Spanglish Pastry

Aquella mañana empezó como cualquier otra. Elena ya se había acostumbrado a levantarse a las 4 de la mañana para ponerlo todo en marcha.

 

Abrir el gran portón, encender las máquinas, recogerse el pelo, tomar el café, que amaba y odiaba a parte iguales, porque sólo cuando riachuelos de cafeína corrían por sus venas era capaz de mantenerse despierta. Su hermana solía bromear de la cantidad de azúcar que le echaba: “Toma Elena, te he traído una taza de azúcar, por si quieres añadirle una gota de café”…

 

Despejaba la mesa de trabajo, se plantaba el delantal y los primeros rayos de sol siempre la pillaban con las manos en la masa.

 

Literalmente.

 

Elena era la pastelera/encargada/jefa/ de una de las pastelerías más  destacadas y amadas de Sevilla. Empezó modestamente, en un local pequeñito de la calle San Jacinto y poco a poco se ganó el respeto y la adicción de su público.

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Las ensaimadas de la señora Ramos, viuda, con cuatro perros chiquitos y chillones que daba la sensación de bañarse en channel. Cayó rendida con el toque de canela.

Los bombones crujientes que la pareja gay de la esquina solía comprar- Hay que mantener la linea, chica…¡Pero un caprichito de vez en cuando!- no fallaban ningún jueves.

Las cañas de chocolate y las palmeras de huevo de toda la clase de 1º de bachillerato de ciencias del IES Triana. Los de letras eran más de sus bollos de limón.

Su madre era fan incondicional de sus melojas de nata y su padre siempre se decantaba por la pastelería de sidra o su receta secreta de las aldeanas ursaoneneses. Mientras, su hermana con la boca llena de muffin de futos rojos con mermelada de arándanos decía:

–          Magdalena, Elena, ¡Magdalena!- y espurreaba miguitas sobre su té pakistaní.

 

La pastelería no creció mucho en tamaño, pero si en fama, y no era extraño ver una larga cola  por las mañanas para comprar las exquisiteces calentitas que Elena preparaba con tanto amor.

Pero esa mañana, que empezó como cualquier otra, dio un giro de 180º que cambiaría su vida.

La campanilla de la puerta sonó y Elena consultó el reloj de la pared:

 

–          Las 8,30 en punto…La señora Ramos nunca falla.

 

Con una sonrisa enorme y media cara manchada de harina, Elena salió a recibirla.

 

–          Buenos días seño..ra…Ra…ahhhh..¿Hola?

 

A medida que acababa la frase se dio cuenta de que, para nada, era la señora Ramos. Más bien era un chico – todo un tiarrón– se corrigió Elena en su mente, que llevaba vaqueros gastados, una chaqueta verde a juego con sus ojos y la boca más bonita y sensual que Elena había visto en su vida. Boquita bonita, lo bautizó mentalmente.

Necesitó exactamente 3 segundos 40 centesimas en darle un repaso de arriba abajo, repasarse ella mentalmente- ¿llevo el pelo bien?¿Me he maquillado esta mañana?¡¿Tengo harina en el pelo?! ¡Oh dios mio, que guapo es!- entrar en un ataque de histeria mental, recuperarse estoicamente batiendo, probablemente, algún record de velocidad, agarrarse al borde del mostrador porque de pronto sus rodillas eran de gelatina, aclararse la garganta y preguntar:

 

–          Buenos dias ¿qué desea?- ¿mi numero de teléfono?¿mi dirección?¿la lista de bodas?

 

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El chico- tiarrón boquita bonita– se la quedó mirando unos instantes. Parecía nervioso con las manos en los bolsillos y de pronto esa boquita tan bonita se abrió:

 

–          Yo….errr.. I was walking, and…well…something smelled so good and then I became aware it was your bakery, and I thought Why not? Something sweet to take with the coffee- dijo levantando un vaso del sturbacks con la mano derecha- So…do you have any muffins?-y la boquita bonita se transformó en una sonrisa.

 

Elena fue consciente en ese momento de que su mente había hecho cortocircuito en el momento que la palabra “was” salió de ESA boca, pero en el fondo de la mermelada que ahora mismo tenía por cerebro, resonó una ultima palabra: Muffin.

Y a la mente de Elena vino la imagen de su hermana diciendo- ¡magdalenas, Elena, magdalenas!

 

–          ¡Magdalenas!…digo, muffins, si claro, claro- corrió a la trastienda rápidamente y sacó una bandeja repleta de muffins blanditos, como pequeños trozos de paraíso. Los ojos de aquel chico-tiarrón boca bonita– se iluminaron.- ¿De que lo quieres?

 

El chico la miró. No parecía muy seguro de haber entendido la pregunta, pero siguió la mirada de Elena hasta la bandeja y dedujo el contenido.

 

–          Do you have the blueberry ones?

 

En esos momentos quiso montarle un altar a Karen, porque su mente automáticamente tradujo boca bonita-español: arándanos.

 

–          Yes,yes….estos de aquí- Elena se los señaló y él asintió ligeramente- ¿Cuántos quieres?….digo ¿How many…?

–          Solamento uno- dijo él lentamente.

 

Pa comerselo.

 

Le preparó el muffin con mucho mimo, tomándose todo el tiempo que pudo.

En ese momento apareció la señora Ramos con sus cuatro perros-cortapuntos- con la nariz colorada por el frío.

 

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–          Muchos gracias- dijo boquita bonita cogiendo la bolsa que Elena le tendía. Salió por la puerta con el sonido habitual de la campanilla, acompañado de un suspiro inconsciente de Elena.

–          Criatura- dijo la Señora Ramos- yo llevaré viuda nueve años, pero a ti se te ve el plumero.

 

Tenía que enterarse de quien era ese chico, si o si.

 

–          ¡Ah!- añadió la señora Ramos- Y tienes harina en la cara.

 

Mierda.

 

Paso 1: No volver a atender a nadie sin mirarse previamente en un espejo

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–          En serio hermana, es como un dios en vaqueros, la séptima maravilla de la raza humana, el…

–          ¿No te estás colando un poquito?

–          En serio- dijo Elena muy seria- tienes que verlo

–          Bueno, y a parte de los vaqueros, la boca de ensueño y que le gustan las magdalenas…¿Qué más me puedes contar de él?¿Es inglés, americano..?

–          No tengo ni idea…

–          Venga Elena, piensa, ¿sonaba como los monólogos de Goyo Jiménez? Ya sabes, en plan “Ey, nena, soy americano chuloplaya” ¿o más bien como una comedia de Hugh Grant?

–          ¿Quién es Hugh Grant?

–          El de los ojos azules

–          No, los tiene verdes

–          ¿Hugo Grant?

–          No, boquita bonita

–          En serio, ¿Sabes cómo se llama?- preguntó Irene tras su taza humeante de té

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Paso 2: Conseguir el nombre de boquita bonita

 

 

La séptima maravilla de la raza humana, alias boquita bonita, apareció de nuevo el jueves de la semana siguiente a la vez que los vecinos gays.

El repaso que le dio Alberto a boquita bonita no fue normal. Tardó exactamente dos pestañeos de Elena en decirle algo:

 

–          Cuidado no te quemes con el coffe, porque está very,very hooooottttt- dijo muy insinuante.

 

Boquita bonita sonrió de medio lado sin saber muy bien que decir, y automáticamente dirigió su atención a Elena ¡Minipunto para el equipo femenino! Al menos, ahora, casi podía descartar que ese monumento fuera gay.

 

–          Buenos días- dijo con un marcado acento ¿Americano?

–          Buenos días- dijo Elena, rodillas de gelatina y tobillos de mantequilla…¡Y sólo había dicho buenos días!

–          Quiero…ummm- sacó un papel del bolsillo- una cake de chocolate para un ¿birthday?

–          ¿Cumpleaños?

–          Yes, that! Mucho chocolate- añadió con una de sus sonrisas arrolladoras- a ella le encanta chocolate

–          ¿A tu novia?- se le escapó, jura que se le escapó. Pero es que su boca no se había leído el guión y no sabía que esa parte iba en silencio. Patada mental

–          No, not girlfriend. Mi..ummm…¿La hija de mi hermano?

–          ¡Ah! Tu sobrina.

–          Exacto, my sobrina.

–          ¿Qué quieres poner en la tarta?- él la miró muy fijamente, probablemente buscando un traductor en su cara- Quiero decir, ¿qué quieres… to write on the cake?- Elena hizo un gesto indiscutible de escritura en el aire. Él lo entendió al instante

–          ¡Oh!, Don´t Know….Feliz cumpleaños Macarena. ¿Y algo “nice” en español? I trust you…

 

Después de 11 años de frikismo de su hermana con expediente x, sabía que “trust” podía significar creer o confiar…¡Boquita bonita confiaba en ella!

 

–          De acuerdo- dijo Elena recuperando la compostura y cerrando la boca- ¿Para cuando la quieres?

–          ¿Next Monday?

–          Para el lunes sin problemas- le sonrió, a lo que él contestó con otra sonrisa. Definitivamente iba a marcar ese día en el calendario.

 

Cuando estaba a punto de irse, Elena lo llamó.

 

–          ¡Espera!- él se giró sorprendido- ¿Por qué no me das tu nombre?- él la miró levantando una ceja- Para el pedido…for the order…Tengo que apuntar los pedidos- dijo levantando el cuaderno de trabajo.

–          Oh, yes! Por supuesto- se acercó al mostrador- David.

 

La mente de Elena pensó que el karma se estaba riendo de ella en su cara.

 

–          De acuerdo- apuntó- chocolate cake for David.

 

Cuando levantó la mirada, él tenía una sonrisa de oreja a oreja. Las rodillas de gelatina de Elena se resintieron un poco.

Antes de que volviera a escaparse, Elena cogió un muffin de arándanos de la bandeja y se lo dio.

 

–          Para el café

 

Él lo cogió como si aquello fuera el santo grial. Cuando se echó la mano al bolsillo para pagar, Elena lo detuvo.

 

–          No,no…It´s free. Invita la casa- dijo sonriéndole como una tonta.

 

Boquita bonita- David– la miró detenidamente, luego al muffin y finalmente, sonrió de medio lado, como un niño malo.

 

–          Gracias guapa pastelera.

 

Los tobillos de mantequilla se derritieron en 14 segundos.

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Paso 3: Intensivo de inglés para mejorar las conversaciones con boquit….digo, David.

 

A las 3 de la mañana del lunes, Elena ya llevaba en planta 20 minutos. Se había probado 40 modelitos diferentes y se había alisado el pelo unas 3 veces (a pesar de que sabía que luego tendría que recogérselo).

 

No necesitó un café, pero si una taza de tila y medio bote de valerianas.

 

La tarta había quedado increíble, modestia a parte, y al final se había decantado por un mensaje sencillo pero cálido: “Feliz cumplechocolate Macarena”

Aunque si David le trajese una trata a ella, ya podía traer escrito la Biblia en koreano, que le haría muchísima ilusión.

 

A las 9 apareció David, con sus eternos vaqueros, café en mano y una bufanda a juego con la chaqueta. Auque probablemente a ese hombre le quedase bien hasta un saco de papas.

 

–          Buenos días- dijo él sonriendo

–          Morning- contesto Elena

–          ¿Qué tal está la tarta?- a Elena le hizo gracia la elección de la frase, pero realmente se le notaba menos tenso con el idioma.

–          Perfecta, espero que te guste.

 

La sacó de la cámara frigorífica y se la enseñó. Él la miró detenidamente y leyó el mensaje.

 

–          ¿ Happy chocolate birthday?- preguntó

–          Exacto

–          Es perfecto. Ella lo amará.

 

En la mente de Elena eso se tradujo como: She will love it.

 

Mientras le cobraba la tarta, Elena tuvo un debate mental, pero al final pensó: ¡¡a la porra!! Llevo despierta desde las tres y muchos modelitos probados…

 

Cuando le devolvió el dinero le dijo:

 

–          ¿Sabes? Siempre te veo con el café, pero te paras a comprar un pastel aquí….¿Sabes que también pongo café?- dijo señalando la máquina y rezando para que él la hubiese entendido.

 

Él la miró fijamente, luego a la maquina y dio la sensación de pensar mentalmente en lo que ella había dicho.

 

–          ¿Tienes mucho trabajo ahora?- le preguntó de pronto

 

Elena miró a su alrededor. La pastelería aún permanecía vacía a excepción de ellos dos.

 

–          Mas bien, no

–          Seria…¿Seria extrange if…si te invito a tomar café…en tu pastelería?

 

Elena se aguanto la gran sonrisa como pudo. ¿Se podía ser más mono?

 

–          Sería un placer

 

Él se sentó en una de las dos mesas que había en la pastelería, tirando disimuladamente el vaso del sturbacks en la papelera.

 

–          By the way….¿Cómo te llamas?- preguntó él- Aunque “guapa pastelera” suits you, quiero saber tu nombre.

 

Elena agradeció estar cerca de la maquina de café para no resbalarse, una vez más, con la mantequilla de sus tobillos.

 

–          Elena- dijo bajito.

–          Elena- repitió él, como aprendiendo su nombre.

 

Esperaba no llenar la agenda de corazones con una D y una E.

 

Paso 4: Explicarle a David que ella toma azúcar con un poco de café. O en su defecto un nesquick. Explicarle también que es una bebida totalmente, adulta. Independientemente de lo que ponga en el bote. Pedirle que se quede a cenar. O a vivir.

 

¡¡Muffins para todos!!

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…..Magdalenas, Elena…¡Magdalenas!

Alerta de tormenta: capitulo 5

Querid@s mandragoritas, es para mi un orgullo presentaros el siguiente relato.  Marxan Aletan ha decidido escribir un relato paralelo a “La tormenta que trajo la calma”, inspirándose en los personajes y relatando los acontecimientos que sucedieron antes y de forma paralela a la historia.

Muchas gacias Marxan, no imaginas lo orgullosa y feliz que me hace que una de mis historias inspire a alguien a escribir algo nuevo.

Espero que lo disfruteis!…”ALERTA DE TORMENTA” de Marxan Aletan

Una visita necesaria.

 

Había sido un día agotador en muchos aspectos, pero en otros, aquellas horas en casa de Rosa estaban marcadas en su mente, era algo durante mucho tiempo olvidado: el calor de una persona como Rosa, que le abría las puertas de su casa y que le confiaba uno de sus tesoros más preciados, a Cristina. Para Raquel, las horas que había pasado en aquella casa, fueron como una bocanada de aire fresco. Nada hasta ese momento se compraba con aquella emoción.

 

-Bollito-

 

Sonrió al recordar el famoso mote, sonrió aun mas al recordar a la dueña del mismo, al recordar a Beatriz, aquella cara de boba feliz no paso desapercibida al momento de entrar a su casa.

 

-¿Ocurre algo?, estas roja- Raul había hecho que aquella joven volviera de su mundo de fantasía de golpe.

 

-Nada importante- Contesto Raquel al instante y a la defensiva- Nada en lo absoluto.

 

-Si tú lo dices-

 

La joven dejó su mochila, chamarra y demás sobre uno de los sillones de la sala, se dirigió a su habitación; en solo cuestión de minutos cambió sus ropas y se encamino hacia la mesa del comedor. Abandonando su estilo, solo una playera y pantalones cortos cubrían su cuerpo. Su hermano, mientras tanto, preparaba la mesa para cenar, aunque en la mente de la joven la comida ya era lo último de importancia. No mucho tiempo atrás, un gigantesco sándwich había desaparecido en su boca y la compañía de la comida había sido también una parte importante del sopor de la joven.

 

-Creo que hay algo que debo saber- Raúl le ofrecía a su hermana algo de beber.

 

-¿Por qué tienes tanto deseo de conocer todo mi día Raúl- Los dos hermanos se enfrascaban en una lucha de miradas, ninguno cedía- ¿o a caso alguien te dijo algo?

 

-¿Cómo crees?-

-Manu…-

Raúl desvió la mirada, de forma instantánea trato de escapar de aquel lugar, buscar tierras altas, en busca de seguridad del maremoto que estaba por caer cobre él, sin embargo, su intento fue frustrado. Una delicada mano lo sujetaba por la muñeca, su corazón se había detenido al verse atrapado, al saber que estaba perdido y no tendría una ruta de escape.

 

-¿Qué fue lo que te dijo?-

 

Raúl confeso más rápido que cualquier sentenciado a quien se le daba una oportunidad para salir libre, incluso con detalles que no había recordado hasta ese momento. La mirada de su hermana era lo único que necesitaba en ese justo momento, más que seguro, Manu estaría sufriendo un escalofrió en su espalda mientras era invadido por un sentimiento de terror y miedo, algo le iba a pasar en corto tiempo.

 

Al terminar, Raquel soltó a su hermano, parecía divertida por todo lo que había escuchado.

 

-Que bien checada me tienen, me sorprende que Maro no esté involucrado en esto-

 

-El sabe, aunque de otras formas-

 

-Luego entonces…, se llama Beatriz, Bea, tiene 16 años, vegetariana, tiene una hermana pequeña que se llama Cristina a quien yo cuido y no, si tu preocupación es si ya me la tiré, no lo he hecho… aún-

 

-Raquel, ¿no pensaras en…?-

 

-Mira Raúl, ya estoy cansada que todos piensen que soy un desastre en ese aspecto- La chica volvía a jugar nerviosamente con su pelo- Si debo ser sincera, ella tiene algo que la hace muy diferente, es difícil de explicarlo, de cierta forma, es como un incendio que aumenta y disminuye de un momento a otro.

 

-Solo te recuerdo lo que pasa cuando te dejas llevar por tus sentimientos sin darle un segundo a tu cerebro para opinar-

 

-Si piensas que es otra Julieta, te equivocas- Raquel se levanto como un relámpago de la mesa- Dile a Maro que luego lo veo.

 

-Tuvo un problema en el taller, pasará lo noche allá – Raúl miró como su hermana desaparecía en el pasillo.

 

Ante esto, el joven dejo la mesa en silencio, pensaba que había dado en un punto muy delicado, pero estaba sorprendido ante la respuesta de su hermana, él pensaba que eso ya solo era un recuerdo lejano, que según él ya no tenía por qué estar en la memoria de su hermana, aquel día pintaba para ser uno de esos que después tratas con desesperación de olvidad, dos peleas el mismo día, había sido demasiado.

 

-Mejor me voy a dormir- Raúl apago la luz y entro a su habitación, podía escuchar mucho movimiento en la habitación de su hermana, se imaginó que no estaría mucho tiempo en casa.

Algunos minutos después, el joven creyó buena idea comprar un boleto de lotería al día siguiente, como lo había predicho, su hermana cerraba de golpe la puerta de la entrada, solo envió un mensaje al celular, “por favor, solo ten cuidada”. No recibió respuesta alguna.

 

40 minutos después, la Bandit se detenía frente a un taller de herrería y una imprenta, una combinación extraña en extremo. Buscaba a una persona; sabía que estaba en casa pues las luces estaban encendidas en el piso superior, donde él vivía. Suspiro larga y sonoramente, tantas visitas a ese lugar que incluso tenía llave de la puerta.

 

Raquel subió por unas largas escaleras hasta llegar a lo que parecía el recibidor, aunque en verdad aquel sitio parecía más una bodega acondicionada que otra cosa. No había paredes que separaran las partes de aquel sitio; cocina, comedor, sala y recamara estaban juntos. Solo el cuarto de baño se había dejado de lado durante la construcción. Tenía solo buenos recuerdos de ese lugar, en algunas ocasiones había sido su refugio, un lugar donde podía encontrar algo de soledad y tranquilidad cuando lo necesitaba, la casa de su amigo era algo seguro, algo a lo cual aferrarse de ser necesario.

 

Su mirada exploró el lugar en busca del morador de la casa, la puerta del baño estaba abierta y nadie adentro.

 

-Bueno, tendré que darle una sorpresa-

 

Por la calle, una obscura figura caminaba lentamente, consigo llevaba una bolsa de papel.

Maro había ido por algo para la cena, unos minutos atrás, se estaba preparando para pasar la noche solo, como de costumbre, pero al ver las luces de su piso menguar lentamente, puso sus sentidos en alerta máxima. Por causas ajenas, Maro se había hecho de algunos rencores de parte de una buena cantidad de personas, en consecuencia, ya tenía algunos años que no podía bajar la guardia ni un segundo, pero al subir las escaleras, se percató de algo que lo sorprendió.

 

-Ese aroma-

 

La habitación a media luz, ni un solo sonido, aquel aroma que había invadido por completo su hogar; su mirada se concentro en su cama donde una silueta se movía al ritmo de alguna misteriosa melodía imaginaria, de manera provocativa y sensual que haría que el mas santo deseara cometer un pecado capital en aquel lugar.

 

Raquel dejaba de lado el abrigo que había llevado consigo, simplemente lo arrojaba lejos de ella.

 

-¿Es un sueño, u otra de esas fantasías que tengo despierto?-

-¿Tú qué crees?-

Aquel joven solo podía contemplar la imagen de su amiga sobre su cama con la compañía de la danza de sus sabanas; sin importarle mucho al chico dejo los víveres sobre una pequeña mesa y avanzo lentamente hacia la joven, arrojando la chamara que usaba con dirección hacia una silla.

-¿Sabes cuánto tiempo había esperado por ese momento?-

 

-Por lo que puedo ver mucho-

 

Justo en ese momento Maro subía a la cama, Raquel, con una agilidad única retrocedió hasta llegar a la cabecera de la cama que su cuerpo ocupaba en ese momento, su respiración no había cambiado en nada, sin embrago de su amigo se había disparado hasta peligrosos niveles. El joven la recorría con su mirada, notando de inmediato la sensual lencería que usaba, su respiración no pudo más que detenerse en seco, le costó formular palabra.

 

-¿Liguero?, ¿Qué planes tienes en tu cabeza chica?-

 

-Más bien, ¿Cuáles son los tuyos?-

 

Las manos del chico llegaron hasta el rostro de la joven debajo suyo, acercando lentamente su rostro al de la chica; los ojos de Raquel se cerraron, pudo sentir la respiración de Maro sobre su rostro y el calor del joven a un lado de ella.

 

-Muy bien morena, ¿Qué pasó ahora?-

 

Un segundo después, los dos estallaban en risas mientras que Maro se levantaba y caminaba hacia un mueble cercano a la cama donde guardaba algunas botellas con diferentes licores, de las cuales tomo una junto con dos pequeños vasos, de los cuales ofreció a Raquel.

 

-Debo decir que por un momento casi me la trago-

 

-Jajajajajaja, estoy segura que estabas por quitarte la camisa y el pantalón- Raquel miro con el chico servía un poco del licor en el vaso que ella sostenía- ¿Te gusto la lencería?

 

-Medias y liguero, hiciste uno de mis sueños realidad, me gustó el color- Comento el joven mirando descaradamente las piernas de la joven, la falda estaba corrida, dejando ver los tirantes de la prenda debajo de sus ropas y al mismo tiempo mostrando aquellas majestuosas medias que adornaban sus piernas- Si sales así, seguro que te ligas a quien quieras.

 

-No quiero ligarme a cualquiera- Raquel miro a los ojos al chico a su lado, una manera de mostrar que lo que decía era verdad- Solo una en especial.

 

-Con que eso era, al fin te decidiste, me alegro por ti, pero por alguna razón siento que tiempos duros se acercan- Maro bebió de golpe el contendido del vaso- Y estas aquí porque de seguro peleaste con Raúl y si estas con el juego de “hoy me acuesto contigo” es porque fue una pelea dura.

 

-¿Cómo sabes eso?-

 

-Es una manera divertida de quitarte el stress, siempre y cuando lo hagas solo conmigo, no puedo responder por el resto de los hombres, pero conmigo sabes que no pasara nada- Los dos volvieron a reír.

 

-Maro, ¿Qué puedo hacer?, piensan que soy un desastre-

 

-No pensamos eso, lo único que pasa es que no queremos que te lastimen, ya has sufrido mucho chica, lo que en verdad queremos es que seas feliz y en ocasiones nos da miedo que la historia se repita- el chico volvió a servirse algo de la bebida, Raquel no había tomado ni una gota del suyo- Por todo ello te has formado una coraza, eso para que no te lastimen, aunque por lo que veo pues creo que esa coraza ya ha sufrido un daño y creo que a ti te gustó.

 

Raquel miró al joven a su lado y de una manera sorpresiva ,misteriosa y extraña que la joven no pudo ni siquiera llegar a imaginar o por lo menos prevenir, ocurrió.

 

Maro se lanzo a las piernas de la chica, abrazando aquellas fuertes pero delicadas extremidades y depositando un leve beso justo en donde la media dejaba paso a la piel de la joven. Raquel sintió su corazón subir en ritmo, no por excitación, sino por el sobresalto causado por lo que había hecho el joven que la acompañaba, mas aun cuando las manos del chico acariciaron sus piernas, algo que hasta ese entonces nunca había hecho.

 

-Además creo que esto, es lo mas a lo que llegaré- El rostro de Maro se giro hacia la joven que aun sorprendida pero entendiendo las acciones del chico, solo deposito un leve golpe en la cabeza del joven y volvieron a reír.

 

-Se llama Beatriz-

 

-Bonito nombre, ya sabes lo que tienes que hacer. Ahora hazlo-

 

-Y lo haré, no quiero que nadie robe ese algo que ya declare mío-

 

El chico se levanto, su rostro ahora mostraba seriedad absoluta, Raquel lo noto, dejando de lado su vaso de la misma forma que su amigo lo hacía, sus miradas de encontraron la una con la otra, fue entonces que comenzó.

 

-Lucha por lo que quieres y nunca, nunca dejes que alguien te diga que no puedes, debes seguir adelante olvidando todo lo que ocurrió en el pasado y se que de manera automática vas a cerrar tu corazón cuando comiences a sentir que te debilitas, pero justo en ese momento y de esto estoy seguro, será el momento preciso- Maro sujeto el rostro de la chica- Deja el pasado atrás y sigue adelante, estaremos detrás de ti, empujando y de ser necesario arrojándote lejos para que cruces algún desfiladero.

 

-Gracias- Dijo la chica sujetando las manos del joven- Creo que debo volver a casa, Raúl estará preocupado-

-Me gustaría que te quedaras, pero tienes razón, ve al taller, llevaremos la Bandit en mi camioneta, no sé cómo pudiste venir en ella con ese vestido-

 

-Sencillo, levantando pasiones por todo el camino, y levantando otras cosas también- La sonrisa de Raquel contagio al chico- Te veo abajo para subir la moto-

 

-Bien solo pasó al baño y te alcanzo-

 

-¿Vas a pensar en mí?-

 

-Eeeeeeeeehhhhhhhhh, no sé, te diré un unos minutos-

 

-Eres un sucio-

 

-Sí, lo sé-

 

La chica bajo por las escaleras, una vez que había desaparecido de la vista, Maro tomo su móvil y rápidamente envió un mensaje acto seguido tomo su abrigo y bajo para alcanzar a Raquel y llevarla a casa.

 

“Ella está bien, la llevo a casa, puedes dormir”, Raúl suspiro aliviado al leer el mensaje de Maro, ahora ya podía dormir.

 

 

Alerta de tormenta: capitulo 4

Querid@s mandragoritas, es para mi un orgullo presentaros el siguiente relato.  Marxan Aletan ha decidido escribir un relato paralelo a “La tormenta que trajo la calma”, inspirándose en los personajes y relatando los acontecimientos que sucedieron antes y de forma paralela a la historia.

Muchas gacias Marxan, no imaginas lo orgullosa y feliz que me hace que una de mis historias inspire a alguien a escribir algo nuevo.

Espero que lo disfruteis!…”ALERTA DE TORMENTA” de Marxan Aletan

Alerta de tormenta

 

Capitulo 4

En aquel lugar

 

No podía creer que estuviera contigo como si hubieras leído mis más obscuros pensamientos, me habías llevado a tu santuario personal; casi como me lo había imaginado, en muchos detalles igual, en otros, estaba completamente equivocada, solo podía decir que estaba sorprendida.

 

Tu madre nos recibió con una sonrisa en sus labios y con un fuerte abrazo; su mirada y aquella sonrisa me habían dado una seguridad que hacía mucho tiempo no sentía, algo en mi había despertado y me alegraba que lo hiciera, posiblemente el calor de una persona como tu madre, quizás el simple hecho de hacerme sentir querida y porque no, amada.

 

Casi de inmediato nos había ofrecido un refrigerio, algo frío para beber, unos ricos sándwiches para comer y aquella cálida mirada que no se despegaba de mi.

 

Tu sonreías a cada momento, hacías comentarios fuera de lugar, al final siempre nos hacían reír a las tres, en esa mesa me sentí segura de ser yo, de quitarme todas las cadenas y escudos que me habían hecho prisionera de mi propio ser, de abrir las puertas de la muralla y te deje entrar.

 

Solo te deje entrar, sin preguntar, sin preocuparme.

 

Con tu padre fue igual, una cálida sonrisa, un abrazo incluso un beso en la mejilla que estoy segura me hizo sonrojar, pero no me importo. Detalles como esos no tenían sitio en aquella cocina, mucho menos cuando podía sentir las fuertes manos de aquel hombre sujetando las mías.

 

Algo que no recuerdo haber sentido jamás, mucho menos el sentimiento al escucharlo llamarme hija, una mera formalidad, pero en los labios de tu padre, me sentí de su propia sangre, me sentí unida a ti por algo mas intimo y profundo de lo que podía imaginar. Olvidé por completo de la clase de persona que en realidad era mi padre, aquel hombre que veía más como un demonio que como un hombre, algo más que una cucaracha pero infinitamente menos que una persona, algo que deseaba olvidar, algo que en ese momento no estaba en mi mente.

 

No sé cuánto tiempo estuvimos los cuatro reunidos, mucho menos cuando fue que sujete a tu hermano recién nacido en mis brazos, “la feliz sorpresa” como lo llamaba tu madre.

 

Dentro de mi cabeza se formaban las mas locas fantasías, también los sueños más bizarros; te imagine a ti, con nuestro bebe en brazos, en nuestro futuro hogar, tu y yo juntas. Ya lo había decidido sin preguntarte si quiera, porque lo quería, porque lo deseaba, solo por eso.

 

Después de un rato te disculpaste con tus padres, tomaste mi mano y me llevaste rumbo a tu habitación, “te quiero para mi sola”, esas palabras me hicieron temblar, mas aun contigo subiendo frente a mí las escaleras y el ir y venir de tu falda que solo me hacia imaginar sobre lo que podría encontrar debajo de ella. Sin permiso de mi cerebro, mi mano se abalanzó hacia el frente, justo entre tu falda y aquellas medias que usabas de vez en cuando, justo en esa pequeña franja de piel, aquel espacio entre tus dos prendas fue donde mis dedos aterrizaron.

 

Te detuviste en seco, poder ver como tu cuerpo reacciono con un leve sobresalto ante el toque de mis dedos, yo estaba petrificada por el miedo y extasiada por la sensación de la suavidad de tu piel en esa parte de tu cuerpo.

 

Me volteaste a ver, gire mi cabeza alejando la mirada de ti, no podía, no quería ver tu reacción, ahora lo único que sentía era terror, no quería ver tus ojos llenos de enojo y desaprobación, pero tampoco quería soltar tu mano, pensaba que si lo hacía jamás la volvería a sujetar, que disgustada por mi atrevimiento me lo prohibirías.

 

-Espera a que lleguemos a mi cuarto-

 

Levante la mirada de inmediato al escuchar esas palabras, mi corazón se disparo a mil por hora y un escalofrió recorrió mi vientre, mi cuerpo reaccionaba ante lo que había escuchado, ante las palabras que solo unos segundos atrás habías pronunciado, tu lo notaste.

 

Me sonreíste de una forma tan sencilla, pero al mismo tiempo tan sexy que no pude más que imaginar lo que tenias preparado para mí; de alguna manera, en mi mente se formo lo que sería mi primera vez, algo furtivo, quizá prohibido, pero por ti estaba dispuesta a todo, a complacer tus más simples deseos, para mi ese era el momento, el todo o nada.

 

-Aquí es- Me dijiste en un leve tono de voz al oído justo frente a la puerta de tu habitación.

 

Antes de entrar, escuche a tu madre decir que se iban, estaríamos solas por varias horas, ¿era parte de tu plan?, ¿sabías que se irían?

Sentada en tu cama, solo te miraba caminar por la habitación levantando cosas tiradas en el piso y dejándolas escondidas en tu armario, una limpieza rápida según tus palabras, pero lo que le siguió a la limpieza de tu cuarto, nunca me lo esperé.

 

Dijiste que hacía mucho calor, que la ropa que usabas te acaloraba un mas y sin reparo en lo que hacías diste vida a una de mis mas deseas fantasías; como si estuvieras sola, te despojaste de tu blusa, sola la dejaste caer, tu falda le siguió, de una manera tan sensual que no pude hacer otra cosa más que desviar la mira y cerrar mis piernas con todas mis fuerzas. Me sentí ridícula y avergonzada, nunca había estado en aquella posición, era por completo una novata y deduje que tu tenias experiencia en lo que estabas haciendo, lo confirme al levantar la mirada y ver lo que ahora usabas.

 

Una minifalda blanca, más corta que aquella que solo segundos atrás llevabas puesta, más sensual y reveladora de lo que yo podía soportar, la blusa de tirantes también blanca no ayudaba mucho a mi autocontrol.

 

Me miraste a los ojos, pero no me daba cuenta de ello, repasaba una y otra vez tu imagen congelada en mi mente, de espaldas a mí, con apenas algo de ropa que te cubriera, me seducías de manera salvaje, lo hice hasta que sentí algo de movimiento a mi lado.

 

Estabas al otro lado de la cama, tu falda se había recorrido a tal punto que me hizo sudar, muy bien sabia que tu lo notabas, lo vi en tus ojos y en tu expresión, además de la forma en la que cruzaste las piernas revelando aun mas de tu anatomía, después, en la forma en que lentamente gateaste en mi dirección sobre tus sabanas, cuando me derribaste y me atrapaste debajo de tu cuerpo.

 

Mi corazón se detuvo, mi respiración también, segundos después note que de alguna manera misteriosa habías quedado justo entre mis piernas, tu mirada decía algo, algo que no podía comprender.

 

-Pídemelo-

 

-¿Cómo?-

 

-Pídeme que lo haga- Sonreíste- suplícame.

 

En ese momento no me importo y lo hice, te suplique, te lo pedí como tú lo habías exigido, ahora comprendo, que tonta fui.

 

Bajaste tu cuerpo hasta tocar el mío, estaba sudando, apenas podía respirar, lo peor de todo, ya no podía disimular, la excitación de mi cuerpo había llegado al máximo. Ante esto, bajaste tu rostro hacia el mío, entrecerré mis ojos, podía sentir tu aliento sobre mis labios, yo lo respiraba, me alimentaba con el, estaba envuelta entre el aroma de tu perfume y el de tu piel, una mezcla que no hacía otra cosa más que aumentar el éxtasis en que me encontraba, quería estar por siempre de esa manera.

 

Quise sujetar tu rostro, no me dejaste, con un rápido movimiento tomaste mis manos, las llevaste sobre mi cabeza y las aprisionaste en ese lugar, ahora estaba indefensa, completamente rendida a ti, era tu prisionera, tu esclava y me gustaba. Tu mano comenzó a explorar por encima de mi ropa, justo por debajo de mi escote, esa había sido tu idea, tú me lo habías pedido y yo lo había cumplido, un capricho de tantos, cualquier cosa que tu pidieras yo la hubiera hecho en ese momento.

 

-Si te portas bien, te recompensare-

Desabrochaste mi blusa, apartándola con un solo movimiento, dejándome al descubierto bajo tu escrupulosa mirada, escaneabas cada parte de mi pecho una y otra vez, no sabía si estabas complacida o decepcionada. Tu rostro bajo en esta ocasión con dirección a mi cuello, después hacia mis pechos, un temblor recorrió mi ser al sentir el rose de tu nariz sobre mi sujetador y un leve gemido salió de mis labios, me miraste sorprendida, volviste a sonreír y tu mano fue al botón de mis vaqueros.

 

-Es lo que quieres, no puedes mentirme-

 

-Yo…-

 

No me dejaste contestar, justo cuando estaba por hacerlo, tus dedos cayeron sobre mi boca y yo con cierta timidez los sujete con mis labios, quise volver a tocarte y de nuevo me paraste en seco, me ordenaste no hacerlo, ¿Cómo no hacerlo?, tocar tus brazos, tus piernas, tu cuello, todo me invita a ello.

 

Cerré por completo mis ojos al momento en que sentí como quitabas mis vaqueros, lentamente, no opuse resistencia, el rose de tus dedos sobre mis piernas era una droga que no quería dejar, algo que no podía perder, eso era lo único que para mi tenía importancia, lo único por lo que vivir, simplemente era todo lo que deseaba. Al finalizar el proceso, los arrojaste lejos, más allá de donde yo los podría alcanzar, pero ahora no había vuelta atrás, de mi parte, estaba más que preparada, eras la persona que yo quería fueras la primera, parecía que mi deseo se estaba por cumplir.

 

Sujete tu cintura con mis piernas, no te negaste, incluso parecías satisfecha con mis acciones, de nuevo comenzó el juego.

 

Llevaste tus manos a tu cintura, con una gracia infinita te quitaste la blusa dejándola a un lado de mi cabeza, tu aroma me envolvió con más fuerza que nunca; la visión de tu pecho desnudo nublo mi mente, nublo mi razón, estaba por caer en la locura, quería mas, deseaba que me hicieras tuya en ese momento, mi locura fue total cuando tomaste mi mano izquierda y la llevaste hacia ti, depositándola en medio de tu pecho.

 

 

De la misma forma llevaste mi mano derecha a tu pierna izquierda, justo a donde tu media terminaba y tu piel entraba al juego la emoción mas asombrosa que yo había podido experimentar recorría todo mi cuerpo, quería más.

 

-Tómame- Te dije entre mis desvaríos.

 

-Raquel, si quieres mas, tendrás que ganártelo- Tus manos fueron hacia mi rostro sujetándolo delicadamente- si quieres un premio mayor, tendrás que hacer meritos conmigo.

 

-Julieta….

………………………………………………………………………………………

 

-Entonces ¿Qué te parece?, se que no es mucho lo que ofrezco, pero comida y un trabajo sencillo creo que hacen una buena combinación-

 

-Para mi perfecto señora Rosa- Raquel dejaba a la enana sobre uno el sofá, estaba profundamente dormida y por su cara el sueño era muy placentero-¿Pero también debo cuidar a su hija mayor?

 

-No creo, Bea ya es muy independiente, no tendrás problemas con ella, pero te agradeceré mucho que tengas un ojo sobre de ella de vez en cuando, solo por si acaso.

 

Raquel miro la hora en un reloj en la pared, no sabía cómo había pasado tanto tiempo, pero seguro que aquella chica estaba por llegar, su corazón latía con fuerza

Para Rosa, la mirada de la chica dijo mucho; sin que Raquel lo notara, la madre de Beatriz la estudiaba detenidamente, sobre todo su mirada, aquella tormentosa mirada que reflejaba un deseo por parte de la chica, la mujer sonrió.

 

-Creo que ya era hora- Pensó Rosa con una sonrisa en los labios mirando a la chica que acariciaba el rostro de Cristina, que de nuevo había regresado a sus recuerdos.

 

 

Alerta de tormenta: capitulo 3

Querid@s mandragoritas, es para mi un orgullo presentaros el siguiente relato.  Marxan Aletan ha decidido escribir un relato paralelo a “La tormenta que trajo la calma”, inspirándose en los personajes y relatando los acontecimientos que sucedieron antes y de forma paralela a la historia.

Muchas gacias Marxan, no imaginas lo orgullosa y feliz que me hace que una de mis historias inspire a alguien a escribir algo nuevo.

Espero que lo disfruteis!…”ALERTA DE TORMENTA” de Marxan Aletan

Alerta de tormenta

Capitulo 3

 

Ok, hay momentos en la vida de todas las personas que nos cambian o personas que cambian por si mismas.

Raquel no era ninguna de ellas, si lo hacía era porque en verdad lo quería o de cierta forma lo necesitaba.

 

Sus clases habían terminado sin que ella notara el tiempo que transcurrió entre una y otra, mucho menos le interesaba, el único pensamiento que rondaba su cabeza era la esperada cita ese día para lo que esperaba, fuera su nuevo trabajo.

 

Aunque había algo que causaba un leve molestia, la causa verdadera por la que estaba tan ansiosa.

 

-¿Qué tiene ella?, no me la puedo sacar de la cabeza-

 

-Bonito cuerpo supongo-

 

Raquel levantó la mirada, asustada, no había sentido la presencia de aquella persona, mucho menos que sus pensamientos salieran de sus labios, por suerte para ella, era alguien de confianza.

 

-No me dirás que estas así por alguien, ¿o sí?

 

-Esta mañana tuve un encuentro interesante-

 

-Yo también- La voz del chico sonaba seria, extraña a los oídos de la joven y en su mirada se percato de algo que no le gusto.

 

-¿Por qué la mirada?, ¿Qué hice ahora?-

 

Raúl había dejado a su hermana crecer libre, sin ataduras, pero eso había dejado algunas secuelas, además de todos los baches en el camino, muchos de ellos, algunos realmente difíciles de superar; en algunas de esas ocasiones Maro había estado, en las buenas y en las malas.

 

-Esta mañana cuando caminaba al taller me encontré con alguien-

 

-¿Con quién?-

 

-Paula- Aquel nombre no se le parecía familiar a Raquel, su rostro hizo saber a Maro el problema- La chica que dejaste abandonada en aquella habitación de hotel

 

El rostro de la joven reflejo aun mas su sorpresa, el hecho era que no sabía que su amigo conocía a la joven en cuestión, menos su nombre o que había estado con ella.

 

-Es tu amiga y ahora vas a reprocharme haberla dejado sin más ni más-

 

-Sabes que no hago eso morena, lo único que quiero que sepas es que le dolió y mucho- Sus miradas chocaron de inmediato después de aquellas palabras- Y no me veas de esa forma, solo quería pedirte una cosa.

 

-¿Qué me encuentre con ella y le pida perdón?, eso no va a pasar-

 

-No, que pienses las cosas antes de hacerlas, no por impulso, no lastimes como te lastimaron a ti-

 

-Les muestro la verdad de las cosas-

 

-No linda, les muestras tu verdad-

 

En aquel round, Maro había ganado, cosa rara, pero lo había logrado y el chico lo sabía.

 

No muy lejos de la Universidad, Raúl terminaba con los preparativos para las fotografías de una revista, cuando su celular sonó; el nombre de Manu aparecía en la pantalla y un escalofrió recorría la espalda del joven al verlo.

 

-Por favor dime que no hizo nada tonto-

 

-Tranquilo- Manu, al otro lado de la línea sonaba calmado y por todo el ruido estaba en el comedor del colegio- Se fue muy calmada y le di algunas recomendaciones para la carrera, para ser sincero un ensayo completo sobre en que podría especializarse.

 

-¿Qué ocurre?, no me llamarías solo para decirme eso-

 

-Cierto, Raúl creo que tendrás algo porque preocuparte-

 

-¿A qué te refieres con exactitud?- Los nervios del joven se habían crispado al escuchar esas palabras.

 

-Tiene esa mirada-

 

-Dios…-

 

-Jajajaja, no creo que ni él pueda ayudarte ahora, pero si te sirve de algo, creo que es diferente-

 

-¿Diferente?-

 

-Si, diferente-

 

Manu centro su mirada en una de sus alumnas a solo un par de mesas de donde el tomaba su café, aquella chica platicaba animadamente con una amiga, el joven profesor no pudo evitar sonreír ante la escena, con Raúl al otro lado de la línea tratando de formular alguna pregunta idónea.

 

Al avanzar el día, una motocicleta Honda se detenía frente a una bonita casa. La pasajera bajó de ella de tal manera que un par de chicos que pasaban cerca se detuvieron para observar el espectáculo, algo digno de mirar.

 

-Gracias por traerme- Raquel le daba el casco al chico que se levantaba la visera del propio.

 

-¿Quieres que te espere?- Maro miro a la chica solo por algunos segundos- Si quieres te espero en la cafetería que pasamos.

 

-No gracias, puede que me tarde- Raquel tomo uno de los anuncios que había tomado horas atrás- Si parezco apurada por irme estoy segura que no me darán el trabajo.

 

-Bien, recuerda que hoy cenamos, yo preparo de comer y Raúl va a llevar algo también-

 

Antes que Raquel pudiera decir algo, Maro aceleraba alejándose rápidamente, ni siquiera había pensado que por todo lo que había ocurrido durante el día no había probado bocado, su estomago le recordó solo segundos después, aunque ya era demasiado tarde para ello. Al acercarse, sintió una mirada sobre ella, en una de las ventanas una mujer la miraba con curiosidad, de manera casi automática la joven morena levantó el anuncio, ante esto la mujer sonrió abiertamente, señalando hacia la puerta.

 

Unos cuantos segundos después Raquel esperaba en la entrada, segundos que se convirtieron en un par de minutos, el llanto de un bebe se podía escuchar del otro lado de la puerta, ahora ella era la que sonreía, aquel sonido le había traído  algunos recuerdos.

Finalmente, el sonido de la chapa se hizo presente.

 

-Pasa por favor- Parecía que algún ser invisible la invitaba a pasar, nadie estaba frente a ella al momento de abrirse la puerta- Perdona es que tengo a la enana en brazos.

 

Al entrar, Raquel pudo observar a la dueña de la casa, con la bebe en brazos y peleando con un biberón que estaba a punto de caer; de manera casi instintiva hizo algo que dejaría sorprendidas a los dos.

 

-Si me permite- Con un delicado movimiento, tomo a la bebe en brazos permitiendo que su anfitriona sujetara el biberón que estaba por caer- Es hermosa

 

-Gracias, ella es Cristina- La mujer parecía muy sorprendida, no podía dejar de mirar con su hija se acomodaba en el abrazo de la joven que la sujetaba, parecía buena señal- Tu debes ser Raquel, mi nombre es Rosa.

 

-Muchos gusto señora y disculpe el atrevimiento de tomar a la bebe sin su permiso- En ese momento las palabras de Maro rebotaban en su cabeza una y otra vez o por lo menos unas en concreto: “por impulso”

 

-Nada de eso, si quieres saberlo ya tienes muchos puntos por lo que has hecho- La chica miro extrañada a Rosa- Cristina no se deja cargar por cualquiera, solo por mi hija Beatriz y por mí, que se vea tan cómoda contigo es una muy buena señal.

 

Aquel nombre hizo que por unos instantes Raquel vieran de con un leve tono carmesí, esto no paso desapercibido por la mujer a su lado, como madre y como mujer, sabia reconocer algunas cosas, que para el resto podían pasar desapercibidas.

 

-Ven, vamos la sala que tenemos cosas que platicar- Raquel se sintió en casa de inmediato, aquella mujer la hacía sentir de esa manera, querida y protegida.

 

Aunque después de un segundo, un reloj llamo la atención de la joven que un tenía en brazos a la bebe, dentro de un par de horas, “ella” de seguro estaría camino a casa, la chica que era la dueña de sus pensamientos. Desde la mañana, cuando la lluvia la había empapado y de paso, ella, lo hizo con alguien más.

Alerta de tormenta: capitulo 2

Querid@s mandragoritas, es para mi un orgullo presentaros el siguiente relato.  Marxan Aletan ha decidido escribir un relato paralelo a “La tormenta que trajo la calma”, inspirándose en los personajes y relatando los acontecimientos que sucedieron antes y de forma paralela a la historia.

Muchas gacias Marxan, no imaginas lo orgullosa y feliz que me hace que una de mis historias inspire a alguien a escribir algo nuevo.

Espero que lo disfruteis!…”ALERTA DE TORMENTA” de Marxan Aletan

 

Capitulo 2
Guardar mis lágrimas

Ya se había hecho tarde para su cita con Manu, había dejado su sombrilla en casa, no llevaba la Bandit, es su lugar, un par de patines tomaban el trabajo de llevarla al Colegio, lo único malo, no sabía patinar bien.
El colegio no estaba muy lejos de su casa y usar la moto hubiera sido un desperdicio de gasolina, o por lo menos eso había pensado.

En teoría, así como el comunismo, la idea funcionaba, en TTEEEEEEEEEEEEEOOOOOOORRRRIIIIIIIAAAAAAAAAAA, lo único que no había entrado en los cálculos matematicos-fisico-analogicos-cuanticos de Raquel , había sido la advertencia de lluvia para esa mañana; aunque para ese momento ya no importaba mucho. Su jersey y vaqueros estaban empapados, lo único rescatable de lo que llevaba del dia, había sido la manera de frenara al llegar a la escuela.

Aquella cabellera pelirroja aun estaba marcada en su mente; se mordió el labio al recordad la escena con aquella chica, toda mojada por su culpa, “fue interesante”, pensó la morena al recordad e imaginara una enorme cantidad de imágenes, algunas tan lúdicas que hubieran hecho que más de uno sonrojara.

-Creo que iría mejor con cuerdas que con esposas-

-Hola Raquel-

-Esa chica se veía bien toda mojada…-

-¿Raquel?-

-Aunque viendo su gusto por la lencería de seguro debe tener algo muy interesante en su closet-

-¿eh?, Raquel…-

-De seguro algo muy sexy escondido muy adentro de algún cajón-

-Yo no tengo eso-

Pocas ocasiones su rostro tomaba tal color de rojo, mucho menos en presencia de otra persona y en un lugar tan público como seria el pasillo de una escuela, frente a la puerta de la oficina de un antiguo profesor además, mejor aún era Manu.

-Creo que necesitas un baño con agua fría, aunque creo que ya lo tomaste y no ha servido- Manu sonreía sin ocultarlo incluso con la mirada asesina de Raquel.

-Lo que estaba…-

-¿imaginado?- El profesor abría la puerta invitando a entrar a una chica sonrojada como tomate- Con esta solo han sido tres veces las que te he visto con la guardia baja.

-Y será la última- Raquel desvió la mirada, no lo suficiente para notar una toalla de papel que su antiguo profesor le ofrecía- Gracias y por cierto, estoy aquí solo por la orden de Raúl, no creas que es por mi gusto.

-Rulo se ha ganado el cielo solo haciéndote venir- El joven profesor ya ocupaba su lugar tras el escritorio, rodeado de papeles y libros-y bien ¿alguna idea de lo que quieres?

-Pues, la verdad no tengo idea de en que debo especializarme, creo que por eso Raúl me hizo venir- Raquel sonrió abiertamente- Además, para eso te tengo a ti mi querido Manu.

-Como si algo que yo dijera te pudiera entrar en la cabeza-

-Es algo que puede ocurrir, ¿Quién sabe?-

Fue entonces que Manu vio algo en la mirada de la joven frente a el, algo que no había visto hacía mucho tiempo. Ya habían pasado algunos años, desde el momento en que Raquel había sido su alumna, pero de la misma forma, recordó todo lo que había pasado y que junto con su hermano y un amigo vivió momento a momento.

-Alguien te gusta- Raquel quedo en silencio y con un autentico rostro de sorpresa- Tienes esa mirada.

-Tu sabes lo que paso la última vez que alguien me gusto y que me deje llevar-

-Si , creo que fue después de eso que eres como eres, desde ese día-

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Hacia 5 minutos que la chica lloraba escondida detrás de un basurero, 10 minutos antes de eso había ocurrido algo que pensaba imposible.
-Aquí estas morena- Raquel levanto la mirada encontrando a un chico algo mayor que ella- Has causado una fuerte conmoción, tuve que romper algunas cabezas para callar a unos cuantos infelices.

-¿Qué haces aquí?, si vienes a burlarte de mi…-

-Déjame pensar un segundo, hmmmmmmmmmmm, no, vine a darle apoyo a una amiga que lo necesita- Aquel chico centro su mirada en el rostro de la joven.

-Déjame-

El maquillaje de Raquel se había corrido por las lagrimas, su blusa estaba manchada y su falda sucia y rasgada, sus medias rotas, noto otra cosas, no tuvo reparo en decirlo.

-Tu rasgaste tus ropas- su mano ya estaba en la mejilla de la chica, se había arrodillado quedando frente a frente con ella- ¿Fue una forma de decir algo?

-Solo estuvo jugando conmigo Maro, todo este tiempo, cada segundo- Raquel se quito las manos del rostro, su mirada era tristeza e ira, todo mesclado- Fui un juego para ellos, para cada uno.

-Si te refieres a Roberto y Martin, ya me encargue-

Raquel miro sorprendida a ese joven, también noto no muy lejos de hay a su profesor Manu y a su hermano hablando con la directora, aun lado de ellos un par de mujeres gritaban sin que les hicieran caso.

Por dos meses, Julieta, una de las chicas de la escuela se había hecho amia de Raquel, de alguna forma que a un no podía especificar había atravesado todas sus defensas, cada una de ellas, lo había hecho con pasmosa facilidad. Muy posiblemente había sido por el toque de su piel, o más bien por aquel “te quiero”, que hubiera pronunciado en una ocasión en el salón al estar las dos solas, después el leve toque de sus labios sobre los suyos, algo apenas perceptible.

Se había confesado a ella, le había dicho la verdad, que era lesbiana, recapitulo casi de inmediato en la sonrisa de Julieta, no había sido una sonrisa normal, había sido una sonrisa de victoria sobre ella, sobre la gran Raquel; el sueño y pasión inalcanzable de todo el mundo en el colegio, ahora estaba en la palma de su mano, inocente, vulnerable.

-No veo a esa maldita por ningún lado, quería platicar con ella a solas-

-sus padres se la llevaron hace poco, pensé que su padre le arrancaría el brazo por como la jalaba- Raquel limpio sus lagrimas corriendo aun más el rímel- Su madre vino a mí, me ofreció disculpas por el comportamiento de su hija, por lo que había hecho, ¿lo puedes creer?

-Son buenos señores, sobre todo la mama, pero tener a una hija a si, no creo que lo merezcan-

De improviso y sorprendiendo al chico, Raquel salto hacia el abrazándolo por el cuello, con tanta fuerza que sintió por un momento como se cortaba su circulación.

-Cuando subió al estrado y empezó su discurso, dijo que lo dedicaba a la persona que quería, pensé que era yo- El sollozó de Raquel aumentaba momento a momento, al igual que la fuerza de su abrazo- Y cuando le dijo a todo el mundo mi secreto, cuando leyó la carta que le escribí…¿Qué mal le hice?-

-El único mal que hiciste Raquel o más bien lo único malo que hiciste, fue enamorarte de la persona equivocada- Maro se separo y sujeto el rostro de la joven frente a el, forzándola a verla a los ojos- Lo único que esa maldita quería era su 5 minutos de fama, todo el tiempo que tú has estado aquí, lo has hecho en la cima, muy por arriba de todos, muy por encima de Julieta y solo por tus meritos, eso no lo pudo soportar y el otro par de capullos pues, el hecho de que la chica más popular de la escuela las rechazara, fue mas de lo que sus cerebros y pelotas pudieron soportar-

-Maro-

-Mira, no fe la mejor manera en que el mundo supiera la verdad, lo hicieron para humillarte y voy a mentirte con algunos funciono, pero muchos otros lo tomaron de manera inteligente, con ellos que son los más, tú has quedado como la chica que al momento de escuchar todo aquello, permaneció con la cabeza en lo alto, con toda la dignidad y valor con la que te conocieron, además, hay algo muy importante-

-¿Qué puede ser eso?- Raquel miro como Manu y Raúl caminaban hacia ellos.

-Hoy fue tu ultimo día en este congal- Maro sonrió tratando de aligerar la carga de la chica, pero ambos se incorporaron al ver que su profesor y su hermano se acercaban.

-Bueno, ¿en que termino todo?- Aquel chico miro a Manu con preocupación.

-Julieta va a pasar por un proceso administrativo especial, creo que bloquearan sus papeles- Manu sonaba serio- Y a Raquel al ser la parte afectada no tendrá problemas.

-¿Y ese par de cacatúas?- Los 3 miraron a las mujeres que un discutían con la directora.

-Algo que no vale la pena- La respuesta de Raúl inquieto al chico y a Raquel.

Durante Varios minutos la plática continuo, Raúl abrazando a su hermana, manu y Maro solo intercambiando puntos de vista, este ultimo fumando como loco; también recordando que esa amiguita nunca les había agradado.

De cualquier forma, para ese momento todo el mundo estaba en lo suyo, parecía que por el momento estaba en lo suyo, parecía que por el momento se había olvidado aquella escena; algo que los 4 aprovecharon para salir rápidamente del colegio sin que por lo menos muchos los notaran, lo último que necesitaban era que alguna de las amigas de Julieta les echarán pleito. Ya dos de esos amigos estaba en la enfermería.

Si algo tenía Maro, era que su paciencia tenía un límite, algo no muy extenso para decir la verdad.

-Bien , ¿Qué hacemos ahora?-

-Quiero ir a casa- Contesto Raquel a la pregunta de su hermano- Quiero estar a solas.

Manu miro de reojo a Maro, entendió sin que le dijera nada, se despidieron dejando a los dos hermanos solos, el auto de Raúl no estaba muy lejos, aunque el corto camino le pareció eterno al chico, su hermana, como hacia hace mucho tiempo, estaba llorando en total silencio, sin su habitual brillo en el rostro y en la mirada, parecía que la fuerza la había abandonado por completo, algo dentro de ella se había colapsado.

-¿Quieres que pasemos por algo para comer de regreso a casa?-

-No- Contesto de manera cortante la joven de antes de entrar al auto.

El viaje a casa, fue un deja vu del breve camino al auto, desde el punto de vista de Raúl, ese silencio se había hecho presente de nueva cuenta y podía jurar que su hermana aun lloraba, aunque con una magistral manera histriónica lo disimulaba a la perfección. Si algo tenia Raquel en algunos momentos era que podía controlar sus emociones pero tenía un límite, que cruzo al llegar a su casa.

-Bien llegamos, ¿preparo un poco de te?-

Por un instante, Raúl no pudo entender que había pasado, su hermana había desaparecido, hasta que escuchó los sollozos por debajo suyo; en el piso de la sala, de nuevo perdida en su llanto, estaba Raquel maldiciendo a Julieta, maldiciendo a los supuestos amigos que tenia, maldiciéndose a sí misma, por haber dejado caer sus defensas sin hacer un solo disparo.

Ante esta visión, Raúl solo pudo hacer lo que estaba a su alcance, arrodillarse y abrazar a su hermana.

-Hermanita, dentro de poco tiempo esto solo será un feo recuerdo-

-No quiero que sea un recuerdo, quiero olvidarlo todo-

-Se aprende de los errores y pues creo que los dos tendremos muchas cosas que repasar- Raúl abrazo con mas fuerzas a su hermana, quería que supiera que en verdad estaba con ella- Nadie jamás te volverá a lastimar Raquel, yo no lo permitiré.

-Sí, nadie más me volverá a lastimar, no lo permitiré, nadie nunca más volverá a lastimarme-

-Desde entonces te hiciste una roca niña-

-No tan dura Manu, solo lo suficiente, además con las que me cruzo también entienden esta lección, creo que he salvado a mas de una- La chica sonrió ante su comentario.

-No quieras se la madre Tersa, el papel no te queda- Manu le entregaba un fajo de hojas- Una vez que dejes de pensar en el bien que haces, en estas hojas te hice un pequeño resumen de varias especialidades, alguna te gustara.

-Gracias Manu-

-¿Y por cierto?- Una sonrisa se dibujo en el rostro del profesor- ¿Era linda la chica?

-¿Perdona…?-

-La chica que tenía ocupada tu mente al llegar-

-Pues, si, tenía un hermoso cabello de fuego-

-¿Cabello de fuego?- De inmediato los sistemas de advertencia de Manu se dispararon en su mente, 3 chicas habían llegado a su mente y una de ellas era su alumna- No, no creo.

-La verdad, no me importaría tener algo de eso por una noche-

-Raquel, ten cuidado, puede que te encuentres con algo más de lo que buscabas y tus muros caerán-

-¿Crees que soy tan torpe para caer de nuevo en lo mismo?-

-No, pero es posible que te des cuenta que no todas quieren lastimarte y que también puedes tener algo bueno sin proponértelo o buscarlo-

La chica sonrió y acto seguido salió de la oficina de Manu, las palabras de aquel hombre rebotaban en su cabeza como una pelota de goma, en parte tenía razón.

-En fin, que sea lo que el destino quiera-

Sobre los papeles recién adquiridos, había un par que en verdad tenían toda su atención; un teléfono y el nombre de una mujer, además de la información sobre el trabajo a realizar. No tomo mucho tiempo antes que tomara su celular que por algún milagro inesperado no se había mojado y marco el número en aquel papel.

Alerta de tormenta: capitulo 1

Querid@s mandragoritas, es para mi un orgullo presentaros el siguiente relato.  Marxan Aletan ha decidido escribir un relato paralelo a “La tormenta que trajo la calma”, inspirándose en los personajes y relatando los acontecimientos que sucedieron antes y de forma paralela a la historia.

Muchas gacias Marxan, no imaginas lo orgullosa y feliz que me hace que una de mis historias inspire a alguien a escribir algo nuevo.

Espero que lo disfruteis!…”ALERTA DE TORMENTA” de Marxan Aletan

Capitulo 1
Alerta de tormenta

La luz del Sol hizo que abriera los ojos, su alarma no la había despertado, de cierta forma se sintió agraviada al notarlo, ese maldito celular no tenía un destino muy brillante, ni mucho menos largo.

Con el sigilo de un gato, retiro las sabanas que la cubrían y comenzó a buscar sus ropas; sintió el inevitable golpe a su cabeza causado por la resaca con la que tendría que convivir parte del día, pero también tenía que moverse rápido y salir de hay lo antes posible. No seria buena idea que su compañera despertara y le dijera algo como, “¿ya te vas?, dijiste que seria diferente esta vez”.
No estaba de humor no mucho menos quería comenzar una discusión a esa hora de la mañana; no tenía interés alguno en prolongar lo que ya estaba escrito.

Era la segunda vez que estaba con aquella chica, por la culpa del aburrimiento una de sus reglas se había roto la noche anterior; nunca dos veces con la misma, pero al ser martes y con pocas opciones, no tuvo otra alternativa, además ya sabía como cazar esa presa con rapidez, eficacia y letal precisión.
Por suerte para ella, su compañera tenia el sueño pesado después de una noche con tanta “actividad”, aunque sin importarle eso, tuvo que ser cuidadosa al tomar su chaqueta y su mochila, fue en ese punto que lo noto.

Las cortinas abiertas de par en par y con la ventana dando con dirección al Oeste, alguna fuerza sobrenatural estaba haciendo todo el trabajo.
-Sera el recuerdo y la despedida-
Aquellas palabras apenas se escucharon salir de sus labios antes de tomar sus cámara y apuntar el lente hacia donde se formaba aquella postal. Solo un par de disparos y era todo, la retirada estaba en marcha y el punto de no retorno se había cruzado la noche anterior.

-solo olvídame, será lo mejor para ti- Dijo Raquel antes de salir de la habitación de aquel hotel donde habían encontrado refugio y un lugar privado.

Durante su viaje en el ascensor, revisaba incansablemente todas sus cosas, nada fuera de su lugar, solo noto un pequeño recuerdo en su cuello gracias a un espejo en la pared del ascensor.

Maldijo para si, por aquella marca la escusa que tenía planeada para Raúl se había dio al traste, ya estaba escuchando los reproches de su hermano, era cierto que era su apoyo y demás, pero también sabía que era alguien que no pasaba por alto las salidas y travesuras de su rebelde hermana. Recordó una escena pasada, en aquella ocasión había experimentado los 30 minutos más largos de su vida, la causa, el tatuaje en su vientre, una media hora que nunca le hubiera gustado vivir.

En aquel momento se había dado cuenta que en ocasiones, su hermano tomaba el papel de padre postizo muy en serio, pero era también por esos momentos se daba cuenta del gran amor que este le profesaba, amor duro en algunos momentos, pero al final amor del grande.

-Hay, que no se enoje-

Sabiendo bien que eso no pasaría, pues los cargos eran diversos y muy variados, había escapado de noche, sin haber dejado nota ni nada, había apagado su móvil, no había hecho ninguna llamada, tampoco había informado a donde estaría, solo podía imaginar lo que ocurriría en un futuro muy cercano.

Cuando finalmente el ascensor se detenía y abría en la planta baja y Raquel caminaba por el lobby ocurrió lo inevitable; el primer timbrazo de su celular la hizo brinca, en un primer momento imagino el nombre de su hermano en la pantalla del celular, en su lugar por suerte para ella era un número desconocido.

-¿Hola?- Raquel parecía muy despreocupado al momento de contestar.
-Dijiste que esta vez sería diferente-
-¿Cómo es que tienes mi numero?- Su tono de voz había cambiado radicalmente, en verdad estaba molesta, más que sorprendida- No recuerdo habértelo dado.

-No me cambies la conversación, tu sabes bien cuales fueron tus palabras-

-Vamos, no estarás por decirme que me tengo que hacer responsable ¿o sí?, tu sabias bien como termino la ultima vez, ¿Por qué creíste que sería diferente esta ocasión?.

-Raquel, ¿Cómo puedes tener el corazón tan duro?, tienes una roca en su lugar- La voz de aquella chica se entrecortaba mas y mas- ¿o es que esta rodeado por hielo?

-No, con una muralla muy alta- Raquel subía a su Bandit en ese momento y levantaba la mirada hacia la ventana de la habitación- Escucha linda, no es que no seas guapa o buena en la cama, es solo que yo no estoy interesada en entregarme a otra más allá de lo que tú y yo pasamos anoche.
-¿Cómo?-

-Que te sirva de experiencia, es mejor cerrar el corazón, así no tendrán manera de lastimarte, adiós linda-

-Ni siquiera sabes mi nom…-

Encendió la motocicleta, coloco su casco y se fue a cas, en su chaqueta podía sentir al celular vibrando, no necesitaba ver el teléfono para saber de quien se trataba y entonces saber que estaba en problemas, problemas de nombre Raúl.

En solo instante decidió dejar la hecatombe para después, por lo menos hasta llegar al departamento, su escape la noche anterior tendría sus represalias.

Mientras tanto en casa, Raúl dejaba de lado el celular y simplemente se resignaba; al ver la cama de su hermana vacía al despertar, solo podía haber significado algo, de nueva cuenta estaba en las andadas, algo muy de ella, pero no era algo que le agradara en lo particular, de manera un tanto secreta, aun tenía la esperanza que llegara aquella chica que pusiera en cintura a su hermana.

Para su pesar conocía demasiado bien a su sangre como para creer que eso pasaría en poco tiempo, tendría que ser una chica muy especial.

Desde el momento en que Raquel había preguntado “¿si me gustan las chicas está mal?”, supo de manera inmediata que su futuro se podría feo, pues era cierto que desde pequeña había demostrado tener un carácter muy especial, además de la fortuna de levantarse por más duro que fueran los golpes, su hermana no sería una chica convencional al crecer.

Por ello solo pudo sentarse en la mesa a desayunar, con el oído atento para cuando la puerta se abriera, mientras lo hacía noto que su cámara no estaba, solo pudo reír para si; nunca se imagino que aquel regalo de sus 4 años de dieron un camino por el cual seguir. Bien reconocía aquella carpeta llena de fotografías  y recuerdos, RECUERDOS DE UNA NOCHE, como llamaba algunas de la fotografías, otras simples paisajes o instantes que su hermana había capturado en el momento preciso y gras a los cuales había sacado algo de pasta para gasto.

No era extraño que alguien apreciara las fotografías simplemente por su estética; aunque por lo general solo era porque según se veía bonitas, muchas quedaban en oficinas o en consultorios, otras por suerte, quedaban en manos de gente que podía apreciar el trabajo de la fotógrafa y era esas personas las que le permitían seguir adelante.

Era verdad, habían tenido momentos difíciles, en muchos de ellos no se tuvieron más que el uno al otro, pero era justamente eso, lo que los hacia los que eran, algo más que solo hermano y hermana, algo más que una familia.

En el ir y venir de sus pensamientos Ral no se había percatado del llamado de su móvil sino hasta varios tonos después.

-¿Diga?
-Vaya, por fin contestas- Sonó una voz masculina al otro lado de la línea- Pensabas en una mujer ¿cierto?
-Si en verdad si- Contesto Raúl con una sonrisa en los labios.

-Estoy casi seguro que la dueña de tus pensamientos esta alrededor de los 20s, es morena, tez blanca, alrededor del 1.70 de altura, con un tatuaje en el vientre y que solo me haría caso si tuviera senos firmes y redondos, bonito trasero y el sistema reproductor femenino-

-Pues si-

-De nueva cuenta no fue a dormir a casa, me sorprende que no la reganes-

-Lo hago, pero tú sabes cómo es, cuando quiere algo…-

-Si, hasta que no lo tiene- Un suspiro le siguió al comentario- Pero en fin, cuando llegue y después de que la regañes mándala al estudio ¿quieres?, tengo su cheque por las fotografías que tomo la semana pasada.

-Me alegro, creo que va a necesitar la pasta-

-¿La Bandit se descompuso?-

-No, pero al al final la convencí de ir a pedir algo de tutoría para su carrera, creo que podrá ir al cole y pues ver algo con Manu-

-Hay el buen Manu, que tierno muchacho el Manu-

-¿Aun con eso?, no dejaras de atormentarlo hasta que muera-

-Si, no se me quieta, solo no le digas a tu hermana, porque si le hace esa broma sabra que fue mi culpa-

-Jejejeje, no te preocupes no lo hare y apenas llegue la enviare contigo de inmediato-

-Bien, la estaré esperando, cuídate a y por cierto que lleve paraguas dicen que va a llover- Al colgar y de manera casi profética, Raúl giro su rostro hacia la entrad, el sonido de un juego de llaves no se izo esperar mucho, esa fue al señal par poner el interruptor en modo paternal.
El camino a la habitación y a la relativa seguridad de la misma la llevaría a no más de dos metros de donde él estaba.

-3, 2, 1- Tomo un poco de aire y después- Raquel, ven por favor.

Solo un instante y un suspiro después, la susodicha entraba a la cocina con mirada desafiante, aunque ella bien sabia que esa jugarreta no le serviría de nada, cuando estaba en aquella posición en contra de su hermano era prácticamente imposible el tratar de hacer algo en su contra.

-Recuérdame o dime si me equivoco, ¿no habíamos quedado en algo?-

-Raúl solo fui divertirme un rato, sabes que lo hago de vez en cuando- Raquel no pudo sostener la mirada de su hermano, solo la desvió u n poco y nerviosamente comenzó a jugar con su cabello.

-Hermanita, ya habíamos hablado sobe esto, si vas a salir por lo menos debes llamarme y decirme, si algo te ocurriese ¿Qué podría hacer yo?, ni siquiera sabría donde estarías.
-No te pongas en ese plan, ¿Qué me podría ocurrir?, ¿qué algún sujeto me secuestrara y me llevara para venderme a un jeque árabe para su harem?- Ahora Raquel estaba a la ofensiva y su hermano lo noto- ¿o es acaso que tienes miedo de que alguna chica en nuestros juegos me amarrarme a la cama y no me deje ir?, quedarme hay con alguien entre mis piernas no es mala idea.
-Te juro que hay veces que a mí me gustaría tenerte atada-
-Si la verdad eso quisieras- Grito Raquel mirando a su hermano.

Un silencio muy incomodo se formo mientras los dos hermanos desviaban la mirada y buscaban algo en que concentrar su atención. Aunque esporádicas, las peleas entres los dos se tornaban algo violentas, no físicas peros si dejaban salid todo sin repara, en algunas ocasiones habían dejado profundas cicatrices en ellos.

-Sabes que no es por fastidiarte Raquel- Raúl tomo la iniciativa al ver por un segundo las intenciones de su hermana de salir de la cocina- Me preocupas.

-Deja eso Rulo, sabes que puedo cuidarme sola-

-¿Pero como quieres que no me preocupe?, eres todo lo que tengo, si algo te llegara a pasar-

-Pero nada me pasara, no creerás que te dejaría solo, ¿o sí?- Acercándose lentamente a su hermano y con un movimiento casi ensayado lo abrazo por el cuello- Tú también eres todo, lo más valiosos que tengo en la vida.

-Eso será hasta que encuentres a alguien que ocupe mi lugar-

-No creo que eso sea posible-

-Nunca digas nunca hermanita, hay un posibilidad que está presente, encontraras a esa chica-

-Es difícil-

Ambos hermanos permanecieron en silencio por algunos segundos, era el momento en que se reconciliaban y un silencio que los dos buscaban para apagar el fuego que había comenzado con la pelea; al final Raúl conto a su hermana sobre el cheque y que era el momento de ir por el. De la misma manera recordó la visita con Manu, ya era hora de no postergar más lo de la carrera.

Con un suave beso en la cabeza, la chica se despidió con dirección a su cuarto, la ducha la llamaba a gritos y ahora tenía el compromiso de ir a recoger su dinero, aunque para ese instante lo más importante era la su cita con la regadera.

Su habitación, cubierta de fotos de un lado al otro, era aquel lugar donde encontraba refugio y podía bajar la guardia, descansa de manera que ella quisiera; la voz de su hermano despidiéndose desde la sala y después el sonido de la puerta al cerrar fueron las señales que ella esperaba, pues in reparo ni vergüenza, se despojo de sus ropas arrojándolas sin orden por toda la habitación, dejando su cuerpo al descubierto.

-Bien, ¿Cuáles fueron los daños?-

Su mirada se concentro en el espejo de cuerpo completo en un rincón de su cuarto, casi de inmediato se percato del moretón en el cuello pero también de uno más en su abdomen, justo donde comenzaba su tatuaje, el mismo que recorría todo su vientre.

Por un momento recordó el día en que había marcado su piel de modo permanente, ella quería una marca que la identificara, que fuera suya, aquel diseño fue el que la cautivo desde el momento en que lo había visto en una vitrina de la sala de tatuajes, más aun, las palabras de la chica que había sido la artista encargada de plasmar en su piel aquella obra de arte, fueron la confirmación perfecta de que había hecho la elección correcta.

Al ver el reloj, solo busco su toalla y se encamino hacia la ducha, no tenía la idea de que la elección de ir primero al instituto antes que por su dinero cambiaria el rumbo de toda su vida y su forma de ser.
Para ese momento, ni siquiera podía imaginar, que no muy lejos de su destino en el instituto, una pequeña llama se preparaba para salir con un rumbo similar, sería un encuentro predestinado, uno que traería ciertos recuerdos a la mente de la chica y que daría principio a uan historia que ella creía que jamás podría pasar.

El enigma del gran juego humano: capitulo 5 (fin)

 

Horas más tarde, despertó Isabel.

La luz del sol se colaba por la ventana de la habitación dándole de lleno en la cara. Se frotó los ojos e intentó recordar lentamente porque esa cama era más mullida que la suya y olía a Sarah… Al instante recordó donde se encontraba.

Se giró buscando el calor del cuerpo de Sarah al otro lado de la cama, pero para su sorpresa, descubrió que no había nadie.

Se incorporó en la cama y no descubrió señal alguna de la morena en la habitación.

Un poco mareada, se levantó y se dirigió al baño. Tras lavarse la cara, una idea brillante cruzó su mente. Y es que la bañera la estaba llamando a gritos.

 

Sin pensarlo dos veces, se desnudó y se metió en la ducha. El agua caliente reconfortó su piel y le fue despejando las ideas. Busco el bote de champú y sonrió al reconocer en él, el aroma del cabello de Sarah.

Se enjabono con rapidez y dejó que el agua cayera por su espalda y repusiese sus entumecidos músculos.

¿Dónde podía estar Sarah? ¿Habría bajado a desayunar? Tendría que esperarla en la habitación hasta que regresara.

Sacó la mano por entre las cortinas de la ducha y alcanzó una toalla blanca, típica de hotel que colgaba de un saliente de la pared.

Se la enrolló alrededor del cuerpo y pudo sentir la suavidad de la misma. Salió pisando la alfombrilla cercana a la ducha, dejando un pequeño charco en el proceso. Se sentía extrañamente feliz, por el simple hecho de haber dormido con Sarah.

Lo que no sabía era que la felicidad  le iba a durar poco.

 

Al girarse para ver su reflejo, lo primero que constató es que debido al vapor del agua caliente, el espejo estaba completamente empañado y lo segundo que vio y que fue lo que definitivamente la asustó, es que había algo escrito en el espejo.

 

El vapor de agua había empañado todo el espejo, excepto la zona donde alguien había escrito algo con el dedo. Y no era sólo el pentagrama que Sarah había dibujado la noche anterior. Había algo más, escrito con letras grandes y claras.

                        “ADIÓS, EL JUEGO HA TERMINADO”

 

En ese momento, Isabel descubrió que ya no llevaba el colgante en el cuello.

 

Minutos después, Isabel bajaba las escaleras del hotel a toda velocidad, con el pelo aún mojado y la bufanda puesta de cualquier forma.

–          Perdone- llamó al recepcionista- ¿La señorita Matsuya ha salido?

 

El hombre pareció pensarlo unos instantes.

–          Se fue esta mañana temprano.

–          ¿Y no ha dejado ningún mensaje?

–          No, no ha dejado nada para nadie. Pagó su habitación y dijo que había alguien durmiendo arriba y que por favor, la despertásemos antes de las 10.

–          Ya no será necesario, muchas gracias.

 

Isabel salió del hotel con la cabeza dándole mil vueltas.

Sarah se había largado sin darle una sola explicación y con su colgante ¿Qué pretendía?

Intentó centrarse en lo más importante que era encontrar a Sarah. Pensó en multitud de sitios a los que había podido ir, pero ninguno le convencía. ¿Y si se había ido al ensayo? Pero seguía sin entender porque se había marchado tan repentinamente.

Primero Rafa y ahora ella ¿A qué estaban jugando?

 

Sin saber muy bien por qué, Isabel cogió el primer autobús que pasó y casi inconscientemente, se dirigió al único sitio al aire libre al que le gustaba ir a pensar.

Sólo cuando estuvo de nuevo frente al monumento a Bécquer, fue consciente de que lo había hecho sin pensar.

Se sentó en uno de los bancos interiores y fijó su mirada en el ángel con el puñal clavado en el costado… Así se sentía ella en esos instantes. Apuñalada y derrotada.

¿Por qué Sarah había sido tan cruel de marcharse así como así? ¿Es que acaso ese era su plan? ¿Engatusarla para que la ayudase con el juego y luego largarse?

A lo mejor había resuelto el último acertijo y ya no la necesitaba más.

Isabel pateó con furia el suelo, sintiendo como las lágrimas quemaban en sus ojos. Otra vez se había dejado engañar como una tonta por una cara bonita y palabras dulces… ¿Por qué tenía que ser tan enamoradiza? Pero claro… ¡Ella no estaba enamorada de Sarah! Sólo había sido una sensación provocada por la personalidad arrolladora de la violinista, nada más. Podía olvidarla cuando quisiera.

Sabía que era una gran mentira y aquello le dolía más todavía.

–          Chiquilla ¿Qué te pasa? Que estas completamente mustia.

 

Una voz muy cerca de ella la hizo levantar la vista del suelo. Sentada en el banco, junto a ella, había una mujer gitana con el pelo recogido en un impoluto moño. Llevaba unas cuantas ramitas de romero en la mano derecha y miraba a Isabel con sus profundos ojos negros.

–          ¿Qué tienes mal de amores?- habló con su acento calé- ¡Ay niña! Deja que te lea el porvenir y vemos que te depara el futuro.

–          No muchas gracias, no me interesa.

–          ¿Cómo que no? Anda y no me seas saboría, deja que lea las líneas de tu mano.

–          De verdad que no, no me pasa nada y además no llevo dinero encima.

–          La gente que viene a sentarse aquí no es por nada… A demás, no voy a cobrarte. Estás demasiado triste porque tu chica se ha marchado.

 

Isabel la miró con los ojos abiertos cómo platos.

–          ¿Cómo sabe…?- podía haber acertado de casualidad que estaba mal por que la habían dejado, pero no podía saber que había sido una chica.

–          Lo sabía, mal de amores… Anda “miarma”, dame la mano y te diré tu porvenir.

 

Isabel estiró su mano, que la mujer cogió con experiencia y con la yema de su dedo índice, completamente encallado por el paso de los años, recorrió con suavidad las líneas de su mano izquierda.

–          Veo mucho dolor y decepción por la partida de alguien y no hace mucho de eso…¡Ay “pobresita”! Pero esa morena de ojos rasgados no es tan mala como piensas.

 

Isabel se tensó por completo al oír aquello… O aquella mujer era muy buena en lo suyo o realmente estaba metida en toda esta historia.

–          Ella recibió un mensaje en mitad de la noche y tuvo que tomar una decisión… Ella también está sufriendo.

–          ¿Pero porqué se ha ido?

–          “De París quitando el par, y del nombre del tercer hombre, es el mismo nombre de la persona que sufrirá

–          ¿Qué?

–          Esa es el mensaje que tu amiga recibió. Tuvo que elegir. Ahora date prisa porque somos sesenta mellizos en torno a nuestra madre, tenemos sesenta hijitos y toitos son iguales. Y recuerda… Son tres madres.

 

La mujer se despidió de ella dándole una ramita de romero. Isabel se quedó completamente confundida en aquel banco. Había reconocido la última frase de la mujer como uno de los acertijos que su abuela solía contarle cuando era pequeña.

Los sesenta mellizos en torno a la madre, son los minutos y los sesenta hijitos, eran los segundos…. Si le había dicho que tenía tres madres, quería decir que sólo tenía tres  horas.

Pero ¿Para qué?

 

Se levantó del banco vagando sin rumbo. Salió del parque dándole vueltas al otro acertijo que la mujer le había dicho: “De París quitando el par, y del nombre del tercer hombre, es el mismo nombre de la persona que sufrirá”.

Su estómago rugió y en ese momento recordó que no había comido nada desde ayer. Buscó alguna tienda en mitad de los numerosos bares y edificios que rodeaban a la zona. Necesitaba comer algo, con el estómago lleno se pensaba mejor.

Anduvo calle abajo, intentando llegar a los comerciales sin dejar de pensar en el enigma…”De París quita el par”… Supuso que se refería a quitar las tres primeras letras de la palabra, de manera que se quedaría únicamente con el “is”.

La segunda parte era un poco más confusa: “del nombre del tercer hombre, es el mismo nombre de la persona que sufrirá”….¿Quién era el tercer hombre? Pasó por delante de una librería y no pudo evitar, el recordar lo que había pasado con la guía telefónica el día anterior. Miró el escaparate y le pareció que todo le recordaba a Sarah y a sus comentarios.

Había un ejemplar del kamasutra y de la Biblia y eso le recordó la conversación que habían tenido en el coche…Un momento ¿La Biblia?

Isabel localizó una pastelería no muy lejos de allí y se encaminó con la esperanza de encontrar algo de chocolate. La Biblia seguía dando vueltas en su cabeza. Algo le decía que aquello tenía que tener relación con lo de “el nombre del tercer hombre”.

Si había un tercer hombre, tenía por fuerza que haber un segundo y un primero que lo precediera…¿Y quién era el primer hombre?

Según la Biblia fue Adán, pero no recordaba los nombres de los hijos de Adán, que supuestamente fueron el segundo y el tercer hombre…

Entró en la pastelería y el sonido de una campanita sobre la puerta indicó que alguien acababa de entrar. Una voz desde la trastienda le indicó que esperara.

 

Isabel se relamía mirando todo lo que tenían expuesto tras la cristalera del mostrador.

Seguía pensando en los dichosos nombres. Sabía que un compañero de clase tenía uno de los nombres y que sonaba a algo muy bíblico… Algo del estilo de Moisés, Jesús…

…O Abel.

Por fin su cerebro había hecho conexión. Los hijos de Adán eran Caín y Abel y si no recordaba mal de la catequesis, Abel era el tercer hijo.

¿Entonces con que la dejaba eso?

Tenía el nombre “Abel” y la palabra “is” y según el acertijo, juntos formarían el nombre de la persona que sufrirá…. De pronto comenzó a sentir un sudor frío al comprender el significado del mensaje.

Ambas palabras juntas y ordenadas formaban su propio nombre: Isabel.

 

Y en ese momento, todo cobró sentido con una claridad absoluta y sin saber cómo, comprendió todo lo que había pasado mientras dormía.

Sarah había recibido un mensaje en el que la amenazaban de que harían daño a Isabel si no entregaba los colgantes con todas las piezas triangulares conseguidas. Y sólo pudo pensar en una persona, que se sintiese lo suficientemente ofendida y reclamase las piezas ganadas como propias….Bernard.

 

Isabel comprendió que Sarah estaba a punto de entregarle los colgantes a Bernard a cambio de su propia seguridad.

Sintió una extraña y reconfortante sensación al saber que Sarah no la había engañado, pero rápidamente fue sustituida por una sensación de pánico.

Tenía que darse prisa y evitar que se produjese el intercambio.

Miró su reloj y comprobó que eran las doce ya pasadas….Sabía que tenía tres horas cómo le había dicho la gitana, antes de que se produjese el encuentro. Isabel calculó, que por la hora, debía tener pensado darle los colgantes antes de que empezara la obra de esa tarde en el teatro.

Debía darse prisa si quería encontrar a Sarah antes que Bernard.

–          ¿Qué desea?

 

La voz de la dependienta la devolvió a la realidad. La miró confundida unos segundos antes de disculparse y correr hacia la puerta.

Lo que Isabel no sabía es que recordaría esa pastelería por el resto de su vida, ya que al abrir la puerta, la campanilla que estaba colgando del techo, volvió a sonar haciendo que la bombilla en la cabeza de Isabel brillase con potencia.

Y en ese momento entendió le mensaje de la caja: “La habrás oído tocar…Piensa, medita, recuerda, ¿qué instrumento musical no tiene más que una cuerda?”

                          

La maldita campana se agitaba alegremente, tintineando sobre su cabeza…Gracias a la única cuerda que tiene en su interior que sujeta la bolita que la hace sonar.

Acababa de encontrar el único instrumento musical de una sola cuerda y no pudo evitar pensar que había alguien muy cercana a ella con ese mismo símbolo tatuado en una muñeca.

Tenía el mal presentimiento de que si no encontraba a Sarah pronto, algo malo iba a pasarle.

 

Decidió actuar con rapidez, pero lo primero era lo primero. La vuelta a su casa fue una carrera a contrarreloj. La primera parte la hizo en autobús, pero cuando apenas quedaban unas manzanas para llegar a su barrio, bajó del autobús e hizo el resto del camino andando.

Llegó prácticamente desfallecida a su casa y con un calor abrasador. Su madre se sorprendió de verla tan temprano de vuelta en casa.

–          ¿No tenías clase?

–          Las últimas horas no…Cómo este domingo empieza el puente, los profesores han cortado prácticamente las clases. Hemos entregado el trabajo y poco más.

 

Isabel se iba cambiando de ropa mientras le contaba prácticamente a gritos a su madre, toda la historia inventada. Isabel se sintió mal por la facilidad que estaba desarrollando para mentir, pero pensó que ya tendría tiempo de regañarse por ello.

–          ¿Dormiste bien?- le preguntó su madre

–          Muy bien- dijo Isabel con una sonrisita tonta al recordar a Sarah abrazada a ella.

–          Se me hizo raro que no estuvieses aquí anoche- comentó su madre.

 

Isabel se acercó con los botines en la mano y le dio un beso su madre en la mejilla.

–          Pero siempre volveré- dijo abrazándola.

–          Si, pero es por las croquetas – comentó su madre en broma. Ambas rieron- ¿Te vas otra vez?

–          Ummm…si- Isabel empezó a temer que su madre le dijese algo por ello- Pero es que Sarah se va dentro de poco y quiero aprovechar el poco tiempo  que nos queda-  Fue lo primero que se le pasó por la cabeza.

–          Es una chica encantadora ¿verdad?- Isabel sólo asintió mientras se abrochaba los botines- ¿Te gusta?- preguntó de pronto su madre.

–          ¿Qué?- no sabía si había oído correctamente.

–          Que si te gusta.

 

Isabel miró a su madre sorprendida ¿Qué sabía ella? Intentó contestar, pero sólo consiguió balbucear un par de cosas inconexas.

–          Bu…bueno…Si…Es…simpática y…Y eso.

–          Isabel, sabes a lo que me refiero- dijo su madre dedicándole una cálida sonrisa.

Isabel abrió la boca dispuesta a contarle algo a su madre, pero automáticamente la cerró.

–          Cariño- dijo su madre- Por si no te has dado cuenta, soy tu madre. Y tengo ojos. Yo sólo quiero que seas feliz, así que…Cuándo estés preparada para contárselo a la carca de tu madre, te estará esperando encantada.

 

Isabel se sintió muy emocionada. Asintió mudamente mientras su madre apretaba sutilmente su mano.

–          De acuerdo, será mejor que prepare unos bocadillos para ti y para Sarah, porque algo me dice que no vuelves a comer.

 

Isabel quedó gratamente sorprendida con la actitud de su madre. Le había demostrado muchas cosas.

Pero una alarma sonó de nuevo en su cabeza… No tenía tiempo. Era hora de poner en marcha la segunda parte del plan.

Volcó su mochila sobre la mesa del salón y rebuscó entre todos los papeles que cayeron, hasta encontrar el que estaba buscando.

Marcó los números que habían garabateado en él y esperó los tonos. Una voz juvenil sonó al otro lado:

–          ¿Diga?

–          ¿Carmen?

–          Si, ¿Quién es?

–          Soy Isabel, la de las preguntas raras del teatro.

–          ¡Hola! Me alegro de que me hayas llamado.

–          Lamento no haberlo hecho antes, pero…En fin, llevo unos días que son una absoluta locura.

–          ¿Por qué no me sorprende?- Carmen parecía realmente comprensiva.

–          Se que te va a sonar fatal, pero necesito pedirte un favor.

–          Por verte de nuevo, lo que sea- Isabel se ruborizó con la respuesta. Al menos Carmen no parecía enfadad por ello.

–          ¿Qué necesitas? ¿Necesito hacer una lista larga o con un trocito de papel tengo bastante para apuntar?- bromeó.

–          No, no. Es sólo una cosa, pero no se si podrás ayudarme – Sabía que lo que iba a pedir era complicado, pero tenía que intentarlo- Verás, necesito que…

 

Carmen desde su casa, asentía ligeramente con la cabeza. Sabía que sería complicado, pero si movía los hilos adecuados podría obtener lo que Isabel le estaba pidiendo en poco tiempo.

 

A las 14,30 de la tarde, Isabel estaba en la puerta del teatro, con su habitual mochila y mirando insistentemente el reloj. Se había puesto una chaqueta arreglada, tal y como Carmen le había dicho y llevaba el pelo recogido. Si Carmen no se daba prisa, podía ser demasiado tarde. De pronto, la vio subir las escaleras del teatro a toda velocidad.

–          Siento la tardanza, he tenido algunos problemillas.

–          ¿Lo has conseguido?- preguntó Isabel ansiosa.

 

Carmen sacó triunfal una tarjeta del bolsillo.

–          Aquí está tu pase…Por cierto, estas muy guapa.

–          Gracias- respondió Isabel tímidamente.

–          Lo único que tienes que hacer, es enseñársela al guarda de la puerta y decirle que eres del cuerpo de baile. Que vienes a sustituir a Sandra esta tarde.

–          ¿Nada más?

–          Nada más… Ah bueno, si- dijo acercándose a ella- Me debes un café- comentó sugerente.

–          Prometo recompensártelo, de verdad. Te invitaré a un café y te explicaré todo esto con detalle. Así podrás reconocer finalmente lo rara que soy.

–          De acuerdo- rió Carmen- Mucha suerte con tu chica- dijo guiñándole un ojo y echando a correr como la primera vez que se vieron.

 

¿Pero qué pasaba con ella? ¡Tan evidente era lo que pasaba!

La entrada al teatro no le dio problemas, el guarda comprobó su pase y la dejó entrar sin más preguntas.

La parte baja del edificio, que era donde estaban los camerinos, era bastante más enrevesada de lo que parecía. Había diversas salas y un enorme escenario en la parte de atrás del que daba al público, para los ensayos.

Toda la gente corría de un lado para otro, con trajes e instrumentos en las manos.

Isabel se asomó al foso donde se sentaban los músicos, pero no encontró ni rastro de Sarah.

Al primero que vio pasar con un violín en las manos,  lo paró en seco.

–          ¿Has visto a Sarah? ¿Sarah Matsuya?

–          Está en los camerinos del fondo hablando con alguien- dijo apurado el chico y corriendo hacia el foso.

 

Isabel hizo lo mismo que el chico, pero en sentido contrario. No le llevó demasiado tiempo encontrar los camerinos. Sólo tuvo que seguir en dirección contraria el reguero de bailarines, violines y demás instrumentos que corrían por el pasillo.

Le pareció ver a Sarah al final del todo, cerca de la puerta del último camerino. Llevaba su violín en la mano y en la otra una pequeña bolsa.

Isabel aceleró el paso y cuando estuvo a su altura, le pegó un tirón del brazo, bastante parecido a los que Sarah le pegaba a ella de su chaquetón. La chica se giró sorprendida dispuesta a pegarle un chillido a quien fuese que la estaba arrastrando por el pasillo, pero al ver a Isabel, no pudo más que abrir los ojos desmesuradamente. Para cuando Sarah se dio cuenta, Isabel la había metido en uno de los pequeños camerinos, cerrado la puerta tras de sí y la había empujado contra la pared.

–          ¿Qué haces tú aquí?- le gritó.

–          Se lo que vas a hacer y no pienso consentir que la cagues en el último momento. Ese creído de Bernard no va a ponerme una mano encima y desde luego no va a conseguir separarnos.- Sarah la miraba sin comprender-  Vamos a ganar este juego y vamos a ganarlo juntas

 

La última palabra murió a escasos centímetros de la boca de la morena y lo siguiente que Isabel notó fue la mano de Sarah en su nuca que la atrajo hacía sí, borrando la escasa distancia que las separaba y capturando su boca con un quejido de sorpresa.

Para Isabel, en esos instantes todo giraba y carecía de control, cuando el aroma de Sarah la inundó por completo mareando sus sentidos. La empujó aún mas contra la pared, llevada por la emoción y el nerviosismo del momento, notando como todo su cuerpo se tensaba y se pegaba al de Sarah, dejando caer su boca abierta en la suya, enroscándose de nuevo con aquella lengua húmeda y tibia, que lo volvía todo borroso, mientras los labios de Sarah besan, lamen y muerden, chocando y esquivando los de Isabel…Torpes y exigentes y llenos de algo que arde en sus venas y la hace actuar de forma instintiva.

Y cuando la necesidad de aire se hace terriblemente presente, Isabel puede sentir como sus labios se separan de ese beso caliente y flexible, que estalla con un sonido elástico cuando se rompe y que les deja unas cosquillas suaves en los labios y las piernas.

 

Ambas recuperan el aliento apoyadas frente con frente. La respiración agitada de Isabel mueve el flequillo de Sarah demasiado largo, y su estómago da volteretas cuando Sarah la mira con sus ojos almendrados, oscuros y turbios en los que se está librando una batalla que no habla de vencedores y vencidos, sino de furia, pasión y victoria. Sarah agarra la pequeña carita morena de Isabel con ambas manos y le susurra como si de un secreto se tratase:

–          Creí que me odiarías.

–          Nunca podría odiarte,

 

Y no necesitan decirse mucho más para saber que toda va bien y que vuelven a ser un equipo. Sarah saca los colgantes de su bolsillo y se lo pone a Isabel rozando toda piel de su cuello en el proceso.

Con la emoción del momento, y los múltiples besos de Sarah antes de escaparse hacia el foso con el resto de los músicos, Isabel había olvidado por completo el principal motivo por el que había corrido hasta allí. Y cuando el concierto comienza, recuerda que el problema de la campana está aún presente y que no sabe si será capaz de aguantar la hora y media que dura la obra sin que le de un ataque de nervios.

La representación se lleva a cabo sin ningún contratiempo e Isabel hubiese preferido estar más tranquila para poder disfrutar de la música y de la imagen de Sarah tocando su violín.

Al finalizar el acto, aquello vuelve a convertirse en un barullo de gente que corre a abrazarse por el éxito de la obra, y de grupos de personas brindando con champán.

Cuando Isabel consigue localizar a Sarah, que se acerca corriendo a ella y la abraza, siente que el mundo vuelve a estar en equilibrio.

–          Sarah, tenemos que irnos de aquí

–          ¿Por qué?- dice Sarah cogiendo dos copas de champán que le ofrecen en ese instante – ¡Disfruta del momento!- dice tendiéndole una copa.

 

Isabel decidió no despreciarle el gesto a la chica y tomando la copa, ambas bebieron celebrando el momento.

–          Hay mucho que celebrar- le susurra cerca del oído a Isabel que está apunto de olvidarse de nuevo del peligro que corre.

–          Sarah, escúchame- dijo poniéndose seria- He resuelto el último enigma y corres peligro…Es la campana. El único instrumento de una sola cuerda es la campana… ¡Cómo la de tu tatuaje!

 

Sarah empezaba a poner muy mala cara.

–          Tranquila- dijo Isabel que empezaba a asustarse por la expresión de Sarah- No dejaré que te pase nada.

–          No, es eso- dijo llevándose una mano a la cabeza- Es que estoy empezando a marearme.

 

Isabel miró la copa extrañada. Tanto no había bebido como para eso y de todas formas, ella también empezaba a sentirse algo mareada.

Acompañó a Sarah hacía uno de los camerinos y a medida que avanzaban, sus piernas pesaban cada vez más y los párpados se le cerraban inevitablemente. Nunca supo si llegaron a entrar porque tras el sonido de su copa de champán al romperse contra el suelo, lo último que vio, fueron los horribles botines de Javier acercándose hacia ellas.

Lo único que pudo pensar es que era demasiado tarde para plantearse si había un somnífero en la bebida.

 

 

No supo con certeza la cantidad de tiempo que había pasado, pero se despertó con la boca pastosa y un terrible dolor de cabeza.

Miró a su alrededor y respiró aliviada al descubrir que Sarah estaba a su lado.

–          Despierta- le susurró débilmente.

 

La morena tardó un rato en abrir definitivamente los ojos y centrar su mirada.

–          ¿Dónde estamos?

 

Desde luego que la habitación era bastante peculiar. No tenía ventanas, ni puertas y frente a ellas lo único que había era un enorme espejo que reflejaba un reloj digital que había en la pared de enfrente. Isabel se acercó a indagar, aún mareada por los efectos de la droga, sobre el espejo.

En él, había una especie de puerta, pero no tenía ni pomo, ni hendidura para abrirla. Isabel empujó con fuerza intentando abrirla hacia el otro lado, pero fue imposible.

La única pista que tenían, era una frase escrita sobre la supuesta puerta: “Átale, demoníaco Caín, o me delata”

–          Un palíndromo- dijo Sarah- Se puede leer igual en las dos direcciones.

 

Isabel observó la frase y comprobó que tenía razón.

–          ¿Cuánto tiempo llevaremos aquí?

–          No lo se…El reloj dice que son las…OSO- dijo Isabel bromeando mirando el reflejo del reloj en el espejo.

–          ¿Qué?

–          Son las 0:20, pero reflejado en el espejo, parece que pone OSO. Aunque dudo mucho que esa sea la hora real.

 

Sarah miró alternativamente al reloj digital y al espejo y una idea cruzó su mente:

–          Un palíndromo

–          ¿Qué quieres decir?

–          Eso es lo que significa la frase del espejo. Cuando los números del reloj puedan leerse igualmente en el espejo, será porque el número es cómo un palíndromo. Es capicúa, se puede leer igual en las dos direcciones: en la realidad y en el espejo- dijo Sarah aclarándolo.

–          Eso quiere decir que la próxima hora capicúa será…- Isabel intentó calcularlo mentalmente, pero Sarah sacó el lápiz labial que solía llevar consigo y empezó a garabatear números en la superficie del espejo.

–          Vamos a ver, la primera hora capicúa son las 00:00… Si ahora son las 00:20, la próxima tiene que ser… La 01:10. Hasta esa hora, la puerta no se abrirá.

–          ¿Tendremos que esperar 50 minutos?

–          Eso parece, así que ponte cómoda.

 

Estuvieron casi 15 minutos en absoluto silencio.

Para Isabel las cosas habían  ido demasiado rápido. En apenas un par de días había perdido a su amigo, se había metido en un juego de locos, ganado una nueva amiga y una novia.

Un momento… ¿Novia? Miró a Sarah de reojo y la vio echada en la pared, con los ojos cerrados. ¿Ahora que iba a pasar?

–          Sarah- la aludida abrió los ojos y miró a Isabel- ¿Volverás a Francia?

–          No me queda otro remedio- dijo amargamente- Tengo un contrato que cumplir…Pero pienso volver.

–          Eso espero.

–          Tenlo por seguro- dijo depositando un beso en su mejilla- Ahora mismo, eres lo más importante en mi vida- Isabel se emocionó con esas palabras- Y por eso quiero ser sincera contigo. Voy a contarte por qué me metí en todo este juego.

 

Isabel se preparó para lo que fuera que Sarah estuviese apunto de contarle.

–          Soy adoptada- la revelación cogió por sorpresa a Isabel- hasta los 6 años estuve en un orfanato en Japón. La mujer que me adoptó y que se hace llamar mi madre, no responde a su título. A veces me pregunto para que demonios adoptó una niña. Quizás quería hacer la buena acción de su vida, o a lo mejor, estaba de moda entre las snobs de sus amigas el salvar pobres niños huérfanos .Y de cuanto más lejos vinieran, mejor. Así que mi querida mamá, – continuó con tono irónico – me sacó de aquel lugar horrible en el que había vivido hasta entonces y me metió en otro peor aún.

 

Isabel escuchaba con tristeza la historia de Sarah. Nadie habría imaginado que alguien con tanto prestigio, pudiese haber tenido una infancia tan terrible.

–          Me metió en aquel insufrible internado y se olvidó por completo de mí. Quizás pensaba que lo único que necesitaba para criar a una hija era pagar sus facturas…Aunque claro, también hizo algo bueno por mí. Me apuntó al conservatorio de música. Si no fuera por ella, jamás habría descubierto mi talento- dijo mirándose las manos- Y durante años, practiqué para llegar a ser la mejor y cuando alcancé el éxito, me cambié el apellido por el que tenía en el orfanato, renunciando al de mi madre…Eso no me lo perdonó jamás. Nunca vino a ninguno de mis conciertos- añadió con tristeza-

–          Lo siento- dijo Isabel acariciando su mano- Lo siento mucho.

–          Ya eso no importa. No se puede echar de menos algo que nunca has tenido. Por eso me obsesioné con la idea de encontrar a mis padres biológicos, que quizás no me quisieran, después de todo me dejaron en adopción… Aunque siempre he tenido la esperanza de que tuvieran que hacerlo porque no les quedaba más remedio, pero que en el fondo, me querían de verdad. Cuando me ofrecieron entrar en el juego, me aseguraron que podían darme el paradero de mis padres biológicos. Yo había removido cielo y tierra buscándoles y al principio no les creí, pero después me dieron una foto de cuando yo era pequeña y me aseguraron que era de las pertenencias de mis padres y que podría volver a encontrarlos.- Isabel recordó la foto de la niña oriental en el columpio.

–          No te preocupes…Porque vamos a ganar este juego.

–          No, no lo entiendes- dijo Sarah- Todo eso era antes de conocerte.- La respuesta desconcertó a Isabel- Estaba obsesionada con buscar el cariño que nunca tuve, pensando que sólo mis padres podrían dármelo. Me crié en un mundo de frivolidades, donde la gente te trata bien por tu dinero. Creo que nunca tuve un amigo de verdad…Hasta que te conocí. En estos tres días me has dado más que todos ellos en 19 años… ¡Incluso me has aguantado más que ellos!- comentó divertida-He disfrutado a tu lado, he sentido por primera vez lo que era confiar en alguien, tener una amiga de verdad, sentirse querida… Y todo te lo debo a ti.

 

Isabel la miró sin parpadear, luchando por no llorar.

–          ¡Te estoy diciendo que me importa ya una mierda el juego!… Que no necesito otra cosa que no seas tú.

 

Isabel se abrazó a ella llorando.

–          Por eso, cuando ganemos este juego- le susurró a Isabel mientras acariciaba su pelo- Lo único que vamos a pedir es que nos devuelvan a tu amigo y que nos dejen en paz de una vez por todas, para que pueda raptarte en la habitación de mi hotel y no soltarte nunca más.

 

Isabel sonrió contra su cuello. No estaba del todo de acuerdo con la decisión de Sarah, pero sabía que aún tenía que encontrar a Rafa.

El resto de tiempo que les quedaba, lo pasaron abrazadas, compartiendo el sonido de sus respiraciones.

Cuando el reloj marcaba las 01:09 se pusieron frente a la puerta, empujando el espejo con ambas manos.

–          ¿Preparada?- preguntó Sarah

–          Por su puesto.

 

Y cuando las dos empujaron el espejo en el momento que el reloj cambiaba a las 01:10, la puerta se abrió sin dificultad, provocando que ambas cayeran al interior de la habitación contigua, con un fuerte golpe.

 

La primera en ponerse en pie fue Sarah que ayudó a Isabel a levantarse. Pero cuando miraron a su alrededor, no entendieron nada de lo que estaban viendo.

Se trataba de una habitación que tampoco tenía ventanas. Lo único que destacaba en ella era una enorme mesa, dispuesta para unos 30 comensales. Sobre la mesa había multitud de cubiertos, platos, tazas y demás enseres de cocina, pero lo extraño, es que todo era del mismo color oscuro.

En conjunto, toda la habitación estaba sumergida en el color monocromático y oscurecido que forraba las paredes, se extendía por la moqueta del suelo, el mantel y los enseres que había sobre ella. Lo único que destacaba en color, eran las sillas dispuestas a lo largo de la mesa, que eran de un brillante color blanco nacarado.

–          ¿Queréis tomar algo?

 

Una voz, alertó a las dos chicas que miraron con sorpresa hacía el fondo de la mesa, donde lo que parecía ser una señora mayor, completamente vestida de rojo, estaba sentada en la silla que presidía la mesa.

–          ¿Queréis tomar algo? Tengo café, té, zumos, leche ¿Qué queréis?

–          Eh…No gracias señora, no queremos nada- dijo Isabel no muy convencida de que iba todo eso.

–          También tengo pastas, dulces, bocadillos ¿Qué queréis?

–          Señora de verdad que no…

–          ¿Qué queréis? Porque puedo prepararos cualquier cosa…. Tengo de todo- la cortó la señora, hablando cada vez más alto.

–          ¿Pero de que va esta tía?- le preguntó a Sarah

–          Podéis sentaros donde queráis ¿Qué queréis que os prepare?- volvió a insistir la mujer, más alto y más deprisa- Tengo pastas, dulces, bocadillos, ¿Qué queréis?

–          Para mi que se ha rayado- dijo Sarah avanzando hacía la señora que no paraba de decir cosas sin sentido y sin escuchar nada de lo que decían.

 

Cuando llegaron a la altura de la mujer, comprobaron que se trataba de una especie de muñeco motorizado. Parecía uno de esos muñecos de ventriloquia, con la boca en forma de pestaña, que se movía sin parar, emitiendo cada vez sonidos más fuertes y rápidos.

–          ¡Con esta vieja pegando berridos no pudo pensar!- dijo Sarah tapándose los oídos.

 

Isabel miró a su alrededor, intentando pensar algo coherente, pero el sonido se sobreponía a cualquiera de sus pensamientos. Aquel escenario no tenía ningún sentido… ¿Qué se suponía que tenían que hacer allí?

Miró todo lo que había sobre la mesa. No había más que objetos. Nada de comida ni pistas a tener en cuenta. Lo único que llamaba su atención en aquella locura, era la multitud de sillitas blancas que había alrededor de la mesa, demasiado pequeñas para servir como asientos en una mesa tan alta. Parecían sillas de niños de guardería. Y a pesar de que eran ridículamente absurdas, había muchas alrededor de la mesa. Para ser más exactos, había 32 sillitas blancas…

De pronto, algo resonó en el fondo de la memoria de Isabel ¿Dónde había  oído eso de las 32 sillitas blancas?

Intentó concentrarse, pero el muñeco de la anciana, gritaba cada vez más alto y con tal rapidez que las palabras eran prácticamente inconexas.

–          ¡Joder con la abuela!- gritó Sarah sobre el ruido- O se calla pronto o le quito las ganas de hablar de una patada.

 

Sin saberlo, Sarah, había dado con la clave del enigma…Su abuela.

Isabel recordó en esos instantes la última adivinanza que su abuela le había dicho, hacía apenas tres días: “treinta y dos sillitas blancas en un viejo comedor, y  una vieja parlanchina que las pisa sin temor”

–          ¡Es su boca! – le gritó a Sarah- ¡Tenemos que abrirle la boca!

 

Sarah no se lo pensó dos veces. Deseando acabar con aquel suplicio de una vez por todas, agarró la pestaña que formaba la boca y no dejaba de moverse, y metió los dedos en ella. Acto seguido tiró hacia fuera del extremo de algo que halló en el interior de la boca.

Al instante, se escuchó un sonido parecido al de un disco al rayarse y Sarah, sacó más de dos metros de lengua de la boca del muñeco de un solo tirón.

–          Que alivio…

 

Atada a la lengua había dos cosas: una llave y una bolsita con las dos últimas piezas triangulares.

Isabel desató la llave mientras Sarah hacía lo propio con las piezas triangulares. Buscó con la mirada en la habitación, algo en lo que usar la famosa llave. Encontró una puerta camuflada con el forro de la pared, al final de la habitación.

–          Tenemos que entrar por allí- dijo Isabel señalando la puerta.

–          Si, pero antes…- Sarah se acercó a ella por detrás y le metió el colgante por la cabeza. Cuando la pieza tocó su pecho, Isabel descubrió que Sarah había unido las dos mitades y el colgante era ya, perfectamente circular.

 

Isabel fue a quejarse, pero Sarah la acalló con un corto beso en los labios.

–          Somos un equipo ¿Recuerdas? Juntas hasta el final. Ahora entremos ahí y les patearemos el culo.- Isabel sonrió con el comentario.

–          Juntas- dijo tomado la mano de Sarah y dándole la llave, indicándole silenciosamente que abriese ella.

 

Metió la llave en la cerradura y ambas se prepararon para el paso final. Aunque nunca imaginaron que aquello fuese a acabar de aquella forma.

 

La habitación que apareció al otro lado no tenía nada que ver con las dos anteriores: era luminosa y bastante amplia. Podían verse dos grandes ventanales a ambos lados de la sala proyectando toda la luz sobre los dos únicos objetos de toda la habitación.

Una mesa y un jarrón de porcelana sobre ella.

 

Cuando estaban a punto de acercarse a la mesa para mirar que había dentro del jarrón, una voz las retuvo.

–          Bienvenidas, pero os agradecería que no tocarais nada antes de tiempo- era la voz distorsionada de una mujer que provenía de algún altavoz oculto en la habitación – Habéis llegado a la casilla final, os doy la enhorabuena.

–          Dinos que tenemos que hacer y acabemos cuanto antes.- exigió Sarah

–          Me parece correcto- dijo de nuevo la voz- Pero primero tendréis que contestarme un par de sencillas preguntas.

–          Dispara- dijo Isabel.

–          Esta última prueba sólo podrá realizarla una de las dos. Se acabó el trabajo en equipo. La que lo haga, tendrá una sola oportunidad. Si acierta ganará y podrá hacer la petición que desee. Pero si la respuesta es incorrecta, las dos perdéis. La pregunta es ¿Cuál de las dos será la que finalmente se lleve el premio a casa?

 

Isabel miró a Sarah, dándole una última oportunidad de cambiar de idea. Sarah le sonrió con ánimo y le dijo:

–          Confío en ti… Seguimos siendo un equipo. Demuestra lo que vales.

 

Isabel se sintió orgullosa y tremendamente segura de sí misma. Agarró el colgante circular que colgaba de su cuello y se lo sacó, depositándolo sobre la mesa.

–          Estoy preparada.

–          Me habéis sorprendido enormemente… Las otras parejas pelearon por conseguir ese puesto- contestó la voz- Algunos llegaron a agredirse. ¿Tu compañera no quiere nada?

–          Hemos llegado a un equilibrio- Aquello sonó raro, porque Isabel dijo equilibrio y no acuerdo.

–          Habéis encajado a la perfección, como las dos partes del colgante- recapacitó la voz- De acuerdo, tú harás la prueba final.

–          Pero primero, quiero que me des garantías de que vas a cumplir lo que voy a pedirte.

–          De acuerdo ¿Qué es lo que quieres?

–          Quiero que me devolváis a Rafa. Se que lo tenéis retenido en algún lugar.

–          De acuerdo.

 

Durante un minuto, la voz dejó de hablar y en la sala sólo se oían las respiraciones de las dos chicas. De pronto, la tensión se vio rota por el sonido insistente de un móvil.

Isabel miró a Sarah, al descubrir que el sonido venía de su chaqueta.

–          ¿Es tu móvil?

 

Sarah buscó sorprendida en sus bolsillos y encontró que, efectivamente, tenía un móvil en el bolsillo de su chaqueta.

–          Eso no estaba ahí antes…Ni siquiera es mi móvil. El mío, lo dejé en el camerino. No podía salir a tocar con el móvil encima.

–           Debieron metértelo cuando nos desmayamos en el pasillo del teatro- reflexionó Isabel, recordando los botines de Javier.

–          Cógelo- Sarah se lo tendió para que lo cogiera.

 

Cuando Isabel pulsó el botón para aceptar la llamada, el insistente pitido del móvil cesó. Isabel se lo pegó a la oreja.

–          ¿Diga?

–          ¿Isabel?- preguntó una voz al otro lado.

–          ¿Rafa?- Isabel se pegó el teléfono al oído ya que había mucho ruido de fondo.

–          ¿Qué haces tú con este número?

–          Rafa ¿Dónde estás?- preguntó asustada Isabel, pero la llamada se cortó al instante.

–          Ya es suficiente- respondió de nuevo la voz- Ahora tienes que pasar la prueba final.

 

Isabel dejó angustiada el móvil encima de la mesa y apoyó las manos a ambos lados del jarrón.

–          Esta bien… ¿Qué tengo que hacer?

–          Es muy sencillo- sonó complacida la voz- ¿Ves el jarrón que hay frente a ti?

 

Isabel observó el jarrón chino que estaba en la mesa. Tenía una boquilla estrecha, y larga.

–          En su interior, hay dos pequeñas bolitas del tamaño de un garbanzo. Una es de color verde y la otra roja… Si sacas la verde, has ganado y te diré dónde está tu amigo. Pero si sacas la roja, estáis eliminadas.

–          ¡¿Qué?!- exclamó Sarah- ¡Eso no es justo!

–          ¡Silencio!- ordenó la voz- No eres tú quien tiene que hablar.

 

Sarah vio como Isabel agarraba ambos bordes de la mesa y por su expresión, pudo ver que estaba pensando lo mismo que ella.

Isabel sabía que algo no cuadraba. Si todo este juego había sido de enigmas, y enrevesadas pruebas de ingenio… ¿Por qué dejaban la prueba final al capricho de azar?

Aquello no tenia ningún sentido y en aquel juego, todo acababa teniendo sentido de una forma más o menos sencilla, pero al final, todo estaba basado en la pura lógica.  ¿Por qué aquello parecía no guardar sentido con lo demás?

Y fue la palabra sentido la que le dio la solución a Isabel, al recordar la última noche que estuvo jugando en casa de Rafa.

Las preguntas de pensamiento lateral, que te hacían desviarte de la respuesta lógica y sencilla. Y en aquella situación, había una única respuesta posible.

 

Con decisión metió la mano por el estrecho cuello del jarrón, no sin dificultad y con la punta de los dedos, rozó la superficie redonda de una de las bolitas y la cogió entre dos dedos. Con cuidado para no volver a dejarla caer en el interior, Isabel fue sacando la mano poco a poco del cuello del jarrón. Pero justo cuando estaba a punto de sacar la mano, escondió la bolita en la palma de su mano y sacó la mano del jarrón con el puño cerrado, impidiendo que se pudiese ver el color de la bolita que llevaba en la mano.

–          Esta es la que elijo- dijo alzando el puño al aire y hablándole a la voz.

 

Y sin mediar palabra alguna, Isabel hizo algo que nadie había esperado.

Se metió la bolita en la boca y se la tragó.

Sarah la miró con los ojos abiertos como platos sin entender lo que estaba haciendo. Acto seguido, Isabel inclinó el jarrón, dejando que cayese la bolita que quedaba en su interior. Sarah la vio rodar por la superficie de la mesa, sin creer lo que estaba viendo.

La bola era roja.

–          Habéis ganado – dijo la voz.

 

 

 

 

 

 

Unas horas más tarde, Sarah e Isabel estaban en la puerta de embarque nº 6 del aeropuerto de Sevilla. Sarah buscaba como loca el billete de embarque.

–          Está en el bolsillo de tu maleta, lo estoy viendo desde aquí- le dijo Isa divertida.

–          Es que estoy todavía de los nervios…¡No me puedo creer que lo resolvieras! Si llego a ser yo la que tiene que hacer la prueba, la hubiese liado…¿Cómo se te ocurrió comerte la bola?

–          Era la única forma posible. Era absurdo que la última prueba fuese al azar después de los quebraderos de cabeza que nos han hecho pasar. Con lo que sabía que había truco.

–          ¿Cuál?

–          Las dos bolas eran rojas.

–          ¿Cómo lo sabes, si ni siquiera miraste la bola que te tragaste?

–          Ya pero, la voz jamás hubiese dejado que ganásemos de pura suerte. Así que para asegurarse una victoria absoluta, puso las dos bolas rojas de manera que nadie pudiese ganar con azar, sino con lógica. Al tragarme una de las dos bolas y quedando la bola roja dentro del jarrón, si la voz no admitía que había hecho trampas, no le quedaba otra que reconocer que la que me había tragado era la verde.

–          Definitivamente, eres sorprendente- dijo Sarah fascinada.

–          ¿Ya no soy el comodín?- preguntó en broma Isabel.

–          Si, pero eres mi comodín- dijo besándola con ternura.- ¿Qué fue de Rafa?- preguntó

 

Doce horas antes, Rafa había aparecido en el aeropuerto de Sevilla, cansado y sudoroso. Llevaba tres días intentando volver.

Le contó a Isabel que tuvo que viajar a Panamá por una llamada de última hora de su empresa, pero a mitad de camino se vio retenido en uno de los aeropuertos. La empresa panameña de Copa Airlaines se ofreció a darle alojamiento como compensación por la cancelación de los vuelos. Fueron tres días de aduanas, intentos fallidos de conexión a Internet y alquileres de avionetas destartaladas.

Sorprendentemente, toda su mala suerte y su incapacidad para salir de allí se terminó exactamente después de llamar al numero de reservas de vuelo, dónde la chica que le contestó la primera vez, le recordaba sospechosamente a la voz de Isabel.

 

Isabel lo abrazó durante una hora y media, sin importarle las caras que ponía la gente al pasar.

 

–          Bueno- sonrió Sarah- Al menos está bien.

–          Si…Pero todavía hay cosas que no me encajan.¿Qué tenía que ver él en todo el juego? ¿También era un peón como Javier?

–          Oye- le riño Sarah- prométeme que dejarás de darle vueltas a este asunto. El juego se acabó, punto, cést fini! Olvidémonos de todo esto y concentrémonos en cosas más importantes- dijo atrayéndola hacia sí – Todavía no me he ido y ya te estoy echando de menos. Este mes separadas se me va a hacer eterno.

–          Bueno- dijo Isabel mirándola pícaramente- a lo mejor nos vemos antes de lo que crees.

–          ¿Y eso?

–          Este fin de semana me voy a visitar a mi tío Antonio aprovechando las vacaciones…- al ver que Sarah no reaccionaba , añadió- Vive en Paris.

 

Los ojos de Sarah se iluminaron y la reacción que Isabel deseaba no se hizo esperar. Ese fue el beso de despedida más prometedor que había recibido nunca.

 

En ese mismo instante, en la otra punta de la ciudad un chico esperaba sentado en uno de los bancos del monumento a Bécquer. Miraba su reloj nervioso de forma insistente.

–          ¿Es qué siempre tiene que llegar tarde?- le preguntó al aire.

 

Miró indiferente sus botines plateados con franjas negras y blancas…La próxima vez que viniese a Sevilla, sería verano y podría ponerse unas chanclas plateadas. No estaría nada mal.

Cinco minutos después, apareció otra figura con un maletín. Andaba despacio y con una sonrisa en el rostro se acercó al chico de botines plateados.

–          ¡Hombre Javier! ¿Qué haces tú por este barrio?- le preguntó jovialmente.

–          Déjate de bromas Rafa, llevo más de veinte minutos esperándote.

 

Rafa, dejó con suavidad la maleta sobre el banco.

–          No te quejarás, en un sitio muy bonito. Es el favorito de Isabel- dijo admirando su alrededor- Aunque a mi, el ángel ese con el puñal, me da mal rollo.

–          Tú no tienes ni idea sobre el amor, Rafa.- comentó amargamente.

–          Ya, por eso me dejaste y ahora trabajas para mi ¿no?-dijo irónico.

–          No me queda otra… ¿Lo has traído?

–          Si- dijo señalando el maletín con un gesto de cabeza- ¿Lo quieres ya? Pensé que querrías charlar un rato más conmigo.

 

Javier simplemente le dedicó una mirada fría  a lo que Rafa contestó con una risilla. Abrió el maletín parcialmente, para que no pudiese verse todo su contenido. Del interior, sacó una caja de madera plana y de formar circular.

Javier lo abrió y comprobó que lo que quería, estaba en su interior: el disco de Pahistos.

–          Con eso tus servicios está pagados ¿no?- preguntó Rafa

–          Después del despliegue mediático y el circo que me has hecho montar espero que sí.

 

Rafa recogió la maleta dispuesto a irse, pero Javier lo retuvo.

–          Entiendo que tú tengas que montarte estos jueguecitos porque te aburres y no sabes que hacer con el dinero de papá. Siempre te gustó jugar con la gente, pero… ¿ella? Pensé que por fin habías encontrado alguien que te importaba de verdad. ¿Por qué la metiste en todo esto?

–          Mi querido Javi… ¿No ves que lo hice por su bien? La quiero y nunca le haría daño.

–          Tienes un concepto un tanto retorcido del amor ¿No te parece?

–          Ella siempre ha tenido un gran potencial. Es increíblemente inteligente, divertida y tiene mucho coraje.  Lo que pasa, es que estaba consumida por su vida. Ella siempre ha pensado que no podía salir más allá de su barrio y de su familia. Yo sólo he tenido que darle un pequeño empujoncito: emoción, riesgo, responsabilidades…Las flores más hermosas, florecen siempre bajo  la adversidad.

–          Estás loco ¿Lo sabías?

–          Vamos hombre…¡Si hasta le he conseguido una novia!

–          No, si al final va a tener que darte las gracias.

–          No podrá, porque nunca sabrá que fui yo- dijo mirando seriamente a Javi, como una clara amenaza.

–          Tu problema en verdad, es que no quieres que ella acabe como tú, solo y amargado.

–          Yo también te quiero- dijo irónicamente Rafa.

 

Javier ni siquiera se molestó en despedirse. Cogió la caja y salió de allí lo antes posible.

Rafa se sentó en el banco. Pensó que no le vendría mal un poco de tranquilidad antes de volver al trabajo. Habían sido tres días agotadores, aunque muy divertidos.

Sabía que Isabel era la única capaza de resolver aquel complicado juego humano, que ya era la tercera vez que se jugaba… Nunca ninguna pareja había llegado a la prueba final sin enfrentamientos, y desde luego, era la primera vez que alguien ganaba.

Definitivamente, Isabel le había devuelto su confianza en las relaciones humanas.

Rafa cogió la maleta y la puso en su regazo. La abrió y levantó un doble fondo que había en la base, contemplando con intensidad lo que se ocultaba bajo ella.

–          Desde luego, Isa tenía razón…Hice bien en apuntarme a clase de manualidades.

 

Bajo el doble fondo reposaba el verdadero disco de Pahistos. El que Javier se había llevado, era una burda imitación de barro hecha en casa. El verdadero aún seguía en su poder. Lo necesitaba para organizar otro nuevo juego…Una nueva versión mejorada. Ahora que había descubierto que su juego también servía para ayudar a las personas, a menos a su manera, estaba deseando empezar de nuevo.

A lo mejor, Javier tenía razón y él no entendía del amor, porque era un ángel herido que lanzabas flechas inconscientemente, esperando impaciente a que alguien entendiese el mensaje.