llena de veneno y a partes violenta. Misantropía: No representa un desagrado por personas concretas, sino la animadversión de los rasgos compartidos por toda &#8230; <a href="http://mandragorafics.wordpress.com/2011/04/18/sociopathe-et-misanthrope/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a><img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=mandragorafics.wordpress.com&amp;blog=219506&amp;post=192&amp;subd=mandragorafics&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Pénelope siempre dice que no escribo suficiente drama&#8230;Ahí va un pedacito de una historia más grande, llena de veneno y a partes violenta.</p>
<p><a href="http://mandragorafics.files.wordpress.com/2011/04/8713dbcb3e10c8e02aa56a94ec106292.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-198" title="Doppelgänger" src="http://mandragorafics.files.wordpress.com/2011/04/8713dbcb3e10c8e02aa56a94ec106292.jpg?w=248&#038;h=300" alt="" width="248" height="300" /></a></p>
<p><em><strong>Misantropía:</strong></em> <em>No representa un desagrado por personas concretas, sino la animadversión de los rasgos compartidos por toda la humanidad. Un misántropo es, por tanto, una persona que muestra antipatía hacia el hombre como ser humano. Puede ser ligera o marcada, así como puede tener características muy diferentes que van desde lo inofensivo, la crítica social o incluso, la destrucción o la autodestrucción.</em></p>
<p><em><strong>Sociópatas:</strong> son personas que padecen un mal de índole psiquiátrico, un grave cuadro de personalidad antisocial que les hace rehuir a las normas preestablecidas; no saben o no pueden adaptarse a ellas. Por esto que, a pesar de que saben que están haciendo un mal, actúan por impulso para alcanzar lo que desean, cometiendo en muchos casos delitos graves</em></p>
<p>-          Tienes que contarselo Dannielle.</p>
<p>-          ¿Contarle qué exactamente?- sus ojos no se apartan de los de Ethel, están dirigidos a ella con una especie de disculpa.</p>
<p>-          Lo que realmente piensas de ella- el Doppelgänger dejó escapar un suspiro exasperado mientras caminaba hacia ellas con zancadas largas y enfadadas, parándose a menos de dos pasos- No debería ser tan dificil, yo mismo puedo verlo asomando en la superficie- la pistola apuntando hacia ellas.</p>
<p>La mandibula de Dannielle se tensa, enfadada.</p>
<p>-          De acuerdo. Ethel, apreciaría que no metieras tus narices en mis asuntos y…</p>
<p>-          ¡No,no,no! ¡No es eso!</p>
<p>-          Entonces ¿Qué quieres que diga?¿Por qué no me das un guión y digo exactamente lo que quieres oir, las palabras exactas?</p>
<p>Dannielle pone los ojos en blanco, cansada. Ethel no está segura si realmente está molesta o simplemente quiere sacar de sus casillas al Doppelgänger.</p>
<p>-          Dime- continua- ¿Cómo de bien quieres que actue en esta tragicomedia que te has montado?¿Quieres lágrimas?¿Llanto?¿Histeria?¡¿Dime?!</p>
<p>No está gritando, pero su voz es tan intensa como si tuviera la misma fuerza.</p>
<p>La sonrisa del Doppelgänger se tuerce perversamente. Es la sonrisa de un sádico que sabe que el dolor se acerca inevitablemente.</p>
<p>-          Deberias- le contesta- llorar, me refiero. Si estás lo suficientemente motivada. Pero preferiría que empezaras con el hecho de que odias a cualquier persona que alguna vez haya amado y a partir de ahí, podemos proseguir- Dannielle cierra los ojos- Cuéntaselo. Quiero que se lo cuentes y luego, le digas por qué.</p>
<p>Es una completa locura. Cualquier atisbo de cordura que Ethel hubiese imaginado en él, desaparece.</p>
<p>Hay un sombrío momento antes de que Dannielle hable de nuevo.</p>
<p>-          Ethel, yo…Odio a cualquier persona que alguna vez hayas amado, porque este capullo me ha dicho…</p>
<p>El Doppelgänger la golpea fuertemente con la pistoa en la nuca. Parece sorprendentemente doloroso y los ojos de Dannielle se abren por la sorpresa.</p>
<p>-          Si vuelves a hacer eso, no tendreis ninguna oportunidad. Aniquilaré cada pequeña parte de ella. Te dejaré sostener sus pedazos entre tus manos y luego te dejare ir, solo para que sepas que fue culpa tuya- una expresión extraña cruza el rostro de Dannielle y tan sólo le lleva un segundo a Ethel reconocer el miedo en ella- ¿Con qué crees que debería empezar?¿El cuchillo?¿Ácido?¿Electricidad?&#8230;¿Fuego? Sería casi poético- sonrie- dije  que haría arder tu corazón antes de arrancártelo ¿Te gustaría ver la cantidad de espantosos y obscenos trocitos que puedo sacar de su cuerpo? No disfrutaré con nada de esto, por supuesto, pero será suficiente ver como te retuerces de dolor sabiendo que no puedes hacer nada por detenerlo ¿Es eso lo que quieres?</p>
<p>-          Diré la verdad- Dice Dannielle, como si le doliera- Es lo único que puedo hacer.</p>
<p>-          Será suficiente, estoy seguro. Ahora, empieza. Estoy empezando a aburrirme.</p>
<p>La forma en la que Dannielle la mira, hace que desee estar en cualquier otro lugar, en cualquier otro sitio donde no estén obligadas a interpretar los retorcidos juegos del Doppelgänger contra ellas mismas. El lenguaje corporal de Dannielle grita una muda disculpa y Ethel, realmente empieza a temer lo que esté a punto de decir. Porque bajo su brillante inteligencia, Dannielle, puede ser cruel. Sabe exactamente donde tiene que atacar para reducirte a cristales rotos y provocarte el mayor daño posible.</p>
<p>-          Te perdono- le susurra Ethel, no tanto como un consuelo sino como una preparación a lo que viene. Aunque sabe que nunca será suficiente.</p>
<p>-          Odio a tu hermano Ethel, y a Joel. Incluso a tus padres. Les odio más de lo que puedas imaginar- Dannielle suspira, casi como el  quejido de un animal herido- Es todo tu culpa ¿sabes? Has hecho que odie a la gente un poco más que antes. Al principio, no me di cuenta, pero se que comenzó el el momento en el que dijiste que yo era increible, como si de verdad lo creyeras…Tú malgastas las cosas Ethel, sobretodo, las palabras. Simplemente las arrojas por tu boca como si no te supusiera ningún esfuerzo y los más ridículo de toda esta historia, es que, creo que no te das cuenta.</p>
<p>Dannielle se ha transformado en algo salvaje. Es demasiado grande para que su piel la contenga y trata de empujar a través de ella para expandirse. Está a punto de convertirse en una supernova y lo único que Ethel puede hacer, es mirar.</p>
<p>-          Odio profundamente las cosas que haces sin pensar. Creo que no entiendes que yo nunca pedi ser…”equilibrada”. ¿Pensaste alguna vez que debía haber un motivo para las cosas que hago?¡Por supuesto que no lo pensaste! Tengo una mente privilegiada, tú lo dijiste ¿no? Pero nunca pretendí tener un corazón…¡Pero tu has conseguido arruinarlo todo! ¡Lo has jodido todo! Tengo tantas razones para odiarte- Ethel retrocede como si acabaran de dispararle al corazón- miles de cosas, de razones que podría echarte en cara y aún no he hecho. Eres una gran idiota, Ethel. La imbecil más increible que he conocido jamás. Eres simplemente, tan completamente ignorante ¡Increiblemente estúpida! Es asqueroso. Estoy asqueda por ello. Por ti.</p>
<p>Ethel se ha convertido en un fotonegativo. La inversa de Dannielle. Mientras ella es un cuerpo cleste en explosión, brillante mientras arde, Ethel es una estrella que colapsa sobre si misma, rápidamente. Un agujero negro.</p>
<p>-          A veces, quisiera vomitar por lo mucho que NO te odio- murmura Dannielle en un susurro.</p>
<p>Dannielle aún continua en estado salvaje, sin embargo, Ethel al oir aquello vuelve a recordar como se respira.</p>
<p>-          Me pone enferma pensar en ello, no digamos hablar de ello. Lo peor de todo esto es lo poco preparada que estaba…Estan facil que no te importe nadie en absoluto, creo que no sabes cuanto. Pero entonces, tu llegaste y decidiste que no era lo suficientemente humana para ti…Se suponía que era facil. El no sentir…Pero tú apareciste y fue imposible no hacerlo.</p>
<p>En un instante, Dannielle, ha movido la pistola de su cabeza para apretar el cañón contra la sien de Ethel, agarrando su jersey con la mano que le queda libre.</p>
<p>-          Puede que por un segundo pensaras que no soy un monstruo. Pensaste que había desarrollado algún tipo de empatía ¿no? Pues te equivocabas.</p>
<p>El rostro de Dannielle esta contraido y tan cerca que Ethel puede notar la rabia y la desesperación en su respiración.</p>
<p>-          No puede importarme menos la gente, toda la maldita población de este planeta. Excepto tú. Podría matar a cuaquiera y no significaría nada para mí, porque ellos no son nada. Yo sólo te necesito a ti.</p>
<p>Parece que Dannielle esté a punto de gritar o de llorar. Empuja a Ethel con rudeza, a punto de hacerla caer.</p>
<p>La curva desesperada en la boca de Dannielle, la ira, “algo” en sus ojos, la forma en la que parece vencida, agotada, destrozada y pequeña hacen que Ethel se rompa un poco.</p>
<p>-          ¿No ves lo que has hecho?- susurra Dannielle como el sonido de una mujer reducida a pedazos. Ethel no puede soportar verla así, no a Dannielle de entre todas las personas, una montaña inamovible, una escultura de mármol, una verdad inquebrantable. Dannielle, con sus manos temblorosas y sus ojos llenos de locura.</p>
<p>Ethel toma una rápida decisión y avanza hacia ella lentamente. Apoya las manos en su hombro intentando tranquilizarla.</p>
<p>-          Mira lo que me has hecho Ethel. No soy una persona, soy menos que eso. Un monstruo. Una bestia.</p>
<p>-          Yo no lo creo- Ethel respira, intentando calmarla y una sonrisa amarga se cuela en la boca de Dannielle.</p>
<p>-          Ethel, no pienses por un momento que no te destruiré igual que él- dice señalando al Doppelgänger- Te consumiré. Cogeré todo lo que puedas darme y luego tomaré aún más. Porque te necesito. Necesito tenerte. Necesito estar dentro de tu piel, necesito respirar con tus pulmones. Te haré daño porque lo necesito. Te arañaré, te produciré cicatrices, haré que te desangres, porque eso es exactamente lo que tú me has hecho a mi. Has sacado lo peor de mi con lo mejor, y no pararé hasta que no sientas lo mismo.</p>
<p>La pistola está en el borde de la mandíbula de Ethel y la mano reposa en su hombro como si Dannielle se hubiese olvidado de ella. De pronto se mueve, agarra su cuello y el jersey con insistencia, en un gesto nada suave.</p>
<p>-          Te destrozare Ethel, te destrozaré- dice casi como una disculpa.</p>
<p>Y entonces, la boca de Dannielle choca contra la suya. Sus labios son demasiado urgentes para ser suaves, demasiado anhelantes, son cristales rotos. Ethel apenas puede comprenderlo, como si le faltara alguna conexión entre su boca y su cerebro. No tiene control sobre su cuerpo. Está atrapada en medio de la necesidad de Dannielle y es suficiente para arrastrarla.</p>
<p>La boca sobre ella es calida y hay dientes, mordiendo su labio como si lo mereciera, con fuerza suficiente para hacer daño y hacerte gritar, pero es todo lo que Dannielle necesita.</p>
<p>No hay decisión consciente, ni pensamientos coherentes que le digan a Ethel que responda. Es solo instinto, no hay otra opción.</p>
<p>Ethel cree que hay una especie de incendio entre sus bocas y sus almas. En la única parte racional que queda en su mente, está claro que Dannielle es pura energía, algo a lo que doblegarse mientras te absorbe la vida.</p>
<p>Las manos de Ethel están simplemente apoyadas en ella, intetando sostenerse y no desmoronarse porque es aterrador lo que percibe en la respiración de Dannielle, y en su boca y en toda esa necesidad asfixiante.</p>
<p>Lenguas y labios afilados como cuchillas o quizás han superado el punto de combustión y aún no se han dado cuenta que están envueltas en llamas. Y se hunden, y se funden…</p>
<p>-          ¡Holaaaa! Por mucho que esté disfrutando de este trágico espectáculo- dice el Doppelgänger- este festival de lenguas se nos está llendo de las manos.</p>
<p>La voz es suficiente para hacer a Ethel retroceder. El Doppelgänger parece a punto de dispararles  y terminar con todo de una maldita vez. Ethel mira a Dannielle de reojo y algo le aprieta en la garganta. Ella aún continúa salvaje, casi terrorífica y sus ojos se han oscurecido, casi negros. Su boca es una explosión roja, sus labios hinchados con restos de sangre que Ethel no duda reconocer como suya.</p>
<p>Dannielle no mira al Doppelgänger cuando le habla:</p>
<p>-          Tu pediste la verdad. Pediste esto. Querías que Ethel tuviera miedo o que estuviera asqueada ¿no? No te preocupes, lo está. O lo estará cuando se de cuenta de lo que ha pasado.</p>
<p>Por alguna extraña razón, Ethel quiere besarla de nuevo, perderse en ella de nuevo independientemente de si la matan por la osadía.</p>
<p>-          Entonces, os daré un momento ¿no?- dice el Doppelgänger. Está claro por su expresión que ha tenido una nueva idea, algún plan horrible. Sonrie como un niño con regalos y se aleja un par de pasos.</p>
<p>A la vez que Dannielle atrae a Ethel hacia si, le susurra:</p>
<p>-          No olvides respirar</p>
<p>Ethel la busca con la boca abierta y hambrienta. Es más parecido a una succión de almas que a un beso, profundo y con un toque metálico.</p>
<p>Esta vez, Ethel es consciente del cañon de la pistola trazando su nuca, su mandibula, bajo su barbilla y deslizándose hasta quedar presionada contra su pecho. No está segura si es por el miedo, pero toda la sangre se concentra en su cabeza  como un zumbido y la hace parecer mareada de una forma que no debería sentirse correcta. No al menos en la situación en la que están. El aliento de Dannielle es cálido en su boca, con sabor a promesa. Desesperada, Ethel, entierra los dedos en el pelo de Dannielle.</p>
<p>Se retuercen y amoldan la una contra la otra, como si fueran humo. Permite a Dannielle llevar el control porque ella está demasiado perdida para pensar en ello.</p>
<p>Algo parecido a la adrenalina, parecido al miedo, está encharcando su pecho. Quizás es el final de todo aproximandose a grandes zancadas, pero no puede importarle menos. De hecho, sólo existen labios demandantes, y dientes y una lengua que tratan de devorarla.</p>
<p>Separándose sólo un poco, Dannielle vuelve a susurrar:</p>
<p>-          Ethel, respira. ¡Respira ahora!</p>
<p>Ethel quiere protestar porque, en serio, la preocupación por el aire le parece una tontería, pero toma una bocanada de oxígeno, buscando los labios de Dannielle de nuevo.</p>
<p>Hay un sonido doloroso cerca de su oido y luego una extraña sensación de vértigo hasta que choca con algo suave.</p>
<p>Cuando abre los ojos de forma desagradable porque su boca se siente vacía, una mano cubre su oreja dolorida y entonces se da cuenta que está bajo agua.</p>
<p>Mira hacia arriba y en la superficie hay una gloriosa guerra de explosiones de colores, fundiéndose y expandiéndose en una dolorosa y brillante gama de naranjas.</p>
<p>Es extrañamente hermoso.</p>
<p>Ethel realmente no ha tomado aire suficiennte y sus pulmones empiezan a arder. La mano de Dannielle la empuja hacia arriba, hacia la superficie.</p>
<p>La bocanadas de aire que toma cuando su cabeza rompe a través de la superficie del agua suenan extrañas en su oido sano.</p>
<p>Mientras se recupera, mira a Dannielle que está respirando fuertemente y alejándose de la piscina.</p>
<p>Ethel busca con la mirada y donde estaba el Doppelgänger, no queda nada. Sólo polvo negro.</p>
<p>-          ¿Miraste al dispararle?- pregunta Ethel</p>
<p>-          No podía arriesgarme a mirar- dice Dannielle casi como una confesión.</p>
<p>-          ¿¡ Disparaste a ciegas?! Es decir…Si te hubieras equivocado, si hubieras fallado…Estariamos muertas.</p>
<p>Dannielle la mira con intensidad.</p>
<p>-          Pero no he fallado.</p>
<p><em><br />
</em></p>
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